Los medios
de comunicación
y el cambio democrático
Ramón
Guillermo Aveledo *
Reformar
el Estado ¿para qué?
Es la primera
pregunta. Porque no son neutras las políticas.
Queremos
reformar el Estado para hacerlo más
democrático. La humanidad ha llegado a la
conclusión de que el autoritarismo es,
socialmente hablando, muy mal negocio. Ya
sabíamos que lo era a escala humana y decíamos
-más bien nos decían desde sus púlpitos
acorazados- que la persona, el individuo, debía
hacer ciertos sacrificios como contribución
solidaria al progreso social. Pero la gran
comprensión política del fin del milenio es que
tampoco a la sociedad el autoritarismo, de
cualquier pelaje, le produce rendimientos que
justifiquen tan elevados costos.
Se reforma el
Estado para hacerlo un mejor instrumento para
asegurar la gobernabilidad. Pero la
gobernabilidad, a pesar de los intentos de
secuestro tecnocrático, tampoco es una noción
neutra. Hay una gobernabilidad democrática con
requerimientos distintos -en su definición,
amplitud y profundidad- a la gobernabilidad
autoritaria.
Fijemos entonces
el rumbo. Queremos un Estado más democrático, y
sabemos que la sociedad democrática necesita ser
gobernable, en orden a sobrevivir y
desarrollarse, haciendo posible la comunidad de
seres humanos libres, responsables y solidarios.
El Estado más
democrático que queremos es uno donde la
responsabilidad (accountability) del poder
ante los ciudadanos sea mucho más real que
meramente formal, donde la representación opere
con eficiencia, donde medios y fines sean
democráticos, de modo que ese Estado no se
sienta -ni sea sentido- como amo o sustituto de
la sociedad, sino como su instrumento para
gerenciar y garantizar el bien común.
Al considerar el
papel de los medios de comunicación en la
Reforma del Estado, lo haremos a la luz de su
influencia en el cambio democrático, en la
transformación del aparato estatal en uno cada
vez más al servicio de su democratización y de
la democratización de la sociedad, entendidas
ambas como procesos y no como actos singulares de
la voluntad política o jurídica.
El
mejor amigo y/o el peor enemigo
Los medios
pueden ser el mejor amigo del cambio
democrático. Una sociedad democrática es
necesariamente, una comunidad informada. La
tantas veces ponderada y con razón, revolución
en las comunidades y su efecto en la
transformación de los medios de comunicación
social, son posibilitadores por excelencia de eso
que Federico Mayor Zaragoza llamó "la
dinámica democrática de la cultura y la cultura
de la democracia". (1)
Un poder más y
mejor vigilado, un ciudadano atento y al día,
una mayor independencia de la sociedad con
relación al poder, deberían ser ayudas
potentísimas para la democratización de la
sociedad y de su instrumento, el Estado. ¿Lo
son?.
Los medios de
comunicación pueden ser también los peores
enemigos del cambio democrático. Hoy podemos
como nunca, estar bien informados pero ¿sabemos
más? Eliot decía que la humanidad pasó de la
sabiduría al conocimiento y del conocimiento a
la información.
La democracia
exige reflexión, espíritu crítico, juicio.
Somos consumidores de información y nunca
podemos consumir tanta como se produce. Si
dedicáramos la vida entera a informarnos, ésta
no nos alcanzaría para estar informados. Ignacio
Ramonet, en Le Monde Diplomatique, dice
que los últimos treinta años han producido más
información que los cinco mil precedentes y que
una edición de The New York Times
contiene más información de la que podía
adquirir a lo largo de toda su vida, un europeo
del Siglo XVII, y que el tiempo utilizado por los
usuarios para emitir o recibir información vía
telecomunicaciones pasó de 15 millardos de
minutos en 1985 a 60 millardos en el año 95 y
será 95 millardos en el 2000.
¿No seremos
también consumidores de política? La política
com o objeto de consumo es lo opuesto a la
política como producto de la ciudadanía. Recibo
política, no hago. Escojo entre lo que me
ofrecen. La presentación será determinante.
¿Democracia de consumidores?, ¿Democracia de
espectadores?. La democracia debe ser de
ciudadanos.
La libertad,
escribe Savater, puede liberarnos pero también
puede esclavizarnos. (2)
La
vigilancia y la transparencia son esenciales a la
libertad
Donde no hay
libertad de expresión ni derecho a la
información no hay democracia. Lo demás son
circunloquios, pretextos, coartadas. Otra cosa es
que esa condición necesaria sea suficiente.
Medios de
comunicación libres, independientes, son
vehículos insustituibles a la hora de asegurar
la transparencia que permite vigilar al poder
para que no se nos vaya de las manos. Lo digo, no
para mantenerlo amarrado a los intereses creados
o a un conservadurismo parroquial o populista o
al vaivén de la opinión, sea la pública o la
publicada. Lo digo para que no se aleje ni pierda
la noción de su razón de ser, ni se sienta el
propietario de la sociedad, su sustituto o su
vanguardia esclarecida. Para el profesor alemán
Ulrich Sarcinelli, quien se pregunta si estamos
pasando de la democracia parlamentaria y
representativa a la democracia de los medios. (3)
"Allí
donde no esté el lente de las cámaras, donde la
prensa -sobre todo la televisión como medio de
transmisión en vivo- está ausente, se facilita
el juego a las dictaduras, se incrementa la
posibilidad de que al menos temporalmente puedan
sustraerse a ser sancionadas por una opinión
pública adversa."
¿Cómo sino a
través de la prensa, la radio o la televisión
podríamos saber lo que sucede? ¿Por qué medio,
sino el de esos poderosos canales preguntaríamos
al gobierno y recibiríamos o dejaríamos de
recibir su respuesta?.
De Gutemberg a
McLuhan hay un largo camino recorrido. Un viaje
deslumbrante a lo desconocido, paradójicamente a
través del conocimiento que adquiriendo más y
más velocidad. La televisión reina en el
planeta comunicacional. De nuevo el Director
General de la UNESCO,
"El
poder de la televisión para llevar a los hogares
imágenes y sonidos, describir la actualidad o
introducir nuevas modalidades artísticas es
especialmente relevante; con su fuerza y
penetración, la televisión ha provocado cambios
en la jerarquía de nuestras percepciones, y lo
que quizá sea aún más trascendente, nos ha
hecho comprender con meridiana claridad la
naturaleza de nuestras carencias y
limitaciones".
El
reino de la imagen
Si ya he citado
a Fernando Savater, no es precisamente para
incurrir en lo que denomina y critica, "predicar
contra la tele". Predicador según él,
es "
quien nos entristece o
averguenza por formar parte, convictos y
confesos, del reino de este mundo" y no
quisiera contarme en tal categoría.
No hablo, como
si lo hace tomorrow never dies, la más
reciente película James Bond, de diabólicas
conspiraciones ni de oscuros e inconfesables
designios, sino de efectos objetivos de
desarrollos científicos y tecnológicos
concretos.
La televisión
es el reino de la imagen. La televisión es la
reina de las comunicaciones masivas. Ergo,
las comunicaciones masivas son el reino de la
imagen.
Si estamos en la
era de las comunicaciones ¿no será de lógica
concluir que estamos en la era de la imagen?. De
allí, asumir la hipótesis de trabajo de que
vamos pasando de la democracia de la palabra y la
idea, a la democracia de la imagen. No es
exactamente una temeridad intelectual. Entonces,
cuidado con la advertencia de Argullol en el
país de Madrid.
"El
cambio fundamental en la naturaleza de la
democracia, es evidente si aceptamos la afasia en
la vida pública, también aceptamos el triunfo
de la amnesia. Una democracia afásica, implica
también una democracia amnésica en la que las
necesidades del presente lo son todo".
Mencionamos
antes la cantidad de información que se emite y
a la cual estamos sometidos gracias a la
transformación de las comunicaciones. Una
cantidad enorme que la vuelve desechable. Dijimos
también del predominio de la imagen como medio y
como mensaje.
Pero hay otras
características significativas y políticamente
relevantes de la información que se emite y es
la velocidad. Las transmisiones "en
vivo", el conocimiento instantáneo al
producirse la noticia. Sucede un hecho y nos es
mostrado en la crudeza del video, oiremos a
voceros de las posiciones involucradas, un
experto nos analizará antecedentes y
proyecciones en sesenta segundos y ya está, a
sacar conclusiones. Ningún gobierno del mundo
solucionará tan rápido un problema, Ningún
parlamento legislará tan rápido. Ningún
tribunal juzgará tan rápido. La
"carrera" estará perdida antes que
suene el disparo de partida.
La velocidad a
su vez, produce una sensación de inmediatez que
hace irrelevante la representación. No es
necesaria la intermediación si yo lo sé y
además gracias a la interactividad de los medios
tecnológicos disponibles yo puedo decir mi
opinión ahora mismo.
Quien me
representa dependerá así, cada vez más, de
cómo se me presentan los hechos y cómo se
presenta el candidato. Cuestión ya no de
representación como de presentación. La "banalización
de la política" ¿qué diría el
catedrático argentino Rodríguez Kauth? (4)
Pareciera que la
democracia total estuviera cerca, directa, sin
intermediarios, una Atenas electrónica global de
hombres y mujeres informados que deciden.
Reflexionemos, nos invita el historiador
norteamericano Arthur Schlesinger Jr.
"Quizá
no. La interactividad fomenta las respuestas
instantáneas, desalienta la reflexión y ofrece
vías para la demagogia, la egomanía, el insulto
y el odio. En una política demasiado
interactiva, una "pasión común", como
pensaba Madison, puede adueñarse de un pueblo e
inducir acciones emocionales y mal consideradas.
Al recordar la explosión de indignación popular
cuando el Presidente Truman destituyó al general
Douglas Mc Arthur, uno agradece que el municipio
electrónico no dirigiera al país en 1951".
(5)
James Madison,
citado por el autor, establecía en The
Federalist Papers la diferencia entre la
democracia pura y la república.
La
corrupción comunicacional
Regularmente
asociamos la corrupción con el enriquecimiento
ilícito a la sombra del poder, cuando esa es una
parte, pero no toda la película.
Así como pueden
los medios ayudar al cambio democrático y
pueden, también, producir efectos secundarios
inconvenientes al desarrollo democrático, su
creciente significación en la sociedad
contemporánea puede originar, como en efecto
origina, otras consecuencias.
Como el dinero,
representación del valor e instrumento de
cambio, y el poder, resultado de la necesidad
social de orden que en la democracia tiene los
límites que le fija la ley, no son en si mismos
corruptos pero ocasionan corrupción, así puede
ocurrir con los medios de comunicación.
Rápidamente se
me ocurren tres formas de corrupción
comunicacional.
Una es la nacida
entre actores políticos y medios de
comunicación. Puede llegar hasta la
"telecracia" o efecto Berlusconi, pero
no requiere de tales extremos o tales obviedades.
Puede producirse suave, soterradamente, lejos de
la visibilidad que la hace perceptible y
controlable.
Otra modalidad
es la de la "Demagogia Espectacular",
la explotación de la imagen como forma
demagógica, la política espectáculo, (6) y el catálogo bien
podría incluir a Zhirinovsky y a Perot, y
algunos incluyen en el grupo la gestualidad del
alcalde bogotano Antanas Mockus y la
presentación televisiva de Abimael Guzmán y el
paseo triunfal entre los muertos de la embajada
japonesa del Presidente Alberto Fujimori.
Y una tercera
forma de corrupción comunicacional en los
políticos, es la del miedo. El miedo al que
dirán magnificado por las modernas tecnologías
de la comunicación masiva. El miedo puede
inhibir y así evitar que se tomen decisiones que
implican un costo de popularidad. A veces, cuidar
unos cuantos puntos en una encuesta puede
significar pobreza para muchas personas. Pero el
miedo puede también persuadir, animar a dar un
paso que se sabe dañino pero que será bien
recibido.
Respuesta
en y para la libertad
Si "el
actual procedimiento de transmitir la política
se torna más sensible a la legitimación" (7), la sociedad
democrática debe tomar más en serio las
cuestiones que de ello se derivan.
En la
ciudadanía democrática hay una tensión
permanente. Esto de convivir en libertad, vivir
unos con otros, y no unos contra otros, sabiendo
-y respetando- nuestra diversidad, no es cosa
fácil, tiene demasiados problemas por resolver.
Más sencilla es la dictadura, donde para unos la
tarea es mandar y para otros, todos nosotros,
obedecer.
Resolver las
contradicciones que hemos descrito amerita
respuestas democráticas. Una búsqueda para la
que no hay mapa, pero sí la brújula y la aguja
han de apuntar siempre hacia el norte del
desarrollo de la convivencia civil, libre y
responsable.
Las pseudo
respuestas regresivas, dirigidas al control de
los medios y a la censura, llevan a la calle
ciega del autoritarismo que es preciso evitar.
Instituciones
"interactivas", en el sentido de
desarrollar la aptitud de comunicarse, tanto para
informar como para ser informadas. Promoción de
medios de comunicación propios -por ejemplo
emisiones de televisión de los parlamentos- que
lleven a los ciudadanos al debate tal y como es,
para que cada cual tenga oportunidad de formarse
opinión. Educación para la libertad y la
responsabilidad, tanto en el sistema formal como
a través de los medios y procurando su
cooperación. Son posibilidades.
Ante la
enormidad de la tarea pendiente, no propongo la
resignación espectadora de Maximiliano en el
"Intermedio de Querétaro" de Alvaro
Mutis, sino más bien la reflexión de Octavio
Paz en El Ogro Filantrópico. (8)
"Es
una tarea que exige aparte de circunstancias
históricas y sociales favorables, un
extraordinario realismo y una imaginación no
menos extraordinaria. No necesito recordar que el
renacimiento de la imaginación, lo mismo en el
dominio del arte que en el de la política,
siempre ha sido preparado y precedido por el
análisis y la crítica."
______
Notas:
1 La nueva página,
UNESCO-FCE, México 1997
2 Libre mente,
Espasa Calpe Madrid 1995
3 Contribuciones
KAS-CIEDLA, Buenos Aires 1997
4 Revista Política
Exterior, Vol. XI No. 59, Madrid 1997
5 "¿Tiene
futuro la democracia?" Revista Política
Exterior, vol. XI No. 60, Madrid 1997
6 "Porque las
imágenes también saben mentir",
Sarcinelli, op cit
7 Sarcinelli, op cit
8 Seix Barral,
Barcelona 1979
* Ramón Guillermo
Aveledo fue secretario del
presidente de Venezuela, Luis Herrera Campins. Es
presidente de Venezolana de
Televisión y diputado al Congreso de
la República desde 1989. Es autor de varios
libros y ensayos, y columnista semanal de
diferentes diarios venezolanos. Esta ponencia fue
presentada en la Conferencia Internacional
"El derecho de la información en el marco
de la reforma del Estado en México",
realizada en mayo de 1998 bajo los auspicios de
la Comisión de RTC de la Cámara de Diputados,
la Universidad Iberoamericana, la Universidad
Autónoma Metropolitana, la Fundación Konrad
Adenauer y la UNESCO, y se reproduce en Sala
de Prensa con autorización del
presidente de la Comisión de RTC, diputado
Javier Corral Jurado.
|