Periodismo
y poder
Wilson
Hernández *
Las
teorías sobre el poder son inagotables y en el
campo de la razón no tienen más límites que la
razón misma. La existencia, la creación, el
acto creador, son expresiones que determinan la
fuerza creadora de un algo o alguien que los
padres de la Filosofía prefirieron denominar la
Causa Primera.
Por lo tanto,
cualquier intento de aproximación
epistemológica, de conceptualización sobre el
poder como fenómeno existencial o social, será
limitado por las limitantes propias de la
realidad en cuanto objeto determinado.
Siempre se ha
dicho y supuesto, desde la antigüedad hasta
estos días de la era de la sociedad de la
información, que la información es poder. Y en
el contexto de la industria de la comunicación
social, ese poder adquiere el carácter o la
fuerza de los intereses que representa.
De ahí que la
máxima decimonónica La prensa es el
cuarto poder ha quedado en desuso. Hoy
se podría afirmar que la prensa o el oficio de
la información periodística es uno de los
pilares del primer poder que sustenta una
sociedad, el poder de la comunicación. De sus
artífices, de sus gestores, dependerá el
alcance o las limitaciones de ese poder.
Como he dicho,
sería una empresa aventurera pretender
desarrollar en un artículo periodístico una
teoría sobre el poder del periodismo o sobre el
periodismo y el poder, pero al menos intentaré
un esbozo que servirá de marco de referencia
para tratar de comprender algunos acontecimientos
que se observan en estos días en el mundo de la
prensa dominicana.
El oficio del
periodismo, en su naturaleza, esencia y misión,
es un acto, un conocimiento y una ciencia que
sólo se puede interpretar a partir de una
dialéctica del poder articulada en la estructura
social. No existe periodismo como actividad
privada ni interpersonal, sino como factor social
en confrontación con los entramados del poder.
A partir de esta
dialéctica del poder el periodismo se podría
definir como el oficio de confrontar
informaciones públicas relevantes que aspiran a
transformar la realidad cotidiana. Y ya ese
ejercicio, en sí mismo, es un acto que comporta
una trascendental vocación de poder.
No puede haber
periodismo donde no hay confrontación de poder,
donde no hay cambio. Una política informativa de
orientación conservadora, que procura conservar
el status quo de un sistema o de un orden
determinado, aunque se muestre neutra, estática,
implica un acto de confrontación, de resistencia
interna contra lo que niega su razón de ser.
Pobre del
periodista que busque el poder que deviene del
periodismo en realidades externas al oficio
mismo. Podrá acumular y ostentar todas las
riquezas y todo el oropel que se deriva de otros
tipos de poderes, pero nunca le acompañará la
aureola de dignidad y grandeza propia del
auténtico poder del periodismo.
Pobre del
periodista que piense que el poder que emana de
la dignidad del oficio se puede alcanzar con
todos esos artificios. Y es lo contrario, el
poder del periodismo está en la independencia
frente a esos poderes.
La fortaleza, el
poder del periodismo está en su capacidad de
aproximarse a la verdad pura, a la verdad
absoluta, y en sostenerla combatiendo todo lo que
atente contra la integridad de esa verdad. De
ahí que la independencia suele ser un requisito
fundamental del periodismo auténtico.
Tres a mi modo
de ver son las armas que utiliza el periodista en
la lucha por la verdad: las ideas, las palabras y
la propia vida, y estas dos últimas son la forma
material de la primera, que es la más excelsa y
sublime. El poder del periodista está en el
poder de sus ideas y en la capacidad que tenga de
darle vida con sus palabras y con su vida.
No puede
presumir de poderoso un periodista que aún
ostentando todo el poder que da el dinero y las
relaciones políticas, no ha sido capaz de
escribir una información, un sólo editorial que
trascienda la rutina diaria, el olvido, y que se
haga memorable por la fuerza o el poder de lo que
expresa.
El mismo
análisis aplica para la empresa periodística.
Un periódico dirigido por un periodista que
busque el poder fuera del oficio mismo, es un
fracaso. Podrá tener enorme cantidad de
lectores, muchas páginas y anuncios, pero no
pasará de ser un legajo de papel que muere en
cada edición.
El poder del
periodismo no es para uso en provecho personal,
para maltratar, imponer, manipular, chantajear,
engañar, etcétera; el poder del periodismo es
para servir a la verdad en beneficio de la
sociedad y los ciudadanos.
*
Wilson Hernández
es periodista con especialidad en Filosofía.
Presidente del Centro para el Estudio Avanzado de la
Comunicación (INFOMEGA),
de República Dominicana. Es colaborador de Sala de Prensa.
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