Sala de Prensa

66
Abril 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


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El dolor y la verdad de la imagen

Debate sobre el tratamiento informativo del 11-M | Varios diarios internacionales retocaron las fotografías más dramáticas | Los peligros del tratamiento digital y el respeto a los lectores

Juan Varela *

"Para saber lo que tenemos que hacer, hay que hacer lo que queremos saber"
Aristóteles. Ética a Nicómaco, 1103a 32-33

Retratar el dolor y la tragedia siempre es un problema: profesional, moral y estético. Para algunos, también comercial. Los atentados más sangrientos de la historia de España, los del 11-M, fueron fotografiados con la crudeza de la sangre, la carne destrozada, los muertos y los heridos.

Algunos no lo pudieron soportar.

¿Cómo decidir el tratamiento adecuado? ¿Cómo escoger la imagen de la tragedia sin sumir en la desesperación a los lectores?

Nunca escondiendo la verdad. Si el periodismo esconde la verdad pierde su razón de ser.

Una moderna teoría aboga por sacar al periodismo de su malhadado destino unido a la tragedia y favorece la publicación de informaciones positivas. Es una buena estrategia para definir el balance de contenidos de los diarios, los noticieros o las revistas, pero no se debe aplicar a cada información.

Cada noticia tiene su naturaleza y el compromiso del periodismo debe estar con la verdad: la representación alcanzable más nítida y fiel posible de los hechos. La verdad práctica del periodismo es ya tan parcial que deja de ser real si la envuelve la ocultación.

Si de buenos propósitos están los cementerios llenos, la compasión es el mimbre de muchas mentiras.

El reportero y el fotógrafo -o sus editores- que retocan o alteran sus textos o imágenes para ofrecer una realidad limitada mienten tanto como quienes no quieren mirar lo que está ante sus ojos.

Foto publicada en El País Foto publicada en el Daily Telegraph

¿Y el dolor?

El propósito del periodismo no debe ser evitar el dolor. Cuando se hace, todo parece telerrealidad. Los ciudadanos tienen derecho a conocer la dimensión de la tragedia. Tienen derecho a sentir el miedo y el asco. Cuando el estómago se revuelve y asoma una lágrima ante la vista de lo real, el periodismo triunfa y nos ayuda a ser un poco más humanos.

Vivimos en una época obsesionada por evitar el dolor. Desde la psicología a la ciencia, la humanidad es capaz de limitar física y psíquicamente esa sensación tan profundamente humana.

¿Es lícito para el periodismo?

En esta sociedad adulterada y light en la que vivimos, los remilgos surgen airados cuando la verdad es terrible. Crecen menos ante los abusos del poder, la invasión de la intimidad por el espectáculo o la imposición del poder arbitrario: político, social, mediático, etc.

Un medio tiene derecho a no ofrecer a sus lectores una imagen o un detalle prescindibles en la información si considera que pueden ser ofensivos para su público. No tiene derecho a deformar la información.

El 11-M en la prensa española

El País ofreció en su primera página del día 12 una fotografía de Pablo Torres en la que la tragedia y la sangre inundan la escena. Muertos, heridos y despojos humanos tendidos entre la infinitud mortal de las vías del tren.

Los diarios españoles oscilaron entre abordar la matanza con toda crudeza o remitirse más a la esperanza o al dolor posterior, el duelo por los muertos y los heridos.

Foto publicada en Sur de MálagaLas portadas van de las más descarnadas, como Sur de Málaga, a las que evitaron las imágenes.

José Antonio Frías, director del diario malagueño, lo explica:

"El tratamiento del dolor fue el primer criterio editorial de Sur tras el impacto de los atentados en Madrid. Teníamos alguna experiencia anterior que había puesto de manifiesto la sensibilidad de los lectores en casos similares, aunque a escala mucho menor, y por esta razón extremamos el cuidado en la selección de imágenes. No ocultar en ningún caso la magnitud de la tragedia, sobre todo en el primer momento, y de ahí la fotografía y la portada de la Edición Especial (una foto de impacto de una persona joven, pero viva), para intentar después conectar con los lectores en los sentimientos de condolencia y solidaridad con las víctimas."

En la otra punta del país, Ángel Arnedo, director de El Correo, explica su mecanismo de decisión:

"Personalmente creo que, ante un acontecimiento terrible como el que acabamos de vivir, la portada del periódico no debe de llevar una fotografía truculenta que nos proporcione un impacto rápido ante detalles macabros, sino una que traslade los hechos y emociones y nos lleve además a reflexionar. No por ello ha de ser una foto blanda, al contrario, porque la dureza de una imagen, la verdadera dureza, no reside sólo en la sangre o en las visceras que nos muestran."

Arnedo destaca la relación íntima del diario con los lectores, el conocimiento mútuo de las creencias, los sentimientos y la sensibilidad: "La clave en estos casos nos la da el compromiso tácito con nuestros lectores. Un compromiso, en el que, en nuestro caso, ocupa una parte importante el respeto. El respeto por los hechos, por los lectores y el que me parece más humano de todos: el respeto por el dolor de las víctimas y de las familias".

La reacción de la prensa internacional

Analizar las portadas de la prensa internacional y los comentarios de sus responsables dice mucho sobre ese compromiso íntimo entre medio y público, subrayado por el director de El Correo.

En Estados Unidos se optó mayoritariamente por dos opciones respecto a la imagen distribuida por Reuters:

La primera fue dar la foto completa, como hizo el Washington Post. Algunos maquillaron el impacto sobreimponiendo títulos, como la revista Time.

La segunda opción fue cortar la foto dejando fuera el detalle sangriento de la pierna arrancada.

El código de conducta de la Sociedad de Periodistas Profesionales (SPJ) lo deja claro: "No distorsionar nunca el contenido de fotos o vídeos informativos".

Los diarios estadunidenses se apegaron a la letra: apostaron por la gente y dejaron fuera la carne.

La prensa británica fue la más timorata. Sin distinción ideológica, los diarios de calidad británicos convirtieron ese miembro sangrante en piedra gris (The Guardian) o la hicieron desaparecer (The Daily Telegraph). Incompatibilidad con el té y las pastas.

También con la caipirinha. Jornal do Brasil eligió el borrado.

La gomita de Photoshop tuvo mucho trabajo aquel día.

El que estaba de vaciones era el Código de Conducta de la Comisión de Quejas a la Prensa (PCC), el organismo de autorregulación de los medios ingleses, que dice en su primer punto, al hablar de la precisión:

"Diarios y periódicos deben tener cuidado de no publicar imágenes sin precisión, engañosas o distorsionadas."

El 11-S, los diarios estadunidenses ocultaron los muertos. Los hierros retorcidos del World Trade Center, el humo y las siluetas de los bomberos son la imagen de aquella tragedia.

 











El 11-M pervive en las víctimas en los trenes destrozados, en el agujero negro de ese cercanías que parece el ojo del infierno, en el ojo hinchado de un muchacho y en el llanto y las velas rojas.

La prensa inglesa ha reflexionado sobre su comportamiento y las conclusiones son patéticas.

Para el subdirector de Información de The Guardian, Paul Johnson, la fotografía llegaba "justo al límite de lo que podemos utilizar en primera página". El límite de lo que los lectores del diario progresista británico pueden soportar.

Johnson defiende la conversión del rojo sangre en piedra gris para no eliminar ningún elemento de la foto. Un arabesco intelectual de gran tradición británica: enmascarar las cosas sin hacerlas desaparecer.

¿Reflejos victorianos o corrección pollítica?

Fue una curiosa decisión cuando el propio código ético del diario indica que todas las fotografías retocadas deben ser identificadas como tales.

En el conservador Daily Telegraph lo tienen más claro. "Es una cuestión de gusto. Puedes limpiar una imagen si no cambia el contexto", dice su editor fotográfico, Bob Bodman.

La importancia de una pierna

En tiempos de gore y manga, con obscenidades y violencia por todos lados, es curiosa la importancia de una pierna: sólo un trozo de carne sangrante.

Alrededor estaba la muerte y el verdadero dolor. La incógnita de los responsables y la tragedia de todos, comenzando por las víctimas y sus familiares.

Y tanta gente reparando en una pierna.

Como defiende Arnedo, la clave es el íntimo compromiso con los lectores. Cada cual sabrá sobre qué principios se funda.


* Juan Varela es periodista español. Esta reflexión la publicó en su propio weblog (periodistas21.blogspot.com), y la comparte con los lectores de SdP.


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