El
carácter democrático en
la mediatización de la política
Gonzalo
Gajardo *
Restituir
en Chile una moral
pública no es un asunto que se
resuelve sólo en los tribunales o en
los púlpitos; es, ante todo, un
problema político. En el límite, el
actual estado de miserabilismo en que
nos hayamos sumidos no es sino el
hedor de un país que se ha negado a
abrir de una buena vez las ventanas.
La pretensión de mantener el actual
estado de cosas en nombre de la
paz social como una
ventaja competitiva para insertarnos
en el mundo globalizado, no sólo es
falaz sino profundamente ingenuo, ya
que cualquier pretensión de
desarrollo tecnoeconómico supone y
exige profundizar en el desarrollo
social, político y cultural.
Álvaro Cuadra,
Los otros escándalos de la política
chilena
Cuando
la polis vive una democracia de baja
intensidad en que la política se
fundamenta en la autarquía basada en
la negociación cupular con una
lógica dirigista coercitiva, el
ámbito de la cultura impone su
lógica de la mediatización, que no
es sino la extensión del liberalismo
tecnoeconómico al ámbito de la
circulación de bienes simbólicos.
La mediatización, en tanto
prolongación de la lógica de
mercado en el intercambio de bienes
simbólicos, es de suyo amoral; su
validez se juega más bien en lo
estratégico, la eficacia. Por tanto,
no es éste el ámbito donde reclamar
valores, actitudes o comportamientos.
Constatamos que el escándalo no es
sino un aspecto de la
política-mediática, el modo en que
las sociedades burguesas tienden a
administrarse en un contexto
tardocapitalista globalizado.
Álvaro Cuadra,
La mediatización de la política: el
efecto Galileo
Las
sociedades democráticas
contemporáneas son, esencialmente,
sociedades mediatizadas: las
relaciones políticas se articulan a
distancia, a través de los medios de
comunicación. El acceso a la esfera
pública, y las actuaciones dentro de
ella, está mediado por un complejo
entramado informativo. La democracia
se ha convertido así en un régimen
de símbolos, de signos, de señales,
de imágenes y de conversaciones; es
un continuo flujo de representaciones
que buscan organizar, canalizar y
expresar los diversos -habitualmente
contradictorios- intereses que
existen en la sociedad. En estas
condiciones las disputas por el poder
y la influencia se trasladan,
progresivamente, hacia la esfera de
las mediaciones; es allí, en el
espacio comunicacional, simbólico,
de las sociedades donde se libran las
principales disputas y se producen
los mayores conflictos. Y no en el
terreno de las movilizaciones
masivas, la paralización de
fábricas, las demostraciones de
fuerza, la confrontación electoral o
las negociaciones parlamentarias.
Digamos así: la política pierde
peso físico y el poder su solidez
mecánica, al trasladarse la
democracia al escenario más liviano,
volátil e incorpóreo de la
comunicación. De allí que estas
sociedades aspiren a la
transparencia, desconfíen del
secreto, cultiven el exhibicionismo y
condenen a los poderes fácticos;
aquellos, justamente, que no dan la
cara y buscan incidir en la esfera
pública a partir de un capital
distinto del simbólico-expresivo.
José Joaquín Brunner,
Escándalo
Un
hecho mayúsculo ha aparecido en la escena de
nuestras preocupaciones públicas, la pesquisa de
una red pedofíílica posiblemente ha penetrado
círculos y anillos de la elite, trasuntando
aquello en un problema de orden
políticomoral, para luego mutar a la
conceptualización de escándalo.
Conforme al accionar de los medios de
comunicación masiva, el escándalo viene a
constituir la resultante final del procesamiento
del debate público por parte de éstos,
convirtiendo al campo comunicacional más que en
su reflejo, en el propio espacio contenedor y
depositario del mismo.
Este último
escándalo viene a significar, quizás, el punto
de inflexión en un proceso de mediana data, en
el que la condición política de nuestra
sociedad y la actuación en el campo público
propiamente tal, progresivamente se ha ido
mediatizando; Los medios de comunicación en
nuestra sociedad han ido acentuando, cada vez con
mayor intensidad, un rol mediador en el debate.
En consecuencia,
quizás, la máxima expresión de la intensidad
de una determinada coyuntura en el campo del
debate políticosocial signifique, según
la presencia y rol de los mass media, la
formulación de un formato de escándalo.
- ¿La
mediatización de la política y del sentido
de lo público, constituye una manifestación
neutral o proactiva a la formación,
desarrollo o categorización ideal de una
sociedad democrática avanzada?
- Al contrario, ¿puede significar aquélla
la reproducción instrumental de una
determinada formación sociohistórica,
en la que se anulan los modos de
representación de un estado de profundidad
democrática en la sociedad actual?
Estas dos
preguntas son fundamentales para comprender las
distintas direccionaliades que adquiere el debate
acerca del fenómeno de mediatización social y
política; el primer autor -citado en el
epígrafe- abre una mirada crítica negativa al
fenómeno de mediatización de lo
políticosocial, señalando que aquélla
significa un correlato de la reproducibilidad del
orden neoliberal en una polis de baja intensidad
sustantivodemocrática; el segundo inaugura
una sugerente insinuación en cuanto que la
concepción contemporánea de sociedad
democrática está señalada por la
mediatización y el desarrollo de las
dimensionalidades comunicacionales que aquélla
comporta; ambos apuntan a fijar como objeto de
análisis el orden y el modo actual de
distribución del capital simbólico.
De una forma o
de otra, asistimos quizás en la actualidad a un
agudísimo proceso de crisis de la democracia
representativa, en el que nuestras
sociedades concretas viven el reemplazo de las
nociones políticas colectivas por estados
psicológicos generales de individualismo; la
necesidad de reducir y resumir el volumen del
mensaje para hacerlo políticamente emotivo o
efectivo, hace que las comunicaciones adquieran
un rol fundamental en la representación aparente
de que existe un modo directo y mediatizado de
producción y reproducción de nuevos equilibrios
sociales anti statu quo.*
Resulta también
interesante apreciar, para el caso de nuestro
estado institucional democrático, el reclamo por
la notoria falta de diversidad comunicacional en
el proceso democrático transitivo. Esta falta de
diversidad y contrapeso comunicacional sería
deliberadamente funcional a la desarticulación
programada de las anteriores y originales formas
de resistencia crítica a la instalación
políticaeconómicasocial del
autoritarismo, pues la ausencia de diversidad
comunicacional contribuye a la implantación de
un discurso unívocamente legitimador del sistema
imperante heredado postdictadura.**
La morfología
del escándalo, como maximización de la
tensión en una determinada coyuntura
críticopolíticosocial, asociada al
fenómeno de mediatización de la sociedad y en
particular de su dinámica política, manifiesta
en su despliegue y desenvolvimiento la
degradación del funcionamiento de instituciones
formales que tradicionalmente regularon el
proceso (mecánico, si se quiere) del debate
público; la mediatización política, en
particular, viene a develar también la presencia
del ejercicio del poder fáctico, legitimado
quizás por el propio surgimiento de este eficaz
y moderno modo de representación del
campo público.
Podría entonces
señalarse simple y llanamente que la
mediatización de la sociedad y de la política
constituye, con toda propiedad, el modo con el
que la sociedad moderna representa el sentido de
la transparencia ideal y los estados de
anormalidad sociales y políticos concretos. Sin
embargo, es la ausencia de la representación del
conflicto en la sociedad o de lo conflictivo
en ella, lo que nos conduce a rechazar esta
afirmación.
Cuando nos
referimos a la representación del conflicto
social en el campo público, obviamente
descartamos la apariencia dicotómica generada
por el ejercicio de disputa fáctica representada
mediáticamente. La mediatización abstracta y
desociologizada del debate políticosocial
en el espacio público constituye la anulación
de la capacidad de la sociedad democrática para
representar sujetos, campos, estructuras,
conjuntos problemáticos y conflictivos; la
significación del conflicto social representa la
apertura de espacios de profundización
democrática que conducen a la generación de
dinámicas integradoras de actores sociales
diversos. Cuando la mediatización reemplaza y
suplanta esta capacidad de integración
dinámica, no sólo asistimos a la contracción e
invalidación de la institucionalidad tradicional
reguladora del debate, sino también al soslayo
de la capacidad de ejercer la alternativa
crítica a las modelaciones funcionales del
propio Estado y sistematización de la sociedad.
De ahí que sea
apropiado generar una gran reflexión acerca de
la relación existente entre el fenómeno
mediatizador y la anulación de la significación
del conflicto social en el campo público, de la
suplantación de las instituciones tradicionales
depositarias de la función política por causa
este fenómeno, de la incapacidad de integrar al
campo público discursos
críticoalternativos al sistema social
imperante a causa de la reproducibilidad del
propio sistema mediante el modo actual de
circulación de bienes simbólicos.
El análisis
crítico del devenir de la modernidad,
necesariamente debe conducirnos a un serio debate
acerca del nivel de profundización democrática
de nuestra sociedad y no sólo a una descripción
pasiva de ella.
_____
Notas:
*Alexandre Dorna expone un conjunto de
sugerentes ideas que relacionan un proceso
general de crisis de la democracia representativa
con el surgimiento de diversas formas eclécticas
de populismos, particularmente en América
Latina. Dorna afirma que los estallidos
populistas son respuesta al inmovilismo de las
elites políticas para responder a las
condiciones de incertidumbre, miedo y fragilidad
que la ola modernizadora neoliberal ejerce sobre
las masas desfavorecidas. Al respecto, señala
que dichos procesos se ven claramente
relacionados con modos de expresión mediática
en la transmisión de mensajes y símbolos; la
mezcla aleatoria entre populismo y mediatización
sería una respuesta efectiva para la generación
de un nuevo orden de equilibrio social y
legitimidad política. A nuestro juicio, el
fenómeno de la mediatización política puede
operar, en algunos contextos, de modo muy neutral
y funcional a un determinado sistema social sin
que aquello signifique la legitimación de un
discurso populista y sin que ello signifique de
ningún modo una suerte de evidenciación del
conflicto social general. (Alexandre Dorna;
"¿Hay que tenerle miedo al
populismo?", en Le Monde Diplomatique,
edición chilena, noviembre de 2003.)
** El connotado y galardonado periodista
chileno Juan Pablo Cárdenas, actual director de
la Radio Universidad de Chile y ex director de la
revista Análisis, hace una interesante
reflexión acerca del rol jugado por los
reducidos medios de comunicación
antidictatoriales en la articulación discursiva
contra el régimen y en la opinión crítica
acerca del modelo ultracapitalista instalado por
éste. A modo de recuento, señala cómo ocurre
la desarticulación de estos medios de
comunicación que son considerados obstáculos
para el proceso de administración democrática
del modelo heredado, paralelamente a cómo se
estructura la forma de propiedad monopólica
actual de los medios de comunicación existentes
y funcionales al propio modelo. (Juan Pablo
Cárdenas; "Periodismo y procesos político
chileno", en El Mostrador.cl, octubre de
2003.)
* Gonzalo
Gajardo es licenciado
en Historia por la Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso, en Chile. Esta
es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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