Democratización
de la sociedad:
Entre el derecho a la información
y el ejercicio de la ciudadanía comunicativa
Carlos
A. Camacho Azurduy
Si no
hallan luna
lo llaman día
Si no hallan sol
lo llaman noche
Si no hallan luna ni sol
lo llaman error
y cierran los ojos
Buscando estrellas con que
orientarse
M. Montalbeti
Resumen: El presente
ensayo argumentativo se sustenta en una
adecuada investigación documental, cuya
tesis es que el consumo crítico de la oferta
de los medios de comunicación masiva, en
general, y la información, en particular,
favorece la conformación de la ciudadanía
comunicativa. Esta tiene como eje central el
ejercicio pleno del derecho humano a la
información a través de la facultad no
sólo de recibir información, opinión y
propaganda, sino, también, de investigar y
difundirlas, que favorece a las personas para
formarse y emitir libremente una opinión
fundamentada sobre algún hecho o
acontecimiento, debatir públicamente su
posición, participar en espacios públicos y
controlar socialmente a los otros
conciudadanos.
Multidimesionalidad
ciudadana
Manuel
Antonio Garretón (1995) plantea la noción de multidemsionalidad
ciudadana ligada al acceso y la
calidad, esto es, un conjunto de derechos y
deberes donde la persona ejerce su capacidad de
ser sujeto, de llegar a controlar o decir algo
sobre los procesos que definen un determinado
campo, por ejemplo, en relación al mundo
terrirorial, educacional, comunicacional, de
género, etnia, generación, etc.
En cada uno de
éstos, se es titular de derechos humanos
inalienables de acuerdo a una particular
condición, que proviene de características
tales como el grupo socioeconómico, educativo,
etáreo, de género y, fundamentalmente, de
pertenencia étnica y racial que configura la
profunda diversidad cultural que nos caracteriza
frente a la homogeneización global.
Al respecto,
Garretón considera que en el concepto de
ciudadanía moderna estamos frente a una
extensión de derechos irrenunciables que
provienen precisamente de la diferencia y no de
la igualdad básica de los seres humanos, lo que
le otorga a cada persona o grupo, la posibilidad
de definir y luchar por tales derechos.
Empero, esta potencialidad
de la expansión ciudadana como la
llama el autor mencionado se ve frustrada y
negada por la exclusión, marginación y
discriminación frente a lo
diferente. La descomposición y
fragmentación de las comunidades de principios
de siglo se manifiesta en una serie de acciones
que demuestran la negación del otro
en su rol de actor (léase ciudadano), ni
siquiera de ser humano con derechos fundamentales
reconocidos y protegidos, especialmente del
otro no persona-no ciudadano. Aquel
sin poder económico para asumir activamente el
status sustantivo y válido socialmente de
consumidor-persona, o mejor dicho,
ciudadano-consumidor.
Me refiero,
fundamentalmente, a sectores populares marginados
del poder de toma de decisión y definición de
políticas públicas que influyan en la mejora de
sus condiciones de vida. Este es uno de los
aspectos que marca la ausencia de proyectos de
sociedad multicultural, que encaminen el
desarrollo humano de los pueblos de América
Latina y Central.
Ciudadanía
comunicativa
La chilena
María Elena Hermosilla (1995) sostiene que los
medios de comunicación masiva pueden aportar en
la constitución de la ciudadanía o
ciudadanías en plural, respetando el carácter
multicultural y plurilingüe que nos
caracteriza, estimulando la autonomía
(social, política, económica y cultural) de los
sujetos sociales para que puedan gestionar,
construir y asumir su propio destino, sobre la
base del desarrollo de sus condiciones de vida.
Las personas se
encuentran en permanente interacción con la
oferta mediática, recluidas, cada vez más, en
espacios privados e íntimos. Los estudios
culturales y los de recepción en el ámbito
comunicacional, muestran que hay aproximaciones
diferenciadas, mutuas complicidades, seducciones
permanentes, deseos insatisfechos y prácticas
diversas que configuran esta relación. Una
correspondencia de intereses y convivencias en
las que se construye, de una u otra manera,
frescas formas de ser y ejercer la ciudadanía
comunicativa.
Esta se
establece, con mucha más fuerza en la sociedad
informacional de principios de siglo, a través
del vínculo no equitativo pero con rasgos de
interdependencia, entre la persona situada social
y culturalmente y los medios y, cada vez con
mayor intensidad, las nuevas tecnologías de
información (TICs).
Por lo tanto,
ciudadanía es, también, el reconocimiento de
esa integración, en la cual el ciudadano consume
discursos informativos (noticias) y de opinión
que circulan en éstos, a través de un conjunto
de procesos de apropiación y uso en los que el
valor simbólico prevalece sobre los valores de
uso y de cambio, o donde al menos estos últimos
se configuran subordinados a la dimensión
simbólica (García Canclini, 1992).
A propósito,
Claudia Villamayor y Ernesto Lamas (1998)
plantean lo siguiente:
El ejercicio
de ciudadanía es un proceso de aprendizaje
al que contribuyen las diferentes
instituciones presentes en la sociedad, entre
ellas los medios de comunicación. Desde un
medio de comunicación siempre se construye
ciudadanía: se puede ayudar al
fortalecimiento de una ciudadanía activa y
participativa o se puede fomentar una
ciudadanía pasiva vinculada únicamente con
el consumo.
En esta línea,
estos autores reconocen que en la actualidad los
medios juegan un papel prácticamente
insustituible en la construcción y ejercicio de
ciudadanía orientada a la consolidación de una
sociedad democrática, ya que mediante el acceso1 y la participación en
éstos, las personas pueden ejercer su rol
ciudadano al hacer uso de la libertad de
expresión y acceder al espacio público, al
mismo tiempo que controlar las
instituciones y ejercer presión sobre ellas.
En este proceso
que se articula, o más bien, forma parte, de la
vida cotidiana, los sujetos construyen
pertenencias, vinculaciones y membresías a
determinadas comunidades, entre cuyos miembros se
establecen relaciones de interdependencia,
responsabilidad, solidaridad y lealtad, así como
desprecio, resentimiento y negación frente a
otras. Asimismo, permite reconocer en el
otro una persona que está en la
misma condición y con el que hay algo en común
(lo público) que me une o separa, lo que no
siempre lleva a consideraciones y tratos mutuos
de respeto y consideración igualitaria.
Esta concepción
de la ciudadanía como relación comunicacional
entre los medios y la ciudadanía, parte de dos
dimensiones interdependientes, tal como lo
sintetiza acertadamente Garretón (ver Cuadro
No.1).
| Cuadro No.1 - Dimensiones de
la Ciudadanía Comunicativa |
PRIMERA DIMENSIÓN
También ejerzo mi
ciudadanía a través de los medios
|
SEGUNDA DIMENSIÓN
También aprendo a ser
ciudadano en mi relación con los
medios
|
| En los medios las
personas expresan y ejercen su
ciudadanía en diversos campos, por
ejemplo, a través de diversas formas de
control social del poder. Sin embargo,
los medios también pueden sustituir de
forma ilusoria la participación a la que
no se tiene acceso realmente o se puede
dar el caso que los medios intenten
sustituir a otras instancias de
participación (por ejemplo, partidos
políticos). |
Las personas definen y
(re)configuran su ciudadanía en la
relación que establecen con la oferta
mediática (consumo cultural).2 Por ejemplo, la información
que éstos producen aumenta el poder
ciudadano (control social). Asimismo,
aquí se plantea un tema de fundamental
importancia: ¿cuál es el control
ciudadano de los medios para la
regulación democrática de éstos? |
| Fuente: Elaboración
propia. |
De
ahí que la definición mínima de la noción de ciudadanía
comunicativa plantee una dirección doble: de
los medios hacia el ciudadano (oferta mediática)
y del ciudadano hacia los medios (consumo
cultural). En ambos sentidos, el ciudadano es un
actor social que ejerce íntegramente su derecho
garantizado por el Estado no sólo a recibir,
sino a investigar y difundir información y
opinión por cualquier medio, y asume activamente
sus responsabilidades en la generación y
reproducción de procesos de formación de
opinión y deliberación públicas,
participación y control sociales.
Por su parte,
los medios demuestran o deberían hacerlo
por la responsabilidad social que les ha sido
delegada, que les reconocen como
beneficiarios directos e interlocutores suyos,
asumiendo su corresponsabilidad en la
construcción de espacios públicos
verdaderamente participatvos, conducentes a la
definición y ejecución de estrategias y
acciones de desarrollo.
Esta ligazón
que se va construyendo cotidianamente en
relación desigual (el medio propone/enuncia un
discurso a partir de una serie de condiciones de
producción y el sujeto dispone/interpreta en su
contexto sociocultural), no significa, de ninguna
manera, sumisión al sistema de medios masivos
existente, sino que plantea la idea de
apropiación y uso pasivo, crítico e
indiferente, no exento de conflicto y
competencia, racionalidad y emoción, deseo y
decepción. De este modo, se configuran
pertenencias, complicidades y seducciones en
torno a percepciones o intereses comunes.
Empero, hay que
manifestar la imagen ilusoria que, muchas veces,
los medios montan en escena comercial para hacer
creer a la gente que ¡participa y decide!
(porque, imagínese, nos permiten hablar a
través de sus micrófonos o aparecer
en su pantalla).
No cabe duda que
en muchos de éstos se va tejiendo la idea misma
de integración ilusoria o de ejercicio pleno de
ciudadanía y sus derechos, a partir de una
presunta equidad simbólica: intercambio
dialógico, consumo cultural y acceso a espacios
públicos. Nada más falso.
La
información: de poder a
derecho humano
El papel
estratégico de la educación, del
conocimiento y de las redes de
información constituyen en la actualidad
uno de los principales elementos de
integración social al mundo moderno.
Solamente un grupo muy reducido de
latinoamericanos tienen acceso a redes de
información y al manejo de las nuevas
formas de conocimiento. Resulta pues
fundamental que una renovación ciudadana
busque una expansión de las nuevas
formas de conocer y comunicar.
Fernando Calderón y Norbert Lechner,
1998
La información
es fundamental para conocer y comprender la
realidad actual. El hombre moderno tiene
necesidades informativas que son satisfechas en
gran parte por los medios de comunicación masiva
y las TICs; empero, la selección y/o tratamiento
que éstos hacen no siempre está acorde con las
aspiraciones, necesidades, exigencias y
expectativas de los ciudadanos. La avalancha
cuantitativa de mensajes coloca al individuo en
una situación de observador o
recipiente pasivo, en cuya
producción parece no participar, lo que lo lleva
a un estado de marginamiento social.
La información
adquiere valor cuando consciente y apropiadamente
se desea, busca y utiliza para construir una
visión y un sentido particular de desarrollo, de
futuro, en definitiva, de mundo. La información
por sí sola no basta, se requiere de su
análisis e interpretación para poderla
convertir en conocimiento útil (informar es
transmitir un saber a quien no lo posee), que
brinde seguridad y dirección en el accionar
cotidiano. El ciudadano es, en última instancia,
el que le otorga valor a la información
frente a la entropía, el caos o la
casualidad, por tanto, es quien determina
si la considera como ruido o como herramienta
válida.
La información
estratégica de calidad coadyuva en el
proceso de toma de decisiones. Tiene, como
cualquier otra mercancía que circula en el
mercado dentro de un sistema económico de libre
competencia, un determinado valor económico (el
precio está en función del nivel de
especialización que se busca) y de uso (grado de
interpretación y aplicabilidad en función del
nivel educativo), que lamentablemente no puede
asumir la mayoría de la población (público
consumidor). No porque no quiera, sino porque no
sabe o no puede.
Esta
información favorece la opinión sustentada, la
participación permanente, el control social y la
deliberación pública, se concentra en pocas
manos. Circula por redes privadas de alto costo y
por circuitos secretos con carácter
reservado, porque se constituye en un insumo
estratégico para el movimiento del poder. De
ahí que por su importancia se haya comenzado a
calificar a esta aldea global como la
emplazara McLuhan como sociedad de la
información.
El sociólogo
catalán Manuel Castells (1999) sostiene que
estamos viviendo la era de la información3 caracterizada por una
revolución que, bajo el nuevo
paradigma tecnológico (TICs) y económico
(globalización) actual, reemplaza la base
productiva de la sociedad y penetra en el núcleo
de la vida y la mente, inaugurando una diferente
configuración estructural societal y flamantes
relaciones virtuales.
Diferentes
estudios académicos en el campo de la
comunicación revelan que hay una tendencia
creciente en los informativos televisivos (de
señal abierta a los que todos los que poseen el
aparato pueden tener acceso), por impregnar las
noticias con sangre, violencia y
otros hechos que denigran la condición humana,
porque así aumenta su rating de audiencia o,
mejor dicho, sus ingresos económicos por
concepto de publicidad.
Patrick
Chareaudeau (2003) explica que a causa de su
ideología (seleccionar lo más
sorprendente, mostrar a toda
costa), los medios construyen una visión
parcializada del espacio público adecuada a sus
objetivos, pero muy alejada de un reflejo fiel de
la realidad empírica. Para él, los medios son
un espejo deformante que dan
testimonio de una parcela amplificada,
simplificada o estereotipada del mundo. Aún de
ese modo, son una de las tres esferas de
configuración de las sociedades democráticas,
además de la de lo civil y de lo político.
Tal es su
importancia que el ejercicio pleno del derecho a
la información se constituye en el eje
articulador de la ciudadanía comunicativa (ver
Gráfico No.1). El ciudadano ejerce su derecho
a la información articulando procesos
complementarios de formación de opinión y/o
deliberación pública, de participación y/o
control social, en el marco de configuración de
esferas públicas democráticas, donde ellos son
actores protagonistas en la definición y
búsqueda de su propio desarrollo.
Gráfico No.1 - Modelo de formación
y desarrollo de la ciudadanía comunicativa

Fuente: Elaboración
propia.
Comunidades
de intérpretes en movimiento
A través del
acceso y consumo de los mensajes de los medios,
en general, y de la información noticiosa, en
particular, los sujetos se vinculan al ejercicio
constante de formación de su ciudadanía. Dejan
de ser un objeto sometido al poder para
convertirse en sujeto y titular legítimo de
poder. Constituyen y potencian su rol de actores
sociales (a nivel individual, grupal e
institucional), para poder decir su palabra
públicamente e incorporarse en el sistema
político de toma de decisiones colectivas,
asegurando que exista una real práctica
democrática.
Algunos medios,
especialmente los de carácter comunitario y
popular que superaron la estrecha visión de los
fines de lucro, se constituyen en espacio de
verdadera participación ciudadana4 Paradójicamente, éstos
son los medios que no tienen reconocimiento legal
por parte del Estado en la mayor parte de los
países de América Central y Sud América, por
su crítica al sistema hegemónico, manifestando
su permanente búsqueda de un flamante orden
social, económico y comunicacional más justo y
equitativo. Recientemente en Bolivia, y luego de
varios años de lucha e ilegalidad de
éstos medios, fue promulgado un Decreto Supremo
que reconoce, respeta y protege la labor de la
Radiodifusión Comunitaria.
Cuando los mal
llamados receptores de los mensajes
de los medios, se asumen y desenvuelven como
interlocutores, es decir como, ciudadanos
activos y participativos, e interactúan con
los otros sobre la base del respeto y
reconocimiento recíprocos (el otro
percibido y sentido como un semejante con el que
tengo posibilidad de dialogar), institucionalizan
procesos de cambio social consensuado, en
función de la expansión de sus derechos
políticos y sociales.
Este
reconocimiento como ciudadano, en el que el
individuo vale por sí mismo, por lo que es como
ser humano, es el primer paso que lleva a asumir
el compromiso de velar por la existencia de algo
común que me liga a los otros: lo público. Y,
precisamente aquí, se sitúa la edificación
virtual de comunidades de intérpretes, a
partir de la formación de acuerdos, creación de
redes, espacios y comportamientos de solidaridad
colectiva y, su derivación posible, en la
conformación de esferas públicas: intereses,
espacios e imágenes comunes.
La ciudadanía,
en esta lógica de razonamiento, no es sólo un
status sociopolítico determinado por un balance
adecuado de derechos y deberes; sino, también,
una identidad compartida, vale decir, una
expresión de la propia pertenencia a
determinado(s) segmento(s) dinámico(s) de
público(s) en constante movimiento.
Esta identidad
está estampada por un modo particular de
apropiarse y usar los bienes simbólicos,
fundamentalmente la información noticiosa,
generando múltiples sentidos, en diferentes
direcciones que muchas veces no coinciden con la
intención del todopoderoso y
omnipresente tal como seguimos
concibiéndolo en la práctica, a pesar de que la
teoría ha mostrado que la cosa va por otro
lado emisor.
Para coadyuvar
en la formación de la ciudadanía desde el
Estado se pueden impulsar acciones de educación
ciudadana y para la recepción, además de la
formulación de políticas públicas a partir de
procesos investigativos que identifiquen las
demandas de los sectores sociales involucrados,
tal como veremos en los dos acápites que vienen
a continuación.
Educación
ciudadana y para la recepción
Se aprende, cada
día, a ser ciudadano. No hay un modelo ideal a
seguir o imitar. Cada persona ejerce, de manera
particular, su propia cultura política
ciudadana, en un marco legal y democrático
instituido desde el Estado. La familia, la
escuela y los medios son los ámbitos que mejor
ejemplifican el ser ciudadano. Es
ahí donde se debe comenzar a intervenir para
generar procesos educativos que coadyuven en la
formación del ciudadano activo, crítico y
participativo.
Educar en la
ciudadanía es viene a decir con razón
Adela Cortina (1997) ayudar a cultivar las
facultades (intelectuales y sentientes)
necesarias para apreciar y practicar los valores
ciudadanos. Por eso, la educación en la
ciudadanía es, necesariamente, una educación en
valores morales cívicos, que se
constituyen en articuladores de los demás
valores estéticos, religiosos, etc.
Los valores
morales cívicos nucleares para la ciudadanía
son fundamentalmente, siguiendo a Cortina, los
siguientes: la libertad, la igualdad, la
solidaridad, el respeto activo y la disposición
a resolver los problemas comunes a través del
diálogo (ver Cuadro No.2).
¿Cuánto hemos
avanzado en el desarrollo y práctica de estos
valores en los países americanos? ¿Cuál es el
interés del Estado en promover la educación
ciudadana, así como la creación de espacios de
reflexión y debate del significado que tiene la
pertenencia a un Estado multicultural? ¿Qué
acciones realizamos para instaurar un ambiente de
solidaridad y de sentido de comunidad que supone
respeto, diálogo, búsqueda de consensos y
respeto a las diferencias? ¿Qué rol hemos
asumido para propiciar espacios participativos,
respetuosos y dialógicos en el que cada actor se
convierta en un protagonista activo, reflexivo y
comprometido consigo mismo y con sus
conciudadanos?
| Cuadro No.2 Valores
morales cívicos para la educación
ciudadana |
| VALOR MORAL CÍVICO |
PRINCIPIO |
DESCRIPCIÓN |
| Igualdad |
Todas las personas son
iguales en dignidad, por lo que merecen
igual consideración y respeto |
- De todos los
ciudadanos ante la ley
- De oportunidades vitales
- En ciertas prestaciones sociales |
| Respeto activo |
Interés por que el
otro pueda vivir según sus convicciones
y criterios |
- Soportar que otros
piensen de forma distinta y que tengan
ideales de vida feliz diferentes a los
míos (aprecio positivo del otro)
- Interés activo por comprender y ayudar
a llevar adelante sus proyectos siempre
que representen un punto de vista moral
respetable
- Interés activo en que el otro pueda
defender sus principios aunque no se
comparta sus concepciones de vida
(construcción compartida)
- La tolerancia se convierte en respeto
desde la solidaridad |
| Solidaridad
(fraternidad) |
Actitud de una persona
que pone interés en otras y se esfuerza
por los asuntos de esas otras personas
participando con el mismo empeño en
cierta cosa (causa común) |
- Es valor moral
cuando no es solidaridad grupal, sino
solidaridad universal, por ejemplo, paz,
desarrollo, respeto al medio ambiente,
etc.
- Valor indispensable para vivir bien |
| Diálogo |
Acción comunicativa
que compromete a quien lo realiza y a
quien lo acepta, y lo hace responsable en
la búsqueda compartida (cooperativa) de
lo verdadero y de lo justo |
- Deben participar
todos los afectados como
protagonistas/interlocutores
- Estar dispuesto a escuchar para
mantener o modificar su posición
- Bilateral
- Que todos puedan expresar sus puntos de
vista y replicar
- Encontrar solución justa
- Entender al interlocutor
- Descubrir lo que tenemos en común
- Atender a intereses universalizables,
es decir, de todos los afectados |
| Fuente: Elaboración
propia sobre la reflexión de Adela
Cortina (1997). |
William
Galston (citado por López, 1997), explica que
para una ciudadanía responsable se requiere,
además, una serie de virtudes divididas en
cuatro grupos:
a)
Virtudes generales: coraje, observancia
de la ley, lealtad.
b) Virtudes sociales: independencia,
apertura.
c) Virtudes económicas: ética
laboral, capacidad de postergar la propia
satisfacción, adaptabilidad al cambio
económico y tecnológico.
d) Virtudes políticas: capacidad
para discernir y respetar los derechos de los
demás, voluntad de demandar sólo lo que
puede ser pagado, habilidad para evaluar el
desempeño de quienes detentan cargos
públicos, voluntad para involucrarse en la
discusión pública.
Por otro lado,
Mercedes Charles (1995) apoya y amplía lo
mencionado sugiriendo que la educación
ciudadana debe poner los cimientos en la
formación de la cultura ciudadana: el respeto a
los otros, la tolerancia, la actitud de escuchar
y comprender, la solidaridad y la colaboración,
el diálogo, la participación activa, el trabajo
en equipo (sentido de grupo), la búsqueda de
consensos, el respeto a las diferencias, la
formación de un pensamiento sistemático y
crítico. Porque, como dice la autora,
(
) la
democracia, necesariamente implica
interacción, intercambio, coexistencia de
coincidencias pero también de diferencias;
implica crear espacios y foros diversos donde
se ponga en la escena social la pluralidad y
proyectos que existen en la sociedad (:177).
Asimismo,
Charles plantea que la conformación de esta
cultura ciudadana puede ser muy bien trabajada
desde la educación para la recepción,
creando espacios de reflexión y debate donde se
proporcione a los grupos herramientas para
reapropiarse de los mensajes y conformar un
pensamiento autónomo, responsable y fundamentado
sobre la base del diálogo.
Los programas
de educación para la recepción implican la
generación de procesos educativos con el fin de
que las personas aprendan a usar los medios desde
diversas perspectivas, para integrarlos a
procesos de desarrollo de sus potencialidades y
que, además, estas se constituyan en
interlocutores aprendiendo a ser emisores
comprometidos con su propio proceso pedagógico y
con el de los demás.
Por esto, es
necesario incrementar las potencialidades y
competencias de las personas y grupos, para que
puedan seleccionar información que consideren
valiosa y relevante, sistematizar, analizar,
reflexionar y discutir sobre ella y confrontarla
con fuentes alternativas que sirvan como
complemento y parámetro de comparación. De lo
que se trata es de convertir a la información
que circula por los medios, en estructuras de
sentido (significados relevantes) capaces de
orientar y permitir la acción ciudadana, a
través de un acercamiento selectivo, reflexivo,
analítico y crítico a los medios, en general, y
a la información, en particular.
Para Humberto
Vandenbulcke (1999), la educación ciudadana
persigue frente a la pasividad,
resignación, lamento y sumisión de mucha gente
en la sociedad actual los siguientes
propósitos:
- Sacar a la
gente de su pasividad y encausar procesos
para que llegue a la propuesta, la
iniciativa, la búsqueda de soluciones,
la formulación de propuestas, la toma de
iniciativas y la acción individual y
colectiva.
- Aumentar la
participación de la población en la
(auto)gestión de la sociedad.
- Democratizar
y potenciar a la sociedad desde abajo, es
decir, desde la sociedad civil.
- Defender
los derechos y promover también los
deberes ciudadanos con respecto al
mejoramiento de la calidad de vida
(desarrollo integral).
- Llenar a la
gente de confianza y afirmar la identidad
de los pobres para poder luchar y actuar
en la sociedad.
Todo lo anterior
requiere la adquisición de códigos de
modernidad, vale decir, un conjunto de
conocimientos y destrezas necesarios para
participar en la vida pública y desenvolverse
productivamente en la sociedad moderna.
La
participación, entendida como un factor clave
para el acceso igualitario a la vida pública, se
asienta en el intercambio comunicativo de la
sociedad que se manifiesta, según Fernando
Calderón et.al. (1996), en que las
personas puedan expresar sus demandas y opiniones
en los medios de comunicación masiva, manejar
los códigos y las destrezas cognoscitivas de la
vida moderna para adquirir información
estratégica y expandir sus opciones vitales,
manejar las posibilidades comunicativas y el
ejercicio de derechos para defender sus
diferencias culturales y desarrollar sus
identidades de grupo o de territorio.
Investigación
estratégica en comunicación
Todo el trabajo
en educación ciudadana y para la recepción
carece de sentido ni no encuentra su sustento en
políticas públicas que se generen
participativamente desde las demandas de los
futuros usuarios y beneficiarios de las mismas.
En esta
dirección, la investigación estratégica
brinda los insumos necesarios y suficientes para
generar argumento para la discusión de políticas
públicas de comunicación, porque se refiere
a fenómenos sociales y culturales concretos que
pueden corroborar al desarrollo humano.
Para ello, los
resultados de las investigaciones tienen que ser
socializados a través de planes de comunicación
educativa e información masiva (medios de
comunicación), grupal (organizaciones sociales,
instituciones, ONGs) e interpersonal (operadores
de políticas y políticos) que, articulados en
redes temáticas, generen en los diferentes
actores sociales y políticos, reflexión y
debate públicos, consenso y toma de posición,
exigencia y control social en la puesta en marcha
de las políticas.
En esta
dirección, se plantean las siguientes
estrategias, a manera de recomendaciones:
Cultura del
debate público.- El rol de la
investigación estratégica es el de plantear
problemas ante la sociedad, que sean textos de
discusión, de socialización y de reflexión
crítica. Es importante dar a conocer estas
investigaciones, no sólo en actos oficiales de
entrega, sino como textos de análisis.
A partir de los
resultados de los estudios, los investigadores
pueden generar espacios públicos de diálogo,
reflexión y discusión (seminarios, talleres,
foros, debates, etc.) con los actores sociales y
políticos involucrados en la problemática
analizada.
En estos
espacios convergen los diferentes intereses y
demandas de las instituciones públicas, de
desarrollo regional y de las organizaciones de
base, con los de la comunidad académica. Son
cruciales para la reformulación, contraste y
validación de los resultados, en función de la
búsqueda de consensos susceptibles de influir en
la formulación e implementación de políticas
públicas municipales, departamentales y
nacionales. Éstas son el resultado de la amplia
participación y presión de los
diferentes actores y sectores sociales
involucrados.
En esta lógica,
la Academia podría constituirse en catalizador e
inductor de estos procesos a través del debate,
que busque consensos, con suficiente
participación social e institucional. Así,
podría organizar espacios de discusión pública
donde se discutan resultados en torno a un mismo
eje temático, analizado desde la perspectiva de
diferentes regiones y actores (académicos,
dirigentes, políticos, operadores de políticas,
ONGs, etc.).
Alianzas
estratégicas.- Los equipos académicos de
investigación deben tomar, desde el inicio del
proceso inclusive en la formulación del
proyecto de investigación, la iniciativa
de acercase e involucrar a los medios de
comunicación, la cooperación internacional, las
organizaciones sociales y las instancias no
gubernamentales y gubernamentales, directa e
indirectamente ligadas con la
temática-problemática del estudio. Éstas
pueden enviar un comisionado al equipo para que
apoye la realización de la investigación.
Con algunas de
estas instancias, será conveniente firmar
convenios interinstitucionales de trabajo y mutua
cooperación, avalados por la(s) Universidad(es)
de pertenencia de los miembros del equipo. Esta
podría realizar el lobby colectivo, para
iniciar el contacto con los investigadores. La
continuidad de la investigación y la aplicación
de los resultados, están en gran medida
relacionadas con este aspecto.
Este proceso de
involucramiento debe tender a la generación del
conocimiento, en forma conjunta, para que ayude
en el cambio de la visión del desarrollo y del
futuro, y de las responsabilidades que engendra
en cada uno de los actores protagonistas
comprometidos en esta tarea. El impacto real de
los resultados se medirá en la medida en que
puedan favorecer el posicionamiento de los
diferentes actores con relación a una
problemática concreta.
Las
Universidades desempeñan un rol crucial en esta
dirección. Ellas deben articular e interactuar
con los diferentes actores locales, regionales,
nacionales e internacionales, construyendo redes
que favorezcan la toma de decisiones públicas
con los insumos de las investigaciones.
Asimismo, es
importante que las instituciones y las
organizaciones sociales promuevan la
investigación, en estrecha coordinación con la
comunidad intelectual y de investigadores,
planteando proyectos, creando espacios de
intercambio de experiencias, reflexionando
alternativas de proyectos, etc. De este modo, se
garantiza, de algún modo, la posibilidad de
involucrar las demandas e intereses de la
sociedad civil organizada.
__________
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medios, nuevas plazas para la democracia,
1.ª ed., Lima, Asociación de Comunicadores
Sociales Calandria, pp. 163-177.
- CORTINA, Adela. 1996. Ciudadanos del mundo.
Hacia una teoría de la ciudadanía. Madrid,
España, Alianza, pp. 265.
- GARCÍA CANCLINI, Néstor. 1993. El
consumo cultural y su estudio en México: una
propuesta teórica en GARCÍA CANCLINI,
Néstor (coord.), El consumo cultural en
México, («Pensar la Cultura»), 1ª ed.,
México, CNCA, Grijalbo, pp. 15-42.
- GARRETÓN, Manuel Antonio. 1994.
Democracia, ciudadanía y medios de
comunicación. Un marco general, en aa.vv.,
Los medios, nuevas plazas para la democracia.
1ª ed., Lima, Asociación de Comunicadores
Sociales Calandria, pp. 97-108.
- HERMOSILLA, María Elena. 1995. La
educación que viene de los medios: el aporte de
los estudios de recepción en aa.vv., Los
medios, nuevas plazas para la democracia. 1ª
ed., Lima, Asociación de Comunicadores Sociales
Calandria, pp. 179-186.
- LÓPEZ JIMÉNEZ, Silesio. 1997. Ciudadanos
reales e imaginarios. Concepciones, desarrollo y
mapas de la ciudadanía en el Perú, Lima,
Perú, Instituto de Diálogo y Propuestas, pp.
513.
- VANDENBULCKE, Humberto. 1999. La radio
popular en la educación ciudadana. La
experiencia de la red de udeca, conferencia
magistral presentada en la Asamblea General de
ERBOL realizada en julio de 1999 en la ciudad de
Cochabamba, pp. 7.
- VILLAMAYOR, Claudia y LAMAS, Ernesto. 1998. Gestión
de la radio comunitaria y ciudadana, 1.ª
ed., Quito, AMARC, Fundación Friedrich Ebert
Stiftung, pp. 258.
_____
Notas:
1 Al respecto, Rosa María Alfaro (1995)
sostiene que hoy la ciudadanía se construye
desde el ser público de los medios masivos de
comunicación. Estos, amplía la autora, se han
formado como nuevas instituciones culturales que
definen lo público, constituyéndose en
escenarios donde se construye el poder, donde se
legitiman actores, personajes y temas.
2 En palabras de García Canclini (1993:
34) el consumo cultural es el
conjunto de procesos de apropiación y usos de
productos en los que el valor simbólico
prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o
donde al menos estos últimos se configuran
subordinados a la dimensión simbólica.
Por lo tanto, el estudio del consumo cultural
aparece, así, como un lugar estratégico
para repensar el tipo de sociedad que deseamos,
el lugar que tocará a cada sector, el papel del
poder público como garante de que el interés
público no sea despreciado. Conocer lo que
ocurre en los consumos es interrogarse sobre la
eficacia de las políticas, sobre el destino de
lo que producimos entre todos, sobre las maneras
y las proporciones en que participamos en la
construcción social del sentido (:42).
3 Castells (:47) establece una
distinción analítica entre las nociones de sociedad
de la información y sociedad
informacional. El primer término destaca el
papel de esta última en la sociedad, aunque él
sostiene que la información como
comunicación del conocimiento ha sido
primordial en todas las sociedades. En contraste,
el término informacional, indica el
atributo de una forma específica de
organización social en la que la generación, el
procesamiento y la transmisión de la
información se convierten en las fuentes
fundamentales de la productividad y el poder,
debido a las nuevas condiciones tecnológicas que
surgen en este periodo histórico.
4 Cfr. Carlos Camacho Azurduy. Las radios
populares en la construcción de ciudadanía.
Enseñanzas de la experiencia de ERBOL en
Bolivia, 1ª ed., UASB, La Paz, 2001, pp. 275.
* Carlos A.
Camacho Azurduy,
comunicólogo boliviano, es colaborador de SdP. Doctorando en Comunicación, Ética y
Derecho a la Información de la Universidad Complutense
de Madrid y de la Universidad Diego
Portales, Chile. Profesor
de programas de comunicación y ciencias
políticas a nivel de pregrado en la Universidad Mayor de San
Andrés (UMSA) y de
postgrado en la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB). Consultor en planificación
estratégica de la comunicación para el
desarrollo. Miembro del Directorio de la Asociación de
Periodistas de La Paz
(APLP).
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