Las
presiones a la prensa argentina
en el gobierno de Kirchner
Daniel Santoro *
Antes
de viajar a Estados Unidos, se desató un
escándalo en la Argentina porque un grupo de
desconocidos espió y robó los mensajes que
intercambié a través de mi correo electrónico
en Internet durante dos meses con el juez Daniel
Rafecas, quien investiga a dos traficantes de
drogas serbios presos en mi país. ¿Cómo me
enteré que habían violado mi correo
electrónico del diario Clarín, el
diario más grande de la Argentina? Cuando los
abogados de los traficantes de drogas con total
impunidad presentaron mis mensajes privados a
otro juez para denunciar que el juez Daniel
Rafecas había violado la ley por responder
preguntas off the record a un
periodista.
Pero
eso no fue todo. Dos semanas más tarde, el grupo
de desconocidos publicó en Internet unos 70
correos electrónicos míos de mis diálogos, a
través de mi correo electrónico, con el juez
Daniel Rafecas, fiscales, diputados, funcionarios
y otras de mis fuentes de información. La nota
termina con la dirección de mi casa, mi número
de teléfono particular y una foto en la que
estoy cenando en un restaurante con dos primos y
una sobrina con esta amenaza: "¿Será esta
la última cena de Santoro?". Los
desconocidos, además de mis mensajes, mostraron
los mensajes privados de un juez de la Corte
Suprema de Justicia, un fiscal y un senador,
entre otros. Este ataque informático masivo
provocó miedo entre todos los que intentamos
investigar la corrupción en la Argentina.
Luego
de 26 años de ejercer el periodismo, para mí
esta amenaza es otra de una larga cadena. En
1995, cuando descubrí que el gobierno del
entonces presidente Carlos Menem había traficado
6 mil 500 toneladas de armas y municiones a
Croacia durante la guerra de los Balcanes a pesar
de un embargo de la ONU y a Ecuador que estaba en
guerra con Perú, recibí amenazas de muerte, me
abrieron un juicio por violar secretos de Estado
y el abogado de un traficante de armas me
ofreció 40 mil dólares para dejar de investigar
el caso. Preferí seguir siendo un periodista
pobre pero honesto.
Sin
embargo, las amenazas que recibí y recibo en la
Argentina -como otros periodistas argentinos que
hacemos periodismo de investigación- son sólo
un juego de niños comparado con las situaciones
que sufren periodistas de Colombia, México o
Venezuela. En la Argentina, desde que se
restauró la democracia, sólo hubo un periodista
asesinado: José Luis Cabezas. Antes, durante la
dictadura militar hubo 100 periodistas
desaparecidos. Los periodistas que arriesgan sus
vidas no somos los argentinos, sino nuestros
colegas de Colombia, donde fueron asesinados 100
en los últimos años, o de México, donde el
narcotráfico mató a 10, sobre todo de las
ciudades fronterizas con Estados Unidos.
Pero
además de las amenazas de los narcotraficantes o
traficantes de armas, ¿cuál es el contexto
político para investigar la corrupción en los
gobiernos de América Latina?
Argentina,
Brasil, Chile, Uruguay y otros países de
América Latina tienen gobiernos de
centroizquierda y, al contrario de lo esperado,
la mayoría de estos gobiernos tiene una
relación tensa con la prensa en un clima poco
propicio para investigar.
En
mi país creíamos que con la llegada de Néstor
Kirchner -un dirigente del peronismo de izquierda
que vivió la violenta década del setenta- se
iban a terminar las presiones a la prensa del
menemismo, cuyo gobierno llegó a iniciar más de
100 juicios por calumnias e injurias a
periodistas y sobornaba periodistas a través de
un sistema bautizado irónicamente como "la
cadena de la felicidad" que usaba fondos
secretos de los servicios de inteligencia para
ese objetivo.
Con
Kirchner se renovó la Corte Suprema de Justicia
y hasta ahora no hubo ningún juicio contra un
periodista. Sin embargo, en tres años de
gobierno jamás dio una conferencia de prensa, se
instauró un sistema de telefonazos a periodistas
para quejarse por sus notas y el vocero
presidencial no da noticias. Algo parecido pasa
en Brasil con Lula, algo parecido pasaba con
Lagos en Chile y en otros países. Pero en la
Argentina, el gobierno de Kirchner también opera
sobre los dueños de los medios: en el 2005
extendió por decreto, no por ley, las licencias
de radiodifusión por diez años más, tres meses
antes de unas elecciones parlamentarias clave y
maneja discrecionalmente la publicidad del estado
en los medios de comunicación.
Quiero
decir con esto que la cultura política no
avanzó en estos primeros años del nuevo
milenio. Esperábamos que los gobiernos de
centroizquierda respetaran el nuevo rol de la
prensa, además de formar, informar y entretener:
convertirse en el controlador del poder o en el watchdog
o perro guardián de la democracia. Esperábamos
que comprendiera que es normal que haya
"tensión" entre los gobiernos y la
prensa y que es el rol de los periodistas
plantear en la agenda de debate público los
temas que le interesan a los lectores y no los
temas que le interesan al gobierno de turno o a
los otros factores de poderes, sobre todo el
económico, que funcionan en nuestras sociedades.
Es
un problema de la clase política pero también
de los editores. Para algunos editores
convencionales sólo es publicable una
investigación que esté relacionada con algunos
de los temas que estuvo en la agenda de debate
público de la semana.
Es
cierto que de la mano de esta baja cultura
política, enfrentamos instituciones débiles.
Estados y partidos políticos que funcionaban
mal. Y todos sabemos que sin estado y sin
partidos políticos que practiquen la Política
-con mayúscula- no hay democracia. Entonces, es
nuestro deber no generalizar, no practicar un
periodismo de campanazos, de denuncias vacías
que presenten a todos los políticos, a todos los
partidos, como corruptos.
Esto
lo digo en el marco de una autocrítica. Así
como estos comentarios empezaron sobre el rol de
los políticos en América Latina, así
generalmente investigamos la corrupción como si
fuera únicamente responsabilidad de los
políticos y funcionarios. La corrupción es como
el tango, se baila de a dos y muy juntitos.
¿Cambiaron los empresarios que en los setenta
sobornaron a funcionarios menemistas o de Collor
de Mello? La respuesta es no. Recientemente, una
revista argentina entrevistó al cocinero de la
casa de gobierno y le preguntaron qué era lo que
más le llamaba la atención en 30 años de
cocinar para los presidentes argentinos. La
respuesta fue que el anfitrión (el presidente)
cambia cada cuatro años (o menos por las crisis
económicas argentinas) pero que los invitados
eran siempre los mismos empresarios... Es nuestro
deber poner la lupa sobre las dos partes y
reclamar reglas de juego claras y transparentes
para los negocios.
En
este contexto, el periodismo de investigación en
América Latina está con la guardia baja, salvo
excepciones como en Costa Rica, donde el diario La
Nación realizó en el 2004 una
investigación sobre los casos Alcatel y
Finlandia que mandaron presos a dos ex
presidentes, incluyendo el ex titular de la OEA
Miguel Ángel Rodríguez.
En
la Argentina quedó una sola unidad de
investigación, la del diario Clarín.
El resto fue cerrada. No se logra o no se puede
investigar profundamente zonas grises del
gobierno de Kirchner por los factores antes
señalados. Hay dos programas en la TV abierta
que se autodenominan de investigación, pero la
mayoría de las bases son notas basadas en la
cámara oculta. Sin embargo, proliferan los
excelentes libros periodísticos.
En
México, hace cinco años, el diario Reforma
cerró su unidad de investigación y, según
Rossana Fuentes, al periodismo de investigación
que queda "hay que hacerle respiración boca
a boca".
En
Brasil, existe un proyecto importante sostenido
por la Asociación Brasileña de Periodismo de
Investigación (ABRAJI) para fomentar esta
especialidad del periodismo, pero no hay grandes
investigaciones en los últimos años.
En
Perú, Ricardo Uceda y otros periodistas de
investigación con experiencia han emigrado de
los grandes medios hacia otro tipo de espacios
periodísticos y no hay investigación en
profundidad como en la época de Fujimori. La
unidad de investigación del diario El
Comercio de Lima afronta dos juicios
multimillonarios por calumnias e injurias de
parte del grupo Bavaria y del ex dueño de
Aerocontinente, a quien se lo vinculó con el
narcotráfico.
En
otras palabras, no hemos logrado todavía crear
una tendencia, una cultura de periodismo de
investigación. En cambio, sí hay muchos
esfuerzos -como los talleres de capacitación de
la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano,
que preside el premio Nobel de literatura Gabriel
García Márquez y tiene su sede en Colombia- y
mucho interés en nuevas generaciones de
periodistas.
También
hay nuevas tendencias. Rosental Alves, periodista
brasileño y profesor de la Universidad de Texas,
contó cómo periodistas free lance en Estados
Unidos desde sus weblogs están obligando a los
grandes medios a meterse con temas que no se
quieren meter. Es una tendencia importante en el
mundo desarrollado, donde el 50 por ciento de la
población tiene acceso a Internet. En América
Latina, solo el 14 por ciento está on line.
Pero
lo fundamental para el periodismo sigue siendo el
periodista, sus capacidades y su decisión de
afrontar riesgos profesionales, jurídicos y
hasta físicos para meterse con los poderes que
dominan América Latina y la han hecho unas de
las regiones más pobres del mundo. No la
tecnología.
Desde
hace diez años, un pequeño ejército
desperdigado de locos periodistas, que pasaron
por los talleres de la Fundación, andan
investigando en medios masivos, medios
alternativos o libros. Y como nos dijo el premio
Nobel de literatura y periodista Gabriel García
Márquez, en el 2002: "Salgan de la
comodidad de los escritorios de las redacciones a
las calles de América Latina a buscar las
historias ocultas de los Menem, Fujimori o Collor
de Mello".
*
Daniel Santoro es
miembro del Consejo Editorial de Sala de Prensa, editor de la sección política del
diario Clarín de Buenos Aires, Argentina, y profesor
en la Fundación
del Nuevo Periodismo Iberoamericano. Dicta dos talleres anuales sobre
Periodismo de Investigación (en el primer y
segundo semestres) en la Escuela de Periodismo de
la Universidad
Univeridad Diego Portales.
Ha recibido el Premio Internacional del Periodismo Rey
de España en 1995; en 1997
fue nombrado Caballero de la Orden al Mérito de la República de Italia, y en
octubre del 2004 recibió el premio Maria Moors Cabot, que entrega la Universidad de
Columbia. Su último libro es Técnicas de
Investigación. Métodos desarrollados en diarios
y revistas de América Latina (FNPI-FCE,
2004). Este es el discurso que pronunció en
junio pasado en la trigésima conferencia anual
de la organización Investigative Reporters and Editors (IRE), celebrada en
Fort Worth, Texas.
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