La prensa en Estados Unidos:
El
imperio de la propaganda y el secretismo
William
Fisher *
NUEVA YORK, 2
de mayo (IPS).- La
libertad de prensa cotiza a la baja en Estados
Unidos, sumergida por una ola gubernamental de
secretismo y propaganda, advierten veteranos de
los medios de comunicación, analistas y
activistas.
A pesar de que cierta sabiduría
convencional indica que los medios estadunidenses
son los más libres del mundo, este país ha
sufrido "destacables retrocesos" en la
materia, a tal punto que se ha deslizado en la
lista de países calificados por la organización
especializada Freedom House.
Esta institución con sede en
Nueva York indicó, en su informe anual divulgado
en vísperas del Día Internacional de la
Libertad de Prensa que se celebra el 3 de mayo,
que los periodistas que en 2004 trabajaron con
menos cortapisas fueron los de Finlandia,
Islandia y Suecia.
En cambio, las peores
restricciones se registraron en Corea del Norte,
Birmania, Cuba y Turkmenistán.
Estados Unidos se ubicó, junto
con Barbados, Canadá, Dominica, Estonia y
Letonia, en el lugar 25 entre los 194 países
analizados en el informe.
Los países fueron calificados de
acuerdo con la observación de tres parámetros:
el ámbito legal en que operan los medios, las
influencias políticas sobre el reportaje
periodístico y el acceso a la información, y
las presiones económicas para determinar el
contenido y la divulgación de noticias.
Freedom House consideró que la
calificación de Estados Unidos cayó, en parte,
debido a "varios casos legales en que los
fiscales procuraron obligar a los periodistas a
revelar sus fuentes o entregar sus notas u otros
materiales recogidos por ellos en el curso de
investigaciones".
Judith Miller, del diario The New
York Times, y Matthew Cooper, de la revista Time,
por ejemplo, se han arriesgado a condenas de
prisión por negarse a identificar a sus fuentes
de reportajes que derivaron en la identificación
pública de una agente secreta de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA).
Ni Miller ni Cooper escribieron
informes para sus publicaciones por el caso, pero
el columnista Robert Novak identificó a la
agente. De todos modos, el gobierno exige a esos
dos periodistas que entreguen toda la
información que poseen.
Miller y Cooper perdieron sus
casos en los tribunales de primera instancia en
que se trató el asunto, y ahora elevarán sus
alegatos a la Corte Suprema de Justicia.
Por otra parte, las dudas sobre la
influencia gubernamental sobre los medios
cundieron cuando se supo que el gobierno de
George W. Bush pagaba a periodistas para que
respaldaran desde sus espacios posiciones
oficiales sin aclarar que eran subalternos de
Washington.
En un caso, el gobierno de George
W. Bush le pagó 240.000 dólares a un columnista
negro, Armstrong Williams, para que promoviera un
plan educativo oficial en su programa de
televisión, difundido en todo el país, y en su
columna publicada en una cadena de periódicos.
Williams, que pidió disculpas
públicamente por no haber advertido el conflicto
de intereses, también tuvo la misión de
convencer a otros periodistas negros de
participar en su cruzada.
Otros dos periodistas conocidos en
todo el país, Maggie Gallagher y Michael
McManus, también admitieron haber aceptado miles
de dólares para manifestar desde sus tribunas su
adhesión a diversos programas gubernamentales.
Otros periodistas conocidos en
todo el país confesaron haber aceptado miles de
dólares para mostrar su complacencia con los
programas de gobierno.
Steven Aftergood, del Proyecto
sobre Secretismo Gubernamental de la Federación
de Científicos de Estados Unidos, consideró que
el "apoyo clandestino de comentaristas"
y la difusión de paquetes de noticias en vídeo
"refuerza las sospechas en que lo que pasa
por noticia hoy es, en realidad, comprado y
pagado".
"Pagar a periodistas para que
escriban noticias positivas es parte del patrón
gubernamental de secretismo y manipulación
pública que socava nuestra seguridad y nuestra
democracia", dijo Aftergood a IPS.
Por otra parte, más de 20
diferentes agencias federales emplearon fondos
fiscales para producir segmentos televisivos en
que se promocionó las políticas del gobierno de
Bush.
Esos vídeos han sido emitidos por
cientos de emisoras locales que no revelaron sus
fuentes, lo que alienta a los televidentes a
creer que presencian noticias genuinas, según
Freedom House.
La Contraloría General de Estados
Unidos, agencia que opera de manera independiente
dentro del Poder Legislativo, consideró que los
denominados "paquetes de noticias"
producidos por organismos del gobierno
constituían "propaganda encubierta".
El presidente Bush replicó que la
práctica era legal y que no tenía planes de
ponerle fin.
"Las agencias del Poder
Ejecutivo no están obligados" a cumplir con
"los dictámenes legales" de la
Contraloría, advirtió el gobierno en un
comunicado.
Portavoces de la Casa Blanca
suelen responder a las críticas afirmando que la
política hacia los medios de comunicación es
honesta y transparente.
Aun así, Jack Behrman,
exsubsecretario (viceministro) de Comercio,
acusó al gobierno de hipocresía.
"Nuestro gobierno promueve,
en las declaraciones, la libertad en el
extranjero, pero ha procurado con éxito
limitarla en Estados Unidos a través del
secretismo y la manipulación de los
medios", dijo Behrman a IPS. (FIN/2005)
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