Sala de Prensa

81-82
Julio-Agosto 2005
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La radio en los tiempos de la globalización y la digitalización

Benjamín Fernández Bogado *

Uno de los medios de comunicación que nació pensando en ser un instrumento de difusión de las ideas sin límites de espacio ha sido la radio. Las emisiones en onda corta lo prueban antes que de existieran los satélites, la inversión tanto en tecnología como en contenido hicieron de este medio una herramienta que acerca o a veces divide bajo conceptos ideológicos diferentes la visión del ser humano en torno a sí mismo y a sus ideas. La globalización –que es básicamente un fenómeno signado y marcado por la comunicación y no por la economía o la visión política de los hechos que son su consecuencia– ha despertado sin embargo con razón una crítica en torno a la calidad de los contenidos más que en el soporte técnico donde su evolución ha sido más rápida y elocuente que la otra que ha sido más lenta y compleja que lo esperado. La digitalización de la amplitud modulada sigue esperando a pesar de los anuncios optimistas en torno a su evolución que nos vienen de Europa, pero lo que vemos es una crítica y una desconfianza ciudadanas hacia la calidad del contenido que valdría la pena detenernos a pensar de una manera más profunda sin que la fascinación por la tecnología termine acabando el mismo en una nueva forma de fetichismo.

La palabra sufre hoy de una crisis que encuentra en los medios su manifestación más plena. Es cierto que vivimos tiempos de incertidumbre, pero de ahí a que autores como Wurhan concluyan que de tanto recibir noticias y hechos transmitidos por los medios conocemos menos y sabemos aun menos en torno a cómo actuar ante estas situaciones, ya es un caso grave. Aquel autor estadunidense calificó al hecho como una nueva enfermedad que se difunde a través de los medios y con eso tituló su propio libro: Ansiedad informativa (Information anxiety, del original en inglés) Este tema sobre el que cabría sentarse y profundizar nos lleva a plantearnos el desafío de hacer de la radio un instrumento que por su perfil y sentido se convierta en el recuperador de la palabra como vínculo creativo y reflexivo y que nos permita evitar caer en la ansiedad que destruye o en la incertidumbre que devino en atributo y referencia de los tiempos de la globalización y la digitalización. Porque el efecto de la evolución tecnológica no es sólo cambiar de lo analógico a lo digital, hoy se habla de un periodismo digital como contraste del analógico distrayendo nuestra percepción en torno al sujeto que es el verdadero referente en estos tiempo. La crisis no está en el adjetivo sino en el sujeto, es el periodista (sea analógico o digital, si vale la clasificación) el que debería redescubrirnos y maravillarnos con un mejor uso de la palabra y una articulación más creativa en torno a las posibilidades que brindan hoy las nuevas maravillas tecnológicas. Necesitamos más que periodistas, exegetas de los tiempos que vivimos y que vendrán y contadores de historias que no reduzcan el verbo ni al insulto soez que degrada y mucho menos al rumor malediciente que divide. Debemos ser reconstructores de la palabra para, a su paso, acabar con la ansiedad y la con incertidumbre devenidos en virtudes del tiempo que nos toca vivir.

La radio como plaza pública

Hace falta una radio que convierta sus programas en espacios públicos de crecimiento. Si las plazas cumplían ese rol físico en otros tiempos para convertirse hoy en espacios físicos inseguros de nuestras vidas, la radio tiene que ser la nueva plaza pública que permita desde la palabra acercarnos, maravillarnos y por sobre todo recrearnos la eterna magia y encanto del verbo y no un espacio anárquico e inseguro para todos. Nuestros jóvenes están muy lejos del uso de la palabra como herramienta para canalizar sentimientos de alegría y frustración. Los chats y la comunicación telefónicas vía celular hoy son de un ahorro de palabras que incluso tienden a establecer una nueva gramática en la verbalización de la relación humana. Debemos pensar en las radios de amplitud modulada cuyo perfil en muchos casos se acerca más a la utilización de palabras por sobre la música como herramienta para redescubrir la capacidad de contar pero también para acercar a comunidades completas que hoy encuentran en la violencia física en los estadios y calles una manera de proyectar su bronca ante una realidad que no entienden y a un futuro que casi no existe. Thomas Emerson, en su tratado sobre libertades públicas, hablaba de la importancia de la libre expresión que, entre sus virtudes, tiene la posibilidad de reducir los niveles de violencia, debido a la posibilidad de administrar disensos a través del civilizado método de la discusión de las ideas. La radio tiene en ese sentido un rol nuevo en esta globalización que descoloca y cambia por completo la funcionalidad del edificio social construido en los últimos 300 años. Debemos centrarnos en nuestros contenidos. Revisar el uso de la palabra para ver cómo atraer audiencia y mantenerla a través de programas que realmente sean atractivos y que permitan entender el mundo que vivimos y por sobre todo revalorizar a su paso la palabra como el elemento fundacional de todo medio de comunicación.

Hay evidentemente una necesidad de estudiar el contenido y el lenguaje de la radio. Ver cómo combinar los recursos existentes. Radio Libre creó hace un par de años su Centro Tecnológico de Información y Comunicación (Ceticom), un espacio para la formación de periodistas que utilicen tecnología digital orientada hacia la calidad de los contenidos radiales. Nuestra idea es responder a una audiencia nueva que no tiene opciones y a un público leal que no se maravilla para nada ante una realidad viaje que sólo recrea el pasado nostálgico pero que no responde para nada ante audiencias emergentes o hechos similares.

Necesidad de un nuevo lenguaje

El diseño de los formatos es otra de las claves de la radio moderna que la digitalización nos presenta como desafío. Hoy tenemos que reconvertir nuestras radios en herramientas nuevas con formatos de programas que respondan a la manera como nos vemos y retratamos a la sociedad en la que vivimos. Debemos ser innovadores en la presentación de los mismos, utilizar los programas de edición que vuelven más amigables y fáciles la manera de estructuras programas y buscar captar nuevos talentos que hoy no se encuentran fácilmente en el mercado. Estamos en Radio Libre convocando a nuevos talentos de radio para que envíen en formatos wap o mp3 trabajos que han sido editados en cool edit desde sus casas y que nos presentan desafíos y fórmulas nuevos. Debemos salir del ambiente encasillado y rígido en el que vivimos durante mucho tiempo. La radio tiene que salir en busca de su audiencia, se acabó el tiempo en el que los oyentes venían y los gerentes y administradores así como los locutores disfrutaban del misterio que representaba una voz concentrada en un receptor. Hoy debemos buscar nuevos nichos imaginativos en oyentes nuevos y en espacios donde anteriormente no creíamos que fuera posible hallar quiénes nos fuercen a renovar.

Vivimos el siglo del conocimiento, el mismo ahora es portátil como la radio, cuya virtud de transportación fácil revolucionó el concepto de cercanía y desplazamiento de los medios. Sin embargo, hoy estamos lejos del oyente, confusos ante su lenguaje y dubitativos para innovar para usar las herramientas nuevas. El Ceticom encontró, antes de cumplir un año de vida, suficiente masa crítica en sus alumnos que nos han permitido variar esquemas, buscar reevaluarnos en el uso de la palabra y por sobre todo ganarnos una audiencia nueva. No ha sido fácil para una radio como la nuestra apostar a esto en medio de la mayor crisis económica del sector que se tenga memoria. Pero no nos queda otra opción, lo otro es simplemente perecer o entregarnos a alguna secta que nos anuncia el Apocalipsis inmediato y cercano. Creo que la crisis es un momento de oportunidades y miedos. Debo concluir que la experiencia de los medios en Paraguay ha demostrado que es más fácil canalizar la frustración de la gente apuntando al corazón de su bilis y hacer de la radio en una especie de vomitatorio público o de catarsis colectiva, donde la desgracia de uno pasa a convertirse en elemento de socialización y disfrute colectivo. La globalización, tan demonizada por muchos, es un realidad y la radio nunca huyó de ella, siempre la vio como una manera de llegar más lejos, y en ese sentido la innovación tecnológica supone hoy con Internet una maravillosa forma de acercarnos a un público nuestro que vivía muy lejos de nuestras posibilidades tecnológicas y que hoy abarata notablemente las posibilidades de estar cerca de ellos. También creo que Internet es una invitación para hacer de sus espacios y anchos de banda una programación diferente. Ciertamente hay muchos impedimentos aún en la región, pero no sería mala idea comenzar a trabajar un lenguaje en la red de redes que nos permita ganar una audiencia extra o, porqué no, hacernos propietarios de medios y con ello acabar el pretexto esgrimido por muchos y por mucho tiempo, de que no puedo ser bueno porque tengo un mal propietario de radio encima. La tecnología hoy nos permite ser dueños de nuestro propio cerebro y lengua, en ese sentido Internet es el fin de muchas excusas en las cuales algunos encontraban fundamentos y otros, simples pretextos para encubrir mediocridades y limitaciones.

Oportunidades por sobre el fetichismo

En la globalización y la digitalización, la radio tiene mucho por ganar en términos técnicos, pero no debe fascinarnos ello sin entender que al mismo tiempo y completamente independiente a los medios de transmisión hay un grave problema del lenguaje en la radio que necesita incorporar talentos de inmediato; debemos evaluar de forma crítica qué es aquello que no funciona como debiera y en especial respondernos el porqué. Sería bueno que desde la radio escucháramos más a la audiencia, nos acercáramos a públicos potenciales a los que tenemos abandonados hace demasiado tiempo. Es preciso vernos reflejados en esa misma angustia de la gente ante la incertidumbre, acaso lo único cierto en los tiempos que vivimos. Pero para eso hace falta redescubrir la palabra en su fase creadora, lúdica y, por sobre todo, cercana y auténtica, no exenta de inconformismo ni de crítica.

En términos de integración regional, creo que la radio debe jugar un rol más activo. El fracaso de América Latina es no haber entendido nunca que mientras no haya una integración que funcione a nivel cultural, los acuerdos políticos y económicos nunca podrán concretarse más allá de las fotos de ocasión que los políticos se toman cada cierto tiempo. Internet ha abaratado los costos, es cuestión de echar mano a este nuevo medio de comunicación y montarnos en su tecnología desafiantemente barata para apoyarnos en nuestra infraestructura radial para hacer la verdadera revolución del lenguaje, que es lo que de verdad necesitamos en estos tiempos de la globalización, en donde las cifras y la estadísticas pretender acabar la comprensión de hechos complejos que sólo a través del lenguaje podrían ser comprendidos.

Mucho se avanzaría si, desde la radio, la palabra redescubre la relación con sus oyentes fieles y gana espacios entre los jóvenes. Si lo podemos hacer de forma innovadora y creativa, habremos disminuido la incertidumbre, la frustración y el malestar que genera la globalización y el cambio de los paradigmas en la producción, así como evitaríamos caer en el fetichismo tecnológico que reduce a la comunicación a una compresión de bandas y calidad de emisión.


* Benjamín Fernández Bogado es abogado y periodista paraguayo, director del Instituto Prensa y Libertad, y colaborador de SdP.


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