Bilbeny y
la esperanza del mundialismo democrático
Antonio
Ruiz Camacho *
Norbert
Bilbeny respondió a una pregunta más
exhibicionista que provocadora, con palabras que
conmovieron a la audiencia: "Desde luego que
la esperanza es para nosotros, porque no nos
tocará ver nada de lo que estamos hablando. Si
pudiéramos verlo hablaríamos de espera, no de
esperanza".
Optimista
moderado pero decidido a defender a capa y espada
hasta el más débil indicio de nobleza humana,
Bilbeny sacó así brillo a aquella
participación fallida, una de las pocas de este
tipo que hubo durante el encuentro que este
catalán de 46 años y paladar de ave tuvo con
Periodistas de Investigación (PDI) el pasado
jueves 24 de junio en la Ciudad de México.
Durante esa
semana, Bilbeny --profesor titular de Filosofía
Moral y Política de la Universidad de
Barcelona-- estuvo en México por primera vez
para impartir un seminario en la Maestría de
Comunicación de la Universidad Iberoamericana.
Los escasos
cinco días que duró su visita fueron
insuficientes para cumplir con las ofertas de
entrevista, encuentro, desayuno, comida o acaso
algunos minutos que avasallaron y, en realidad,
sorprendieron a Bilbeny.
Y es que con su
libro La Revolución en la Etica, hábitos y
costumbres en la sociedad digital, que
recibió el Premio Anagrama de Ensayo en 1997,
este investigador invitado en Berkeley, Harvard y
el CNRS de París se ha convertido en un punto de
referencia obligado en el debate sobre las
implicaciones éticas de la comunicación no
presencial, como él mismo ha definido toda
relación humana sostenida mediante redes y
soportes digitales.
El número de
asistentes al encuentro con Bilbeny organizado
por PDI -cercano a 30 personas- confirmó que, al
menos para un sector del gremio con
características muy particulares determinadas en
gran parte por su juventud, uno de los temas con
más necesidad y clamor de debate entre
periodistas es el de la ética.
Ahí Bilbeny
habló en principio del proyecto que le ocupa: la
búsqueda de una ética intercultural cuyo
escenario natural sería el mundialismo
democrático, éste último un concepto acuñado
por él, contrario al de globalización pero con
características comunes.
En opinión del
catalán, actualmente se vive un globalismo
neoliberal, en el cual las fuerzas máximas del
poder económico intentan instaurar sobre todo el
orbe un sólo sistema moral además de comercial.
Este globalismo abreva de los principios
neoliberales que le han dado fuerza, mientras
desconoce las características propias de cada
región.
"Lo global
no es lo mundial", dijo Bilbeny en relación
tácita con la fuerte inspiración eurocentrista
de la globalización, que ignora cualquier otra
forma de pensamiento y código moral.
La instauración
de un modelo democrático de alcance mundial, en
contraste, vendría a equilibrar la
participación de todos los ciudadanos del orbe
sin hacer distinción del estado-nación al que
pertenecen. Ya fueran del norte o del sur, todas
las regiones del mundo apelarían a un gobierno
global.
Este modelo de
organización política mundial -ahondó Bilbeny-
requiere de un código de conducta compartido por
todas las tradiciones culturales, lo que ya en La
revolución en la ética él mismo había
titulado como "mínimo común moral".
Este conjunto de
cánones básicos no podría estar inspirado en
creencias religiosas ni en tradiciones morales
locales, ya que ciertos actos, por mencionar
sólo un ejemplo, pueden ser éticamente
condenables en el ámbito judeocristiano mientras
que en el ámbito musulmán o en su contraparte
budista pueden resultar tolerables, y viceversa.
Así, este
hombre de cabellos largos y claros dijo apostar
por abrevar de principios meramente humanos para
delinear este mínimo común moral.
En La
revolución en la ética, Bilbeny escribió:
"Hay al
menos tres principios que pueden satisfacer la
orientación cognitiva de una ética de este
signo:
"1. Pensar
por uno mismo.
"2.
Imaginarse en el lugar del otro a la hora de
pensar.
"3. Pensar
de manera consecuente con uno mismo."
Durante el
encuentro con periodistas en PDI, Bilbeny no
explicó lo anterior a fondo y prefirió ir más
allá en su explicación del mundialismo
democrático que propone, o desea.
El resultado de
un comportamiento ético que tuviera en cuenta,
en su más bajo nivel, la humanidad del otro por
encima de cualquier prejuicio moral o religioso,
no sería otra cosa que el nacimiento de la
responsabilidad global y que, según explicó el
invitado, debería condenar en principio dos
cosas: la opresión en cualquier forma y en
cualquier sitio, y la hegemonía de una ética
monocultural.
Las preguntas
que siguieron a la intervención de Bilbeny
dirigieron la charla a dos temas principales: la
ética en los medios de comunicación y la
posibilidad de alcanzar el mundialismo
democrático propuesto por él.
Más de un
participante mencionó el reciente ataque de las
fuerzas de la OTAN sobre Kosovo y la nula
injerencia que la ONU tuvo en él, para minar la
apuesta de Bilbeny por un gobierno de carácter
mundial, éste último un concepto que un sector
de la audencia consideró utópico.
A esto Bilbeny
respondió, en principio, que el proyecto de
mundialismo democrático no es una utopía.
"Hay elementos reales para pensar que es
posible su asentamiento", reviró.
El catalán
acreditó los argumentos esgrimidos contra su
propuesta; sin embargo, prefirió ahondar en su
estructura para abrirle las puertas de los
asistentes. Dijo que este sistema mundialista
precisará de la dilución de la soberanía y la
razón de Estado de los países, y repitió algo
que había dicho con anterioridad durante una
entrevista concedida a El Financiero:
"El Estado
entraña siempre razón de Estado -el último
elemento de autoritarismo que le queda a la
democracia- y eso implica plutocracia. Por tanto
sería una contradicción admitir la coexistencia
de un Estado junto a un gobierno democrático. Un
Estado puede ser democrático, incorporar la
democracia en sus prácticas y en su
Constitución, pero nunca va a ser íntegramente
democrático mientras siga apelando a su propia
razón.
"Hay que
repensar el modelo federal fuera de los límites
y principios que pertenecían al Estado concebido
clásicamente sobre un territorio determinado
bajo el imperativo de su propia razón. Se trata
de un ordenamiento internacional de paz que
permita la gobernación planetaria pero que, a la
vez, evite la centralización y la razón de
Estado elevada a categoría mundial."
Bilbeny dijo
además que es posible abonar en favor de este
proyecto, con dos posturas iniciales: la primera,
con la crítica al desarrollo actual de la
política global y el comportamiento de los
gobiernos; la segunda, con el pregón y la
defensa de los dos valores máximos de la
democracia: la libertad y la igualdad.
En este sentido,
Claudia Fernández -una experimentada periodista
mexicana- explicó a Bilbeny la postura de buena
parte del gremio periodístico de este país
frente a la ética, un discurso que sin duda
apela a aquellos valores mencionados por el
invitado.
"Muchos
periodistas se resisten a hablar de ética en el
periodismo mexicano, argumentan que éste es un
país donde hay necesidades básicas que aún no
están resueltas y que es preciso abocarse a
ellas antes que ocupar el tiempo en discutir
asuntos como éste", señaló la periodista.
A esto, Bilbeny
señaló que, para atacar efectivamente la
pobreza y las brechas sociales, es preciso asumir
una postura moral de justicia. "Para que
haya reparto del pan debe haber primero el
reconocimiento del otro", dijo.
-¿Cree que la
ética es una preocupación latente en la
sociedad actual? ¿Los políticos están
conscientes de su ausencia? -preguntó otra de
las periodistas que asistieron aquel jueves al
encuentro.
-La necesidad de
una ética global es un ausente presente
-respondió Bilbeny a esta pregunta realizada
casi al final del encuentro, que duró poco más
de una hora-. Se sabe que está ausente, pero
llegará un momento en que se tendrá que
discutir su planeación.
Minutos después
Bilbeny se despidió de una audiencia que,
explicaría poco después, le sorprendió por su
interés en la necesidad de establecer
parámetros éticos en el periodismo mexicano.
"En España los periodistas no discuten
tanto esto de la ética", dijo, y pidió a
su acompañante que lo llevara, aunque fuera de
prisa y corriendo, a visitar la Casa Museo de
León Trotsky, una figura por la que el catalán
se siente atraído.
* Antonio
Ruiz Camacho es
reportero de asuntos especiales de El Financiero y miembro del Centro de Periodistas de
Investigación, A.C.
(IRE-México). Esta es su primera colaboración
con Sala
de Prensa. Si
desea conocer más sobre los planteamientos de
Bilbeny, dos libros suyos se encuentran en
librerías mexicanas: Política sin Estado,
Ariel, Barcelona 1998, en el que establece su
propuesta sobre el mundialismo democrático, y La
revolución en la ética. Hábitos y creencias en
la sociedad digital, Anagrama, Barcelona,
1997, en el que explica el mínimo común moral y
las implicaciones éticas de la comunicación no
presencial.
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