La radio en
los tiempos de la globalización y la
digitalización
Benjamín
Fernández Bogado *
Uno
de los medios de comunicación que nació
pensando en ser un instrumento de difusión de
las ideas sin límites de espacio ha sido la
radio. Las emisiones en onda corta lo prueban
antes que de existieran los satélites, la
inversión tanto en tecnología como en contenido
hicieron de este medio una herramienta que acerca
o a veces divide bajo conceptos ideológicos
diferentes la visión del ser humano en torno a
sí mismo y a sus ideas. La globalización
que es básicamente un fenómeno signado y
marcado por la comunicación y no por la
economía o la visión política de los hechos
que son su consecuencia ha despertado sin
embargo con razón una crítica en torno a la
calidad de los contenidos más que en el soporte
técnico donde su evolución ha sido más rápida
y elocuente que la otra que ha sido más lenta y
compleja que lo esperado. La digitalización de
la amplitud modulada sigue esperando a pesar de
los anuncios optimistas en torno a su evolución
que nos vienen de Europa, pero lo que vemos es
una crítica y una desconfianza ciudadanas hacia
la calidad del contenido que valdría la pena
detenernos a pensar de una manera más profunda
sin que la fascinación por la tecnología
termine acabando el mismo en una nueva forma de
fetichismo.
La palabra sufre
hoy de una crisis que encuentra en los medios su
manifestación más plena. Es cierto que vivimos
tiempos de incertidumbre, pero de ahí a que
autores como Wurhan concluyan que de tanto
recibir noticias y hechos transmitidos por los
medios conocemos menos y sabemos aun menos en
torno a cómo actuar ante estas situaciones, ya
es un caso grave. Aquel autor estadunidense
calificó al hecho como una nueva enfermedad que
se difunde a través de los medios y con eso
tituló su propio libro: Ansiedad informativa
(Information anxiety, del original en
inglés) Este tema sobre el que cabría sentarse
y profundizar nos lleva a plantearnos el desafío
de hacer de la radio un instrumento que por su
perfil y sentido se convierta en el recuperador
de la palabra como vínculo creativo y reflexivo
y que nos permita evitar caer en la ansiedad que
destruye o en la incertidumbre que devino en
atributo y referencia de los tiempos de la
globalización y la digitalización. Porque el
efecto de la evolución tecnológica no es sólo
cambiar de lo analógico a lo digital, hoy se
habla de un periodismo digital como contraste del
analógico distrayendo nuestra percepción en
torno al sujeto que es el verdadero referente en
estos tiempo. La crisis no está en el adjetivo
sino en el sujeto, es el periodista (sea
analógico o digital, si vale la clasificación)
el que debería redescubrirnos y maravillarnos
con un mejor uso de la palabra y una
articulación más creativa en torno a las
posibilidades que brindan hoy las nuevas
maravillas tecnológicas. Necesitamos más que
periodistas, exegetas de los tiempos que vivimos
y que vendrán y contadores de historias que no
reduzcan el verbo ni al insulto soez que degrada
y mucho menos al rumor malediciente que divide.
Debemos ser reconstructores de la palabra para, a
su paso, acabar con la ansiedad y la con
incertidumbre devenidos en virtudes del tiempo
que nos toca vivir.
La
radio como plaza pública
Hace falta una
radio que convierta sus programas en espacios
públicos de crecimiento. Si las plazas cumplían
ese rol físico en otros tiempos para convertirse
hoy en espacios físicos inseguros de nuestras
vidas, la radio tiene que ser la nueva plaza
pública que permita desde la palabra acercarnos,
maravillarnos y por sobre todo recrearnos la
eterna magia y encanto del verbo y no un espacio
anárquico e inseguro para todos. Nuestros
jóvenes están muy lejos del uso de la palabra
como herramienta para canalizar sentimientos de
alegría y frustración. Los chats y la
comunicación telefónicas vía celular hoy son
de un ahorro de palabras que incluso tienden a
establecer una nueva gramática en la
verbalización de la relación humana. Debemos
pensar en las radios de amplitud modulada cuyo
perfil en muchos casos se acerca más a la
utilización de palabras por sobre la música
como herramienta para redescubrir la capacidad de
contar pero también para acercar a comunidades
completas que hoy encuentran en la violencia
física en los estadios y calles una manera de
proyectar su bronca ante una realidad que no
entienden y a un futuro que casi no existe.
Thomas Emerson, en su tratado sobre libertades
públicas, hablaba de la importancia de la libre
expresión que, entre sus virtudes, tiene la
posibilidad de reducir los niveles de violencia,
debido a la posibilidad de administrar disensos a
través del civilizado método de la discusión
de las ideas. La radio tiene en ese sentido un
rol nuevo en esta globalización que descoloca y
cambia por completo la funcionalidad del edificio
social construido en los últimos 300 años.
Debemos centrarnos en nuestros contenidos.
Revisar el uso de la palabra para ver cómo
atraer audiencia y mantenerla a través de
programas que realmente sean atractivos y que
permitan entender el mundo que vivimos y por
sobre todo revalorizar a su paso la palabra como
el elemento fundacional de todo medio de
comunicación.
Hay
evidentemente una necesidad de estudiar el
contenido y el lenguaje de la radio. Ver cómo
combinar los recursos existentes. Radio Libre
creó hace un par de años su Centro Tecnológico
de Información y Comunicación (Ceticom), un
espacio para la formación de periodistas que
utilicen tecnología digital orientada hacia la
calidad de los contenidos radiales. Nuestra idea
es responder a una audiencia nueva que no tiene
opciones y a un público leal que no se maravilla
para nada ante una realidad viaje que sólo
recrea el pasado nostálgico pero que no responde
para nada ante audiencias emergentes o hechos
similares.
Necesidad
de un nuevo lenguaje
El diseño de
los formatos es otra de las claves de la radio
moderna que la digitalización nos presenta como
desafío. Hoy tenemos que reconvertir nuestras
radios en herramientas nuevas con formatos de
programas que respondan a la manera como nos
vemos y retratamos a la sociedad en la que
vivimos. Debemos ser innovadores en la
presentación de los mismos, utilizar los
programas de edición que vuelven más amigables
y fáciles la manera de estructuras programas y
buscar captar nuevos talentos que hoy no se
encuentran fácilmente en el mercado. Estamos en
Radio Libre convocando a nuevos talentos de radio
para que envíen en formatos wap o mp3 trabajos
que han sido editados en cool edit desde
sus casas y que nos presentan desafíos y
fórmulas nuevos. Debemos salir del ambiente
encasillado y rígido en el que vivimos durante
mucho tiempo. La radio tiene que salir en busca
de su audiencia, se acabó el tiempo en el que
los oyentes venían y los gerentes y
administradores así como los locutores
disfrutaban del misterio que representaba una voz
concentrada en un receptor. Hoy debemos buscar
nuevos nichos imaginativos en oyentes nuevos y en
espacios donde anteriormente no creíamos que
fuera posible hallar quiénes nos fuercen a
renovar.
Vivimos el siglo
del conocimiento, el mismo ahora es portátil
como la radio, cuya virtud de transportación
fácil revolucionó el concepto de cercanía y
desplazamiento de los medios. Sin embargo, hoy
estamos lejos del oyente, confusos ante su
lenguaje y dubitativos para innovar para usar las
herramientas nuevas. El Ceticom encontró, antes
de cumplir un año de vida, suficiente masa
crítica en sus alumnos que nos han permitido
variar esquemas, buscar reevaluarnos en el uso de
la palabra y por sobre todo ganarnos una
audiencia nueva. No ha sido fácil para una radio
como la nuestra apostar a esto en medio de la
mayor crisis económica del sector que se tenga
memoria. Pero no nos queda otra opción, lo otro
es simplemente perecer o entregarnos a alguna
secta que nos anuncia el Apocalipsis inmediato y
cercano. Creo que la crisis es un momento de
oportunidades y miedos. Debo concluir que la
experiencia de los medios en Paraguay ha
demostrado que es más fácil canalizar la
frustración de la gente apuntando al corazón de
su bilis y hacer de la radio en una especie de
vomitatorio público o de catarsis colectiva,
donde la desgracia de uno pasa a convertirse en
elemento de socialización y disfrute colectivo.
La globalización, tan demonizada por muchos, es
un realidad y la radio nunca huyó de ella,
siempre la vio como una manera de llegar más
lejos, y en ese sentido la innovación
tecnológica supone hoy con Internet una
maravillosa forma de acercarnos a un público
nuestro que vivía muy lejos de nuestras
posibilidades tecnológicas y que hoy abarata
notablemente las posibilidades de estar cerca de
ellos. También creo que Internet es una
invitación para hacer de sus espacios y anchos
de banda una programación diferente. Ciertamente
hay muchos impedimentos aún en la región, pero
no sería mala idea comenzar a trabajar un
lenguaje en la red de redes que nos permita ganar
una audiencia extra o, porqué no, hacernos
propietarios de medios y con ello acabar el
pretexto esgrimido por muchos y por mucho tiempo,
de que no puedo ser bueno porque tengo un mal
propietario de radio encima. La tecnología hoy
nos permite ser dueños de nuestro propio cerebro
y lengua, en ese sentido Internet es el fin de
muchas excusas en las cuales algunos encontraban
fundamentos y otros, simples pretextos para
encubrir mediocridades y limitaciones.
Oportunidades
por sobre el fetichismo
En la
globalización y la digitalización, la radio
tiene mucho por ganar en términos técnicos,
pero no debe fascinarnos ello sin entender que al
mismo tiempo y completamente independiente a los
medios de transmisión hay un grave problema del
lenguaje en la radio que necesita incorporar
talentos de inmediato; debemos evaluar de forma
crítica qué es aquello que no funciona como
debiera y en especial respondernos el porqué.
Sería bueno que desde la radio escucháramos
más a la audiencia, nos acercáramos a públicos
potenciales a los que tenemos abandonados hace
demasiado tiempo. Es preciso vernos reflejados en
esa misma angustia de la gente ante la
incertidumbre, acaso lo único cierto en los
tiempos que vivimos. Pero para eso hace falta
redescubrir la palabra en su fase creadora,
lúdica y, por sobre todo, cercana y auténtica,
no exenta de inconformismo ni de crítica.
En términos de
integración regional, creo que la radio debe
jugar un rol más activo. El fracaso de América
Latina es no haber entendido nunca que mientras
no haya una integración que funcione a nivel
cultural, los acuerdos políticos y económicos
nunca podrán concretarse más allá de las fotos
de ocasión que los políticos se toman cada
cierto tiempo. Internet ha abaratado los costos,
es cuestión de echar mano a este nuevo medio de
comunicación y montarnos en su tecnología
desafiantemente barata para apoyarnos en nuestra
infraestructura radial para hacer la verdadera
revolución del lenguaje, que es lo que de verdad
necesitamos en estos tiempos de la
globalización, en donde las cifras y la
estadísticas pretender acabar la comprensión de
hechos complejos que sólo a través del lenguaje
podrían ser comprendidos.
Mucho se
avanzaría si, desde la radio, la palabra
redescubre la relación con sus oyentes fieles y
gana espacios entre los jóvenes. Si lo podemos
hacer de forma innovadora y creativa, habremos
disminuido la incertidumbre, la frustración y el
malestar que genera la globalización y el cambio
de los paradigmas en la producción, así como
evitaríamos caer en el fetichismo tecnológico
que reduce a la comunicación a una compresión
de bandas y calidad de emisión.
*
Benjamín Fernández Bogado es abogado y periodista paraguayo,
director del Instituto Prensa y Libertad, y colaborador de SdP.
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