España:
Muerte de la palabra
Concha
Mateos *
Madrid,
11-M.- Estoy triste y os escribo.
La campaña
electoral se ha terminado. Por la fuerza. Ahora
toca el discurso lacrimógeno y la telenovela a
costa de vidas humanas.
Pero yo sigo en
campaña. Siempre estaré en campaña. Entiendo
mi vida como una campaña permanente.
Se ha acabado la
campaña. Por la fuerza. De quien la tiene.
Sabéis que
muchos tenían prisa por que se acabara. No
querían que hubiera campaña, ni debate, ni que
hubiera siquiera elecciones. ¿Para qué?
Querían seguir igual, donde estaban, sin
consultar a nadie, sin pedir permiso. ¡Qué
fastidio para ellos, tener que jugar con un
sistema que incluye el requisito de pedir permiso
a los ciudadanos! Según esos que os digo, el
permiso sólo lo tienen que pedir las chachas
para entrar en salón de los señoritos a
llevarles la bandeja con el café.
Quizá porque
soy hija de una chacha. Quizá por eso. Vivo en
campaña.
Me niego a
dedicar la energía de mi vida a pagar una
hipoteca. Pero algunos intentan convencerme de
que eso, y soñar con unas vacaciones en crucero
es la sal de la vida.
No vivo ni
quiero vivir para el puto empeño de pagar nada.
No quiero que me vendan confort a cambio de
obediencia. Quiero el confort de sentirme dueña
de mi palabra y de mi pensamiento. Como vosotros.
Y con vosotros.
Soy periodista,
pero no tengo un periódico, ni una televisión.
En ellos se trabaja para ganar el derecho a poder
comprar a cambio de decir lo que piensan otros.
Por eso prefiero
escribir a mis amigos. Que me dejan decir lo que
yo pienso. Y a veces, lo escuchan.
Mis amigos son
mi tesoro. Y valen más que cualquier audiencia
de televisión.
Por eso escribo
esta carta en campaña.
Sabéis que se
ha acabado la campaña por la fuerza de quien
puede pagar la fuerza de otros.
Los que han
matado hoy no son los autores del crimen, son los
ejecutores.
A mí me
preocupa el autor, el patrocinador de estas
muertes que tanto benefician a los que gobiernan
este país.
Quiero que se
vayan. Necesito que se vayan para sentirme mejor.
La historia
está mayormente escrita por ellos. Mirad, esto
pienso:
Sólo entienden el mundo
como enfrentamiento. Pero Isabel la Católica,
por suerte, murió. Y la España que ellos
publicitan es sólo una herramienta de
manipulación.
El
vicepresidente Rodrigo Rato, ha dicho hoy:
"Los que sufren hoy son de los
nuestros" Yo me pregunto: ¿quienes son los
nuestros? ¿Quién es este hombre que ve el mundo
como si fuera una peli de Hollywood -el imperio,
no lo olvidemos-? El mundo no se divide entre los
nuestros y los otros. No, en la realidad. En la
cabeza de estas gentes enfermas sí se divide
así. Ellos sólo saben combatir al otro. No
saben entender, ni dialogar, ni consensuar, ni
vivir amablemente. Sólo conocen el confort del
poder. De los imperios.
No es un asunto
de "los nuestros" y "los
otros". Pero ellos ven así el mundo, con
esa visión de asesinos. Igual que lo ven los
asesinos. Nadie se mata a sí mismo ni a uno de
los suyos. Por eso algunos pensamos que matar no
es posible, porque entendemos que todos somos de
los mismos. Pero los que ven el mundo dividido
como en los telefilmes yanquis: entre los buenos
y los malos, los que ven el mundo así sólo
saben pensar con la lógica del tiro a los de
enfrente.
Tiro legal o
tiro ilegal, da lo mismo.
Así lo
aprendieron en los libros de historia del
fascismo, así emprendieron la guerra del 36,
así lo ven en las pelis del oeste, así lo ven
en la mente de Bush, así lo pintan y así lo
juegan. Y hoy están jugando. Con nosotros, a
hacernos llorar y a sentir pena.
Sólo saben
vivir a tiros y por eso alimentan la existencia
de pistoleros. Y luego lo dividen entre los que
disparan con la ley en la mano y los que disparan
con la ley enfrente. Entre los que llaman
"los nuestros" y "los otros".
No saben que
vivir es convivir. Que gobernar es encontrar
soluciones, no castigar y matar. No saben que
"los otros" hay que transformarlos,
sólo entienden de exterminio. Legal o ilegal,
eso les da igual. Y no viene a cuento, para
ellos. Más acá o más allá de la ley, sólo
entienden la lógica de la fuerza. Pero el
exterminio no es solución. Sólo el diálogo es
solución. La palabra transforma, no mata. Pero
ellos no pueden tomarse la molestia, porque saben
que eso es lento, y tienen prisa, ansia, su
tiempo no es filosófico, es máquina, es tiempo
de letra bancaria. Tienen plazos bancarios para
vencer. Tienen el tiempo contado para triunfar.
Su producto
caduca.
Sólo han
aprendido el mando, la autoridad, y mandar, antes
que tomar acuerdos.
Lo siento
profundamente, me duele. Porque ellos manejan
buena parte de la máquina de informar. Y peor
aún, manejan la máquina de formar, y siguen
fabricando gente de su modelo, gente que combate
el terror con más terror, con más represión,
con más policía, con más cárceles, con
más... Eso enseñan en las escuelas, en las
universidades.
No quiero que el
poder me cuente otra vez la historia de ETA.
Basta ya, pero de propaganda.
A la puerta de
sus cárceles yo he compartido sala de espera con
los familiares de ETA. Ellos iban a ver a sus
hermanos y yo al mío.
Sé que los
crímenes de hoy no los ha cometido gente a la
que se le ha comido el coco, gente, como ellos
dicen, a los que se les ha dado un cursillo de
bombas en dos horas y ya está.
Vosotros, como
yo, sabéis lo difícil que es organizar algo.
Aunque sea una excursión. Organizar a tres es ya
un gran problema, y suele terminar mal, sin
éxito. Los crímenes de hoy son un plan que sí
ha tenido éxito, sí ha llegado a su fin, ha
logrado su meta. Y no ha salido de una
organización trivial. Hoy no han muerto casi 200
personas a causa de lo forofos, lo vándalos, lo
fundamentalistas que son los asesinos de ETA.
Sabéis que
detras de eso hay una organización.
Un grupo de
gente forofa que actúa guiada por el hígado no
logra resultados eficaces. La eficacia es hija de
la organización inteligente. No quiero más
propaganda de la que quiere enseñarme a pensar
que ETA son unos forofos locos criminales. ETA
funciona, funciona bien, sirve para lo que sirve.
Y ¿a quién sirve sobre todo? Sus autores, sus
patrocinadores, los que sostienen, detrás de
muchos agentes interpuestos, el crimen de hoy lo
saben bien.
Los crímenes de
hoy han cortado la palabra de la campaña
electoral. Más o menos viciada, pero sostenida
sobre palabras.
Por eso yo sigo
en campaña. Porque con ella no mato. Y puedo
llegar a ponerme de acuerdo con todos los que
como yo disfrutamos de la vida y de la tierra.
No voy a llorar
por los que han muerto hoy. Pertenezco a los que
vienen muriendo siempre por la fuerza de los
ocupan el poder. Ya tengo el corazón duro por
ese lado. No voy a llorar.
La Iglesia ha
asesinado a miles de personas en nombre del amor
de Dios. La Iglesia de los Reyes Católicos y la
España una, grande y libre.
¿Cuánto ha
llorado esta Iglesia Católica por todas esas
víctimas? No voy a llorar. No voy a dejar que me
hagan llorar para impedir que piense. Ni me voy a
creer el relatito ni voy a salir mañana a poner
las manos en alto mientras la música de fondo la
ponen los que dirigen la orquesta con partituras
ocultas.
Que bailen ellos
y hagan ellos el mono.
Yo merezco
dirigentes valientes que se atrevan a dirigirse a
mi razón, no a mi emoción.
Los crímenes
emocionan. Usan el lenguaje del dolor. Por eso no
voy a llorar. Voy a pensar. Y a seguir
conviviendo con todos estos con los que estoy
afortunadamente condenada a entenderme.
No tengo el
control de TVE pero tengo amigos. Y voz (nadie me
la financia, la mueve mi sangre).
Me parece más
que suficiente para hacer un mundo mejor.
Por eso seguiré
en campaña hasta que la palme.
*
Concha Mateos
es periodista española, amiga y
colaboradora de SdP. Este texto es una carta que ha enviado
hoy mismo, 11 de marzo, a sus amigos más
cercanos a través del correo electrónico. La
reproducimos sin siquiera avisarle, porque
compartimos lo que piensa, línea por línea.
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