UNESCO: fin
a la impunidad de agresores de la prensa
Koïchiro
Matsuura *
En
el Día Mundial de la Libertad de Prensa,
recordamos al mundo la importancia de proteger
derechos humanos fundamentales como son la
libertad de expresión y la libertad de prensa,
consagrados en el Artículo 19 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos. Ambas libertades
son básicas para construir democracias fuertes,
promover la participación ciudadana y el estado
de derecho y alentar la seguridad y el desarrollo
de las personas.
Este año, el
Día Mundial de la Libertad de Prensa está
dedicado a estudiar el modo en que la protección
y el fomento de derechos humanos fundamentales
como la libertad de expresión y la libertad de
prensa pueden ayudar a que se haga realidad otro
derecho humano: el derecho a verse libre de la
pobreza. Actualmente, más de 1.000 millones de
personas viven con menos de 1 dólar al día, y
otros 2.700 millones con menos de 2 dólares
diarios. A fin de combatir tan trágicas
realidades, la Declaración del Milenio de las
Naciones Unidas (2000) hacía de la erradicación
de la pobreza el más importante de todos los
objetivos de las instancias internacionales de
desarrollo.
El primer
objetivo de desarrollo del Milenio (ODM) se cifra
en reducir a la mitad, para 2015, el número de
personas que vivan en la extrema pobreza y pasen
hambre.
Las
recomendaciones de acción formuladas en la
Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la
Información deben ser interpretadas en este
contexto. La UNESCO contribuyó sustancialmente a
la Cumbre con su concepto de sociedades del
conocimiento, que reposa en cuatro
principios básicos: libertad de expresión;
acceso universal a la información y el
conocimiento; respeto de la diversidad cultural y
lingüística; y educación de calidad para
todos. Este concepto tiene en cuenta el papel
crucial de los medios de comunicación y las
tecnologías de la información y la
comunicación (TIC) a la hora de impulsar
actividades que incrementen el acceso a la
información, ayuden a cumplir los ODM y nos
capaciten para reducir y en última instancia
eliminar la llamada brecha digital,
entendida como un problema que trasciende con
mucho la dimensión meramente tecnológica.
En los cinco
años transcurridos desde la formulación de los
ODM, los gobiernos, organismos de las Naciones
Unidas, ONG y otras instancias internacionales
han llevado a cabo una ímproba labor para
movilizar recursos y trabajar concertadamente en
pro de dichos objetivos. Sin embargo, y a pesar
de tanto esfuerzo, cunde la convicción de que es
preciso avanzar de otro modo, sin lo cual no
será posible cumplir los ODM. Por ello, aunque
manteniendo siempre una visión de conjunto,
debemos reflexionar creativamente sobre la manera
de alcanzar esos objetivos irrenunciables.
Uno de los
elementos básicos para cumplir los ODM es la
adhesión y participación de las poblaciones
locales. La observación de los éxitos y
fracasos de las iniciativas de desarrollo ha
conducido a los organismos que a él se dedican,
las ONG y las instancias públicas a vertebrar el
desarrollo en torno a la participación local,
entendiendo que todo plan en la materia, por muy
respaldado que venga, tiende a deparar resultados
insignificantes o poco duraderos si no se
acompaña de la comprensión y
responsabilización de los agentes locales.
Hay que entender
que la existencia de medios de comunicación
libres e independientes es una dimensión básica
de la lucha por erradicar la pobreza, y ello por
dos razones: en primer lugar, los medios libres e
independientes constituyen un vehículo para
compartir información susceptible de facilitar
el buen gobierno, generar oportunidades de acceso
a servicios esenciales, promover la
responsabilidad, combatir la corrupción y
fortalecer la relación entre cargos elegidos
responsables y una ciudadanía informada,
crítica y participativa; en segundo lugar, los
medios libres e independientes aportan una serie
de bienes o beneficios que son de
gran utilidad en la lucha por erradicar la
pobreza, en particular el reconocimiento y
fortalecimiento de derechos humanos básicos, el
refuerzo de la sociedad civil, las
transformaciones institucionales, la
transparencia política, el apoyo a la
educación, la sensibilización en cuestiones de
salud pública (por ejemplo con campañas
pedagógicas sobre el VIH y el SIDA) y el acceso
a medios de vida sostenibles. Hay también una
estrecha correlación entre la libertad de
expresión y un mayor nivel de renta, una menor
mortalidad infantil y un mayor número de adultos
alfabetizados. Estas ideas fueron reiteradas en
el documento aprobado en noviembre de 2005 en la
Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la
Información de Túnez, en la que los 176 Estados
participantes reafirmaron que la libertad de
expresión y la libre circulación de la
información, las ideas y el conocimiento son
otros tantos pilares del desarrollo.
El Día Mundial
de la Libertad de Prensa supone por lo tanto la
oportunidad de detenerse a examinar dos
cuestiones fundamentales: cómo una prensa libre
puede ayudar a erradicar la pobreza; y cómo la
libertad de expresión y de prensa puede
contribuir al logro de los ODM. Al hacer tal
ejercicio se advierte con claridad que la defensa
de un derecho humano fundamental (el derecho a la
libertad de expresión) puede traducirse
directamente en la protección de otros derechos,
lo que demuestra que todos ellos están
inextricablemente unidos, no sólo desde el punto
de vista intelectual y moral sino también en la
práctica.
Resulta obvio
que para ser eficaces en la lucha contra la
pobreza los medios de comunicación deben poder
funcionar con toda libertad y seguridad. Este
año, al celebrar el Día Mundial de la Libertad
de Prensa, no podemos sino constatar que ser
profesional de los medios nunca ha sido tan
peligroso como ahora. Según informa la
Federación Internacional de Periodistas (FIP),
en 2005 se superó una trágica marca: el número
de periodistas y empleados de los medios de
comunicación muertos en el ejercicio de su
profesión (150 personas) fue el mayor del que se
tiene constancia, lo que viene a continuar una
tendencia estadística que ha ido en aumento en
los últimos años. La de periodista es una
profesión muy peligrosa y lamentablemente lo es
cada vez más. Además de los que mueren sobre el
terreno, los periodistas y demás profesionales
de los medios siguen sufriendo amenazas y siendo
víctimas de actos de hostigamiento: el año
pasado fueron detenidos o encarcelados más de
500. Hay determinados conflictos que también
imponen un elevado tributo de periodistas muertos
o heridos: el de Iraq, por ejemplo, se ha cobrado
60 vidas entre marzo de 2003 y diciembre de 2005.
La UNESCO
exhorta a los gobiernos y autoridades públicas
de todo el mundo a poner fin en particular a la
cultura de la impunidad respecto a la violencia
ejercida contra los periodistas, investigando y
castigando a los responsables de ataques contra
esos profesionales y tomando las precauciones
necesarias para que éstos puedan seguir
ofreciéndonos el conocimiento y la información
esenciales que emanan de una prensa libre e
independiente.
*
Koïchiro Matsuura
es director general de la UNESCO. Este es su mensaje con motivo del Día
Mundial de la Libertad de Prensa, 3 de mayo de
2006.
|