Mexicanos
al grito de
¡Óooorale!
Gerardo
Albarrán de Alba *
Es
la misma aventura de cada cuatro años, pero
ahora los aficionados mexicanos rompieron algo
más que cualquier récord de asistencia a un
Campeonato Mundial de Futbol jugado fuera de
territorio nacional.
Hordas de
familias, compadres, amigos y hasta mochileros
debieron ahorrar tal vez durante años, o
endrogarse por similar periodo, para asistir a
Alemania y seguir al Tri hasta donde llegue
(¿cuatro, cinco partidos?), o hasta donde
alcance el poco o mucho dinero del que hayan
podido disponer para hospedarse, comer, comprar
recuerditos, trasladarse apiñados en tren a las
sedes de los encuentros de México, pagar
entradas faltantes incluso de reventa ya
legalizada por la FIFA para la suegra (o la
tía incómoda que nunca falta, o el sobrino o el
compadre o el cuate que se lanzó así nomás),
las que pueden llegar a cotizarse en unos 2 mil
euros (sólo 27 mil pesos, al tipo de cambio de
13.50 por uno), moverse en metro o autobús hacia
los estadios, o aunque sea nada más para chelear
a gusto antes, durante y después del partido.
Total, no es gratuita la fama del turista
mexicano gastalón, ese que hasta deja propina en
restaurantes de países donde sí le pagan a los
meseros, así sean versiones primer mundistas de
nuestras fondas.
(¡Que
alguien les avise de los Doner Kebab!, esos
restaurantitos árabes dispersos por todo Europa
donde se puede entretener la panza por muy poco
dinero y hasta hacerse la ilusión de que son
taquitos al pastor. Aunque después del 3-1 a
Irán, a lo mejor no es tan buena idea
)
De entre los
miles de aficionados que volaron a Alemania (las
cifras bailan entre 20 mil y 40 mil, la mayoría
del DF, Guadalajara y Monterrey), sólo unos
pocos, muy pocos, habrán invertido apenas una o
dos quincenas para digamos sus
chuchulucos, porque se ganaron un viaje en alguna
promoción cervecera o similar, algo todavía
más improbable que sacarse la Lotería y no se
diga pegarle al Melate. Por ejemplo, entre los
miles y miles de litros de cerveza Sol
vendidos en los últimos meses, 66 personas
podrían llegar a creer que su dios se puso la
verde y los tocó con la gracia de los elegidos,
esos que inundaron las calles de Nuremberg con
estridentes chiquitibum, porque su corcholata les
anunciaba que estarían ahí. La promesa del
cielito lindo nunca antes habrá alegrado tanto a
esos corazones que fueron a la tienda por un six
para curársela y salieron con un
viaje-todo-pagado al Mundial. Cada viaje regalado
tuvo un valor promedio de 55 mil pesos, según el
área de relaciones públicas de Femsa.
Pero la mayoría
debe haber empeñado hasta la camiseta
(¡Mamá,
deposítame!
Ya se me acabó la lana
Mándame algo, ¡ya sabes a dónde!, se
desgañita un aficionado ante las cámaras de
televisión que transmiten su ruego como parte de
una nota de color y, de paso, le ahorran la
llamada de larga distancia.)
Otros pocos
los verdaderos pirrurris no habrán
reparado en gastos. Boletos de avión sin
restricciones de alrededor de 30 mil pesos por
persona (y hasta eso, en clase turista, por
Aeroméxico); reservaciones de hotel con precios
que, en Nuremberg, empezaban en 250 euros (unos 3
mil 375 pesos) por noche; asientos de tren en
primera clase asegurados; y taxis, shoping,
antros
o sea, lo que haga falta.
Son los
familiares de los seleccionados y directivos de
primera división (ahí estaban, en las pantallas
de los que nos conformamos con verlo desde aquí,
Decio de María, secretario general de la
Federación Mexicana de Futbol; Jesús Martínez,
dueño del Pachuca; Miguel Herrera, director
técnico del Monterrey, y el desempleado Daniel
Guzmán, exentrenador del Atlas), y uno que otro
futbolista que no fue convocado por Lavolpe, pero
sí por sus parientes, que a ellos, a fin de
cuentas, al menos entrar al estadio no debió
salirles tan caro, considerando los 16 mil
boletos que la FIFA le entregó a la Femexfut.
Son de casa, pues.
También hay
figuras de la farándula, como el cantante
Alejandro Fernández; empresarios de todo
calibre, nuevos ricos y vaya usted a saber
cuántos narcos, como los que pillaron en
televisión durante las olimpiadas de Sydney
blandiendo una manta de apoyo a su protector, un
presidente municipal panista. Para todos ellos
están los paquetes Prestige y
Elite que ofreció la FIFA a precios
que, perdón, pero no cualquiera
Mi
papá se fue al Mundial y sólo me trajo esta
pinche camiseta
Para la
mayoría, asistir al Mundial debió ser un
sacrificio. Nada más a través de agencias de
viaje por todo el país, se vendieron 16 mil
boletos para partidos en alguna de las 12 sedes
por toda Alemania, aunque para el encuentro
contra Irán hay quienes calculan en 25 mil los
aficionados mexicanos que celebraron el triunfo
desde las gradas del Frankestadion, y otros 5 mil
que se quedaron afuera. Los paquetes (avión,
hotel, traslados y entradas a los estadios)
estaban disponibles desde hace un año, y los
precios oscilaban de acuerdo con el número de
noches, categoría de hoteles, sección del
estadio en cada partido y obvio
número de encuentros a presenciar, dependiendo
de la etapa del torneo. Vaya, que no es lo mismo
un boleto para ver Corea del Sur contra Togo, o a
Túnez (¡ay, el fantasma del 78!) contra Arabia
Saudita, en la primera ronda, que quedarse un mes
en Alemania y estar-en-la-final.
Eso lo sabe
hasta la FIFA, que vendió paquetes de su
programa de hospitalidad para dos
personas con un valor de entre mil 800 euros
(unos 24 mil 300 pesos) para presenciar un solo
partido de primera ronda (como el ya mencionado
Túnez-Arabia Saudita, jugado en Leipzig) y hasta
6 mil 600 euros (89 mil 100 pesos) para el
partido inaugural (Alemania-Costa Rica), en
Munich. En esta misma modalidad, dos boletos para
los partidos de semifinal costarán, baratos, 5
mil 600 euros, pero los hay hasta 7 mil euros, o
lo que es lo mismo, de 75 mil 600 a 94 mil 500
pesos.
Cualquiera que
haya contemplado instalarse entre la élite
durante los tres primeros partidos de la
selección mexicana, acompañado por una persona
más, debió gastar sólo en las
entradas hasta 3 mil 600 euros, es decir,
48 mil 600 pesos. Pero si se juntaron los cuates
y se fueron en bola, nada mejor que comprar un
palco de 11 mil 200 euros para echarle porras al
Tri ante Irán, 18 mil euros contra Angola, y 19
mil euros frente a Portugal, en los que caben
desde ocho hasta 21 personas. (¿Alguien sabe
dónde anda el Niño Verde y su corte de los
milagros?) Una bicoca en pesos, ¿no? Saque usted
la cuenta.
La gran final,
que se jugará el 9 de julio en Berlín, ya es
otra cosa. En este caso, la FIFA ofrece sky
box para entre 10 y 20 finas personas,
cuyos precios empiezan en 156 mil euros, es
decir, 2 millones 106 mil pesos. Y de ahí
pal real
Estar ahí vale
la pena, se entienda o no el futbol. A decir de
la FIFA, son los mejores asientos del estadio y,
antes del encuentro, se pueden organizar
exclusivas recepciones al gusto del cliente,
desde un cocktail hasta un banquete delicatesen,
y todo en áreas privadas o sea, VIP.
Además de codearse con la verdadera élite
(Pelé, Maradona, Beckenbauer, Joseph Blatter, Claudia Schiffer, los príncipes
herederos de España y todos los demás invitados
especiales y socios de los organizadores del
Mundial, incluidos algunos presidentes de los
países participantes, como el anfitrión Horst
Kohler, u Óscar Arias, de Costa Rica), quienes
compren estos palcos dispondrán de
estacionamientos exclusivos, accesos
restringidos, bebidas de bienvenida, edecanes
también VIP, faltaba más alimentos
tipo buffet acompañados de los mejores vinos,
programa de mano, barra libre y botanas (antes
del juego, al medio tiempo y al final del
partido), y hasta un regalito de recuerdo. Por
aquello de que algunos prefieran permanecer en la
exclusividad del salón, atendidos por un staff
especializado, antes que mezclarse con la chusma
aun desde su palco, varias pantallas
de televisión trasmiten todas las incidencias de
la cancha.
Eso sí, para
los verdaderos clientes, es decir, los que
ya se hayan gastado por lo menos 50 mil euros
(675 mil pesos) antes de esta fecha en los
paquetitos ofrecidos, la FIFA les puede vender
dos boletos sueltos para la gran final en sólo 9
mil 400 euros, o 126 mil 900 pesos. Una ganga que
no es para todos.
(A unos
alemanes les dábamos nuestros sombreros de
charro y 100 euros por unos boletos de a 40, pero
al final no quisieron, dice a la
televisión una mexicana resignada, mientras otro
se dice dispuesto a pagar hasta 500 euros
pero les regateamos por
una entrada al partido del Tri contra Angola.)
Para los
mortales que viajaron desde México
tarjetazo o préstamo personal bancario de
por medio, o como pudieron, para ellos
estuvieron las agencias de viaje y sus ofertones
de temporada que empezaron a promover desde hace
un año.
Lo menos, lo
menos, hubo paquetes de 3 mil 200 euros por
persona con siete noches de hotel y boletos para
uno o dos partidos, a saber cuáles. Estar en los
tres primeros encuentros del Tri, con la perrada,
a cada aficionado le costó 4 mil 200 euros por
lo bajito, con12 noches de hotel categoría
turista, pero subió hasta 9 mil 200 euros si se
quería dormir en hotel de cinco estrellas. Si
México califica a octavos de final y no se
diga si llega a cuartos, tal vez todavía
quede alguien en Alemania que los pueda ver,
siempre y cuando haya comprado desde aquí un
paquete de entre 6 mil y 12 mil euros (con 12
noches de hotel, categoría turista, en base de
ocupación triple). El paquete para estar
únicamente en las dos semifinales y la gran
final (ese sueño guajiro que nunca se pierde)
costó apenas unos cientos de euros menos, según
la agencia de viaje que lo haya vendido, con
alojamiento seguro para sólo una semana.
Por la libre, ni
qué decir. ¿Quién puede contar a los que se
lanzaron sin boletos para ningún juego, sin
hoteles reservados y casi sin lana, esperanzados
de colarse a un juego, el que sea, donde sea,
como sea? Con suerte algunos se habrán consolado
con su pachita de tequila y cantado El Rey,
acompañados de los varios mariachis que
aparecieron por las calles alemanas. Los que se
hayan enterado, a la mejor hasta vieron la
exposición de obras de Frida Khalo, inaugurada
el miércoles pasado en la sala Bucerius Kunst
Forum, en Hamburgo.
Fueran éstos
muchos o pocos, súmeles las más de 4 mil
personas que como en cada Mundial
fueron víctimas de presunto fraude (por el que
ya hay una denuncia penal contra el candidato a
jefe de gobierno del DF por el PASC, Gustavo
Jiménez Pons) y amanecieron en Alemania con su
kit de viaje (cangurera, pepsilindro y camiseta
oficial incluidos, por supuesto), pero sin los
anhelados boletos para algún partido que
suponían ya comprados y seguros.
Es el sueño de
cada cuatro años, y éste fue un sueño caro.
Pero lo bailado, ¿quién se los quita?
* Gerardo
Albarán de Alba es
director de Sala
de Prensa y coordinador
de proyectos especiales de la revista mexicana Proceso, donde publicó este texto.
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