El indigenisno en la prensa:
¿Periodismo de profundidad o folklore
superficial?
"No tengais
miedo, si otra vez vienen los enemigos
contra vosotros, que os quieren matar, á
toda priesa venidlo a decir, y los iremos
a matar, les dijo Quicab á los soldados
y capitanes y entonces les avisaron
cuando fueron todos los hombres de guerra
flecheros y arqueros, y entonces se
desaparecieron los padres y abuelos de
los Quicheés que están en cada uno de
los cerros, que fueron á ser guardas de
los montes y de los arcos y flechas y
vigías de la guerra, y ninguno era
estraño, ni tenía diferente ídolo,
sino que era muralla y defensa del
pueblo"
Popol Vuh (1)
"Sus armas eran unos coseletes de
tres dedos de algodón, i hasta en los
pies, i flechas i lanças largas, venian
tan armados que el que caió en el suelo
no se podia levantar; verla de lejos era
para espantar, porque tenían todos los
mas lanças de treinta palmas todas
enarboladas" (2)
Eric
L. Lemus *
"Un
promedio de 25 mil indígenas, en representación
de las etnias de América, y más de 55 mil
espectadores participaron este martes en la
ceremonia de apertura del museo de los indígenas
americanos en Washington D.C. Vistiendo sus
mejores trajes tradicionales e impregnados de los
nuevos íconos de la modernidad, los
representantes de las tribus indígenas, salieron
una vez más a las calles para mostrarse al mundo
y celebrar un día de unidad como pueblos en
resistencia". (3)
La noticia fue
publicada en uno de los principales rotativos de
El Salvador en una extensión no mayor al cuarto
de página con una fotografía de 3 pulgadas de
ancho.
El tratamiento
noticioso o informativo del tema indígena en El
Salvador no dista mucho del estilo de otros
medios del istmo centroamericano y, salvo
contadas excepciones, del periodismo hispano en
Estados Unidos.
El indígena
ocupa espacio en la secciones menos profundas de
nuestros periódicos, en los horarios con menor
audiencia en la radio y la televisión, si es que
acaso son parte de la agenda diaria, cuando evoca
algo menos que bondad. La palabra indígena, en
El Salvador, solamente es un vocablo de
referencia para reforzar nuestros valores
culturales, nuestra identidad perdida; por lo
general, no son más que artículos para el
consumo de turismo interno.
Así vemos, cada
mes de mayo, sendas invitaciones en las secciones
de entretenimiento de los medios que rezan:
"Vayan a Panchimalco (un poblado a una
veintena de kilómetros al sur de San Salvador) y
disfruten de sus platillos típicos mientras la
comunidad indígena celebra sus fiestas".
Pero nadie sabe por qué la comunidad indígena
en el pueblo de Panchimalco se reúne cada año y
que la fiesta en las calles tiene un símbolo de
resistencia a la visión religiosa que fue
impuesta tras la conquista española.
"No se
pierda la danza de los Emplumados el próximo fin
de semana en Cacaopera (que es un pueblo de
origen lenca, ubicado en el noreste de El
Salvador)". Sin embargo, pocos saben que
durante la guerra ese bello paraje junto al río
Torola, que divide el territorio salvadoreño con
el hondureño, fue el escenario de cruentas
batallas entre el ejército y la guerrilla del
Frente Farabundo Martí. Tampoco se sabe cuántos
indígenas fallecieron en calidad de víctimas
civiles de la guerra o si el pueblo sufrió o no
persecución por el estigma de que ahí habitan
brujos, que el pueblo era refugio de
guerrilleros, que los campesinos eran sospechosos
por su aspecto.
No, los indios,
en El Salvador, de hecho no existen.
"Como en
otros lugares de la región, resulta muy difícil
determinar quién es indígena. Tal vez el mejor
método sea sostener que es el indígena el que
se comporta como tal. O sea que los que siguen
las costumbres indígenas son indígenas. Los
sociólogos enumeran la lista de costumbres que
distinguen a los indígenas de los ladinos, como
se les llama a los que siguen costumbres
españolas. Una señal de los indígenas es
lingüística, la superviviencia de su dialecto
indígena; otra es política, generalmente
encabezada por un cacique; en el campo de la
religión, los sociólogos señalan la existencia
de hermandades religiosas separadas, o cofradías
indígenas", advierte Thomas R. Anderson en
su investigación El Salvador 1932. (4)
Desde la
tragedia de 1932 los enfoques de esta naturaleza
no son cosa nueva en la prensa local. ¿La prensa
salvadoreña tiene claridad que la comunidad
indígena han sido afectados desde hace cien
años por la explotación de la tierra?
Yo me atrevo a
responder que no por una razón de sentido
común. Cuando el tema indígena se convierte en
símbolo de problemas, los espacios son
reducidos. Si la fiesta es folklórica, garantiza
imágenes coloridas, tendrá reservado un espacio
en la sección de variedades, cultura,
entretenimiento; en jerga periodística, soft
news. Pero, si el protagonista de un linchamiento
en el altiplano guatemalteco es toda una
comunidad indígena, que no quepa duda que la
prensa le dará primera plana y los espacios más
destacados de la sección de sucesos o la nota
roja. Así, entonces, lo que tenemos es una
dicotomía permanente entre lo bueno y lo malo.
Nunca han tenido su justa dimensión. Los indios,
malos, arremeten contra el estado de derecho y
vulneran la ley, contravienen el orden público,
al tomar la justicia por sus propias manos. Son
buenos cuando son artistas y son malos cuando
reclaman sus derechos, su derecho a las tierras
ancestrales o cuando ejercen su propio código de
justicia.
El 20 de enero
de 2002, un servidor publicó una historia que
recogía el testimonio de la familia del líder
indígena Feliciano Ama. En aquel momento, a 70
años de los hechos, pese a ser del dominio
público de todo el pueblo de Izalco, pocos
salvadoreños sabían que al cacique Ama le
sobrevivían hijos, sobrinos, nietos...
Ama es una
conjugación verbal simple del modo indicativo
visto desde la gramática española.
|
| En
San Salvador, esa palabra no es nada por si sola;
pero, en Izalco, Sonsonate, es un nombre que
evoca sensaciones opuestas. Feliciano Ama, para
unos, no debió haber nacido; para otros, fue un
mártir; para su familia sólo fue un hombre, su
padre, su tío, su abuelo. Hace casi 73 años, el
cuerpo de José Feliciano Ama pendía de una
ceiba frente a la Iglesia de la Asunción y los
soldados ordenaban que los niños se colgaran de
sus piernas y le quemaran la barba con trozos de
carbón. Aquel día, el levantamiento indígena
de 1932 murió tan pronto como había arrancado. (5) Como ya ha analizado en
el marco de este simposio, para cuando el
calendario señaló los primeros días de enero
de 1932, El Salvador heredaba del derrocado
régimen del ingeniero Arturo Araujo una
administración corrupta, una sociedad en crisis,
un pueblo descontento y una economía
prácticamente en quiebra, derivada de los bajos
precios internacionales del café y de los
efectos de la Gran Depresión estadunidense de
1929.
Ese es uno de
los marcos históricos que rondan la historia de
1932, una historia prohibida en la agenda
nacional.
De Izalco nos
vienen mitos ("ese es un pueblo de
brujos") y los ecos de la campaña política
cuando el principal partido de derechas inicia
oficialmente su campaña proselitista.
En Izalco, como
un himno de victoria, la dirección del partido
que gobierna El Salvador desde hace 15 años,
entona estrofas anticomunistas porque Izalco
-dentro del cliché- fue el lugar donde una
rebelión comunista fue aplastada hace 72 años.
Es decir, nadie en la prensa habla de masacre.
Esa parte de la
historia está reservada para los libros. Pero
los salvadoreños, en su mayoría no recurren a
ellos como fuente de conocimiento sobre la
realidad, sino que acuden a los medios de
comunicación, los cuales tienen su propia
interpretación de la misma.
¿Qué tipo de
país es El Salvador en el año 2004 y a 12 años
del fin de la guerra civil en el terreno de
medios de comunicación?
En apenas un
poco más de 21.000 kilómetros cuadrados, y con
casi seis millones de habitantes, el país tiene
dos de las mayores rotativas de toda América
Latina; hay por lo menos cuatro programas
matutinos de opinión en televisión, e
incontables espacios de entrevistas y comentarios
en radios locales.
A criterio de
Ricardo Chacón, editor de un rotativo
salvadoreño y profesor universitario, desde el
año 2000, "los periódicos continuamente
están incorporando a sus salas de redacción
más y mejor personal profesional capacitado, y
están a la última moda en el uso de programas
de computación, fotografía digital y por
supuesto diagramación computarizada". (6)
"Las
radios, si bien no están en la vanguardia
tecnológica, han incorporado nuevos formatos,
como debates y foros conducidos no por
periodistas, sino por connotados profesionales, y
por supuesto comienzan a trabajar estrechamente
en estrategias de mayor alcance, especialmente
con la televisión", recalca el docente.
"Y qué decir de la televisión donde los
programas de opinión e informativos acompañan a
los salvadoreños permanentemente. Basta
mencionar que hay un canal de televisión que
transmite noticias durante todo el día mientras
una cadena de tres televisoras, desarrolla tantos
programas informativos y de opinión como canales
tiene", agrega.
Con la firma de
los Acuerdos de Paz, en 1992, en cualquier sector
nacional se escuchó decir que la prensa
salvadoreña es -como pocas- garantía del
derecho a la información. Incluso los
periodistas, en gran medida, se mostraron
complacidos. (7)
El periodista y
profesor universitario Guillermo Mejía valoró
años atrás los efectos a la sociedad
salvadoreña por el nacimiento de revistas de
investigación periodística (en la prensa
escrita) y programas de opinión en la
televisión, principalmente.
"Se asume
como prueba de que hemos alcanzado la mayoría de
edad en el desarrollo periodístico",
enfatiza Mejía.
Sin embargo,
cuando traemos a cuenta el tema indígena, sus
derechos, los hechos de 1932, cabe formularse el
siguiente juicio en torno al periodismo en El
Salvador. Si la prensa no vive ya en la época de
la bomba, de los operativos contrainsurgentes, o
de los rumores políticos, o de "la
exclusiva", propios del periodismo
inmediatista, de escándalo, ¿la investigación
periodística es nuestra consigna? Primero hay
que definir qué es -en rigor- el periodismo de
investigación.
"La
búsqueda y difusión de información acerca de
sucesos con valor periodístico (es decir: con
grados considerables de improbabilidad de
ocurrencia del hecho, y de probabilidades altas
de impacto histórico y psicológico del mismo),
eventos e información que otros (individuos,
grupos, empresas, instituciones, organizaciones
gubernamentales o no gubernamentales, clases
sociales o el sistema mismo en su conjunto)
mantienen ocultos y quieren impedir que sean
conocidos y difundidos en un ámbito social mayor
que aquel circuito de los que están
enterados". (8)
Para Juan Jorge
Faundes, periodista y escritor chileno, el objeto
del Periodismo de Investigación "es la
información oculta, reservada, secreta, y sus
fuentes, aquellas que están cerradas. Estas
últimas características (información oculta y
fuentes cerradas) lo diferencian de cualquier
otro tipo de formas periodísticas, aunque sean
de denuncia, pero que trabajen con información
socialmente disponible a través de fuentes
abiertas".
Probablemente,
ustedes pregunten ¿a qué viene esta
deliberación en torno al periodismo de
investigación? La razón es una sola. Este
género abandera los cambios políticos, los
vientos democráticos que atraviesa la sociedad
salvadoreña a 12 años de la firma de los
Acuerdos de Chapultepec.
"A partir
de 1992, se ha iniciado la práctica de un
periodismo investigativo que ha favorecido la
instauración y consolidación de nuestra
democracia, con sus abordajes más
multitemáticos y profundos" señala Mario
Cantarero, profesor universitario e investigador
de la comunicación. (9)
|
Siete décadas atrás
El Salvador hereda
en enero de 1932 una administración corrupta,
una sociedad en crisis, un pueblo descontento y
una economía casi en quiebra luego que es
derrocado el régimen del ingeniero Arturo
Araujo. Los bajos precios internacionales del
café en la Bolsa de Nueva York empiezan a hacer
mella en sociedad agrícolas como la
salvadoreña. Pronto, los efectos de la Gran
Depresión estadunidense de 1929 también arriban
a los pueblos indígenas.
Ante el acoso de
la pobreza, del interior del país llega a la
capital una gran cantidad de campesinos pobres y
enfermos, lo que ocasiona un crecimiento
ciudadano sin control, plasmado en cinturones de
miseria en el sur de San Salvador y en
innumerables como insalubres mesones, tan
denunciados y combatidos por el escritor Alberto
Masferrer.
Como respuesta a
esas condiciones de vida infrahumana y a diversos
abusos cometidos en el agro nacional, se
extremizan el sindicalismo y el movimiento
obrero, dando pie al nacimiento del Partido
Comunista Salvadoreño (PCS).
En la noche del 2
de diciembre de 1931, el corrompido régimen del
Partido Laborista, encabezado por el ingeniero
Araujo, fue derrocado por jóvenes militares
agrupados en un Directorio Cívico. Dos días
más tarde, entregaron el Poder Ejecutivo al
vicepresidente constitucional, general
Maximiliano Hernández Martínez, quien lo
detentaría por espacio de trece años, hasta
mayo de 1944.
Como una de las
primeras acciones del nuevo gobierno, tienen
lugar las diferidas elecciones municipales y
legislativas en enero de 1932. Los comicios
fueron fraudulentos. Varios sitios de votación
fueron suspendidos en poblaciones en las que el
PCS tenía fuerte presencia, partido que
participaba pese a saber que no existía libertad
electoral (había libros en los que se apuntaban
los nombres de los votantes y su opción
política partidista).
El
inicio del alzamiento
Los obreros y el
PCS radicalizaron sus acciones políticas, hasta
considerar como única opción la de la violencia
armada. Motivada por agitadores, la insurrección
campesina estaba ya en marcha cuando, el 18 de
enero, fueron capturados Agustín Farabundo
Martí y los líderes estudiantiles Alfonso Luna
Calderón y Mario ñapata. Los actos de captura
fueron realizados por el capitán José Sánchez
Agona y por diez hombres armados, en una finca al
oeste del actual Colegio María Auxiliadora, en
el capitalino barrio de San Miguelito.
A las 10 y 30 de
la noche siguiente, se produjeron frustrados
asaltos al Cuartel de Caballería (después sede
de la Policía de Hacienda), sucesos que, unidos
al descubrimiento de material explosivo en casas
de dirigentes comunistas, motivó al gobierno
martinista a decretar el estado de sitio y la ley
marcial en los departamentos de Sonsonate, Santa
Ana, La Libertad, San Salvador y Chalatenango.
Poco después, implanta una severa censura de la
prensa escrita, sometida a las disposiciones
editoriales del jefe de la Policía Nacional.
Para la noche del
20, el PCS se reúne y debate sobre si debe
comenzarse o no la insurrección en el occidente
del país. Como resultado de las consultas,
varios comunicados para detener a las fuerzas
insurrectas fueron emitidos al día siguiente,
pero muchos de ellos ni siquiera llegaron a su
destino.
La
erupción de Izalco
Antes de la
medianoche del día 22, con la erupción del
volcán de Izalco como marco cinematográfico,
varios miles de campesinos se lanzaron a la
invasión de poblaciones como Villa Colón,
Juayúa, Salcoatitán, Sonzacate, Izalco,
Teotepeque, Tepecoyo, Los Amates, Finca Florida,
Ahuachapán, Tacuba y otras poblaciones más,
azuzados por los dirigentes comunistas y armados
con machetes y algunos cientos de fusiles Mauser,
dejados por Araujo en sus manos para organizar la
defensa de su régimen tambaleante.
Como miras principales, los ataques iban
dirigidos contra cuarteles, guarniciones de
policía, oficinas municipales y de telégrafos,
al igual que contra casas de reconocidos
terratenientes y comerciantes de la zona.
Desde la madrugada
del día 23, tres intentos de toma son repelidos
por las ametralladoras "tartamudas" del
bastión militar de la ciudad de Ahuachapán,
comandado por el general José Guevara. En los
muros de la fortaleza, un hijo del militar
contempla los frutos que producen la crisis, el
fanatismo político y el alcohol extraído de las
tiendas saqueadas. Años más tarde, una vez
entrenado por el ejército estadunidense, ese
niño de doce años pasaría a ser conocido en la
historia nacional como el general José Alberto
"El Chele" Medrano.
Se calcula que la
población de Tacuba es tomada por asalto por
1.500 militantes comunistas que dirige el
estudiante universitario Abel Cuenca, quien se
encuentra con el grave problema de tener que
alimentar a tan grandes cantidades de población,
a la vez que busca evitar que continúen las
violaciones y el pillaje generalizado.
El
movimiento frustrado
En la mañana del
día 23, los insurrectos realizan un frustrado
intento de tomarse el cuartel de Sonsonate. Su
herido comandante, el coronel Ernesto Bará,
conduce la acción de rechazo.
Varias columnas de
soldados, policías y guardias nacionales parten
por tren desde San Salvador hacia las zonas
insurrectas. Viajan bajo las órdenes
expedicionarias del general José Tomás
Calderón. Una vez han hecho su labor en el
departamento de La Libertad, retoman Colón y
Sonzacate, desde donde dirigen la captura de la
plaza de Izalco.
Entre los días 24
y 25, las fuerzas militares gubernamentales
entran en Nahuizalco, Juayúa -donde pasan por
las armas al líder indígena Francisco Sánchez,
capturado en San Pedro Puxtla-, Ahuachapán y
Tacuba.
Como último
evento de esos hechos sangrientos, el 31 de
enero, un consejo de guerra presidido por el
general Manuel Antonio Castañeda juzgó y
condenó a Martí, Luna y ñapata a morir
fusilados en el Cementerio General de San
Salvador, previo traslado desde sus celdas en la
Penitenciaría Central, ubicada donde ahora se
alza el céntrico edificio del Fondo Social para
La Vivienda (FSV).
Como herencia de aquellos años, la cifra exacta
de muertos quizá nunca pueda saberse. Hasta la
fecha, periodistas y tratadistas sobre el tema
como Thomas P. Anderson, Jorge Arias Gómez,
Patricia Alvarenga y otros han manejado cifras
que varían desde 4.800 hasta 30.000 personas
fallecidas en esa coyuntura de la historia
salvadoreña, que -como sostiene el investigador
social Jaime Barba- ahora urge de una revisión
histórica desapasionada y científica, con miras
a la verdadera reconciliación.
|
| Empero,
el mismo autor objeta que "en el ámbito del
periodismo, la práctica investigativa no ha
podido desarrollarse plenamente porque hay
factores externos de orden
académico-universitario, político, económico y
jurídico que la limitan enormemente, al extremo
de darle poca prioridad y mantenerla demasiado
coaccionada. En el plano interno, la
organización de las salas de redacción de los
medios no está diseñada para realizar un
periodismo investigativo; es más, los salarios
de los periodistas no corresponden a las
exigencias del trabajo. En ambos contextos los
periodistas experimentan temores y mecanismo de
autocensura ante un sistema bastante adverso por
las represalias políticas y los riesgos
laborales a los que pueden verse sometidos por
los agentes de poder económico político". La autora española
Montserrat Quesada aporta otros elementos al
determinar que el periodismo de investigación
debe contar con tres etapas:
- Ir hacia la
esencia de las cosas
- Mostrar
cómo funcionan los mecanismos
burocráticos del sistema y
- Denunciar
lo que atenta contra la ciudadanía (10)
Ahora
preguntemos con honestidad: ¿Ha cumplido este
papel el periodismo en la defensa de los derechos
indígenas?
Quiero volver al
testimonio fascinante de una de las fuentes
orales más relevantes que pudo tener el pueblo
salvadoreño para entender los hechos de 1932.
La historia del
suplicio que vivió la familia Ama, a lo largo de
setenta años, poco se ha contado; pero fue más
fácil interpretarlo a partir de la voz de don
Juan Ama, sobrino de Feliciano.
La memoria de
este hombre de 96 años, que falleció poco
tiempo después del estreno del documental
"Ama, la memoria del tiempo" (realizado
por Daniel Flores), resume el liderazgo de
Feliciano a partir del día en que se casó con
Josefa, la hija del señor Patricio Shupan, quien
era el mayordomo principal de la Cofradía del
Corpus Christi y cacique de Izalco en los años
20. La Cofradía es una fiesta exclusiva de los
indígenas, donde el sincretismo religioso es la
regla. Aquí se funde el rito católico con el
simbolismo prehispánico que ha sobrevivido a la
colonización y la conquista.
A principios del
siglo XX, en Izalco, el poder giraba en torno al
cacique, quien mediaba la relación de poder
entre el mismo presidente de la República y la
comunidad.
Él era el jefe
de los indígenas; no era un funcionario del
gobierno ladino, sino una autoridad extra legal
cuyo poder residía en el reconocimiento que su
pueblo le concedía. "Era un antigua, era
principal del pueblo, era cacique,
mayordomo", en palabras de don Juan.
Feliciano, por
su parte, antes de casarse, "era pobrecito,
trabajaba con la cuma, era jornalero; hasta que
se casó, se fue levantando", gracias al
apoyo de su suegro que lo involucró en sus
tareas como si de un hijo se tratase. Patricio
Shupan era jefe de Izalco y bajo su mando estaban
los designios de los cantones Tunalmiles,
Higueras, La Quebrada y Tescal. Su poder había
sido concedido por la misma población.
Junto a Shupan
estaba José Feliciano, que se encargada de
recibir a los mandaderos de la Cofradía, llevar
la recolección de las ofrendas que se hacían
para celebrar las fiestas y acompañar a su
suegro a reuniones presidenciales.
"Iban al
cerro, a dejar una candela para que no se
encareciera la comida y eran los principales de
las mayordomías", explicó, vívidamente,
don Juan. "Cuando vino José Feliciano ya
había trabajo. Patricio fue quien conoció las
tierras comunales". Las tierras comunales
son la semilla de la discordia que desembocó en
el baño de sangre en 1932. Don Juan rememoró
"las tierras comunales eran del Padre
Poderoso... para los indios...".
Los indígenas
empezaron a ser expropiados y Shupan empezó a
reclamar lo que -desde su punto de vista- les
pertenecía.
Pero el destino
de los Ama se marcó en 1917, luego que Shupan
asistiera a un almuerzo en la residencia
presidencial. Don Carlos Meléndez fue el
anfitrión. Shupan salió de Casa Presidencial
sintiéndose mal, con un fuerte dolor en el
estómago. Todavía tuvo tiempo de abordar el
tren de regreso a casa, pero, cuando llegó a la
estación de Izalco, había muerto.
"Ahí
empezó la nueva vida de mi tío", dijo don
Juan. De la noche a la mañana, este hombre, de
1.70 m. de altura, oriundo de Izalco, que nació
en 1881, que usaba pelo corto, bigote y barba
bien recortada, vestía cotón (camisa y calzón
de manta), caites y sombrero de palma, tuvo que
convertirse en el nuevo cacique.
"Él era
una persona muy sencilla, no como lo quieren
pintar ahora, como un gran personaje. Era una
persona de hablar suave, pero claro. No hablaba
mucho en castilla sino en lengua (nahuatl). Era
un señor muy respetativo con todo el personal;
no tenía ningún enemigo. No ofendía a nadie de
ninguna manera", recuenta quien fuera su
sobrino, don Juan Ama.
José Feliciano
prosiguió el mandato que se le había legado y
continuó la demanda de las tierras comunales.
Mas la llegada de los años 30 aceleró el ritmo
de la historia.
El fruto de todo
este testimonio, cuyos extractos más
ilustrativos les he compartido, fue exhibido un
martes 22 de enero de 2002 en el atrio de la
Iglesia de La Asunción, en Izalco, justamente
donde se presume que están enterrados los restos
de cientos de víctimas del operativo ordenado
por el general Maximiliano Hernández Martínez
para aplacar la rebelión indígena.
Esta familia ,
sin embargo, es un ápice de toda la cosmovisión
indígena de Izalco y, como señala Julia Ama
(una de las nietas de Feliciano) "hay que
sentir todo ese torrente indígena por las
venas" para defender la identidad que se ha
perdido. En Izalco, el mundo precolombino está
presente en la celebración férrea de sus
cofradías y en el respeto a sus padres, que no
están muertos; por el contrario, son testimonios
vivos.
Son pocos los
trabajos periodísticos que ahondan sobre la
cosmovisión de un pueblo ancestral. Hace unos
meses, valga la aclaración, el periódico La
Opinión de Los Angeles hizo una excepción
al publicar diversas crónicas sobre los
huicholes, que pueblan la sierra taraumara. Pero
estos trabajos no son la regla en el periodismo. (11)
Un perfil de los
pueblos indígenas realizado en el año 2003
consignó que, en términos generales, "su
superviviencia se basa en una economía agrícola
de subsistencia, produciendo maíz, frijoles y
otros cultivos en pequeñas parcelas de tierra,
en su mayoría arrendadas. Estos cultivos son la
base de su alimentación tradicional. Otros se
ubican como jornaleros en fincas de café o como
peones agrícolas durante la temporada de
cultivos o cosechas de los productos
agropecuarios. Algunos de ellos, situados en la
zona costera o cerca de un río, practican la
pesca artesanal". (12)
Conclusión:
hablamos de campesinos. Si tomamos este perfil y
lo comparamos con el resultado del índice de
Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
tendremos gente que vive de la cría de animales
domésticos, de la caficultura doméstica, de
quienes elaboran artesanías como canastos,
ebanistería, alfarería. Son campesinos; pero
difícilmente las instituciones gubernamentales,
a través de sus diversos representantes, caigan
en la cuenta que son los mismos indígenas. En
todo caso, son indios, en un elevado sentido
peyorativo. Por el simple hecho de considerarse
indios, se les ubica en una situación de eterna
desventaja social, en el último escalón de la
estructura de la sociedad, de hecho, no son nada,
tan sólo ánimas sin identidad y que viven por
debajo de la línea de la pobreza o en
condiciones de extrema pobreza.
El 38.3%
calificó en extrema pobreza y el 61.1% está en
la línea de la pobreza, mientras que sólo el
0.6% calificó con cobertura de sus condiciones
básicas de vida, según la investigación
ejecutada por el Comité Multisectorial para los
Pueblos Indígenas de El Salvador.
"Es
inconcebible el desarrollo de la cultura nacional
sin el reconocimiento y fortalecimiento de la
cultura y los derechos de los pueblos indígenas.
En ese sentido y a diferencia del pasado, la
política educativa, cultural y económica hacia
ellos debe estar orientada en un enfoque de
reconocimiento, respeto y fortalecimiento de los
valores culturales ancestrales."
¿Cuáles son
los caminos que debe tomar el ejercicio
periodístico frente a los derechos indígenas?
El periodismo de investigación y de profundidad,
a mi criterio, es una herramienta; pero tan solo
una. En el diván pesa el menosprecio que a
diario ha distinguido a los pueblos ancestrales
de El Salvador entre sujetos "buena
gente" que venden las artesanías con una
sonrisa eterna y una amabilidad sin límites y
aquellos que son "malos" por reclamar
más de lo que merecen. ¿Dónde está su justa
dimensión?
Quiero cerrar
con unos versos de Netzahualcóyotl, uno de los
máximos exponentes líricos de la cultura
azteca, cuando enfrenta el tema de la muerte...
¿A dónde
iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
hay cremación de gente.
Que tu corazón se enderece
Aquí nadie vivirá para siempre. (13)
En definitiva,
estos versos han sobrevivido a la Conquista, la
Colonización, pero, ¿sobrevivirán al mundo
globalizado?
__________
Bibliografía:
(1) La historia del origen
de los indios de esta provincia de Guatemala,
Dirección de Publicaciones, República de El
Salvador, 1977
(2) Pedro de Alvarado, Relación de Pedro de
Alvarado a Hernando Cortés, Santiago de
Guatemala, 28 de julio de 1524
(3) Departamento 15, La Prensa Gráfica,
24 de septiembre de 2004
(4) Thomas R. Anderson, El Salvador 1932, Los
sucesos políticos, Biblioteca de Historia
Salvadoreña, Volumen 10, Concejo Nacional para
la Cultura y el Arte (CONCULTURA), San Salvador,
2001
(5) Revista Vértice, El Diario de
Hoy, 20 de enero de 2002
(6) Ricardo Chacón (diario El Mundo y
decano de la Escuela de Periodismo de la
Universidad José Matías Delgado), Pulso del
periodismo, Universidad Internacional de La
Florida, 11 de mayo de 2000
(7) Guillermo Mejía, "En El Salvador:
¿Periodismo de investigación o de
consigna?", Revista Probidad,
Séptima edición, marzo-abril 2000
(8) Juan Jorge Faundes, "Ética y contexto
del Periodismo de Investigación", Sala
de Prensa, número 36, Octubre 2001, Año
III, Vol. 2
(9) Mario Alfredo Cantarero, "Periodismo de
Investigación en El Salvador: amarrado por las
presiones y los temores", Sala de Prensa,
número 39, Enero 2002, Año III, Vol. 2
(10) Montserrat Quesada, La Investigación
Periodística, Barcelona, 1987
(11) Jorge Morales Almada, "Una visita a los
Huicholes", La Opinión, Los
Angeles, 22 de julio de 2004
(12) Gloria Mejía de Gutiérrez y Rita Jaimes de
Araujo, Perfil de los Pueblos Indígenas de
El Salvador, Concejo Nacional para la
Cultura y el Arte (CONCULTURA), Ministerio de
Educación y Banco Mundial, 2003
(13) Netzahualcóyotl, Siglo XV, cultura azteca, Cantares
Mexicanos, folio 70 en Gloria Aracely de
Gutiérrez, Tradición oral de El Salvador,
Dirección General de Publicaciones e Impresos,
Concejo Nacional para la Cultura y el Arte
(CONCULTURA), San Salvador, 1993
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Glosario:
- Indigenismo:
Condición de indígena, estudios de los pueblos
indígenas americanos, movimiento político
social americano en favor de la rehabilitación
cultural y étnica del elemento indígena. Voz de
procedencia indígena.
- Folklore: Conjunto de creencias,
artesanías, costumbres, etc., que forma parte de
la tradición de un pueblo. Ciencia que estudia
estas materias. Cultura popular tradicional.
- Ladino: Aquellos que siguen costumbres
españolas.
* Eric
L. Lemus es
periodista y profesor universitario. Editor de la
revista Vértice. Actualmente realiza estudios de
doctorado en Comunicación Social en la Universidad Pompeu Fabra en la ciudad de Barcelona. Este texto
es la conferencia dictada en el marco del
simposio internacional "El Salvador 1932,
memoria histórica, justicia, identidad y
derechos de los pueblos indígenas",
realizado en la ciudad de Nueva York del 11 al 13
de octubre de 2004, coorganizado por el Center
for Latin American & Caribbean Studies de la
New York University, Latin American Studies
Project at Nassau Community College-SUNY, Center
for the Study of Ethnicity and Race at Columbia
University, HIP Productions y la Fundación Ama.
El texto de recuadro fue publicado en la revista Vértice
el 20 de enero de 2002. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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