La
linotipia de José Arnaldo Márquez
Richard
Rodríguez Revollar *
Según
se anota en las enciclopedias y la folletería de
los grandes inventos, la linotipia es creación
del estadunidense de origen alemán Ottmar
Mergenthaler (1854-1899), quien la patentó el
año 1886 y la puso al servicio de la humanidad.
Para esa fecha,
todavía teníamos vivo en el Perú a un poeta y
periodista dueño de una fama pasajera, pero que
cayó derrotado por el vicio de la bohemia y la
pasión por los inventos descalabrados que
terminaron de llevarlo a la ruina: José Arnaldo
Márquez (1830-1903).
Durante la
década de 1870, Márquez tuvo el proyecto de una
máquina de imprimir matrices, la cual
representaba para entonces toda una revolución
en el arte tipográfico. La afanada idea de
materializar su obra lo llevó hasta Barcelona
donde se dio el trabajo de fundir cada una de las
piezas de su aparato mecánico, al mismo tiempo
que se asociaba con hombres de empresa para
atraer capitales y lanzar el negocio.
Pero fallaban
piezas o le faltaban tornillos. La linotipia de
Márquez no prendía. Agotado su último centavo
en la misión, este hombre que era una especie de
José Arcadio Buendía se trasladó a París
hasta donde lo siguió la miseria. Así hubo de
ser rescatado por Martín García Merou, un
escritor argentino radicado en la Ciudad Luz.
García Merou,
conmovido por el estado angustioso del peruano,
le estiró la mano reuniéndolo con los
ingenieros Nolasco Ortiz Viola y Alberto Blancas.
Ante esa pequeña audiencia, el revivido Márquez
explicó el funcionamiento de su máquina que en
letras del escritor argentino (Recuerdos
Literarios, 1891) era así:
Para
componer se daba vuelta a un manubrio que giraba
alrededor de dos alfabetos circulares, colocados
perpendicularmente. La letra señalada en cada
alfabeto iba a incrustarse en una matriz que
hacía efecto de componedor y de cliché para
estereotipia. La composición de la pasta
maleable de la matriz era también uno de los
secretos de Márquez.
El instrumento
fue retocado por última vez y patentado en Nueva
York el 4 de marzo de 1873. Una gira de Márquez
por Inglaterra y Francia para divulgar el invento
fue fatal, pues amigos de las ideas ajenas le
hurtaron los planos. La máquina durmió buen
tiempo, hasta que el 18 de enero de 1879 el
Congreso Peruano dio la orden de fabricarlo de
manera industrial.
Hubiera sido un
generoso aporte del Perú a la sociedad mundial,
pero 1879 fue también el año de la guerra.
Nuestra infausta guerra con Chile postergó
cualquier proceso de estimada envergadura. A
partir de allí, la obra de Márquez desmayó
para siempre.
El ingenio de
José Arnaldo Márquez nunca fue reivindicado.
Algunas calles en los distritos limeños de
Comas, Jesús María y San Martín de Porres
llevan su nombre en honor a su obra poética,
aunque tal no fue su mejor virtud. Contemporáneo
de los románticos Salaverry y Corpancho, José
de la Riva Agüero lo califica más bien como un
poeta sin mérito.
En cambio, se
constituyó como agudo ensayista. En 1848 empezó
a escribir en El Comercio y
posteriormente en El Heraldo, El
Diablo, La Actualidad
y El Diario, entre otras
publicaciones. Fundó y editó La
Semana (1851), El
Cosmorama (1867) y El Educador
Popular (1873-1877). También escribió
teatro y tradujo al castellano obras de
Shakespeare, Byron, Longellow y Whitman por
encargo de la Real Academia Española para su
colección de clásicos en lenguas extranjeras.
Márquez murió
muy pobre, asistido caritativamente por el
presidente de la república Eduardo López de
Romaña.
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Bibliografía:
Tauro del Pino, Alberto. 2001 Enciclopedia
Ilustrada del Perú. Lima: Peisa.
Gargurevich, Juan. 1991 Historia de la
prensa peruana 1594-1990. Lima: La Voz
Ediciones.
Diccionario Histórico y Biográfico del Perú
Siglos XV-XX. 1986 Lima: Editorial Milla
Batres.
*
Richard Rodríguez Revollar es periodista, bachiller en
Comunicación Social por la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos de
Lima. Ha laborado en diferentes medios de
comunicación escrita desde 1994. Entre los años
2000 y 2002 fue editor del noticiero de la
página web del canal de televisión Frecuencia Latina. Actualmente es colaborador de la
revista electrónica América Reporte.
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