El
poder de comunicar como propuesta
Sobre
el 11-M: comunicando el terror y la solidaridad
Ana
Azurmendi *
Introducción: Resulta
complicado escribir sobre la tragedia del 11
de Marzo de Madrid. Han transcurrido tres
semanas y todavía hoy rememorar el ataque
terrorista, visualizar de nuevo aquellas
imágenes, escuchar a los supervivientes, a
las familias de los fallecidos, a los
bomberos, policías, servicios médicos de
emergencia y vecinos que acudieron a asistir
a las víctimas produce una conmoción
difícil de transmitir. La reflexión que
inicio ahora no tiene como objetivo analizar
la relación medios de
comunicaciónterrorismo, ni ahondar en
las interconexiones atentado
terroristavuelco electoral del 14-M. Se
trata mucho más de una rectificación de la
opinión que mantuve con otra tragedia, la
del 11-S, y, al mismo tiempo, de una
propuesta de reflexión sobre el papel de los
medios en el logro de la paz.
En
20011 critiqué la autocensura
de los medios estadounidenses al informar de la
masacre del 11-S. Una de las razones en las que
fundaba la crítica era que la decisión de no
mostrar imágenes de las víctimas resultaba
incoherente con la controversia que habían
mantenido los mismos medios acerca de la
difusión en directo por televisión y por
internet de la ejecución de Timothy
Mcweith, autor del atentado en 1995 contra el
edificio federal de Oklahoma, en el que
fallecieron 168 personas. No se logró la
autorización de la retransmisión pero, a raíz
de la polémica, la ABC difundió las grabaciones
de sonido de las ejecuciones en la silla
eléctrica de 23 condenados en el Estado de
Georgia.
En cuanto a la
función de los medios de comunicación en las
situaciones de violencia terrorista, siguiendo
las opiniones de los estudiosos, es innegable su
papel de doble altavoz de dos discursos
contrapuestos, elaborados a partir de claves
diferentes: por un lado, hacen llegar a la
ciudadanía los diversos planteamientos
políticos que exigen el fin de la violencia; por
otro, amplifican los efectos de las estrategias
terroristas, al ser sus protagonistas
involuntarios.
España está
habituada no acostumbrada a otro
terrorismo, el de ETA. Y con una mayor o menor
homogeneidad los medios de comunicación
españoles siguen unas rutinas informativas,
forjadas con la desgracia de 933 asesinatos
producidos desde junio de 1968 (80 del GRAPO)2 y de un cuantioso
número de personas con secuelas físicas y
psicológicas por los atentados terroristas. Los
días 11 y 12 de marzo de 2004 el terror obligó
a romper esas rutinas en apenas 25 minutos (lo
que se tardó en tener la primera información
del atentado). Pienso que junto al encomiable
esfuerzo informativo, hubo momentos
excesivos momentos ¿quizá? de
inútil incremento de dolor a las familias de las
víctimas. Inútil porque no se añadía
información, y doloroso por la indiferencia
hacia las víctimas que demostraron quienes
captaron y difundieron determinadas imágenes.
Aunque sobre este punto admito la interpretación
de que no se tratara tanto de desdén hacia las
víctimas como de una falta de profesionalidad de
los reporteros gráficos. Tanto peor.
1.
El 11-S vivido, presenciado y pensado como outsider
El 11-S, el
primer atentado de AlQuaeda contra Estados
Unidos, fue retransmitido por los medios de
comunicación españoles a partir de las
imágenes, sonidos y crónicas de los medios
estadounidenses. Y recuerdo que fuimos muchos los
que nos preguntamos sorprendidos ¿será censura
o autocensura, esta voluntad de omitir imágenes
de las víctimas?. En el informe de Reporteros
sin Fronteras publicado en octubre de 2001,3 se había podido leer:
Jim Rutenberg y Felicity Baninger,
periodistas especialistas en medios de
comunicación del New York Times, entraron
la noche del 11 de septiembre en diversas
redacciones de televisión para preguntar a los
responsables sobre las opciones editoriales de
los canales; empezaban a llegar imágenes
horribles cuentan. Había sangre.
Había cuerpos desmembrados. A pesar de que
algunos periodistas querían mostrar esas
imágenes, el director del canal MSNBC, Eric
Sorenson, decidió no difundirlas: Creo que
existen muchas maneras de enseñar el horror, sin
caer en lo sanguinolento; ¿hay algo más
horrible y visual que un inmueble de 110 pisos
cayéndose ante nuestros ojos?. Sin
embargo, algunos canales como NBC, CBS, y Fox
News, difundieron las imágenes de aquellas
personas desesperadas que saltaron del inmueble
ardiendo. Después lo lamentaron: Fue una
mala decisión, confiesa Bill Wheatley,
Vicepresidente de NBC News, la imagen es
realmente demasiado perturbadora. Los que
como el canal ABC, se negaron a enseñar esas
imágenes se explican: La pregunta es: ¿se
informa o se causa un dolor inútil?4 Quienes difundieron la
imagen, también se justifican: en palabras de
Sandy Genelvis de la CBS: Eso es el
terrorismo (...). Por una parte, se quieren
respetar los sentimientos del oyente, por otra se
quiere enseñar lo que los terroristas han
cometido realmente(...); teníamos vídeos
sensibles, teníamos imágenes gore, pero
en todo momento nos planteábamos la cuestión:
¿aportamos algo más a la historia
difundiéndolas? Y así, hemos hecho públicas
las imágenes únicamente por el placer de
demostrar que las teníamos. Y sobre
el desconcierto que la opción editorial de
mostrar poco había provocado en Europa,
comentaba la misma periodista: No los leo
(por los periódicos europeos), y de todas
maneras eso importa poco. Solamente sé que
aquí, en EEUU, nuestro trabajo ha sido apreciado
y aplaudido por todos.
En las
investigaciones sobre el 11-S, con análisis de
contenido de la cobertura televisiva en EEUU, se
confirman estas primeras impresiones. Así, por
ejemplo en el capítulo How TVNews Covered the
Crisis: The Content of CNN, CBS, ABC, NBC and Fox
de K. MOGEMEN, L. LINDSAY, X. LI, J. PERKINS, M.
BEARDSLEY, del libro Communication and
Terrorism. Public and Media Responses to 9/11,5 tras el estudio de 1.117
reportajes de entre 30 segundos a 12 minutos
emitidos durante las 8 primeras horas desde el
atentado de las Torres Gemelas6 se llega a lo siguiente:
| Table
9.1. Percentage of Topics in
NetworksFirst 8 Hours of coverage
(N= 1.117 stories)7 |
| Topic |
Network |
| |
ABC |
CBS |
NBC |
CNN |
Fox |
Total |
| World
Trade Center |
23 |
28 |
34 |
31 |
32 |
29 |
| President
and government |
18 |
16 |
9 |
19 |
25 |
18 |
| Criminal
and terrorism |
7 |
10 |
10 |
10 |
15 |
10 |
| Overview |
11 |
11 |
17 |
4 |
8 |
10 |
| Pentagon |
6 |
4 |
8 |
10 |
10 |
8 |
| Air
Traffic |
8 |
4 |
7 |
5 |
4 |
6 |
| Safety |
4 |
3 |
6 |
0 |
1 |
3 |
| Middle
East |
4 |
3 |
3 |
3 |
0 |
3 |
| Enemy |
3 |
4 |
1 |
5 |
3 |
3 |
| Business |
2 |
2 |
1 |
1 |
1 |
2 |
| Personal
story |
1 |
5 |
0 |
4 |
0 |
2 |
| American
public |
3 |
3 |
0 |
0 |
0 |
2 |
| Past
events |
3 |
2 |
1 |
2 |
0 |
2 |
| International |
1 |
1 |
2 |
0 |
0 |
1 |
| U.S.Arab
community |
1 |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
| Other |
5 |
5 |
2 |
4 |
0 |
3 |

| Table 9.2. Percentage of
Key Issues |
| Topic |
Network |
| |
ABC |
CBS |
NBC |
CNN |
Fox |
Total |
| Description
of incident |
15 |
13 |
27 |
25 |
14 |
18 |
| Severity
of disaster |
18 |
22 |
20 |
14 |
18 |
18 |
| Terrorism |
13 |
21 |
12 |
12 |
21 |
15 |
| U.S.
Government reaction |
14 |
8 |
11 |
15 |
18 |
14 |
| Safety
concerns |
15 |
15 |
16 |
10 |
9 |
13 |
| Rescue
effort |
7 |
6 |
6 |
9 |
9 |
7 |
| Victim of
the tragedy |
1 |
3 |
1 |
6 |
2 |
3 |
| Muslim or
Arab |
5 |
1 |
4 |
2 |
1 |
3 |
| Economic
Impact |
1 |
3 |
1 |
1 |
2 |
1 |
| International
reaction |
1 |
1 |
1 |
2 |
0 |
1 |
| Arab
community in US |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
| Other |
9 |
8 |
1 |
5 |
4 |
6 |

| Table 9.4. Percentage of
Coverage frames in NetworksFirst 8
hours of Coverage |
| Topic |
Network |
| |
ABC |
CBS |
NBC |
CNN |
Fox |
Total |
| Disaster |
38 |
45 |
54 |
44 |
43 |
44 |
| Political |
22 |
16 |
17 |
26 |
25 |
22 |
| Criminal |
14 |
18 |
5 |
12 |
12 |
12 |
| Safety |
8 |
10 |
18 |
6 |
7 |
9 |
| Human interest |
5 |
3 |
1 |
4 |
4 |
4 |
| Economy |
1 |
3 |
1 |
1 |
2 |
2 |
| Environment |
3 |
1 |
0 |
0 |
1 |
1 |
| Religious |
0 |
0 |
1 |
1 |
0 |
0 |
| Other |
9 |
4 |
2 |
5 |
5 |
6 |
En
definitiva, no existió en las ocho primeras
horas de cobertura informativa un énfasis
desproporcionado en las historias de interés
humano. Por el contrario, fue la descripción del
atentado, la información sobre las consecuencias
políticas y de seguridad las que se impusieron
sobre cualquier sensacionalismo.8
En las
entrevistas a miembros de los equipos directivos
de CNN y de Fox News, directamente responsables
de las retransmisiones,9 al preguntarles sobre el
criterio que siguieron para dar o no dar
imágenes de las víctimas, señalaban que
el gusto jugó un papel importantísimo en
las decisiones sobre lo que difundíamos o no
difundíamos. CNN, proseguía el ejecutivo de la
cadena McAlisster, no mostró las imágenes de la
gente saltando desde las ventanas del WTC, por
ejemplo. Y eso fue una decisión. CNN fue
también cuidadosa en limitar la visión de
carnicería humana en pantalla. Aunque esto fue
facilitado también por la destrucción del mismo
escenario en el que todo ocurría, hubo momentos
en los que podíamos haber mostrado muchísimo
más de lo que realmente transmitimos. Y el
corresponsal Gary Tuchman apuntaba:
Recuerdo que iba caminando hacia la tienda
de ropa Brooks Brothers y vi que se había
habilitado como morgue; se usaban cubos para
recoger los restos humanos que estaban esparcidos
por todos lados con los trajes de la tienda. La
destrucción era tan absoluta que yo... nunca vi
una sola víctima. Fui muy cuidadoso con las
palabras que empleaba. No quería hablar sobre
trozos de cuerpos, ni que la gente los viera en
los cubos. Las decisiones sobre qué
mostrar y qué decir estuvieron basadas en
nuestros propios standars profesionales. Si
yo hubiera dicho algo que hubiera creado repulsa
en la gente de aquí, de la sede de Atlanta, me
hubieran llamado y me lo habrían dicho. Pero
creo que todo esto era parte de lo que esperaban
de nosotros, tener el tacto para saber qué
decir, cómo decirlo y cuándo.10
Coinciden con
estas observaciones los testimonios de miembros
del staff de informativos de Fox News. John
Stack, uno de los vicepresidentes, hablaba de la
decisión de seleccionar cuidadosamente las
imágenes que ofrecían. Y cómo se limitaron a
dar, en una sola ocasión, una imagen de una
persona lanzándose al vacío desde una de las
torres, cuando, en realidad, imágenes mucho más
duras como son por ejemplo las de los heridos y
muertos palestinos las suelen repetir hasta tres
veces en un breve espacio de tiempo.11
Desde fuera de
los EEUU, el resto del mundo presenciamos en
directo, durante la tarde o la
mañana del 11 de septiembre, una tragedia
de enorme impacto. El editorial de un periódico
español sintetizaba así lo que todos pudimos
ver:
Los
símbolos del capitalismo americano y de su
poderío militar quedaron ayer reducidos a
cenizas en una dramática jornada que puede
cambiar el curso de la historia. La dantesca
imagen de las Torres Gemelas envueltas en
fuego, el éxodo de miles de personas de un
Pentágono pasto de las llamas, el cierre de
Wall Street y el desalojo de decenas de
edificios del sur de Manhatan, la clausura de
los grandes aeropuertos estadounidenses, la
evacuación del Congreso, la Casa Blanca y el
Tesoro, en Washington y el terror, en suma,
que asoló ayer EEUU constituyen una breve
película de unos hechos que quedarán
grabados para siempre en la retina de
millones de personas del planeta y que serán
vistos con perplejidad y asombro por las
generaciones venideras (...). Las imágenes
de la tragedia de ayer, vistas por
televisión en todo el mundo, suscitan la
reflexión de si EEUU no es un gigante con
pies de barro, con numerosos enemigos
extramuros que esperan un signo de debilidad
para atacar a la gran potencia.12
Cuatro meses
después, en una mesa redonda sobre el Derecho a
la Información, en Santiago de Compostela, se
comentó a raíz de este editorial:
Tragedia,
imágenes, símbolos, películas grabadas
para siempre de lo que ocurrió... Algunos
periodistas de radio y televisión decían:
no, esto no es algo que está ocurriendo en
el mundo sino algo que estamos viviendo. No
es tan seguro que fuera así. Es verdad que
el 11 de septiembre vimos dos aviones que se
estrellaban contra las Torres Gemelas, ese
día nos lo hicieron mirar como 40 veces; que
esas imágenes nos angustiaron; que durante
la semana siguiente no salía de hablar más
que de la bestialidad de ese ataque, del
infierno que debieron pasar las personas que
estaban en el interior de los edificios, de
si nosotros nos hubiéramos tirado o no desde
lo alto del rascacielos...de que qué
escalofriantes los mensajes telefónicos que
dejaron a sus familiares algunos de los
atrapados en las torres, o algunos de los
pasajeros de los aviones secuestrados... y
luego, la guerra, con una información muy
confusa, y la rendición en medio de un
significativo secretismo. Pero, de todas
maneras, es evidente que toda esta realidad
la hemos vivido y la estamos viviendo de una
forma diferente a la de los protagonistas
directos del drama. Los medios de
comunicación nos permiten sentir y vivir los
acontecimientos según nos lo cuentan. Un
poco como en las películas.13
Desde la
distancia, al fin y al cabo, éramos outsiders;
se comprendía que en la ética periodística
interviene o por lo menos con el 11-S
había intervenido un principio totalmente
subjetivo, distinto a su vez de la subjetividad
del profesional de la comunicación, que es la
subjetividad del público a quien se dirige la
información. Y en este sentido me inclinaba a
pensar que existía una obligación ética de
oportunidad, entendiéndola como la
adecuación o acomodación del contenido
mediático a los sentimientos de una ciudadanía
en circunstancias excepcionales. Me parecía
claro entonces que así se explicaba que los
mismos medios que quisieron retransmitir la
ejecución de Mcweith se negaran, después, a
difundir imágenes de las víctimas del atentado
del 11-S.
2.
El 11-M, vivido, presenciado y pensado como insider
Pero hoy no
albergo ninguna duda sobre la escasa eficacia de
ese criterio subjetivo de
oportunidad. Es excesivamente débil
para fundamentar una conducta profesional de
carácter prudencial, porque ¿en función de
qué se decide que una imagen es o no adecuada a
los sentimientos que en un momento determinado
tiene una población? ¿Con qué se mide la
situación psicológica o emotiva de la
ciudadanía? Con la experiencia de una masacre
observada desde dentro, defiendo la prevalencia
del criterio del respeto a la dignidad de la
persona, protagonista central o accidental de la
noticia, se trate del acontecimiento que se
trate. Respeto a su dignidad que se traduce en el
respeto a su honor, a su intimidad, y a su
imagen. Y esto aunque legalmente no surja ningún
problema con la legislación vigente sobre el
tema, como es, en el caso español, con la Ley
Orgánica 1/82, de 5 de mayo, de protección
civil del derecho al honor, a la intimidad
personal y familiar y a la propia imagen, o con
los art. 205, 207 y 197 y ss. (delitos contra el
honor y delitos contra la intimidad e imagen
respectivamente) del Código Penal.
España es
escenario de las acciones terroristas de ETA
desde 1968 y del GRAPO desde 1975. A lo largo de
estos 36 años, periodistas y ciudadanos nos
hemos visto abocados a manejar la correlación
terrorismo-medios de comunicación a partir de la
experiencia de la brutalidad terrorista. La
situación política y social ha determinado de
tal modo el tratamiento informativo de los
atentados que hoy no hay periodista que no
señale como una gran injusticia el silencio de
los medios sobre las víctimas y sus familias en
el periodo de años entre 1968 y 1991. Como no
hay profesional de la información que no
critique la posterior atención sensacionalista
que se ha prestado al fenómeno entre 1991 y
1997. En la actualidad se ha llegado a una
actitud más moderada que todos valoramos muy
positivamente.14
En el libro
testimonial Terrorismo, víctimas y medios de
comunicación, editado en 2003 por la
Fundación Víctimas del Terrorismo y la
Federación de Asociaciones de la Prensa de
España,15 comenta Angel ARNEDO,
director de El Correo16 refiriéndose a la
cobertura informativa del terrorismo desde 1991:
Mientras se ampliaban los tiempos y los
espacios dedicados a hechos terroristas, se
profundizaba en otra actitud tan nociva con las
víctimas y sus familiares como la anterior: si
antes se les ignoraba, o casi, más tarde se
pasaba por encima de otras consideraciones
éticas. Porque si bien es cierto que aquellas
imágenes removían las conciencias, no lo es
menos que no respetaban el dolor ni el decoro de
los afectados: cuerpos mutilados, cadáveres en
mitad de un charco de sangre, heridos
desfigurados, víctimas en posturas poco dignas,
eran fotografiados, filmados y exhibidos, lo que
no hacía sino aumentar el sufrimiento (...) en
los últimos años el tratamiento dado a las
víctimas, con ser cuantitativamente más amplio,
es cualitativamente más discreto. Ahora los
periódicos y los medios audiovisuales no
queremos, ni consciente ni inconscientemente,
ocultar ni minimizar el dolor de las víctimas.
Pero creo que, por fin, después de tantos años,
hemos aprendido a respetar su dolor.17
Aunque es el
testimonio de Ángel EXPÓSITO, director de la
agencia Europa Press, quien mejor muestra
la distancia entre ver el fenómeno terrorista
como outsider o como insider:
Recuerdo algunas ocasiones en que bastó
con que un informador fuera víctima del horror
terrorista para que su entorno, sus compañeros
cercanos y su familia, apreciaran cómo el
periodismo caía sobre ellos, sin contemplación,
con exceso, sin reparar en el dolor, distancia,
respeto y consideración. Y si no fue así, es
decir, que se le trató con dolor, distancia,
respeto y consideración, ¿por qué no somos
capaces de hacerlo cuando las víctimas visten
distintos uniformes, togas o no visten nada
especial?. Pongámonos en su lugar. ¿Hubiéramos
publicado los periodistas fotos particularmente
hirientes para el honor y la memoria de las
familias de la víctima, si ésta hubiera sido un
informador? ¿Habríamos repetido hasta la
saciedad la imagen de un periodista
incorporándose sobre sus propias amputaciones?
(...) antes que periodistas, deberíamos ser
gente, y (...) antes que escribir, filmar o
simplemente contar, deberíamos pararnos una
décima de segundo y ponernos en el sitio del de
enfrente. Seguro que así escribiríamos,
filmaríamos y contaríamos mejor las
cosas.18 O en palabras de la
periodista de Fax Press Pilar CERNUDA:
Cuando existen medios informativos que
explotan comercialmente el morbo, que ponen
calificativos a las historias más penosas, que
se meten a saco en el mercadeo de la desgracia,
que buscan a los fotógrafos capaces de hacer
negocio con las imágenes más revulsivas, es
difícil mantener el equilibrio. Pero hay que
hacerlo. (...) Sólo de la sensibilidad de los
periodistas depende que los dramas que provoca el
terrorismo no acrecienten con la crudeza de unas
fotografías, unos vídeos o unas crónicas que
no han escatimado medios para mostrar el horror
en superlativo.19
Comparto sus
consideraciones. Aunque desgraciadamente ahora es
necesario comprobar si siguen siendo válidas en
el caso de la tragedia del 11-M. En el atentado
de Madrid, perpetrado por una célula de
AlQuaeda, han sido asesinadas 190 personas
y son más de 1.600 los heridos. Los teléfonos
móviles y los micrófonos de las radios,
primero, e inmediatamente después los
fotógrafos freelancer, los reporteros
gráficos de prensa, las cámaras de televisión,
nos dieron la crónica del terror minuto a
minuto, y nos dieron también la crónica de la
solidaridad. Es evidente que se ha hecho un
esfuerzo por un tratamiento informativo
contenido, sin que hubiera espacio para un
sensacionalismo burdo. La prensa ha utilizado el
blanco y negro en muchas de las fotografías, y
cuando ha empleado el color lo ha hecho con
aquellas imágenes más soportables a la vista.20 Es evidente que ha
habido una selección de material. Que no se ha
ofrecido lo más terrible que seguramente sí se
tenía. J.A. VIDALQUADRAS,21 desde su experiencia
como reportero y como docente universitario, hace
una de las mejores defensas de la opción por el
periodismo de interés humano que, sin duda, ha
tenido protagonismo en el 11-M junto con el
seguimiento de la investigación policial:
Puede darse la morbosidad, y más
gravemente en ciertos programas de televisión,
pero parece fuera de toda duda que los reportajes
vivos conmueven a los receptores, estimulan
acciones de ayuda en todos los niveles de la
sociedad, obligan a los poderes políticos a
emprender medidas concretas, movilizan a las
organizaciones intermedias, a los ciudadanos
corrientes, y fomentan una mejor educación para
la solidaridad. (...) Pienso que todas las
noticias se pueden publicar, si se saben
contar.
Entre las
decenas de miles de imágenes y de sonidos
retransmitidos hay algunos pocos,
ciertamente que desearía borrar para
siempre; más, deseo algo imposible: que nunca se
hubieran grabado. Me detengo en dos de ellas. Una
cámara de Antena 3 TV entra el mismo día
11 en uno de los vagones de tren reventados; los
bomberos han estado ya y no quedan restos
humanos. La cámara recorre uno de los laterales
del espacio innombrable en el que todo son
amasijos de hierros, un revuelto de objetos
tronchados y cosas que dejaron de ser, y entre
ellas, con la misma tonalidad del polvo que lo
cubre todo, una cabeza de una mujer que todavía
mantiene el gesto facial de sobrecogimiento. Por
un momento pensé que el periodista que hacía el
reportaje no se había dado cuenta de lo que la
cámara tomaba, todavía hoy mantengo la duda. La
siguiente imagen y sonido que desearía que nunca
se hubiera grabado necesita una mínima
introducción. Cuando se comenzó a atender a la
multitud de heridos en la estación de Atocha, se
habilitó un polideportivo de la calle Daoiz y
Velarde, cerca de los lugares de las explosiones,
con el fin de proporcionales las asistencias
necesarias mientras se procedía a su traslado a
los centros hospitalarios de Madrid. Al mismo
tiempo, otros muchos heridos fueron atendidos en
el exterior, o en unidades de hospitales de
campaña que se instalaron por todas las áreas
de siniestro (explotaron consecutivamente 13
bombas en tres lugares diferentes de una misma
línea de trenes de cercanías). En esos primeros
tres cuartos de hora de caos y de avalancha de
muertos y heridos, se descubrió una bomba trampa22 preparada para explotar
en el momento en el que ya la policía, bomberos,
asistencias médicas y vecinos se encontraban
atendiendo a las víctimas. Por este motivo
bastantes heridos y periodistas que estaban en el
exterior fueron conducidos al interior del
polideportivo donde yacían muchos heridos
graves. Todos los medios seguían ya en directo
los acontecimientos. La retransmisión de los
periodistas radiofónicos desde aquella
instalación deportiva que hizo de refugio fue
austera: dieron cuenta de la amenaza de una nueva
bomba y de su impresión al ver aquella sala
repleta de heridos. Por el contrario una cámara
de TVE se paseó por los heridos que a duras
penas se mantenían sentados, para, a
continuación, mostrar en un plano general la
sala con el sonido de los aullidos de un joven,
los gritos de muchos, los quejidos angustiosos de
tantos, la agonía... luego supimos que allí
mismo murieron diez personas. Es decir, mientras
la cámara tomaba las imágenes de aquel centenar
de heridos echados por el suelo y cubiertos con
mantas o papeles de aluminio, diez de ellos
estaban en trance de muerte. Estas últimas
escenas fueron repetidas y luego integradas en
uno de los reportajes de la misma cadena de
televisión en su programa Informe
Semanal, del sábado día 13, por la noche.
Hay otras
instantáneas que, siendo parte de la tragedia,
no han producido este impacto tan negativo. Una
de las imágenes que más se han difundido como
portada de periódicos y revistas españolas y de
fuera de España, así como en las televisiones,
ha sido la de un joven con el rostro
ensangrentado, un ojo muy inflamado, utilizando
un teléfono móvil mientras esperaba a que
llegase una ambulancia. El jueves día 18, una
semana después del atentado, todos los
informativos dedicaron amplios espacios al estado
de las víctimas todavía ingresadas en los
centros hospitalarios. Y allí estaba Sergio Gil,
el joven que se ha convertido en uno de los
rostros del 11-M. Una reportera de Tele 5
le entrevistó en la habitación del hospital, y
al comentarle ¿sabes que te has hecho
famoso?, respondía asintiendo, con una
indudable satisfacción. También aclaró en esa
misma entrevista que lo único que recordaba era
que se había subido al tren y que lo siguiente
de lo que era consciente era el hospital, que
guardaba la noción del barullo de sirenas de
policía y ambulancias, pero de nada más. El
contraste estaría en otra joven herida, en mejor
estado que Sergio, que junto con otras víctimas
esperaba también a ser atendida. Tenía heridas
en la cara y se limpiaba la sangre con una toalla
que le habían dado las asistencias. Un cámara
de Antena 3 fue haciendo un barrido por
toda el área tomando las imágenes de todos los
heridos que se encontraban en el exterior, sobre
las aceras. Al llegar a la joven ésta se enfadó
y se enfrentó al cámara, con un expresivo:
!Pero bueno, encima...!. Hubo muchas
más imágenes de malheridos en estos recorridos
de cámara. La mayoría de ellos, probablemente
por su situación de shock, se sintieron
incapaces de reaccionar. Al verlas, se
transmitía una sensación extraña; no sólo se
palpaba la vulnerabilidad de las víctimas ante
la masacre, sino también su desamparo ante la
insolencia de algunos profesionales de los
medios.
3.
Una experiencia común al 11-S y al 11-M: ¿Para
qué sirven las guías de actuación cuando la
realidad del horror desborda cualquier
previsión?
Escribe J.L.
SEGLIN en la revista especializada Media
Ethics23 que resulta ineficaz que
una empresa de comunicación redacte sus códigos
de ética si no ha sido capaz de que los
profesionales que la integran interioricen esas
guías de actuación. Porque ante una realidad
que desborde lo previsible y habitualmente
el contenido de los códigos periodísticos
redundarán en lo previsible se imponen un
tipo de decisiones muy difíciles en su proceso
puesto que la presión es enorme y la
rapidez es crucial y más difíciles aún
en su ejecución. Además, a posteriori, lo
que se va a exigir a los profesionales de la
comunicación es que hayan acertado con el
tratamiento informativo. Aunque pienso que este
planteamiento no afecta sólo a los periodistas
sino también a las empresas de comunicación en
cuanto tales. Sin entrar en más detalles, puesto
que éste no es el lugar, una de las decisiones
empresariales equivocadas, con resultados
mediáticos grotescos, fue la emisión por parte
de Tele 5, la misma noche del 11 de
marzo, de la telecomedia de éxito Los
Serrano (como proyectar en un velatorio un
show de Billy Cristal).
Pero, volviendo
a los profesionales, la situación que más se
repitió en las redacciones de los medios
españoles fue la que describe M. AZNÁREZ,
defensora del lector de El País, en su
artículo Informar en medio de la confusión,
donde habla de los retos que se plantearon en
aquellos momentos: ¿Qué pasa en un
periódico cuando al comenzar el día se sabe
que, sólo a unos metros, ha habido un salvaje
atentado terrorista con cientos de muertos y
heridos? ¿Cómo se pone en marcha una maquinaria
informativa que entre prisas, desconcierto,
contradicciones, falta de datos fiables, nervios
y angustia, pretende ofrecer una información
rigurosa? ¿Cómo salvar los escollos de una
terrorífica realidad que puede conducir con
facilidad a la truculencia o sensiblería?.
Y a continuación hace referencia a las dos
cualidades que, en su opinión, han resultado
imprescindibles en esos trágicos momentos de
gran intensidad informativa: Son necesarias
altas dosis de sangre fría, al tiempo que una
fuerte empatía con los que sufren.
Continúa su descripción de las circunstancias
del trabajo de aquel día: A las doce de la
mañana la Redacción era un hervidero. Se
preparaba una edición especial. Al margen de
aportar una primera versión de los hechos, en
estos casos se trata, más que nada, de
acompañar a los ciudadanos, de decirles que no
están solos en esos momentos difíciles y de
desconcierto. (...) Además de
tensión se palpa la emoción. Hay muchas
llamadas telefónicas de familiares de
desaparecidos que piden datos de hospitales,
números de teléfono, y relatan sus casos entre
llantos.
En las
entrevistas que se recogen en el libro Communication
and Terrorism. Public and Media Responses to 9/11,
también se pone de manifiesto que el máximo
elemento de presión en las redacciones fue la
falta de tiempo para ponderar las consecuencias
de la cobertura informativa que estaban haciendo,
para constatar si estaban o no contribuyendo a
inflamar el prejuicio antiárabe, o, incluso si
estaban ofreciendo una visión de los
acontecimientos mínimamente coherente24. Según los miembros del
staff de informativos de CNN, no teníamos
un plan maestro que sirviera de referencia a
nuestro redactores, ni un manual para cubrir este
tipo de desastres. Las experiencias que
resultaron más útiles fueron el episodio de las
bombas de Oklahoma y nuestra práctica de
noticias de última hora, porque al
fin y al cabo ésta la del 11-S fue
una noticia continua de constantes breakings
news. Liz Mercure, productora jefe de
CNN, menciona la sensación de caos, de la
imposibilidad de prever nada, ni de planificar:
Youre just following where the story
takes you (sigues los pasos que te va
marcando la historia).25 Joy DiBenedetto, uno de
los vicepresidentes de la misma empresa,
declaraba: Sentíamos la preocupación por
mantenernos fríos en aquellas circunstancias y
de que nadie que hablara por el micro en directo
dijera nada prematuro o algo no basado en los
hechos.26 Los directivos de
informativos de Fox News mencionan también esta
presión de la falta de tiempo para analizar los
acontecimientos y de lo útil que resultó la
experiencia del atentado de Oklahoma para la
cobertura del 11-S. Uno de los presentadores,
John Scott, se refiere a la dificultad para
mantenerse sereno haciendo el trabajo: Yo
no estaba preparado para que aquellos edificios
se desplomaran. Me parecía que se me iban
acumulando emocionalmente un shock tras
otro. Lo que emergía en todos los niveles
de la cobertura de las primeras 8 horas del 11-S
era reacción instintiva, interpretar la
tragedia ocurrida y dirigir respuestas
emocionales que abocaron en un crecimiento de la
angustia en los telespectadores.27
Pienso que estos
atentados, al establecer un tipo
macro de violencia, desnudan al
fenómeno terrorista. Queda al descubierto, sin
adornos, que la lógica del terror consiste en
lograr construir una presión suficientemente
insoportable: cuantas más muertes, más
presión; cuanto más crueles sean, más
presión. Quedar al descubierto: ése es el
precio por la cobertura informativa de primera
magnitud ambicionada y lograda por los
terroristas directos durante todo el día,
atención mundial asegurada. Los medios de
comunicación son entonces una especie de coro de
tragedia griega que aquí cumple básicamente
tres funciones: mitifica los acontecimientos
(todos recordamos imágenes míticas del 11-S y
las tenemos del 11-M), ofrece un contexto y una
interpretación para lo ocurrido, y transmite la
carga emocional de la calamidad.28 Lo que ocurre es que de
la misma forma que los medios tienen la capacidad
de comunicar el terror, tienen también el poder
de comunicar los resortes emocionales de la
reacción. Y los medios de comunicación en
España han demostrado que esto es así.
4.
Estudios sobre la relación terrorismo-medios de
comunicación: ¿por qué no dar un paso más?
Quizás por todo
eso hoy resulta chocante leer algunas reflexiones
de los expertos en temas de comunicación y
terrorismo de los años ochenta y noventa.
Recorriendo la bibliografía estadounidense,
británica y española se observa que el
terrorismo se ha tratado casi exclusivamente
desde parámetros políticos, y que en ese mismo
contexto han entrado los medios de comunicación.
La cobertura periodística se ha estudiado desde
la semiología de la comunicación y la
estrategia política, en una especie de
desentrañamiento abstracto de la lógica
terrorista. Una de las obras básicas para
comprobarlo es Terrorism and the news media. A
selected annotated bibliography (McFarland
& Cía, Jefferson, North Carolina, London,
1994) de A. O. ALALI y G.W. BYRD, en la que se
comentan 738 títulos sobre terrorismo y medios
de comunicación. De ellos, una gran mayoría
tratan el tema desde un enfoque político,
psicológico o de la teoría de la comunicación.
Muy pocos desde el punto de vista del tratamiento
de las víctimas, y si lo hacen será de una
manera indirecta, desde el sensacionalismo de los
medios.
Algunos de los
estudios de los años ochenta abordan la
relación terrorismo-medios de comunicación
desde una vertiente práctica, será el caso del
número especial Terrorism and the
Media de la revista International
Journal 2(1979), editado por Y.ALEXANDER, en
el que se incluyen entre otros documentos Disorders
and Terrorism. Report of Task Force on Disorders
and Terrorism (Washington: National Advisory
Committee on Criminal Justice Standards and
Goals, 1976)29 y los guidelines
de United Press International.30
Con el mismo
propósito práctico escribía C. SORIA en 1980
un artículo Ethos informativo y terrorismo31 en el que llevaba a cabo
un análisis de la simbiosis medios de
comunicación y fenómeno terrorista, desde el
punto de vista de los dilemas éticos que plantea
a las redacciones y desde los principios que, a
su entender, debían guiar la cobertura de
atentados terroristas.32
Pero, en
general, la bibliografía de los ochenta y
de los noventa sobre medios de comunicación y
terrorismo responden a un interés más teórico
que práctico. Cabría destacar aquí la obra de
A.H. MILLER (ed) Terrorism, the media and the
law (Transnational Publishers, Dobbs Ferry,
New York 1982); de M. J. ONEILL, Terrorism
spectaculars: Should TV coverage be curbed?
(Priority Press Publications, New York 1985), con
su estudio sobre la capacidad de manipulación de
significado que permiten las imágenes; y de G.
CHALIAND, Terrorism. From popular struggle to
media spectacle (Saqi Books, Worcester 1987),
que sigue un enfoque político del tema y da
cuenta del crecimiento del terrorismo
internacional.
Sobre el
terrorismo de ETA, en una de las fases
políticamente más interesantes, J.M. RIVAS
TROITIÑO, Desinformación y terrorismo:
análisis de las conversaciones entre el Gobierno
y ETA en Argel (eneroabril 1989) en tres
diarios de Madrid (ed. Universidad
Complutense, Madrid 1992), mira a los medios de
comunicación desde el punto de vista de su papel
en el transcurso de aquellas conversaciones.
R.G. PICARD, The
Journalists Role in Coverage of Terrorist
Events, en A.O. ALALI y K.K. EKE (ed.)
Terrorism (Sage Publications, Newbury Park,
London, New Delhi, 1991), analiza las tres
tradiciones retóricas del periodismo sobre el
terror: la tradición de la información, la del
sensacionalismo y la de elaboración de
historias. B. L. NACOS, Terrorism and the
media. From the Iran hostage crisis to the
Oklahoma City bombing (Columbia University
Press, New York 1994), añade al análisis del
terrorismo en términos políticos un estudio de
costes de popularidad para los gobiernos. D.L.
PALETZ y A.P. SCHMID (ed) Terrorism and the
media (Sage Publications, Newbury Park,
London, New Delhi, 1992), ofrecen en su captíulo
6, Broadcasting organizations
perspectives, las repuestas de 20 directores
de informativos de televisión y prensa sobre la
práctica aconsejada en la cobertura de actos
terroristas, sin embargo no aportan un
conocimiento significativo sobre la cuestión al
tratarse de respuestas excesivamente previsibles.
Sorprende que
trabajos publicados después del 11-S continúen
estos planteamientos. Véase, por ejemplo, P.
JENKINS, Images of Terror. What we can and
cant know about terrorism (Aldine de
Gruyter, New York 2003), quien dedica dos
páginas a la cobertura televisiva de los
atentados terroristas; y P. WILKINSON, Terrorism
versus Democracy. The Liberal State Response
(tercera reimpresión, Frank Cass Publishers,
Portland 2003), que adopta también la
perspectiva de la teoría política y de la
comunicación. Al tratarse de una reimpresión se
entiende que no se haya rectificado el enfoque
hacia las nuevas expresiones terroristas. Más
sorpresa causa que el informe de la Federación
Internacional de Periodistas (IFJ) sobre Medios
de comunicación, guerra y terrorismo, de 23
de octubre de 2001, centre su atención en el
capítulo de la amenaza a las libertades civiles
que se produjo a raíz del 11-S,33 y no porque el tema no
sea grave, sino porque son otras las cuestiones
centrales de la relación medios-terrorismo.
Considero que,
desde la experiencia del drama vivido, conviene
dar un paso más en el estudio de la cobertura
mediática del terrorismo. Mi propuesta es
resituar el centro de atención en el papel de
los medios como transmisores, no sólo de la
carga emocional de la tragedia, sino también de
la carga emocional de la reacción ciudadana.
Volver a reflexionar sobre cómo se hace un
periodismo para la paz. En el 11-M, los medios de
comunicación han dado unánimemente ese paso. Es
cierto que los medios españoles han contado con
la referencia de la cobertura realizada por los
estadounidenses en el 11-S, pero con lo que la
prensa, la radio, la televisión e internet han
contado sobre todo, ha sido con la propia
tradición retórica del periodismo sobre el
terror. Porque los códigos éticos, las guías
de actuación, saltaron por los aires y lo que se
mantuvo firme fue el afán por informar, la
sensibilidad, el deseo de no incrementar
inútilmente el sufrimiento de las personas y la
sintonía con lo que los ciudadanos esperaban de
los medios.
Hoy existe un
acuerdo mayoritario sobre tres actitudes
exigibles a los medios: la no neutralidad en el
terrorismo, la no justificación bajo ningún
motivo de la violencia cuando existe un cauce
político real para la reivindicación y el
tratamiento informativo respetuoso con el dolor
de las víctimas y de sus familiares. Un ejemplo
de este consenso es el Documento sobre
tratamiento informativo del terrorismo del
Consejo de Administración de la televisión
pública española RTVE, de 15 de enero de 2002,34 en el que se declara que
los medios de comunicación no pueden ser
neutrales frente a quienes ponen en peligro el
sistema de libertades y que el
tratamiento aséptico, pretendidamente
equidistante entre terroristas y demócratas
provoca el efecto contrario de la
objetividad. El texto continúa: Una
información objetiva sobre hechos y personas
relacionadas con el terrorismo exige la
aportación de todos los datos necesarios para
que el receptor del mensaje tenga la exacta
dimensión de lo que se trata. El horror de los
atentados, la responsabilidad de quienes los
cometen, las consecuencias de la violencia, deben
ser puestas de manifiesto para evitar el efecto
de apología indirecta de los contenidos
informativos. Y en cuanto al tratamiento
informativo sobre las víctimas del terrorismo,
de su condición y estado: debe ser el de mayor
respeto a su situación e intimidad así como al
dolor de sus allegados. (...) La emisión de
imágenes cuya dureza atente contra la intimidad
de las víctimas o pueda herir la sensibilidad de
los espectadores, debe ser evitada.
Desde otro país
golpeado por la violencia terrorista, Colombia,
la Red Medios Para la Paz35 insiste en estas mismas
ideas en su declaración Sobre la difusión de
hechos violentos, de 14 de septiembre de
1999: Fijaremos criterios claros sobre las
transmisiones en directo, con el fin de mejorar
la calidad de esa información y evitar que el
medio sea manipulado. No presionaremos
periodísticamente a los familiares de las
víctimas de hechos violentos para no
intensificar el clima dramático y emocional,
|