El defensor
del lector,
ese gran ausente de los medios argentinos
Flavia
Pauwels *
Resumen: La
implementación de la figura del defensor
del lector o el ombudsman de la prensa en
los diarios de circulación nacional
argentinos no presenta experiencias
exitosas y continuadas, a diferencia de
otros países en los cuales se apuesta a
este servicio como forma de control de
calidad del producto periodístico y de
responsabilidad del medio ante sus
lectores. El análisis del diario Perfil
que con su corta vida de tres
meses, fue el primero y hasta ahora el
único en el periodismo diario argentino
que dio espacio a un profesional con las
atribuciones y título de ombudsman
nos permitirá reflexionar sobre las
causas por las cuales los medios
gráficos de este país no aceptan tener
un fiscalizador.
1.
Introducción
El único antecedente en
el periodismo diario nacional argentino de
implementación de la figura del ombudsman lo
constituyó el matutino Perfil, en 1998.
Antes, hubo intentos de corta duración en
revistas como La Maga, donde Adriana
Lezereti ocupó el cargo de defensora, y en la
publicación femenina Luna, con Cecilia Absatz.1
La aparición de
Perfil en el mercado editorial llevó a
los otros diarios a buscar cubrir aspectos hasta
ese momento escasamente explotados. Si bien el
diario La Nación siempre se
caracterizó por brindar importantes espacios
para las cartas de sus lectores, el surgimiento
de otro medio que pretendía captar a un público
similar al suyo incentivó al centenario matutino
a crear el 3 de mayo de 1998 la sección
Diálogo semanal con los lectores, a
cargo del experimentado periodista Octavio Hornos
Paz. Esta columna que fue definida como una
invitación al diálogo se diferenciaba de
la sección Cartas cuya
función era recibir opiniones de los lectores
sobre cualquier aspecto de la realidad por
la posibilidad de ofrecer una respuesta a
las dudas o quejas sobre cómo y por qué se
escribieron los textos aparecidos en el
diario. Si bien la columna de Hornos Paz se
presentó con algunas de las características
asignadas en la prensa internacional a la figura
del ombudsman, nunca el periodista se atribuyó
tal título, ni el manual de estilo de La
Nación le reconoció tal función.
En tanto, el diario Clarín
no buscó en ese momento ampliar el espacio
otorgado a sus lectores. Cuando años después,
en septiembre de 2003, el editor general del
matutino, Ricardo Kirschbaum, fue consultado por
la revista Noticias sobre si tenía
pensado incluir al ombudsman del lector como uno
de los aportes al nuevo rediseño del diario, el
periodista reconoció:
Tenemos
una discusión en torno a su efectividad, la
experiencia a nivel mundial ha tenido pro y
contra. Quizás haya que convocar a un grupo
de periodistas que trabaje en el área de
control de calidad del diario. No lo haremos
regularmente, sólo cuando nos parezca
necesario.2
Sin embargo, el mismo
editor cambió de opinión cuando en mayo de 2004
anunció que se incorporaba a la edición
dominical la sección Lectores, una página
de interactividad con cartas que plantean
problemas, críticas, señalan errores o
discrepan con la información u opinión
publicada por Clarín. Se asignó
así al periodista Osvaldo Pepe, un editor
con trayectoria y experiencia, la labor de
dar su punto de vista después de haber
estudiado el problema planteado por el
lector. Al igual que en La Nación,
aparecía en Clarín, aunque varios
años después, un espacio y un profesional del
medio para atender las inquietudes de los
lectores, pero tampoco en este caso el diario le
otorgaba el título de ombudsman o defensor, ni
su función aparecía regulada por ningún
estatuto.
En lo que respecta a los
demás matutinos que se editan en la Capital
Federal y sus alrededores, algunos como La
Prensa y Popular dedican
espacios importantes a las cartas de sus
lectores, otros como Página/12
seleccionan sólo un mensaje que aparece en la
contratapa. La característica de estos diarios
es que sólo se limitan a publicar esas cartas,
pero no hay respuestas a las inquietudes, que
generalmente tratan sobre problemáticas del
país y no sobre la política editorial del medio
en particular.
Finalmente, existen
diarios que si bien anuncian su teléfono,
dirección y mail para que sus lectores se
comuniquen, nunca le conceden a esos
mensajes un lugar y un tratamiento en las
ediciones diarias.
En este marco, resulta
valioso analizar entonces qué características
tuvo la experiencia del ombudsman en Perfil,
para tratar de pensar a partir de allí por qué
los medios argentinos se resisten a implementar
en su total plenitud esta figura de
autorregulación.
2.
El caso Perfil
2.1. Un
diario como mensaje de cambio
El No. 1 del
diario Perfil salió a la venta el
sábado 9 de mayo de 1998. Después de publicarse
como página en Internet y de múltiples
números cero que se editaron como
forma de entrenamiento y que
jamás llegaron a la calle, por fin,
el diario estuvo en manos de los lectores.
Este nuevo medio
surgió de la editorial de revistas homónima y
la identificación en el nombre implicó, según
su director Jorge Fontevecchia, asumir las
ventajas de la identidad y la transparencia
conseguida por la empresa a lo largo de los
años, y a la vez, un estilo que le había
costado clausuras durante la última dictadura y
juicios en plena democracia.3
Perfil
que se inspiraba en el diario español El
País fue definido por sus hacedores
como un diario evolucionista, de
estilo antidemagógico, que se
proponía ofrecer todos los días de la semana un
producto con la misma elaboración de los diarios
dominicales y que apostaba, por lo tanto, a un
lector de buen nivel económico, con competencias
culturales e inclinación a la lectura.
La propuesta
editorial de Fontevecchia presentaba un tamaño
tabloide, cien páginas promedio y una tapa
caracterizada por un título principal que se
ilustraba con una foto apaisada, para luego dar
lugar a la presentación de un sumario con los
contenidos del cuerpo principal y los suplementos
de Deportes y Espectáculos. La ruptura respecto
de la organización temática que presentaban
otros diarios de la época pasaba por la
prioridad asignada en sus primeras páginas a la
sección Ideas, donde se mezclaban desde
artículos de opinión de ensayistas,
intelectuales y periodistas reconocidos hasta las
cartas de los lectores y el Obituario (detalladas
notas necrológicas sobre personas de importancia
en los ámbitos cultural, científico,
periodístico y empresario que habían fallecido
durante la semana).
2.2. La
importancia de ser el primero
Si con algo pretendió
identificarse el diario Perfil fue con
la bandera de la ética profesional. Desde su
primera contratapa, firmada por Fontevecchia,
donde daba cuenta de los propósitos y
aspiraciones de un diario en el siglo
XXI, se hizo un hincapié especial en
diferenciarse de la prensa argentina de la
época, la cual según Perfil
ha aceptado la carencia de libertad como norma y
cuyos periodistas se han formado con un
pensamiento acrítico.4
Como ejemplos
concretos de la ruptura con los modelos
periodísticos cuestionados, Perfil se
erigió como el primer diario del país que
tiene un ombudsman y un Código de Ética que
firmaron todos los integrantes de la redacción y
los accionistas, y que obliga a publicar sin
censura toda información relevante, que haya
sido debidamente confirmada y tenga interés
periodístico.
La publicación
de toda la verdad fue pregonada
entonces como el principal distintivo del diario
y esa honestidad apareció
conceptuada como una obligación del
periodismo y no sólo como un atributo de un
medio en particular.
El Código de
Ética de Perfil, que formaba parte del
Manual de Estilo del medio fue publicado en el
segundo número del diario para el conocimiento
de los lectores, a quienes se les proponía
familiarizarse con los principios que deberían
regir la actividad periodística del diario y
así poder exigir su cumplimiento si en algún
momento éstos eran ignorados o violados.
El Código
establecía, entre otras cosas, la consideración
del periodismo como función pública que
excede las metas económicas de cualquier
empresa; la publicación de la verdad
sin analizar ventajas o desventajas, públicas o
privadas, y la promesa de actuar con
integridad, buena fe y neutralidad en la
búsqueda de informaciones. A los
periodistas se les reconocían derechos como los
de reclamar a sus superiores la publicación de
informaciones que hayan sido debidamente
verificadas; el alegato a la cláusula de
conciencia si se sentían vulnerados en sus
convicciones, independencia u honor profesional,
y la negativa a firmar una nota cuando ésta haya
sido alterada sustancialmente. A la vez, la
redacción se comprometía a no compartir la
profesión periodística con ninguna otra
salvo la docencia, a no aceptar
regalos o invitaciones cuyo valor supere los
cincuenta pesos y a no abusar de su condición de
periodistas para obtener tratamiento
preferencial, libre acceso o descuentos.5
Pero para velar
por el cumplimiento de esta reglamentación que,
según Fontevecchia podía resultar
utópica para muchos, se presentó
como necesaria la presencia de un profesional con
larga experiencia en los medios que tuviera la
responsabilidad de criticar públicamente
al diario y de responder los reclamos que le
formulen los lectores, las distintas fuentes y
los protagonistas de la información. Se
implementaba con estos fundamentos, por
primera vez en el periodismo diario
argentino, la figura del ombudsman.
El periodista
Abel González fue el elegido por la empresa para
tal función, y siguiendo los parámetros
internacionales que rigen la actividad de los
defensores se estableció que su
contrato duraría un año y sería renovable, a
la vez que se advertía que no podría ser
relevado de su cargo como consecuencia de sus
críticas.6
Con este marco
quedaban establecidos en el diario Perfil
dos espacios de y para los lectores: por un lado
la típica sección Correo, que se
publicaba todos los días en la página 2
(destinado a las opiniones, críticas, ideas y
propuestas de los lectores) y por el otro la
columna de González, que aparecía los sábados
y domingos siempre en la página 4 dentro
de la sección Ideas.
2.3. El
ombudsman: entre anécdotas, críticas y
errores
Que las normas
del Código de Ética de Perfil no
fueran una simple enumeración
retórica fue planteado por el ombudsman
González en el primer artículo que
publicó el 9 de mayo de 1998 como el pilar
fundamental de su gestión, y en el respeto y
defensa de esos principios no sólo pretendió
comprometerse él, sino que involucraba a
las fuentes, los generadores de noticias y
especialmente a los lectores.
Si se analizan
las columnas de González, todas parecen
presentar la misma estructura: una anécdota o
hecho histórico era vinculado con una carta del
lector y a partir de allí se disparaba la
reflexión; se daba la voz a la réplica o la
aceptación del error por parte de la redacción,
y finalmente el ombudsman en la mayoría de
los casos tomaba partido por una u otra de
las partes en conflicto.
En cada columna
se hacía referencia a dos o tres mensajes de los
lectores, los cuales eran identificados con
nombre, apellido, profesión y lugar de
residencia. En cuanto a la temática, se optaba
por agrupar reclamos o sugerencias similares como
para dotar de coherencia a la reflexión. A nivel
visual, el espacio del defensor se presentaba
siempre ilustrado en su interior con una foto del
personaje o hecho noticioso aludido.
En tanto, los
canales de comunicación ofrecidos por el diario
para contactarse con el ombudsman eran resumidos
al final de la columna: dirección de correo
electrónico, teléfono y fax, y la mención del
día de la semana y la hora en la cual González
atendía personalmente la línea.
Dado este marco
sobre la estructura y organización de la
columna, es momento de preguntarse: ¿qué es lo
que reclaman los lectores a su diario cuando se
les ofrece un espacio específico de defensa de
sus derechos?, y ¿cómo reaccionan el ombudsman,
el medio y sus profesionales ante la marcación
de los errores?. Finalmente, nos proponemos
pensar si el derecho al disenso y la posibilidad
de crítica interna y externa que presentó Perfil
no fue una causa más que sumada a la
escasez de ventas de ejemplares llevó al
cierre de este medio y con él al fin de la
primera experiencia en el periodismo diario
argentino de la figura del ombudsman.
2.4. Un
diluvio de cartas
La posibilidad
abierta por Perfil a través de la
creación de la figura del ombudsman fue
aprovechada de inmediato por los lectores. Luego
de la primera semana de vida del diario,
González reconoció en su columna haber recibido
un diluvio de críticas y
observaciones que cayeron sobre las
espaldas de jefes y redactores a tal punto
que ni el director, Jorge Fontevecchia, se
salvó del aguacero.7
Si se aplican
las categorías de clasificación de las cartas
de los lectores establecidas por la investigadora
venezolana Sánchez Piña,8 observamos que lo que
primó como queja de los lectores de Perfil
fueron los datos erróneos en la
información publicada: películas
recomendadas en el suplemento de Espectáculos
que ya no se daban en ningún cine, carteleras
del Teatro Colón desactualizadas, incoherencia
entre los textos y las fotos (por ejemplo, una
nota sobre el científico argentino Luis Leloir
ilustrada con la imagen de César Milstein, otro
de los galardonados con el Premio Nobel),
títulos sin sustento informativo (resaltar la
posición sobre el uso del plutonio por parte de
la organización ecologista Greenpeace en el
título y en el texto de la nota nunca citar las
declaraciones de sus voceros), por mencionar
sólo algunos de los cuestionamientos recibidos
por el ombudsman. Hasta el propio Fontevecchia
recibió un llamado de atención porque en el
Manual de Estilo del diario citó mal versos de
Pablo Neruda.
¿Qué
explicaciones dio González sobre estos errores?
En algunos de los casos delegó la justificación
en los editores (los cuales hablaron de problemas
técnicos fácilmente solucionables);
en otros, se remitió al manual de estilo. En
fin, en todos terminó dando la razón al lector.
A menos de un mes de la salida del diario, el
ombudsman reconoció que la prédica
del manual del estilo era inobjetable
(por ejemplo, cuando sostenía que textos y fotos
deben formar una unidad narrativa definida), pero
que sus propósitos sólo eran cumplidos por
periodistas y editores a medias.9
Una situación
similar se reflejó en la columna de González a
raíz de los llamados de atención por parte de
los lectores sobre los errores de
ortografía y el mal uso del idioma en los
que incurrían algunos textos de Perfil:
haz por has,
parentezco por
parentesco, oprovio por
oprobio, ensombresido por
ensombrecido; barbarismos como
colapsar, vehiculizar,
vacacionar; reiteración de una misma
palabra en un párrafo; acentos que aparecen y
desaparecen... Ante la evidencia, el ombudsman
sólo atinó a reconocer que decenas de
lectores no le perdonan a Perfil la
proliferación de errores tipográficos y de
corrección, para finalmente terminar
echándole la culpa de estas violaciones a las
reglas idiomáticas y gramaticales al
apremio con el que se escribe.10
La no
consulta de todas las fuentes y el
criterio editorial aplicado para seleccionar qué
es noticia también fueron motivo de
reclamo por parte de los lectores, sobre todo de
aquellos que por una razón u otra se sintieron
afectados por la información. Por ejemplo, el
diario publicó una nota sobre los proyectos
legislativos para prohibir los juguetes
elaborados con PVC, los cuales eran catalogados
de tóxicos. El artículo dio la voz a los
diputados que impulsaban la medida pero no a los
fabricantes y vendedores de estos artículos, los
cuales escribieron al ombudsman quejándose por
las inexactitudes y datos falsos
vertidos en el diario. Tras la consulta con el
editor de la sección Sociedad, González debió
admitir que Perfil no fue fiel a su
manual de estilo ya que debieron haberse volcado
en la nota los argumentos y opiniones de todas
las partes involucradas.11
En tanto,
algunos lectores discreparon con el medio sobre
el tratamiento concedido a determinadas noticias
y personajes: los vecinos de Palermo se quejaron
por el espacio desmesurado dado al tema de
travestis y prostitutas; otros expresaron
su estupor e indignación porque Perfil
publicó en el Correo la carta de un militar
condenado por la justicia. Para este tipo de
casos el ombudsman no tuvo una posición
uniforme: defendió al medio en el abordaje del
tema de la prostitución, porque consideró que
era de interés y que había sido
tratado con mesura, sin transgredir los
límites del buen gusto; pero discrepó con
el editor en lo referido al militar a quienes los
lectores acusaban de apología del delito, ya que
puntualizó que Perfil no estaba
obligado por ningún código de ética a
concederle espacio a una persona que al
estar en prisión tenía muchos de sus
derechos civiles entre paréntesis.12
González
también debió analizar acusaciones contra Perfil
de publicidad encubierta y de
no separar lo periodístico de lo
publicitario. Los lectores, a quienes el
propio medio les había dado a conocer su manual
de estilo, usaron este instrumento como fuente
para reprocharle al diario postulados éticos que
no llevaba a la práctica. Algunos consideraron
que la publicación en el diario de una reseña
de la revista Noticias (de la misma
editorial) se contradecía con el estilo
periodístico que Perfil
pregonaba; a otros les molestó que en el
suplemento de Espectáculos se presentara la
crítica de una película a la vez que se
publicaba un aviso en el cual el diario invitaba
a la avant première del film. En estos
casos el ombudsman también hizo diferencias:
negó que el medio hiciera autobombo
con la referencia a los contenidos de Noticias,
ya que consideró que una razón
especial (la denuncia pública de
coacciones recibidas por el director de la
revista de parte de un juez) justificaba su
inclusión; en tanto dio la razón al lector que
dudaba sobre la objetividad en la crítica de un
film que el propio medio auspiciaba.13
Las críticas
que reflejó la columna del ombudsman no sólo
provinieron de lectores cuyas profesiones eran
ajenas a la actividad periodística, sino que
los colegas de Perfil
también aprovecharon este espacio para marcarle
al naciente medio sus errores. El ejemplo más
representativo fue la misiva del editor
fotográfico del diario Clarín, Diego
Goldberg, quien a título personal envió
una larga carta donde emitía algunos
juicios muy duros, acusando a la
publicación de Fontevecchia de
manipulación del material
fotográfico:
...el
diario Perfil escribió
que aparece en el ruedo de los medios con
ínfulas de cruzado medieval, usando la
ética como estandarte y la credibilidad como
apostolado, ya ha comenzado a traicionar sus
propios principios rectores.14
Goldberg
cuestionaba que en el interior del diario se
hubiera invertido una imagen que ya
aparecía en la tapa para que el
lector creyera que estaba viendo otra foto del
mismo evento. También puntualizaba que se
había añadido trozos de imagen a una foto
originalmente cuadrada para que diera el formato
apaisado característico de la portada de Perfil.
Para responder a estas críticas, el ombudsman
dio la voz al director de fotografía del diario,
quien se justificó diciendo que la inversión de
la foto había sido un error del
editor y que el agregado de material a otra
de las imágenes para que diera la
medida no había sido manipulación porque
no se había afectado el contenido
documental de la misma. A la hora de cerrar
la columna, González optó por la defensa de Perfil
y le enumeró a Goldberg casos graves de
manipulación de imágenes aparecidas en medios
españoles, pidiéndole así a su colega que
buscara otros ejemplos verdaderamente
extremos para abonar su tesis sobre el
valor documental de la fotografía.
2.5. Las
críticas internas y la desorientación de
los lectores
Un porcentaje
importante de las columnas del ombudsman dieron
cuenta de críticas al medio no hechas por sus
lectores sino por sus propios periodistas y
colaboradores, lo cual hizo público por un lado,
la pluralidad y libertad de pluma,
pero por el otro una falta de coherencia en la
política editorial que provocó que muchos
lectores dijeran sentirse a la
deriva.
El primero en
acusar de doble discurso al propio
medio para el cual trabajaba fue el periodista
Luis Majul. Su queja que fue reflejada en
un artículo publicado por Perfil
cuestionaba la campaña publicitaria del diario.
En ésta Perfil afirmaba que con su
aparición en el mercado editorial por fin la
verdad sería dicha. Donde dice... debió
decir..., fue el pie utilizado para
cuestionar la forma en la cual los otros medios
habían dado cuenta de personajes y hechos
históricos. Por ejemplo, cuando la prensa habló
de la mano de Dios para calificar el
gol de Maradona en un Mundial, según Perfil
debió haber dicho con todas las letras que se
trataba de un gol con la mano; cuando
algunos medios se referían a Fidel Castro como
el presidente cubano, para la publicación de
Fontevecchia debió calificárselo como el
último de los dictadores latinoamericanos.
En este sentido la campaña también incluyó una
referencia a la guerra de Malvinas y a la
corriente triunfalista a la que habían adherido
la mayoría de los diarios de la época. Esta
última mención fue la que molestó a Majul,
quien en su artículo le recordaba a la editorial
Perfil que una de sus revistas, Semanario,
también apoyó la guerra, por lo cual
consideraba que este nuevo diario no podía
forjar su credibilidad si
obviaba la autocrítica.15
El
cuestionamiento de Majul fue apoyado por algunos
lectores, quienes añadieron que las afirmaciones
vertidas en la campaña violaban el código de
ética porque no estaban fundamentadas y entonces
el ombudsman debió intervenir. La voluntad
de decir siempre la verdad es un propósito que
va más allá de las ocasionales citas del
pasado. Funciona como un ejercicio crítico del
que nadie ni nada está ausente, escribió
González en la columna del domingo 17 de mayo.
El ombudsman optaba por una respuesta genérica
que no profundizaba en los casos cuestionados.
Dejaba así al lector con la sensación de un
defensor que se quedaba a mitad de camino en su
función, tal vez todavía dándole crédito al
medio, con la confianza de que el tiempo puliría
sus errores y le permitiría aspirar así al
ideal de ética que proclamaba.
Otra de las
críticas frecuentes que los periodistas y
colaboradores de Perfil le hicieron
llegar a González fue originada en la no
publicación de artículos acordados con los
editores o por la supresión de líneas o
párrafos que hacían que los textos carecieran
de coherencia. Por ejemplo, por no haber sido
avisado a tiempo de las modificaciones a sus
artículos, Carlos Escudé le notificó al
ombudsman que renunciaba a seguir colaborando y
el director de investigaciones de la agencia
Young and Rubicam convocado especialmente
por el suplemento de Economía calificó de
una irrespetuosidad la mutilación
del encabezamiento de su artículo lo cual
impidió que se entendiera el sentido. González
apeló a las explicaciones de los editores, pero
para ambos casos el dictamen fue diferente: al
representante de la agencia de publicidad se le
dio la razón, ya que se reconoció haber
transgredido un procedimiento habitual en la
sección el de la consulta al autor
de un artículo antes de que éste sea
modificado. Para Escudé no hubo tales
contemplaciones, el propio ombudsman se encargó
de recordarle al colaborador que eran las
reglas del juego, algo habitual en el
periodismo que se le pidiera a alguien una
colaboración urgente y que luego no se
publique.16
2.6.
Escuchas ilegales: ¿a quién le creen los
lectores?
A fines de mayo
de 1998, Perfil publicó en sus páginas
escuchas ilegales grabadas en la casa del jefe de
gobierno de la ciudad de Buenos Aires y candidato
a la presidencia por la Unión Cívica Radical,
Fernando de la Rúa. En ellas se daba cuenta de
un supuesto tráfico de influencias por parte de
los hijos del funcionario, para lograr aprobar
las materias de la carrera de Derecho en la
Universidad de Buenos Aires.
Como es de
suponerse, el ombudsman no pudo permanecer ajeno
a las consecuencias de este hecho ya que
algunos criticaron la difusión de esa
grabación y otros compartieron la actitud del
diario de revelar hechos que pueden configurar un
delito.
Si consideramos
que Perfil nació enarbolando la bandera
de la ética, con la publicación de una cinta
grabada en forma ilegal por una fuente
identificada como Stock, muchos se
convencieron de ver al diario traicionando los
ideales que tanto decía defender.
González optó
por la defensa del medio y para justificar su
posición y la del diario recurrió a la opinión
de otro ombudsman con mayor experiencia, el del
diario español El País. Éste habló
generalidades sobre cómo construir una prensa
confiable para luego recordar que los
ciudadanos son titulares, por imperativo
constitucional, del derecho a la
información. Tras la cita de una voz
autorizada, el ombudsman argentino se encargó de
remarcar que Perfil había tenido una
actitud impecable ante el hecho, ya
que se había ajustado a las normas
profesionales que marca el manual de
estilo, o sea que había confirmado la
verosimilitud de la información contenida en la
cinta y que además de publicarla la había
entregado a la justicia para su investigación.17
Las disidencias
internas de Perfil no tardaron en salir
a la luz. Uno de sus periodistas, Pepe Eliaschev,
publicó el 8 de junio un artículo en la
sección Ideas del diario donde criticaba
severamente al medio y comparaba
según González la revelación del
contenido de escuchas ilegales con la difusión
de testimonios obtenidos bajo tortura.
El desconcierto
y confusión de los lectores se tradujo en cartas
y correos electrónicos de queja: ¿A quién
debían creerle?, ¿al medio que decía que su
actitud era correcta o a su periodista que
sostenía que se trataba de una
inmoralidad?
Los lectores le
dijeron al ombudsman que fueron ofendidos en su
sensibilidad, que quedaron a la
deriva ante tal cruce contradictorio de
posiciones, que el diario borraba con el
codo lo que escribía con la mano, que
finalmente el medio pecaba de doble
discurso.
A González le
costó remontar tales acusaciones y al tratar de
defender al diario terminó por mostrar más las
grietas internas: alegó que la opinión de
Eliaschev era difícil de compartir,
y que éste periodista no creía en los
rigurosos principios profesionales que profesaba
el diario, pero que eso no lo
inhabilitaba para escribir en Perfil,
donde la libertad de pluma de los colaboradores
es absoluta y así lo demostraba este
episodio.18
El conflicto con
Eliaschev dejaba, por un lado, un mensaje de
pluralismo: un medio que demostraba estar abierto
a la discusión interna; pero, por el otro, una
sensación en los lectores de desamparo, un
mar sin orillas, según el periodista Luis
Pazos.19
3.
Conclusión
Los romanos
festejaban los triunfos de sus generales con
fiestas fastuosas y magníficos desfiles
militares. El héroe dice Klaus
Brigmann en su estudio sobre las
Saturnales entraba a la ciudad en
marcha solemne con el botín, los prisioneros
y su ejército. Detrás de él, sobre el
carro triunfante, iba un esclavo, vestido
lujosamente, que gritaba en voz alta:
Recuerda que eres un hombre. Un
grupo de soldados, al mismo tiempo, cantaba
canciones burlescas sobre el triunfador para
que éste no se envaneciera por sus
conquistas. En el año 46 A.C., Julio César
regresó victorioso del Asia Menor y su
guardia pretoriana entró a Roma entonando
una copla en la cual se lo ridiculizaba por
haberse enamorado del derrotado rey
Nicomedes... que había rechazado sus
requerimientos. Esta costumbre, que ni Hitler
ni Stalin hubiesen tolerado, se explica
fácilmente: los romanos pensaban que el
excesivo orgullo era un castigo de los
dioses.
Abel González 20
El 31 de julio
de 1998, después de casi tres meses de edición
en papel, Perfil dejó de publicarse. Su
director, Jorge Fontevecchia, hizo el anuncio en
la contratapa del No. 84, donde explicaba que no
se había alcanzado el objetivo de vender 50 mil
ejemplares diarios. Según precisó el diario Clarín,
el dueño de Perfil había perdido en 84
días de vida del medio 15 millones de pesos, con
una inversión de 25 millones en maquinaria y
equipamientos.21
La noticia fue
dada a conocer de manera inesperada y los 256
empleados estables de Perfil se
enteraron del cierre, junto con los lectores,
cuando leyeron el diario. La empresa, que había
fundado un medio que se erigía como el paladín
de la ética, violaba las mínimas normas de
respeto profesional y laboral procediendo de esta
forma con el personal.
En el artículo
que marcó la muerte de Perfil,
Fontevecchia enumeró una lista de
equivocaciones que llevaron a que el diario
no cautivara a la cantidad suficiente de
lectores: excesiva cantidad de texto, poca
emotividad, racionalismo, exagerado pluralismo y
distancia. En tanto, proclamaba haber
cumplido objetivos de calidad y creatividad, el
aporte de un código de ética y la
implementación de la figura del defensor del
lector que le habían dado al periodismo de
diarios de Argentina una mirada
distinta.22
Con la
desaparición de Perfil dejaba de
existir el único diario que había aceptado
publicar y contestar las quejas de los lectores y
periodistas a través de un ombudsman. Pero,
¿qué balance dejaba esta experiencia?, ¿por
qué editores de otros medios como Ricardo
Kirschbaum, de Clarín, expresaron en
algún momento sus dudas sobre la
efectividad del defensor del lector?,
¿tal vez por miedo a que la crítica pública
termine afectando la credibilidad?
A través de
este recorrido pudimos ver como la apuesta de Perfil
a través de Abel González demostró que existen
lectores críticos y ávidos de participar en
discusiones sobre la ética periodística y los
procedimientos editoriales. A la vez, que podría
cuestionarse si el ombudsman alcanzó la
suficiente imparcialidad para cumplir plenamente
con sus responsabilidades con el lector, sobre
todo en los casos de las escuchas ilegales, los
cuestionamientos a la campaña publicitaria y las
críticas de Majul y Eliaschev.
La difusión del
Código de Ética que hizo Perfil entre
sus lectores y periodistas funcionó como un
arma de doble filo: por un lado
sirvió para convencerlos sobre la transparencia
que proclamaba el medio, pero por el otro fue el
principal sostén que usaron sus destinatarios y
trabajadores para demostrarle al diario que no
siempre había sido fiel al camino que se había
trazado.
La exposición
pública de los errores, desde las faltas de
ortografía y los datos erróneos en la
información publicada, hasta cuestionamientos
más graves que hacían a la coherencia de la
política editorial del medio, fueron desgastando
la credibilidad en el naciente diario. Tal vez,
los lectores argentinos más acostumbrados a que
los medios critiquen a otros poderes e
instituciones pero que no hagan una revisión de
su propio accionar, sintieron que en Perfil
los desaciertos superaban a los logros, tal vez
no porque fueran mayores a los que se cometen en
los otros medios, sino porque en este caso había
un espacio establecido donde verlos plasmados
todos juntos.
En tanto, a la
prensa argentina, como institución, como poder,
parece no haberle gustado que se le recuerden
algunas de las actitudes adoptadas en el pasado
frente a hechos políticos, económicos y
sociales vividos por el país y esto no sólo
vale para los otros diarios, sino también para Perfil
como editorial.
En síntesis, la
experiencia del ombudsman en Perfil nos
permite plantear que los lectores necesitan
quién los defienda, pero para que esta figura de
autorregulación pueda ser desarrollada con todas
sus potencialidades tal vez falte madurez en la
prensa y comprensión de los lectores para
aceptar la crítica cómo dijo Abel
González en una de sus columnas no sólo
como un acto de humildad sino como una actitud
insoslayable para alcanzar un grado más alto de
excelencia periodística.23
Buenos Aires, 10 de octubre de
2004
_____
Notas:
1 González,
Abel. Columna del ombudsman, en diario Perfil.
10 de mayo de 1998.
2 Moreno, Graciela. Clarín
en la era Kirchner en Revista Noticias.
Buenos Aires. 13 de septiembre de 2003.
3 Fontevecchia, Jorge. Un diario en
el siglo XXI en diario Perfil.
Buenos Aires. 9 de mayo de 1998.
4 Fontevecchia, Jorge. Op. cit.
5 S/A. Cómo leer el diario. Manual de
estilo del diario Perfil. Editorial
Perfil. Buenos Aires. 1998.
6 González, Abel. En defensa de
los lectores en diario Perfil. 9
de mayo de 1998.
7 González, Abel. En boca cerrada
no entran moscas en diario Perfil.
16 de mayo de1998.
8 Sánchez Piña, Zaira. La figura del
defensor del lector en el diario colombiano El
Tiempo y el diario venezolano El Nacional.
Universidad Andrés Bello. Caracas. Venezuela.
1999.
9 González, Abel. Op. Cit.
10 González, Abel. El misterioso
arte del birlibirloque en diario Perfil.
13 de junio de 1998.
11 González, Abel. Los mordillos
del rey Felipe V en diario Perfil.
24 de mayo de 1998.
12 González, Abel. Vuelven los
fantasmas en diario Perfil. 26 de
junio de 1998.
13 González, Abel. El extraño caso
del acento errático en diario Perfil.
23 de mayo de 1998.
14 González, Abel. Fotos de un
tiempo agitado en diario Perfil.
12 de julio de 1998.
15 González, Abel. Fidel Castro y
las tabernas rusas en diario Perfil.
17 de mayo de 1998.
16 González, Abel. Yabrán y las
tres princesas de Ceilán en diario Perfil.
31 de mayo de 1998.
17 González, Abel. Cómo construir
una prensa confiable en diario Perfil.
7 de junio de 1998.
18 González, Abel. Perfil
y la libertad de pluma en diario Perfil.
14 de junio de 1998.
19 Pazos, Luis. Perfil de un
Titanic. Dossier producido por los alumnos
de Diseño de la Información Periodística de la
carrera de Ciencias de la Comunicación. UBA.
Diciembre de 1998.
20 González, Abel. El extraño caso
del acento errático en diario Perfil.
23 de mayo de 1998.
21 S/A. Sorpresivo cierre del diario
Perfil en diario Clarín.
1 de agosto de 1998.
22 Fontevecchia, Jorge. Hasta
pronto en diario Perfil. 31 de
julio de 1998.
23 González, Abel. El extraño caso
del acento errático en diario Perfil.
23 de mayo de 1998.
*
Flavia Pauwels es
licenciada en Ciencias de la Comunicación por la
Universidad
de Buenos Aires (UBA),
donde ahora es profesora de la materia Diseño de
la Información Periodística, en la carrera de
Ciencias de la Comunicación. Además de la
docencia universitaria se ha desempeñado
profesionalmente en medios gráficos, televisivos
y en comunicación institucional. Esta
investigación fue elaborada en octubre de 2004
como material de lectura para los alumnos de la
facultad; luego, en enero de 2005, fue publicada
por el sitio argentino especializado en temas
periodísticos, Diario sobre diarios (DsD), y ahora enviada por la autora a SdP como su primera colaboración.
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