Sala de Prensa

84
Octubre 2005
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Retrato en diez rasgos de los
observatorios de medios en América Latina

Susana Herrera Damas *

No es fácil caracterizar a una realidad que se encuentra en pleno movimiento. Ésta es una de las primeras convicciones a las que es posible llegar a la hora de estudiar el fenómeno de los observatorios de medios latinoamericanos. Y no es fácil porque, en efecto, siguiendo a Rey (2003), se trata de experiencias que apenas surgen y que “ensayan su propia figura”. Además, el carácter novedoso de estas iniciativas junto a la dificultad de abstraerse de la individualidad de cada una de ellas (Broullón, Hernández, López y Pereira, 2005: 44) complican la tarea de intentar trazar unos rasgos que sirvan para todo el conjunto. Nos encontramos así ante una realidad que, de alguna manera, está de moda y es objeto de atención pero de la que técnicamente se sabe más bien poco.

Con el propósito de aclarar algunas cuestiones sobre estas instancias de supervisión mediática, la siguiente propuesta pretende sistematizar los principales elementos comunes que comparten todos los observatorios latinoamericanos por el hecho de serlo.

Se ha partido para ello de una revisión exhaustiva de la mayor parte de contribuciones teóricas hechas hasta la fecha1 y de las que este texto -inacabado- se considera deudor. Asimismo, conviene apuntar que este trabajo es parte de una investigación más amplia destinada a evaluar la figura de los observatorios de medios en Latinoamérica. Por ello, en algunos casos las afirmaciones se completan con los testimonios aportados por los promotores de los principales observatorios con quienes se mantuvo entrevistas.2 En todo caso, antes de exponer los resultados, pareció necesario situar el tema. Éste es el cometido de las siguientes páginas: retratar en diez rasgos un perfil posible en el que podrían situarse buena parte de los observatorios que existen hoy a lo largo y ancho de América Latina. Estos rasgos serían:

1) Reconocimiento de la importancia de la comunicación y de los medios para la democracia

El primer elemento común que comparten todos los observatorios por el hecho de serlo se refiere al reconocimiento de la importante labor que tiene el diálogo y la comunicación en la consolidación de las democracias modernas.3 Siguiendo a Wolton (1999: 145), no hay democracia posible sin comunicación y, por otro lado, la comunicación es inseparable del modelo de democracia de masas. Ambas realidades -democracia y comunicación- resultan así sencillamente indisociables:

“La comunicación, entendida como información y opinión plural, pero también como diálogo, contribuye a construir y fortalecer sociedades democráticas. Si somos parte de un sistema de representación, la información que proviene de distintos sectores de la sociedad, entregada de manera oportuna es fundamental, tanto en un periodo de elecciones como cuando cotidianamente se deciden las políticas sociales de un país ¿Cómo podemos opinar sobre las decisiones y ordenamientos gubernamentales si no sabemos nada sobre el proceso de decisión y en qué se sustentó? Y ¿Cómo votar adecuadamente si no se está bien informado o informada? La información posibilita un ejercicio más pleno de los derechos de participación política para que beneficie a la sociedad en su conjunto” (Acevedo, 2005: 6).

Por su parte, Rey recuerda que los valores más sólidos de la democracia son valores intrínsecamente relacionados con la comunicación:

“Si ustedes revisan buena parte de los valores más consistentes de la democracia, son valores que tienen que ver con la comunicación o que precisan las comunicaciones, como por ejemplo, la tolerancia y el pluralismo. El pluralismo es un valor temprano de la democracia, de la política democrática. Debe haber pluralismo y visibilidad de la diversidad y reconocimiento de los diferentes, de lo diverso, y uno de los medios para hacerlo visible es la comunicación, aunque no el único” (Rey, 2002: 42).

Entre las razones que justifican esta trascendencia de la comunicación para la democracia se encuentra además la convicción de que tal vez el diálogo no sea la solución a todos los problemas pero de lo que no cabe duda es de que la solución a todos los problemas pasa por el diálogo.

Dentro de esa importancia que los observatorios conceden a la comunicación como una alternativa posible para resolver los conflictos, hay que subrayar también el lugar central que otorgan a los medios como actores privilegiados y nuevas plazas públicas para la democracia (Garretón, 1995: 97-108). Puesto que la democracia es el sistema con mayores libertades individuales y sociales y que a su vez permite la participación ciudadana, los medios se revelan como herramientas fundamentales para asegurar la vigencia y el futuro de este sistema democrático:

“Los medios son ahora los verdaderos políticos del país, han absorbido la representación social que la política dejó de lado. Y por ello han adquirido nuevos poderes en complicidad con congresistas, partidos y funcionarios quienes les han cedido el lugar que ellos no supieron ocupar (…) Lamentablemente muchos periodistas son colaboradores visibles de esta anomalía política y se mantienen en silencio” (Alfaro, 2005: 17).

Además, se ha dicho la acción pública de los medios es tan indispensable en la actual conformación de las sociedades modernas que constituye una de las determinantes de la sociedad contemporánea (Benito, 1978 y también Verón, 1995: 124 y ss). Su importancia en el actual contexto sociopolítico ha sido enfatizada a partir de su consideración como nuevos escenarios de representación y reconocimiento social y cultural. La legitimidad política pasa hoy por el meridiano de los medios. De este modo, concibiendo al periodismo como elemento integral del sistema de la vida pública (Merritt, 1996: 30) y “reconociendo el papel que ocupan los medios de comunicación en el entramado social y político contemporáneo, estos se revelan como una opción de democratizar, ampliar o elevar cualitativamente la democracia” (Maya, 2000: 46).

2) Insatisfacción con la actual situación de los medios

Sin embargo, a pesar de la trascendencia que los observatorios otorgan a la comunicación en general y a los medios en particular, existe también una percepción generalizada de que los medios no están haciendo las cosas como deberían y que sus profesionales se encuentran en una situación realmente crítica. Siguiendo a Rey, los observatorios encuentran su razón de ser en el serio cuestionamiento al que se enfrentan hoy los medios en muchos países:

“Se critica, con frecuencia y en diferentes países, un modelo informativo endógeno ajeno a las necesidades interpretativas y de comprensión de la comunidad, absorbido por intereses de otros sectores del poder y con graves problemas de credibilidad y calidad informativa. Son muchas las expresiones de esta crisis (…) se cuestiona desde su poca diversidad y concentración hasta los fenómenos de autocensura y censura. Desde la situación laboral de los periodistas hasta los modos de construir la agenda y, por tanto, las repercusiones públicas de la tarea de los medios. También se critica su bajo pluralismo, las operaciones de distorsión o desfiguración de la información, la invisibilidad de ciertos temas o actores y las distancias entre su oferta y las demandas informativas de la sociedad. Lo que se está poniendo en cuestión es además del sobredimensionamiento del rol social de los medios (…) la propia manera de hacer periodismo. Frente a un periodismo de vedetismo se pide la afirmación de un oficio con claros significados sociales, ante un periodismo que se regodea en una obsesión por los hechos, se espera mejor información, más equilibrada y analítica” (Rey, 2003).

En realidad, la fiscalización de los medios ha sido abordada por parte de una gran cantidad de enfoques y desde los más diferentes postulados. Las objeciones planteadas a un uso poco responsable de los medios se han concretado en numerosos ataques tanto al mismo proceso noticioso como al resultado final a que este proceso da lugar.

En cuanto a las objeciones al proceso noticioso, muchas de las críticas han denunciado el tradicional modo de abordar la realidad por parte de los periodistas. Con frecuencia se ha hecho referencia a la trivialidad, la exageración, la superficialidad en la cobertura de las noticias, la tiranía del acontecimiento, la lógica del scoop o de la revelación, la dramatización y espectacularización de la realidad o la fascinación por la urgencia y las situaciones de crisis.4 La falta de rigor, las imprecisiones, calumnias, el empleo de los medios con fines exclusivamente políticos y/o comerciales, el abuso del off the record, el mal uso del lenguaje, la editorialización excesiva sin sustento informativo, la intromisión en la vida privada de las personas, la búsqueda de información por métodos ilegales o la exclusión de temas de relevancia pública en la agenda de los medios tampoco han pasado desapercibidas para los impulsores de los observatorios latinoamericanos.

En otras ocasiones, las críticas se han referido a la homogeneidad y mimetismo que es posible advertir entre los productos periodísticos, en detrimento de la utilización de otras fórmulas. En consecuencia, el intento de atraer a la audiencia con el empleo de productos y formatos de reconocida eficacia obstaculiza la creatividad y la originalidad en la búsqueda de nuevas fórmulas expresivas (Vaca, 1997: 59).

No son, sin embargo, las únicas críticas. Junto a ellas, los promotores de observatorios y veedurías ciudadanas denuncian la concentración excesiva de la propiedad de los medios que hace que estos se encuentren en unas pocas manos. Esta situación da lugar a dos graves consecuencias: por un lado, los contenidos y fines de la comunicación acaban respondiendo cada vez más a los intereses particulares de los grupos económicos que están detrás. Por otro, se impide la entrada de nuevos actores, voces, perspectivas y puntos de vista.

En el origen de todos estos ataques, es frecuente aludir a la excesiva dependencia económica e ideológica de las mismas instituciones mediáticas. Esta doble sumisión dificulta la introducción de nuevas prácticas al tiempo que consagra otras. Por un lado, los medios se encuentran estrechamente ligados a la rentabilidad que puede aportar el escándalo, lo anormal y lo espectacular, de forma que se promociona el uso de ciertas técnicas que resulten lo suficientemente atractivas como para diferenciarse de la competencia.5

Además, la sumisión de la industria periodística a determinados intereses ideológicos ha sido también motivo de más de una sospecha: pese a que los medios gusten de verse a sí mismos como vigilantes de las malversaciones del poder, en la mayor parte de las ocasiones, la misma configuración del sistema mediático origina una dependencia recíproca entre poder y medios en la que, nuevamente, el interés del público parece quedarse relegado.6 La relación entre el poder político y mediático resulta más simbiótica que de enfrentamiento mientras que la “identificación de los intereses profesionales con el interés público se revela problemática” (Sampedro, 2000: 183). En consecuencia, “el resumen de la situación actual sería que en el sistema de información política vigente el ciudadano es interpelado informativamente en su mera condición de consumidor (por los medios privados) y obligado contribuyente (por los medios públicos politizados)” (Sampedro, Jerez y Baer, 2000: 22). Esta doble dependencia limita la autonomía del ejercicio profesional de los periodistas, tanto por presiones políticas como económicas.

Por si fuera poco, existen además en el continente una serie de obstáculos que impiden que exista una cultura de crítica efectiva a los medios lo que no hace sino perpetuar y agravar esta dramática situación. Así, por ejemplo, en referencia al caso brasileño, el profesor Christofoletti, responsable de Monitor de Mídia, vinculado a Univali, señala que los diez impedimentos más graves para una cultura efectiva de crítica en los medios en su país son (Christofoletti, 2004):

  1. la fuerte concentración y el oligopolio, que lleva por ejemplo a que sean sólo siete grupos los que controlan el 80% de todo lo que es visto, oído y leído en los medios brasileños
  2. la propiedad cruzada, que hace posible que las opiniones y valores que interesan a los grupos empresariales sean difundidos de manera perenne y uniforme por diversas vías
  3. el caudillismo electrónico, que otorga concesiones públicas de emisoras de radio y televisión a los partidos que apoyan al gobierno en el legislativo
  4. las limitaciones en el dial, que lo convierten en un terreno reservado casi exclusivamente para las emisoras comerciales, frente a la ausencia de una política específica para las radios libres y comunitarias
  5. la existencia de concesiones eternas, que generan periodos infinitos de dominio de algunas cadenas, debido a la renovación automática de las concesiones
  6. la existencia de una ley de prensa caduca, formulada en pleno régimen militar y que resulta totalmente obsoleta en las actuales circunstancias
  7. la ineficacia de los consejos de comunicación, que son sólo consultivos, no deliberan y tampoco define las políticas para el sector
  8. el arcaísmo en el empresariado, que hace que la cultura de la responsabilidad social resulte todavía es muy incipiente con lo que una preocupación como la crítica de los medios resulta impensable
  9. la escasa regulación en el mercado de trabajo, que convierte al periodismo en una suerte de tierra de nadie que imposibilita el desarrollo de cualquier crítica o evaluación más consistente
  10. el autismo en la sociedad que hace que el consumidor todavía se movilice poco para exigir que se cumplan las normas que lo defiendan de abusos, de injusticias o de omisiones deliberadas.

Lógicamente, en un terreno como éste el espacio para la crítica es ínfimo y prácticamente inexistente lo que perpetúa la insatisfacción con la que se percibe la actividad y el funcionamiento de los medios.

3) Reivindicación de otra forma de entender la práctica periodística

El diagnóstico que se ha descrito es sin duda desolador y, en todo caso, demanda y justifica la presencia de nuevos actores que señalen y traten de corregir los excesos que cometen los medios. Y ésa es precisamente una de las misiones de los observatorios. Su razón de ser se encuentra en la reivindicación de que es posible otra forma de entender la comunicación, los medios y la práctica periodística. En su lugar, debe aparecer una nueva forma de entender cuál es la función de los medios.

Esta nueva forma debe ser sin duda más pluralista, rigurosa, precisa, equilibrada y justa. Debe alejarse de los intereses comerciales y políticos de los directivos de los medios y orientarse a escuchar a la ciudadanía, sus intereses, demandas, gustos y preferencias. Debe ser menos facilista y más comprometida con la imparcialidad, la denuncia y la búsqueda de la verdad. Debe permitir además una mayor democratización de los medios.7

Así lo expresaron, por ejemplo, un grupo de organizaciones latinoamericanas de comunicación8 reunidas en Quito del 25 al 30 de julio de 2004 en el Foro Social de las Américas. Su propósito: promover los derechos de la comunicación. A partir del entendimiento de la comunicación como un derecho humano fundamental que asiste a todos los individuos desde que nacen y que todos deben poder ejercerlo a lo largo de su vida con igualdad de oportunidades, estas organizaciones mostraron su convicción de que la comunicación debe servir para la inclusión social y para que, a través de ella se puedan expresar los conflictos y las diferencias en diálogo con todos los pareceres, en la búsqueda del bien común. Bajo el signo de “otra comunicación es posible”, estas organizaciones hicieron un llamamiento a comunicadores, a medios, a organizaciones de la sociedad civil y a personas con “sensibilidad social” a unir esfuerzos para hacer de la comunicación y de las tecnologías de la información instrumentos útiles al desarrollo humano integral, democrático, sostenible y sustentable. Entre sus apuestas:9

  1. Una comunicación que se base en el reconocimiento del otro, de aquel que tiene otra cultura, otra identidad política, otra orientación sexual, otro color de piel, otra edad, otro nivel económico, para así impulsar una cultura de paz.
  2. Una comunicación orientada a desarrollar ciudadanos, empoderados de los instrumentos necesarios para diagnosticar, proponer, decidir, ejecutar (en cuanto sea posible) y evaluar las políticas públicas que convengan a todos los actores sociales que intervengan en cada caso.
  3. Nuevas tecnologías de la comunicación orientadas a cerrar la brecha educativa, económica, científica y de oportunidades que existe entre ricos y pobres.
  4. Medios de comunicación, comerciales y comunitarios, con responsabilidad social e inspiración democrática, que privilegien la defensa y promoción de lo público, porque lo público permite el ejercicio de una cultura deliberativa que confronta y acepta diversas posiciones para hacerlas dialogar.
  5. Marcos regulatorios y legales de comunicación e información que apunten, sobre todo, al ejercicio de los derechos de la comunicación de los pueblos sin discriminaciones ni exclusiones, y que superen sus parámetros puramente económicos y técnicos.
  6. Ciudadanos y ciudadanas ejerciendo su derecho de vigilar a los medios, y éstos asumiendo su obligación de responder positivamente a las críticas que se les haga, puesto que -aún siendo privados su esfera es pública. Para esto es necesario multiplicar las experiencias de veedurías u observatorios ciudadanos de medios.
  7. Entendimiento de que la comunicación es un derecho y no una actividad comercial. En este sentido, se rechaza cualquier intento de considerar las diversas formas de ejercicio de los derechos de la comunicación simplemente como servicios audiovisuales o informáticos y como medios de carácter comercial, tal como se pretende imponer -denuncian- en la Organización Mundial de Comercio y en tratados regionales como el ALCA y los TLC.
  8. Finalmente, renovación de su compromiso de construir y fortalecer redes ciudadanas de comunicación o de medios con sentido público de la comunicación para ayudar a construir un pensamiento autónomo y más comprometido con la democracia, la solidaridad y la responsabilidad histórica.

4) Reivindicación de otro público consumidor de medios

Sin embargo, en la demanda de otra forma de entender la comunicación, los medios y la práctica periodística, los observatorios requieren también de la comparecencia de los consumidores que, no en vano, son el otro polo del proceso comunicativo.10 Dicho de otra forma: los impulsores de los observatorios reconocen que la reforma de determinados aspectos de la profesión no depende de la frecuencia con la que ellos insistan sino también -y sobre todo- del modo en que sean capaces de comprometer a los usuarios de medios -lectores, oyentes y telespectadores- en esta difícil tarea.11 Por esta razón puede decirse que otra de las misiones que deben cumplir los observatorios es la de educar a la población en el consumo crítico de medios y en la necesidad de exigir un periodismo de calidad. Con esto se trata de dejar atrás la pasividad que frecuentemente se observa en los consumidores de medios de comunicación:

“La situación empeora cuando observamos que muchos ciudadanos que son críticos frente a los medios nunca protestan por la mala calidad de la oferta, salvo excepciones. Cuestionan pero siguen consumiendo lo que dicen detestar, ya se acostumbraron a la mediocridad. Muchos peruanos no conocen sus derechos a la comunicación y tampoco las leyes que los protegen. Otros no se han vinculado positivamente a la información y la rigurosidad que ésta requiere para tomar una posición o formar su opinión. Es decir, con respecto a la comunicación no se sienten convocados como públicos ciudadanos con derechos y también con obligaciones (…) No habrá cambios comunicativos en el país y el mundo si los ciudadanos no ejercemos a cabalidad nuestros derechos y responsabilidades” (Acevedo, 2005: 15).

Por decirlo con otras palabras: los observatorios plantean que se requiere de un usuario que sea más crítico, activo y participativo, que no se conforme con los errores e imprecisiones que en ocasiones comenten los medios, que trascienda el ámbito doméstico a la hora de protestar contra algunas actuaciones de los medios y que se movilice más para exigir que los periodistas cumplan honradamente sus tareas.

Tal vez todo este proceso sería mucho más sencillo si el consumidor fuese consciente de que el derecho a la información pertenece en realidad a la colectividad y que por lo tanto no es sólo que él tiene el derecho de recibir un producto de calidad sino que además tiene el deber de exigirlo.12 Sin embargo, lamentablemente lo que se observa es la ausencia generalizada de una cultura de control y fiscalización pública. Es decir, en numerosas ocasiones los usuarios no hacen valer sus derechos porque ni siquiera los conocen. En consecuencia, el consumidor todavía se moviliza poco para exigir el cumplimiento de normas que lo defiendan de abusos, de injusticias o de omisiones deliberadas. Así lo describe, por ejemplo, Christofoletti en referencia al caso de Brasil:

“El espectador brasileño -como el de cualquier otra parte del mundo- se queja de la programación en la televisión pero apenas en un ámbito doméstico. El eco de sus reclamos llega ronco a las autoridades competentes que, por consiguiente, poco ejercen su poder constituido. Es raro el lector nacional que cancela su suscripción en protesta por la calidad de la publicación. La crítica a los medios es frágil, y sin la existencia de una mayor sistematización, termina por diluirse” (Christofoletti, 2004).

Además, es probable que ese consumidor fuera a su vez más consciente de sus derechos si desde pequeño hubiera recibido una educación y capacitación en el consumo crítico de medios.13 Si hubiera recibido una capacitación mínima que lo habilitara para acceder, analizar, evaluar y crear medios de diferentes maneras de manera autónoma, reflexiva, crítica y creativa. Esta necesidad de alfabetizar a la población en el consumo crítico de medios parece cada vez más urgente si se tiene en cuenta que para vivir en la llamada “sociedad de la información” se necesita saber cómo funcionan los medios (Morón y Busquet, 2004). Para Masterman, la necesidad de una educación en medios se justifica además por:

  1. la influencia de los medios en nuestros procesos democráticos
  2. el elevado índice de consumo de medios y su saturación en la sociedad contemporánea
  3. la importancia ideológica de los medios y su influencia como empresas de concientización
  4. la creciente importancia de la comunicación e información visual en todas las áreas
  5. la importancia de educar a los alumnos para que hagan frente a las exigencias del futuro
  6. el vertiginoso incremento de las presiones para privatizar la información lo que desafía a las voces independientes y a las visiones distintas

En similares términos, Bravo Ramos recuerda que la formación que reciben los alumnos ya hace mucho tiempo que ha dejado de provenir de la familia y de la escuela exclusivamente:

“La información se ha universalizado y ha adquirido proporciones inabarcables y, a su vez, gran parte de ella se ha banalizado con el objetivo de llegar al mayor número posible de receptores y hacer que sus mensajes sean asimilados con facilidad. Mientras la televisión apuesta por fórmulas carentes de la más mínima exigencia intelectual con el único fin de atraer audiencias masivas, Internet, que se caracteriza por la libertad de expresar ideas y pensamientos y que cualquier ciudadano pueda ser proveedor de contenidos, presenta el inconveniente de que toda esta información se publica sin el más mínimo contraste. Mientras tanto, la prensa y otros medios de comunicación como la radio mantienen una cierta dignidad en sus planteamientos culturales e informativos pero, casi siempre, al dictado del grupo de presión que los promueve” (Bravo Ramos, 2004).

Parece evidente que esta realidad subraya la necesidad de apostar por una educación crítica en medios que haga que, consciente de sus derechos, el usuario sea cada vez más exigente con el producto que se le ofrece. Sin embargo, lamentablemente en América Latina esto no es así. Sin la presencia de los elementos que se requieren para hablar con rigor de una auténtica educación en medios,14 ésta queda reducida a una práctica marginal que se delega a situaciones no escolares, ante la negligencia del sistema de enseñanza público. De esta forma, suelen ser instituciones como las Iglesias, ONG, sindicatos, las que tratan de rellenar el hueco de la mejor forma posible. En este contexto, los observatorios son un elemento más destinado a esta difícil misión.

5) Ejercicio constante, regular y sistemático de monitoreo

Otro de los rasgos que comparten todos los observatorios por el hecho de serlo es el ejercicio relativamente constante, regular y sistemático del monitoreo y seguimiento de la actividad de los medios. Es decir, no se trata de algo simplemente episódico, anecdótico, pasajero o circunstancial que se realiza a modo de una radiografía estática o de un clipping para otra actividad mayor sino que la práctica de seguir y monitorear a los medios forma parte del desempeño y quehacer profesional mismo de los observatorios. Así, y a pesar de las muchas dificultades que suelen encontrar en su andadura, los observatorios nacen en principio con una vocación de sostenibilidad en el tiempo y no como un análisis concreto y específico que no tiene continuidad en el futuro.

Es cierto que la intensidad con la que se realice ese monitoreo varía según los casos. Hay observatorios que ponen un especial empeño en el seguimiento diario de lo que dicen los medios mientras que otros se fijan por ejemplo en determinados momentos como coberturas electorales o el análisis del tratamiento de una campaña. Pero, pese a las variaciones en la intensidad y frecuencia con la que se monitorea, este ejercicio es, como se apunta, relativamente constante, regular y sistemático.

Además, la mayor parte de los observatorios trata de poner un especial empeño en que este ejercicio no sólo sea constante y regular sino también riguroso, es decir, que esté basado en el empleo de instrumentos rigurosos para observar y analizar el contenido de los medios de forma que la imparcialidad de sus análisis no quede comprometida. Esta preocupación suele aceptarse sin problemas en todos los observatorios ya que se entiende que si lo que exigen -entre otras cosas- es que los medios sean imparciales en el relato del acontecer social, ellos tienen la obligación de proceder de manera semejante. Los instrumentos que emplean los observatorios -entre los que ocupa un lugar preferente el análisis de contenido- tratan por tanto de huir de las generalizaciones excesivas e injustas y de lo que puedan ser apreciaciones personales fruto de la subjetividad de los autores. Como se verá posteriormente, en el caso de los observatorios latinoamericanos, el grado de cumplimiento de este requisito no se da siempre -de hecho son muchos los observatorios que entre las técnicas que utilizan para observar declaran sólo el monitoreo simple- pero en todo caso vale decir que al menos en términos teóricos e ideales la preocupación por utilizar instrumentos rigurosos para observar suele formar parte de las prioridades de todos los observatorios.

6) Intencionalidad revisionista y reformista

A propósito de la observación, hay que decir además que los observatorios no entienden que ésta sea un fin en sí mismo sino que son conscientes de que se trata de un medio. Es decir, los observatorios no observan sólo por observar, sino que observan para algo, en general, como apuntábamos anteriormente, para denunciar y tratar de reformar algún aspecto de la profesión con el que no se termina de estar conforme. Dicho de manera más sencilla: todos los observatorios pretenden reformar algo. En palabras de Rey:

“FOPEA busca el mejoramiento de la práctica profesional periodística, el proyecto Antonio Nariño el fortalecimiento del derecho a la información y el aumento de la calidad periodística, particularmente la referida al conflicto interno colombiano y la ANDI la sensibilización y movilización de los medios de comunicación para que comprendan el valor estratégico de sus actividades comunicativas en la constitución de los derechos de la niñez y de la adolescencia. El CADI se propone proporcionar información consolidada sobre la situación de la libertad de prensa, de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario en Colombia, mientras que la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social de Perú es un mecanismo que intenta logra una mejor representación de los ciudadanos y ciudadanas de los medios (de sus demandas, aspiraciones, intereses) así como la consolidación democrática del derecho a la información y a una comunicación de calidad” (Rey, 2003).

Esta intencionalidad reformista es en realidad un elemento muy importante y es un factor propio, específico y diferencial de los observatorios de medios en Latinoamérica. Un rasgo que los distingue de otro tipo de instituciones o de los observatorios tal como se entienden por ejemplo en España.15 Aunque no se han estudiado con tanta profundidad como los observatorios que existen en América Latina, lo que se percibe al analizar los observatorios españoles es que estos emplean el monitoreo de los medios para realizar un diagnóstico o estado de la cuestión de la forma en que los medios abordan un tipo de contenido: salud, mujer, inmigración, etc. En otras ocasiones, utilizan el monitoreo de medios simplemente como un eje de actuación más. En este caso los datos se utilizan como punto de partida pero las actuaciones que se siguen de ello no tienen que ver, por ejemplo, con una capacitación a los periodistas para que informen de esos temas con mayor rigor sino nuevamente como un punto de partida. No se quiere decir con esto que los observatorios españoles no puedan contener una intencionalidad igualmente reformista. Lo que se trata de decir es que, en el caso latinoamericano la intención reformista es consustancial a la esencia misma de los observatorios y, en todo caso, se expresa de una manera más explícita, radical y contundente.

7) Carácter propositivo y finalidad más prescriptiva que descriptiva

Junto a su intencionalidad reformista, los observatorios latinoamericanos comparten también un carácter propositivo que les lleva a tratar de formular otras prácticas, estilos y contenidos posibles de manera que la crítica no sólo sea destructiva sino también edificante y constructiva. De esta forma, los observatorios latinoamericanos comparten la convicción de que, como apunta Rosa María Alfaro, de la Veeduría Ciudadana, “llegados a este punto, la protesta sin propuesta no sirve de nada”.16

Por poner un ejemplo, la Veeduría Ciudadana, de Perú suele concluir sus investigaciones con propuestas, pautas o sugerencias de mejora para tratar de incrementar la calidad de lo que ofrecen los medios. Así, por ejemplo, en el año 2002 la Veeduría llevó a cabo una investigación para evaluar la programación televisiva infantil a partir del análisis de la oferta y también de una serie de consultas ciudadanas. Tras exponer los resultados de la investigación, los integrantes de la Veeduría concluyeron el trabajo con la oferta de una serie de pautas destinadas al conjunto de los actores de la sociedad peruana: empresarios y productores de televisión, anunciantes, sector educación, estado y familia.17

En fechas más recientes, en el año 2005, la Veeduría ha llevado a cabo una investigación similar en este caso para evaluar la programación televisiva de entretenimiento desde la perspectiva de la equidad de género. Para ello, también aquí el análisis de la oferta se completó con consultas ciudadanas y los resultados de la investigación se enriquecieron después con la oferta de nuevas sugerencias de mejora para promover que la televisión innove y aporte a la equidad. En este caso, las pautas que se ofrecieron fueron (Alfaro y Quezada, 2005):

  1. conocer mejor a los públicos para una programación innovadora, útil a sus demandas y conflictos
  2. consolidar programas que sintonicen con expectativas
  3. pensar en nuevos modelos de programación que renueven, se atrevan y busquen identidad
  4. buscar conducciones desenvueltas, sanas, espontáneas y realmente comunicativas que puedan recoger y responder a las inquietudes del público
  5. buscar una mayor equidad en el protagonismo noticioso liberando a mujeres y hombres de las casillas de víctimas y delincuentes en las que se encuentran encapsulados en la actualidad
  6. aumentar los programas bien valorados, exigiendo respeto a la dignidad y a los derechos humanos
  7. buscar un entretenimiento sagaz que no se exprese en chistes o burlas que denigran al hombre y especialmente a la mujer
  8. observar el complejo mundo femenino y crear nuevas producciones, modernizando por ejemplo los programas de consejos de mujeres tratando de resolver nuevas inquietudes
  9. diversificar la imagen de la mujer desde nuevos sentidos de modernidad, proponiendo nuevos modelos que vayan más allá de la necesidad de ser bella y chismosa
  10. liberar a los hombres de ciertos halos negativos que hacen que den miedo y generen desconfianza
  11. dar paso a la pluralidad racial tratando así de combatir la discriminación de mujeres y hombres negros y haciendo posible que estén presentes en programas de entretenimiento y en los informativos
  12. promover defensorías del televidente en cada canal que generen procesos de diálogo que transformen el medio adaptándose mejor a las demandas de sus públicos.

Ilustra también el carácter propositivo que suele perseguir la Veeduría en sus actuaciones la propuesta de una nueva Ley de Radio y Televisión (la ley número 28278) que fue finalmente promulgada el 15 de julio de 2004, después de casi tres años de debate en el Congreso, en los medios de comunicación y en algunos espacios promovidos por asociaciones de la sociedad civil. Para su formulación, la Veeduría presentó un proyecto de ley alternativo, como iniciativa legislativa ciudadana respaldado por más de 80.000 personas de diferentes regiones del país y de alrededor de 1.000 instituciones y organizaciones de la sociedad peruana. Aunque la ley promulgada finalmente difiere en algunos puntos de la propuesta que presentó la Veeduría, ésta última evaluó el proceso de manera bastante positiva al considerar que su actuación hizo posible la incorporación de importantes avances.18

Estos tres ejemplos vienen a demostrar que el afán de proponer soluciones alternativas a los defectos que se detectan suele estar presente en el ánimo de los observatorios latinoamericanos. En ocasiones, este carácter propositivo de ofrecer nuevas pautas, modelos, técnicas y estilos puede no concretarse en la práctica pero, de hecho, forma parte de las aspiraciones de los observatorios de medios que existen en Latinoamérica.

8) Diversidad y creatividad en sus actuaciones

Por lo dicho hasta ahora, resulta fácil entender que todos los observatorios latinoamericanos compartan además un fuerte compromiso con la acción. Nuevamente la observación se revela no como un fin en sí mismo sino como un medio, un primer paso que justifique el paso a la acción. En palabras de Rey, todos los observatorios insisten en las conexiones entre la mirada y la acción:

“La acción está informada por el ver que no es un fin en sí mismo. En la Veeduría Ciudadana de Comunicación Social del Perú, la recolección pública de firmas para promover una nueva ley está relacionada con los procesos de conocimiento de la opinión y con la credibilidad que la Veeduría tiene entre ciudadanos y medios. En el caso colombiano, el Observatorio que promueve el Proyecto Antonio Nariño busca que los medios conozcan sus formas de representación del conflicto y se motiven a buscar mejores estándares de calidad; en el venezolano se pretende no ceder a la polarización o a la afiliación de los medios a uno u otro de los sectores de la contienda” (Rey, 2003).

Tienen razón también Broullón, Hernández Soto, López y Pereira cuando subrayan esta conexión entre las prácticas de observar y actuar:

“La mayor parte de los observatorios no permanece estancada en la mera contemplación de la realidad mediática de la que informan, sino que participan, directa o indirectamente, de iniciativas de reacción ante las irregularidades descubiertas” (Broullón, Hernández López, y Pereira, 2005: 44).

Por poner un ejemplo, en el caso de la Veeduría Ciudadana de Perú las actuaciones son varias y de naturaleza diversa. Entre las más frecuentes se encuentran (Alfaro, 2005: 21-25):

  1. monitoreo y vigilancia de medios
  2. consultas ciudadanas
  3. eventos públicos ciudadanos
  4. eventos de discusión pública
  5. capacitaciones o talleres educativos a voluntarios, periodistas, etc.
  6. producción de información impresa
  7. aparición en medios
  8. participación ciudadana desde la web
  9. conversaciones y asesoría sobre temas legales
  10. apertura a relaciones bilaterales y de confianza con empresarios, expertos, ciudadanos, asociaciones de padres de familia, organizaciones sociales, etc.
  11. coordinaciones y motivaciones con las veedurías locales
  12. lobby y relaciones políticas transparentes
  13. evaluaciones del trabajo

En algunos casos, ese compromiso con la acción surge como resultado del hastío y del cansancio con que se observa la situación en la que se encuentran los medios. Un hastío que les lleva a “sentir” que -de alguna manera- ha llegado el momento de pasar a la acción.

Por lo demás y a pesar de que todos los observatorios comparten una estrecha conexión con la acción varían -eso sí- la naturaleza, intensidad y el grado de incidencia en la práctica profesional.19 Dicho de otra forma: aceptando que todos tienen una fuerte conexión con la acción, no existen dos observatorios que trabajen de la misma manera. En este sentido, lo que se observa más bien es que la necesidad de encontrar una mayor variedad en las actuaciones desafía la creatividad de los promotores de los observatorios latinoamericanos.

9) Convicción de la importancia de divulgar su actividad

En el apartado de actuaciones, ocupan además un lugar preferente las relacionadas con la divulgación de su actividad. Los observatorios necesitan publicitar el resultado de sus actuaciones a un público mayor buscando ejercer una pedagogía crítica en lo relativo al consumo de medios. La divulgación de sus actuaciones se convierte así en una de las primeras y principales actividades que, en ocasiones, llega a posibilitar las demás.

No podía ser de otro modo teniendo en cuenta que -como se dijo anteriormente- todos los observatorios reconocen la importancia de la comunicación. En numerosas ocasiones, los observatorios están integrados por periodistas -profesionales y académicos- para quienes no resulta en absoluto extraña la idea de que tan importante es tener un mensaje como saber comunicarlo. En palabras de Broullón, Hernández, López y Pereira, “el trabajo de los observatorios no es otro que dar a conocer públicamente, a través de informes periódicos, los resultados de las investigaciones realizadas” (Broullón, Hernández, López y Pereira, 2005: 45).

Rey va más allá y afirma que otro rasgo importante que caracteriza a los observatorios es lo que él denomina “la devolución de los resultados a los ciudadanos y a los propios medios de comunicación, así como los procesos de apropiación social de la reflexión que suscitan sus diagnósticos”. Y cita la experiencia de ANDI en Brasil:

“Una experiencia muy interesante en este campo es la que ha desarrollado ANDI en Brasil, que ha logrado posicionar el tema de los derechos de los niños, niñas y jóvenes en las preocupaciones y agendas de los medios en ese país, además que ha avanzado en acciones preactivas que buscan que medios y periodistas le concedan cada vez más importancia a este tema (….) Estas iniciativas son investigaciones que buscan incidir en el conocimiento y la discusión pública del tema, pero sobre todo en el cambio de los modelos, sistemas y prácticas de construcción de la información” (Rey, 2003).

Nuevamente, vemos que tampoco se trata de divulgar por divulgar sino que también esta actividad de divulgación y de inclusión de los temas que les preocupan en la propia agenda de los medios persigue también esa misma intencionalidad reformista de la que se habló anteriormente.

Hay que decir además que la divulgación de la actividad puede estar dirigida de manera exclusiva o complementaria a tres tipos de públicos diferenciados:

  1. académico, de investigadores y docentes, normalmente vinculados a facultades de comunicación a quienes se trata de ofrecer nuevos elementos de juicio para sus análisis
  2. profesional, integrado por periodistas y directivos del mundo de la comunicación a quienes se trata de hacer las deficiencias que contienen los productos que ofrecen y a quienes se sugieren algunas pautas de mejora, y
  3. a un público más general conformado por consumidores y usuarios de los medios de comunicación. En este caso, se persigue sobre todo una mayor sensibilización hacia la necesidad de exigir un periodismo de calidad

Por último, hay que tener en cuenta que si bien la exigencia de divulgar sus actuaciones y el resultado de sus trabajos es común a todos los observatorios, se observa un alto grado de variación en cuanto a los instrumentos que se utilizan para ello. Todos los observatorios disponen por ejemplo de una página web pero algunos cuentan además con medios y publicaciones propias. Otros han ido diversificando con el paso del tiempo los soportes que utilizan para divulgar su actividad, etc. Así se advierte, por ejemplo, en el caso de Observatorio da Imprensa en Brasil que comienza su versión on line en el año 1996, en 1997 estrena su versión impresa, en 1998 inicia sus emisiones en televisión a través de un programa que todavía se transmite por la Red Pública de Televisión, y, finalmente, en mayo de 2005 extiende su voz a la radio mediante un programa en Radio Cultura FM, de Sao Paulo.

10) Predilección por el empleo de las nuevas tecnologías

En cualquier caso -con independencia del público diferencial y de los soportes de los que disponga cada observatorio- todos ellos muestran una clara preferencia por la utilización de las nuevas tecnologías y de una manera muy especial por Internet. Las razones que explican esta predilección deben buscarse en su bajo coste, su gran flexibilidad, accesibilidad, rapidez, facilidad para su manejo y en su alto grado de penetración en la sociedad.

Siguiendo a Christofoletti (2005b) “los bajos costos y la facilidad para publicar los contenidos han sido factores determinantes para que Internet se haya convertido en un ambiente privilegiado para estas discusiones”. Este hecho es por lo demás, muy valorado teniendo en cuenta que muchos de los observatorios afrontan verdaderas dificultades para sostenerse, dificultades que se agravan además por su renuncia a ser financiados por ciertos actores que puedan comprometer la imparcialidad de su trabajo.

De esta forma, Internet se revela como el soporte tecnológico con el que nacen los observatorios y que les permite desarrollar sus actividades y divulgar su actuación con un alcance inimaginable para otros soportes y de una manera mucho más económica. En concreto, dentro de Internet, el empleo de webs, blogs, así como el envío de newsletters o boletines electrónicos son los instrumentos más utilizados por los observatorios para divulgar su actividad.

Además, las nuevas tecnologías se revelan como instrumentos eficaces no sólo para difundir la actuación de los observatorios sino que en numerosas ocasiones facilitan el mismo proceso de seguimiento y monitoreo -por ejemplo de las ediciones on line de los diarios- o hacen posible la coordinación entre las partes en el caso de aquellos observatorios que trabajan con socios ubicados en otras provincias (como ocurre en la Veeduría Ciudadana) o incluso en otros países (como se advierte en la Red ANDI-América Latina).

Hasta aquí estos son los elementos comunes que comparten todos los observatorios latinoamericanos por el hecho de serlo. A partir de aquí el resto son variaciones. Así, la actividad de los observatorios varía en función de diversas variables como su origen, composición, orientación ideológica, estructuras y modos de funcionamiento, aspectos de los medios que investigan, instrumental metodológico o sistematización de su actividad. Pero éste será ya el tema de un artículo posterior.

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Notas:

1 Entre las más destacadas la de Rey, 2003; Mattelart, 2005; Broullón, Hernández, López y Pereira, 2005; Beltrán, 2005; Medios para la Paz, 2005 o Téllez, 2003.
2 En concreto, se trató de entrevistas en profundidad con los editores o máximos responsables de los observatorios. Desarrolladas por vía telefónica, las entrevistas partieron de un cuestionario semi-estructurado. La fase de las entrevistas tuvo lugar entre mayo y septiembre de 2005.
3 La asociación colombiana Medios para la Paz sostiene en este punto que “los observatorios se fundamentan sobre los pilares de la libertad de expresión, la libertad de información, el derecho a la ciudadanía y en el ejercicio de ésta como derecho fundamental en la democracia participativa” (Medios para la Paz, 2005).
4 Éste es el caso, por ejemplo, de Chomsky y Herman 1995; Sunstein, 1993; McManus, 1994; Bourdieu, 1997; Augé, 1993; Postman, 1991; Carey, 1999, pp. 16-22 o Wolton, 1999. Junto a ellos, se sitúa también una larga lista de autores que, durante el siglo XX, han denunciado desde perspectivas igualmente críticas el creciente potencial manipulador y amenazante de los medios. Éste es el caso, por ejemplo, de Lippmann, Horkheimer, Marcuse, Schiller, Packard o Habermas. Citado en Aznar, 1999b, p. 33.
5 Sobre la excesiva dependencia de los intereses comerciales por parte de los medios, puede verse, por ejemplo, Wolton. Considera el autor que los periodistas occidentales luchan a menudo por la libertad política como si ésta estuviese amenazada cuando, en realidad, la lógica económica es al menos tan amenazante para la libertad de prensa como la represión política: “En Occidente se ha desestabilizado el medio profesional en treinta años más por la lógica económica que por la presión política. Pero no se atreve a reconocerlo” (Wolton, 1999: 221).
6 Para Sampedro, pese a la percepción más o menos extendida de los periodistas como delegados de la opinión pública para vigilar las malversaciones del poder, lo cierto es que, en la práctica, la relación entre el poder político y mediático no es tanto de enfrentamiento como de cooperación, por lo que, afirma, se establece una cierta relación simbiótica entre el poder político y el mediático. (Cfr. Sampedro, 2000: 183).
7 Según Christofoletti, esto está muy lejos de ser real en el caso brasileño: “El dial de las radios continúa limitado, el telespectador común tiene acceso a media docena de canales en televisión abierta, las suscripciones a diarios y revistas son todavía para pocos, el sistema de cable en el país sólo llega al 2% de la población, el acceso a Internet todavía es un sueño para millones de brasileños. Las cifras impresionan cuando se llega todavía más lejos: el 24% de las emisoras de radio y televisión están sobre el control de políticos, seis cadenas privadas de televisión reúnen 138 grupos que tienen en las manos 668 vehículos electrónicos e impresos. Aunque la televisión llegue al 87.78% de los domicilios brasileños (…) apenas esa media docena de grupos dominan un mercado de 3 billones de dólares norteamericanos, cerca del 39% de las personas afirman no leer revistas o tener acceso a ellas menos de una vez a la semana. En el caso de los diarios es peor: el 44% no leen o sólo tienen acceso a ellos menos de una vez por semana (…) En Internet (…) la inclusión digital está lejos de ser una realidad” (Christofoletti, 2005a).
8 En concreto, se trata de las organizaciones integrantes de la Red Latinoamericana de Comunicación ALAI, ALER, AMARC, Proyecto Monitor de Políticas TIC en LAC de APC, OCLACC, Radipaz, WACC y ADITAL. Al texto se sumaron más de cien personas e instituciones que adhirieron al documento, cuando se le dio lectura durante el Encuentro. Puede encontrarse una copia completa del texto en Sala de Prensa, núm. 74, diciembre de 2004, en la dirección electrónica: www.saladeprensa.org/art574.htm, fecha de consulta: 21 de septiembre de 2005.
9 Cfr. “Otra comunicación es posible”, en Sala de Prensa, núm. 74, diciembre de 2004, en la dirección electrónica: www.saladeprensa.org/art574.htm, fecha de consulta: 21 de septiembre de 2005.
10 Así, según Rey, otro de los rasgos que comparten los observatorios es exigencia “para que los ciudadanos puedan ser cada vez más autónomos, la urgencia de participar en la construcción de agendas públicas así como en la democratización de las comunicaciones” (Rey, 2003).
11 Así, por ejemplo, el investigador belga Armand Mattelart ha defendido la existencia de este tipo de instancias en las que ve una posibilidad de contrapoder desde la sociedad civil al poder de los medios. Con su realización, estas experiencias vienen a demostrar que los ciudadanos están tomando conciencia de la capacidad de manipulación que tienen los medios, debido en parte al proceso de creciente concentración de la propiedad de los medios como un fenómeno mundial” (Alia2, 2005).
12 En palabras de Broullón, Hernández, López y Pereira: “El derecho a la comunicación supone también que los usuarios de los medios de comunicación multipliquen los observatorios y las veedurías sociales de medios, para que la sociedad civil pueda vigilar y exigir a todos los medios -incluidos los medios alternativos- que seamos mejores y democráticos” (Broullón, Hernández, López, y Pereira, 2005: 45).
13 Según la UNESCO, la educación en medios “i) permite que las personas comprendan los medios de comunicación que se utilizan en su sociedad y cómo funcionan, y adquieran habilidades sobre cómo utilizar estos medios para comunicarse con otros, ii) garantiza que las personas aprendan cómo analizar, reflejar en forma crítica y crear textos de medios de comunicación, identificar las fuentes de los textos de los medios de comunicación, los intereses políticos, sociales, comerciales y culturales y sus contextos, interpretar los mensajes y valores que ofrecen los medios de comunicación, seleccionar el medio de comunicación adecuado para comunicar mensajes o historias propios y para llegar al público al que va dirigido, obtener o solicitar acceso a los medios de comunicación tanto para recibir como para elaborar”. Esta definición de la UNESCO se publica en la conferencia de Viena “Educando para los medios de comunicación en la era digital”, en 1999. Por su parte, Gustavo Hernández afirma que por educación para los medios “se entiende a aquellas propuestas conceptuales y conjunto de prácticas y experiencias que tienen como fin adiestrar a los educandos y/o participantes en un método de lectura crítica del contenido ideológico de los medios masivos de difusión (cine, radio, televisión y prensa) (…) el objetivo central consiste en fomentar la percepción activa y crítica en niños y adolescentes ante los contenidos que transmiten los medios masivos, en especial la televisión” (Hernández, 1998).
14 En concreto estos elementos incluyen: 1) establecimiento de pautas curriculares (nacionales o regionales) por parte de las autoridades competentes, 2) programas de entrenamiento para profesores a nivel universitario, 3) apoyo para los profesores -estadías, cursos de verano de actualización, organizaciones nacionales a través de las cuales los profesores puedan crecer y desarrollarse en su especialización escogida- y a través de los que la propia especialización se desarrolle y 4) recursos educacionales para profesores -libros de texto, hojas de actividades, videos y otro material audiovisual, posters, folletos adicionales necesarios para la docencia- desarrollados en colaboración con todo lo apuntado anteriormente.
15 Tal vez el observatorio europeo que más se parezca a los latinoamericanos sea el Observatorio Francés de Medios, también creado a partir del Foro Social Mundial y surgido oficialmente el enero de 2003 en París. Conectado al Media Watch Global trata de “proteger a la sociedad contra los abusos y las manipulaciones”, así como “defender la información como un bien público y reivindicar el derecho de los ciudadanos a ser informados. El espíritu que mueve el website es el mismo explicitado por Ramonet: rescatar la dimensión de contrapoder que la mayor parte de los medios han perdido”. Los contenidos difundidos se organizan en ocho secciones que van desde las acciones del propio observatorio pasando por los análisis de la prensa francesa y mundial, por encuestas, alertas y propuestas. También tiene una fuerte orientación política e institucional, pero ofrece un diferencial: se propone realizar reuniones públicas para debatir los temas analizados.
16 Alfaro, en entrevista telefónica con la autora.
17 En concreto, las pautas que se ofrecieron a los empresarios y productores de televisión fueron: 1) reformular y ampliar la programación para niños y adolescentes, 2) adecuar la programación infantil adulta a los momentos de consumo infantil y adolescente, 3) conocer al público infantil y adolescente, respetándolo y haciéndolo participar creativamente, 4) tomar en cuenta a sus públicos como sujetos de derecho, 5) mejorar la calidad de la oferta con creatividad ligando entretenimiento con aprendizaje, 6) no legitimar la violencia, 7) disponer de espacios para la participación ciudadana, 8) entender que la regulación es necesaria porque señala los límites para no hacer colisionar intereses de unos contra otros. Entre las sugerencias que se ofrecen a los empresarios anunciadores en medios y agencias de publicidad se encuentran: 1) tratar de invertir en programas donde el público esté satisfecho, 2) continuar con el comité ético y no financiar programas que atenten contra los niños, 3) promover, a través de una fundación, una buena programación infantil. Al Ministerio de Educación, la Veeduría le ofrece las siguientes pautas: 1) entender la escuela como un lugar de comunicación y participación, 2) hacer del conocimiento un interés apasionante y comunicativo, 3) emplear las nuevas tecnologías pero sólo cuando haya un proyecto comunicacional democrático, 4) fomentar la educación en medios, 5) que el Ministerio coordine con el canal de televisión público para una propuesta innovadora en materia de programación televisiva infantil. A la familia peruana le sugiere: 1) seleccionar junto a sus hijos lo que se va a ver apostando así por un consumo crítico y dialogado, 2) generar debates destinados a mejorar la demanda infantil y 3) no exponer a niños susceptibles a programas que los dañen. Finalmente, a la sociedad civil se le sugiere promover una discusión pública para nuevos patrones de una oferta televisiva de calidad desde las audiencias. Para un conocimiento más profundo del contenido de estas pautas así como de los detalles de la investigación, puede consultarse Alfaro, 2002.
18 Algunos de los más importantes, la promoción de la participación ciudadana o la creación de un Consejo Consultivo de radio y televisión en el que participan representantes de instituciones de la sociedad civil y al que se otorga un rol estimulador. Cfr. Acevedo, 2005: 20-26. Para un conocimiento más detallado de todo el proceso de creación de esta nueva Ley de Radio y Televisión, puede verse Alfaro, 2005.
19 Según Rey, hay observatorios que buscan incidir en la generación de leyes mucho más modernas y democráticas en materia de medios e información como, por ejemplo, el de México, mientras que algunos como el de Venezuela intentan observar permanentemente la información proporcionada por los medios de comunicación en un periodo particularmente turbulento de la historia política, social y comunicativa del país.

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* Susana Herrera es doctora en Comunicación por la Universidad de Navarra (España). Es autora de la tesis doctoral La participación de la audiencia en la radio española: evolución, evaluación e implicaciones para la práctica profesional. Estudio del caso de RNE Radio 1 (1999/2000), trabajo con el que ganó el Premio Extraordinario de Doctorado (2002/2003). En la actualidad, trabaja en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura (Perú) y en su investigación analiza las relaciones entre los medios y la sociedad. Es colaboradora de SdP.


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