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el dolor y la tragedia siempre es un problema:
profesional, moral y estético. Para algunos,
también comercial. Los atentados más
sangrientos de la historia de España, los del
11-M, fueron fotografiados con la crudeza de la
sangre, la carne destrozada, los muertos y los
heridos. Algunos
no lo pudieron soportar.
¿Cómo decidir
el tratamiento adecuado? ¿Cómo escoger la
imagen de la tragedia sin sumir en la
desesperación a los lectores?
Nunca
escondiendo la verdad. Si el periodismo esconde
la verdad pierde su razón de ser.
Una moderna
teoría aboga por sacar al periodismo de su
malhadado destino unido a la tragedia y favorece
la publicación de informaciones positivas. Es
una buena estrategia para definir el balance de
contenidos de los diarios, los noticieros o las
revistas, pero no se debe aplicar a cada
información.
Cada noticia
tiene su naturaleza y el compromiso del
periodismo debe estar con la verdad: la
representación alcanzable más nítida y fiel
posible de los hechos. La verdad práctica del
periodismo es ya tan parcial que deja de ser real
si la envuelve la ocultación.
Si de buenos
propósitos están los cementerios llenos, la
compasión es el mimbre de muchas mentiras.
El reportero y
el fotógrafo -o sus editores- que retocan o
alteran sus textos o imágenes para ofrecer una
realidad limitada mienten tanto como quienes no
quieren mirar lo que está ante sus ojos.

¿Y el dolor?
El propósito
del periodismo no debe ser evitar el dolor.
Cuando se hace, todo parece telerrealidad. Los
ciudadanos tienen derecho a conocer la dimensión
de la tragedia. Tienen derecho a sentir el miedo
y el asco. Cuando el estómago se revuelve y
asoma una lágrima ante la vista de lo real, el
periodismo triunfa y nos ayuda a ser un poco más
humanos.
Vivimos en una
época obsesionada por evitar el dolor. Desde la
psicología a la ciencia, la humanidad es capaz
de limitar física y psíquicamente esa
sensación tan profundamente humana.
¿Es lícito
para el periodismo?
En esta sociedad
adulterada y light en la que vivimos, los
remilgos surgen airados cuando la verdad es
terrible. Crecen menos ante los abusos del poder,
la invasión de la intimidad por el espectáculo
o la imposición del poder arbitrario: político,
social, mediático, etc.
Un medio tiene
derecho a no ofrecer a sus lectores una imagen o
un detalle prescindibles en la información si
considera que pueden ser ofensivos para su
público. No tiene derecho a deformar la
información.
El
11-M en la prensa española
El País
ofreció en su primera página del día 12 una
fotografía de Pablo Torres en la que la tragedia
y la sangre inundan la escena. Muertos, heridos y
despojos humanos tendidos entre la infinitud
mortal de las vías del tren.
Los diarios
españoles oscilaron entre abordar la matanza con
toda crudeza o remitirse más a la esperanza o al
dolor posterior, el duelo por los muertos y los
heridos.
Las portadas van de las
más descarnadas, como Sur de Málaga, a
las que evitaron las imágenes.
José Antonio
Frías, director del diario malagueño, lo
explica:
"El
tratamiento del dolor fue el primer criterio
editorial de Sur tras el impacto de los
atentados en Madrid. Teníamos alguna experiencia
anterior que había puesto de manifiesto la
sensibilidad de los lectores en casos similares,
aunque a escala mucho menor, y por esta razón
extremamos el cuidado en la selección de
imágenes. No ocultar en ningún caso la magnitud
de la tragedia, sobre todo en el primer momento,
y de ahí la fotografía y la portada de la
Edición Especial (una foto de impacto de una
persona joven, pero viva), para intentar después
conectar con los lectores en los sentimientos de
condolencia y solidaridad con las
víctimas."
En la otra punta
del país, Ángel Arnedo, director de El
Correo, explica su mecanismo de decisión:
"Personalmente
creo que, ante un acontecimiento terrible como el
que acabamos de vivir, la portada del periódico
no debe de llevar una fotografía truculenta que
nos proporcione un impacto rápido ante detalles
macabros, sino una que traslade los hechos y
emociones y nos lleve además a reflexionar. No
por ello ha de ser una foto blanda, al
contrario, porque la dureza de una imagen, la
verdadera dureza, no reside sólo en la sangre o
en las visceras que nos muestran."
Arnedo destaca
la relación íntima del diario con los lectores,
el conocimiento mútuo de las creencias, los
sentimientos y la sensibilidad: "La clave en
estos casos nos la da el compromiso tácito con
nuestros lectores. Un compromiso, en el que, en
nuestro caso, ocupa una parte importante el
respeto. El respeto por los hechos, por los
lectores y el que me parece más humano de todos:
el respeto por el dolor de las víctimas y de las
familias".
La
reacción de la prensa internacional
Analizar las
portadas de la prensa internacional y los
comentarios de sus responsables dice mucho sobre
ese compromiso íntimo entre medio y público,
subrayado por el director de El Correo.
En Estados
Unidos se optó mayoritariamente por dos opciones
respecto a la imagen distribuida por Reuters:
La primera fue
dar la foto completa, como hizo el Washington
Post. Algunos maquillaron el impacto
sobreimponiendo títulos, como la revista Time.
La segunda
opción fue cortar la foto dejando fuera el
detalle sangriento de la pierna arrancada.
El código de
conducta de la Sociedad de Periodistas
Profesionales (SPJ) lo deja claro: "No
distorsionar nunca el contenido de fotos o
vídeos informativos".
Los diarios
estadunidenses se apegaron a la letra: apostaron
por la gente y dejaron fuera la carne.
La prensa
británica fue la más timorata. Sin distinción
ideológica, los diarios de calidad británicos
convirtieron ese miembro sangrante en piedra gris
(The Guardian) o la hicieron desaparecer
(The Daily Telegraph). Incompatibilidad
con el té y las pastas.
También con la
caipirinha. Jornal do Brasil eligió el
borrado.
La gomita de
Photoshop tuvo mucho trabajo aquel día.
El que estaba de
vaciones era el Código de Conducta de la
Comisión de Quejas a la Prensa (PCC), el
organismo de autorregulación de los medios
ingleses, que dice en su primer punto, al hablar
de la precisión:
"Diarios y
periódicos deben tener cuidado de no publicar
imágenes sin precisión, engañosas o
distorsionadas."
El 11-S, los
diarios estadunidenses ocultaron los muertos. Los
hierros retorcidos del World Trade Center, el
humo y las siluetas de los bomberos son la imagen
de aquella tragedia.
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