La prensa
gratuita se abre paso
entre los medios de información general
Concha
Edo *
El
crecimiento constante de la prensa gratuita de
información general en las grandes ciudades, a
pesar de las dificultades de todo tipo que han
planteado los empresarios de las cabeceras más
importantes en todo el mundo, pone sobre la mesa
una serie de cuestiones acerca de su futuro
inmediato y sus perspectivas a largo plazo sobre
las que merece la pena reflexionar.
Y con más
motivo cuando la prensa tradicional de pago,
integrada con frecuencia en poderosos grupos
multimedia, mantiene con dificultad sus niveles
de venta de ejemplares y ve subir peligrosamente
la media de edad de sus lectores.
La gratuidad no
es nada nuevo. Está implantada en sectores
especializados desde hace muchos años y lo
novedoso de la situación actual está en que
ahora ofrece las secciones clásicas de cualquier
periódico y todo tipo de noticias, aunque con
unos contenidos muy ajustados que, para muchos,
tienen poco valor periodístico. Y si en Estados
Unidos se imponen títulos como Express o AM
Journal Express, las cabeceras que triunfan
en Europa son, sobre todo, Metro y 20
Minutos.
Los
desencuentros entre la prensa gratuita y la
hegemónica prensa de pago vienen de lejos, y la
reacción que provoca su aparición suele ser
parecida en todos los países. Primero los
diarios de pago se enfrentan abiertamente a las
empresas editoras de los gratuitos por
considerarlos de baja calidad y porque sus
sistemas de comercialización rompen las reglas
del juego del mercado y alteran las previsiones
de la publicidad.
Pero pasada esta
fase, los editores de la prensa de prestigio
comienzan a probar suerte con ediciones
complementarias de sus periódicos que
distribuyen de forma gratuita y que utilizan como
reclamo para captar nuevos lectores y no perder
su poder de influencia.
Dura
reacción inicial de los diarios de pago
Un ejemplo muy
claro es el mercado francés, especialmente
significativo por la violencia que enarbolaron
los sindicatos de la prensa tradicional para
oponerse a los recién llegados. Cuando al
finalizar el año 2001 comenzaba a introducirse
en la capital Metro,1 con una tirada de
200.000 ejemplares, cuatrocientos piquetes
impidieron que se pudiera distribuir por París y
se llegaron a destruir 50.000 ejemplares. Las
cosas llegaron a tal punto se hizo necesaria la
presencia de la policía para poder imprimir el
segundo número y acabaron por hacerlo en
Luxemburgo.
Pocos días
después Marsella vivió una situación parecida
de violencia y un representante sindical lo
justificó diciendo que los gratuitos no respetan
las reglas de la prensa. A la vez, la empresa
sueca editora de Metro aseguraba que
estaban sorprendidos y escandalizados de los
métodos sindicales y el presidente de Metro
Internacional, Pelle Tornberg, insistía en que
de los 14 países dónde han comenzado la
edición sólo en París se habían enfrentado a
semejante violencia.
La Federación
Nacional de la Prensa Francesa manifestaba
entonces sus recelos respecto a la credibilidad
de una información indisociable de una
iniciativa puramente publicitaria. Y Michel
Diard, secretario general del sindicato de
periodistas de Le Monde, insistía
también en la importancia de no depender sólo
de la publicidad, como les ocurre a los
gratuitos, sino de los lectores y reconocía que
se estaba amenazando el equilibrio de la prensa
francesa.2
El diario Libération
es uno de los más afectados por la nueva
situación porque no cuenta con la solidez
empresarial de Le Monde o Le Figaro.
Este emblemático diario de la izquierda
francesa, que ha retocado su diseño en 2003 al
cumplir los treinta años, vende 156.507
ejemplares y en 2002 tenía 25.600 suscriptores.
El 36,4% del capital de la empresa es de los
empleados y el 63% de distintos accionistas
ajenos a la publicación.3
Y Serge July,
que sigue ocupando la dirección, recordaba
también entonces, después de acusar a los
nuevos de filibusteros, que lo que cuesta caro en
la prensa de calidad son los periodistas, y
suprimirlos o reducirlos peligrosamente,
limitarse a los despachos de agencia y añadir un
poco de color era todo lo que ofrecían los
gratuitos frente a los reporteros, los enviados
especiales, la experiencia, la inteligencia, las
fuentes y la línea editorial de los diarios de
pago.4
Pocas semanas
después se recrudeció la situación,
coincidiendo con la llegada de 20 Minutos al
mercado parisino, porque los sindicatos tiraron
unos 200.000 ejemplares de Metro por las
calles de la ciudad después de parar a varios
camiones de reparto, y amenazaron con mantener
tales medidas si no se llegaba aun acuerdo para
la distribución. Y si en Marsella se encontró
con cierta rapidez la vía adecuada para llegara
a desarrollar esos acuerdos, en París las cosas
fueron más difíciles y más lentas, pero no
imposibles, porque se acabó llegando a un punto
de equilibrio entre unos y otros.
En noviembre de
2003 Le Monde -en un artículo que aludía
en el titular a que los diarios gratuitos estaba
atizando la codicia de los de pago- ofrecía unos
datos que no tenían discusión: cada día los
gratuitos repartían 800.000 ejemplares en París
y sus alrededores y sus editores aseguraban que
la audiencia llegaba ya al millón y medio, el
17% de los habitantes de toda esa zona. La
edición francesa de Metro, puesta en
circulación en febrero de 2002, había alcanzado
340.000-400.000 ejemplares en París, 80.000 en
Marsella y 30.000 en Lyon; 20 Minutes, de
marzo de 2002, difundía 450.000 ejemplares en
Ile-de-France, y Marseille Plus llegaba a
los 100.000.5 Todo un récord.
Y los datos más
recientes hablan de nuevas ediciones desde marzo
de 2004 de 20 Minutes en Lille, Lyon y
Marsella, ciudades en las que también se
encuentra su principal opositor, Metro France,
que añade, además, Toulouse.6
Para los
directivos de Libération hay una línea
que divide la historia de los gratuitos franceses
de información general en dos etapas: está
marcada por la entrada de la cadena privada de
televisión TF1 en el capital de Metro y
supuso un aumento importante para la credibilidad
y las posibilidades de futuro de estos diarios.7
Vuelta
al pragmatismo
Así las cosas,
unas empresas optaron por participar del capital
de los gratuitos, como es el caso del grupo
Ouest-France, que tiene el 50% de 20 Minutes a
través de Spir Communication y prepara un
semanario gratis en Burdeos, y otras como la
editora de Le Progrès, en Lyon de
Socpresse, que edita Le Figaro- por
estudiar el lanzamiento de dos publicaciones
gratuitas: un diario y un semanario. El grupo
Amaury que edita Le Parisien, una de las
cabeceras más afectadas por Metro y 20
Minutes, también quiere optar por un
publicación de este tipo, e incluso en el grupo
Hersant están pensando en acometer su propia
edición.
Poco a poco,
todos quieren tomar posiciones para no dejarse
comer el terreno pues, aunque la prensa de pago
francesa vende 4,7 millones de ejemplares cada
día, el sector está en una fase difícil porque
junto a la competencia de esta nueva oferta
informativa se mantienen los problemas en la
publicidad, la difusión y la reducción de los
pequeños anuncios.8
Sin embargo en
Francia, como en otros países, existen muchos
títulos especializados desde hace años, y uno
de los más conocidos es À nous Paris,
propiedad de Amaury y Socpresse al cincuenta por
ciento. Este diario reparte cada día en el metro
más de 350.000 ejemplares y ofrece información
de una ciudad en la que cinco millones de
personas utilizan las distintas modalidades del
transporte público y son clientes potenciales de
esta tendencia a la gratuidad que se va
imponiendo en las noticias.
Y cuenta,
además, con un elemento importante a su favor:
la edad media del lector de estos diarios entre
los franceses es de 33 años, frente a los más
de 40 de Le Parisien, Le Monde y Libération
y los 52 de Le Figaro. Una cuestión
importante si se tiene en cuenta que la
población de menos edad, asidua de Internet, no
es la que más afición tiene por la prensa
tradicional editada en papel.
Con todo, del 7
al 15 de noviembre de 2003 la empresa Ipsos
llevó a cabo un sondeo9 encargado por Télérama
y la Fédération Nationale de la Presse
Française (FNPF) entre jóvenes de 15 a 25 años
que permite una visión más completa de la
audiencia de la prensa en Francia: a dos de cada
tres, les gusta leer. Al 19%, mucho; al 47%,
bastante; al 28%, no mucho y al 6%, nada. Unos
datos que se hicieron públicos, precisamente, la
víspera del XIV Congrès de la Presse
Française, celebrado en Burdeos. De los 900
encuestados, el 44% aseguraba comprar a menudo
revistas o periódicos, y el 31% decía leer
prensa gratuita. Y también decían leer con
frecuencia la prensa que se compra en su casa o
en su entorno.
Una
tendencia que crece
Pero esta
situación no se produce sólo en uno u otro
país, sino que se extiende poco a poco por las
grandes ciudades del mundo desde que Metro
apareciera por primera vez en Estocolmo, en 1995.
En el Reino Unido la prensa de pago y la gratuita
conviven desde hace tiempo y Metro, con
826.000 ejemplares de media, es el sexto
periódico del país.
Un ejemplo más
de esta tendencia es la empresa editora de Evening
Standard y The Daily Mail
Associated Newspapers- que edita también London
Metro con el fin de llegar a distintos
sectores de la audiencia. Y Richard Desmond,
editor del Sunday Express se enfrenta con
el gratuito London Evening Mail a la
competencia del gratuito Metro y del Evening
Standard, de pago.10
Una situación
parecida se ha producido en Holanda, donde la
empresa propietaria del diario De Telegraf de
la capital del país, Amsterdam, con una tirada
media que supera los 800.000 ejemplares, ha
lanzado el gratuito Spits para ampliar su
radio de acción y conseguir lectores que no
compran la cabecera principal.
En Alemania 20
Minutos comenzó a editarse en Colonia en
1999 y los periódicos con más audiencia, como Bild
y otros, pusieron en marcha los gratuitos Extra
Köln y Kölner Morgern para hacerles
frente.11 Y en Suiza, Italia o
España, entre otros, se pueden encontrar
experiencias parecidas.
En cuanto a
Estados Unidos, y aunque es un mercado en el que
los gratuitos locales semanales y la prensa
alternativa han conseguido los mejores
resultados, también la información general
tiene su cuota de gratuidad en un intento de
atajar la caída de ventas de los diarios
convencionales y, al mismo tiempo, conseguir
llegar al lector joven y urbano. Los títulos
más recientes son la edición de Dallas del AM
Journal Express, que reparte 150.000
ejemplares, y amNewYork que busca un tipo
de lector de menos edad y residente en New Cork.
También las
cabeceras más emblemáticas están haciendo un
hueco en sus presupuestos para esta nueva
modalidad informativa. The Washington Post Co.,
por ejemplo, tiene una cadena de 35 periódicos
locales gratuitos a través de una nueva empresa
dependiente llamada Community Newspaper Group,
que alcanzan en conjunto el millón de
ejemplares.
Y en agosto de
2003 puso en la calle de lunes a viernes Express,
un diario también gratuito de veinticuatro
páginas y una difusión de 125.000 ejemplares
que se puede leer en quince minutos y que
consideran complementario de su emblemático Post,
al que se cita con frecuencia tanto en la
versión en papel como en la que ofrece el
rotativo en Internet y al que se remite para los
fines de semana.
Otra iniciativa
estadounidense a la que también se puede aludir,
entre otras, es la de los editores de The
Miami Herald, que utilizan el semanal
gratuito Street Miami para llegar a otras
audiencias con una filosofía empresarial que
está en la línea de lo que han hecho con El
Nuevo Herald para los lectores hispanos.
En cuanto a
España, merece la pena hacer un estudio
independiente, pero se puede apuntar que 20Minutos
está en Madrid y Barcelona desde 2000, en
Sevilla y Zaragoza desde 2003 y en La Coruña
desde 2004,12 con una presencia
semejante de Metro en las grandes ciudades
españolas.
Y aunque la OJD
(Oficina para la Justificación de la Difusión)
ha tenido diferentes conflictos con los
gratuitos, el Estudio General de Medios ofrece
como dato orientativo una difusión total de
1.232.000 lectores por número.
Mientras, la
prensa tradicional integrada por las grandes
empresas del papel, que en muchos casos son ya
grupos multimedia, ha vuelto en nuestro país a
las cifras de difusión de 1996: 4,1 millones de
ejemplares de media diaria. La bajada no se debe
sólo a los gratuitos sino a una serie de
cuestiones más complejas que abordaré en otros
trabajos, pero sin duda la influencia es notable.
Cambios
en las audiencias
Todos estos
datos dejan a la vista que los grandes grupos
mediáticos no pueden contener la avalancha de la
prensa gratuita de información general, ya
asentada en gran parte del mundo. Y muestran
también los cambios que se están produciendo en
las audiencias: no es difícil comprobar que los
lectores jóvenes de periódicos escasean y que
disminuye el número de los que acceden a pagar
por una información que, indudablemente más
ligera y menos comprometida, puede encontrarse
gratis también en Internet o, con matices
diferentes, en la televisión o la radio.
Pero, aunque
este breve texto no deja espacio para otro tipo
de reflexiones que se quedan para más adelante,
si que conviene constatar que no parece que las
nuevas empresas de prensa vayan a influir en el
desarrollo de las libertades democráticas y en
la independencia de los medios.
Los diarios
gratuitos pertenecen mayoritariamente a grandes
grupos como en el caso de Metro o 20
Minutos- que van trasladando su fórmula a
las ciudades más pobladas y más dinámicas con
un éxito que ha estabilizado la solidez de sus
ejercicios económicos anuales. Y aunque hay
cabeceras locales en todos los países, la
propiedad de esas empresas está concentrada,
salvo excepciones, en las mismas manos. Además,
la finalidad principal de estos diarios no es
tanto periodística como económica y muestran la
actualidad sin el menor atisbo de explicación,
lo que puede parecer a primera vista un retroceso
en la capacidad liberadora del derecho a la
información.
Sin embargo no
es realista reaccionar con pesimismo. Los
escenarios posibles son muchos y no se puede
desdeñar la evidencia de que así más personas
conocen antes lo que está pasando en este mundo
global. La prensa gratuita de información
general ha encontrado su hueco, y ahora hace
falta que las grandes cabeceras despierten de su
cómodo negocio de poder, sepan diferenciarse
aún más y emitan la respuesta adecuada a esta
nueva oferta de noticias.
_____
Notas:
1 Metro apareció por
primera vez en Estocolmo, en 1995, sin que fuera
tomado en serio. Pero según Luciano Bosio,
director adjunto de Carat Expert, al transcurrir
el primer año de la salida de los gratuitos se
produjo una bajada de más del 5% en los
periódicos de pago (El Mundo, 20 de
febrero de 2002).
2 El Mundo, 19 de febrero de 2002.
3 La Vanguardia, 14 de octubre de
2003.
4 También el diario LHumanité
lanzaba recientemente un cri dalarme
(Le Monde, 11 de febrero de 2004) por la
inquietante zona de turbulencias en la que se
encuentra la prensa diaria, que puede ser fatal
para las cabeceras más débiles, como es su
caso. Y en el texto, firmado por Patrick Le
Hyaric, director del periódico, se alude
también a la prensa gratuita (LHumanité,
7 de febrero de 2004).
5 « Les titres gratuits attisent la
convoitise de la presse payante », en Le
Monde, 17 de noviembre de 2003.
6 Agencia France Presse, 9 de febrero de
2004.
7 Mediabriefing, 26 de septiembre
de 2003.
8 La Vanguardia, 28 de noviembre
de 2003.
9 Agencia France Presse, 19 de noviembre
de 2003.
10 Mediabriefing, 20 de noviembre
de 2003.
11 El Mundo, 20 de febrero de 2002.
12 Mediabriefing, 26 de septiembre
de 2003.
*Concha Edo es integrante del Consejo
Editorial de Sala de Prensa. Profesora titular en la Facultad de
Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Este artículo fue escrito
para el V Aniversario de SdP.
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