Los motivos
de Garganta Profunda
J.
Jesús Esquivel *
WASHINGTON, D.C.- Me
enteré de que la Casa Blanca frecuentemente se
quejó de que yo era Garganta Profunda, la fuente
(de información) misteriosa en quien Woodward y
Bernstein se apoyaron para escribir sus
sensacionales historias sobre Watergate
Nunca filtré información a Woodward y Bernstein
ni a ningún otro, dice Mark Felt en la
página 226 del libro La pirámide del FBI
desde adentro, publicado en 1979 por la
editorial Putnam.
El secreto mejor
resguardado de la vida política en Washington,
por lo menos durante 33 años, lo reveló Joan
Felt, la única hija de W. Mark Felt, quien fuera
subdirector del Buró Federal de Investigaciones
(FBI) durante el escándalo Watergate con la
anuencia del mismo Garganta Profunda que, a sus
91 años, padece de problemas de coordinación
mental a consecuencia de una embolia cerebral, de
acuerdo con John D. OConnor, abogado de
Joan.
Héroe, villano,
mito, leyenda y misterio, son algunos de los
adjetivos que ha recibido Garganta Profunda ahora
que se conoció su identidad y se ha abierto un
debate respecto de su integridad y ética como
exempleado del gobierno federal. Su libro, un
fracaso editorial hace 26 años, retirado ya de
los inventarios de las librerías comerciales y
que, ahora que se reveló el secreto, alcanzó
precios desorbitados, podría ser una
explicación para los que buscan una respuesta a
la interrogante sobre las razones históricas por
las cuales Felt contribuyó a la caída del
gobierno de Nixon.
El
mismo día que Vanity Fair dio a conocer
la identidad de Garganta Profunda, varios medios
de comunicación tildaron a Felt de
resentido y apuntaron que entregó la
información a Woodward y Bernstein como un acto
de venganza contra Nixon por no haberlo nombrado
director del FBI.
Por el
contrario, sus defensores alegan que Felt lo hizo
porque quería preservar la independencia e
integridad del FBI ante las intenciones de Nixon
de usar a la agencia investigadora como
instrumento para encubrir actos de corrupción
política.
Nunca
nadie de la Casa Blanca de Nixon me dijo por qué
era yo el principal sospechoso, pero su
razonamiento, ahora, es obvio. Se supone que
tendría celos de Gray por haber recibido la
designación como director interino. Ellos
pensaban que por mi alta posición en el FBI eso
me daba acceso a toda la información sobre
Watergate y que se la estaba proporcionando a
Woodward y Bernstein, como un esfuerzo por
desacreditar a Gray para que fuera removido del
puesto y así yo tuviera otra oportunidad,
subraya Felt en su libro, convertido de pronto en
una de las obras más buscadas en Estados Unidos.
Fiel a su pedigree
como soldado del FBI, Felt abre en sus
memorias muchas interrogantes, pero también da
pistas que, ahora que se conoce el papel que
jugó en el escándalo Watergate, revelan que si
hubiesen sido cuidadosamente analizadas por
historiadores e investigadores habrían sido la
clave para desenmascarar a Garganta Profunda.
Tras su retiro,
el 22 de junio de 1973, luego de 37 años de
servicio, Felt anota en sus memorias: Desde
mi jubilación he sido perseguido por el Poder
Ejecutivo, presionado por el Poder Legislativo y
acosado legalmente por el Sistema Judicial;
siempre todos preocupados por los asuntos que
manejé como subdirector del FBI, cuando siempre
di lo mejor de mí para servir a los intereses de
mi país.
El 2 de mayo de
1972 murió J. Edgar Hoover, legendario director
del FBI, quien fuera mentor y uno de los hombres
más admirados por Felt. Exactamente 26
horas y 10 minutos después de que se anunció la
muerte de Hoover, el presidente nombro a L.
Patrick Gray III como director interino del FBI;
un comandante de un submarino en la Segunda
Guerra Mundial, abogado, político menor del
estado de Connecticut y subsecretario del
Departamento de Justicia, destaca Garganta
Profunda en su libro.
Felt manifiesta
a cada momento en sus memorias el desprecio que
sentía por Gray, a quien consideraba un espía
de Nixon dentro de la organización dedicado a
destruir la reputación de Hoover y la
independencia del FBI con respecto al
Departamento de Justicia y la Casa Blanca.
Escribe Garganta Profunda: Por supuesto que
ahora está perfectamente claro que hubiera sido
mucho mejor haberme retirado el 2 de mayo de
1972, el día que murió Hoover. En ese momento
habría logrado recibir el salario más alto
dentro del FBI así como los beneficios para mi
jubilación, sin embargo, decidí quedarme un
rato mas para ayudar a Gray, que no sólo era un
neófito en el FBI, sino también para la
profesión de aplicar la ley.
Felt menciona la
palabra Watergate tan sólo en dos páginas de su
libro, en la 226 y en 12 donde dice:
Durante mis últimos 13 meses de servicio
en el FBI me puse muchos sombreros tratando de
proteger al nuevo director al tiempo que hacia
frente a los intricados problemas de
investigación del Watergate.
También hace
una denuncia sobre las intenciones de Nixon de
imponer sus intereses políticos por encima de la
ética judicial de las agencias federales del
gobierno de Estados Unidos. Las
consideraciones políticas con frecuencia se
imponen sobre el profesionalismo y para la
desventaja del FBI, lo que es el epítome del
profesionalismo para la aplicación de la
ley.
En 1980, el
presidente de Estados Unidos Ronald Reagan,
mediante sus poderes ejecutivos, perdonó a Felt
de los delitos que le imputó una Corte Federal
en relación con sus labores que como agente del
FBI realizó a finales de la década de los
sesenta y principios de los setenta al investigar
e intimidar a una agrupación juvenil.
Destaca al
respecto Garganta Profunda: El país
enfrentaba una guerra guerra civil
pero sólo unos cuantos lo sabían. The
Weather Underground (la agrupación juvenil),
pupilos de los cubanos y autoproclamados como
revolucionarios comunistas, públicamente le
declararon la guerra a Estados Unidos. Se
achacaron la autoría de varios ataques con
bombas y tenían lazos con Fidel Castro. Estos
jóvenes anarquistas creían que podían
destituir al gobierno a través de la fuerza y la
violencia.
Felt, quien
inicia su libro con el relato de este caso, se
declara orgulloso de haber combatido a la
agrupación.
Pero mis
condecoraciones ganadas en esta guerra se cayeron
cuando el 10 de abril de 1978, el procurador
General de Justicia Griffin Bell anunció que yo,
junto con mis colegas L. Patrick Gray III y
Edward S. Miller, habíamos sido encausados
judicialmente por un Gran Jurado Federal en
Washington, D. C., por violar los derechos
civiles de los miembros y seguidores de Weather
Underground.
A 26 años de la
publicación de las memorias de Felt y a casi
cuatro de los ataques terroristas del martes 11
de septiembre de 2001 contra Nueva York,
Washington y Pennsylvania, La pirámide del
FBI desde adentro desmiente las declaraciones
del presidente George W. Bush, quien luego de los
ataques terroristas imputados al saudita Osama
Bin Laden y a su presunta agrupación terrorista
Al Qaeda, señaló que en Estados Unidos no
existieron grupos terroristas ni se planearon
ataques para realizarse dentro del territorio
estadunidense.
A
principios de los años setenta, Al Fatah, el ala
militar de la Organización para la Liberación
Palestina, planeó una serie de actos terroristas
en Estados Unidos, planes que se evaporaron
cuando el FBI comenzó el programa de injerencia
y entrevistas profundas con todos los adherentes
de Al Fatah en Estados Unidos. Entre los grupos
terroristas que había en esa época en Estados
Unidos se contaba a Weather Underground,
una banda hombres y mujeres jóvenes que
aspiraban alcanzar un nivel de notoriedad en este
país similar al que lograron los Tupamaros
en Sudamérica, el Ejército Rojo en Japón y el
brazo terrorista de la Organización para la
Liberación Palestina, indica Felt.
Sobre las
sospechas que tenía sobre la designación de
Gray, Garganta Profunda establece que Nixon,
mediante su protegido, quería tener acceso a
otro de los grandes misterios políticos de
Washington: los archivos secretos de Hoover, tal
y como relata en la página 186 del libro.
Señor
Gray le dije, el Buró
no tiene ningún documento secreto; hay miles y
miles de expedientes con información despectiva,
algunos de los cuales se obtuvieron a través de
investigaciones del FBI. Hay documentos con
información extremadamente sensible y
confidencial sobre investigaciones de espionaje.
Muchos de nuestros documentos están clasificados
como top secret o
confidencial, bajo las reglas que
gobiernan a todas las agencias (federales).
Mark me
dijo, no estoy hablando de
documentos comunes y corrientes. Todo mundo sabe
que Hoover tenía sus propios documentos secretos
con información despectiva y datos de gente
importante.
En otro
fragmento de las memorias de Garganta Profunda,
da entender que Nixon estaba seguro de que la
información sobre Watergate que a través de
Woodward y Bernstein dio a conocer el Post provenía
del FBI. Sin embargo, el autor del libro no es
explícito. Es posible que sea tan sólo una de
las muchas pistas que soltó en 1979 y que nadie
tomo en cuenta en ese momento: Llegaban
filtraciones procedentes de la Casa Blanca de que
el presidente Nixon estaba insatisfecho con el
FBI, que se negaba a aceptar el mandato de
convertirse en una arma política.
Hombre íntegro,
como lo describe Woodward ahora que se dio a
conocer su identidad secreta, W. Mark Felt,
denunció algunos de los abusos de poder que Gray
cometió al asumir el puesto de director interino
del FBI, pero en el que no pudo permanecer porque
nunca fue ratificado por el Senado estadunidense.
Entre una
de sus primeras acciones como director del FBI,
Gray instaló una cocina y una panadería cerca
de su oficina; para esto se contrató a un
cocinero con un salario de 10 mil dólares
anuales. Para cubrir el gasto de la cocina,
panadería y cocinero se obligó a cada uno de
los miembros de la Conferencia Ejecutiva a pagar
25 dólares para adquirir el primer pedido de
alimentos que se almacenaría en el refrigerador.
Gray también instaló un bar en su oficina y
ordenó la compra de una gran mesa para
conferencias que costó 5 mil dólares y que al
final rechazó porque estaba terminada en
formica, relata Felt.
* J.
Jesús Esquivel es
corresponsal en Washington de la revista mexicana
Proceso, la cual obtuvo copias fotostáticas
del libro de Felt que se encuentra en la
biblioteca de The Washington Post. Este
texto se publicó en el número 1492, de junio de
2005, y se reproduce con la autorización expresa
del editor de la sección Internacional.
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