Life,
la revista que se niega a morir
Oswaldo
Zavala *
Washington,
D.C. En abril de 2000, nadie sorprendió a
Richard Stolley cuando le informaron que la
revista Life desaparecería con su
edición de mayo. La publicación, que desde 1936
había sido una de las más influyentes del
mundo, se tambaleaba hace décadas. Problemas
financieros y de competencia en el mercado
orillaron a sus editores a convertir el semanario
en una revista mensual a principios de los 70.
Ahora resultaba casi natural el cierre definitivo
de su redacción.
Lo que Stolley
no pudo evitar, sin embargo, fue ver pasar en su
memoria más de 20 años de vida periodística
entregados a un sólo proyecto: dar vida a Life.
"Entiendo
la decisión de cerrarla pero me sentí terrible.
Es algo horrible ver morir a una revista dos
veces en tu carrera", dice Stolley en
entrevista con el semanario mexicano Proceso.
Ahora, la
revista vuelve a resucitar. Es la séptima
ocasión en que Life reaparece, luego de
su primer cierre, en 1972; primero lo hizo como
una publicación mensual, luego como crónica
grafica de la primera guerra del Golfo en 1990 y
más tarde como un monográfico especial.
A partir de este
mes, la revista retoma su periodicidad original
como semanario, aunque no se venderá en los
quiscos, sino como encarte dentro de los grandes
periódicos del grupo Tribune, el aliado de Time
Incorporated, desde Los Ángeles Times y
el Chicago Tribune hasta el Miami
Herald. Convertido en suplemento, circulará
los viernes en 12 millones de diarios, por los
cuales Tribune cobrará una tarifa especial a
Time.
De hecho, Time
Inc. invertirá 20 millones de dólares en la
nueva edición de Life. Solamente el papel en que
se imprimirá costará ocho millones de dólares
anuales más que otros papeles para suplementos
similares. Una página de publicidad costará 35
mil dólares, mientras otros encartes cobran más
del doble. El nuevo director, Bill Shapiro,
apuesta a recuperar la calidad fotográfica de
los viejos tiempos. La división de comunicación
del corporativo Time Warner no tiene periódicos
propios, aunque edita las revistas Sports
Illustrated y People.
Esta es la
historia de la larga agonía de Life, como
su propia vida.
El 23 de
noviembre de 1936, la revista un poco más
grande que el tamaño oficio apareció con
una portada que sorprendió a los lectores: un
médico sostenía a un recién nacido bautizado
posteriormente como George. Las 250 mil copias
disponibles se vendieron en cuestión de horas.
Meses después,
el semanario vendía ya alrededor de un millón
de copias por el precio de 10 centavos de dólar
cada una. Al cabo de un año, la circulación era
de un millón y medio.
Un alud de
imágenes comenzaba. La segunda guerra mundial y
el conflicto de Vietnam hicieron más profundo el
cuadro rojo de su nombre. Los detalles de las
obras de Picasso mostraron lo mejor del arte a
quienes no podían viajar para verlo en un museo.
Los ensayos fotográficos de personajes como
Winston Churchill explicaron la naturaleza de los
líderes mundiales. Los actores Grace Kelly y
Lawrence Olivier, el astronauta John Glenn y el
dictador italiano Benito Mussolini compartieron
espacios en Life.
Pero el
nacimiento de la televisión a mediados de los 40
fue la explosión que abrió la herida fatal en Life.
La circulación se había incrementado a 8.5
millones, pero a costa de vender suscripciones a
15 centavos, menos de la mitad de los gastos de
producción.
La gerencia de
Time Inc. la compañía dueña de esta y
otras revistas, incluida Time decidió
primero recortar su frecuencia semanal en 1972
luego de 40 millones de dólares perdidos en los
cuatro últimos anos. Este año, finalmente,
será aniquilada por completo.
El
fin de una época
El 17 de marzo
de 2000, circuló desde Nueva York un comunicado
de prensa de tres párrafos. "Time Inc.
anunció hoy que Life, la primer y más
famosa revista de fotografía de Estados Unidos,
no será publicada ya mensualmente después de su
edición de mayo".
Emitido por el
vocero Peter Costiglio, el comunicado explica que
la firma Life continuará apareciendo en
ediciones especiales que conmemorarán hechos
importantes. Además, Life seguirá
produciendo libros y tendrá un sitio de
Internet. La gerencia de la revista pasará en su
totalidad a la dirección de los ejecutivos de
Time Magazine Group., "en donde la
reputación de Life como una de las más
respetadas fuentes de fotoperiodismo motivador,
puede ser mantenida".
Hasta su
desaparición, Life tuvo un precio de tres
dólares y 99 centavos y una circulación de 1.5
millones, cuya lista de lectores será
transferida a otras revistas dentro de Time Inc..
El comunicado
cierra con las palabras de Don Logan, presidente
de Time Inc.: "Life, que ha sido el
cronista de grandes momentos del mundo con su
firma fotográfica, es una valiosa y honrosa
franquicia cuyo nombre merece ser preservado. Sin
embargo, a pesar de esfuerzos excepcionales de
varios de directivos y editores, la fórmula para
una revista mensual de interés general no era
sostenible. Después de mucho pensar y discutir,
se decidió que esta nueva estrategia sería la
mejor manera de mantener la marca de Life".
En su ultima
edición, como en la primera, aparece la foto de
un bebé nacido prematuramente y su batalla por
sobrevivir.
Con su último
numero, la revista no perdió el impacto de su
fotografía aunque sí el tamaño de su edición
impresa, ahora reducido al formato carta de la
mayoría de las revistas.
Dentro, un
mensaje de los directivos Isolde Motley y Donald
B. Fries, explica a los lectores las razones de
la desaparición de Life. Agradecen las
interminables cartas y llamadas telefónicas
lamentando el final de la revista. "Ustedes
han hecho un momento muy difícil un poco más
soportable", escribieron en la nota.
Irónicamente,
George, el bebé que apareció en la primera
portada, falleció el 4 de abril de 2000, a unos
días de haberse anunciado el cierre de Life.
La
vida sin Life
Stolley, de 71
años de edad, ha sido testigo de las
transformaciones de la revista. Comenzó como
reportero en 1953 y después se convirtió en
subdirector y, tras un retiro temporal, regresó
como director en su versión mensual.
Tras su
jubilación, Stolley mira atrás y recuerda a la
institución que, afirma, cambió para siempre al
periodismo mundial. "Life enseñó al
mundo cómo usar la fotografía. El legado
prevalecera", dice con una mezcla de orgullo
y melancolía.
Y agrega:
"Imagino que estoy más preparado para
afrontarlo porque ahora ya no estoy en la
revista. Pero me sentiré mal cuando Life
ya no esté allí. En cierta forma, toda una
época ha muerto", dice.
Stolley dejó en
la revista toda una vida de aventuras
periodísticas. Escribió sobre la lucha por los
derechos civiles en el sur de Estados Unidos. Fue
el reportero que encontró el famoso vídeo
casero que grabó para siempre el asesinato del
presidente Kennedy en la memoria de los
estadunidenses.
Stolley asegura
que los años de revelación y avance no terminan
con el cierre de Life. "La vida de la
revista, impresa en su propio nombre, no acaba
con una decisión empresarial", sostiene
Piensa que la
misión fundamental de Life se realizó y
se mantuvo desde su inicio en 1936 y hasta su
última edición como semanario en diciembre de
1972. "Queríamos llevar el mundo a los
estadunidenses. Creo que lo logramos en cada una
de las ediciones", dice.
Tras su primera
salida de Life, Stolley pensó en retirarse del
periodismo. "Consideré la idea de volver a
mi estado de Illinois y postularme como candidato
para el Congreso", recuerda con algo de
risa. "Pero soy demócrata y ningún
demócrata ha ganado jamás ese distrito".
Afortunadamente, fue invitado a fundar la revista
People, que actualmente se mantiene como
uno de los productos más lucrativos de Time
Inc.. Allí, la intención de mostrar a fondo a
los protagonistas de cualquier evento noticioso
lo motivó a permanecer dentro del periodismo.
Stolley
encabezó People hasta 1982, año en que
regresó a Life mensual como director.
"Fue un poco frustrante por no poder cubrir
todo lo que se podía hacer como semanario",
dice.
En 1986, Stolley
decidió dejar definitivamente la dirección de
la revista y pasó a ser director editorial de
Time Inc.. En 1993 se jubiló y actualmente funge
como consejero editorial de la empresa.
"Era una
rutina para la revista Life tener la mejor
foto. Ahora fíjate en Time y en Newsweek,
por ejemplo, y verás que imprimen más
fotografías que notas", dice.
Para Stolley
"el lugar de Life no será llenado
jamás por ningún otro medio. La herencia es tan
grande que permanecerá reflejada en muchas
revistas del mundo".
"Aquellos
días"
Bárbara Baker
Burrows se considera una de las mujeres más
afortunadas del mundo. Estuvo presente en los
acontecimientos en torno a la muerte de la
princesa Diana. Recuerda de cerca el asesinato
del presidente John F. Kennedy. Pero entre sus
memorias predomina su propia imagen, a los 23
años de edad, cuando sintió el temblor de la
tierra al despegar la nave espacial Apolo 10 a
finales de los 60.
"Fue tan
emocionante que comencé a llorar. Un fotógrafo
de la revista me tomó una foto de
espaldas", recuerda Baker, ahora de 56
años, en entrevista con Proceso.
"Me daba pena que la gente me viera llorar,
pero cuando vi a los demás a mi alrededor, me di
cuenta que casi todos también estaban
llorando".
"Fui
realmente afortunada al recibir un sueldo por
hacer un hobby", dice Baker, última editora
de fotografía de Life. "Cada
mañana, durante estos 35 años de trabajo,
despierto y me pregunto cómo fue que tuve tanta
suerte de trabajar para esta revista".
Sus primeros
pasos en el fotoperiodismo los dio como ayudante
en el departamento de fotografía. "En
aquellos días pasabas al menos un par de años
entrenando para ser investigador de noticias.
Después te dejaban reportear, pero el
entrenamiento era muy pesado", dice.
La dejaron
reportear y así creció al mismo tiempo como
fotógrafa. Años después fue transferida al
buró de Londres, en donde conoció a Russell
Burrows, quien se convertiría en su esposo. Su
suegro, el legendario fotógrafo Larry Burrows,
murió cubriendo la guerra de Vietnam en un
accidente aéreo en 1971.
En la portada
del 8 de noviembre de 1968 aparece Nguyen Thi
Tron, una niña de 12 años que había perdido
una pierna durante un ataque aéreo por soldados
estadunidenses en la aldea Andien en medio de la
guerra de Vietnam. Su suegro, Larry Burrows,
documentó la historia con fotografías para Life
antes de morir. Sarah Baker y su esposo Russell
Burrows decidieron seguir la nota.
"Mi hija
Sarah acaba de regresar de Vietnam. Fue con su
papá a buscar a la niña que había sido parte
del reportaje de su abuelo Larry Burrows",
explica Baker. "Les llevó trabajo
encontrarla, pero tomó fotografías fascinantes
para este nuevo artículo".
El ciclo de esta
familia en la revista se cerró con la última
edición de mayo: aparecieron las fotografías de
Burrows y Baker juntas en las paginas 34 y 35.
Cuando Tron
apareció por primera vez en Life, cientos
de personas enviaron dinero para ayudarla a
comprar una prótesis para su pierna. Burrows le
regaló una maquina para coser y se mantuvo en
contacto con ella hasta su muerte.
A principios de
2000, consignó la revista, Tron pudo acariciar
el cabello de la nieta de quien le devolvió
parte de su vida perdida. Sarah prometió
regresar a Vietnam.
Pero este no es
el único seguimiento informativo de la última
edición de Life. Al cambiar de página
los lectores encontraron retratos de la vida de
Flavio Da Silva, un brasileño huérfano que
apareció en la revista por primera vez a los 12
años, en 1961, cuando moría de asma en Río de
Janerio. Las fotografías de Gordon Parks
provocaron donaciones de estadunidenses que lo
llevaron en pocos meses a un hospital de Denver,
en donde se recupero por completo. Volvió a
aparecer de nuevo, ahora con 51 años y 15
miembros de familia, al pie de una casa que aún
pagan lectores de Life.
"Nos
involucramos demasiado en lo que hacíamos porque
creíamos que lográbamos un cambio con cada
fotografía. A veces nuestro trabajo se
convertía casi en un servicio social", dice
Baker. "Por eso te digo: las cosas que vi,
las personas que conocí, son recuerdos que me
confirman lo privilegiada que fui al trabajar en
esta revista".
Baker y Stolley
coinciden: después de la última edición de
mayo de 2000, aún habrá vida para Life.
"Dejamos un legado de fotoperiodismo que
transformó para siempre al siglo XX. Nadie,
menos nosotros, podremos olvidarlo", dice
Baker.
Y tenían
razón. Life regresa, una vez más, como
una marca que se niega a morir definitivamente...
hasta que los gerentes vuelvan a decir otra cosa.
* Oswaldo
Zavala es
colaborador del semanario mexicano Proceso. Este texto se reproduce con
autorización de su editor internacional y ha
sido actualizado por la redacción de SdP.
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