La
resolución del Parlamento Europeo de 2004
y las amenazas actuales a la libertad de
expresión en España
Concepción
Travesedo de Castilla *
Extracto:
El pasado mes de abril de 2004, el Parlamento
Europeo aprobó una resolución sobre las
amenazas a la libertad de expresión e
información a nivel comunitario. Como es
tradición, la concentración empresarial y
las injerencias políticas aparecen como las
bestias negras del derecho a la información,
y se insta a las instituciones europeas a una
intervención directa para frenar ambos
fenómenos. Pero otros vicios dañan, incluso
en mayor medida, nuestro sistema de medios
sin avivar tales denuncias. La supuesta
pasividad de la Comisión Europea se
justifica en la adhesión al principio de
subsidiariedad que garantiza el respeto a las
realidades locales. Y en la nuestra, la
abdicación de la responsabilidad social de
los medios poco tiene que ver con agentes
externos políticos o empresariales, y mucho
con una auto adulteración de la profesión
cuya solución no depende de Bruselas. Abstract:
On April of 2004, the European Parliament
passed a resolution on the threats to the
freedom of speech and information at the
communitarian sphere. As customarily, the
concentration in the media industry and the
political interferences emerged as the worst
menaces to the right to information, and the
European institutions were urged to intervene
resolutely to restrain both phenomena. But
other deficiencies spoil our media system,
even in greater measure, without inciting
such denunciations. The alleged passivity of
the European Commission is justified in the
devotion to the principle of subsidiarity
that guarantees deference to local
particularities. And in our local reality,
the resignation of the media social
accountability has little to do with external
political or economic agents, and more with a
self adulteration of the profession which
resolution does not depend on Brussels.
Entre
las demandas de intervencionismo y la
inclinación de la Comisión Europea hacia el
autocontrol
El
pasado mes de abril de 2004, el Parlamento
Europeo aprobó una resolución sobre los
peligros que corre en la Unión Europea la
libertad de expresión y de información. En
ella, tras ofrecer una descripción panorámica
de las principales barreras que frenan el libre
flujo de información y opinión a nivel
comunitario, se pedía a la Comisión y a los
estados miembros una batería de iniciativas para
dignificar un escenario que se presentaba opaco.
Desde la
liberalización del sector, cuando en la década
de los ochenta se inició una feroz competencia
por el reparto del mercado audiovisual, han sido
numerosos los documentos surgidos del Parlamento
instando a la Comisión a la adopción de
iniciativas específicas destinadas a prevenir la
excesiva concentración de medios, fenómeno
considerado como gran bestia negra de la
pluralidad informativa. En respuesta, la
Comisión Europea inició en 1992 un proceso de
consultas que culminó con la presentación de un
Libro Verde sobre pluralismo y concentración de
medios en el mercado interior.1
La Comisión
estimó como alternativas realistas las tres
siguientes: la inhibición de las instituciones
europeas, una mayor transparencia sobre la
propiedad de los medios, o la armonización,
impuesta por directiva o reglamento, de las
legislaciones nacionales destinadas a controlar
la concentración. Gradualmente, el principal
órgano ejecutivo de la UE se ha situado en una
posición híbrida aunque, en términos
generales, más inclinada hacia la primera
alternativa mencionada. Así, ha defendido que la
preservación de unos medios de comunicación
plurales debe contemplarse como una prerrogativa
fundamental de cada estado miembro.2
Desde una
visión opuesta, el anterior comisario de Mercado
Interior Mario Monti presentó un borrador de
directiva basado en las conclusiones del Libro
Verde de 1992, pero su iniciativa fue
persistentemente rechazada por el Colegio de
Comisarios, la última vez en 1997. También el
Parlamento Europeo ha solicitado en varias
ocasiones, siendo la resolución de abril de 2004
la última ocasión, una directiva que encaje en
la tercera de las alternativas barajadas.
Recientemente,
los obstáculos al funcionamiento del mercado
interior creados por la disparidad de las normas
nacionales sobre la propiedad han adquirido una
nueva dimensión por la internacionalización de
la industria y el desarrollo de las nuevas
tecnologías de la información. La perspectiva
de unas legislaciones nacionales descoordinadas
podría agravar los obstáculos a la
internacionalización de los medios y al
desarrollo de los nuevos servicios en la Sociedad
de la Información.
Por lo que se
refiere a la prensa, aunque no se puede decir que
se haya producido aún una fase de
liberalización, razón por la cual las
políticas europeas sobre medios de comunicación
se han centrado en el sector audiovisual, está
recibiendo una atención creciente al verse
progresivamente implicada en actividades
transfronterizas y al éxito que están teniendo
sus sitios de Internet.
Con todo, la
Comisión siempre ha considerado que existen
instrumentos para prevenir la concentración sin
arruinar un difícil equilibrio que garantice el
cometido específico de los medios en el
funcionamiento de la democracia, evitando al
tiempo interferencias en un mercado interior sin
fronteras, y coadyuvando a que la industria
europea sea competitiva a nivel internacional.
Así, existen
recursos como la Directiva comunitaria de 1992
relativa a un marco regulador común de las redes
y los servicios de comunicaciones electrónicas,
que contiene algunos elementos para promover la
diversidad cultural y lingüística y el
pluralismo en los medios.3 O la normativa europea
sobre concentraciones, plasmada en el último
reglamento comunitario de concentraciones de
enero de 2004, que provee a los estados miembros
la capacidad de bloquear concentraciones para
proteger el pluralismo.4
Pero estas
herramientas son consideradas insuficientes por
una parte importante de los parlamentarios,
académicos o profesionales de los medios
europeos que, desde el colapso del Grupo Kirch,
ante el polémico caso Berlusconi, y tras las
alertas suscitadas por las últimas fusiones en
el sector francés, despiertan nuevos debates y
exhortan a la Comisión para que adopte medidas
preventivas sólidas.
Tras el
nombramiento el pasado mes de noviembre de 2004
de Vivianne Reding como comisaria de la Sociedad
de la Información y Medios de Comunicación, se
ha presenciado un resurgir de este tipo de
reclamaciones. El grupo parlamentario socialista,
en una nota de prensa emitida tras la nominación
de la nueva comisaria, expresó su desilusión
ante lo que consideró una posición continuista.
Decir que la pluralidad de los medios es
responsabilidad de los estados miembros o
que la Comisión no tiene base legal para una
acción legislativa sobre la posesión de medios
a nivel europeo no es una respuesta
satisfactoria.5
El pasado 7 de
abril de 2005, en el marco de un seminario
celebrado en el Parlamento Europeo, un grupo de
parlamentarios, académicos y periodistas lanzó
una campaña para la recolecta de un millón de
firmas solicitando una Legislación Europea para
los medios. En palabras del presidente de la
conferencia, el parlamentario francés Harlem
Désir, Nuestra ambición es construir una
amplia coalición europea por el pluralismo en
los medios que sencillamente no pueda ser
ignorada por la Comisión Europea, los estados
miembros o los propietarios de medios.6
Ante estas
demandas, el portavoz de la Dirección General
para la Sociedad de la Información, Martin
Selmanyr, ha declarado que la Comisión podría
estar capacitada para actuar sólo desde un
enfoque de protección del mercado común, y si
se pudieran establecer implicaciones
transfronterizas, pero ese no ha sido el caso
hasta el momento. Incluso, Reding ha estudiado la
posibilidad de actuar en el marco de la
protección de los derechos humanos
fundamentales, pero para proceder sobre esta base
sería necesario que se produjera una seria
violación del artículo 7 del Tratado, una
provisión a la que únicamente se podría
recurrir en un caso extremo.
De cualquier
forma, incluso si hubiera una mayor base legal
para la iniciativa reguladora de la Comisión en
este campo, es dudoso que optara por
aprovecharlo, puesto que su doctrina tradicional,
continuada ahora por la nueva comisaria, ha sido
que las medidas light tales a las que
implican auto o coregulación suponen el
instrumento preferido por el principal órgano
ejecutivo de la Unión Europea.
En coherencia
con su perspectiva global, Vivianne Reding ha
empezado a trabajar en una doble dirección. Por
un lado, mejorar la cooperación con la industria
mediática. Por otro, construir una especia de
Observatorio de los Medios, un órgano
interdepartamental atento a cualquier desarrollo
social o económico que influya en el sector
mediático en Europa, y en el que intervengan
direcciones generales o comisarías con
responsabilidades en el campo de la competencia,
el mercado interno o la defensa de los
consumidores. La intención es asegurarse de que
todos los aspectos de las propuestas
legislativas o de las decisiones de la UE que
puedan afectar a los medios sean considerados con
precisión.7
Las
iniciativas más urgentes no dependen de Bruselas
Desde estas
líneas se pretende romper una lanza por el
posicionamiento tradicional de la Comisión
Europea respecto a las amenazas contra la
libertad de expresión y de información, y en
relación con su parte de responsabilidad en la
salvaguarda de la pluralidad informativa en los
estados miembros. Merece la pena destacar
recientes pronunciamientos de la comisaria
advirtiendo de que estos desafíos no pueden
afrontarse como si tuviéramos por delante un
recorrido de una sola dirección.
Así, cabe
preguntarse si tanta censura no debiera dirigirse
más hacia los propios profesionales de los
medios que en tantas ocasiones reniegan de su
compromiso social en aras de una tiránica
comercialidad, o contra el papel que los medios
de comunicación juegan en la construcción de
Europa, y no tanto hacia cómo actúan las
instituciones europeas en la construcción de un
modelo válido de estructura mediática europea,
entendiendo por modelo válido aquel que
garantiza el papel de los medios como garantes de
la calidad democrática.
Si bien son
necesarias llamadas de atención como la
formulada a través de la aprobación de la
Resolución de abril de 2004, es lícito dudar
si, en esa vorágine criminalizadora de la
concentración empresarial o de las injerencias
políticas directas sobre el normal
funcionamiento de los medios, no se estarán
ignorando otros fenómenos igual o más nocivos
para el debate público sobre los que las
instituciones europeas, nacionales o regionales,
no tienen absolutamente ninguna responsabilidad.
Más bien, muchos de los peores vicios de nuestro
sistema de medios, desde una perspectiva andaluza
y española, son directamente imputables a los
propios profesionales de la información, los
directivos de los medios, o los que desde la
Universidad ejercemos la importante tarea de
moldear a los futuros periodistas en el concepto
de responsabilidad social.
Incluso,
podríamos relativizar la influencia negativa de
la concentración de medios sobre la pluralidad
informativa echando un vistazo a la situación
del mercado de los medios impresos en la capital
de la provincia de Málaga. Pocas capitales en
España pueden presumir de un mayor porcentaje de
cabeceras en relación con su población, pero
basta con acudir a un quiosco y contrastar las
portadas del día para comprobar que la
diversidad de cabeceras no se traduce, en ningún
caso, en variedad de perspectivas.
Se sostiene que
la globalización hace desaparecer a las
pequeñas empresas locales, devoradas por los
gigantes mediáticos nacionales o transnacionales
que restringen los contenidos a una esquemática
versión de la realidad. No se trata de negar
estos riesgos evidentes, pero tampoco nos
engañemos con la imagen irreal de unos medios
locales independientes y beligerantes ante el
poder. Los jóvenes licenciados que encuentran su
primer trabajo en algún pequeño medio local
cuentan historias para no dormir sobre el control
de periódicos y emisoras por parte de los
gobernantes u oligarquías de la zona. En tales
circunstancias, la debilidad económica de los
medios modestos les hace especialmente
vulnerables al control institucional y a la
presión de los empresarios locales que tienen en
su mano la llave del grifo de la publicidad.
En palabras de
José Luís Dader, tres o cuatro
periódicos débiles en un espacio mediático
pueden contribuir mucho menos a la democrática
salubridad del desvelamiento de noticias
relevantes y el ejercicio plural de la crítica,
que un solo periódico, si éste afianza su
potencia económica en una masa de lectores y una
diversidad y magnitud de empresas anunciantes que
le protejan de las presiones de cada entidad
denunciada, por poderosa que ésta sea.8
En otro orden de
cosas, al comprobar que uno de los principales
detonadores que llevaron a un grupo de
parlamentarios europeos a proponer la citada
resolución fue la doble condición de Berlusconi
como primer ministro italiano y gran magnate de
la industria de los medios en su país, surge la
duda de si la creación de obstáculos legales
para impedir la repetición de esta aberrante
situación sería suficiente, o incluso
prioritario, para salvaguardar la independencia
política de los medios en Europa.
En este sentido,
nadie que consuma prensa, radio o televisión en
España puede negar que entre nuestros
profesionales de la información se ha extendido
la metástasis del sectarismo político
voluntario. Sobran, en nuestro caso, las
célebres llamadas telefónicas de autoridades
que desean expresar su disconformidad por el
tratamiento de esta o aquella noticia de la
actualidad política puesto que, a priori, el
responsable de la información habrá buscado
conocer lo que opina al respecto este partido,
para a continuación apadrinar lo mismo, o lo que
manifiesta ese otro, para asegurarse de que toca
defender lo contrario.
Este gran
enfrentamiento partidista entre los medios
periodísticos españoles, definido por mucho
como periodismo de trincheras, no neutraliza la
consonancia en la agenda setting a la
que se aludía con anterioridad, puesto que
existe plena coincidencia en los temas o
personajes convertidos en noticia, y la única
diferencia estriba en que son enfocados desde el
mas visceral tamiz ideológico. Al final, nos
enfrentamos a lo que José Luís Dader describe
como una constricción en enfoques ideológicos
unilaterales.
Nótese, por
poner un último aunque no menos significativo
ejemplo, la cruel paradoja que supone el hecho de
que haya sido el dirigente europeo más repudiado
por el gremio de informadores quien ha aprobado
una legislación, la denostada Ley Gasparri de
2004, que garantiza la protección de los niños
de los eventuales efectos nocivos de la
televisión con una serie de normas, observadas
por todas las cadenas italianas, que deja en
vergonzante evidencia a la televisión pública
española.
¿Qué
pueden hacer las instituciones europeas por los
medios? o ¿qué pueden hacer los medios por
Europa?
Pero estos son
sólo algunos de los vicios del actual escenario
mediático español que pueden situarse al mismo
nivel de toxicidad que el proceso de
concentración empresarial. Y ello sin olvidar
que, como ha expresado la propia comisaria
Reding, las instituciones de la UE también
tienen razones para reconvenir a los
profesionales de la información.
Es un hecho
fácilmente constatable que, en la mayoría de
las ocasiones, los medios de comunicación
nacionales y locales sólo se ocupan de
cuestiones relacionadas con la UE:
- Cuando un
proceso legislativo ya ha culminado, con
lo que es imposible que el debate
público y democrático aporte algún
valor a un proceso de toma de decisiones
que sólo se conoce cuando ha finalizado.
- Cuando las
noticias que llegan desde Bruselas son
negativas. No supone una exageración
afirmar que la mayoría de los andaluces
sólo ha tenido noticias de la gran
cantidad de ayudas o fondos recibidos de
la UE cuando éstas han empezado a ser
retiradas o a ponerse en entredicho.
- Cuando se
trata de información económica. No hay,
en las secciones destinadas a sociedad y
cultura, referencias significativas a
iniciativas, políticas o valores
constructivos de la UE.
Asimismo, es
notable la impregnación localista de los valores
de agenda en la información comunitaria, y ello
dificulta la producción de un contenido
ideológico vertebrador, contrapunto necesario
para las visiones localistas.9 Hay que reconocer que
cada vez recibimos más noticias o informaciones
más allá de lo que nos afecta directamente,
pero pasando por un tamiz ideológico que, por
poner un ejemplo, se ha traducido recientemente
en las distintas interpretaciones de la actual
crisis en la UE, donde los medios afines al
actual gobierno exhiben un Tony Blair que
encarnaría todos los males, mientras los medios
que simpatizan con la política exterior del
anterior gobierno de Aznar se regodean en la
imagen de una Francia y una Alemania atrofiadas
por la crisis y el declive.
Lo cierto es que
nuestros profesionales de la información denotan
una gran falta de conocimientos sobre los
procedimientos y las instituciones europeas, y
por lo general los editores y periodistas
consideran que unas cuestiones tan complejas
difícilmente pueden despertar el interés de los
espectadores o radioyentes, olvidando que
precisamente su responsabilidad consiste en hacer
digerible para el ciudadano normal la
información sobre unas cuestiones que le afectan
de forma tan directa.
Se puede afirmar
que falta una política de información sagaz,
sujeta a los intereses comunes de la
construcción europea. Aunque, eso sí, no
existen casos significativos a nivel nacional o
en ámbitos locales españoles de medios de
comunicación que defiendan una línea
euroescéptica. Quizás esto no sea una buena
noticia para el pluralismo y profundidad del
debate público que todos deseamos, pero por lo
menos sabemos que desde ahí no nos puede llegar
ningún reproche de Bruselas.
Por todo esto y
alguna razón más, quizás supone un esfuerzo
baldío analizar la proyección que pudiera tener
en el ámbito más específico de lo local, de
nuestro local, la resolución sobre
la libertad de expresión aprobada por el
Parlamento Europeo, mientras que resultaría
mucho más productivo analizar la forma en que
nuestro sistema de medios colabora en la tarea de
garantizar un espacio público de debate y, por
qué no, en la propia construcción de un
imaginario europeo.
No hay más que
analizar el panorama mediático andaluz para
plantearse esta cuestión, recordando de paso que
si la Unión Europea no ha considerado necesario
un organismo regulador en el ámbito comunitario
ha sido precisamente porque las diferencias
nacionales, de costumbres, y la necesidad de una
regulación que tenga en cuenta las realidades
locales, requieren el total respeto al principio
de subsidiariedad en beneficio de los entes
creados en este campo por las autoridades de los
estados miembros, o de las autonomías a las que
se transfieren estas competencias. Nuestro gran
problema es que aún estamos lejos de contar con
ese tipo de entes.
Conclusión
La línea de
análisis que se ha pretendido abrir parte del
convencimiento de que no se puede dejar en manos
de la capacidad legislativa de la UE la
protección de la independencia y la pluralidad
informativa y de la libertad de expresión. Por
mucho que la Comisión encontrara una fórmula
para actuar con efectividad contra los procesos
de concentración empresarial o las injerencias
mercantiles o políticas en los medios de
comunicación, ni muchos menos estaría todo el
camino recorrido.
Existen
auténticas carencias en nuestro panorama
mediático en las que habría que empezar a
trabajar desde el propio núcleo del sistema. Si
los profesionales de la información españoles
consiguieran superar la larga crisis asociativa
por la que atraviesan las organizaciones
profesionales, el joven licenciado que presenta
el informativo de una pequeña comarca contaría
con más margen para defender su independencia
frente a los poderes políticos y económicos
locales. O si fuéramos capaces de dar a luz a
instituciones de control y autocontrol de los
medios, consejos de prensa y consejos
audiovisuales en la línea también sugerida por
la Resolución del Parlamento Europeo,
estaríamos garantizando con mucha más
efectividad la naturaleza esencial del periodismo
mediante la fabricación de mecanismos de
control democrático o social. Por no
hablar de una formación universitaria
comprometida con el cultivo de la responsabilidad
social de los estudiantes, y con la
dignificación de esos códigos éticos y
deontológicos que en este país son poco más
que papel mojado.
Al margen de la
indiscutible estrecha vigilancia que merece el
actual proceso de concentración mediática en
Europa, procede manipular la archiconocida frase
con la que el ex presidente norteamericano John
F. Kennedy arengaba a sus compatriotas en 1961:
no te preguntes lo que tu país puede hacer
por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu
país. En nuestro caso, la interpelación a
todos los que colaboramos en la configuración de
nuestra realidad mediática y consideramos la
libertad de información y de opinión un pilar
fundamental de nuestra sociedad democrática
sería que, por mucho que en justicia se deba y
se pueda esperar de las instituciones europeas
iniciativas para proteger muestro espacio
mediático, no nos preguntemos tanto qué pueden
hacer las instituciones de la UE por nosotros,
como qué podemos nosotros hacer por nosotros
mismos y por Europa.
_____
Notas:
1 Pluralismo y concentración de los
medios de comunicación en el mercado interior -
Valoración de la necesidad de una acción
comunitaria. COM(92) 480, diciembre de 1992.
2 Rojo Villada, Pedro Antonio, 2005:
Pluralismo y concentración en el mercado
europeo. Propuestas de la UE para conjugar la
liberalización del mercado informativo europeo
con la responsabilidad social de los
medios, en Global Media Journal 3, Méjico,
pimavera:
http://gmje.mty.itesm.mx/articulos2/pedroantoniorojo_OT04.html,
20 de junio de 2005.
3 Directiva 2002/21/CE del Parlamento
Europeo y del Consejo, de 7 de marzo de 2002,
relativa a un marco regulador común de las redes
y los servicios de comunicaciones electrónicas
(Directiva marco) [Diario Oficial L 108 de
24.4.2002].
4 REGLAMENTO (CE) nº 139/2004 DEL
CONSEJO de 20 de enero de 2004 sobre el control
de las concentraciones entre empresas (Reglamento
comunitario de concentraciones). En el art. 21
párrafo 4, el reglamento establece que los
estados miembros pueden adoptar medidas
destinadas a proteger intereses legítimos,
y la pluralidad de los medios se cita
de forma específica como perteneciente a esta
categoría. Lo cierto es que la única ocasión
en la que un estado miembro ha utilizado esta
prerrogativa desde que fue introducida en 1989
fue cuando Gran Bretaña intervino en 1994 en un
intento de compra de acciones del Grupo Mirror
por editores italiano y español.
5 EurActive-EU News, 2004: New
Commission pledges improve co-operation with
media industry, en EurActive-EU News,
Policy Position & EU Actors online. Gran
Bretaña, 19 noviembre:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-132296-16&type=News,
20 de junio de 2005, y EurActive-EU News, 2004:
Reding pledges "innovation, inclusion
and creativity" in information
society, en EurActive-EU News, Policy
Position & EU Actors online. Gran Bretaña,
30 septiembre:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-130372-16&type=News,
20 de junio de 2005.
6 EurActive-EU News, 2005: Call for
EU rules on media concentration and
pluralism, en EurActive-EU News, Policy
Position & EU Actors online. Gran Bretaña,
11 abril:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-137649-16&type=News,
20 de junio de 2005.
7 EurActive-EU News, 2004: New
Commission pledges improve co-operation with
media industry, en EurActive-EU News,
Policy Position & EU Actors online. Gran
Bretaña, 19 noviembre:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-132296-16&type=News,
20 de junio de 2005.
8 Dader, José Luís, 2004:
Concentración, consonancia, constricción,
clausura y comercialidad: Los cinco jinetes
apocalípticos del periodismo español
actual, en Sala de Prensa 65, Méjico,
marzo: http://www.saladeprensa.org/art537.htm, 20
de junio de 2005.
9 La Unión Europea en los medios
de comunicación. Informe Anual
Fundesco/APE. Dtor. Bernardo Díaz-Nosty.
Fundación Telefónica, 1996.
___________________
Recursos documentales:
Artículos:
- Dader, José Luís 2004: Concentración,
consonancia, constricción, clausura y
comercialidad: Los cinco jinetes apocalípticos
del periodismo español actual, en Sala de
Prensa 65, Méjico, marzo:
http://www.saladeprensa.org/art537.htm
- EurActive-EU, 2004: New Commission
pledges improve co-operation with media
industry, en EurActive-EU News, Policy
Position & EU Actors online. Gran Bretaña,
19 noviembre:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-132296-16&type=News
- EurActive-EU, 2004: Reding pledges
"innovation, inclusion and creativity"
in information society, en EurActive-EU
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Gran Bretaña, 30 septiembre:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-130372-16&type=News
- EurActive-EU, 2005: Call for EU rules on
media concentration and pluralism, en
EurActive-EU News, Policy Position & EU
Actors online. Gran Bretaña, 11 abril:
http://www.euractiv.com/Article?tcmuri=tcm:29-137649-16&type=News
- McKinsey Quarterly 1995: The great
European multimedia gamble. McKinsey
Quarterly 3, Estados Unidos
- Rojo Villada, Pedro Antonio 2005:
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http://gmje.mty.itesm.mx/articulos2/pedroantoniorojo_OT04.html
Legislación e informes:
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(Directiva marco) [Diario Oficial L 108 de
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- European Institute for the Media 2004: The
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Media a petición del Parlamento Europeo
- Informe Anual Fundesco/APE 1996: La Unión
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Fundación Telefónica
- International Federation of Journalists 2005:
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conferencia ante el Parlamento Europeo
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intangible idea. Estrasburgo: IRIS. European
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- Mills Wade, Angela 2005: Memorandum on
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Freedom, 1st march 2005. European Publishers
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- Nikoltchev, Susanne 2003: Co-regulation of the
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- Libro Verde Pluralismo y concentración de los
medios de comunicación en el mercado interior -
Valoración de la necesidad de una acción
comunitaria. COM(92) 480, diciembre de 1992
- Reglamento (CE) nº 139/2004 del Consejo de 20
de enero de 2004 sobre el control de las
concentraciones entre empresas (Reglamento
comunitario de concentraciones)
- Resolución del Parlamento Europeo sobre la
concentración en el sector de los medios de
comunicación. DO C 68/23/90
- Resolución del Parlamento Europeo sobre el
peligro que corre en la UE, y particularmente en
Italia, la libertad de expresión y de
información (apartado 2 del artículo11 de la
Carta de los Derechos Fundamentales)
(2003/2237(INI)). DO C 104 E de 30/04/200
*
Concepción Travesedo de Castilla es doctora en Relaciones
Internacionales por la Universidad Complutense
de Madrid. Profesora de
"Estructura europea de los medios y
Análisis de la actualidad
internacional en la Facultad de Ciencias de
la Comunicación de la Universidad de Málaga, miembro del Departamento de Periodismo
dirigido por Bernardo Díaz-Nosty y colaboradora
en varios de sus proyectos. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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