Estados Unidos:
Cómplices
o víctimas de Bush,
los principales diarios y cadenas de tv: tres
estudios
Jim
Cason y David Brooks *
Washington
y Nueva York, 13 de marzo (La Jornda).- Ahora
que todo indica que las justificaciones oficiales
para la guerra fueron ficticias -las armas de
destrucción masiva de Saddam Hussein y su
vínculo con Al Qaeda-, se han producido una
serie de análisis al interior de los medios
masivos estadunidenses sobre si fueron
cómplices, víctimas o sólo malos periodistas
al justificar la política de George W. Bush.
En tres
evaluaciones separadas del papel de los
principales periódicos estadunidenses, las
conclusiones son parecidas: los medios no
ejercieron su papel de cuestionar y criticar la
línea oficial del gobierno.
En algunos
casos, indican los críticos, los principales
medios transmitieron únicamente información de
la Casa Blanca, dependieron sólo de fuentes de
opositores o desertores iraquíes o altos
funcionarios estadunidenses, quienes nutrían el
caso para la guerra, e ignoraron o despreciaron a
críticos dentro del gobierno como a fuentes
mundiales, incluyendo los inspectores de Naciones
Unidas.
En el peor de
los casos, periodistas y editorialistas
funcionaron como cómplices del gobierno y en el
mejor de los escenarios no cumplieron con su
papel de cuestionar las aseveraciones oficiales
(con ciertas y notables excepciones).
Michael Massing,
en amplio artículo sobre las fallas
periodísticas durante la preparación de guerra
contra Irak, publicado en febrero en el New
York Review of Books, señala: "En el
periodo antes de la guerra los periodistas
estadunidenses dependieron demasiado de fuentes
simpatizantes del gobierno. Los que mantenían
opiniones disidentes -y había más de unos
cuantos- fueron descartados".
El resultado,
argumenta, fue una cobertura muy subordinada a la
Casa Blanca. Así, medios como el New York
Times y CNN se convirtieron no sólo en
fuentes del argumento oficial en favor de la
guerra, sino que periódicos como el Times
"jugaron un papel importante en
legitimarla".
Aunque algunos
periódicos, como los de la cadena Knight-Ridder
(Miami Herald, Philadelphia Inquirer,
entre otros) sí reportaron las profundas dudas
de los argumentos oficiales dentro y fuera del
gobierno, incluyendo acusaciones de que la Casa
Blanca había exagerado los informes de
inteligencia, como señala Massing, la cadena no
cuenta con medios en Washington o Nueva York,
donde se define la agenda nacional.
A pesar de que
había elementos para cuestionar la posición
oficial y realizar investigaciones sobre las
"pruebas" de la amenaza que
representaba el régimen de Hussein, los grandes
medios decidieron evitar publicar tales
reportajes o relegarlos a páginas interiores.
En parte, la
tarea de revelar dudas y preguntas sobre la
línea oficial fue dificultada por lo que algunos
periodistas aquí señalan es el control más
extenso que han visto sobre la información
oficial. Y, como siempre, la Casa Blanca tiene su
manera de recompensar o castigar a los reporteros
que cubren esa fuente, con el manejo del acceso,
la clave en Washington para todo reportero
político.
A la vez,
señala Massing, el clima político también tuvo
un impacto en los periodistas, y pocas voces en
Washington se atrevieron a criticar a un
presidente que en ese entonces contaba con amplio
apoyo popular.
Los periodistas
que se atrevían a cuestionar la política
oficial recibieron ataques de lectores,
periodistas de derecha y organizaciones, quienes
cuestionaron el patriotismo y la lealtad de los
comunicadores.
Chambista
sin convicciones
Tal vez la
periodista más criticada por promover y nutrir
la línea oficial es Judith Miller, del New
York Times. Massing le preguntó cómo
percibe lo que ella escribió ahora que han sido
desacreditadas las justificaciones originales
para la guerra.
"Mi chamba
-respondió Miller- no es evaluar la información
del gobierno y ser analista independiente de
inteligencia. Es informar a los lectores del New
York Times lo que pensaba el gobierno sobre
el arsenal de Irak."
Como señala
Massing, muchos periodistas estarían en
desacuerdo con esto y considerarían que ofrecer
una evaluación independiente de la línea
oficial es una de sus responsabilidades
principales.
Una evaluación
de más de 80 editoriales de seis de los
principales diarios estadunidenses en las seis
semanas entre el discurso de Colin Powell ante
Naciones Unidas y el inicio de la guerra
publicado en el Columbia Journalism Review,
también demuestra una subordinación a la
opinión oficial por los supuestos medios
independientes.
Enfocado en la
reacción al discurso del secretario de Estado
presentando el caso estadunidense en favor de la
guerra, el autor Chris Mooney descubre que todos
los editoriales publicados el día siguiente no
sólo respaldaron la posición oficial, sino que
opinaron que el argumento era
"irrefutable" o que "dejaba poca
duda" de la amenaza que representaba Hussein
para Estados Unidos.
"Cuando el
gobierno obtiene el apoyo editorial de los medios
de elite, es casi trato concluido, porque el
público se formará en esa línea",
comentó David Domke, profesor de comunicación
de la Universidad de Washington, en entrevista
con Mooney.
Mooney concluyó
que los editorialistas de los principales diarios
demostraron "una voluntad pasiva de escribir
sobre el debate de Irak en los términos del
presidente". También dijeron que Powell
estaba en lo correcto, a pesar de no contar con
prueba independiente, y jamás demandaron más
información.
Ahora muchos
periodistas y editorialistas culpan a fallas de
los servicios de inteligencia, y justifican lo
hecho como sólo reportar y opinar con los
elementos disponibles. Su defensa es algo así
como "no maten al mensajero", pero, al
parecer, el mensajero fue parte de la guerra, lo
que permitió, en gran medida, una invasión
justificada por mentiras y exageraciones
presentadas como verdades por estos mismos
medios.
Otra evaluación
de cómo los medios cubrieron el tema de las
armas de destrucción masiva presentada esta
semana concluyó que la deficiente cobertura fue
resultado no de maniobras políticas o de
perjuicios pro guerra por parte de los medios,
sino de "convenciones periodísticas
cansadas". O sea, fue resultado de un
periodismo flojo.
En la
investigación de los medios realizada por el
Centro para Estudios Internacionales y de
Seguridad de la Universidad de Maryland se
concluyó que muy pocas notas brindaron
alternativas a la línea oficial sobre las armas
de destrucción masiva en torno al conflicto de
Irak, y que la mayoría de los periodistas
aceptó el vínculo entre terrorismo y armamento
letal promovido por Bush.
En el prólogo
del libro, el director del centro afirma:
"Los medios estadunidenses no jugaron el
papel de verificar y equilibrar el ejercicio del
poder que requiere la norma de la
democracia".
Para Massing, el
contraste entre la prensa mucho más crítica que
surgió al fin de la guerra y su docilidad antes
de ella subraya una de las tendencias más
preocupantes de los medios de comunicación
estadunidenses, su mentalidad de horda:
"Editores y reporteros no gustan divergir
demasiado de lo que todos los demás están
escribiendo. Cuando un presidente es popular y
prevalece un consenso, los periodistas evitan
desafiarlo".
Este episodio
ofrece una advertencia muy antigua, tan antigua
como el periodismo: no creas todo lo que lees.
Pero aquí, entre los periodistas y editores que
se autoelogian como los más
"objetivos" e imparciales del mundo, y
se presentan como modelo para periódicos y
medios en otros países -incluyendo México-, su
papel al justificar una guerra realizada con base
en mentiras y manipulación no puede ser un
capítulo muy celebrado de su historia.
Particularmente
porque tantos medios fuera de este país evitaron
caer en la trampa de creer lo que un gobierno
decía para promover sus propios intereses.
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Jim
Cason y
David
Brooks son
corresponsales en Nueva York del diario mexicano La
Jornada. Esta nota
fue publicada el domingo 14 de marzo de 2004.
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