El quinto
poder
La sociedad frente a los medios de
comunicación de masas en la era de la
globalización
Ignacio
Ramonet *
Quisiera
reflexionar un momento con ustedes sobre un tema
de profunda actualidad y que yo titularía de la
manera siguiente: Los medios de
comunicación de masas en la era de la
globalización.
En mi opinión,
es un tema capital. No es un problema marginal ni
periférico, con respecto al problema de la
globalización liberal. Es capital porque la
información, durante mucho tiempo, en el marco
de las democracias, fue un recurso de los
ciudadanos frente a los abusos del poder. Durante
mucho tiempo, en los países democráticos, se
estimaba que los poderes tradicionales
legislativo, ejecutivo y judicial
podían equivocarse y cometer atropellos contra
los ciudadanos. No me refiero a los países
autoritarios o dictatoriales, donde es obvio que
el poder político es el principal responsable de
todos los abusos contra los derechos humanos y de
todas las censuras contra las libertades. No, me
estoy refiriendo a los países democráticos en
los cuales las leyes (votadas democráticamente),
el gobierno (elegido democráticamente) y la
justicia (independiente del poder político)
pueden cometer graves abusos, cada uno a su
manera: por ejemplo, condenar a un inocente
recordemos el caso Dreyfus en
Francia, votar leyes discriminatorias
respecto a alguna minoría como en Estados
Unidos durante decenios contra los
afroamericanos, o tomar decisiones de orden
social, por parte del Ejecutivo, que también
pueden afectar negativamente a un sector de la
sociedad, como lo estamos viendo en muchos
países europeos respecto de los inmigrantes.
Los medios de
comunicación y los periodistas, en ese contexto,
siempre consideraron como un deber denunciar esos
atropellos, discriminaciones y abusos. Por eso,
durante mucho tiempo, se habló del cuarto
poder, y se consideraba que la prensa y los
periodistas, en tanto que cuarto
poder constituían, en realidad, un
contra-poder.
El cuarto
poder era, en definitiva, gracias a los
medios de información, el poder del que
disponían los ciudadanos para criticar, rebatir,
oponerse, en un marco democrático, a decisiones
legales que podían ser inicuas, injustas, y
hasta criminales contra algunos ciudadanos
inocentes.
Estimo que desde
hace unos 15 años, a medida que se aceleraba la
globalización liberal, ese cuarto
poder iba perdiendo su función de
contra-poder. Lo que hemos descubierto, al
analizar la globalización, al estudiar de qué
manera hoy se establecía un capitalismo de nuevo
cuño, un capitalismo que ya no es meramente
industrial, sino financiero, un capitalismo de la
especulación, en la fase actual de la
globalización en la que el poder lo poseen
esencialmente unos grupos económicos
planetarios, en esta fase en que, en definitiva,
el debate principal reside en enfrentamientos
frontales entre el mercado y la sociedad, entre
lo privado y lo público, entre lo individual y
lo colectivo, entre el egoísmo y la solidaridad,
observamos que los medios de información dejaron
de constituir un contra-poder.
En el marco de
esa filosofía de la globalización económica,
las empresas globales tienen ahora un papel más
importante, a veces, que el de muchos gobiernos o
de muchos Estados. Esas empresas y los
empresarios que las dirigen son los que cada año
se reúnen en Davós, en el marco del Foro
Económico Mundial precisamente, donde se juntan
los nuevos amos del mundo. En ese marco, en ese
contexto geoeconómico y geopolítico de lo que
significa hoy la globalización, se produjo una
importante transformación de los medios de
comunicación de masas. En el corazón mismo de
la estructura industrial y de la propiedad
económica de los medios.
Globalmente, hoy
día, los medios de comunicación (emisoras de
radio, prensa escrita, canales de televisión,
Internet) pertenecen, cada vez más, a grandes
grupos mediáticos que tienen también una
vocación global, una vocación mundial. Como el
grupo News Corp del Sr. Rupert Murdoch, o
AmericaOnline, o Viacom, o Microsoft. Grupos que
tienen nuevas posibilidades de expansión,
gracias a la transformación de la técnica, en
la medida en que la revolución
digital rompió las fronteras que antes
separaban escritura, sonido e imagen. Esta
revolución ha permitido el surgimiento de
Internet que aparece como un cuarto medio, una
cuarta manera de expresarse.
Con esta
revolución digital, las empresas
mediáticas agrupan ahora, no sólo a los medios
de comunicación tradicionales (prensa, radio y
televisión), sino también a todo lo que
podríamos llamar el sector de la cultura de
masas, de la comunicación y de la información.
Estas tres esferas estaban antes aisladas: por
una parte la cultura de masas, con su lógica
comercial, sus creaciones populares, sus
objetivos de mercado planetario; por otra parte,
la comunicación, en el sentido tradicional, o
sea la publicidad, el mercadeo, la propaganda; y,
en fin, la información, con las agencias de
prensa, los noticieros, los diarios, los canales
de información continua, los periodistas de todo
tipo.
Esas tres áreas
cultura de masas, comunicación e
información antes tan separadas,
constituyen hoy día una sola y única área, en
la que, cada vez hay menos diferencias entre la
actividad que se hace en el marco de la
información y la actividad que se puede hacer en
publicidad o en cultura de masas.
Pero, además,
estas nuevas empresas mediáticas gigantescas,
estos productores de símbolos, también suman a
sus actividades mensajes de otro tipo, como los
video-juegos, los DVD, los CD musicales, la
música popular, las distracciones, las ciudades
de ocio tipo Disneyland por ejemplo, y también
pueden integrar el cine de diversión, la
televisión, los dibujos animados, las tiras
cómicas, el deporte-espectáculo, la edición de
libros, etc.
Es decir,
tenemos ahora unos grupos mediáticos que poseen
dos características nuevas. Primera
característica: se ocupan de todo lo que puede
ser escrito, todo lo que puede ser filmado y todo
lo que puede ser difundido mediante el sonido y,
además, lo difunden por todo tipo de canales, ya
sea a través de la prensa tradicional de papel,
por las radios, por las televisiones hertzianas o
satelitarias, así como por Internet, y por todos
los tipos de difusores posibles, en técnica
digital. Segunda característica: son grupos
mundiales, planetarios, y no sólo nacionales o
locales. Por ejemplo, Orson Wells criticaba el
superpoder de Citizen
Kane en los años 40. Pero hoy nos damos
cuenta de que en definitiva el Sr. Kane no era
más que el propietario de unos cuantos
periódicos de prensa escrita en un único país.
Es decir disponía de un poder enano (aunque no
por ello dejaba de ser eficaz a escala local o
provincial) frente a los archipoderes de los
magagrupos mediáticos de nuestro tiempo.
Hoy, estas
hiper-empresas poseen todos los sectores
mediáticos en muchos países, en casi todos los
continentes y, por consiguiente, los megagrupos
mediáticos como la News Corp Viacom, NBC,
AOL-Time-Warner son ahora actores centrales
de la globalización económica. Y su capacidad
de adquirir aún más poder mediante una mayor
concentración sigue aumentando, como lo muestra
la decisión adoptada el 4 de junio de 2005 por
la Federal Communications Commission (FCC) y que
permite a los mastodontes de los medios en
Estados Unidos aumentar aún más su tamaño.
La
globalización es también la globalización de
los medios de comunicación y de información, y
estos megagrupos ya no se plantean como objetivo
cívico el de ser un cuarto poder
para corregir los disfuncionamientos de la
democracia y perfeccionar así este sistema
político. Ni desean ser un cuarto
poder, ni tampoco se proponen de actuar
como un contra-poder.
Podríamos decir
que si estos grupos constituyen un eventual
cuarto poder, sería en el sentido de
que ese cuarto poder se une, se añade, se suma a
los otros poderes existentes Legislativo,
Ejecutivo y Judicial, al poder político y
al poder económico, para aplastar a su vez, como
poder suplementario, al ciudadano.
Por
consiguiente, la cuestión cívica que se plantea
es: ¿Cómo resistir, reaccionar, cómo oponerse,
frente a lo que fue durante mucho tiempo el
único poder de los ciudadanos en oposición a
los poderes dominantes? ¿Cómo resistir frente a
la ofensiva de este nuevo poder que en cierta
medida traicionó al ciudadano pasándose al
adversario?
Pienso que lo
que se debería hacer es crear sencillamente un
quinto poder. Un quinto poder que nos
permita oponer una fuerza cívica ciudadana a esa
nueva suma, a esa nueva alianza de poderes. Un
quinto poder cuya función sería la
denuncia del nuevo superpoder de los medios, de
las grandes industrias mediáticas, vectores y
cómplices de la globalización. Esos medios que
hoy, en algunas circunstancias, no sólo han
dejado de defender a los ciudadanos sino que a
menudo actúan contra el pueblo en su conjunto.
Como lo estamos viendo en el enfrentamiento que
se desarrolla actualmente en Venezuela. En
Venezuela, donde la oposición política fue
derrotada en 1998 en elecciones libres y
democráticas, donde la oposición política fue
democráticamente barrida, los grupos mediáticos
de prensa, radio y televisión más importantes
del país se lanzaron en una guerra mediática
contra la legitimidad democrática que representa
el gobierno del Sr. Hugo Chávez. Se piense lo
que se piense de éste y de su gobierno, hay que
constatar que contra ellos, los medios de
información en manos de unos cuantos
privilegiados han utilizado toda la artillería
de las manipulaciones, de las mentiras, de las
falsedades para intentar intoxicar las mentes de
los ciudadanos, en una guerra ideológica abierta
para defender sus privilegios y oponerse a toda
reforma social y a todo reparto equitativo de la
riqueza.
El caso de
Venezuela es ejemplo de la nueva situación
internacional en la que unos grupos mediáticos
enfurecidos asumen abiertamente su nueva función
de perros guardianes del orden económico
establecido y su nuevo estatuto de poder
antipopular y anticiudadano. Esos grupos no se
asumen sólo como poder mediático, sino
sobre todo como poder ideológico. Un
poder ideológico que trata de contener las
reivindicaciones populares y que ambiciona
apoderarse del poder político (como lo hizo,
democráticamente, en Italia, el Sr. Silvio
Berlusconi).
El caso de
Venezuela, esa guerra sucia
mediática contra el presidente Chávez
varias veces elegido
democráticamente que le impide realizar
las reformas sociales votadas por la mayoría de
los ciudadanos, esa manera de oponerse y de
sabotear el resultado de una elección totalmente
democrática, es lo que en los años 70 hizo el
diario El Mercurio en Chile contra el
gobierno democrático de Salvador Allende, o lo
que hizo en los años 80 el diario La Prensa
en Nicaragua contra los sandinistas, o la misma
campaña que mañana los grandes medios pueden
lleva a cabo en Ecuador o en Brasil o en
Argentina contra toda reforma democrática que
modifique la jerarquía del poder y de la
riqueza.
Ya no son sólo
los poderes de la oligarquía tradicional, ya no
son sólo los poderes de la reacción
tradicional, ahora los poderes mediáticos son
los que pasan a dar la batalla política
¡en nombre de la libertad de
expresión! contra los programas que
defienden los intereses del conjunto de los
ciudadanos. Esta es la fachada mediática de la
globalización. Y esta fachada es la que revela
de la manera más clara, más evidente, más
caricaturesca, la ideología de la globalización
liberal.
De ahí que
medios de comunicación y globalización sean dos
conceptos íntimamente ligados, y que sea
necesario desarrollar una reflexión sobre cómo
nosotros, los ciudadanos, podemos exigir de los
medios más ética, cómo podemos exigir que
simplemente digan la verdad, exigir el respeto de
una deontología que obligue a los periodistas
la mayoría de ellos, serios y
honestos a actuar en función de su
conciencia y no a actuar en función de los
intereses de los grupos, de las empresas o de los
patronos que los emplean.
Hemos constatado
que, por una parte, los medios son utilizados hoy
como un arma de combate en la nueva guerra
ideológica, pero también que la información
por su explosión, por su multiplicación, por su
sobreabundancia, se encuentra hoy literalmente
contaminada, envenenada por toda clase de
mentiras, emponzoñada por los rumores, por las
distorsiones y por las manipulaciones. De ahí
que los ciudadanos tengan una necesidad urgente
de recurrir a un referente que les garantice o
que les asegure que la información que el
ciudadano va a consumir, es una información
válida, seria, segura, verídica, verdadera.
Está pasando
con la información, lo que ha pasado con la
alimentación. Durante mucho tiempo la
alimentación fue muy escasa y en muchos lugares
del mundo, en los países pobres del Sur por
ejemplo, sigue siendo escasa. En muchos países,
la alimentación se sigue caracterizando por la
penuria, y en los países hoy desarrollados
también se caracterizó por la penuria durante
mucho tiempo. Pero cuando, gracias a la
revolución agrícola, la superproducción
permitió, por ejemplo en los países europeos,
producir abundancia de alimentación, nos dimos
cuenta de que muchos de los alimentos que
consumimos estaban contaminados, envenenados por
pesticidas, mal elaborados, y así causan
enfermedades, producen cáncer, producen toda
clase de problemas de salud y pueden hasta causar
la muerte, como la peste de las vacas locas.
Antes podíamos morir de hambre, pero hoy podemos
morir por comer alimentos contaminados
Con la
información ocurre igual. Históricamente, la
información ha sido muy escasa, frecuentemente
no había. En las dictaduras no hay una
información fiable, de calidad, pero hoy, en los
países democráticos, la información se ha
multiplicado, ha estallado, desborda por todas
partes. Empédocles decía que el mundo estaba
hecho de la combinación de cuatro elementos:
aire, agua, tierra y fuego. Pues hoy podemos
decir que la información es tan abundante que
constituye un quinto elemento.
A la vez
constatamos que la información está, como los
alimentos, contaminada. Hoy, la información que
consumimos muchas veces nos está envenenando el
espíritu, emponzoñando el cerebro, tratando de
manipularnos, de intoxicarnos, está tratando de
colocar en nuestra mente ideas ajenas a las
nuestras. Por consiguiente, es necesario elaborar
lo que yo llamo una ecología de la
información. Hay que limpiar esa
información de la marea negra de
mentiras, descontaminarla. Los ciudadanos deben
hoy movilizarse para exigir que los medios
pertenecientes a esos grandes grupos tengan un
respeto elemental de la verdad, porque la verdad
constituye en definitiva la legitimidad de la
información.
Por eso he
propuesto que se cree el Observatorio
Internacional de los Medios (Media Watch Global),
para disponer de un arma cívica, pacífica, que
van a utilizar ahora los ciudadanos para oponerse
al nuevo superpoder de los medios.
La asociación
Media Watch Global es una de las expresiones del
movimiento social planetario reunido en el Foro
Social Mundial. En plena globalización liberal,
expresa la preocupación de todos los ciudadanos
ante el poder y la arrogancia de las industrias
gigantes de la comunicación y de los medios
masivos.
Hace tiempo ya
que numerosos medios de comunicación privilegian
sus intereses particulares en detrimento del
interés general de la sociedad y confunden su
propia libertad con la libertad de empresa,
considerada en estos tiempos de globalización
como la primera de las libertades. Pero la
libertad de empresa no puede prevalecer en
ningún caso sobre el derecho ciudadano a una
información rigurosa y verificable. La libertad
de empresa no puede ser el pretexto para difundir
falsas noticias, supuestas verdades o
difamaciones.
La libertad de
los medios de comunicación no es más que una
extensión de la libertad colectiva de
expresión, fundamento de la democracia. Como
tal, implica una responsabilidad social
y su ejercicio está por lo tanto sujeto en
última instancia al control responsable de la
sociedad.
La fuerza de
Media Watch Global es ante todo moral, en la
medida en que amonesta desde la ética y sanciona
las faltas de honestidad profesional por medio de
informes y estudios que publica y difunde.
Media Watch
Global constituye un indispensable contrapeso al
exceso de poder de los medios, cuando en materia
de información prevalece una sola lógica
la del mercado, y una sola ideología
neoliberal que permiten al mercado
extender su influencia a dominios de la vida
colectiva, preservados hasta ahora.
Esta asociación
internacional desea ejercer una responsabilidad
colectiva, en nombre del interés superior de la
sociedad y del derecho de los ciudadanos a ser
correctamente informados. Se propone, asimismo,
proteger a la sociedad de las manipulaciones
mediáticas.
Media Watch
Global reúne tres tipos de miembros, con
idénticos derechos:
- -
periodistas profesionales o
colaboradores, en actividad o jubilados,
de todos los medios;
- -
universitarios e investigadores de todas
las disciplinas, en particular
especialistas en medios, información y
comunicación, porque estimamos que la
universidad, en el contexto actual, sigue
siendo uno de los pocos lugares aún
parcialmente protegidos contra las
ambiciones totalitarias del mercado;
- -
consumidores de medios, ciudadanos
comunes y personalidades conocidas por su
estatura moral (intelectuales,
filósofos, creadores, artistas
).
Puesto que la
información es un bien común, su calidad no
puede estar garantizada por organizaciones
compuestas solo por periodistas, frecuentemente
apegados a sus intereses corporativos. Los
sistemas actuales de regulación de medios son
insatisfactorios. Los códigos deontológicos de
cada empresa mediática (cuando existen) se
revelan poco aptos para sancionar y corregir las
desviaciones, las ocultaciones y las censuras. Es
indispensable que la deontología y la ética de
la información sean definidas y defendidas por
una instancia imparcial, creíble, independiente
y objetiva, en la que los universitarios tengan
un papel decisivo.
La función de
los ombudsmen o mediadores, que resultó
útil en los años 80 y 90, está hoy
mercantilizada, desvalorizada y degradada. Con
frecuencia es instrumentalizada por las empresas,
responde exclusivamente a imperativos de imagen o
constituye una coartada de bajo costo, destinada
a reforzar artificialmente la credibilidad del
medio.
Uno de los
derechos más preciados del ser humano es el de
comunicar libremente su pensamiento y sus
opiniones. Ninguna ley debe restringir
arbitrariamente la libertad de palabra o de
prensa. Pero esa libertad no puede ejercerse sino
a condición de no infringir los derechos ni las
leyes que protegen a la sociedad contra la
difusión de falsas noticias y contra el peligro
de las manipulaciones mediáticas.
Media Watch
Global estima por lo tanto que la absoluta
libertad de los medios pregonada por los
propietarios de los grandes grupos de
comunicación no debe concretarse a costa de la
libertad de todos los demás.
Los grandes
grupos mediáticos deben saber que ha nacido un
contra-poder. A partir de ahora deben
recapacitar, deben saber que si efectivamente
ellos defienden la globalización liberal, muchos
ciudadanos se alistan en el nuevo Movimiento
Social Mundial que se da cita cada año en Porto
Alegre.
Periodistas,
Universitarios, y simples ciudadanos estamos
colectivamente forjando un arma nueva para este
siglo nuevo.
Los
globalizadores dijeron que este siglo sería el
siglo de las empresas globales; nosotros decimos
que este siglo será el siglo en el que la
comunicación y la información pertenecerán por
fin los ciudadanos.
Nos apoderaremos
de la verdad, y, con la verdad, la democracia
triunfara.
Santo
Domingo, abril de 2006.
*
Ignacio Ramonet es
director de Le
Monde Diplomatique.
Esta es la conferencia inaugural que dictó en la
V Cumbre Iberoamericana de Comunicadores
realizada en Santo Domingo, del 6 al 8 de abril
de 2006, y se reproduce con la autorización de
Infomega.
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