Comunicación y tecnología
Sobre
William Mitchell y las ciudades de su e-topía.
Hugo
Pardo *
William Mitchell es
uno de esos gurús que van por el mundo
contándonos lo que pocos vemos; la
transformación de las ciudades en la era
digital. Sin embargo hay 20 ciudades (no
más) que si están cambiando
radicalmente. A ellas se dirige el
profesor Del MIT: "en el siglo XXI,
la condición de la urbanidad civilizada
se puede basar menos en la acumulación
de objetos y más en el lujo de
información, menos en la centralidad
geográfica y más en la conectividad
electrónica, menos en el aumento del
consumo de los recursos escasos y más en
su gestión inteligente". De esto -y
alguna digresión vinculada a mi tesis
doctoral- habla el artículo.
Sin
exagerar, creo que Barcelona se está
convirtiendo en la vidriera de las grandes ideas
sobre nuevas tecnologías e internet en
Iberoamérica. El portal del Ayuntamiento
http://www.bcn.es/ (motor de diversas
iniciativas) y múltiples eventos confirman la
importancia de la ciudad condal para palpar
novedades sobre el tema. De hecho, en el marco
del megaevento cultural Fórum Barcelona 2004 se
realizará una conferencia sobre el presente de
la comunicación que reunirá a todas las
primeras figuras temáticas; una especie de dream
team en la sociología de la comunicación
(agendarlo y consultar
http://www.barcelona2004.org).
En ese contexto,
en mayo de 2003 nos visitó William Mitchell,
decano de la Scholl of Architecture and Planning,
Massachusetts Institute of Technology, y autor
entre otros libros de e-topia. Vida urbana,
Jim; pero no la que nosotros conocemos,
Gustavo Gili, 2001 (publicación original del MIT
en 1999).
Mitchell brindó
una conferencia en el propio Ayuntamiento, junto
al profesor Manuel Castells, la biblia local en
cuestiones de la Sociedad Red. Había 50
personas, aunque se trataba de una de las
personalidades más reconocidas en el mundillo de
las ciberculturas (¿sobresaturación de
conferencias?).
En su discurso
él establecía un paralelismo en la relación
entre fábrica y hogar en la sociedad industrial,
comparada con lo que puede ser en la sociedad
digital la relación entre trabajo y hogar,
manifestando algo que está presente cada día,
sobre todo para aquellos que trabajamos con
intangibles. Las tecnologías digitales hacen
cada vez más difusa la relación entre trabajo y
hogar; o sea, ya no sólo trabajamos en nuestra
oficina, sino que lo hacemos en casa y hasta en
el fin de semana de la manera más natural (por
si no se enteraron, enviar mails a alumnos y/o
clientes el domingo a la tarde es trabajo, aunque
lo hagamos en chanclas, camiseta y escuchando a
nuestro equipo preferido). Aunque Mitchell,
como arquitecto, piensa esa transformación desde
el lado de la planificación urbana (como las
grandes ciudades compiten entre sí para captar
los mejores intangibles y en esa competencia es
clave la instalación de una infraestructura
digital y hasta una buena calidad de vida),
también la piensa desde el diseño de los
hogares (como la casa debe tener
irremediablemente un espacio diferenciado para
trabajar y otras variables que se presentan con
la nueva situación). Pero antes de seguir con su
e-topía los invito a enlazar con otra idea.
Con ese
paralelismo entre trabajo y hogar desarrollé una
pequeña idea que quiero compartir ya que forma
parte de mi tesis doctoral sobre modelos de
desarrollo webs en sitios universitarios; la
relación entre el estudio (el trabajo de un
estudiante) y el hogar. Creo que si no se adapta
gradualmente a la era de la información, la
universidad puede dejar de ser el espacio físico
donde se fabrican las ideas.
Hoy podemos
interactuar con nuestros educadores de diferentes
modos. El saber siempre estuvo en la universidad,
pero si el conocimiento está en red en sistemas
de bases de datos, las diferencias son más
difusas, aunque no hablo nunca de dejar de
establecer relaciones interpersonales físicas
con nuestros educadores, ni de renegar de la
educación en centros universitarios de carne y
hueso, ya que son vitales. Pero deberemos
compartir en forma más transparente la
información y el conocimiento, aplicando la
intercreatividad que tanto le dio a internet como
medio (ver mi artículo sobre intercreatividad en
http://www.comunicacionymedios.com/), porque si
no, será más interesante recabar información
en las múltiples bases de datos existentes de la
mano de un tutor que nos guíe, que ir a clase
todos los días a escuchar como el profesor
explica lo que dice un libro generalmente
publicado hace 20 años y nos invita a tomar nota
de ello.
La gestión de
la información conlleva irremediablemente a la
reconversión de la tarea docente universitaria.
El profesor Mitchell decía que mientras da
clases en el MIT los alumnos sacan sus
ordenadores portátiles y consultan en la red
interna y en internet lo que él va diciendo, los
autores que cita y los datos que señala. Esto
hace más difícil su tarea, ya que compite con
la información existente en la red, y debe ser,
entonces, más autoexigente y minucioso, para no
equivocarse y además dar un valor agregado a ese
conocimiento, para que no se pueda obtener en la
red en dos clicks, si no, ¿para que viene el
alumno a clase? El valor diferencial del docente
es lo que cuenta, su capacidad para
interrelacionar autores, su visión del mundo y
su experiencia para motivar a los alumnos, entre
muchas otras cuestiones.
Si el escenario
no se modifica y las clases presenciales no dejan
de ser lo que hoy son en la mayoría de los
casos, es más viable y perfectamente posible que
los estudiantes puedan trabajar en casa y los
docentes pueden brindar información en red. La
institución universitaria debe reinventar estos
procesos, pero no parece haber visión para ello.
Pero la
tecnología no nos viene dada en forma natural,
sino que la reinventamos nosotros día a día en
base a los nuevos escenarios. Internet es una
idea social precisamente inventada para mejorar
la gestión y la interacción entre las personas
y la información. Se necesita pensar la
ingeniería de los procesos en el ámbito
educativo y luego programar las herramientas
informáticas para cumplir esas nuevas demandas.
Así es que las instituciones educativas tienen
que emprender ese proceso o colocarse a la cola
de los pocos que ya lo hicieron. Porque "a
veces la imposibilidad es la verdadera razón de
nuestras preferencias". (Sunstein, 2003:
111).
Sunstein señala
en República.com que los ciudadanos que
son privados o limitados en sus opciones pueden
no desear lo que han sido privados de elegir.
Entonces, posibles opciones se convierten en
no-opciones por no ser conocidas por el público
(los ciudadanos o los alumnos). Hoy es
imperdonable que las instituciones universitarias
no le brinden a sus estudiantes opciones de
formación asociadas a la red y se queden
inmersos en el lápiz y el papel medieval. Esto
se traduce en futura pérdida de oportunidades y
en una deficiente distribución del conocimiento
hacia dentro de la propia institución. Pocos
facultades ofrecen webs y/o intranets de calidad
y con contenidos diferenciales y de valor
agregado, limitándose a copiar contenidos
escasos de comunicación institucional. Además
menos cátedras aún ofrecen aún espacios en red
para compartir el conocimiento, como bitácoras o
pequeñas webs como aulas virtuales (ver
artículo de comunidades universitarias en la web
-de pago- en www.infonomia.com).
Con un back en
el navegador volvemos a Mitchell y así podemos
decir unas palabras de su e-topia;
una segunda/tercera/cuarta parte de Being
digital, el clasiquísimo libro de
Negroponte (1995). Aunque ambos libros sean
de lectura obligatoria, en ambos se juega una
especie de lotería de pronósticos deportivos
para el futuro; zapatos con chips, sin chips o
empate.
Mitchell está
en el lugar indicado (el MIT siempre lo fue) y
nos presenta una visión de las ciudades del
futuro muy impresionante, aunque a veces resulta
un poco sorprendente con sus pronósticos sobre
la vida urbana que nos espera: Nuestra ropa
y accesorios estarán llenos de bits. Es posible
que los zapatos lleguen a tener más líneas de
código que el disco duro actual de nuestro
ordenador (2001: 59), o: No
tendríamos por qué educar explícitamente a
nuestros aparatos y a nuestro entorno, en
absoluto; si fueran realmente tan inteligentes,
deberían ser capaces de saber qué necesitamos
de ellos sólo con observarnos. (Ídem:
70).
Además, como
tantos escribas de nuevas tecnologías, sus
palabras suenan exageradamente sesgadas,
referidas a las pocas ciudades en el mundo donde
la evolución tecnológica descripta afectará
verdaderamente nuestras vidas. Mientras, en el
95% de las ciudades del planeta (Barcelona es tan
seductora porque está en el 5% restante, por eso
viene Mitchell a dar conferencias) la polución,
la inseguridad, la falta de oportunidades, la
brecha entre ricos y pobres y la creciente
marginalidad son las variables que sí están
afectando nuestra vida urbana. Para no olvidarnos
del aspecto tecnológico, también vital, decimos
que antes de hablar de vestimenta digital,
transportes del futuro y megainfraestructuras,
las ciudades deberían garantizar conexión a
internet a bajo coste para todo el mundo y sí o
sí, red digital en todas las escuelas.
Pero vayamos a
la idea central del libro. Sus e-topías son
ciudades económicas y ecológicas que funcionen
de manera más inteligente. Los principios de
diseño básico se pueden reducir a 5 puntos:
1.
Desmaterialización.
Un bit usado no contamina. Economía sin
gravedad. ¿Es realmente necesario construir
este edificio, o puede ser remplazado por
sistemas electrónicos?
2. Desmovilización.
Mover bits es mucho más económico y
eficiente que mover personas y mercancías.
Sacar partido de las telecomunicaciones para
crear nuevos modelos urbanos más refinados,
infinitamente más eficientes. La mejor
estrategia de ahorro.
3. Personalización en masa.
Diarios personalizados, sofisticados
servicios de alquiler y distribución de
coches gestionado electrónicamente. Pero
personalización en masa es justamente no
elegir un estándar, sino muchos estándar
para diferntes públicos. Reducir el
despilfarro y estrategias dinámicas de
precios gestionando eficazmente la demanda y
estimular el ahorro.
4. Funcionamiento inteligente.
Por ejemplo, un sistema inteligente se puede
controlar con sensores para que suministre
agua sólo cuando las condiciones indican que
se necesita más humedad. Uno realmente
inteligente debe controlar tanto el entorno
como el nivel de agua disponible. Su objetivo
es crear mercados sensibles, de gran
eficacia, para los recursos consumibles
escasos de los que depende todo asentamiento
humano.
5. Transformación suave.
Las ciudades se transformaron en la era
industrial; exigió la dotación de extensas
zonas industriales, de viviendas para los
trabajadores, de oficinas centrales en las
ciudades y de sistemas de transporte de gran
capacidad. Hoy el espacio servido
electrónicamente no tiene que estar
concentrado en grandes áreas contiguas, sino
que pueden distribuirse realmente a través
de un tejido urbano finalmente granulado.
Conclusión:
"En el siglo XXI, la condición de la
urbanidad civilizada se puede basar menos en la
acumulación de objetos y más en el lujo de
información, menos en la centralidad geográfica
y más en la conectividad electrónica, menos en
el aumento del consumo de los recursos escasos y
más en su gestión inteligente". (ídem;
164)
La visión de
Mitchell radica en las enormes modificaciones que
las ciudades sufrirán con las aplicaciones
tecnológicas destinadas a aumentar nuestra
calidad de vida y a distribuir información de la
forma más eficiente posible y en cómo los
arquitectos y planificadores urbanos deben
percibir estas ciudades y redefinir su propia
tarea.
Además trabaja
algunas ideas que empiezan a popularizarse en el
mundo académico. Hablo del impacto disímil de
la interacción en comunidades con el uso de la
red.
Hasta hoy las
comunidades fueron sinónimo de virtud como
producto de la interacción en la red. Las
comunidades son positivas para acercarnos con
eficacia a nuestros grupos de interés e
intercambiar conocimiento. Pero desde hace tiempo
se leen teorías acerca de lo contraproducente
del aislamiento en grupos afines que producen
dichas comunidades. Según Sunstein, por ejemplo,
nos limitan el acceso a la diversidad de
opiniones necesaria para el desarrollo de una
democracia. Según Mitchell puede hacer que
algunos miembros de la sociedad sean literalmente
invisibles para otros y formar guetos de
afinidad. Así es que las ciudades necesitan
adaptarse a la nueva coyuntura que promueve el
uso tecnológico; competir entre sí para ofrecer
la mejor infraestructura digital, evitar el
aislamiento y degradación de los barrios donde
no llega la revolución digital y otros conceptos
necesarios para replantear la ciudad del siglo
XXI desde las actuales e-topías.
Un último
concepto que me parece brillante (pero no
olvidemos, insisto, el sesgo de sus palabras,
porque si no parece que viviéramos todos en
Silicon Valley, o en Bangalore): "La
arquitectura ya no es simplemente el juego de los
volúmenes bajo la luz: ahora incluye el juego de
la información bajo el espacio". (Ídem;.
48). Está claro que los nuevos arquitectos deben
planificar pensando en digital + hierro y
cemento. Con la comunicación pasa algo
semejante: dejó de ser hace rato el estudio de
cómo el receptor consume pasivamente los grandes
medios del siglo XX para ser una ciencia que
intente explicar cómo administrar, gestionar y
distribuir la información, que de escasa pasó a
ser sobreabundante.
En definitiva,
"e-topía" es una lectura muy
entretenida e imprescindible para arquitectos,
sociólogos urbanos y aspirantes a tecnólogos (y
porqué no, para el ama de casa moderna, la que
mira y lee Cosmopolitan y le gusta el
fútbol desde que juega Beckham), aunque esté un
poco más cerca de la digitofilia que de la
sociología.
O sea, mientras
él nos habla de los "comedores
virtuales" de IBM (mesas divididas por la
mitad mediante pantallas de retroproyección, en
las que podemos ver imágenes de video a tamaño
natural de los comensales sentados en la mitad
opuesta), yo demoré 4 minutos para enviar un
archivo de 500 K con mi tarifa plana de 15 euros
por mes de Telefónica, de 18 a 8 hrs. (la banda
ancha más barata cuesta 35 euros por mes), y se
me ha colgado cuatro veces en el día mi G4 de
Mac, aunque tengo la costumbre de salvar todo
constantemente. La e-topía sería, en América
Latina, conexión gratuita a internet, y en
Europa, banda ancha para todos. Y ordenadores y
programas más accesibles. El cumplimiento de mi
e-topía llevaría irremediablemente a la
evolución hacia la e-topía de Mitchell.
Barcelona,
5 de julio 2003.
* Hugo
Pardo es
licenciado en Ciencias de la Comunicación,
egresado de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente cursa el segundo año del
Doctorado de Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de
Barcelona; trabaja sobre el
modelo de desarrollo de contenidos en webs
universitarias.
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