CAPÍTULO 2
FUENTES
DE INFORMACIÓN
En la noche del
19 de marzo para unos, la madrugada del 20 para
otros, las redacciones de todo el mundo
recibieron -palabras más o menos- el mismo flash
o boletín de las agencias de noticias:
Estados Unidos ataca a Irak. Minutos
después, llegaba el primer eufemismo a modo de
explicación: las bombas y los misiles que
estaban sacudiendo a Bagdad iban destinados a
targets of opportunity, según
palabras del Departamento de Estado y luego del
presidente George Bush.
La guerra ese
día (noche, para algunos) era un hecho concreto.
Como también lo fue el importante protagonismo
periodístico que desempeñaron los informadores
durante dicho conflicto bélico. Y es que hay
algo que resulta inalterable más allá de cuales
son las potencias que se enfrentan bélicamente:
se trata de la necesidad de informar, por un
lado; y por otro, la del público de saber
detalles -lo menos distorsionados posible- acerca
de lo que está ocurriendo.
Hoy -a
diferencia de años atrás-, los cronistas de
guerra trabajan en comunicación con sus medios y
el público en tiempo real, gracias a la avanzada
tecnología de la que disponen. De esta manera,
imágenes y sonidos llegan al instante a
cualquier lugar del planeta y es imposible
ocultar nada o intentar pasar por alto el más
mínimo detalle.
Sin embargo, la
mayoría de las veces, el acceso a la
información no resulta tan sencillo para los
periodistas que se encuentran trabajando en las
zonas de conflicto, es decir, para los
corresponsales de guerra. Y es justamente aquí
donde surgen los mayores interrogantes y se
generan las más acaloradas polémicas: la
credibilidad de las fuentes oficiales en tiempos
de guerra.
Vale detenerse
en este punto para explicar que cuando nos
referimos a fuente informativa, adherimos a la
definición de Héctor Borrat: Toda
persona, grupo de personas, institución,
empresa, gobierno, religión, secta, club
deportivo que ha visto u oído algo, que tiene
documentos sobre ese algo y que está dispuesto a
proporcionarlo a algún medio informativo por
interés público o porque conviene a sus propias
estrategias.
Asimismo Borrat
especifica que el concepto de fuente es
relacional: se refiere a ciertos comportamientos
que un actor social puede desempeñar con
relación a otro en un proceso de comunicación.
Cualquier actor puede actuar como fuente de
información y puede, asimismo, alternar modelos
a lo largo de sus actuaciones del rol de
fuente.
Mientras algunos
especialistas en información bélica creen que
las condiciones en las que se desarrollan
actualmente las guerras provocan una mayor
dependencia de las fuentes habituales, otros
piensan que la única manera de realizar bien su
trabajo es acudir a fuentes alternativas,
especialmente, algunos sitios independientes en
Internet.
Durante la
reciente campaña militar encabezada por Estados
Unidos en Afganistán, muchos medios se vieron
obligados a emplear exclusivamente fuentes
militares estadunidenses, ya que la enorme
extensión geográfica del país dificultó la
cobertura in situ. Además, la falta de
seguridad para los periodistas (el régimen de
Sadam Hussein no ofrece ningún tipo de
garantías de respeto a los informadores)
imposibilitó a muchos medios a informar en
tiempo real desde los lugares mismos donde se
sucedían los hechos.
Como
consecuencia, las fuentes oficiales han sido las
únicas disponibles en muchos casos, y esto ha
incrementado notablemente las posibilidades de
ofrecer información poco precisa o incluso
trasladar al público falsedades introducidas por
los servicios de propaganda.
Sin embargo hay
que reconocer que la cadena Al-Jazzera -la
televisora de lengua árabe fundada hace siete
años sobre el modelo de la CNN y la BBC- se
convirtió durante la guerra en una piedra
en el zapato para sus competidoras
estadunidenses y británicas, manifestándose
como una fuente de información alternativa que
buscó romper con la uniformidad de la
información enviada desde la CNN y la BBC a todo
el mundo.
Y es que si algo
hay que reconocer es que si bien Washington y
Londres fueron los protagonistas únicos de la
agresión, más allá de los medios bélicos
propiamente dichos, existió una parte
beligerante de la que casi no se habla, y que
desempeña un papel fundamental en esta guerra
criminal: el conjunto de los grandes consorcios
informativos de Estados Unidos y sus subordinados
del mundo.
Pero hay algo
más: esta guerra fue el primer conflicto bélico
en el cual existió un nuevo medio de
información de masas: Internet. Y así como la
situación ha despertado pasiones violentas en la
calle y manifestaciones pacifistas en todos y
cada uno de los rincones del planeta, también
dio nacimiento a una nueva generación de
periodistas independientes (warbloggers) que
salieron a la calle con teléfono móvil, cámara
y portátil para relatar todo lo que estaba
ocurriendo en la zona de conflicto. Muchos no son
profesionales, muchos no trabajan para ningún
medio oficial. Pero todos trabajan veinte horas
al día para ofrecer información de primera
mano. Actualizada. Sin censuras.
Lo cierto es que
tanto unos como otros (es decir, los
tradicionales corresponsales de guerra o los
ahora llamados warbloggers) no desconocen la
relación directa que existe entre fuente
informativa y noticia. Tan directa es esta
relación que la elección y selección de
fuentes va a condicionar, sin duda, la labor en
un periódico, emisora de radio, televisión o
agencia de noticias.
Por ello, tener
buenas fuentes informativas significa ser menos
dependientes de ciertas partes interesadas, o
como dice Borrat,10 cuanto más intensos y
plurales sean los flujos de información,
menor será para el periódico la necesidad
de usar la información filtrada o la
información investigada y a la inversa.
En la vorágine
del trabajo diario (y más aún en plena zona de
conflicto), tener buenas fuentes informativas es
una garantía de que se está en mejor posición
que otros medios para obtener la primicia. Pero
para ello, los corresponsales de guerra deben
haber tejido una amplia red de contactos,
estableciendo con cada uno de ellos una especie
de protocolo que les permita acceder a las
noticias y, al mismo tiempo, evitar
intoxicaciones, es decir, cualquier intento
de proporcionar informaciones falsas a un medio
con el objetivo de crear un estado de ánimo
favorable o desfavorable a determinadas
instituciones, empresas o personas.11
Corresponsales de guerra
La figura del
corresponsal identifica a un tipo de periodista
profesional que se presenta a la vez en las
agencias de noticias y en diarios, revistas y
emisoras de radios y de televisión: trabaja para
cualquiera de estas organizaciones, de manera
permanente, fuera de la sede central de la
redacción sea dentro o fuera del país. Su
función es suministrar informaciones, comentar
los acontecimientos y representar al medio ante
organizaciones de todo tipo.
Entendido en
estos términos, el corresponsal es el típico
habitante de la diáspora periodística destinado
a trabajar en uno de los lugares donde el
periódico concentra sus esfuerzos informativos.
Situado fronteras afuera, parece el equivalente
periodístico del embajador o del cónsul.
Borrat distingue
tres modelos alternativos de actuación de los
corresponsales:
- El
corresponsal del periódico se limita a
recoger y reescribir la información de
aquellas fuentes profesionales del área
afines a la línea del medio. No crea:
reproduce, cita, glosa, plagia.
- El
corresponsal del periódico recoge,
interpreta y reescribe la información
procedente de diversas fuentes
profesionales del área, sean ellas
afines o no a la línea del medio. Crea
como intérprete de lo ya informado por
las fuentes profesionales.
- El
corresponsal del periódico ensambla la
recogida, interpretación y reescritura
de diversas fuentes profesionales con la
propia búsqueda en las fuentes (no
solamente profesionales) de que él
dispone. Crea como intérprete de
informaciones ajenas y como productor e
intérprete de sus propias informaciones.
Estos tres
modelos de comportamiento generan relatos
informativos muy diversos:
- Los del
primer modelo son tan pobres que el
mantenimiento de la corresponsalía sólo
se explicaría como emblema del prestigio
internacional del medio.
- Los del
segundo modelo legitiman la existencia y
los costes de la corresponsalía como
complemento útil de las otras fuentes.
- Los del
tercer modelo demuestran la necesidad de
una corresponsalía.
Lo cierto es que
fuere cual fuere el tipo de corresponsal que el
medio envía, el mismo ejerce sobre unos y otros
cierto grado de control. A todos ellos se les
exige que, apenas instalados, dispongan de sus
propias fuentes de información. Gran parte de
esas fuentes las reciben de sus predecesores en
el cargo; las otras quedan libradas a su propia
iniciativa y a las sugerencias que les hagan
llegar sus jefes.
Las fuentes del
correponsal pueden ser de muy diversa naturaleza:
miembros del gobierno, de la administración y de
las fuerzas políticas de esas áreas; de los
sindicatos; de las embajadas, etc. Típicamente,
entre esas fuentes se destacarán sus pares: los
informadores del área y sobre todo los otros
corresponsales extranjeros, a quienes frecuenta
como compañeros en la faena profesional y en
ciertas asociaciones que le aseguran encuentros
periódicos y le facilitan las búsquedas
informativas compartidas.
Corresponsales de ayer y de
hoy
Las muertes y
los incidentes registrados recientemente en Irak
recordaron a muchos la guerra de Vietnam: el
mayor trauma de los estadunidenses, donde
incluso, un periodista argentino, Ignacio Escurra
-que viajó enviado por el diario La Nación-
perdió la vida.
Las
comparaciones son inevitables pero las
diferencias enormes, ya que en estos casi
cuarenta años transcurridos las cosas cambiaron
espectacularmente. La informática, las
computadoras e Internet aseguran la más amplia
libertad de prensa y de expresión, aunque hay
aún comunidades a las que se les ha negado el
acceso a la tecnología y que siguen ignorando
que hay otro mundo fuera de ese en el que han
sido encerrados por intereses ideológicos o
religiosos, como sucedió con buena parte del
pueblo iraquí.
Vietnam era
distinto. Para los periodistas que cubrieron
entonces aquella batalla, comunicarse con el
diario para el cual trabajaban o con la familia
era una misión verdaderamente imposible: las
líneas telefónicas hacia el exterior no
existían y el correo tardaba demasiado tiempo en
despachar correspondencia. No se habían
inventado aún las cámaras digitales y había
que revelar, imprimir y mandar las fotos por vía
aérea, algo tan complicado por las combinaciones
que había que programar desde ese lugar que las
posibilidades eran que llegaran a Buenos Aires
con una demora de entre una semana y un mes,
salvo los pocos medios que disponían de una
amplia infraestructura de apoyo detrás, radio
mediante, que posibilitaba la comunicación y el
envío de radiofotos sin mucha
confiabilidad y mucho menos calidad.
Así, la noticia
más fresca que llegaba al público tenía entre
48 y 72 horas de atraso. Hoy, en cambio, llegan
en tiempo real, es decir, mientras está
sucediendo.
Jorge Iglesias,
periodista y corresponsal de guerra en Vietnam
para el diario El Mundo, explicó que
había a diario en Saigón una conferencia
de prensa de los estadunidenses y otra de los
survietnamitas, pero para ver cuál era realmente
el clima había que salir a la calle, tratar de
comunicarse con la gente y viajar a la selva,
hablar con los soldados en plena acción, en el
Delta del Mecong, por ejemplo, que es donde yo
estuve durante un mes. El panorama general
variaba fundamentalmente.12
Así, Iglesias
destacó que en pleno conflicto bélico no
hay forma de corroborar la veracidad de las
fuentes y el origen de los rumores, hay que oír
todas las campanas, hacer un cuidadoso análisis
y agregarle la apreciación personal. Dados los
graves intereses en juego en estos casos, es
imprescindible oír todos los rumores, manejarlos
equilibradamente y, si es posible, citar a las
fuentes. Y agregó que el valor de la
información está en el balance que hace el
corresponsal, con el valor agregado de su
experiencia personal en el campo de
acción.13
De esta manera,
el periodista que hoy se desempeña en el diario Crónica
resaltó que la perfecta objetividad no
existe. Una crónica sobre un mismo asunto
desarrollada por Página/12 e Infobae,
seguramente serán diametralmente distintas
(salvo circunstancias muy especiales y
puntuales). Lo que es un planteo objetivo para
uno, tal vez no lo sea para el otro. Pero de esta
exposición de ideas y conceptos, en definitiva
saldrá la verdad.14
Frente al
cuidadoso manejo que se debe tener respecto de
los mensajes desinformativos, Iglesias explicó
que la noticia está ahí y depende de
nosotros y del medio, de qué forma será
trasmitida. Siempre seguirán teniendo vigencia
los cómo, cuándo, quién, dónde,
porqué. Si uno está seguro que respondió
lealmente a estos puntos, la misión estará
cumplida, cualquiera sea el hecho y el escenario.
Cuando el lector es engañado debe quedar bien
claro que la responsabilidad es de las
particulares circunstancias en que se desarrolla
la noticia y de las fuentes. Cuando la sospecha
recae sobre el periodista o el medio, ahí
estamos en un problema.15
Mientras en
Bagdad los cronistas estaban en medio de la
guerra formal, en Saigón estaban rodeados por
una guerra no convencional: las explosiones, los
disparos, los ataques podían llegar de cualquier
lado y en cualquier momento sin poder ver jamás
quién atacaba. Pero lo cierto es que hoy como
ayer, cualquiera fuera la guerra, el riesgo para
los cronistas fue y seguirá siendo el mismo.
El
decimoséptimo día de ofensiva se produjo un
hecho que causó indignación en la comunidad
periodística mundial: un tanque de las fuerzas
estadunidenses disparó un misil contra el hotel
Palestina, en el cual se encontraban alrededor de
200 periodistas.
La vocero del
Pentágono, Victoria Clarke, declaró que las
tropas de Estados Unidos actuaron en defensa
propia, ya que el ataque a dicho hotel obedeció
a disparos de francotiradores que provenían del
interior del edificio. Estamos en guerra.
Se combate en Bagdad y nuestras tropas fueron
atacadas, por lo tanto, ejercitaron su derecho a
la autodefensa. Advertí a los periodistas que
esto era peligroso, y que nadie está a salvo en
una zona de guerra.16
Y es que para el
Pentágono hay dos clases de periodistas: los
protegidos, que se insertan en las tropas
(embedded) y aceptan las normas y limitaciones
que les imponen los militares, y aquellos otros
que trabajan de manera independiente, cuyo
desplazamiento es desconocido por las tropas. Las
respuestas de los periodistas no tardaron en
hacerse oír. Gustavo Sierra, de Clarín,
comentó que: Si estaban en el techo, para
qué dispararon a los pisos 14,15 y 16, bastante
más debajo de la terraza, a la cual se accede
desde el piso 20.17
Por su parte,
Stella Calloni destacó que la invasión de
Estados Unidos contra Irak
periodísticamente debe tratarse como
invasión y no como guerra porque no es una
guerra declarada, hay un montón de
condicionamientos que hacen que esto sea una
invasión pírrica en un proyecto de
colonización. Allí han muerto muchos
periodistas. Hay muchos heridos de medios muy
pequeños que no se sabe, lo cual puede elevar la
cantidad de muertos a una cifra que no se ha
visto en mucho tiempo en una guerra, ni siquiera
en las coberturas de la ex Yugoslavia, ni en
Afganistán, donde la cobertura muchas veces se
hizo desde la frontera con Pakistán.18
Y agregó:
Hay que tener en claro que una cobertura de
guerra no es el éxito de una primera plana, una
cobertura de guerra es cubrir una guerra, es ver
morir gente, es ver injusticias terribles. Es
saber cómo vas a desarrollar tu trabajo. Hay una
enorme responsabilidad que le cabe a una
corresponsal de guerra en estas situaciones,
porque se trata de vidas humanas y una
información de un corresponsal de guerra a
veces, por tener un espacio de primera plana,
puede significar la vida de muchísima gente.
Este tema preocupa muchísimo a la gente de
derechos humanos y a la Cruz Roja Internacional:
la conducta de un corresponsal de guerra tan
ligada al problema ético. Allí cualquier
información, cualquier amarillismo, estos
exitismos que buscan muchos, pueden significar la
vida de mucha gente.19
Justamente es en
este punto donde cobran real importancia las
fuentes de información, las cuales Calloni
entiende como el lugar de donde uno puede
obtener precisamente los elementos necesarios
para hacer una información lo más precisa
posible. Para esto no hay que recurrir a
diferentes fuentes, sino que muchas veces el
manejo serio de una sola es suficiente.20
En cuanto al
desempeño que tuvieron los medios de
comunicación frente a la contienda, la
periodista resaltó que todo el proyecto de
la maquinaria estadunidense de controlar la
información para esta guerra como había sido
con la guerra del Golfo, por ejemplo, fue
derrotado por esa presencia de corresponsales de
países que no entraron en la guerra, que no
acompañaron en la invasión, como Francia,
Alemania y otros, que fueron a hacer la cobertura
y no tuvieron la necesidad, como en la ex
Yugoslavia, de pasar la información a fin de las
necesidades del mayor protagonista de esa guerra.
Entonces pudieron hacer un trabajo muchísimo
más serio y más responsable.21
Respecto de la
manipulación de la información por parte de la
CNN, Calloni reconoció que se tuvo que
adscribir a las órdenes militares de Estados
Unidos, porque no quedó nada fuera del control
militar; así que la CNN transmitió con su gente
y con las tropas y no pudo a veces hacer una
transmisión cuando ya la presión internacional
se hizo muy fuerte, por ejemplo.22
En tanto,
explicó que a diferencia de otros
enfrentamientos esta vez hubo más escape
de información para descubrir, a diferencia de
la Guerra del Golfo donde el hermetismo fue
absoluto. Salvo un periodista de la CNN que hizo
una cobertura a su manera, el resto estaba
manipulado de tal forma que si vos mirás lo que
mostró la TV en la Guerra del Golfo y lo que se
vio ahora, se puede extraer una visión exacta a
través de imágenes abrazadoras, luces de
helicópteros, pero no muertos. Tampoco se los
vio en Panamá, aunque uno se enteró después de
la cantidad de víctimas. Es decir, hubo una
diferencia y fue positiva; a pesar de que el
entramado que se había armado para impedir la
fuga de información era mucho más grande que en
ninguna de las otras dos ocasiones.23
Desinformación y nuevas
tecnologías
En los
últimos tiempos se ha notado también la
frivolización de la noticia: primero en la
manipulación de las noticias, en la tragedia de
haber quedado prisioneros o cautivos de los
grandes medios que nos transforman en repetidores
de la desinformación. Si se observa la
televisión acá, es una repetidora y esa es la
única misión que tiene: repetir. Nosotros no
tenemos autonomía informativa porque en este
momento estamos muy empobrecidos, y esto
convierte a la situación en algo muy
complejo, destacó Calloni.24
Respecto de la
objetividad a la hora de informar en una
contienda bélica, la periodista cita a Franz
Fanon, quien decía que para los colonizados la
objetividad va siempre contra ellos. Si yo
cuento la invasión de Afganistán, el invasor va
a decir que yo soy subjetiva, aunque yo esté
contando sólo lo que veo. Estos temas generan
mucha confusión a la gente y le permiten a
muchos canallas crear situaciones de
desestabilidad a un país mientras ellos se
resguardan en el tema de la objetividad y a veces
la gente no tiene respuesta. La objetividad está
ligada a la verdad y no a la necesidad del medio
en que trabajo o la necesidad de un invasor. Es
inevitable el involucramiento porque somos seres
humanos y nunca se verá una violación tan
grande de todos los derechos humanos como en una
guerra. Hay que tener cuidado con esta idea del
posmodernismo de convertirnos en robots de la
noticia.25
Respecto de
cuáles son las formas para enviar la
información, teniendo en cuenta que puede ser
riesgoso, Calloni explicó que todo
requiere de una gran creatividad, de
imaginación. Es la manera de mantenerte en una
guerra. Como decían los franceses, la
imaginación al poder, el otro requiere
más que imaginación para apropiárselo. Si
estás en una zona controlada por paramilitares,
dónde vas a despachar, ellos tiene controlado el
teléfono, los telégrafos. Entonces ahí tenés
que utilizar la imaginación. Siempre tenés
algunas fórmulas.26
En cuanto al
papel que jugó Internet en la transmisión de
información, destacó que el poder no
puede controlar Internet. Pueden interferir, pero
no pueden controlar, porque además tienen una
pobreza intelectual muy grande y sus buscadores
son muy elementales que llevan al error. Tienen
una gran alienación y ese es su talón de
Aquiles, y como nosotros (los periodistas) somos
especialistas en romper talones de Aquiles
tenemos mucho por hacer.27
Corresponsales argentinos en
la guerra: El caso Gustavo Sierra y
Elisabetta Piqué
El enviado del
diario Clarín, Gustavo Sierra, llegó a
suelo irakí una semana antes del inicio de los
ataques de las fuerzas aliadas. Fue el único
periodista argentino que logró conseguir una
visa y, de esta manera, poder estar desde un
primer momento en la ciudad de Bagdad. Esto le
permitió no sólo conocer cómo era la vida
de un pueblo a horas de una guerra, sino también
difundir de primera mano la
información desde un lugar en donde todos
estaban esperando que se desatara el conflicto
bélico.
Sierra se
instaló en el hotel Palestine -invadido de
corresponsales extranjeros- y desde allí empezó
a vivir la guerra.
El jueves 20 de
marzo, una vez vencido el plazo otorgado a Saddam
Hussein, se iniciaron los ataques sobre la
capital irakí. A partir de ese momento, Sierra
se comunicó diariamente con el diario, enviando
sus notas desde su herramienta más preciada: un
teléfono satelital que le permitía comunicar
imágenes, voz, texto, fax, Internet.
El bombardeo
sobre el territorio de Irak duró algo más de 20
días, luego que la ofensiva aliada lograra tomar
Bagdad. Fue entonces cuando la posguerra comenzó
a vivirse con preocupación entre los iraquíes,
con la caída del régimen de Saddam Hussein y al
no ver con buenos ojos la ocupación
estadunidense en su país.
Gustavo Sierra
lo comentó en una de sus crónicas diarias al
decir que acá, la mayoría de la gente no
quiere a Saddam, pero tampoco cree que esos
marines que vienen en esos enormes tanques vayan
a ser la solución de nada.28
Se iniciaron los
saqueos por las calles de Bagdad, y al intentar
buscarle una explicación Sierra señaló que
es como si la gente hubiera salido
apropiarse de una parte de lo que sabe que le
pertenece pero que el régimen de Saddam le
venía quitando desde hace muchos años.29
Sobre el futuro
de un país desbastado por las bombas, el
periodista indicó que ahora, sólo queda
saber en cuánto tiempo más se impondrá el
nuevo régimen, quiénes serán los nuevos
gobernantes, de dónde saldrán y si Saddam
entrará en la galería de los grandes fugados
después del 11 de septiembre junto a Osama Ben
Laden y al mullah Omar de Afganistán. Y
agregó que los iraquíes antes de la
caída del régimen e inmediatamente después
siempre fueron muy claros sobre lo que querían
para el futuro. Nadie aquí cree que un gobierno
impuesto por Estados Unidos vaya a sobrevivir por
mucho tiempo. Y consideran que todos los
dirigentes opositores que viven fuera del país
son unos traidores, por lo tanto, indignos de
regresar a participar de ningún gobierno de
transición.30
La censura y la
manipulación de la información tampoco estuvo
ausente en este conflicto. Cualquier movimiento
de los periodistas que estaban alojados en el
hotel Palestine era celosamente controlado por un
grupo de censores del régimen, quienes
le cobraban una suma de dinero a cada
corresponsal, según la herramienta que contara
para trasmitir información.
Al respecto, el
corresponsal de Clarín mencionó en
unas de sus crónicas: Anoche dieron las
nuevas reglas para los periodistas. Un decálogo,
cuyo mayor propósito es obtener fondos frescos
en dólares. Otra vez uno no se puede mover sin
'guía' (exigen un pago de 25 a 30 dólares por
día). Además exigen el pago por
adelantado de 150 dólares diarios para poder
tener un teléfono satelital y 350 por equipo de
TV. Hay colegas de la prensa gráfica a los que
les han pasado ayer facturas por 13.000 dólares,
que es la suma de lo que deben por su teléfono
desde que llegaron a Bagdad.31
Siguiendo con la
censura y la propaganda durante la guerra, Sierra
-como el resto de los enviados- vivió la
manipulación de la información. El control
sobre lo que se informaba se encontraba tanto del
lado estadunidense como del iraquí. Hay
presiones y maniobras de los dos bandos para
intentar manipular la información y a los
periodistas que cubrimos este conflicto.32
Por la
mañana, decenas de corresponsales tenemos que
esperar varias horas en la puerta del hotel
Palestine la partida de los autobuses del
gobierno que supuestamente nos llevarían al
frente de batalla. Es la única vía oficial para
salir de este lugar y de poder ingresar a los
sitios bombardeados, reconoció el enviado
especial y remarcó: Ahora a los censores
del régimen saddamista se les ocurrió que se
puede filmar desde la planta baja del hotel o de
la terraza, pero no desde los balcones de los
cuartos, como todos venimos haciendo. Quieren
requisar todos los trípodes de las cámaras. La
propaganda y la censura en las guerras no tienen
límites.33
A pocas horas de
la caída de Bagdad en poder de las tropas
aliadas concretamente, el 8 de abril-, una
fuerte explosión se sintió en el interior del
hotel Palestine. El tremendo impacto provocó la
muerte de dos camarógrafos y el resultado de
esta guerra -tan desigual como incomprensible-
causó la muerte de 11 periodistas.
Al respecto,
Gustavo Sierra señaló que un rato más
tarde, aparece alguien diciendo que el Pentágono
admitió que uno de los tanques, en el puente,
disparó al hotel porque desde el edificio
habían recibido fuego de francotiradores. En el
Palestine hay 300 periodistas desde hace veinte
días y ninguno de nosotros jamás vio a nadie
armado fuera del lobby del hotel y nunca se vio
ninguna evidencia de que desde allí pudieran
estar operando algunos milicianos y mucho menos
soldados del ejército iraquí.34
Una mujer en el frente
La corresponsal
del diario La Nación, Elisabetta
Piqué, estuvo en diferentes guerras (Bosnia,
Kosovo, el conflicto palestino-israelí y
Afganistán, entre otras), por eso su objetivo
esta vez también era Bagdad. Negada la visa para
poder ingresar a Irak, Piqué decidió esperar el
inicio de las acciones desde Kuwait para a partir
de ese momento, poder ingresar a Irak siguiendo a
las tropas aliadas, hecho que finalmente logró
cuando llegó a Bagdad y las tropas de los
Estados Unidos ya habían tomado el control de la
ciudad.
Para poder
cubrir e informar qué estaba sucediendo en
territorio iraquí, se debió trasladar -junto
con un grupo de periodistas italianos- desde
Kuwait City hacia el foco del conflicto. La meta
era Bagdad y tras varios días de intentos
fallidos lo consiguió. Luego, finalizado el
conflicto bélico, Piqué, al referirse a lo
absurda de esta guerra, señaló que el fin
es desterrar de raíz la red terrorista que
amenaza el mundo. Una operación que se avizora
infinita, que comienza con una inútil guerra en
Afganistán, a la que le sigue una inútil guerra
en Irak.35
Y agregó:
Creo que es más inútil que las demás
esta guerra porque va a provocar el efecto
contrario al deseado, que es prevenir el
terrorismo. Es obvio que va a multiplicar el
terrorismo en todo el mundo, y además a acentuar
el choque de civilizaciones, el choque entre
Occidente e Islam.36
Por último, la
enviada de La Nación mencionó que la
operación desplegada en Irak llamada
Libertad Duradera fue bautizada
cínicamente Libertad iraquí, y
comenzada luego de la devastación de la ONU -que
jamás legitimó la operación querida a toda
costa por George W. Bush-, la guerra en Irak
tenía como fin eliminar las armas de
destrucción masiva que escondía Saddam Husseim.
A fines de mayo de 2003, aunque Irak ha sido
liberado del despiadado dictador
-cuyo terrible régimen fue apoyado por Estados
Unidos durante la guerra contra Irán-, nadie
sabe dónde está Saddam. Y, hasta ahora, ninguna
persona ha encontrado armas de destrucción
masiva. En medio del caos (porque hay grandes
divisiones entre los chiítas, los sunnitas, los
kurdos), Estados Unidos -una superpotencia que
los iraquíes detestan porque son conscientes de
que su intención es controlar el petróleo, más
allá del plan de democratización de Medio
Oriente- intenta dar vida a su
protectorado.37
Cabe mencionar
en este punto un dato por demás importante: Irak
tiene reservas de petróleo por unos 112 millones
de barriles de crudo, lo que lo convierte en el
segundo productor a nivel mundial.
Inevitablemente,
como los talibanes en Afganistán, también la
gente de Saddam se está reciclando en Irak, para
amoldarse a la nueva realidad. ¿Valieron la pena
todos esos bombardeos sobre un país en el que no
había nada que bombardear, que ya estaba
destruido por la guerra de Irán, por la primera
guerra del Golfo y por el embargo?38
Medios de comunicación
nacionales: El caso Clarín y La
Nación
Durante el
conflicto bélico entre Irak y Estados Unidos, La
Nación ha mantenido una posición
equilibrada si se la compara con la que adoptó Página/12
(de marcada tendencia antiestadunidense) y la que
tomó el diario Clarín (que tendió en
cada nota a lograr una objetividad aparente).
Fue así como el
diario fundado por Bartolomé Mitre utilizó el
humor gráfico (en clara alusión a Bush y su
interés por el petróleo) y las notas de
opinión por parte de periodistas especializados
en el tema para acercarle al lector diferentes
elementos que le permitiesen, de alguna manera,
sacar sus propias conclusiones.
Asimismo mostró
no sólo los aconteceres de la guerra por parte
de la prensa aliada, sino que además presentó
aquello que difundía el periodismo árabe. De
esta manera, La Nación ha mostrado la
importancia que dio no sólo al tratamiento
periodístico mundial sobre la contienda bélica,
sino que además puso el acento en los distintos
hechos que tuvieron como protagonista al trabajo
de los cronistas y corresponsales en Irak.
Ejemplo de esto fueron las duras críticas de
Tony Blair a la BBC, la expulsión de Gerardo
Rivera de Bagdad y el ataque al hotel Palestina.
Por su parte, el
posicionamiento que el diario Clarín
adoptó ante el acontecimiento bélico puede ser
calificado de muchas maneras, pero antes que
nada, de oportuno. Esta afirmación se debe no
sólo a un sentido político, sino también
comercial y coyuntural, pero que no refleja un
consciente posicionamiento ideológico por parte
del matutino.
Pese a la
marcada objetividad que quiso
transmitir ante los hechos, el diario adoptó una
acertada posición crítica de los ataques, lo
cual se asemejaba con el sentir de la opinión
pública. Esta ubicación de Clarín
ante los acontecimientos no se presenta al
principio mismo de la ofensiva, sino tiempo
antes, con la aparición en sus páginas de voces
muy críticas frente a la belicosidad
estadunidense.
Por ejemplo,
publicó en sus páginas una nota a Gore Vidal,
un reconocido intelectual estadunidense que acusa
al gobierno de su país de haber posibilitado
conscientemente los ataques a las Torres Gemelas
el 11 de septiembre de 2001, y denuncia la
relación de la administración Bush con las
compañías petroleras, lo que a su entender
explicaría su obsesión por invadir Irak.39
Una vez iniciado
el ataque, Clarín continúa en la misma
línea. El mismo día en que comienza la ofensiva
misilística estadunidense (es decir, el 23 de
marzo) aparece en el Suplemento Zona del diario,
una nota sobre las posiciones adoptadas por los
distintos países de América Latina, donde se
resaltan las posturas más críticas y se
establecen los posibles impactos en la región de
la iniciativa militar estadunidense.
Entre las voces
de los diferentes diplomáticos latinoamericanos,
Clarín destaca aquellos que aparecen
más contrarios al ataque, como por ejemplo, la
del argentino Juan Tokatlián, quien dijo que
lo importante y terrible es que Estados
Unidos se arrogue el derecho de cambiar cualquier
régimen político.40
Entrevista a Paula Lugones
P: ¿De qué
manera realizaron la cobertura con el
corresponsal Gustavo Sierra?
PL: La decisión
de enviar a Sierra fue tomada antes de iniciarse
el conflicto. Él venía preparándose unos
cuantos meses antes y por suerte pudo conseguir
una visa que era muy difícil de conseguir.
Teníamos dos maneras de cubrir la guerra: una,
independiente a Bagdad, y la otra ir con el
Ejército de Estados Unidos. También cabía la
posibilidad de ingresar con las tropas desde
Kuwait -que era lo que se esperaba que iba a
pasar-. Así como La Nación eligió
tener a su corresponsal en Kuwait e ir avanzando
a medida que lo hacía la tropa de Estados
Unidos, nosotros preferimos que Sierra llegara
antes que avanzara el ataque (una semana antes
aproximadamente).
P: ¿Esto qué
les permitió?
PL:
Fundamentalmente recoger de primera persona y
relativamente sin ningún tipo de fisura la
información de la calle de Bagdad, lo que de
pronto otros medios no pudieron tener. Es decir,
trabajar con una de las fuentes principales de
información. Después por supuesto teníamos
todo la apoyatura de las agencias de noticias,
porque nosotros estamos subscriptos a las
principales y a los grandes diarios del mundo;
esto significa que podemos publicar las notas que
ellos publican sin ningún tipo de problemas. De
esta manera, nuestra fuente de información era
una combinación de todo: nuestro corresponsal en
Washington -que también proveía información de
la guerra-, Ana Barone; Marina Aisen, que estaba
en Nueva York cubriendo todo lo que ocurría con
la ONU; Sierra en Irak, y después el flujo
permanente de las agencias de noticias. Fue un
arduo proceso de selección de información.
P: ¿Cómo se
mantenían comunicados con Sierra?
PL: Él se fue
con un teléfono satelital desde donde enviaba
sus notas. A veces era muy difícil comunicarse,
entonces enviaba su material temprano y nosotros
lo íbamos actualizando. Generalmente mandaba dos
o tres notas, cuando nosotros llegábamos a la
redacción ya teníamos una propuesta suya, le
dábamos el OK y él la mandaba.
P: ¿Y la
comunicación era diaria?
PL: Sí diaria.
En general hablamos todos los días, incluso en
los peores momentos nos pudimos comunicar a
través del messenger.
P: ¿Cuál fue
el tratamiento que se le dio a la información?
¿Tuvieron algún tipo de restricciones?
PL: Los textos
de Gustavo, como eran escritos de guerra, los
fuimos guardando en cajas, y algunas veces
editamos algo aunque generalmente salía todo lo
que él escribía sin ningún problema. Fue una
edición común, no había ningún tipo de
presiones porque lo que intentamos siempre fue
ser imparciales. No sólo teníamos todos los
días un bombardeo de información de un solo
lado -salvo la BBC, era todo del lado
estadunidense-, sino también la visión de
Gustavo del lado Iraquí, entonces
contrarrestábamos eso que de pronto algunos
diarios en algún punto no lo lograron. Teníamos
acceso a la cadena árabe Al Jazeera a través de
las cadenas de televisión, por ejemplo.
P: ¿Tiene
credibilidad esta cadena?
PL: Sí, de
todas maneras, siempre citamos la fuente. Si por
ejemplo Al Jazeera decía que su propia fuente
tal cosa, nosotros mandábamos la
información confirmando quién la decía. No nos
hacíamos cargo.
P: Hasta antes
que viajara Sierra -que es cuando se empezó a
hablar de la posible invasión a Irak por la
existencia de armas químicas-, ¿cómo manejaban
la información que mandaban los medios, tanto la
que podía llegar del continente asiático como
de otros países?
PL: De la misma
manera. En ese momento la información era muy
confusa e intentábamos consignar las dos partes,
sobre todo el bombardeo muy grande de las
agencias estadunidenses. Nosotros no nos
poníamos de un solo lado, sino que pusimos el
énfasis también en otras visiones que no eran
las de Estados Unidos a través de corresponsales
en Europa.
P: ¿Qué
opinión le merece la manipulación de la
información de los medios estadunidenses en
cuanto a generar dentro de la opinión pública
mundial la idea de que había que invadir porque
existían armas químicas, aun cuando no estaba
confirmado?
PL: Creo que se
sumaron los medios quizás imbuidos por el
discurso post 11 de septiembre o el discurso de
Bush. Creo que no fueron lo suficientemente
críticos de las argumentaciones que dio Bush
para ir a la guerra, de hecho muchos de ellos
están haciendo un mea culpa,
reconociendo que cometieron errores y no
chequearon demasiado bien las informaciones que
alegremente daba Bush. Por el contrario, cuando
éste se largó a la guerra hubo una especie de
sumisión de los medios que dijeron: Bueno,
ahora que estamos en guerra tenemos que apoyar al
gobierno como una especie de cosa patriótica que
con el correr del discurso de la guerra un poco
fue aflojándose hasta que ahora se tiene una
actitud un poco más crítica.
P: ¿La
intención de Clarín fue que Sierra
siempre estuviera en Bagdag o en un momento se
discutió ir detrás de las tropas
estadunidenses?
PL: No, en
ningún momento. Consideramos que esa era la
mejor opción porque íbamos a tener mucha
información de ese lado; ahí había un montón
de periodistas y si iba, iba a estar un poco
encorsetado porque con las tropas muy cerca se
está censurado todo el tiempo. Es más, los
periodistas tenían que firmar un contrato de las
cosas que iban a decir antes; en cambio en Bagdag
había un espacio para explotar menos conocido:
el lado de la historia, el contacto con la gente,
etc.
P: ¿Qué
cambió de la primer guerra (La tormenta del
desierto) a ésta de Irak en cuánto a cómo se
generaba la información desde el propio lugar
del conflicto?
PL: En ese
momento yo estaba trabajando en el diario, pero
no en internacionales. De todas maneras recuerdo
bien el tema de la cobertura, la información
prácticamente era muy escasa, muy limitada y
desde un solo lado, porque prácticamente no
había periodistas en Bagdag; además el uso de
las tecnologías y las tecnologías mismas eran
otras: no había telefonía satelital, no había
Internet, realmente era algo muy complicado de
transmitir. Incluso las tecnologías estaban
disponibles de manera deliberada porque Estados
Unidos no quiso que esa guerra se diera a conocer
masivamente. Nunca se vieron muertos, nunca se
supo cuántos muertos hubo, por el contrario, la
imagen que todos recuerdan es la pantalla verde y
las lucecitas titilando sin entender bien qué
eran. En este caso decidieron hacer -supongo que
por decisión de los medios- un peritaje especial
del Pentágono para que la gente tuviera acceso
de primera mano a la información. Habilitaron un
sistema que permitía llegar a periodistas con
las tropas pero de alguna manera estaban muy
controlados.
P: ¿Crees que
fue deliberado?
PL: Totalmente.
Es una manera de decirles a los periodistas:
Los dejamos ir, tienen su cobertura, pero a
la vez están totalmente restringidos y
controlados. En definitiva no sirvió al
lector para enterarse de lo que estaba ocurriendo
porque no muchos medios estadunidenses tenían
gente en Bagdag, se escuchaba una sola campana y,
paradójicamente, los estadunidenses se fueron
enterando de cosas que pasaban a través de Al
Jazeera, lo que obligó a la CNN a contratarla
para oír las cosas que ocurrían en Bagdad.
El caso de
Sierra fue algo especial por el tipo de cobertura
que tuvo: convertirlo de alguna manera en un
personaje central en toda esta historia. El tema
es que no podían entrar, había un corresponsal
en Kuwait y había otro corresponsal en
Washington. Y la verdad es que la cobertura hoy
tiene un impacto mayor en ese sentido porque hay
un gran capital audiovisual. Esta guerra fue muy
transcendida, un impacto en los lectores, en la
gente común, en la gente mayor. Repito, las
nuevas tecnologías hacen que tengas las guerras
en el living de tu casa, esta es la gran
diferencia con otras contiendas en el pasado.
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