Prensa en
Irak: tierra de nadie
No sólo durante la
invasión, sino después de la ocupación
militar encabezada por Estados Unidos, Irak
se ha convertido en el país más peligroso
para los profesionales de la prensa: 36
muertos y dos desaparecidos en un año. Más:
las promesas estadunidenses de llevar
libertad a ese país son un
contrasentido: reporteros iraquíes y
extranjeros sufren hostigamiento, amenazas y
censuras de parte de las fuerzas de
ocupación y del gobierno interino impuesto
por Washington.
Anne
Marie Mergier *
París.
El hecho es tan excepcional que merece ser
subrayado: el pasado 29 de marzo las fuerzas
militares estadunidenses de ocupación en Irak
reconocieron la responsabilidad de sus soldados
en la muerte de dos periodistas iraquíes de la
cadena televisiva Al-Arabiya. Su comunicado fue
lacónico, pero es la primera vez en un año que
aceptan enfrentar la verdad.
El trágico
incidente, que costo la vida al reportero Ali
Al-Khatib y al camarógrafo Ali Abdel-Aziz,
ocurrió en la noche del 18 de marzo. Según los
directivos de Al-Arabiya, el automóvil de los
reporteros llevaba las grandes siglas
TV y los periodistas
tenían autorización oficial para filmar.
De acuerdo con
la misma fuente, llegaron a un puesto de control
militar estadunidense al lado del hotel Borj
Al-Hayat que acababa de ser alcanzado por
cohetes. Los soldados no les permitieron
acercarse más al hotel. Los periodistas
regresaban a su vehículo cuando un auto se
estrelló a toda velocidad contra una barrera
metálica. Los reporteros intentaron huir del
lugar en su propio auto. En vano. Los soldados
estadunidenses les empezaron a disparar. Abdel
Aziz murió al instante y Al-Khatib, gravemente
herido, falleció al día siguiente.
La primera
reacción de las autoridades castrenses
estadunidenses fue, como siempre, afirmar que no
tenían nada que ver en la muerte de los
reporteros. Provocaron escándalo en Irak y
repudio a nivel internacional.
Sara De Jong, responsable de la Fédération
Internationale des Journalistes (FIJ) la más amplia
organización de defensa de periodistas, cuenta
con 500 mil miembros procedentes de 100 países y
tiene su sede en Bruselas, confía a la reportera
que ese brusco cambio de actitud de parte de los
militares estadunidenses le parece positivo.
Agrega, sin
embargo: Ahora falta ver si los soldados
involucrados en la muerte de los periodistas
serán sancionados, y, sobre todo, si las
autoridades estadunidenses empezarán, por fin, a
tener un poco de consideración con la
prensa.
El tono de su
voz delata escepticismo. No es para menos. Desde
el principio de la guerra contra Irak y a lo
largo de la ocupación de ese país por
ocupación británico-estadunidense, los
periodistas pagan un precio altísimo para
ejercer su profesión.
Ataques
y censura
En las últimas
semanas se multiplicaron las agresiones en su
contra. El pasado 26 de marzo, Burhan Muhamad
Mazhur Al-Lubhaybi, camarógrafo iraquí
independiente que llevaba dos meses trabajando
con la cadena televisiva estadunidense ABC, fue
muerto por un balazo en la cabeza disparado por
un soldado estadunidense en la ciudad de Falujah.
Reporteros de la
agencia noticiosa France Presse (AFP), presentes
en el lugar de los hechos, explicaron que, junto
con otros periodistas, Mazhur estaba filmando
cateos casa por casa efectuados por tropas
estadunidenses, cuando de repente los soldados
empezaron a disparar contra la prensa.
Tres días más
tarde, el 29 de marzo, Nabil Al-Jurani,
fotógrafo iraquí que colabora con la agencia
noticiosa Associated Press (AP) resultó herido
por tropas británicas en Basora mientras cubría
un enfrentamiento entre soldados ingleses y
rebeldes iraquíes.
A principios del
mismo mes de marzo un equipo de tres reporteros
coreanos de la cadena televisiva Korea
Broadcasting System (KBS) fueron acusados por
soldados estadunidenses de transportar
explosivos. Los esposaron y durante horas los
aislaron en celdas inhóspitas. Al parecer, de
poco sirvieron los esfuerzos de la embajada de
Korea en Bagdad por confirmar su identidad y
demostrar su inocencia. Finalmente fueron
liberados sin disculpa alguna.
Por si eso fuera
poco, las fuerzas de ocupación acaban de
alborotar al sector más combativo de la
comunidad chiíta: el pasado 28 de marzo, Paul
Bremer, administrador estadunidense en Irak,
prohibió por dos meses la publicación de la
revista Al-Hawza. Ese mismo día,
decenas de soldados estadunidenses cerraron las
oficinas de ese semanario radical, muy popular
entre los seguidores del joven y muy rebelde
líder religioso Moqtada Al-Sadr.
Motivo de esa
decisión: Los artículos de Al-Hawza
revelan una intención de perturbar la seguridad
y de incitar a los iraquíes a la
violencia. Entre los artículos señalados
destacan dos: el primero cuestiona la
descripción oficial de un atentado perpetrado
hace dos meses en una delegación policiaca del
pueblo de Skenderia, al sur de Bagdad. Al-Hawza
afirma que no explotó ningún auto bomba en el
lugar, sino que un helicóptero estadunidense
disparó un rocket. El segundo artículo busca
demostrar que la administración Bush siempre se
interesó más por el petróleo iraquí que por
la caída de Saddam Hussein.
Resultado: se
multiplican manifestaciones diarias ante la sede
del semanario, cuyas puertas están cerradas con
gruesas cadenas. Todas las asociaciones de
periodistas nacionales e internacionales
denuncian esa censura.
Alaeddin
Elsadar, vocero del Consejo Provisional de
Gobierno Iraquí, intentó tranquilizar al
Committee to Protect Journalists (CPJ) organización
estadunidense de defensa de los periodistas con
sede en Nueva York al afirmar que Al-Hawza
tenía derecho de apelar.
¿Dónde y
cómo?, preguntó el CPJ. Llamándome
por teléfono para negociar
,
contestó Elsadar.
Es una
burla protesta
Anne Cooper, presidenta del CPJ. El cierre abrupto y
dramático de Al-Hawza envía un mensaje
bastante turbio, sobre todo en el momento en que
los iraquíes están trabajando para reconstruir
su propia soberanía.
Al-Hawza
no es el primer medio de comunicación en ser
censurado por las fuerzas de ocupación. En
noviembre del año pasado la cadena televisiva
Al-Arabiya, de los Emiratos Árabes, no pudo
transmitir en Irak durante dos meses. El motivo:
la cadena había difundido un llamado a la
resistencia de Saddam Hussein.
Algunas semanas
más tarde, se prohibió a la cadena televisiva
quatarí Al-Yazira cubrir las actividades del
Consejo de Gobierno Iraquí (CGI) durante un mes.
Causa del castigo: difundir un debate en el que
un participante afirmaba que miembros del CGI
tenían relaciones con Israel y habían visitado
ese país.
Lista
de agravios
El pasado 20 de
marzo, Bremen creó una Comisión de Regulación
de los Medios Masivos de Comunicación. La medida
no parece inspirar mayor confianza dentro y fuera
de Irak.
La FIJ sintetiza
el escepticismo general: Aun si el Consejo
de Gobierno Iraquí, nombrado y controlado por
Washington, asegura que esa Comisión será
totalmente independiente, es sumamente difícil
pensar que no estará sometida a fuertes
presiones.
La FIJ conoce
bien la situación de los periodistas y de los
medios de prensa iraquíes, así como la de los
corresponsales extranjeros en ese país, ya que
mantiene un contacto estrecho con todos ellos.
Junto con la
Federación de Periodistas Árabes, los
directivos de la FIJ llevaron a cabo una misión
de investigación en Irak del 19 al 25 del pasado
mes de enero. Plasmaron los múltiples problemas
que enfrenta la prensa en el país en un amplio
informe y en una densa carta, sumamente crítica,
que dirigieron al Consejo de Gobierno Iraquí.
Larga es la
lista de quejas de los medios de comunicación
extranjeros: hostigamiento sistemático a los
reporteros; vigilancia permanente; frecuentes y
arrogantes llamadas telefónicas de protesta del
servicio de comunicación de ocupación por notas
o reportajes que no le convienen;
amenazas de impedir el acceso de los reporteros
al lugar de los hechos o a actos oficiales;
presiones constantes para que los periodistas
dejen de hablar de violencia y enfoquen
aspectos positivos.
En
numerosas oportunidades precisa la FIJ, se confiscaron casetes
y películas y se trató a los reporteros con
suma dureza. Tenemos muchos testimonios al
respecto. Pero los denunciantes guardaron el
anonimato por temor a ser expulsados.
El jefe de la
oficina en Bagdad de la agencia noticiosa
británica Reuters, en cambio, habló
abiertamente de la brutalidad de soldados
estadunidenses ejercida contra dos reporteros de
la agencia y su chofer. Los tres hombres fueron
detenidos y maltratados durante 72 horas, a
principios de enero. La seudo
investigación efectuada por las
autoridades castrenses estadunidenses fue
considerada por la agencia británica como
un insulto.
Sara De Jong,
precisa: La situación empeoró desde que
realizamos nuestra misión hace dos meses. A
principios de marzo las autoridades castrenses
estadunidenses decidieron que ningún periodista
extranjero podía reportear en Irak sin solicitar
acreditación. No hacerlo será considerado como
un delito grave.
Larga también
es la lista de agravios que sufre la prensa
iraquí. Insiste la FIJ en su informe:
Los problemas de los periodistas iraquíes
son aún más serios que los de los
corresponsales extranjeros. Les toca enfrentar
una fuerza de ocupación que desprecia a los
reporteros de terreno, sobre todo
cuando se trata de locales
considerados como elementos
hostiles.
Según la FIJ,
la administración interina iraquí impuso
directivas draconianas a la prensa. Las multas,
en caso de violación de una de estas directivas,
pueden alcanzar mil dólares. También se busca
imponer a los medios de comunicación un
código de conducta que, entre otras
cosas, prohíbe el uso de ciertas palabras como
Jihad (guerra santa) o resistencia.
Ese
código de 11 puntos fue elaborado de forma
unilateral, sin consultar a los profesionales de
la prensa y se ejercen descaradas presiones para
obligar a los periodistas a firmarlo, se
indigna la FIJ.
Miles de
periodistas que trabajaban en los medios
oficiales era la única opción en tiempos
de Hussein fueron despedidos por las fuerzas
de ocupación. Muchos siguen desempleados.
Sólo parte de
ellos logró reciclarse en los 200
nuevos periódicos y revistas que surgieron como
hongos después de la caída de Hussein. La
mayoría de estas publicaciones no favorecen un
periodismo independiente, ya que defienden los
intereses de grupos de presión o de partidos
políticos.
Los salarios de
los periodistas son patéticos:
oscilan entre 100 y 150 dólares mensuales.
Semejante situación genera una corrupción
creciente en la prensa, deplora la FIJ.
Los sueldos de
los reporteros iraquíes contratados por los
medios de comunicación internacionales son mucho
más atractivos: giran alrededor de mil dólares,
pero exponen a los periodistas al furor de grupos
opositores que los matan por ser
traidores o
colaboradores.
El último
incidente mortal ocurrió el 24 de marzo. Ese
día Omar Kamal, colaborador de la revista Time
fue gravemente herido mientras manejaba su auto.
Falleció dos días después en el hospital.
Howard
Chua-Eoan, directivo del semanario estadunidense,
señala que numerosos iraquíes que trabajan con
la revista reciben regularmente amenazas de
fuentes muy variadas.
Por la mañana
del 18 de marzo fue perpetrado un atentado contra
una camioneta combi que transportaba empleados de
la cadena televisiva iraquí Diyala, creada por
las fuerzas de ocupación en la ciudad de Bakuba
(60 kilómetros al norte de Bagdad). El ataque
costó la vida a Nadia Nasrat, periodista; Majid
Rachid, técnico, y a un agente de seguridad.
Ocho personas más resultaron heridas.
El 5 de marzo
Selwan Abdelghani Mehdi Al-Niemi, traductor
independiente que trabajaba con la cadena radial
estadunidense Voice of America, resultó también
herido mortalmente en su auto. Su madre y su hija
quienes
lo acompañaban fallecieron en el ataque.
De las 109
victimas del sangriento atentado en Ebril
(Kurdistán iraquí), perpetrado el 1 de febrero,
13 fueron periodistas kurdos. El grupo Jaish
Ansar Al-Sunna revindicó el ataque y lo
presentó como una venganza contra quienes se
alían con Estados Unidos.
Según su
director, Ismael Zayer, el diario Al-Sabah
(La Mañana, financiado por Estados Unidos y
ubicado en el centro de Bagdad) sufre amenazas
permanentes. De hecho, ha sido blanco de varios
ataques con armas automáticas y lanzacohetes
sin, hasta ahora, consecuencias trágicas.
El 27 de enero
dos colaboradores iraquíes de la cadena
televisiva estadunidense CNN, Duraid Isa Mohamad,
traductor, y Yaser Khatab, chofer, fueron
asesinados a balazos en una emboscada a 30
kilómetros de Bagdad, mientras regresaban en
auto de la ciudad de Hilah. Scott McWhinnie,
camarógrafo, resultó herido en la cabeza.
Michael Holmes, reportero, y Shirley Hung,
productora, salieron ilesos.
La Guerra
de Irak es una de las peores de la historia para
los medios de comunicación. Tenemos una lista de
36 periodistas y técnicos asesinados en un año
y dos desaparecidos, probablemente muertos. Es
terrible. También es terrible constatar que
siete de ellos fueron muertos por las fuerzas
estadunidenses, denuncia Rodney
Pinder, director del International News Safety
Institute, con sede en Bruselas.
De entre estas
36 muertes, 10 corresponden al periodo de
invasión militar para derrocar a Hussein. Es
decir, 26 periodistas y técnicos han muerto
durante la ocupación que, supuestamente,
debería inscribir a Irak dentro del concepto de
democracia occidental.
Actualmente,
Irak encabeza la lista de los 10 países más
peligrosos del mundo para los periodistas,
enfatizan al unísono Reporteros Sin Fronteras y
la FIJ. Le siguen Afganistán, Chechenia, Gaza y
Cisjordania, Eritrea, Togo, Colombia y Belorusia.
Cuba y Vietnam destacan en esa lista por las
largísimas penas de encarcelamiento impuestas a
los periodistas.
La
arrogante impunidad de Washington
Vigilados,
perseguidos, agredidos y amenazados por las
fuerzas de ocupación invasora, los periodistas
locales y extranjeros en Irak también padecen
ataques de los distintos grupos de la resistencia
armada. Deben trabajar bajo una tensión extrema.
Pero quizá lo
que más frustra a las asociaciones
internacionales de periodistas es la actitud del
Pentágono, que niega sistemáticamente la culpa
de sus tropas en la muerte de varios enviados de
los medios de comunicación.
Resulta
intolerable ese desprecio abierto de las
evidencias, la precipitación para exonerar a los
soldados estadunidenses y a sus altos mandos,
además de ese empeño en ignorar las quejas y
demandas de los informadores, enfatiza
Aidan White, presidente de la FIJ.
Acorralados por
presiones internacionales, los mandos militares
de Estados Unidos realizan sus propias pesquisas que siempre los declaran
inocentes, aunque los datos obtenidos son
secretos y se rehúsan a que las
comisiones independientes investiguen los hechos.
Por eso, el
reconocimiento de la responsabilidad de tropas
estadunidenses en el fallecimiento de dos
reporteros de la cadena de televisión Al-Arabyia
constituye una excepción sorprendente.
El caso más
emblemático del cinismo
estadunidense y de su arrogante
impunidad es sin duda el ataque al Hotel
Palestina, recalca Robert Ménard, presidente de
la organización Reporteros sin Fronteras (RSF),
radicada en Francia.
Hace un año, el
8 de abril de 2003, un tanque invasor disparó
contra el hotel de Bagdad, que albergaba
aproximadamente a 150 periodistas de varios
países. Murieron dos de ellos: Taras Protsyuk,
de la agencia noticiosa Reuters, y José Couso,
de la cadena televisiva española Telecinco.
Cuatro meses
después, el 12 de agosto, el ejército
estadunidense dio a conocer el resultado de su
investigación: el soldado que disparó el
cañón del tanque hacia el hotel
actuó en legítima defensa y
por lo tanto no se le puede culpar de nada.
Ante esa
afirmación, RSF entrevistó a decenas de
testigos que nunca fueron interrogados por los
investigadores estadunidenses. Su
exhaustivo informe resultó demoledor para las
versiones del alto mando militar en Washington, y
la ONU lo tomó muy en serio, pero no tuvo
mayores consecuencias.
En España, los
familiares de José Couso emprendieron acciones
judiciales para que el gobierno de José María
Aznar exigiera a George W. Bush una
investigación digna de ese nombre. Fracasaron.
Hasta ahora hay
sólo una verdad sobre el ataque al
Hotel Palestina: la del Pentágono.
Ante semejante
situación, la FIJ declaró que el 8 de abril de
2004 será un día de recogimiento, en memoria de
los periodistas asesinados en Irak, y de protesta
ante la impunidad de las fuerzas de ocupación en
ese país.
Otro ejemplo de
la mala fe de los altos oficiales estadunidenses
fue su actuación en el caso de la muerte de
Terry Lloyd, reportero de la cadena de
televisión británica ITN, y del misterioso
destino de dos de sus colegas: Fred Nérac y
Husein Osman.
El 22 de marzo
de 2003, a dos días del inicio de la guerra, un
equipo de ITN que se transportaba en dos
vehículos quedó atrapado en pleno tiroteo entre
tropas iraquíes y estadunidenses.
Lloyd, afamado
reportero, murió camino al hospital a causa de
sus heridas. El camarógrafo belga Daniel
Demoustier logró escapar pese a sus lesiones.
Pero el camarógrafo francés Fred Nérac y el
intérprete libanés Husein Othman
desaparecieron.
Hasta la fecha
el ejército estadunidense niega su relación con
esa tragedia, por lo que los directivos de ITN
realizaron su propia investigación durante meses
y difundieron sus conclusiones el pasado 23 de
marzo.
Su equipo de
investigadores, que incluyó a dos exagentes del
servicio secreto británico, recogió testimonios
que señalan que las tropas de Estados Unidos
dispararon sobre los autos de ITN y provocaron
primero la muerte de Lloyd; después, las de
Nérac y Othman.
Según ITN, los
iraquíes intentaron llevar a los dos últimos al
hospital, pero sus transportes fueron destruidos
por disparos desde helicópteros estadunidenses.
En la cadena televisiva británica se piensa que
los restos del camarógrafo y del intérprete
pueden estar enterrados en alguna fosa común.
Desde junio del
año pasado, bajo presión de la viuda de Fred
Nérac y de distintas organizaciones
internacionales de periodistas, el ministerio de
Defensa británico inició su propia
investigación. De acuerdo con los directivos de
ITN, al llegar a las mismas conclusiones que la
televisora, los militares ingleses se habrían
quejado, off the record, de la falta
total de colaboración de sus aliados.
En la misma
negación de responsabilidades desembocó la
investigación exigida al mando estadunidense por
la agencia noticiosa Reuters tras el asesinato de
su famoso camarógrafo Mazen Dana, muerto de un
disparo en el pecho el pasado 17 de agosto, en
las afueras de la cárcel de Abu Ghraib, en
Bagdad.
De origen
palestino, Dana quien llevaba 20 años colaborando
con Reuters fue alcanzado por la bala de un
soldado mientras grababa la llegada de un convoy
militar. Los testimonios de los demás
periodistas presentes son unánimes: contra el
argumento del mando estadunidense, Dana era
perfectamente identificable como periodista y no
se podía confundir su cámara con un arma.
* Anne
Marie Mergier es
corresponsal en París del semanario mexicano Proceso. Este texto fue pulicado en el número
1431 y se reproduce en SdP con la autorización expresa de su
editor internacional.
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