El rol de
los periodistas y su marco ético
Juan
Jorge Faundes *
El
rol de los periodistas está contenido en su
marco ético, aquel que describe y rige su
comportamiento. La ética periodística
constituye uno de los componentes de la cultura
profesional de los periodistas. Por cultura
en sentido amplio y según generalmente el
término es usado se entiende un conjunto
socialmente compartido de ethos (valores,
hábitos y costumbres), mos (moral:
normas, reglas y códigos), doxa
(impresiones, opiniones, creencias), episteme (conocimientos),
actitudes (acciones generadas por ella) y objetos
(monumentos, documentos, instituciones, hechos y
en general manifestaciones sociales). La cultura
profesional de los periodistas ha sido descrita
como una mezcla de códigos, estereotipos,
símbolos, representaciones de papeles, rituales
y convenciones, relativos (a) a la función de
los medios y de los periodistas en la sociedad y
(b) a la concepción del producto-noticia, y a
las modalidades que guían su confección. El
conjunto se traduce en una serie de prácticas
profesionales adoptadas e interiorizadas como
naturales...1 La cultura no es vivida
subjetivamente como convención, sino como
naturaleza, como algo propio y constitutivo del
ser, en este caso del ser periodista, del
individuo que es periodista. Aunque muchos de los
componentes de la cultura operan en el ámbito de
lo inconsciente, la ética es un producto
colectivo racional, la reflexión del grupo o de
sus representantes o líderes acerca de su ethos,
lo que se traduce en un conjunto objetivo de
normas, en un discurso moral, normativo, en un
texto: los llamados códigos de ética. El
discurso ético es descodificado, interiorizado e
interpretado por cada individuo según su propio
marco de referencia ético interno,
incorporándolo a éste en forma plena, de manera
negociada o resemantizando críticamente sus
términos.2 Será esta conciencia
moral subjetiva la que determinará finalmente en
contextos específicos, en interacción con sus
emociones, las actitudes de cada periodista
individual, conducta que resultará concordante o
no con la literalidad del código.
La cultura
y con ella la ética son resultado y
simultáneamente causa, al interior de una
sociedad o grupo específico, del devenir
progresivo de la experiencia histórica. En el
caso de quienes en el seno de la sociedad
occidental actual ejercen la profesión de
periodistas, se han ido construyendo como
síntesis de la tensión, contradicción e
interacción permanente entre los poderes del
Estado, del Mercado, de la Sociedad Civil, de los
Ciudadanos, de las empresas periodísticas y de
los propios periodistas, efecto de una
competencia generalizada por abrir o restringir
espacios al ejercicio de las diversas libertades
involucradas (de investigación, de información,
de expresión, de opinión, de conciencia, de
imprenta, etc.), reglamentando roles, facultades
y límites, derechos y deberes, lo que se ha ido
materializando en las diferentes normativas
internacionales, nacionales y códigos de ética
profesionales.
En Chile el
Código o Carta de Ética del Colegio
de Periodistas existe desde 1963. Ha sido
modificado y actualizado sucesivamente en 1968
(Congreso Nacional del Colegio de Periodistas,
Arica), en 1986 (V Congreso Nacional de los
Periodistas, El Tabo), en 1994 (Congreso Nacional
Extraordinario, Arica) y en 1999 (Congreso de
Concepción), del que emanó su contenido actual.3 Sin embargo, sólo tiene
fuerza moral, porque durante el régimen militar
el DL 3.621 de 1981 transformó los colegios
profesionales en asociaciones gremiales de
inscripción voluntaria y derogó las facultades
que tenían los colegios para conocer y sancionar
las faltas a la ética profesional. Tal fuerza
moral está estipulada en el artículo 18° del
código: Los periodistas reconocerán la
potestad ética que sobre sus actuaciones como
representante del gremio ejerce el Colegio de la
Orden. El rol que el código chileno asigna
a los periodistas es estar al servicio de
la verdad, los principios democráticos y los
derechos humanos... (Artículo 1°), la
fiscalización pública de probidad
funcionaria (Artículo 29°) y
contribuir a sensibilizar a la opinión
pública sobre la situación de los sectores más
vulnerables de la sociedad (Artículo
31°). Algunos límites éticos al rol
periodístico, pertinentes al objeto de esta
publicación, son difundir sólo
informaciones fundamentadas (Artículo
2°), mantener un incuestionable respeto a
la dignidad y vida privada de las personas
(Artículo 29°), y salvaguardar la
presunción de inocencia de los acusados mientras
el tribunal competente no haya dictado
sentencia (Artículo 30°).
En Caracas, en
1979, la Federación Latinoamericana de
Periodistas (FELAP) proclamó el Código
Latinoamericano de Ética Periodística,
estableciendo en su artículo primero que
el periodismo debe ser un servicio de
interés colectivo, con funciones eminentemente
sociales dirigidas al desarrollo integral del
individuo y de la comunidad. El periodista debe
participar activamente en la transformación
social orientada al perfeccionamiento
democrático de la sociedad; y consagrar su
conciencia y quehacer profesional a promover el
respeto a las libertades y a los derechos
humanos.4
En 1983, la
UNESCO aprueba el Código Internacional de Ética
Periodística, estableciendo que el ejercicio de
la libertad de prensa e información
...estará tanto mejor salvaguardado si,
con un esfuerzo serio de voluntad, el personal de
prensa y de la información, cualquiera que sea
el modo de expresión del que se sirva, no deja
nunca que se debilite el sentimiento de la propia
responsabilidad y se percata, cada vez más
profundamente, de la obligación moral que le
incumbe de ser sincero y de aspirar a la verdad
en la exposición, la explicación y la
interpretación de los hechos.5
De la variedad
de códigos de ética periodísticos,6 así como de opiniones
de periodistas que han reflexionado acerca de su
quehacer (Periodismo es difundir aquello
que alguien no quiere que se sepa, el resto es
propaganda)7 es posible formular una
normativa que sintetice en pocos principios lo
fundamental de la ética de los periodistas:
1. Informar
veraz, exacta, amplia y oportunamente
2. Investigar e interpretar
y opinar desde el interés
público (del Pueblo, de la Sociedad
Civil, de los Ciudadanos, del Bien Común de
la sociedad)
3. Difundir, exigir y defender
de manera proactiva los derechos y deberes
personales y colectivos.
4. Fiscalizar con independencia a
los poderes del Estado, del Mercado
y de la Sociedad Civil.
Informar
veraz, exacta, amplia y oportunamente
Este imperativo
ético aparentemente tan sencillo de comprender,
remite a temas epistemológicos relacionados con
las nociones de verdad y
objetividad, así como de
información y de valor
periodístico, exigiendo una reflexión en
torno a ellos que no se puede eludir si se quiere
precisar a qué se está refiriendo esta regla.
Ningún periodista o empresario
periodísticopuede adquirir un compromiso
ético al respecto en forma seria, sin
reflexionar sobre el preciso significado de estas
nociones, más allá de lo que dicta el sentido
común, o de lo que se cree sin mayores
profundizaciones. Ahondar en ello para una
opción consciente es imprescindible, pero no
compete a este breve trabajo. No obstante,
nuestro propósito quedaría inconcluso, si al
menos no intentáramos abrir un espacio a la
duda, a las preguntas, a la motivación para
seguir profundizando.
El tema de la
verdad y consecuentemente de la objetividad,
supone considerar un conjunto de premisas o
supuestos previos, básicos, no necesariamente
demostrados ni conscientes, que una comunidad
científica o disciplinaria suele dar por hechos
y compartir (paradigmas),8 cimientos y andamiaje
sobre y desde los cuales se va construyendo el
conocimiento. Muchas veces las personas no son
conscientes de que socialmente se les ha impuesto
un determinado paradigma y piensan, hablan y
deciden desde concepciones del mundo, la sociedad
y las personas, desde mitos, representaciones
sociales y estereotipos, desde modelos de
situación y modelos de contexto,9 que consagran,
justifican y reproducen su modo de vida y su rol
en la sociedad, y las impelen a aceptarlos como
naturalmente dados. Respecto de la verdad y la
objetividad, suele creerse que el mundo objetivo
está ahí, fuera de la mente, al alcance de los
sentidos, que es plenamente cognoscible, que
puede ser objetivamente capturado en el acto de
conocer y que la verdad es dar cuenta de ello
neutral y objetivamente. El deber del periodista
sería en consecuencia buscar la verdad y
difundirla de manera clara, completa, amplia y
oportuna. Tal formulación parece ingenua y
distante de las vivencias que los profesionales
del periodismo experimentan en el día a día.
Sin embargo, hay
pensadores que han contribuido a generar una
perspectiva diferente, nuevo paradigma que
podemos resumir en cuatro premisas operacionales
que posibilitan desarrollar un marco teórico
para una crítica y una propuesta de una ética
periodística más acorde con la experiencia
cotidiana de los periodistas contemporáneos,
desafío que hay que enfrentar. Se trata del
paradigma que, sin adherirnos a ninguna corriente
o escuela particular, podemos clasificar como constructivista-informacional,10 cuyas principales
premisas son las siguientes:
Premisa 1: En el
exterior de la mente de cada individuo humano,
existe una realidad independiente o autónoma de
su conciencia subjetiva, y en ese sentido
objetiva, mundo del que el propio sujeto
conocedor forma parte, del que depende su
existencia y con el que interactúa. En teoría
de sistemas a ese entorno se le suele denominar ambiente.
Premisa 2: Cada
sujeto humano está dotado por la naturaleza de
órganos sensoriales (vista, oído, gusto, tacto,
olfato), mentales (cerebro) y laborales (brazos,
manos, piernas, pies) que le permiten establecer
diversos tipos de relaciones o interacciones
conscientes o inconscientes con el ambiente;11 en alguna medida
(espontáneamente, o poniendo estos órganos en
interacción voluntariamente mediante el trabajo)
puede conocerlo y transformarlo, así como puede
también ser conocido y transformado. Pero, desde
el punto de vista biológico, tales órganos son limitados
e insuficientes. Es mínimo el rango de ondas
sonoras, de espectro luminoso, de texturas,
sabores y olores que son captados por el sujeto
humano en el acto de la percepción, sin
perjuicio de otros inimaginables aspectos de lo
real que pueden quedar por fuera de los sentidos
y de los instrumentos que los prolongan.
Premisa 3: En el
proceso de conocimiento, el sujeto humano,
utilizando sus insuficientes órganos sensoriales
(aspecto biológico), así como diversas
técnicas, instrumentos y procedimientos que los
amplifican para hacerlos más eficaces (aspecto
cultural), es capaz de introducir a su mente una
porción de datos procedentes del exterior (nunca
sabremos cuántos son omitidos y quedan por
fuera, ni cómo han sido modificados durante la
percepción) y realizar un proceso llamado de modelización.
En virtud de este proceso modelizador (o
modelador), el sujeto descodifica (desechando
como ruido aquellos datos que no pudo
descodificar), selecciona, jerarquiza, generaliza
y distorsiona (puede distorsionar por errores de
percepción, de descodificación y por el hecho
mismo de modelar). Además, relaciona e integra
los datos en un modelo mental [biológico
y cultural] de características discursivas
[pensamiento y lenguaje irían unidos], y a la
vez coherente y verosímil, es decir, creíble
(lo que no implica correspondencia con el
referente externo ni menos una reproducción
exacta, total y precisa del entorno). El
conocimiento es así una configuración
acerca de lo real que puede, según los métodos
utilizados, ser a grandes rasgos de orden
religioso o esotérico (el sujeto le atribuye ser
producto de una revelación sobrenatural o
paranormal y cuyo resultado es un dogma de fe),
filosófico (resultante de la reflexión lógica
sin sustento empírico), científico (resultado
de la experimentación y del método científico,
con productos como teorías e hipótesis) o
vulgar (fruto de la experiencia cotidiana),
además de otras categorizaciones posibles. Por
lo general, las consecuencias (función o
utilidad) de estos modelos mentales para la
satisfacción o solución de las necesidades
individuales o sociales en la vida cotidiana (su
valor de uso) será la medida última de su
certeza, pero sólo en relación a trabajos
específicos. Si un mito y su rito sirven al
chamán para sanar enfermedades, será subjetiva
o intersubjetivamente cierto, correspondiente a
la verdad de lo real. El modelo de Newton sirve
para elevar un cohete a la Luna, aunque el modelo
de Einstein elimine la noción de fuerza
gravitacional por la de curvatura
espacio-temporal. Se trata de
representaciones diversas e incompletas de una
realidad mayor que las sobrepasa.
Premisa 4: Cada
sujeto humano (que puede ser
modelizado como un sistema
biológico-cultural) subordina el conocimiento a
sus necesidades sistémicas, tales como
sobrevivir, asimilar, crecer (metabolismo),
mantenerse estable (homeostasis), conocer,
adaptarse, predecir, influir, controlar,
legitimarse, competir y reproducirse. Necesidades
que determinan su proceso de conocer y de
producir información: El valor informativo
de un acontecimiento puede ser medido según tres
parámetros entre los que no existe medida
común, pero que son, los tres, componentes de la
estrategia del observador humano para conocer,
controlar y dominar su contorno: (a) su grado de
probabilidad..., (b) su grado de pertinencia
(valor situacional), (c) su efecto (valor en
juego)....12 En síntesis, lo
que es objetivo es el acontecimiento, el hecho
observado; pero desde que él es percibido,
recibe del observador su valor
informativo....13
Asumido este
paradigma, la norma de informar veraz, exacta,
amplia y oportunamente, implica que el periodista
tenga conciencia:
- Que en todo
momento está construyendo (por causas
biológicas y culturales) una versión
incompleta y distorsionada de lo real.
(Hasta el hecho de jerarquizar subrayando
aquello que es noticia [lo
novedoso, lo improbable] constituye desde
ya una distorsión).
- Que, además, se
trata de una versión interesada del
acontecimiento de que trate, cuya
información acerca de él se
configurará asignándole: A) un valor
de probabilidad: el periodista
siempre buscará aquello improbable [lo
noticioso]; B) un valor situacional:
que sea pertinente a la necesidad
sistémica de su empresa (de su grupo
específico o de él mismo) de
sobrevivir, metabolizar, crecer,
mantenerse estable, legitimarse,
controlar, etc., en la sociedad y mercado
en el que compite; es decir, buscará,
elaborará y difundirá información
desde una posición enunciativa, desde un
modelo de contexto o escenario
estratégico construido en su mente, y C)
un valor en juego: haciendo de la
información un medio, un recurso
estratégico, para lograr un objeto
deseado (que será un efecto
multivariable de carácter más o menos
mercantil, ideológico y político,
dependiendo de la finalidad del grupo,
empresa o de él mismo).
- Que lo
anteriormente dicho vale para el discurso
o información de cada una de las fuentes
que utilice, las que también habrán
construido una versión verosímil pero
distorsionada y cargada de los valores de
probabilidad, situacional y en juego que
cada una de las diversas fuentes les
asigne.
Y que consciente
de que la verdad, la objetividad y el valor
periodístico, por ser un modo de información,
no son absolutos (independientemente de que la
realidad objetiva pueda serlo), sino que dependen
de la complejidad multivariable del contexto
físico, biológico y sociocultural, debe
procurar elaborar su producto de manera tal, que
el destinatario también esté consciente de la
relatividad del mensaje que está recibiendo.
En lo práctico,
ser veraz, exacto, amplio y oportuno, significa
ante todo, en el proceso de investigación, tener
la honestidad de:
- Recurrir a la
mayor variedad de fuentes a las que sea
posible tener acceso;
- Someter a
crítica el discurso de las fuentes para
develar el valor situacional y el valor
en juego que han operado en su
construcción, y dejar en evidencia su
sentido estratégico, sus intereses
subyacentes.14
En el proceso de
elaboración y producción del texto (texto, en
sentido amplio: sea escrito, radial, televisivo o
en otro formato):
- Ser transparentes
en la exposición del contenido que
aparenta ser datos objetivos (indicando
sus insuficiencias, sea en su calidad de
indicios circunstanciales o de pruebas
supuestamente directas);
- Ser claros en
evidenciar las hipótesis e
interpretaciones que se proponen, así
como las opiniones que se expresan.
- Igualmente,
aclarar los intereses u objetivos
socioculturales que se pretenden con el
mensaje,
- así como las
consecuencias que su difusión tendría
para el emisor, los destinatarios y otros
posibles involucrados.
- En cuanto a la
oportunidad, esta se refiere a los
efectos que representa la comunicación
temprana o tardía de la información y
al valor de uso que su omisión, retardo
o entrega inmediata representa para los
diferentes protagonistas vinculados al
acontecimiento.
Aunque en el
Código de Ética del Colegio de Periodistas de
Chile, predomina el paradigma que hemos
criticado, destacando la finalidad esencial
de divulgar la verdad (Artículo 2°), el
que suscribimos aparece subyacente en algunas
normas. Por ejemplo, el periodista se
regirá por el principio de veracidad, entendida
como una información responsable de los
hechos (Artículo 1°), difundirá
sólo informaciones fundamentadas, sea por la
correspondiente verificación de los hechos en
forma directa o con distintas fuentes
(Artículo 2°), deberá establecer siempre
una distinción clara entre los hechos, las
opiniones y las interpretaciones, evitando toda
confusión o distorsión deliberada de
ellos (Artículo 7°).
Investigar,
informar, interpretar y opinar desde el interés
público
Teniendo
presente lo anterior y admitiendo que es
legítimo para las reglas del juego de una
sociedad liberal, democrática y de mercado que
sus diversos miembros posean y ejerciten su
libertad de buscar, recibir, elaborar y difundir
información en pro de sus intereses y fines
particulares en un espacio de amplia competencia
o debate de diverso orden, a condición de no
disfrazarlos mimetizándolos con el bien común
de toda la sociedad, entendiendo este bien común
como interés público, cabe señalar que
históricamente los profesionales periodistas
en sus variados códigos de ética se
han autoasignado la defensa, precisamente, de
este bien común o interés del pueblo.
Sin indagar, por
razones de espacio, en las causas históricas que
han movido a los periodistas a suscribir e
incorporar una antropología humanista en su
marco ético, la que se expresa en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Todos los seres humanos nacen libres e
iguales en dignidad y derechos, y dotados como
están en razón y conciencia, deben comportarse
fraternalmente los unos con los otros
(Artículo 1°), la tradición indica que ésta
ha sido asumida como una opción gremial
obligante, lo que se refleja, entre otros, en los
citados códigos del Colegio de Periodistas de
Chile, de la FELAP y de la UNESCO.
De ello se
desprende, entonces, este segundo imperativo
ético: investigar, informar, interpretar y
opinar desde el interés público. Esto quiere
decir que, en el caso de los periodistas, el
valor periodístico de un acontecimiento
cualquiera, estará dado por la reducción de
incertidumbre y en ese sentido novedad,
que la información acerca de ese acontecimiento
represente no para una persona, grupo, empresa o
partido político específicos, sino para el
bien común de la sociedad; que ésta será
su posición enunciativa y que desde ella
visualizará el valor en juego.
Sin duda que el
problema radica en cómo identificar ese bien
común, toda vez que diversas doctrinas
religiosas, filosóficas y políticas han
desarrollado sus propias interpretaciones al
respecto. Cabe también en este punto, la
honestidad del profesional de explicitarlo en su
texto. En todo caso, habría un denominador
común que respetar en cualquier caso:
...en primer lugar, todos los hombres
tienen necesidades, y no sólo algunos; en
segundo lugar, hay necesidades básicas comunes a
todos los hombres... de esta igualdad esencial
pese a las manifiestas diferencias de
gradoderivan derechos iguales para todos
los hombres, que corresponden a sus necesidades,
capacidades y dignidad de seres dotados de razón
y libertad. Cuando se postula la igualdad se
quiere decir que todos los hombres tienen derecho
por igual a la satisfacción de sus necesidades,
al desarrollo de sus capacidades y personalidad,
y al reconocimiento de su dignidad como
persona....15 Es decir, los
derechos humanos personales y colectivos de
diverso orden como representativos del bien
común o interés público.
De algún modo
el interés público o bien común ha sido
explicitado en el código de los periodistas
chilenos, cuando proclama que deben estar al
servicio de los principios democráticos y
los derechos humanos (Artículo 1°);
cuando establece que el ejercicio el
periodismo no propiciará ni dará cabida a
discriminaciones ideológicas, religiosas, de
clase, raza, sexo, discapacidad, ni de ningún
otro tipo... (Artículo 2°), y manda que
el periodista ...deberá contribuir a
sensibilizar a la opinión pública sobre la
situación de los sectores más vulnerables de la
sociedad (Artículo 31°).
De todo lo
anterior, surge el tercer imperativo ético de
los periodistas:
Difundir,
exigir y defender de manera proactiva los
derechos y deberes personales y colectivos
No nos
extenderemos sobre estos derechos, limitándonos
a señalar como textos fundamentales que pueden
ser encontrados en Internet, la Declaración
Universal de los Derechos Humanos (1948), el
Pacto de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales (1966), el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos (1966), la
Convención Americana sobre Derechos Humanos o
Pacto de San José de Costa Rica (1969), la
Convención para la Eliminación de todas las
formas de Discriminación contra la Mujer (1978)
y la Convención sobre los Derechos del Niño
(1989), además de otros instrumentos
internacionales específicos relacionados con los
derechos de los trabajadores, los pueblos
indígenas, etc.16
Cuando el
Código de Ética del Colegio de Periodistas de
Chile establece que los periodistas estarán al
servicio de los derechos humanos, está
prescribiendo que estos derechos deben ser
conocidos, divulgados, exigidos y defendidos por
los profesionales de la prensa. Que esta
obligación debe ser su posición enunciativa: el
punto de vista desde el cual se investiga, se
informa, se interpreta y se opina. Y que estos
han de ser su permanente objeto de deseo o valor
en juego. Ello implica que al enfrentarse el
periodista a un acontecimiento cualquiera, debe
preguntarse qué derecho o derechos están allí
involucrados, cuál la incertidumbre a resolver,
o la novedad a comunicar, de qué manera ese
acontecimiento los está promoviendo o
conculcando, amenazando o siendo una oportunidad
para su vigencia; qué personas, grupos o
instituciones son los protagonistas que los
están exigiendo o promoviendo, quiénes los
beneficiarios, quiénes los oponentes, cuáles
los obstáculos, cuáles los factores favorables.
La noticia, reportaje o comentario ha de ser
resultado de este análisis.
Los otros dos
objetos materia del servicio periodístico, la
verdad y los principios democráticos, con las
restricciones teóricas ya expuestas, hacen parte
del conjunto de los derechos humanos, son ellos
mismos derechos humanos que la comunidad
internacional ha reconocido como tales.
Pero este deber
obliga a los periodistas a ser proactivos, es
decir, a tomar la iniciativa y no ser meramente
reactivos o neutrales. De allí que
el código del colegio chileno establezca la
necesidad de un mayor acceso para los
periodistas en la toma de decisiones de las
políticas informativas en los medios de
comunicación u otras instancias de
difusión (Artículo 4°), como una forma
de garantizar esa proactividad. Sin duda que el
principio ético troncal de servir a los derechos
humanos generalmente colisiona con los intereses
político-mercantiles de las empresas donde
laboran, lo que ha originado una serie de
cláusulas contenidas en el título III del
Código (Del periodista y los medios de
comunicación), entre las que cabe destacar
que el periodista deberá actuar siempre de
acuerdo con su conciencia y no podrá ser
sancionado por ello (Artículo 25°) y
rechazará y denunciará cualquier intento
de presión que tenga por finalidad hacerle
transgredir las normas de este Código
(Artículo 26°).
Fiscalizar
a los poderes del Estado, del Mercado y de la
Sociedad Civil
El rol
primordial de los periodistas a la luz de su
marco ético, ha de ser por tanto la
fiscalización, en función del interés
público, de los tres poderes que compiten en la
sociedad: el Estado, el Mercado y la Sociedad
Civil. Respecto de esta tarea, debiera
desarrollar las que se han denominado funciones
de la comunicación: vigilancia respecto de
amenazas y oportunidades existentes en el entorno
y que podrían afectar, en este caso, el interés
público; el fomento de la correlación u
organización de la sociedad para producir una
respuesta ante esas amenazas u oportunidades del
ambiente, y educación o transmisión de la
herencia social.17
Sin entrar a un
mayor análisis y para los efectos de este
trabajo, imaginaremos un modelo en que la
sociedad es vista como un campo de competencia
entre tres tipos de fuerzas en procura de ejercer
hegemonía, es decir, de ejercer el control
intelectual y moral sobre la sociedad, de
construir un sistema de alianzas sociales, de
imponer una cultura en el sentido que la hemos
definido. Tales fuerzas, en sentido amplio, son
el Estado y la Sociedad Política (estructura
jurídico-política de la sociedad [nacional,
transnacional o global]: poderes ejecutivo,
legislativo y judicial, y sus auxiliares: fuerzas
armadas y policiales, y partidos políticos
sistémicos e instituciones estatales y privadas
funcionales a esta fuerza, tales como escuelas,
iglesias, medios de comunicación, familias,
etc.); el Mercado (estructura económica de la
sociedad [nacional, transnacional o global]:
clases o sectores industriales, comerciales,
financieros, de las industrias culturales [medios
mercantiles de comunicación periodísticos,
publicitarios, de entretención, etc.], empresas
e instituciones varias, con o sin fines de lucro,
funcionales a esta área de la sociedad); y la
Sociedad Civil (conjunto diverso y heterogéneo
de organizaciones y movimientos sociales, de
grupos territoriales, étnicos, etarios,
sindicales, profesionales, estudiantiles, de
género, temáticos, políticos o de otra
diversidad o cultura cualquiera, que decide
erigirse como un poder social autónomo y
relacionarse o no con sus pares para ejercer un
contrapeso o contrapoder ante los poderes
establecidos y hegemónicos del Estado y el
Mercado).18
En los hechos,
el periodista, como ciudadano, y a través de sus
organizaciones gremiales, hará parte de la
Sociedad Civil, pero como profesional asalariado,
será un componente de una industria cultural, la
empresa periodística, y trabajará en la
elaboración de las mercancías que ésta
produce: el medio (periódico, noticiero de radio
o TV, periódico electrónico), el texto
informativo (la noticia, el reportaje
interpretativo, el artículo de opinión) y la
audiencia (que el medio captura y vende a los
publicistas).19 Si trabaja para el
Estado, será un componente de esta otra fuerza
social. El periodista independiente (free-lancer)
puede aparecer en este sentido más libre para
ejercer este rol de fiscalizador que le impone su
marco ético. Pero la gran mayoría de los
periodistas, viven cotidianamente la
contradicción de vender a sus empleadores
(estatales o privados) no sólo su fuerza de
trabajo física, sino también la intelectual, lo
que restringe su facultad fiscalizadora. Una
reciente investigación nuestra,20 constata cómo los
vínculos de los dueños de los medios con
grandes grupos económicos y gobiernos de turno,
las ingerencias de las gerencias de marketing
pauteando el área periodística, y las amenazas
y presiones de poderes fácticos, obstaculizan la
labor de los periodistas investigadores.
Así y todo, su
obligación es fiscalizar a cada una de estas
tres fuerzas, velando por su valor en juego: los
derechos humanos en su más amplio sentido. Sea
que trabaje desde el área del Estado, del
Mercado o de la Sociedad Civil, deberá estar en
permanente vigilancia y, en el caso de los
profesionales chilenos deberá actuar
siempre de acuerdo con su conciencia
(Artículo 25°) y rechazará y denunciará
cualquier intento de presión que tenga por
finalidad hacerle transgredir las normas de este
Código (Artículo 26°).
La historia ha
demostrado que es difícil, aunque no una tarea
imposible. Precisamente, el Informe Global de
Corrupción 2003 de Transparencia
Internacional21 está dedicado al tema
Acceso a la Información, y en muchas de sus 326
páginas, da cuenta de las persecuciones y
asesinatos que han sufrido, en todo el mundo, los
periodistas investigadores. Incluye un informe de
la Federación Internacional de Periodistas (IFJ)
en el que consta que de 68 periodistas asesinados
en el mundo el año 2001, quince indagaban sobre
corrupción. Pero reconoce y fomenta este papel
investigador y fiscalizador de los profesionales
de la prensa.
_____
Notas:
1 Lasgni, Cristina,
La máquina de la cultura: algunas
propuestas para la investigación, en
VV.AA., Investigación sobre la prensa en
Chile (1974-1984), Santiago de Chile,
CERC-ILET, 1986.
2 Estudios de la recepción. El receptor
como recreador del mensaje: descodificación
dominante, negociada y de oposición (Cfr. Stuart
Hall,
Encodificación/Descodificación,
1973, citado en Mattelart, Armand y Michelle, Historia
de las teorías de la comunicación,
Barcelona, Paidós Comunicación, 1997, p. 74)
3 El texto completo del Código de Ética
del Colegio de Periodistas de Chile se incluye en
el Anexo N° 1.
4 Cuadernos de Chasqui, Revista
Latinoamericana de Comunicación, N° 10,
Códigos de Ética de los
Periodistas, Quito, Ediciones CIESPAL.
5 López Reyes, Oscar, La ética en el
periodismo, República Dominicana, 1995, p.
137.
6 El español Porfirio Barroso Asenjo (Códigos
Deontológico de los Medios de Comunicación,
Madrid, Ed. Verso Divino, 1984, citado por Oscar
López Reyes, pp. 132-133) menciona 21 códigos
entre 1910 y 1994.
7 Horacio Verbisky, Un mundo sin
periodistas, Buenos Aires, Planeta, 1998, p.
16.
8 Sobre este concepto sugerimos la
lectura de Thomas Kun, La Estructura de las
revoluciones científicas, escrito en 1962,
con versión en español en el Fondo de Cultura
Económica.
9 Cfr., Teun A. Van Dijk, Racismo
y análisis crítico de los medios,
Barcelona, PaidósComunicación, 1991, y otras
obras del mismo autor como La ciencia del
texto y La noticia como discurso.
10 Este paradigma cognitivo está fundado
en aproximaciones epistemológicas sistémicas,
biológicas, sociológicas, psicológicas,
lingüísticas generativo transformacionales,
semióticas, y en aportes de las Teorías de la
Comunicación, de las Probabilidades y de la
Información, entre otras, en las que el
conocimiento es concebido como una configuración
subjetiva y no un reflejo exacto ni una mirada
fiel al mundo real. Sin ser exhaustivos, autores
como Shannon y Weaver, Wiener, Bertalanffy,
Watzlawick, Chomsky, Bandler y Grinder, Humberto
Maturana, Teun A. Van Dijk, Robert Escarpit,
entre otros, pasando por las escuelas de Palo
Alto y Francfort, los estudios culturales y de la
recepción, aportan elementos teóricos
fundamentales al respecto.
11 Además hay una cantidad inmensa de
interacciones inconscientes de orden físico,
químico y biológico, de orden micro, meso y
hasta macrocósmico (ejemplos: la interacción
atómica y molecular, como la radioeléctrica, es
microcósmica; la respiración es mesocósmica;
la influencia lunar en los fluidos o de los
vientos solares en la conducta, es
macrocósmica).
12 Escarpit, Robert. Teoría de la
Información y Práctica Política, México,
F.C.E., 1983, p. 14.
13 Escarpit Robert. Ibid.
P. 15
14 Son recomendables para este propósito
las lecturas de los ensayos Mitologías y El
grado cero de la escritura, de Roland
Barthes.
15 Mera Figueroa, Jorge,
Neoliberalismo, Autoritarismo y Derechos
Humanos, en Por el derecho a ser persona,
Santiago, Comisión Sudamericana de Paz-SERPAJ,
1988, p. 27
16 Dada la actualidad que para
Chile representa el tema indígena y la Reforma
Procesal Penal, recomendamos la lectura de la
publicación Derechos, Reforma a la Justicia y
Pueblo Mapuche, Santiago-Temuco, FORJA-IEI
UFRO, 2002, que puede ser solicitado a FORJA
(ongforja@entelchile.net). Allí se encontrará
además nuestro trabajo El discurso de la
prensa nacional y el conflicto mapuche,
pertinente al asunto que estamos tratando.
17 Estas funciones de la comunicación en
la sociedad fueron inicialmente identificadas por
Harold Lasswell (1948); Paul F. Lazarsfeld y
Robert K. Merton agregaron posteriormente las de
conferir status y
moralización o de reforzar normas
sociales, refuerzo del control social (1948)) y
posteriormente Charles R. Wright menciona la de
entretención.
18 Sugerimos la siguiente
bibliografía con diversos enfoques sobre el
concepto de sociedad civil: Sociedad civil
para el tercer milenio, del Instituto de
Estudios Sociales Juan Pablo II, Bogotá, 1996;
Edelberto Torres-Rivas, La sociedad civil
en la construcción democrática (Notas desde una
perspectiva crítica), en Internet; y
además: Bobbio, N. Estado, gobierno, sociedad.
Editorial Plaza y Janes. Barcelona. 1987;
Hengstenberg. P. et al. (eds.). Sociedad civil
en América Latina: representación de intereses
y gobernabilidad. Editorial Nueva Sociedad.
Caracas, Venezuela, 1999. Keane, J. Democracia
y sociedad civil. Editorial Alianza. Madrid,
España. 1992; Torres Rivas, E. Centroamérica,
la democracia posible. Educa, San José,
Costa Rica. 1987; Salazar, L. El concepto de
sociedad civil: usos y abusos. Hegenstenberg
et. al., 1999. Seligman, A. The Idea of Civil
Society. The Free Press, New York. 1992.
19 El canadiense Dallas Smythe introduce
en 1977 la idea de que la televisión es un
productor de audiencias vendibles a los
publicistas (Cfr. Mattelart, op. cit., pp.:
84-85).
20 Periodismo de Investigación en
Sudamérica: obstáculos y propuestas,
Santiago, FORJA-TI, 2002.
21 TI, Global Corruption
Report 2003, Berlín, Profile Books, 2003.
* Juan
Jorge Faundes es
colabordor de Sala de Prensa, académico de la Escuela de Periodismo
y Comunicación Social de la Universidad de Artes y
Ciencias Sociales (ARCIS)
de Santiago, Chile, y coordinador del Observatorio Ciudadano
de Acceso a la Justicia de
la Corporación ONG Formación Jurídica para la
Acción (FORJA). Este artículo hace parte del
capítulo primero del libro Rol del Periodista,
Acceso a la Información y Reforma Procesal Penal, FORJA, Santiago de Chile, 2003, del
que es autor.
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