Entrevista con Ignacio Ramonet:
Los
medios pueden falsificar la democracia
Gloria
Ribe *
Gloria
Ribé: ¿Por qué y cómo los medios
de comunicación han adquirido tanto poder?
Ignacio
Ramonet: Efectivamente, nunca en la
historia ha habido tantos medios con tanta
influencia. Además de la prensa escrita, la
radio y la televisión, ha venido a añadirse
Internet, un verdadero continente nuevo. Por otra
parte, en los últimos 10 ó 15 años, la propia
televisión ha conocido un desarrollo
cuantitativo extraordinariamente importante. Hoy
en día se puede recibir televisión por la
línea telefónica. Esto quiere decir que en un
hogar de clase media, sobretodo en los países
desarrollados, hay una capacidad de recibir
información como nunca en la historia. Por otra
parte, en esta época de la globalización, las
empresas de los medios de comunicación tienden a
querer dominar un mercado cada vez más
importante. Esto hace que los grupos mediáticos,
que antes eran locales o nacionales, hoy tienden
a ser por lo menos regionales, continentales o a
veces, planetarios, como es el caso de la CNN,
que desde finales de los años 80 ha tenido como
objetivo el dirigirse al mundo entero.
Hoy los medios
pertenecen a empresas extremadamente poderosas,
por ejemplo, la empresa de Rupert Murdoch, un
grupo de comunicación que difunde información
por televisión, por radio, por prensa escrita,
pero además posee empresas que producen música,
televisión, cine, se ocupan del ocio, de la
diversión, de cultura de masas, etcétera, a tal
grado que ya no sabemos distinguir entre cultura
de masas, publicidad e información. No sólo son
grupos de comunicación importantes, sino grupos
empresariales extremadamente influyentes y que
tienen la capacidad de aprovecharse de las
oportunidades que les da la globalización para
instalarse en muchos países, para tener
influencia sobre muchos dirigentes políticos y
sobre la opinión pública. Orson Wells en 1941,
en su película El ciudadano Kane, ya
planteaba estos problemas, sólo que Kane era un
señor que tenía ambiciones políticas y poseía
algunos periódicos
pero en un solo país. El
ciudadano Kane de hoy tendría muchos
periódicos, muchas emisoras de radio y muchos
canales de televisión en muchos países.
GR:
¿Por qué los dirigentes políticos han
cedido tanto poder a los grupos financieros y
mediáticos?
IR:
En efecto, en muchas regiones del mundo, los
dirigentes políticos han cedido poder a esos
grupos. Por ejemplo, todo el fenómeno que
llamamos privatizaciones no es más que una
transferencia del poder del Estado al poder
privado, es decir que el gran enfrentamiento en
esta época de la globalización es el
enfrentamiento entre el mercado y el Estado. El
Estado se había mantenido un poco protegido por
los dirigentes políticos pero ahora, como en un Caballo
de Troya, en el Estado se han introducido
empresarios o políticos con mentalidad
empresarial que en realidad son los que están
vaciando al Estado de muchas de sus
prerrogativas, en particular de su función de
actor económico. En ese contexto, los medios de
comunicación tienen como función principal:
convencer al conjunto de las poblaciones de que
hay que hacer esas reformas, así como de votar
por aquellos que estén dispuestos a llevarlas a
cabo. Obviamente los medios, como grupos
industriales y económicos, van a beneficiarse de
esas reformas. Por consiguiente, vemos que existe
una alianza entre el mensaje de la globalización
en favor de lo privado y en favor del capital, y
esos grupos mediáticos que encuentran su
provecho difundiéndolo.
GR:
¿Podríamos pensar que se trata de un nuevo
proyecto imperial?
IR:
Las configuraciones geopolíticas del mundo
actual hacen aparecer por primera vez una
hiperpotencia sin ningún tipo de rivalidad:
Estados Unidos. Una hiperpotencia que se
manifiesta en diversos sectores: el político, el
económico, el tecnológico y, evidentemente, el
militar. A esto hay que añadir que en el mundo
occidental la cultura de masas dominante es la
cultura de masas estadunidense, y que además es
una cultura muy rentable. Las exportaciones, en
términos de comunicación en cultura de masas
por televisión, por cine, por libros, etcétera,
ocupan el segundo lugar de las exportaciones
estadunidenses, después de la aeronáutica y
antes de la farmacéutica. Ahora, ¿esto
corresponde a un proyecto imperial? Podríamos
decir si y no. En
realidad, los mensajes del cine de Hollywood, o
las series de televisión difundidas por Estados
Unidos, globalmente, la cultura de masas
estadunidense, transmiten la ideología de su
propia supremacía. Entonces, en términos de
contenidos, sí hay un proyecto imperial. Ahora,
¿significa eso que en la administración de
Estados Unidos, en torno al presidente, hay
reuniones cada semana para estudiar cómo se va a
dominar al mundo mediante las películas
estadunidenses? La respuesta es no.
No es un proyecto político, es un proyecto que
resulta de la voluntad de dominar y obtener
provecho de un mercado a escala mundial. Por
consiguiente, no es un proyecto imperial ejercido
desde la cúpula política, sino un mensaje que
ideológicamente sirve a Estados Unidos.
GR:
Esa voluntad de americanizar al
mundo, ¿qué efectos produce en otras culturas?
IR:
Evidentemente produce efectos, por un lado,
digamos positivos. Por ejemplo, hoy
en día, en toda Europa, se ha admitido
globalmente la idea de americanizar.
El modelo de comportamiento, la manera de vivir
el ocio, la manera de organizarse en su propia
casa, de amueblarse, de comer, el concepto de
democracia, el sentido del humor mismo,
etcétera, nos hacen constatar que,
antropológicamente, el modelo estadunidense se
está extendiendo. De igual forma vemos que para
las clases medias o las clases altas de Asia y
América Latina, vivir bien quiere
decir vivir a la americana. Por otro
lado, también ha tenido efectos muy negativos en
áreas culturales donde esa voluntad de
americanizar se percibe como una
agresión al modo de vida tradicional,
particularmente no occidental. Por ejemplo, en el
mundo árabe y musulmán, donde no hay
democracia, donde no ha habido movimientos de
ascensión social de las clases más humildes,
donde pervive la dominación del hombre sobre la
mujer, y donde las relaciones tribales y la
religión son extremadamente fuertes. En este
contexto, la americanización
significa la derrota del Islam y por
consiguiente, defender el Islam es defender la
tradición y, evidentemente, agredir al que está
difundiendo esas tesis. De ahí los atentados del
11 de septiembre. Hoy sabemos que los autores de
esos atentados no se habían limitado a usar
cuatro aviones; el plan original contemplaba diez
aviones. Aunque no sabemos a dónde iban a ir,
pero siguiendo la lógica de la agresión
simbólica al poder económico (World Trade
Center), al poder político (Washington) y al
poder militar (Pentágono), podemos imaginar que
uno de esos aviones hubiese golpeado los estudios
de Hollywood o Disneylandia, como uno de los
símbolos de la supremacía de la cultura de
masas que se impone al el mundo.
GR:
El poder de los medios y su influencia en la
opinión pública, ¿están vaciando a la
democracia de su sentido?
IR:
Es una cuestión que hoy se plantea en muchas
sociedades. Por ejemplo, ¿votamos libremente?
¿Es mi libre albedrío el que me conduce a votar
por este señor o por esta señora, o bien, en
realidad, es porque me han metido en la cabeza
una serie de ideas que hacen que yo, como una
marioneta, voy a votar por lo que me han dicho?
Esta pregunta es evidentemente importante hoy
día, en la medida en que las cosas se han
complicado enormemente. Hoy es extremadamente
difícil comprender la economía y la política.
Por ejemplo, en Europa, es muy difícil
distinguir lo que depende de la autonomía de
cada Estado y lo que corresponde a la influencia
de la Unión Europea; y si a esto le agregamos el
aspecto social, donde muchas leyes responden a
las exigencias del Banco Mundial, del Fondo
Monetario Internacional, de la OMC, de la OCD,
etcétera, nos damos cuenta de que el panorama
mundial se ha vuelto enormemente complejo. Sin
embargo, frente a esta complejidad tenemos unos
medios de comunicación que exigen la
simplificación absoluta, reduciendo esa
complejidad a una lectura elemental de las cosas.
Esta contradicción ha producido un mensaje muy
maniqueo, muy elemental, y ese mensaje tiene
efecto en su traducción política. Entonces, nos
damos cuenta de que, de hecho, los medios pueden
falsificar la democracia. Está probado que la
credibilidad de las informaciones televisadas es
más elevada en la medida en que el nivel
socioeconómico y cultural de los telespectadores
es más bajo. Las capas sociales más modestas
apenas consumen otros medios de comunicación y
casi nunca leen periódicos; por eso no pueden
cuestionar la versión de los hechos propuesta
por la televisión.
El telenoticiero
constituye la información del pobre. En esto
estriba su importancia política. Manipula más
fácilmente a los que menos defensa cultural
tienen.
GR:
¿Cómo percibe la relación entre libertad y
censura?
IR:
Seguimos pensando, por hábito o por pereza
intelectual, que la censura sólo la ejercen los
gobiernos autoritarios, porque es una censura
ostensible, muy visible. No queremos plantearnos
el problema de saber cómo funciona la censura en
la democracia. Partimos del principio de que la
censura es lo propio de la dictadura, cuando en
realidad hay que partir del principio de que la
censura es lo propio del poder, de todo poder.
Hoy, la censura ya no funciona por restricción o
por supresión, como se hace en los países donde
se mata o se encarcela a los periodistas o se
cierra un periódico, etcétera. En las grandes
democracias desarrolladas eso prácticamente ya
no ocurre, pero lo que sí ocurre es que hay
mucha información que no circula, por que hay
sobreinformación, es decir que en las
democracias, la censura funciona por asfixia. Nos
ofrecen tanta información y consumimos tanta
información, que ya no nos damos cuenta de
alguna que no está. La ocultación y la
disimulación en esa masa de información que se
consume, es la censura de hoy. Estamos pues en
una situación en la que creemos que, por el
hecho de tener más información, tenemos más
libertad, cuando en realidad, si analizamos bien,
tenemos mucha menos que en otros momentos.
GR:
¿Estos cambios afectan a la profesión y a
la ética del periodista? ¿Por qué cada vez
más ciudadanos se preguntan dónde está la
verdad?
IR:
Yo soy periodista y creo que el trabajo del
periodista tiene mucha influencia en la
democracia. Muy a menudo digo que la calidad de
la democracia depende de la calidad de la
información y por consiguiente, las condiciones
del ejercicio de la libertad de expresión en las
que actúa el periodista tienen una gran
influencia en toda la sociedad. Lo que ha
ocurrido es que todos estos cambios,
tecnológicos, económicos y políticos, han sido
apoyados ciegamente por muchos periodistas, y
ahora se dan cuenta de que eso crea una serie de
dificultades. Por ejemplo, lo que sucedió con el
prestigiado New York Times y con el
popular USA Today, cuando descubrieron
que sus más importantes periodistas falsificaban
las informaciones. Y ahora, con lo que empezamos
a saber sobre la guerra de Irak, en que nos damos
cuenta de que nunca hubo armas de destrucción
masiva, ni relaciones entre el régimen de Sadam
Hussein y Al Qaeda que eran las dos razones
oficiales para invadir a Irak, el New
York Times, que había apoyado en primera
plana esas tesis oficiales, ahora dando
ejemplo de autocrítica, declara
públicamente: Nos equivocamos. Este
tipo de escándalos hace que efectivamente, la
pregunta obligada sea: ¿Dónde está la verdad?
Si los principales medios no me dan garantía de
que lo que me informan es verdadero, yo como
ciudadano, obviamente voy a preocuparme por la
información que recibo. Todo esto está creando
un fenómeno que podemos llamar un estado de inseguridad
informacional. Eso significa que cuando el
ciudadano recibe una información de la radio, la
prensa o la televisión, no sabe si es verdadera
o falsa. No sabe si dentro de un mes van a
decirle: Mire, lo que le dije hace un mes,
no era cierto.
GR:
Como profesor universitario, ¿qué percibe
usted en las nuevas generaciones de
comunicadores?
IR:
Nos damos cuenta de que, hoy en día, hay una
sensibilidad ciudadana extremadamente elevada
respecto de los problemas de los medios y su
relación con la sociedad. Basta ver lo que
sucedió en España. Tres días después de los
atentados del 11 de marzo, había elecciones. Y
la gente, mediante el uso del teléfono portátil
o de Internet, envió una serie de mensajes para
alertar sobre las dudas que podrían existir
respecto de la verdad oficial que estaba dando el
gobierno. Y el simple hecho de que el público,
los ciudadanos, empezaron a dudar de la versión
oficial, hizo que más de un millón y medio de
personas que, según los sondeos y las encuestas,
iban a votar por el partido que estaba en el
gobierno, cambiaran su voto a favor de la
oposición. Eso significa que existe una extrema
sensibilidad a la manipulación mediática, la
gente sabe que los medios son una bomba atómica
que les entra en el cerebro y por consiguiente,
no quieren que se abuse de esa bomba atómica.
Esa sensibilidad se encuentra en los estudiantes.
Hoy, los estudiantes se interesan en la forma
como funciona este sistema de mentiras.
GR:
¿Cómo funciona ese sistema de mentiras?
IR:
Actualmente, la peor crisis geopolítica del
mundo es la guerra de Irak, y es una guerra que
se ha hecho bajo falsos pretextos que han dado
lugar a mentiras de Estado, en que el presidente
de un gobierno ha difundido informaciones falsas
y que, además, sabía que eran falsas. Esto es
algo que uno puede imaginar en dictadores o en
regímenes autoritarios. Pero que, desde un país
democrático, con el apoyo de los medios, se haya
podido hacer esta gigantesca manipulación con
las consecuencias dramáticas y prácticas que
eso supone, hace que hoy en día haya una
sensibilidad particular a este problema y que
cada vez haya una mayor exigencia de que nos
dotemos de algún sistema que nos permita tener
garantías. Por ejemplo, con la información
está ocurriendo lo que pasó hace unos 15 años
con la alimentación, es decir que en algunos
países se pasó de una alimentación que era
estructural e históricamente una alimentación
de penuria, a una situación de abundancia de
todos los productos, en todas las estaciones del
año. Pero ahora se descubre que esa
alimentación está contaminada con pesticidas y
fertilizantes químicos, y que ello provoca toda
una serie de muertes por cáncer, por infartos o
por problemas de obesidad. Esto creó tal
desconfianza que, ahora, existen tiendas donde
sólo se venden productos orgánicos, producidos
sin pesticidas y sin elementos dañinos para la
salud. Con la información está ocurriendo lo
mismo. Antes no había información, ahora hay
mucha información, pero esa información está
contaminada con mucha mentira, con mucha
falsedad, con mucha ocultación, etcétera.
Entonces, hay cada vez más gente que quiere y
busca una información orgánica, con un
sello que diga: Esta es una información
orgánica, sin falsedad, sin mentiras. Una
información que no daña su salud.
GR:
¿Qué garantía ofrece un periódico como Le
Monde Diplomatique?
IR:
Digamos que la desconfianza que existe
actualmente hace que los medios dominantes vean
su credibilidad descender y que los medios
alternativos, que proponen otra concepción de la
información, vean su credibilidad ascender. Le
Monde Diplomatique se encuentra quizá en
este segundo grupo: el que apuesta por la
inteligencia y el sentido crítico del lector.
Aquí tratamos de presentar la séptima faz
del dado, la cara escondida de la
información. A pesar de todo, y a veces a
contracorriente, hoy en día existen en el mundo
muchos periodistas y muchos medios que trabajan
en esa misma vía. Y esto, para muchos, puede
significar una buena noticia.
* Ignacio
Ramonet,
periodista y profesor universitario, es una de
las figuras mundiales más destacadas en temas de
geopolítica y medios de comunicación. Esta
entrevista fue realizada por Gloria Ribé, directora y guionista de cine y
televisión, el pasado 28 de junio, en París.
Publicada originalmente en el semanario mexicano Proceso, se reproduce en Sala de Prensa con la autorización expresa de la
subdirección editorial.
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