De la
integración e identidad
a la colaboración y autonomía
Cees
Hamelink *
Si nos
les importa, estaré caminando; esta es
una vieja tradición filosófica griega. Soy
un aristotélico anticuado, por lo tanto me gusta
caminar; y eso es lo que estaré haciendo durante
los próximos dos minutos. Lo que siempre hago
cuando tengo que hablar en público es ver en las
mañanas los periódicos, y ver lo que dice mi
horóscopo; esto me da inspiración. Y para el
día de hoy es realmente muy interesante porque
el horóscopo dice: "Es un día muy
importante para ti, y debes de actuar como si
supieras lo que estás haciendo, aunque no tengas
ninguna idea de lo que dices".
Cada estación
tiene sus mejores palabras; y nuestra estación
el día de hoy, en las políticas
internacionales, también las tiene, y
normalmente significa problemas. Esas
palabras tienen que ver con la
globalización, la sociedad de la información,
la integración.
Actualmente
decimos que lo que comentan los intelectuales no
tiene ningún significado; que los intelectuales
deben de luchar y los académicos debemos
rehusarnos a usar este sentido: tenemos que
reconstruirlo porque no tiene un significado
académico o intelectual, pero sí tiene un
significado político. Ellos representan una
cierta forma de pensamiento de la política;
representan un nivel medio económico
liberal completamente diferente, una forma
diferente de pensar sobre la sociedad, y
representan una monocultural y
monoideológica forma de ver a las sociedades.
De alguna manera
me encontré sorprendido cuando me invitaron a
una reunión sobre integración y
cuando escuché a la gente hablar de ésto,
el día de ayer, sin ninguna calificación
realmente crítica. Y me preocupé cada vez
más cuando empecé a pensar que quizás hay
un gran consenso, en este auditorio, de que
la integración es algo positivo, y que la
integración es algo deseable.
Así que, cuando
me desperté a media noche ayer y dije:
"¿Qué es lo que voy a hacer el día de
mañana?", respondí: "Lo primero que
haré mañana es crear un problema a raíz de la
integración".
Déjenme manejar
esto a través de analizar la historia. En mi
parte del mundo, en Europa, en 1648, los países
europeos concluyeron un muy importante tratado de
paz: la paz de Westfalia, que fue el
principio del Estado Moderno Nacional.
Sabemos que a partir de 1648 el Estado
Nacional significa Poder Soberano sobre su
territorio nacional: administración soberana de
todos aquellos que viven dentro de sus fronteras
nacionales. Pero todo el tiempo el Estado
Moderno, o el Estado Nación Moderno, se
pregunta: "¿A quien corresponde
esa comunidad nacional política? ¿Cuál es
la parte de la política nacional? ¿Quién es un
ciudadano?" Esa es una pregunta que
surge constantemente en nuestros estados europeos
modernos.
Originalmente
pensamos: "Esto es un concepto fácil de
comprender." Encontramos la forma sencilla.
Simplemente nos vemos como sociedades
monoculturales, y decimos entonces: "Todos
aquellos que corresponden a la mayoría étnica
del Gobierno son ciudadanos", eso es
fácil.
Pero luego
surgieron los problemas porque sucedió que
nuestras fronteras no estaban tan cerradas como
lo hubiésemos deseado; nuestras fronteras
resultaron estar abiertas, y la gente se movía a
través de las fronteras, se casaba a través de
las fronteras, reunían a sus familias a través
de las fronteras.
Y en Europa nos
fuimos encontrando, confrontándonos, con
comunidades muy fuertes; comunidades que eran muy
asertivas sobre su identidad, y que para la
transportación moderna y la tecnología de la
comunicación se mantuvieron dentro de este
todo.
Tuvimos que
encontrar una solución porque, repentinamente,
nuestra monocultura se encontró siendo retada.
En muchos
países hemos encontrado muchas maneras
de manejar esto; la forma más radical, por
supuesto, la que hemos estado aplicando en
Europa -hasta recientemente- fue la limpieza
étnica: simplemente elimina a aquellos que
no consideras que son ciudadanos. Y lo hemos
hecho en una forma bastante generosa, y lo
haremos de nueva cuenta; no tengan ustedes una
imagen de que esto es una cultura muy
pacífica, nosotros practicamos el apartheid. No
lo hicimos como en Sudáfrica, pero lo hicimos
entre nosotros en forma más distante.
Vean ustedes, en
particular en mi país, nos gusta pensar en
nosotros como un país muy civilizado;
nosotros, incluso, tenemos un ministro de la
Integración, y sugerimos al mundo que somos
una sociedad verdaderamente multicultural. Y
bueno, ustedes son muy bien venidos con sus
propias identidades personales, pero esto es
parte de un mito: nunca hemos cedido al sueño de
la sociedad monocultural.
Vemos a los
que llegan con nosotros como gente nueva:
"Puedes quedarte con nosotros,
pero tienes que integrarte, te guste o no,
porque si no te gusta, te vamos a obligar:
encontraremos las formas y medios de
presionarte para que te conviertas en una parte
de los 'nobles', porque no vamos a ceder lo que
es nuestro modelo dominante".
Y puedes estar
integrado, y puedes, incluso, mantener algunas
cosas de tu identidad personal, pero tu identidad
sólo puede mantenerse en los límites del modelo
dominante. Y nos sentamos alrededor de la mesa
con los que acaban de llegar, con los nuevos, y
nos decimos... los vemos como grupos de tribus
indígenas, y les podemos decir como holandeses:
"¿No podremos pensar, en conjunto, qué
clase de sociedad queremos construir para el
futuro?". No. Solamente imponemos el modelo
que tenemos, y perdemos una tremenda oportunidad
para el proceso democrático.
Algo similar
está sucediendo a nivel europeo. Nos recordaron,
el día de ayer, que hay un gran debate en Europa
sobre la integración europea, y este
proceso en general.
En Europa
tenemos una situación muy similar a la de los
Estados Nación: hay un modelo dominante europeo;
hay un sueño europeo de un sueño neoliberal
capitalista que tiene la ideología basada en la
iluminación, y que tiene que ver con lo que es
liberal y representativo: eso es Europa.
Pero, hoy en
día, los ciudadanos europeos están pidiendo un
referéndum: si quieren ser parte de esta
Europa. Están a punto de votar un
tratado constitucional, como nos lo recordaron el
día de ayer, y nos dieron la oportunidad de
decir sí o no.
Bueno, realmente
no es así, realmente no nos han dado la
oportunidad de decir que no en Europa: todo mundo
dice: "Tienes que decir que sí, no puedes
decir que no. Está mal si dices que no,
tienes que integrarte en nuestro modelo
europeo". Ayer llegamos a la conclusión de
que los medios tiene un papel muy importante en
esto. Ellos están a favor de decir que sí:
ellos conducen, prácticamente, una propaganda
manipulativa como campaña para llevarte a decir
que sí, pero ¿sí a qué? ¿Sí a una idea de
Europa sobre la cual los ciudadanos jamás fueron
consultados?
La integración
europea y este proceso -y sinceramente espero que
los latinoamericanos lo hagan mejor de lo que lo
hemos hecho nosotros- es en sí mismo un proceso
democrático, y depende de cómo definimos a la
democracia.
Si definimos a
la democracia por las líneas de sistemas
representativos liberales, quizás haya un
poquito de democracia en Europa. Es lo que
Benjamín Barber llamó "el encuentro de la
democracia".
Pero si la vemos
en términos de una barra de oro, de una fuerte
democracia, tenemos ahí un déficit democrático
muy importante. Y los ciudadanos de
Europa nunca fuimos consultados: es una
imposición, es una integración que viene
desde arriba; y perdimos la tremenda oportunidad,
como ciudadanos europeos en un proceso
constitucional, de sentarnos todos juntos y decir
qué tipo de Europa nos gustaría tener.
Ahora, de nueva
cuenta algo similar pasa a nivel mundial, a nivel
global: hay una Organización Mundial de
Comercio que está trabajando a favor de la
organización mundial, y el resto del mundo
tendrá que integrarse a esta organización, ya
sea que les guste o no.
Es una
globalización que viene desde arriba y si
ustedes protestan entonces los medios más
importantes del mundo se asegurarán de que tú
te encuentres marginado. O, incluso, serás
sancionado porque te van a llamar
"antiglobalista",
"antimundialista"; y esta es una frase
muy peligrosa porque sugiere, de alguna manera,
que tú, básicamente, eres peligroso, que no
puede confiarse en ti, es decir, que puedes
tirarnos piedras al camino.
Y la gente que
protesta en el mundo contra la Organización
Mundial de Comercio, no es globalifóbica,
representa una alternativa. No les gusta que la
globalización se les imponga, no les gusta que
la globalización venga desde arriba; les gusta
que la globalización vaya de abajo hacia arriba.
Y todo este proceso es un modelo impuesto sobre
ti.
Todo esto me
recuerda esta hermosa frase del embajador
brasileño para el inicio de las negociaciones.
En un momento determinado dijo que algunos
países son los "pollitos" (los pobres)
y los países ricos les dicen a los pollitos:
"¿Cómo quieres que te cocinen?". Y
ellos dicen... bueno, parece ser imposible que
los pollos digan: " Bueno, yo preferiría
que no me cocinaras".
Ese considero
que es un desarrollo muy peligroso en nuestro
mundo, porque son los integracionistas los que
promueven esta forma de integración que viene de
arriba hacia abajo. Y si rehúsan a
preguntarle a los pollos cómo quieren ser
cocinados, los pollos reaccionarán de formas
violentas y extremas para tratar de encontrar su
propia identidad.
Vemos el día de
hoy en nuestro mundo una confrontación muy
peligrosa, y probablemente hasta mortal. Por un
lado, los que buscan la identidad y los que ya
tienen una identidad. Y es un proceso muy
peligroso; y aún más peligroso es cuando muchos
de nuestros gobiernos y muchos de los medios nos
están haciendo cosas a nosotros porque están
poniéndonos en confrontación a través de crear
una cultura del miedo, en la guerra contra el
terrorismo donde han plantado mucho temor.
Así que no es
una imagen muy placentera la que tenemos enfrente
con el mundo actual, pero si ustedes esperaban
que este jueves en la mañana tendrían una
presentación muy leve: Mi querido Mr. Hoop,
ojalá no hubiera usted invitado a este
calvinista holandés que somos personas que
pensamos que el mundo no significa nada; que
tenemos una visión del mundo, que somos
pecadores, que no tenemos redención y no hay
salvación.
Esa es la forma
en la cual todos nosotros pensamos en nuestro
país; no sólo los protestantes, también los
católicos: todos los católicos son calvinistas.
Yo les digo a mis amigos musulmanes que no tengan
ninguna ilusión sobre la sociedad holandesa,
aunque sean musulmanes.
Así es que
tenemos esta visión borrosa de posibilidades
para la raza humana: todo siempre está mal,
siempre hay esta sensación de culpa, de que todo
está mal. Pero también hay algo que hay que
destacar: los pastores calvinistas siempre
trataron de asustar a todos los que los
escuchaban; tratan de hacerlos que se sientan tan
deprimidos, que estén a punto de suicidarse, de
colgarse, y justo antes de que te cuelgues te
decimos: "Mira, pero hay esperanza".
Así es que tiene que haber esperanza; la última
parte de esto tiene que ofrecerte una
esperanza.
Verdaderamente
admiro a Conrald Hilton que era dueño de los
hoteles. Ustedes quizás sepan que Conrald Hilton
tuvo un programa a nivel nacional en Estados
Unidos y le dieron la oportunidad, al final de
esa presentación en televisión, de decir:
"Señor Hilton, por favor, envíe usted un
mensaje a la humanidad". Y el señor Hilton
ve a la cámara y dice: "Por favor,
recuerden que la cortina de baño siempre debe de
estar por dentro de la tina de baño." Y si
pueden, ustedes, formular un mensaje para
toda la humanidad en una sola frase, pues sería
éste.
Yo quiero
proponer, primero que nada, que cambiemos los
conceptos de nuestro encuentro; hagámoslo con lo
que tiene que ver con integración e identidad.
Integración
para mí es algo que tiene asociaciones con
procesos falsos: falta de democracia, falta
de oportunidades para hablar entre nosotros;
vamos a llamarle cooperación ¿Qué hay de malo
con llamarle cooperación? ¿No sería agradable
que los seres humanos a niveles nacionales o
internacionales, regionales y globales cooperaran
entre sí?
Esto también
requiere de eliminar la identidad. Es un concepto
tan complicado, tan problemático, que implica la
sugerencia de que tú puedes tener una
definición estática de ti mismo, que puedes
saber quién eres; que puedes dar una definición
única: mira, yo soy europeo, yo soy holandés.
Pero eso, por su puesto, es basura absolutamente
en términos de psicología humana.
Nuestra
identidad cambia por el tiempo; nuestra identidad
cambia con el tiempo, es un proceso dinámico. Si
quieres tener una identidad para el resto de tu
vida, seguramente te encerrarán en un manicomio;
hay gente que cree que es Napoleón o
Jesucristo toda la vida. Eso no es
saludable: si eres una gente saludable, cambias
toda la vida.
No solamente
eres mexicano; eres también una mujer, también
eres un abogado, también eres una madre de
familia, eres todas estas cosas. Todos
tenemos identidades múltiples.
Así que es un
concepto muy complejo: vamos a decirnos entre
nosotros que lo que es más importante que el
hecho de saber quién eres, y qué es lo que
sabemos de nosotros mismos -sobre todas las
cosas-, es tratar de definir y encontrar esas
identidades en un espacio... ¿Por qué no usar
la noción de autonomía?
Si
las sociedades, por ejemplo, nos diesen la
libertad de pensar sobre quiénes somos, quiénes
queremos ser, cómo cambiamos con el tiempo,
cómo nos relacionamos con otros, eso me daría
autonomía. Entonces, vamos a decir que en lugar
de tener una integración e identidad (yo
espero que no esté realmente molestando a
todos aquí en esta reunión, señores) ...más
que una integración e integridad, vamos a
hacerlo colaboración y autonomía, y vamos
a ver cómo podemos cooperar sin perder nuestra
autonomía.
Ahora bien, si
queremos hacer esto... tenemos que hacer lo que
yo considero que es lo más importante que
tenemos que aprender (y esto suena extraño en
una reunión de comunicadores): tenemos
que aprender a comunicarnos.
¿Saben? Todos
nos hemos olvidado de cómo comunicarnos; todos
hablamos en estos días sobre comunicación, la
sociedad de la información; hablamos del
conocimiento... y todo esto hace muy poco sentido
porque en el proceso de reunir toda la
información, de reunir todo el conocimiento que
tenemos, no necesitamos una sociedad de la
información, necesitamos una sociedad de la
comunicación. Necesitamos liberarnos de un
sentido restringido de la comunicación.
Vean ustedes, la
comunicación normalmente se ve como un proceso
lineal de transmisión: transmitimos una señal
de la A a la B, y a eso le llamamos
comunicación, pero eso no tiene ningún sentido
en el siglo XXI, donde tenemos tecnologías
interactivas maravillosas. Así es que, ¿por
qué no movernos del paradigma de
la transmisión al paradigma de la
interacción, de la comunicación diferente?
Quizás no
hacemos esto porque es muy, muy difícil; porque
movernos de la transmisión a la interactividad
significan dos cosas: primero, tenemos que
aprender cómo conducir un dialogo; y, en
segunda instancia, tenemos que aprender a
comunicar en forma no violenta, en formas
que no nos pongan en pugna.
Tenemos una
buena demostración, en este auditorio, de qué
tan difícil puede ser esto porque, como ustedes
decían el día de ayer: "Dejemos que el
diálogo comience..." y, por supuesto, el
diálogo nunca comenzó. Siempre sucede: los
invitamos a un dialogo, y luego hacemos algo
completamente diferente. Esto es todavía más
difícil dentro de lo que es el mundo académico,
ahí nunca podemos tener un dialogo.
Así es que
ustedes anuncian un diálogo, ¿y qué sucede?
Ah, pues un montón de preguntas, monólogos,
respuestas y preguntas, y a esto le llamamos
comunicación. ¿Por qué es tan difícil
aprender a dialogar?
Primero que
nada, pensamos en un dialogo y pensamos en algo
más. Decimos: "Él está hablando de un
debate."
Es un error muy
extraño y muy común, pero un dialogo es muy,
muy diferente a tener un debate. Un debate
tiene que ver con hacer argumentos, tratar de
convencer a alguien, tratar de desarrollar
algo; pero un dialogo tiene que ver con
escuchar, y eso es tan difícil el día de hoy:
es prácticamente como comprar arte.
¿Quién sabe,
hoy en día, cómo escuchar? Yo veo todos esto
shows en los cuales la gente hace
entrevistas en la televisión, y ¿quién
escucha en esos shows? Prácticamente nadie lo
hace; todo tiene que ver con lo que tú decías
ayer.
Es muy
importante enfocarnos en lo que es la cultura
visual, pero ¿qué pasa con lo que recibimos con
nuestros oídos?
Olvidamos la
fisiología de que nuestros oídos son mucho más
importantes y mucho más delicados de lo que
son nuestros ojos. Así es que tenemos que
aprender de nueva cuenta a escuchar, y a
descubrir la enorme importancia, y la belleza y
la espiritualidad del sonido.
Así que el
aprender a escuchar es muy difícil: nos gusta,
pero no nos gusta realmente escuchar.
El dialogo
significa que estás preguntándote, o
cuestionando tus propias certezas, porque no vas
a decir: "Yo tengo la razón, y voy a
convencer a las otras personas".
Eso es muy
difícil para la mayoría de nosotros porque, en
lo profundo, todos somos fundamentalistas, es
decir, nos gustan nuestras propias ideas, nuestro
propios proyectos, y nos colgamos de ellas en la
vida, y encontramos tan difícil rendir nuestros
conceptos.
Si estuviéramos
involucrados en un verdadero diálogo, yo
estaría verdaderamente escuchándolos; tendría
que tomar el riesgo de que podría cambiar mi
punto de vista: podría descubrir toda una serie
de cosas que no había aprendido antes. Y
tendría que cuestionar mis propios
conceptos y decir: "Quizás esta
persona tiene razón", y cambiar.
Encontramos que
el cambio es muy difícil de manejar porque en lo
profundo todos somos fundamentalistas. Y también
conservadores: nos gusta mantener lo que tenemos.
Así que el diálogo se convierte en algo muy
complicado, pero puede enseñarse, puede
aprenderse a tener un verdadero diálogo.
El segundo
requerimiento es que no sea violenta, que no sea
una conversación de adversarios. Eso es
realmente porque, cuando empezamos a pensar en
este concepto, cuando pensamos en las
comunicaciones humanas simples, hay tanta
violencia en ello.
Vean ustedes los
modos de comunicación entre familias: es una
guerra de palabras, son pequeños campos de
batalla sobre la comunicación; y la gente es
lastimada y traumatizada; y la gente es
silenciada, y tiene cicatrices de estas heridas.
Somos tan
violentos, que aun la comunicación no verbal...
vean ustedes cómo el lenguaje corporal hace que
nos comuniquemos entre nosotros. Vean
ustedes esta sala donde la gente está
sentada y alguien nuevo entra; vean ustedes como
la gente analiza al que acaba de entrar con mucha
adversidad, con poca hospitalidad.
Tenemos que ver
que hay tanta violencia en nuestras
comunicaciones y, por supuesto, hay mucha
violencia en la comunicación en los medios.
Y no sólo estoy
haciendo referencia a todos estos programas
dramáticos o de acción que llenan las
imágenes, y que nos enseñan que la
violencia es la única manera de solucionar
el problema; también estoy analizando la enorme
capacidad y naturaleza de los programas de
televisión: cómo ponen a la gente en contra de
sí mismos. Todas estas listas de todos estos
juegos, concursos, competencias... tenemos que
encontrar la forma de eliminarlos.
Eso no es tan
fácil porque nos comunicamos en un ambiente
total que es muy adverso, que es muy competitivo.
Nuestro sistema
legal hace que las personas se pongan en contra
de otras personas; los sistemas
políticos lo hacen también; nuestros
sistemas de deportes también lo hacen, y
también nuestros sistemas educativos se han
convertido en algo tremendamente competitivo.
Como una de las
grandes lástimas de nuestros tiempos, es
que en nuestras instituciones educativas damos
tanto énfasis a ser el mejor: ser la mejor
universidad, o teniendo las mejores
calificaciones, teniendo las más altas
puntuaciones. Y en esta competitividad hacemos
algo terrible: arruinamos una gran cantidad de
talento porque la mayoría de las personas no
puede vivir con estas situaciones competitivas;
hay muy pocos que pueden sobrevivir a esto.
Así es que
hacemos esto con una tremenda violencia, y es la
forma en la que educamos a nuestra
generación.
En el campo de
la educación musical -que es muy querida para mi
corazón- hay algo horrible sucediendo en todo el
mundo: estamos entrenando a los niños para ser
músicos y ser el mejor pianista, el mejor
violinista; y los mandamos a concursos porque
tenemos que ganar premios y reconocimientos y
esto arruina los talentos.
Las multifaces,
desgraciadamente, desalientan a tantas personas
que de otra forma se hubieran convertido en
grandes músicos. Es una educación que sólo
tiene que ver con una sección, con los mejores.
Y puede hacerse
de forma diferente porque Portugal tiene a una de
las mejores interpretes de piano, María Pires, y
cuando ella toca, o pone sus manos sobre el
teclado y toca a Schubert, no puedes evitar
llorar porque de alguna manera te toca
emocionalmente.
María Pires
dice: "Mis estudiantes jamás participarán
en un concurso internacional. No acepto el hecho
de que ellos ganen premios o reconocimientos. Yo
voy a enseñarles el amor por la música, el amor
por el piano -este maravilloso instrumento-, el
amor por los compositores".
Vean ustedes
cómo utiliza una frase muy hermosa: "No
hagas que la música luche contra sí misma, sino
que trabaje consigo misma."
Yo quiero usar
esta frase para nuestra conferencia: ¿Podemos
empezar a aprender a comunicarnos entre nosotros,
más que comunicarnos contra nosotros mismos?
¿Podrían los medios jugar un papel importante
en esto? Sí.
No ciertamente
los sistemas comerciales principales
-ahí no tengo ninguna esperanza de su
apoyo-, pero pienso en lo que son las emisiones
radiofónicas de servicio público, lo que son
las radios comunitarias; ellas pueden mostrarnos
lo que son las mejores prácticas. Pueden
mostrarnos modelos de comunicación no
violenta, y decirle a la
gente cómo hacer esto. Pueden
demostrar qué tan hermoso puede ser un diálogo.
Podrían
desarrollarse en televisión, y luego el la
radio; pueden crear también espacios
públicos en los cuales podremos empezar a
experimentar esta nueva forma de comunicación
con esta forma no violenta del diálogo y la
comunicación.
Para concluir,
señor moderador, cuando pienso en estos temas,
pienso que no será fácil: somos un animal tan
extraño como seres humanos que no será
fácil porque escuchamos estas cosas y decimos:
"Sí, sí, está maravilloso", pero nos
vamos a casa y hacemos exactamente lo opuesto.
Así somos; es algo sin esperanza.
Cuando pienses
que tu vida está sin esperanza, piensa en
aquella persona que se robó los caballos del
Sultán.
Es muy tonto
robarte los caballos del Sultán, porque el
Sultán dice:
-Como te robaste
mis caballos, te voy a mandar ejecutar. -Y el
bandido dice:
-Pero
excelencia, quizás podamos repensar esto y
podamos renegociarlo. Si yo puedo enseñarle a
sus caballos a volar en el lapso de un año,
¿me dejará libre? - Y el Sultán le dice:
-¿Cómo sucede
eso? Me gustaría verlo.
Él bandido
llega a casa y le dicen:
-Eres un idiota.
¡Cómo puedes haber dicho que les vas a
enseñar a los caballos a volar!
-Pues míralo de
esta forma -responde el bandido-. A lo mejor
durante el año, se muere el Sultán; quizás
durante este año, se mueren los caballos; y
quizás los caballos pueden aprender a volar, y
eso me llevará adelante.
Muchas gracias
por su atención.
* Cees
Hamelink estudió
filosofía y psicología en Amsterdam. Es
catedrático de Comunicación Internacional en la
Universidad de Amsterdam y de Medios de
Comunicación, Religión y Cultura en la
Universidad Libre de Amsterdam. Experto en
comunicación y asesor del secretario general de
Naciones Unidas. Esta es su ponencia en el III Encuentro
Internacional de la Radio,
celebrado en la Ciudad de México del 4 al 6 de
mayo del 2005, organizado por Radio Nederland y la Red Nacional de Radiodifusoras y
Televisoras Educativas y Culturales, de México. © Radio Nederland
Wereldomroep, all rights reserved.
|