Jaime García Márquez:
Es
una exaltación a la mujer
Jaime
de la Hoz Simanca *
No quería
hablar. Después confesaría que le producen
pánico las declaraciones. Lo mediático, según
él, lo intimida hasta el punto de la parálisis
frente a los recuerdos. Y la naturalidad de que
hace gala cuando no hay grabadora por medio, ni flashes
de cámara, ni preguntas formales, se torna en
rigurosidad extrema. En aprensión, tal vez.
Cuando sintió el peso de la persistencia y el
respeto hacia un acto memorable, entonces tomó
asiento y contestó con amabilidad.
- ¿Su impresión frente a este homenaje?
Una cosa fabulosa, impresionante.
Obviamente que no podía ser de otra manera. Se
trata de la madre. Aunque yo nací del otro lado,
soy el más guajiro de todos los García
Márquez. Y una de las características de la
familia guajira es el matriarcado, de manera que
no podíamos ser distintos a eso. Esta
exaltación que le están haciendo los
barranqueros a Luisa no es más que una
exaltación a la mujer, en especial a la mujer
guajira. Yo estoy muy emocionado. Es que todas
las cosas que se dijeron allí corresponden a una
realidad. Lo que más me gustó de todo fue la
sencillez con que se hizo todo. Un evento un poco
largo, pero es el sentir de un pueblo que quería
expresar ese sentimiento y por lo tanto,
bienvenido que hubiera sido así.
- ¿Qué recuerdos tiene de Luisa Santiaga?
Yo tengo muchos. Tuve un poco de disgusto
con Chicho (Patricio) porque el texto lo hizo
corriendo, anoche, esta mañana... Además, la
opinión de él estaba certificada porque él es
psiquiatra y atendió a mi mamá durante sus
últimos años de vida. Mi mamá no solamente lo
adoptó como hijo sino que lo nombramos el
loquero de la familia. Resultó que
Chicho acabó más loco que todos. Es un tipo a
quien se le ha pegado el garciamarquismo un poco
exagerado. Pero lo que dijo en general es cierto.
La frase de Luisa sobre mí: es que mi hijo
Jaime siempre dice que tiene contrato de millones
y no tiene con qué tomarse una gaseosa es
totalmente cierta. Son muchos los
recuerdos.
- ¿Cómo fueron los últimos momentos de
Luisa Santiaga?
No digamos que fueron tristes porque nunca
lo fueron. Pero, para nosotros, sumamente
inquietantes porque en los últimos cinco años
ya no se pertenecía: murió de una demencia
senil a los 97 años. Pero tal vez desde los 90
comenzó un proceso que Gabito calificó con una
metáfora clásica: Mi mamá se iba yendo
hacia el pasado como una mancha de aceite que se
va extendiendo. Precioso. La verdad, ella
iba perdiendo la memoria e iba hacia atrás,
hacia atrás. Ibamos a verla y ya no nos
reconocía.
- Usted dijo alguna vez que el comienzo de Cien
Años de Soledad era una especie de metáfora
de una situación que correspondía a la
realidad-real, como dicen los críticos...
¿Podría ampliar?
Esta es una historia que se conoce aquí en
Barrancas. Aquí vivían mis abuelos y mi mamá,
que apenas tenía tres años. Y por esas cosas de
la vida hubo un duelo con una persona de este
pueblo. Ese cuento es muy conocido. En ese duelo
mi abuelo mató a dicha persona y, después de
pagar la pena, se fue con su familia a Aracataca.
A Gabito le dijo: Tú no sabes, mijo, lo
que pesa un muerto. Así comienza Cien
Años de Soledad, con el éxodo de José Arcadio
Buendía luego de matar a Prudencio Aguilar. Hay
una obra que se llama Tiempo de Morir y
allí está la frase cuando Juan Sáyago va con
el hijo menor del muerto y dice: Es que tú
no sabes lo que pesa un muerto. Si se
analiza esta historia y luego Cien Años de
Soledad se descubren metáforas escondidas
con todo ese arte de Gabito.
- ¿Qué le impresionó más de todo esto:
las fotos de Luisa Santiaga cuando estaba joven o
los textos de Gabo?
El cerebro es una caja de sorpresas. La
foto esa la estoy viendo en mi casa desde muy
temprana edad, desde pequeño. El texto lo he
leído varias veces en Vivir para contarla.
Pero la unión del texto y la foto en esa
composición y en el contexto de Barrancas es de
una dimensión tal que me produjo un impacto
tremendo, ayer cuando la vi. Son cosas conocidas
que bajo ciertos efectos como el lugar y la luz
producen un impacto fuera de lo normal.
- ¿Cómo está la familia García Márquez
en estos momentos?
Permanentemente unida. Hay en el fondo un
poco de tribalismo. Somos tribu, todavía. Qué
bueno que siga... no sé porqué esas costumbres
no se pueden mantener. En el caso nuestro, hace
mucho tiempo estábamos dispersos: Gustavo en
México; Eligio en París, Gustavo también en
Venezuela; yo vivía en Santa Marta. Pero todos
vivíamos un sistema planetario cuyo centro era
la madre. Estamos unidos por el cordón
umbilical. Mi mamá murió hace ya cuatro años y
sigue viviendo. Aquí la tenemos.
* Jaime de la Hoz
Simanca es periodista, profesor,
escritor colombiano y colaborador de SdP. Este artículo se publica simultáneamente en la Revista
Arte & Parte de La Guajira, Colombia,
y en Sala de Prensa con la
autorización expresa de su director.
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