La
experiencia del primer defensor del oyente
en una radio pública argentina
Flavia
Pauwels *
Resumen: Radio de la Ciudad, la
emisora pública de Buenos Aires, ha sido
pionera en la implementación de la figura
del Defensor del oyente, en un país cuyos
medios no se caracterizan, precisamente, por
apostar a este mecanismo de autorregulación.
El artículo da cuenta de esa experiencia, de
los caminos que abre y de las estrategias que
se podrían implementar para afianzarla. Es
también un recorrido por la labor de los
Ombudsmen en la prensa y particularmente en
la radio, donde a nivel mundial siguen siendo
escasos.
1.
Introducción
Sensacionalismo,
superficialidad, degradación del idioma, pobre
debate de ideas, desmesurada competencia por la
primicia. Éstas son algunas de las
problemáticas que los propios medios argentinos,
puestos a reflexionar en editoriales y
artículos de opinión1 sobre el rol del
periodismo, marcan como sus principales errores.
Pero recurrentemente, en todos esos espacios, los
mismos hombres de prensa coinciden en señalar
una debilidad: la soberbia, esa cierta
incapacidad de aceptarse como falible, de ver en
la propia profesión los mismos defectos que a
diario los medios marcan en los otros sectores de
poder de la sociedad.
Con la
credibilidad en baja2 por el rol jugado en la
crisis política y económica de fines de 2001,
por coberturas cuestionables de casos de tomas de
rehenes3 o por denuncias contra
periodistas por cobrar dinero en
negro para sostener una determinada
posición editorial,4 algunos medios hicieron
una especie de mea culpa en la que no
puntualizaron sus errores en particular sino que
eligieron un planteo más general en el que
recordaron al periodismo su deber ser
y la necesidad de un debate interno que permita
corregir desviaciones y recuperar el equilibrio.
¿Por qué
entonces esa autocrítica pedida a la
prensa desde su propio seno, desde los mismos
editoriales de diarios como Clarín, La
Nación o El Cronista, no llega a
materializarse en mecanismos concretos de
autorregulación? ¿Por qué una figura como la
del Defensor u Ombudsman5 no ha prosperado en
Argentina si los medios admiten en sus discursos
que lectores, oyentes, televidentes y navegantes
de Internet no son sólo consumidores de
información (
) son sujetos de derecho
(
) y como tal merecen ser
considerados?6
Este artículo
intenta retomar esos interrogantes a partir del
análisis de un caso concreto en el que una radio
pública decide romper con esa tendencia que hace
que los medios hablen mucho sobre su rol pero
hagan poco para que su público participe en el
debate sobre el desempeño del periodismo.
Al cumplirse un
año, en septiembre de 2005, del inicio de la
experiencia del Defensor del oyente en la Radio
de la Ciudad de Buenos Aires, resulta valioso
analizar cuáles han sido los cuestionamientos
que quienes sintonizan la frecuencia AM 1110 le
han hecho llegar a la emisora y cómo han actuado
el ombudsman, los periodistas y los directivos
ante estos planteos.
Antes de llegar
a esa instancia, proponemos un breve recorrido
que permita al lector entender qué se concibe
como autorregulación, cuáles son las
atribuciones que tiene un ombudsman en la prensa,
por qué la radio es el medio que a nivel mundial
cuenta con menos defensores de oyentes y cuáles
han sido las escasas experiencias que, en este
sentido, ha concretado el periodismo argentino.
2.
La autorregulación
Tal como explica
el experto en ética periodística, Javier Darío
Restrepo, la conciencia sobre el derecho a
la información ha crecido lenta y casi
tímidamente.7 Durante siglos, reseña,
las normativas a nivel internacional se
concentraron en la defensa de la libertad de
prensa, buscando proteger los derechos del que
emite o del que informa, ante las persecuciones
que éstos sufrían por parte del poder
político.
Es recién a
mediados del siglo XX cuando se empieza a
contemplar otra dimensión, la de los derechos de
quienes reciben la información. Este espíritu
se hace presente en los pronunciamientos de
distintos organismos y tratados internacionales,8 en los que básicamente
se explicita que toda persona tiene el derecho a
la libertad de expresión y que esto implica la
posibilidad de buscar, recibir y difundir
informaciones y opiniones.9
Pero, como
advierte Restrepo, el desarrollo de la
doctrina no correspondió al de las
prácticas10 y hoy, en épocas en que
los medios de comunicación se han
convertido en parte de complejos empresariales en
los que predomina
la lógica
comercial, pocas barreras protegen el
interés de los receptores, por lo cual resurge
la necesidad de defender y activar el
derecho a la información.
Similar planteo
realiza el doctor en Filosofía y profesor de
Ética, Hugo Aznar, quien sostiene que el
discurso tradicional acerca de la libertad de los
medios debe ser complementado por un discurso
sobre la necesidad de su uso responsable.11 Y para esto no son
suficientes las regulaciones provenientes ni del
mercado ni del Estado; el primero, porque
convierte a los medios en un negocio más y
a sus contenidos en mercancías como cualquier
otra; el segundo, porque puede manipularlos
en función de intereses partidistas o
gubernamentales imponiéndoles leyes que
restrinjan la libertad de expresión.
Aparece entonces
la propuesta de la autorregulación,12 de un compromiso ético
asumido voluntariamente por algunas empresas
informativas, que se expresa a través de
códigos deontológicos,13 libros de estilo,
estatutos de redacción, defensores del público
y consejos de información. Todos ellos con el
objetivo de que la actividad de los medios se
ajuste a normas y valores no ya impuestos desde
afuera sino surgidos desde su propio seno.
Es una
vía intermedia explica Aznar
entre quienes abogan por una absoluta
desregulación del mundo de la comunicación
y quienes (piden) el incremento de la
regulación estatal.14
¿Qué gana el
público y qué el medio con la autorregulación?
El primero, ser concebido como sujeto de derechos
y no como mero consumidor; el segundo, la
confianza y credibilidad que le otorga el hecho
de mostrarse a la sociedad como un actor
responsable.
El que recibe la
información ya no es pensado como pasivo y
silencioso, apunta Restrepo, como alguien
que no interviene en la agenda del medio,
que acepta sin chistar el menú que le ofrecen,
que sufre los abusos que se cometen contra sus
derechos: el de la intimidad, por ejemplo, o el
de presunción de inocencia.15 Para los medios, la
formulación de valores actúa como las
brújulas de los barcos en medio de la
tempestad, es la aceptación de que
la credibilidad debe cuidarse con un celo
mayor que el consagrado a las rotativas y equipos
de computación.16
En este marco se
inscribe la labor del Ombusman o Defensor en la
prensa, una figura cuya función es la de
mantener vivos los postulados éticos que el
medio en algún momento prometió cumplir.
3.
El Ombudsman en la prensa
3.1. Origen
A la hora de
rastrear el origen de la figura del Ombudsman,
diversos autores17 coinciden en atribuirle
al gobierno sueco su invención a principios del
siglo XIX. El rey Carlos XIII decretó en 1809
que debía ser elegida una persona que
independientemente del gobierno vigilara a los
funcionarios en nombre de los ciudadanos y cuya
estabilidad en el cargo y funciones fueran
garantizadas por la propia constitución.
Con el tiempo la
palabra sueca umbothsmathr, que
significa representante, pasó al
inglés como Ombudsman y su figura se
generalizó, ya no sólo restringida al ámbito
de lo político y del gobierno sino para hacer
referencia a toda aquella persona que en
distintas instituciones atiende quejas y trata de
encontrar soluciones, ubicándose en lo que
podría denominarse una posición arbitral.
En la prensa, la
figura del Ombudsman fue adoptada en Estados
Unidos como una forma de enfrentar la crisis de
credibilidad que desde 1940 afectaba al
periodismo de ese país. En 1967 el periódico Louisville
CourierJournal, en Kentucky, se
erigió como el primer medio en dar espacio a un
Defensor del lector. En tanto, en Europa, en
1969, el Consejo de Prensa de Suecia instituyó
también tal función y en Japón, algunos
autores han rastreado antecedentes más remotos,
en el diario Yomiuri Shimbun.
En América
Latina, recién a finales de la década del 80
empezó a darse a conocer la figura del Ombusman
aplicada a los medios. La primera experiencia la
puso en práctica en 1989 el diario Folha de
Sao Paulo, en Brasil, y seis años después
ocho periódicos de ese país ya contaban con el
mismo servicio. A partir de 1990 se repitieron
experiencias similares en Venezuela, Colombia,
Paraguay, Ecuador y México.18
3.2. Funciones y forma de
elección del Ombudsman
El Ombudsman o
Defensor en la prensa puede ser definido como
aquella persona que en un medio recibe e
investiga las quejas del público sobre la
exactitud, la imparcialidad, el equilibrio y el
buen gusto en la cobertura de las informaciones.19
Según la
Organization of News Ombudsmen (ONO), entidad
fundada en 1980 que agrupa a más de 70 miembros
activos de dieciocho países que trabajan en esta
especialidad, los objetivos de los defensores
son: mejorar la imparcialidad, precisión y
responsabilidad de los periódicos, aumentar su
credibilidad, servir como crítica interna,
investigar las quejas de los lectores y
recomendar acciones correctivas, alertar al
editor sobre los reclamos y defender al
periódico cuando se justifique.20
Para el
investigador Gerardo Albarrán de Alba, los
factores que llevan a un medio a implementar la
figura del Ombudsman no siempre son los mismos:
A
veces está más ligado a una voluntad
empresarial de cambio lo que puede
limitarle si se le percibe sólo como
instrumento de control interno, o peor,
a un interés de apariencia; otras, al
desarrollo de una conciencia ética de la
redacción, lo que ofrece una probabilidad de
éxito mayor (...). En ocasiones, la
creación del cargo de defensor del lector no
sólo es intrascendente, sino que puede
significar una burda maniobra de apariencias
y relaciones públicas.21
Pero, ¿cómo
explican los periodistas que alguna vez se han
desempeñado como Ombudsmen la importancia de su
rol? Thomas Forenczi del diario francés Le
Monde destaca que la figura del
mediador apunta a restablecer la confianza
perdida en los medios; su misión es velar para
que los periodistas actúen con independencia
política y económica;22 por su parte, la
brasileña Renata Lo Prete, de Folha de Sao
Paulo, advierte que la rapidez del
trabajo condena a la profesión a permanentes
distorsiones y errores, y la incorporación
del Ombudsman exige un cambio de actitud de
los periodistas, una rigurosidad cada vez
mayor.23
En coincidencia
con los anteriores testimonios, Alba Sánchez, de
El Nacional de Venezuela y Geneva
Overholser, de The Washington Post
advierten:
El
periódico no es un producto que está
enlatado y puede ser destapado dentro de
meses, y recién ahí se ponen al descubierto
los aciertos o los errores. El periódico es
escrutado por la gente todos los días.
Entonces, hay que tener cuidado de que ese
escrutinio no sea desfavorable, indicó
la venezolana.24
Es muy
fácil para todos nosotros (los periodistas)
creer que estamos más allá de la crítica,
que somos los perros guardianes. ¿Y si no
hay nadie controlando a los perros
guardianes?. Entonces la gente comienza a
perder confianza en la prensa, remarcó
Overholser.25
Sobre la forma
de elección del Ombudsman hay distintas
variantes: algunos medios optan por nombrar a un
miembro de la redacción, generalmente un
periodista veterano, con varios años de
experiencia en la profesión;26 en tanto, otros
prefieren seleccionar una personalidad
externa al medio no necesariamente un
periodista con un elevado perfil de
credibilidad y autoridad moral que sepa
lidiar con las resistencias internas de la
redacción, que no siempre se muestra bien
dispuesta a reconocer sus errores.27
En cuanto a la
duración en el puesto también se encuentran
diferentes casos: algunos estatutos que rigen la
labor de los ombudsmen hablan de uno a dos años
prorrogables, mientras que otros no precisan
tiempo definido. El propósito al que se apunta
en los medios que sí fijan un lapso de
permanencia es el de garantizar la independencia
del defensor, evitando que el paso de los años y
el contacto permanente con los integrantes de la
redacción le impidan actuar con imparcialidad.
4.
Los Defensores de oyentes en el mundo: pocos y en
medios públicos
Los diarios,
medios en el cuales nació la figura del
Ombudsman o Defensor, siguen en la actualidad
liderando el ranking de empresas informativas que
optan por implementar tal mecanismo de
autorregulación. En los medios audiovisuales su
presencia es menor y cuando existe, sobre todo en
grupos empresarios o estatales que poseen tanto
estaciones de radio como canales de televisión,
su injerencia se extiende a los distintos tipos
de soporte.
La radio, en
particular, es el medio que menos cabida le ha
dado al Defensor. Pueden contarse con los dedos
de la mano los profesionales que en estos
momentos ejercen tal función. Pero hay una
característica que éstas emisoras presentan y
que no es menor: se trata en la mayoría de
los casos de radios públicas, que por el
espíritu con el cual fueron creadas, el del
servicio al ciudadano, parecen estar doblemente
obligadas a responder a principios éticos.
4.1 Radios que cuentan con
la figura del Ombudsman
A continuación
se presenta una breve descripción de los casos
identificados,28 para luego dar cuenta
a partir de los propios testimonios de los
Defensores y de dos especialistas en el
tema de las particularidades de esta
función en un medio como la radio.
Radio Canadá
Canadá
En esta emisora se define al Ombudsman como el
representante de los intereses de oyentes y
telespectadores, aunque se aclara que también
sus atribuciones alcanzan a la información
difundida a través de Internet.
A pesar de
la gestión más rigurosa, una empresa de prensa
puede abusar de su libertad, sus periodistas
pueden si llega el caso olvidar sus
responsabilidades profesionales. Radio Canadá no
ampara tales errores (ya que) tiene la
obligación de abastecer al público de una
información exacta, honrada y equitativa. Debe
además asegurarse que los oyentes y los
telespectadores que se quejaron de un
información (puedan contar) con una institución
independiente e imparcial, postulan los
principios de la emisora.29
Renaud Gilbert
es quien se desempeña como Ombusman.
Radio Francia
Internacional (RFI) Francia
Es una radio de servicio público que tiene
como ventaja estar exonerada de las presiones
económicas, comerciales y financieras, pero
también asume responsabilidades, especialmente
un gran rigor en la práctica.30
El Ombudsman en
este caso es llamado Médiateur
(mediador) y se lo define como el embajador
del público, quien estudia los problemas
surgidos y se esfuerza por resolverlos
amigablemente. Se aclara que su función es
aconsejar y dar opiniones. No toma decisiones ni
pronuncia sanciones.
El actual
Médiateur es Noël Copin.31
Radio y
Televisión de Andalucía (RTVA)
España
La Empresa Pública de la Radio y Televisión de
Andalucía se postula como instrumento para la
información y la participación de todos los
andaluces en la vida política, cultural y
social. Para ese fin creó a partir de 1995 las
figuras del Defensor del Espectador y del
Defensor del Oyente. Ambos cargos que funcionaban
separadamente se fusionaron en marzo de 1997.
El defensor
tiene la tarea de atender las quejas y
sugerencias del público sobre los contenidos de
la programación, con la finalidad de
colaborar en la mejora de la calidad dentro
del respeto al espíritu de la libertad de
expresión y con especial atención a la
infancia, la juventud y a los principios
constitucionales de respeto a la igualdad y a la
no discriminación.32
El Defensor, que
es nombrado por el Consejo de Administración de
RTVA, es el periodista Patricio Gutiérrez.
National
Public Radio (NPR) Washington Estados
Unidos
NPR es una productora y distribuidora de noticias
no comercial que sirve a un público
creciente de 23 millones de estadunidenses cada
semana en sociedad con más de 780 operadores
estaciones de radio públicas.
El Ombudsman, en
este caso llamado, Defensor del
pueblo, tiene la labor de recibir,
investigar y responder las preguntas
significantes, comentarios y críticas con
respecto a la programación.33
Según el
presidente de la NPR, Kevin Klose, la figura del
Defensor subraya el compromiso continuado
de la radio pública con las normas más altas de
integridad editorial y les proporciona un
eslabón directo a los oyentes con la
emisora.
Ocupa el cargo
de Defensor el periodista Jeffrey Dvorkin, quien
fue presidente de la ONO.
Radiobrás
Brasil
La Empresa Brasileña de Radiodifusión
Radiobrás fue creada en 1975 con la
finalidad de operar las emisiones de radio y
televisión del gobierno federal de ese país.
El sistema
público de Radiobrás comprende una agencia de
noticias, una radioagencia, dos emisoras de
televisión y cinco emisoras de radio, que operan
en ondas cortas, medias y frecuencia modulada.
Entre sus
principios, Radiobrás destaca que la
información ética, democrática y de calidad es
un derecho del ciudadano.34
En este caso el
Ombudsman o Defensor es llamado
Ouvidor y su rol es el de ser
un canal de diálogo para que el
público participe con reclamos, elogios,
denuncias y comentarios.
La actual
Ouvidora es Emilia Magalhães.
Radio
Bandeirantes de Sao Paulo Brasil
Se trata en este caso de la única emisora
privada detectada en el rastreo hecho para
este artículo que posee la figura del
Ombusman en radio.
Radio
Bandeirantes define a su Ombudsman como el
representante del ciudadano, aquel
encargado de recibir, observar y analizar
los fallos de la empresa, poniéndose en el
lugar del público[35].
El cargo es
ejercido por María Elisa Porchat.
4.2 Particularidades de
las Defensorías de oyentes
A la hora de
analizar por qué han sido las radios públicas
quienes han promovido en mayor medida la
existencia de Defensorías, tanto los
especialistas en el tema como los propios
Ombudsmen coinciden en marcar que el mismo origen
y propósito de estos medios impulsan la
adopción de mecanismos de autorregulación.
Restrepo remarca
que los gobiernos creen cumplir eficazmente
con su deber de proteger los derechos de la
ciudadanía, mediante la creación de los
defensores,36 en tanto, para Gerardo
Albarrán de Alba se trata de un ejercicio
de congruencia de las radios públicas, a
diferencia de las radiodifusoras privadas
que suelen ser mucho más laxas en sus
estándares éticos.[37]
Similar
evaluación hacen los Defensores. Para el
español Gutiérrez las radios públicas
tienden a considerar que tienen más obligaciones
de carácter ético que las privadas o al revés,
las privadas se consideran fuera del marco ético
y jurídico que afecta a todas las empresas de
comunicación;38 la brasileña Magalhães
cree que se trata de un problema de respeto
a la ciudadanía39 y el estadunidense
Dvorkin apunta que en su país la
radiodifusión comercial no parece estar
interesada en tener defensores.40
Pero más allá
del carácter público del medio, ¿existe alguna
particularidad en el propio sistema radiofónico
que haga que las experiencias de Defensores sean
escasas? En este sentido los entrevistados
difieren. Para Albarrán de Alba, se trata de
un problema metodológico para dar
seguimiento a las transmisiones de una estación
cualquiera (acentuadas si se trata de una cadena,
con varias emisoras). Evidentemente, un defensor
del radioescucha no puede estar sintonizado las
24 horas del día, escuchando y analizando
todo. Por su parte, Gutiérrez considera
que el Ombudsman no aparece como tan necesario en
la radio debido a que es más versátil y
participativa que la televisión, la
audiencia cuenta ya de por sí con mayores
espacios de expresión que en otro tipo de
medios.
En cuanto a los
canales de comunicación que los Defensores de
oyentes tienen con el público, los casos
identificados coinciden en la existencia de un
micro radial en el que el Ombudsman expone los
reclamos y hace conocer sus fallos. En algunos
casos estos programas tienen fijado un día y
hora de emisión: por ejemplo Hable con la
Ouvidora, en Radiobrás, se emite los lunes
a las 14:05 por la Radio Nacional de Brasilia,
donde los oyentes participan en vivo o con
mensajes grabados; en tanto, en Bandeirantes el
ciclo Ombudsman en el aire es
presentado cada martes a las 10:30 donde se dan a
conocer los principales reclamos. Un carácter
menos sistemático poseen las intervenciones de
Dvorkin, en NPR, quien de vez en
cuando sale al aire en la radio, auque sí
escribe semanalmente una columna para el sitio de
Internet, y las de Gutiérrez, que lo hace
miércoles o viernes aunque aclara
que hay semanas que las que no participa en la
programación pero mantiene una presencia
constante con informes en la web. En tanto, el
Médiateur francés se expresa a través de la
radio en principio una vez al mes,
aunque puede reservarse la posibilidad de
intervenciones más cercanas a la actualidad
durante sucesos importantes.
Además de las
disposiciones reguladoras con las que cada medio
le da marco a la labor de los Ombudsmen (donde se
precisa, por ejemplo, forma de designación,
tiempo en el cargo, atribuciones, etc.), la
mayoría de las radios consultadas cuentan
también con códigos de ética. Una
carta, donde se detallan los valores
que los profesionales de RFI deben respetar,
sirve como referencia para la labor del
Médiateur, ya que según argumentan más allá
del sentido común, la imparcialidad y la
experiencia personal de quien ejerce el cargo,
contar con un documento de la empresa que pueda
ser de dominio público respalda sus
pronunciamientos. En el caso de RTVA existe un
libro de estilo, donde se recogen normas éticas,
además de una serie de códigos que rigen en
España y Europa y que afectan a todos los
periodistas (los de la Federación Española de
Asociaciones de la Prensa y el Código Europeo de
la profesión periodística). En tanto, la
Ouvidora de Radiobrás cuenta con las Normas de
Conducta elaboradas por el Comité de Calidad
Editorial de la empresa y el Código de Ética de
los Periodistas vigente en Brasil. Finalmente, el
Ombudsman de NPR también tiene a su disposición
una serie de documentos (Independencia e
Integridad, La ética puesta al
día) que dan marco a su actuación.
La labor
pedagógica del Ombudsman es un aspecto remarcado
por todos los entrevistados y en pos de ella
realizan diferentes acciones para difundir su
actividad, tanto entre los oyentes como entre los
trabajadores del propio medio. Magalhães detalla
la importancia de hacer una amplia campaña
de difusión sobre el derecho a la
información ya que cree que esto tendría
como consecuencia un aumento en la
conciencia, la participación y la exigencia del
pueblo acerca del derecho al control social
democrático de la programación en radio y
televisión. Radiobrás pone en práctica
además de los propios micros radiales,
audiencias públicas con los oyentes, reuniones
permanentes de la Defensora con el Comité de
Calidad Editorial y folletos que se colocan en
los murales de la redacción y que van dirigidos
a los periodistas. En tanto, Dvorkin difunde un
mensaje promocional sobre rol en NPR y Gutiérrez
señala haber realizado varias campañas
educativas sobre el tema tanto en radio como en
televisión.
Finalmente,
¿cómo reaccionan los propios periodistas del
medio ante los errores que les señalan los
Ombudsmen? Sobre esto, los Defensores admiten que
en algunos sectores persiste la resistencia a una
autocrítica. Magalhães cuenta que hay
manifestaciones de arrogancia de ciertos
profesionales aunque la mayoría reconoce
la importancia del diálogo crítico con el
ciudadano. Dvorkin también cree tener con sus
colegas un diálogo vivo sobre los
problemas pero admite que hay algunos
periodistas que ya no le hablan y eso es
demasiado malo. Por su parte, Gutiérrez
señala que puede haber discrepancia pero
siempre en un contexto de cortesía y
remarca que su currículum periodístico le
permite tener una cierta autoridad moral en
las redacciones, lo que es muy importante para el
trabajo del defensor.
Tras este
recorrido, creemos estar en condiciones de
adentrarnos particularmente en la situación del
periodismo argentino para dar cuenta, en primer
lugar, de los pocos intentos que existieron para
implementar la figura del Ombudsman, y luego para
analizar en profundidad la experiencia del primer
Defensor del oyente en la radio pública de la
ciudad de Buenos Aires.
5.
Argentina, un país con escasas experiencias
Tal como señala
en un informe el portal especializado en temas
periodísticos, Diario sobre diarios
(DsD), en la Argentina la figura del Defensor del
Lector es una asignatura pendiente.
Si los
matutinos violan su propio Manual o Libro de
Estilo confundiendo información con opinión
para beneficiar al gobierno de turno. Si
minimizan hechos o directamente se ignoran.
Si un periodista escribe en el matutino
información favorable para empresas
privadas, porque a su vez, son sus
auspiciantes en programas de radio y TV que
el mismo periodista conduce o produce. Si un
periodista gráfico cobra de espaldas a la
redacción y a sus colegas, transformándose
en un "operador de prensa". En
todos los casos, será el medio que perderá
prestigio. Y a la larga la tarea del
periodista caerá en la ponderación social.
Pero no siempre los lectores tienen la
capacidad para detectar dichas
irregularidades. Tendrían que recurrir a una
lectura "cruzada" de dos o tres
diarios, comparar los criterios, verificar
los datos y aún así, al no existir
secciones como las "cartas de
lectores" o el "Defensor" no
tendrían lugar donde aportar sus
observaciones críticas. Se encuentran
inermes, describe el artículo del
DsD[41].41
5.1 La Maga, Luna y
Perfil: los únicos casos
Hasta la
aparición del Defensor del oyente en Radio de la
Ciudad, sólo podían citarse tres casos de
medios en los cuales hubiera existido esta figura
de autorregulación y todos ellos provenientes de
la prensa gráfica: dos revistas (La Maga,
donde Adriana Lezereti ocupó el cargo de
defensora, y Luna, donde esta función
fue desempeñada por la periodista Cecilia
Absatz)42 y un diario (Perfil).
El caso del
matutino puede ser considerado como el intento
que más se acercó a las experiencias de los
Ombudsmen a nivel mundial. Perfil
que se inspiraba en el diario español El
País hizo del discurso de la ética
su principal bandera y en función de ello
formuló su propio manual de estilo, un código
de valores y un estatuto para el Defensor. El
cargo fue ocupado por el periodista Abel
González quien asumió la responsabilidad de
criticar públicamente al diario
buscando que las normas éticas de Perfil no
fueran una simple enumeración
retórica.
En el corto
tiempo que desempeñó el cargo sólo tres
meses, ya que el diario fue cerrado por su
dueño el Ombudsman intervino sobre las
más variadas problemáticas: desde quejas
referidas a la ortografía y a datos erróneos en
la información publicada hasta cuestionamientos
más graves vinculados a la falta de coherencia
en la política editorial del medio.43
5.2 Espacios para la
participación del público en los medios
Ninguno de los
grandes diarios argentinos tomó la posta de Perfil
en cuanto al hecho de dar lugar a la actuación
de un Defensor.44
En los últimos
años fue el diario Clarín quien más
innovó en cuanto a los espacios para que sus
lectores se expresen e incluso critiquen al
medio, aun sin constituir esto una experiencia de
igual magnitud que la de tener un Ombudsman. A
partir de septiembre de 2003 se puede leer en la
página 2 una mini sección denominada El
juicio final, que refleja la opinión de un
lector sobre lo mejor y lo peor de la edición
del día anterior. Además, desde esa fecha, las
cartas de los lectores que antes sólo se
publicaban martes y viernes pasaron a tener
frecuencia diaria.45 Otra incorporación se
produjo en mayo de 2004 cuando apareció la
sección Lectores, los domingos, a
cargo del periodista Osvaldo Pepe. Si bien en
principio se dio lugar allí a varias quejas
referidas al material publicado en el diario, con
el tiempo los mensajes que predominaron fueron
aquellos que dan cuenta de historias de vida de
los lectores.
En tanto, el
diario La Nación mantiene su
tradicional espacio para las cartas y una columna
llamada Diálogo semanal con los
lectores, a cargo de una profesora en
Letras, donde básicamente el público consulta
dudas ortográficas y gramaticales sobre los
textos aparecidos en el diario.46
En el resto de
los matutinos se observan desde aquellos que
publican opiniones de sus lectores sobre temas de
interés general, hasta otros que si bien
informan el teléfono, dirección y mail de la
redacción no conceden espacios para la
expresión del público.
En las radios se
incentiva la participación de los oyentes a
través de mensajes grabados pero éstos dan
cuenta de apreciaciones generales sobre temas
coyunturales de carácter social, político o
anécdotas de color. No existe salvo el
mencionado caso de Radio de la Ciudad
emisoras que destinen espacios para los oyentes
expresen quejas sobre lo que difunden los medios.
Finalmente, en
la televisión, la representación de las
opiniones del público es menor y se reduce a
alguna encuesta callejera realizada por algún
noticiero, pero nunca destinada a una crítica
sobre los contenidos de los programas.
5.3 Un proyecto de ley que
propone Ombudsmen a cambio de rebajas
impositivas
Si bien los
mecanismos de autorregulación en el periodismo,
por su propia definición, se encuentran alejados
de la injerencia estatal o legal,47 ya que deben ser los
medios quienes adoptan por propia voluntad la
decisión de guiarse por valores éticos, existe
actualmente en el Congreso de la Nación un
proyecto de ley referido al defensor del lector
en la prensa nacional.
La iniciativa,
impulsada por el senador radical Norberto
Massoni, propone que aquellos medios gráficos
que consideren conveniente adoptar la
figura del Defensor gozarán de beneficios
impositivos. Si bien en este proyecto no se
obliga a los medios a contar con Ombudsmen, en el
caso de hacerlo, sí se fija su forma de
elección y las atribuciones y obligaciones que
tendría.
Resulta
paradójico y hasta contrario a los valores que
han inspirado la existencia de los Ombudsmen que
el medio reciba un incentivo económico por parte
del Estado para adoptar un comportamiento ético.
¿Cuán de sincero y de creíble puede ser un
diario que por interés comercial designa un
Defensor? Por otro lado, también podría
pensarse a este proyecto como indicativo de la
falta de interés de la prensa argentina por
adoptar voluntaria y desinteresadamente
mecanismos de autorregulación y que la única
forma de que las empresas consideren la
existencia de un Ombudsman es si aparece el
dinero de por medio.
Veamos entonces,
a partir del análisis de la actuación del
Defensor en Radio de la Ciudad, un caso donde un
medio público, por propia voluntad y sin mediar
estímulos económicos, decide recibir y
contestar las críticas de su público.
6.
El caso Radio Ciudad
6.1 Historia de la radio
La radio
pública de la ciudad de Buenos Aires nació un
28 de diciembre de 1923, por iniciativa de la
esposa del presidente Marcelo T. de Alvear,
Regina Paccini, quien imprimió a la emisora la
misión de ser difusora de cultura, transmitiendo
la temporada de óperas y conciertos desde el
Teatro Colón.
Años después,
ya en la década del 30, la radio sumó a su
programación lírica boletines de noticias
municipales y coberturas de ceremonias oficiales.
Los principales actores, músicos, escritores y
críticos pasaron por sus micrófonos en la
época de oro. Niní Marsahall, Enrique Santos
Discépolo, Aníbal Troilo, Atahualpa Yupanqui,
Irma Córdoba y Roberto Escalada, fueron sólo
algunos de los artistas que encontraron en esta
radio su lugar de expresión.
Al ser una
emisora pública, no pudo estar ajena a los
vaivenes políticos, y en 1951, argumentando
falta de presupuesto, el gobierno peronista
interrumpió sus transmisiones, que serían
retomadas recién en 1958.
Distintas
gestiones, con mayor o menor acierto, se
sucedieron en la radio desde esa fecha
acompañando cada cambio en el signo político
que gobernaba la municipalidad. Pero sin duda, si
hay un quiebre en la historia de esta emisora es
el que fue dado por la quita de la frecuencia
710, la cual le había permitido tener una
excelente calidad de emisión y un notable
alcance. El 1 de junio de 1994 argumentando que
era necesaria la reducción de los gastos en la
administración de la ciudad, el gobierno de
Carlos Menem decidió otorgar a empresarios
privados la explotación de esa ubicación el
dial. Si bien se sucedieron distintos reclamos
legales, finalmente el 31 de diciembre de 1997 la
radio de la ciudad debió entregar la 710 y
aceptar una frecuencia, la 1110, que presenta
dificultades para ser sintonizada en distintos
barrios porteños.48
6.2 Un Defensor por
concurso interno
Una radio
cercana a los oyentes, que defienda
los intereses comunitarios y la
participación ciudadana: esas son las
raíces que justifican la existencia
de Radio de la Ciudad, según los objetivos que
se declaran en su sitio web.49
Es para
responder a una concepción democrática de la
comunicación que sus autoridades decidieron, el
13 de septiembre de 2004, poner en funciones al
Defensor del oyente, con competencia sobre las
dos radios públicas con las que cuenta la
ciudad: la AM 1110 y la FM 2x4.
Según explica
el director general de emisora, Claudio Vívori,
se trata de una experiencia formativa y
educativa no sólo para la audiencia, sino
también para los propios integrantes de la
radio50 ya que en ambos existe
una falta de cultura sobre el tema.
El derecho
central de los oyentes que se buscó hacer
valer con esta iniciativa es el de
convertirse en auditores de los contenidos que
tiene que tener un medio público, precisa
Vívori.
A la hora de
elegir al Defensor, la emisora optó por realizar
un concurso interno. Entre diez postulantes, la
dirección decidió nombrar al locutor nacional
Guillermo Jelen, quien trabaja desde hace quince
años en la radio y desde hace ocho es su voz
institucional.
La falta de
tradición en Argentina en cuanto a la labor de
los Ombudsmen hizo para Jelen doble el desafío,
ya que debió primero investigar los rudimentos
de la actividad para lo cual se puso en
contacto con otros defensores en el mundo y
a la vez ser capaz de incentivar en los oyentes
un tipo de participación crítica sobre lo que
emite la radio.
Jelen destaca
que su rol es una señal de respeto por el
pluralismo, por las opiniones de aquellos que a
diario nos sintonizan,51 es una iniciativa
que persigue el propósito de hacer de la
comunicación un camino de ida y vuelta, un
diálogo, y ya no un monólogo.
En cuanto al
tiempo que Jelen estará en el cargo, la radio
fijó en coincidencia con los parámetros
que se manejan a nivel mundial el período
de un año con posibilidad de renovación, pero
no hubo en este caso, como sí lo tienen los
otros Ombudsmen consultados, un código de ética
o estatuto que respalde sus decisiones y de marco
a su actividad.
Lo que sí
aparece enumerado en el sitio web de la radio
donde Jelen cuenta con un espacio
propio son algunas de sus atribuciones y el
tipo de reclamos que recibe. En este sentido se
establece que: el Defensor del oyente será
un fiscal doméstico, su tarea esencial
consistirá en mediar, actuar de buena fe,
criticar constructivamente, escuchar con
generosidad y aplicar decisiones con veracidad,
credibilidad e independencia. A partir de ahora
el oyente podrá señalar errores, marcar
arbitrariedades o excesos, apuntar
discriminaciones, expresar disconformidades,
abusos o inexactitudes, revelar faltas de buen
gusto, parcialidades o malos entendidos. El
Defensor tomará el mensaje, hará una seria
averiguación y realizará a través de la radio
una devolución pública.
A diferencia de
otros casos de Ombudsmen donde el cargo supone
una recategorización de los profesionales con la
correspondiente mejora salarial, en Radio de la
Ciudad la función del Defensor del oyente se
realizó adhonorem hasta agosto de este
año, donde Jelen recién comenzó a cobrar un
plus por su labor en la Defensoría, que se suma
ahora a su habitual remuneración como locutor.
Por esta razón, tal vez, es que tampoco ha
dejado de ser la voz institucional de la emisora,
cuando la mayoría de los Ombudsmen durante
el tiempo que dura el cargo interrumpen las
labores que anteriormente desempeñaban en la
empresa.
6.3 El oyente cuestiona,
el Defensor responde
Al crear la
Defensoría del oyente, Radio de la Ciudad, le
otorgó un espacio dentro de la programación, un
mini programa de media hora52 llamado, El
Defensor responde, que se emite los viernes
por la tarde.
La misma
presentación con la que cuenta el envío fue
pensada para instalar en el público el sentido
de la propuesta. De esta forma en la apertura se
remarca que se trata de un programa que
hace valer el derecho de los que piensan, viven y
sienten la radio. Además, se describe al
Defensor como el hombre que se anima a
decir todo sin pelos en la lengua.
Idéntica función tratan de cumplir los
separadores, usados para hacer una pausa entre un
reclamo y el otro: El que escucha pone la
voz, el que habla pone la oreja, o Si
considera necesario que los contenidos
periodísticos de esta radio sean revisados,
hágalo saber, el Defensor está para
escucharlo.
Si tenemos en
cuenta que los oyentes no están habituados en
Argentina a que un medio les ofrezca esta
instancia de mediación, es lógico pensar que
gran parte de la tarea de Jelen pase por explicar
en qué consiste su función, qué tipo de
reclamos pueden hacerse a la radio,53 cuáles son sus
atribuciones y cuáles sus límites.
En el primer
programa del ciclo 2005 el Defensor ahondó en la
definición del derecho a la información como un
derecho humano, en los acuerdos internacionales
que así lo reconocen, en las características
que debe tener el material que se difunde por la
radio54 y en la aclaración de
que no se trata de una defensa
indiscriminada a ultranza de los oyentes,
ya que en ocasiones éstos reclaman
atinadamente pero en otras la queja
es injustificada o carece de
sustento.
A pesar de la
referencia constante a la incumbencia del
Ombudsman, muchos oyentes55 siguen sin entender por
dónde pasa su labor y hacen llegar a la radio
pedidos de los más diversos tipos: quejas contra
una empresa de telefonía celular, falta de
iluminación en una determinada zona, solicitud
de la dirección de una sala teatral,
asesoramiento automotor. Incluso hay quienes si
bien identifican que la Defensoría se
circunscribe a la temática de los medios,
reclaman por cuestiones difundidas por otras
radios o canales de televisión.
Jelen usó estos
ejemplos en el programa del 29 de abril para dar,
nuevamente, una explicación sobre su tarea:
Entendemos que a veces la gente se enfrenta
con situaciones que no sabe cómo resolver o
ignora a quién acudir en busca de ayuda, (pero)
la Defensoría del oyente no puede brindar
soluciones a temas que son externos a la radio
pública.
6.4 Debatir el rol del
periodismo
La tarea
docente, necesaria para consolidar la figura del
Ombudsman, no sólo en el público sino también
en el propio ámbito periodístico donde algunos
siguen cuestionando su efectividad,56 fue también desplegada
al abrir el programa a las opiniones de otros
profesionales. De esta forma Cecilia Absatz, ex
defensora de lectores en la revista Luna,
relató las quejas que recibía en esa
publicación y cuestionó al periodismo que
al igual que a los artistas en estado de divismo
les cuesta mucho la autocrítica.57 En tanto, el periodista
deportivo Gastón Recondo, pidió a los colegas
honestidad a la hora de comunicar,
no esconder información para orientar la
opinión de la gente y ser más
cautos a la hora de referirnos a ciertos
temas.58
Un análisis
crudo sobre la actualidad de los medios hizo el
escritor Mempo Giardinelli, quien consideró que
el periodismo argentino está sumido en la
apología de la ignorancia y la bestialidad
y que los grandes diarios que determinan o
influencian lo que la gente puede llegar a
conocer están completamente supeditados al
interés empresario, generalmente vinculado a los
gobiernos.59 Finalmente, Norma
Morandini, criticó a quienes desde el periodismo
contribuyen a crispar a la sociedad
usando palabras devaluadas, agravios
e insultos.60
El debate sobre
el rol del periodismo pasó a tener así un
espacio en la radio a través del programa del
Defensor, que se posicionó entonces no sólo
como receptáculo de quejas de los oyentes sino
también como lugar de reflexión para los
propios integrantes de la profesión.
Pero, ¿qué
opinaron los periodistas entrevistados por Jelen
sobre la necesidad o no de que los medios cuenten
con Ombudsmen? Sobre esta cuestión hubo un
cierto consenso ya que si bien rescataron la
iniciativa de Radio de la Ciudad mostraron dudas
sobre la posibilidad de que este mecanismo de
autorregulación se extienda al resto de los
medios. Giardinelli fue tajante, consideró que
la tarea del Defensor sirve pero no
alcanza, ya que el problema del
derecho a la información es infinitamente más
vasto; Absatz remarcó que la existencia
del Ombudsman supone un ejercicio de
introspección y de examinación de conciencia
constante, pero que no es una tarea
fácil, ya que en las propias redacciones
su rol es visto como una molestia. En
tanto, Recondo destacó el hecho de que el
oyente tenga un lugar donde se sienta
comprendido, que tenga derecho al descargo,
pero consideró que la necesidad de un defensor
también demuestra que los propios periodistas se
han alejado del deber ser de la profesión. Para
Morandini, en tanto, la defensoría podría
constituirse en un incentivo para que los medios
enseñen a la gente que tiene un derecho, ya que
acá hemos sido primero consumidores, pero
nunca ciudadanos.
Jelen, por su
parte, también admitió que es difícil que la
figura del Ombudsman se generalice, ya que muchos
medios piensan que no les conviene,
porque es incómodo tener un persona
adentro que les critique lo que hacen. Para tener
un defensor hay que tener un gran poder de
autocrítica, un espíritu democrático que es
raro ver que se ejerza.61
6.5 El Defensor, entre
apoyos y críticas
Entre los
oyentes, la llegada de la Defensoría a Radio de
la Ciudad despertó distintas opiniones, a favor
y en contra.
Hubo quienes se
convirtieron en seguidores fieles, aportaron sus
quejas y opiniones casi semanalmente e incluso
pidieron que se ampliara la duración del
programa de los viernes. Lidia Roch, que es una
de las oyentes fieles, destaca que el nivel
de respeto que tiene esta radio con el público
no lo tiene ningún medio. Ella considera
que la Defensoría permite hacer
comentarios y transmitir inquietudes que en los
programas no entran y que este ida y vuelta
con el medio forma parte de la
responsabilidad del ciudadano. No podemos
quejarnos si no participamos.62 En tanto, Verónica
Cornejo pidió que el año próximo el ciclo
El Defensor responde tenga una hora
semanal, ya que le parecieron más que
interesantes63 las entrevistas de Jelen
a periodistas como Norma Morandini y Cecilia
Absatz.
Sin embargo,
también hubo quienes consideraron que la emisora
perdía el tiempo dando aire a los
reclamos y que si éstos eran necesarios debían
hacerse directamente al periodista o conductor
cuestionado y no a un tercero como es el
Defensor. Ante el primero de los cuestionamientos
Jelen le dijo al oyente que los argentinos
estamos habituados a que nuestros reclamos no
sean escuchados, pero debemos tener en claro que
esa no es una situación normal (
) Un medio
es un servicio público y si falla por alguna
razón, es falso, parcial o reñido con
elementales reglas del buen gusto, tenemos
derecho a reclamar por eso. El hecho de que un
medio se tome el trabajo de oír a sus oyentes y
de aceptar que también puede equivocarse es una
oportunidad que no puede ser desaprovechada y de
ningún modo constituye una pérdida de
tiempo64. En cuanto a la segunda
observación, Jelen sostuvo que el primer
paso que debe dar un oyente disconforme es llamar
al programa cuestionado, pero que no
siempre los periodistas se muestran dispuestos a
enfrentar las quejas, por lo cual la Defensoría
se constituye en la segunda instancia en
donde reclamar.65
En algunas
ocasiones los fallos del Defensor disgustaron a
algunos oyentes, y esos cuestionamientos también
tuvieron aire en el programa. Una señora se
declaró molesta porque Jelen reprobó la actitud
de un conductor que alteró la grilla de
programación al dar paso tarde al boletín
informativo, comprometiendo de esta manera al
locutor de turno y al operador. La oyente
calificó al Defensor de ser injusto con
algunos conductores y beneplácito con
otros y de justificar ciertas actitudes en
desmedro del público. En la respuesta, Jelen
volvió a reiterar los fundamentos de su
decisión: La radio tiene horarios que
deben ser respetados, por el programa que viene,
por los anunciantes y por los oyentes,66 a la vez que señaló
que usa la misma vara para medir las
actitudes de quienes trabajan en esta radio sin
importar su orientación ideológica.
Presto atención a todos los reclamos, soy
benévolo con quien considero que debo serlo, soy
más crítico con quien considero que debo ser
crítico (
) Es cierto que el rol del
Defensor es representar al oyente, pero eso no
quiere decir que el oyente siempre tenga la
razón en sus reclamos,67 argumentó.
En otra
ocasión, un oyente disconforme con la música en
inglés que pasa un programa nocturno le dijo a
Jelen que en vez de defender al conductor
convoque al público de la radio a una asamblea
para decidir que tipo de (canciones) pretendemos
escuchar. Pero agregó: No creo que
lo haga, porque lo vi muy suavecito.68 Jelen explicó al oyente
que la música que pasa cualquier conductor
no es un tema de incumbencia de la Defensoría
(
) Distinto sería si el tema cuestionado
hace apología del delito, o es discriminatorio
contra cierto sector de la sociedad, ahí sí
podemos pedir al conductor que se abstenga de
hacerlo. Esta ocasión le sirvió también
para volver a recordar sus atribuciones: La
Defensoría goza de independencia, puede
expedirse públicamente con respecto a cualquier
asunto vinculado a lo que ocurre en esta radio,
sea cual sea la posición de las autoridades,
pero como no debe explicaciones hacia arriba,
tampoco tiene poder de policía con los
integrantes del medio. La Defensoría sugiere,
opina, propone; no ordena, ni mucho menos.
6.6 De qué se quejan los
oyentes
Si se hace un
rastreo en el periodo analizado69 sobre cuáles fueron los
temas que provocaron más reclamos por parte del
público, aparecen claramente identificadas tres
cuestiones: por un lado, la programación y la
artística en cuyo caso son quejas
destinadas a la dirección del medio; por
el otro, problemas a la hora de participar en los
distintos programas, y, finalmente, los errores o
fallas cometidas a criterio del
oyente por algunos de los periodistas o
conductores, por lo cual aquí el destinatario de
la crítica aparece claramente identificado con
nombre y apellido.
Cambios en los
horarios, ciclos que antes estaban y ya no y
solicitud de más espacio para el conductor
favorito, son algunos de los motivos que llevaron
a los oyentes a recurrir a la Defensoría. En
cuestiones de programación, Jelen aclaró que no
estaba entre sus facultades intervenir, que eso
lo determinaban las autoridades de la radio de
acuerdo a un criterio artístico y no
de premios y castigos70 y que
lamentablemente era difícil complacer a
todos los oyentes.
En cuanto a la
intervención del público en los programas a
través de mensajes grabados o transmitidos a un
productor, la cuestión se tornó más polémica
ya que quienes se contactaron con la Defensoría
denunciaron que sus opiniones no se pasaban o se
cortaban y sacaban de contexto. Los oyentes
hablaron de censura, mostraron
fastidio y calificaron de lamentable
que no se permita un ejercicio claro y
concreto de la democracia.71 La explicación pasó en
este caso primero por dar cuenta de problemas
técnicos y organizativos: la línea para
mensajes grabados había sido interrumpida por
reparaciones y los productores que tomaban nota
de las opiniones de los oyentes, en el apuro,
resumían u omitían alguna palabra que
finalmente terminaba alterando el sentido. La
segunda aclaración dio cuenta de la potestad del
medio en definir qué mensajes pone al aire y
cuáles no. Para fundamentar esto Jelen recurrió
a la comparación con lo que sucede con las
cartas de lectores que llegan a los diarios, la
mayoría de las cuales no se publica:
¿Qué hacemos en ese caso?, ¿tomamos
medidas contra el diario?, ¿lo acusamos de
antidemocrático? Seguro que no (
) Lo que
la radio propone es abrir una vía de
comunicación, se brinda un número de teléfono
para que quienes quieran opinar lo hagan, pero
nada asegura que esos mensajes deban ser
emitidos.72 Ante la molestia
reiterada de los oyentes, el Defensor trasladó
la inquietud al coordinador general de la radio,
Marcelo Manuele, quien señaló que no sólo por
falta de tiempo no se pasan todos los mensajes:
si éstos contienen agravios, son irrespetuosos o
dan cuenta de denuncias sin fundamento, tampoco
son puestos en el aire.73
Cuando el
reclamo del oyente estuvo dirigido
particularmente a remarcar algún error cometido
por un integrante del staff de la radio, el
Defensor siguió la mecánica de escuchar la
cinta testigo (la grabación del
programa donde aparecía la falla), de dar lugar
al descargo del profesional cuestionado y
finalmente de emitir su parecer como árbitro.
Las objeciones del público fueron de las más
variadas: maltratos al aire a oyentes o
entrevistados, conductores tildados de aburridos,
otros con demasiada soberbia74 o afán de
protagonismo que coartan la expresión de
sus compañeros de programa, también aquellos
que abren un tema de discusión y lo
cierran arbitrariamente en el punto que
quieren,75 los que priorizan los
mensajes que reciben por mail y no los dejados
telefónicamente e incluso la forma de hablar
veloz y sin modulación de un
columnista. Algunos de los aludidos enfrentaron
las críticas y decidieron responderle al oyente
a través del programa de Jelen, otros
sobre todo aquellos cuestionados por las
cosas más graves prefirieron guardar
silencio a pesar de que el Defensor les ofreció
la posibilidad de dar su punto de vista. Los
fallos de Jelen en estos casos no fueron
uniformes: reconoció los derechos de los
conductores de decidir a quiénes entrevistan,
qué música pasan o qué estilo de programas
ofrecen, pero no tuvo reparos en objetar la
actitud de quienes, teniendo la posibilidad de
usar un micrófono, contestan de mala manera,76 interrumpen a sus
colegas o se muestran amables con un entrevistado
mientras éste está en el aire pero cuando corta
le hacen las críticas que no se animaban a
expresarle directamente.77
Menores reclamos
recibió la Defensoría por cuestiones referidas
a la información que difunde la radio o a
errores vinculados con el idioma. Los oyentes
detectaron datos geográficos no correctos en
piezas artísticas; por ejemplo, en una de ellas
se decía que la ciudad de Tafí del Valle queda
en la provincia de Salta cuando en verdad está
en Tucumán78 o se señalaba como el
barrio más chico de Buenos Aires a uno que en
realidad no lo era. También hubo quien
cuestionó que el servicio informativo
internacional sea prestado por la BBC79 y otro que en referencia
a este tema consultó si la cadena inglesa
también pasaba en sus emisoras material
proveniente de Argentina. A diferencia de lo que
ocurre en los diarios donde los Defensores
reciben muchas quejas por el mal uso del idioma,
en esta radio fue uno de los ítems menos
objetados. No tal vez porque no se cometan
errores, sino porque la escucha de este tipo de
medios se realiza mientras se hacen otras tareas,
el oyente no tiene la posibilidad de volver oír
lo dicho (salvo que lo grabe) y también porque
generalmente cuando hablamos nos permitimos más
licencias idiomáticas que cuando escribimos.
Igualmente existió la oyente atenta que le
indicó al Defensor que en determinadas
promociones se pronunciaba incorrectamente una
palabra de origen francés o se omitía el uso
del de que cuando en ese caso
correspondía emplearlo.
Tal vez por el
hecho de tratarse de un radio pública, a cuyo
sostenimiento contribuyen los habitantes de
Buenos Aires con sus impuestos, es que los
oyentes se sienten con atribuciones para opinar
sobre lo que es más correcto para la emisora y
llaman la atención cuando ésta pareciera
desviarse de lo que consideran el deber ser de un
medio no privado. En este sentido se han
escuchado expresiones de los oyentes como:
es inconcebible que la radio hable sólo de
fútbol,80 están pasando
música pasatista (
) y una radio pública
tiene un espacio que debe ser usado un poco más
conciente,81 me parece muy
molesto que en una radio municipal que (llega a
un) público de todo tipo de creencias estén
recibiendo propaganda de un señor que pertenece
a una iglesia,82 (no coincido) con
que un programa que está dirigido al pueblo de
la ciudad, formado por inmigrantes españoles e
italianos, tenga un noticiero de la BBC de
Inglaterra y otro de Francia y no de España o de
Italia,83 no estoy de
acuerdo con la clase de himno que están pasando
en distintas versiones, le hace muy mal a la
juventud no respetar los símbolos
nacionales.84
Párrafo aparte
merece la preocupación mostrada por los oyentes
sobre los problemas técnicos que enfrenta la
radio desde que le fue quitada la frecuencia 710.
El público de Radio de la Ciudad se involucró
directamente, en su momento, en la defensa de la
histórica ubicación en el dial que tenía la
emisora, tanto a través de marchas de protesta
contra la medida gubernamental como en la
presentación de firmas solicitando mejoras para
la nueva frecuencia 1110. Esto ha hecho que aun
hoy porque todavía persisten los problemas
para sintonizar la radio en algunas zonas de la
ciudad los oyentes consulten regularmente a
la Defensoría sobre el estado de las tratativas
con el organismo nacional que regula la
radiodifusión.
6.7 Periodistas,
conductores, directivos: algunos colaboran
con la Defensoría, otros la ignoran
Si hay un punto
en que diversos investigadores coinciden al
analizar el rol del Ombudsman es en señalar la
resistencia que genera su figura en el interior
del propio medio, ya que como dice Guido
Fernández choca de plano la idea de que
alguien husmee en la sala y exija respuestas a
las preguntas de cómo y por qué se tomaron
ciertas decisiones, o presione para que se
corrijan y reparen errores.85
Incluso, según
señala Barber, los apelativos con los cuales el
mundo periodístico se refiere al Ombudsman son
en su mayoría de un matiz negativo o
burlón, fruto del escepticismo (
) se habla
del perro guardián, el policía (
) el
abogado del diablo, el Robin Hood, el
censor.86
En Argentina
podemos considerar que esta situación se agrava,
ya que se le suma una falta de tradición sobre
el tema: los periodistas no están habituados a
la existencia de alguien cuyo rol sea el de
opinar públicamente sobre sus trabajos y encima
en el propio medio.
En Radio de la
Ciudad se observa, por un lado, una
participación activa en el programa El
Defensor responde de quienes ocupan cargos
directivos: tanto el coordinador general, Marcelo
Manuele, como el responsable de Artística y
Creatividad, Martín Giménez son habitualmente
entrevistados por Jelen a raíz de los reclamos
de los oyentes. Incluso, al tener éstos poder de
decisión en la emisora han llegado a realizar
cambios a partir de las sugerencias que acerca el
público.87 También, en una
ocasión, el programa de la Defensoría fue el
espacio elegido por el entonces director, Carlos
Ulanovsky, para hacer pública una carta dirigida
al personal de la radio, donde cuestionaba la
actitud de una periodista de la emisora que dijo
al aire que había brindado por la muerte
del Papa, Juan Pablo II.88 Abría así el debate
interno al conocimiento de los oyentes. Podemos
considerar entonces que estas presencias
refuerzan la figura del Defensor y muestran un
compromiso con su labor por parte de quienes
dirigen la radio.
Por otro lado, a
nivel de los periodistas y conductores, hay
quienes ante las críticas de los oyentes,
aceptan los errores o defienden sus posiciones
públicamente. Incluso algunos, con humor, se
refieren al Defensor, como Graciela Mancuso:
Yo creía que en este horario no iba a ver
pasar su delgada figura por los pasillos de la
radio, pero apareció Guillermo Jelen con la
carpeta negra y ¡sonamos!, ¿qué dije?.89 Otros, a pesar de ser
contactados para que hagan su descargo prefieren
no hablar e ignoran así a la Defensoría como
espacio de mediación con los oyentes.90
¿Cómo influye
en el trabajo de Jelen la relación previa que
tenía con el resto del personal de la radio a la
hora de actuar como Ombudsman? Él sostiene que
ese conocimiento no ha afectado su objetividad:
He tenido que expedirme al aire
contrariamente a la voluntad de algunos
periodistas, lo hice a sabiendas que se iban a
molestar conmigo, que nuestra relación se podía
deteriorar, pero con la esperanza de que algún
día puedan entender que no se trata de algo
personal sino estrictamente profesional. La gente
de la radio me conoce y yo a ellos. No ven en
mí, en general, a alguien que los quiere
censurar. Pero probablemente por esa relación
previa amigable, de compañeros de trabajo, no
todos me toman con la seriedad que debieran
tomarme.91
6.8 Algunas sugerencias
Tras este
recorrido es el momento de pensar qué
estrategias podría implementar la radio pública
para fortalecer la figura del Defensor, para
darle continuidad y evitar que corra la misma
suerte que los otros Ombudsmen que existieron en
la prensa argentina.
Tengamos en
cuenta además que en la radio pública se cambia
frecuentemente de directivos. Generalmente las
gestiones que se suceden en la emisora acompañan
los cambios políticos que ocurren a nivel del
gobierno de la ciudad. Si el rol del Defensor no
se consolida entre oyentes y periodistas como un
mecanismo legítimo para el ejercicio del derecho
a la información, podría desaparecer.
Lo que sigue
son, simplemente, algunas sugerencias:
- Formular un
Código de Ética de la radio, con normas
y valores que sean conocidos por todos
sus integrantes. De esta forma, las
decisiones del Defensor no sólo estarán
fundadas en su criterio personal, lo que
le otorgará mayor legitimidad entre sus
colegas.
- Elaborar un
Estatuto del Defensor que establezca
formalmente su duración en el cargo, sus
atribuciones y sus limitaciones.
- Establecer
una categoría salarial especial para el
Defensor. Este reconocimiento también
prestigia el cargo y estimula a otros a
capacitarse para desempeñar en el futuro
tal función.
- Mantener la
designación por concurso de
antecedentes.
- Realizar
mensualmente talleres a los que asistan
periodistas, conductores, productores,
directivos y el propio Defensor, con el
propósito de debatir los reclamos de los
oyentes y formular propuestas.
- Organizar
encuentros entre el Defensor y la
audiencia.
- Realizar
una mayor difusión de la experiencia de
la Defensoría sobre todo en
universidades, gremios del sector y
asociaciones periodísticas. Cuanto más
se sepa sobre la labor de los Ombudsmen,
menos resistencia habrá a su figura en
el interior de los propios medios.
- Lanzar una
publicación propia de la Defensoría
destinada tanto al público interno
(personal de la radio) como externo
(oyentes, colegas, gremios,
universidades) donde se difunda la
actividad, se entrevisten a periodistas y
se reflejen los principales reclamos del
público.
- Evaluar la
posibilidad de crear un Consejo de
Oyentes (similar a los de lectores que
poseen diarios brasileños), el cual
tendría una función consultiva. Esto
estimularía aún más el compromiso y la
participación del público.
7.
A modo de conclusión
¿Por qué la
figura del Ombudsman no se afianza en los medios
argentinos?, ¿responde a una falta de
autocrítica del periodismo o a un
desconocimiento sobre el tema? Restrepo cree que
ambas causas influyen:
Un
conocimiento escaso alimenta los prejuicios:
que restringe la independencia del medio y de
los periodistas, que son personas moralistas
en exceso, que son agresivos con los lectores
o con los propios periodistas, que trabajan
para quien les paga, o sea la dirección del
periódico. No es menos importante la otra
razón: no existe una fuerte cultura de la
autocrítica y de la rectificación, por lo
tanto, la presencia en la redacción de
alguien que, de buena o mala manera, provee
esa autocrítica, genera dificultades que
sólo se pueden sortear con un cambio de
mentalidad dentro de la redacción.92
Entonces, la
experiencia de la Defensoría del oyente en Radio
de la Ciudad, a un año de su puesta en
funcionamiento, presenta una oportunidad valiosa:
la de que los mecanismos de autorregulación en
la prensa dejen de ser algo que se mira que
sucede afuera, en otros países, pero que en el
caso de Argentina no prosperan.
En este tiempo
ha podido observarse que los oyentes se
involucran con la propuesta, que critican, que se
quejan, pero que también sugieren, construyen,
se sienten parte importante de un medio cuándo
éste les da la posibilidad de una participación
crítica. Por supuesto que queda mucho por hacer,
porque hay todavía parte del público que no
llega a entender a qué se refiere el derecho a
la información, porque hay todavía periodistas
que prefieren seguir señalando los errores de
los demás pero nunca ver y menos admitir los
propios.
La educación,
parece ser la palabra clave: en las
universidades, para formar futuros profesionales
con poder de autocrítica; en los medios, para
que sus directivos y sus actuales periodistas se
atrevan a dar el primer paso en el respeto a los
derechos de quienes reciben sus mensajes; en la
sociedad misma, para pasar de ser simples
consumidores a activos ciudadanos.
No parece una
tarea fácil, ya que como admite
Aznar la autorregulación de los medios
sigue siendo una tarea pendiente[93]
a nivel mundial. Tal vez la experiencia del
Defensor en Radio de la Ciudad nos esté marcando
un punto de partida y no de llegada.94
¿Alguien
recogerá el guante?, se pregunta Jelen,
¿algún otro medio imitará esta
propuesta?. No lo sé, pero por algo hay que
empezar. De eso se trata, de animarse a
cruzar el umbral que separa el simple discurso
sobre la autocrítica de los mecanismos que
realmente la hacen efectiva.
Buenos
Aires, 22 de septiembre de 2005
__________
Bibliografía:
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información en la agenda del ombudsman. Congreso
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_____
Notas:
[1] En los últimos tres años diversos
artículos de opinión publicados por los diarios
han reflejado la problemática: Morales Sola,
Joaquín. El periodismo también debe hacer
autocrítica, en diario La Nación, 20 de
agosto de 2002. Alfieri, Guillermo. Te creo
mucho, poquito, nada en revista
Veintitrés, 7 de noviembre de 2002. Pepe,
Osvaldo. Medios y fines, en diario
Clarín, 8 de noviembre de 2002. Fernández
Díaz, Jorge. Pecados y virtudes del
periodismo en diario La Nación, 7 de junio
de 2005. Wiñazki, Miguel. La arrogancia de
los periodistas en diario Clarín, 23 de
agosto de 2005. También se ha tratado el tema
desde editoriales: El necesario debate
sobre los medios en diario El Cronista, 23
de febrero de 2004. Debilidades éticas del
periodismo en diario La Nación, 11 de
abril de 2004.
[2] En noviembre de 2002 tres consultoras
advirtieron sobre la caída en la confianza que
el público tenía en los medios. Por mencionar
sólo una, el Centro de Estudios Para la Nueva
Mayoría reveló que la imagen positiva de los
medios había descendido desde un 62% en 1996 a
un 27% en ese año. En diario El Cronista, 2004,
Op. Cit.
[3] El 31 de octubre de 2002, el actor
Pablo Echarri pidió a los medios, que durante
días montaron guardia en la puerta de su casa,
un manto de piedad y silencio que le
permitiera negociar la liberación de su padre,
secuestrado una semana antes.
[4] En febrero de 2004 el periodista
Guillermo Cherasny admitió en un programa radial
haber cobrado sobres de la
Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE)
durante la gestión de Carlos Menem. Dijo no
haber sido el único y dio nombres de otros
colegas. En diario El Cronista, 2004, Op. Cit
[5] A continuación los sustantivos
Ombudsman y Defensor serán usados como
sinónimos.
[6] Pepe, Osvaldo. Medios y
fines en diario Clarín. 8 de noviembre de
2002.
[7] Restrepo, Javier Darío. Consultorio
ético de la Fundación Nuevo Periodismo.
Consulta 104. Página web en línea. Disponible:
http://www.fnpi.org
[8] La Comisión Interamericana de Derechos
Humanos recuerda en el preámbulo de su
Declaración de Principios sobre Libertad de
Expresión, que ésta es un derecho fundamental
reconocido en la Declaración Americana sobre los
Derechos y Deberes del Hombre y la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, la Declaración
Universal de Derechos Humanos, la Resolución 59
(I) de la Asamblea General de las Naciones
Unidas, la Resolución 104 adoptada por la
Conferencia General de la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y
La Cultura (UNESCO), el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, así como en otros
instrumentos internacionales y constituciones
nacionales.
[9] La Constitución argentina en
cuestiones vinculadas a la libertad de expresión
hacía referencia hasta la reforma de
1994 a los derechos de quienes emiten. De
este modo el artículo 14 proclama que
todos los habitantes de la Nación gozan de
los siguientes derechos, conforme a las leyes que
reglamenten su ejercicio:
de publicar sus
ideas por la prensa sin censura
previa
y el artículo 32 establece
que el Congreso federal no dictará leyes
que restrinjan la libertad de imprenta o
establezcan sobre ella la jurisdicción
federal. A partir de 1994 y al dotar de
jerarquía constitucional a tratados
internacionales como la Declaración Universal de
Derechos Humanos y el Pacto de San José de Costa
Rica (art. 75 inciso 22), entre otros, pasó a
amparar también a los derechos de quienes
reciben la información.
[10] Restrepo, Javier Darío. El derecho a
la información en la agenda del ombudsman.
Congreso Anual La autorregulación en los
medios: el ombudsman como una alternativa
viable. Facultad de Comunicación de la
Universidad de Piura (Perú), Lima, 27 y 28 de
octubre de 2004. Documento en línea. Disponible.
http://www.saladeprensa.org
[11] Aznar, Hugo. Ética y periodismo.
Códigos, estatutos y otros documentos de
autorregulación. Editorial Paidós. Barcelona.
1999. pp 343639.
[12] Según señal |