Nuevos
retos para la formación de comunicadores
Andrés
Garagy Albújar *
Cuenta
una conocida anécdota de la Universidad de
Navarra sobre un profesor de periodismo que
viajó con un grupo de alumnos a visitar a Ben
Bradlee, el célebre ex director del Washington
Post, famoso por su acusiosidad
periodística en el caso de Watergate. El
profesor le preguntó al hombre de prensa que si
estuviera en su lugar, es decir, si tuviera la
responsabilidad de formar nuevos periodistas,
qué les enseñaría a sus alumnos. La respuesta
fue inesperada para todos. Uno de los periodistas
más destacados de todos los tiempos, sólo
sentenció: Yo les haría leer todo
Shakespeare. Nada más.
Hace poco un
compañero de trabajo y profesor de redacción
periodística para alumnos de Comunicación y de
Filosofía me hizo un comentario revelador. Sus
mejores alumnos no eran aquellos que en
apariencia se mostraban más sagaces o gozaban de
mayor elocuencia verbal, sino aquellos que en su
quietud eran capaces de profundizar en las ideas,
aquellos que reflexionaban más o pensaban mejor,
que comprendían e interpretaban más a fondo la
realidad.
Más allá de lo
anecdótico, considero que estos episodios sirven
para plantear una reflexión sobre el tema que
nos reúne hoy. ¿Hacia dónde vamos en la
formación de los nuevos comunicadores?, o mejor
dicho ¿hacia dónde queremos ir?, ¿qué
habilidades resultan importantes inculcar para
aprovechar el potencial de la nueva sociedad de
la información?, ¿qué tipo de profesionales
necesitamos para construir una sociedad más
humana?
Desde que se
iniciaron los estudios de Comunicación se ha
discutido incansablemente sobre las posibilidades
de formación de los comunicadores, y por
momentos se ha llegado a puntos tan extremos como
el de rechazar la formación profesional de
éstos. Felizmente algo hemos avanzado, y aunque
no se haya resuelto del todo la inviable
incógnita sobre la naturaleza de la formación,
-¿cuál es la medida adecuada de la
instrucción práctica y cuál de la
teórica?- en el mundo académico se ha
aceptado la Comunicación como una disciplina
independiente que necesita de una preparación
específica.
La academia y la
universidad han legitimado la profesionalidad de
la Comunicación, pero no ha sucedido lo mismo
con el mercado y la empresa. Aún es frecuente
encontrar directores de medios que improvisan
periodistas por una cara bonita para presentar
las noticias, o a empresarios que consideran que
la comunicación organizacional es algo
sencillo, de la que puede encargarse
cualquiera.
Sucede que esta
percepción de la empresa y el mercado muchas
veces condicionan a las facultades de
Comunicación, que adecúan sus currículas a las
exigencias prácticas e inmediatas
del mercado, y olvidan la esencia de la
formación que debe ofrecer la universidad.
Abordar el tema
de la formación de los comunicadores ofrece sin
duda muchas aristas. Me atrevo a proponer cuatro
puntos de discusión, que lejos de ser novedosos,
creo conveniente reiterar:
1. La Comunicación exige una
preparación específica, que debe darse en la
Universidad, pues se trata de una disciplina con
carácter científico.
2. Las
universidades deben brindar a los nuevos
comunicadores -además de destrezas técnicas y
habilidades prácticas propias de la profesión-
un bagaje cultural lo suficientemente amplio para
que el nuevo profesional cuente con unas bases
sólidas que le permitan comprender las claves
antropológicas del mundo actual. Gran parte de
estas claves las ofrecen las disciplinas que
tienen como objeto de estudio el hombre, la
humanidad. Me refiero a las humanidades.
3. La formación
profesional corresponde sobretodo a una
obligación personal, no culmina con la
obtención del grado, sino que es una tarea
continua.
4. Ser buen profesional exige en
contrapartida ser una buena persona.
1) La
Comunicación exige una preparación
específica, que debe darse en la
Universidad, pues se trata de una disciplina
con carácter científico
La comunicación
como fenómeno humano nace de la misma escencia
del hombre y su naturaleza social. La
socialización que resulta de los procesos de
comunicación ha sido sin duda el punto de
partida para el estudio de la Comunicación,
abordada en sus inicios por la Sociología, la
Semiología y otras ciencias sociales.
Sin embargo, el
avance de las investigaciones ha demostrado que
la Comunicación debe abordarse como una
disciplina completa, es decir que los fenómenos
comunicativos pueden analizarse desde la ciencia
como un objeto de estudio en estricto, con
métodos propios, que se han nutrido con los
aportes de otras ciencias sociales.
La nuevas
tecnologías de la información y la
comunicación también han reforzado la
especificidad de la Comunicación, y la necesidad
de un campo de estudio para el análisis de los
efectos sociales de la incursión de estas nuevas
tecnologías en la vida social. Nos enfrentamos a
un objeto de estudio amplio y complejo, pues la
comunicación está presente y juega un rol
importante en todas las esferas de la vida
social.
La complejidad
de nuestro quehacer el ser comunicadores
profesionales exige comprender los
fenómenos comunicativos y humanos en los que nos
desenvolvemos y trabajamos con el raciocinio del
pensamiento científico, que se aprende sin duda
en la universidad.
Mi posición no
desacredita la capacitación técnica que
pudieran brindar los institutos superiores y
escuelas de Comunicación. Como en toda actividad
profesional resulta saludable que existan
personas capacitadas para las tareas operativas;
pero considero que el proceso intelectual de
creación, de intercambio de mensajes, de
interrelación, de conocimiento del otro, el
análisis de la realidad, puede realizarse mejor
por aquellos que gozan de una preparación
universitaria adecuada.
Si se reduce la
formación de los comunicadores a una mera
instrucción técnica, éstos no estarán en
capacidad para comprender su propia actividad
como parte integrante de un sistema social, pues
según Ortiz, el proceso de entender la
complejidad de la convivencia humana, significa
privilegiar el análisis de los problemas
sociales. (Ortiz, Germán, 2001, 82)
La universidad,
foco de cultura y desarrollo, es la institución
más genuina donde se practica la investigación
científica y se incentiva el análisis de la
realidad. A diferencia de los centros
tecnológicos, ofrece a sus estudiantes el
desarrollo de habilidades para pensar con
profundidad.
De acuerdo con
Beneyto la Universidad proporciona a quienes
estudian Comunicación capacidadades para la
investigación metódica del hecho
concreto, desdibujamiento de la personalidad ante
el acontecimiento, interpretación prudente y
honrada, cuidado constante y conocimiento
incondicional de la objetividad, gusto por la
prueba sólidamente constituida, y de la
argumentación lógica, ausencia de dogmatismo,
sentido de la relatividad y de jerarquía de los
valores, método probado en la investigación, el
trabajo y el estudio y, finalmente, cuidado por
el respeto y el idioma. (en Aguirre,
Marisa; 1988, 120)
2) Las universidades deben
brindar a los nuevos comunicadores un bagaje
cultural lo suficientemente amplio, para que
el nuevo profesional cuente con unas bases
sólidas que le permitan comprender las
claves del mundo actual
Para pensar en
la exigencias de la formación de los nuevos
comunicadores hace falta echar un vistazo a la
problemática actual.
La complejidad
de este mundo exige claves mentales muy profundas
para lograr comprenderlo o al menos
interpretrarlo. En palabras de Alejandro Llano se
trata de una crisis del Estado del
Bienestar que se manifiesta en un malestar
social y cultural, el desempleo, el terrorismo;
todo a causa de la fractura entre el sistema
tecnocrático y la incapacidad de éste para
vincular el sistema económico y político a la
existencia vital de las personas. (Llano,
Alejandro; 1988, 24-25)
Nos dice el
filósofo Llano que el sistema ya no está
al servicio de las personas que en él trabajan,
sino al servicio de sí mismo, para asegurar su
supervivencia y desarrollo. Lo que importa no es
vivir bien- de manera humanamente digna-, sino
sencillamente sobrevivir . (Llano,
Alejandro; 1988, 24-25)
El malestar
cultural y social se revela según Llano ante la
insuficiencia de los planteamientos generales que
rigen el mundo: el neoliberalismo y la social
democracia. En la práctica ambos reducen la
realidad a dos ámbitos-la política estatal y la
economía de mercado-, e implantan formas de
gobierno que ponderan los medios sobre los fines.
(Llano, Alejandro; 1988, 26-27)
Para el
filósofo la crisis actual exige una nueva
sensibilidad, otro modo de pensar, otras
respuestas y otras actitudes. Lo más urgente,
consiste según su apreciación, en recuperar el
mundo vital de las personas, las relaciones
sociales que le permitan al individuo
involucrarse con un grupo humano, recuperar en
conjunto el valor del hombre. Sólo de esa manera
se puede combatir la segmentación social
generada por la rigidez de los tecnosistemas.
El pensamiento
de Alejandro Llano nos plantea importantes
reflexiones. Desde nuestro ámbito profesional
¿somos conscientes de la segmentación social
que se denuncia?, ¿desde la comunicación
cuánto hemos analizado la anomia o
apatía social que viven nuestras sociedades, y
la falta de compromiso que incluso podemos palpar
en comunidades universitarias?, ¿cuánto podría
contribuir un uso efectivo de la comunicación
para recuperar el mundo vital de un
grupo humano?, ¿inculcamos en nuestro alumnos la
responsabilidad que tienen de recuperar el valor
de lo humano a través de su trabajo?
No se trata de
centrar todas las expectativas de un cambio
social en la Comunicación o en su actividad más
visible, los medios de comunicación, sino en ser
más críticos con nuestro quehacer. En la actual
sociedad del espectáculo, los medios de
comunicación no ofrecen en general un espacio de
diálogo social constructivo entre los
interlocutores, mas bien fomentan un clima de
sospecha y oposición permanente.
(Pérez-Latre, Francisco; 2003, 251)
Pérez-Latre
reconoce la influencia potencial que tienen los
medios de comunicación sobre la formación de
ciudadanos en las sociedades democráticas, pero
advierte que los medios por sí solos, como
cauces de mensajes, no contribuirán a la mejora
de la ciudadanía, sino que, debe reparase en la
formación de los profesionales que trabajan en
éstos.
Si se desea que
los medios de comunicación contribuyan
notablemente al desarrollo de la sociedad es
necesario que los profesionales que trabajan en
éstos fomenten la capacidad de hacer pensar a la
audiencia, de discutir sobre los temas de
interés público, de velar por la calidad de los
contenidos.
Este nuevo
enfoque corresponde según Maricruz Ricalde a una
propuesta humanista, y exige retornar a una
visión del ser humano como constructor de
sí mismo y de su entorno. No desde una
postura humanista tradicional donde el ser humano
era el núcleo del universo y señor del
ser, sino desde un humanismo que invite al
individuo a responsabilizarse de sí mismo,
a admitirse como débil, a negarse como sujeto
fuerte/sujeto centro y como espíritu
absoluto. (Ricalde, Maricruz; 2001, 60-61)
Jorge Latorre,
testigo directo del atentado del 11 de Setiembre
en NY, ha reflexionado sobre la cobertura
periodística del ataque terrorista, y apunta la
necesidad de formar comunicadores reflexivos, con
crítica aguda, capaces de encontrar claves para
interpretar los contextos más complejos. La
presión social obliga a los medios de
comunicación a ofrecer respuestas con la misma
instantaneidad con que suceden los hechos, a
buscar explicaciones casuísticas y excesivamente
racionales para situaciones de conflicto que por
su complejidad superan lo racional. Para Latorre,
un comunicador que tiene un conocimiento profundo
sobre antropología contemporánea, privilegia el
análisis sobre la improvisación. (Latorre
Jorge; 2003, 404-410).
Los autores
citados coinciden en la propuesta de fomentar los
estudios humanísticos en la formación de los
nuevos comunicadores. Se trata pues de recuperar
la esencia de la comunicación como proceso
humano: pensada y creada por personas para
personas. Las humanidades, por tener al hombre
como objeto de estudio, permiten conocer lo
humano en sus dimensiones más hondas.
Indudablemente
el hombre de hoy está afectado por una serie de
corrientes que lo alejan del pensamiento
trascendente y del compromiso. Es lo que algunos
filósofos denominan anomia y que
según Milán Puelles, conlleva a un
auténtico desconcierto existencial y, a fin de
cuentas, a vivir sin base ni raíces. (en
Aguirre, Marisa; 1988, 161)
En este
contexto, se revaloriza aún más el papel de la
Universidad como foco de cultura, pero sobre todo
como lugar donde se enseña a pensar con
trascendencia, a meditar sobre el por qué de los
acontecimientos, a buscar explicaciones y causas.
El estudio de
las Humanidades es importante según Ibáñez
Martín por las siguientes razones:
Ayudan al hombre a identificarse con la
condición humana; incitan al conocimiento del
hombre real; conducen a la aceptación de uno
mismo y de los demás; desarrollan valores
esenciales en los hombres; (...) enseñan que la
prudencia no es abstención sino compromiso;
forman hombres que descubren que la vida no la
hemos escogido pero que discurrirá por los
cauces que marquemos; fomentan una actitud
liberal, un deseo de contemplar la realidad de
las cosas sin pretensiones utilitarias. (en
Aguirre Marisa; 1988, 167-168)
Y aunque las
razones expuestas pueden parecernos muy elevadas,
nadie puede negar que el principio del
conocimiento empieza con la duda, con la
interrogante que surge después de contemplar un
fenómeno. Los griegos clásicos afirmaban que el
asombro era el principio de toda sabiduría y de
toda ciencia. La sobrecarga de información del
mundo actual perturba la capacidad innata del
hombre para asombrarse y plantearse cuestiones. Y
los comunicadores no dejamos estar expuestos a la
sobrecarga de información, y somos vulnerables a
todo tipo de fuerzas y tentaciones.
Los
comunicadores, sin embargo, actúan como
intérpretes de la realidad, pues a través de
las palabras e imágenes que construyen,
comunican una visión del mundo a un grupo
humano. Esta función de mostrar nuevas
realidades les exige tener una mirada limpia, sin
sesgos ni prejuicos y, un pensamiento claro,
liberado de radicalismos ideológicos.
Se trata de
saber pensar con hondura, de someter las
impresiones a un análisis racional. Las
Humanidades como saberes que profundizan en la
condición humana adiestran la
inteligencia, disciplinan la voluntad, inspiran
el amor al bien y la belleza, educan la
sensibilidad, sustentan el respeto por los demás
y por uno mismo, facilitan la vida interior y la
unicidad. Las humanidades buscan ser más, no
tener más. (Sesé, José María; 2002, 16)
Por tanto, se
comprende que Ben Bradlee afirmara que todos los
aspirantes a ser buenos periodistas deberían
leer todo Shakespeare, porque en las
obras de este dramaturgo clásico podía
conocerse la naturaleza humana, sus
pasiones, sus virtudes y vicios, su anhelo
permanente de felicidad. (Sánchez, José
Francisco; 2002, 9)
Cuando a
Francisco Sánchez, un profesor muy estimado en
España, le preguntan cuáles son las cualidades
que debe tener un buen comunicador, éste indica
que más importante que las destrezas técnicas y
prácticas un buen comunicador debe: saber mirar,
saber escuchar, saber pensar, saber expresarse y
conocer qué es el hombre.
Saber mirar
exige contemplar el mundo con mirada de niño,
dispuesto siempre a descubrir novedades aún en
lo más obvio, descubrir lo profundo; saber
escuchar no sólo es oír con atención sino
colocarse en el lugar del otro e intentar
comprenderle; saber pensar implica
adensar en la mente lo que se ha
mirado y escuchado, contemplar la realidad,
pararse a pensar, detenerse a reflexionar; saber
expresarse significa encontrar una voz propia
para expresar con vigor lo pensado. Todo esto
exige a su vez conocer la naturaleza humana,
referencia principal de cualquier realidad.
(Sánchez, José Francisco; 2002, 3- 9)
Pérez Latre
respalda la tesis de Sánchez y recomienda para
la formación de los nuevos comunicadores el
estudio de las humanidades, y la potenciación de
las grandes habilidades culturales:
saber leer, saber hablar y escribir. Anota la
necesidad de valorar las ciencias sociales que
permitan a los comunicadores comprender mejor la
realidad, la práctica del trabajo en equipo y el
diálogo enriquecedor; y añade que debe
fomentarse en los estudiantes una educación
crítica ante los medios de comunicación, pues
estos no constituyen un reflejo absoluto de la
realidad, y un comunicador profesional debe saber
que la realidad se conoce mejor a través de la
investigación en las fuentes directas.
(Pérez-Latre, Francisco; 2003, 255-256)
Si la
comunicación tiene como objeto y fin al hombre,
el estudio de las Humanidades se vuelve
imprescindible, no sólo porque permiten conocer
desde la Filosofía, la Historia, la
Antropología, etc; las dimensiones de la
personas; sino porque fomentan las capacidades de
análisis, al ponderar la reflexión sobre el
conocimiento práctico y utilitario.
3) La formación
profesional corresponde sobretodo a una
obligación personal, no culmina con la
obtención del grado, sino que es una tarea
continua
Si bien la
Universidad es responsable de proporcionar unas
bases sólidas para el desempeño de la
profesión, la formación profesional no se agota
con la obtención del título; al contrario exige
del comunicador la obligatoriedad personal de
actualizar constantemente sus conocimientos y de
afinar su sensibilidad para comprender las
realidades con las que trabaja. Además la
necesidad de actualizarse no sólo deriva de la
dinámica innovación tecnológica que
caracteriza esta carrera, sino también de los
nuevos desafíos deontológicos que las nuevas
tecnologías de la información y comunicación
(TICs) generan.
Para Marisa
Aguirre, profesora de la Universidad de Piura, la
cualificación profesional informativa, lejos de
restringir el derecho de la información,
potencia el derecho de la información, pues
garantiza la calidad de ésta. La información
será de tanta mayor calidad cuanto mejor
formados estén los comunicadores,
titulares como personas del derecho de la
información y depositarios como profesionales de
la delegación tácita del sujeto universal
de este derecho. (Aguirre, Marisa; 1988, 78)
Sánchez Aranda,
historiador de la prensa, opina que el
enfrentamiento entre las posturas académicas y
empíricas sobre la formación de periodistas ya
no tiene vigencia. De acuerdo a sus
investigaciones , ha comprobado que en los medios
españoles, los periodistas y las empresas de
comunicación brindan una alta valoración hacia
la formación académica recibida en la
universidad como garantía de calidad en el
trabajo; sin embargo se comprueba que existe un
mayoritario desinterés de los periodistas por
continuar formándose. (Sánchez Aranda, José
Javier; Rodríguez Andrés, Roberto; 2003,
156-159)
La formación
continua no debe contemplarse en estricto como
una imposición del mercado laboral que exige
profesionales cada vez más competitivos; es
necesario darle otro sentido al estudio para
convertirlo en un medio de crecimiento personal,
de mejora de uno mismo. El estudio no es,
por tanto, tan sólo un camino para adquirir
conocimientos, sino también y-esencialmente-una
actitud permanente de empeño por estar en
el mundo, es conquista de la verdad, es
búsqueda del perfeccionamiento personal.
(Aguirre, Marisa; 1988, 80)
4) Ser buen profesional
exige en contrapartida ser una buena persona
Desde inicios
del siglo pasado se ha discutido con ardor sobre
el alcance y los efectos en la opinión pública
que tienen los medios de comunicación, y más
tarde sobre otros ámbitos de la comunicación
como la publicidad y el marketing. Aunque las
ciencias sociales no hayan encontrado respuestas
definitivas para explicar el impacto de los media
en la sociedad y el hombre, lo cierto es que, de
acuerdo a las carácterísticas del mundo
contemporáneo, las personas tienen menos tiempo
y espacio para la reflexión y su real
autoconocimiento.
En este
contexto, no se puede negar que los media y la
industria cultural se introducen en las esferas
interiores de las personas e influyen en su
visión de la vida. La trascendencia social de
las actividades comunicativas exige cuestionarse
sobre las capacidades de quienes operan y dirigen
los medios de comunicación y la industria
cultural.
Pensadores tan
importantes de nuestra época como Karol Wojtila,
han reconocido la relevancia especial que tienen
los comunicadores en el mundo actual. Wojtila
afirmaba que pocas profesiones requieren
tanta energía, dedicación, integridad y
responsabilidad como ésta y, además, al mismo
tiempo, pocas son las profesiones que tienen
tanta incidencia en los destinos de la
humanidad (Fiestas Lé-Ngoc, Eulalio; 1991,
56-57).
Así mismo,
Wojtila destacaba la necesidad de un nuevo estilo
de comunicación, que promueva el respeto
al otro, el sentido del diálogo, la justica, la
ética sana de la vida personal y comunitaria, la
liberta, la igualdad, la paz en la unidad, la
promoción de la dignidad de la persona humana,
la capacidad de participación y de
compartir (CELAM; 1983, 108).
Estos ideales
sobre el desempeño de los medios exigen sin duda
profesionales con alta calidad humana, con una
solidez moral y con una perspectiva clara y
coherente sobre los valores que ponen en
práctica. No es posible pensar que una mala
persona puede convertirse en un profesional
brillante, si esto sucede, dura poco, la
frivolidad y el pensamiento superficial siempre
quedan al descubierto. Esto comprueba un
principio aristotélico que afirma que el
obrar sigue al ser, o dicho de otro modo,
se hace lo que se es.
Reflexionar
sobre la calidad del comportamiento nos remite de
inmediato a la Ética, ciencia en la pueden
encontrarse guías fundamentales sobre la
moralidad de las acciones. Hacer uso de la Ética
no debe resultar algo extraño o demasiado
elevado para los profesionales de la
Comunicación, porque se refiere sobre todo a una
actitud interior y personal de cuestionar la
propia conducta.
En palabras de
Maricruz Castro, se puede decir que ser
profesionales éticos significa ser capaces
de (...) acallar el ruido de la vida
contemporánea, aplacar las presiones, suspender
momentáneamente el movimiento circundante para
poder cuestionarse sobre nuestras ideas y nuestro
comportamiento (Castro, Maricruz; 2001,
50). Dicho de forma más artística, al estilo de
García Márquez, la ética acompaña
inseperablemente el quehacer profesional
como el zumbido al moscardón. (en
Restrepo, Javier Darío; 2004, 10-11)
Nuevamente la
reflexión se muestra como un pilar fundamental
en el desempeño profesional de la Comunicación.
Es importante que el comunicador social reconozca
el valor de la persona para desarrollar su
actividad de manera eficaz y plena, pues el ser
humano es el centro y fin de todas las acciones
comunicativas.Valorar al otro exige valorarse a
uno mismo. Un profesional que aspira actuar
rectamente en su trabajo, debe tener ideas
sólidas sobre la dignidad humana y esto le exige
conocer antes su verdad en cuanto a su ser
persona lo cual sólo puede lograrse a
través de la reflexión sobre la propia
naturaleza humana. (Garay, Andrés; 1994, 129)
Ser éticos es
una tarea difícil y un reto constante, no sólo
de desempeño profesional, sino de crecimiento
personal y el crecimiento personal es ilimitado.
Para Kapuscinski, reconocido reportero de guerra,
ejercer el buen periodismo exige ser un buen
hombre o una buena mujer. Las malas
personas no pueden ser buenos periodistas. Si se
es una buena persona se puede intentar comprender
a los demás, sus intenciones, su fe, sus
intereses, sus dificultades, sus
tragedias.... (Kapuscinski Ryszard, 2002,
p.38)
Para terminar
deseo citar al profesor Francisco Sánchez, quien
nos da una idea de cómo encontrar las fuentes
para el comportamiento ético: No se
aprende humanidad exclusivamente en los libros.
Sólo es capaz de entender lo genuinamente humano
-y por tanto de hacerlo entender- quien se acerca
siempre a las personas, no ya con respeto, sino
incluso con cariño; quien procura tratar a los
demás como fines en sí mismos y no como medios
para alcanzar otros fines que siempre serán
egoístas. El que procede así -el que trata a
los demás como medio para sus propios fines- es
un manipulador por muy dignos o elevados que sean
sus propios fines. Y un manipulador es la
antítesis de un buen comunicador. (Sánchez,
José Francisco; 2002, 9)
__________
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licenciatura, Universidad de Piura: Piura.
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5. Latorre Izquierdo, Jorge (2003). A
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9. Restrepo, Javier Darío (2004). El zumbido
y el moscardón. Taller y consultorio de la
ética periodística, México D. F:
Fundación para un nuevo periodismo
iberoamericano, Fondo de cultura económica.
10. Sánchez, José Francisco (2002). La
escritura como modo de vida. A propósito de un
tal Pomar. Conferencia pronunciada en la
apertura de curso de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Vigo.
11. Sesé Alegre, José María (2002). Las
Humanidases en la Universidad del Tercer Milenio,
Universidad de Piura: Piura.
*
Andrés Garay Albújar es profesor de la Facultad de
Comunicación de la Universidad de Piura, en Perú. Esta es la ponencia que
presentó en la V Cumbre Iberoamericana de Comunicadores realizada en Santo Domingo, del 6 al 8
de abril de 2006, y se reproduce con la
autorización de Infomega.
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