La cruzada
desreguladora de Michael Powell
Naief
Yehya *
En
su primera conferencia de prensa el 6 de febrero
del 2001, el flamante director del Federal
Communications Commission (FCC), Michael Powell,
el hijo del general retirado y secretario de
estado, Colin Powell, prometió que al desregular
la industria de las telecomunicaciones
estimularía la innovación y la competencia en
los medios. Según Powell estos cambios serían
necesarios para reflejar la evolución del
mercado provocada por la proliferación de la
televisión por cable, las transmisiones por
satélite y el impacto de Internet.
Powell, quien se
define a sí mismo como republicano moderado, fue
comisionado de la FCC desde 1997, en donde
demostró ser un feroz defensor de los valores e
intereses corporativos. Por tanto desde que fue
nombrado por el presidente George W. Bush como
director de esa dependencia, puso en marcha un
ambicioso programa de desregulaciones sin
precedente histórico. Esto daba un giro
interesante a la afirmación que hizo en su
primera presentación en público, el 22 de enero
de 2001, cuando anunció que la FCC debía actuar
como un "sistema de prevención temprana de
los problemas potenciales" y que las
acciones de largo alcance debían ser dejadas a
los congresistas electos, "quienes tienen
que responder a sus constituyentes". Pero al
día siguiente declaró, sin ambigüedad alguna
al Washington Post: "El opresor es
aquí la regulación".
Dos meses
después de su toma de posesión, Powell
emprendió su campaña desreguladora al eliminar
algunos obstáculos que impedían la venta de
estaciones de radio. En abril de 2001, recomendó
al Subcomité de telecomunicaciones de la cámara
de representantes, considerar la posibilidad de
incrementar el límite que impone que una sola
televisora no puede tener estaciones que abarquen
más del 35% de audiencia nacional (National
Broadcast Ownership Cap). Su argumento era que
dicha provisión violaba la primera enmienda ya
que imponía restricciones artificiales a una
empresa para poder comunicar su mensaje a un
auditorio amplio. Otra norma que Powell trató de
revocar con un razonamiento semejante es la que
prohíbe que una empresa tenga en el mismo
mercado un periódico y una estación de
televisión (Newspaper-Broadcast Cross-Ownership
Rule). Estas reglas impuestas a los propietarios
de los medios fueron adoptadas por el gobierno
estadounidense entre 1941 y 1975 con el fin de
controlar la tendencia monopolista de los
corporaciones de los medios. La propuesta de
Powell era permitir que una sola empresa pudiera
tener hasta tres estaciones de televisión en
cualquiera de los cinco mercados más grandes del
país (Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Houston
y Filadelfia); así como dos estaciones de
televisión y un periódico en cualquiera de los
100 mercados principales.
Para el director
del FCC la brecha tecnológica, con la que se
denomina a la diferencia entre una minoría con
acceso a la tecnología digital de comunicación
y una mayoría marginada de los privilegios del
espacio virtual, es equivalente a lo que él
denomina la Brecha del mercedes benz:
"quiero tener uno, pero no me alcanza para
comprarlo". De tal manera el acceso a un
medio de comunicación indispensable para
cualquier aspiración de movilidad social es para
Powell equivalente al deseo frívolo de un coche
de lujo. Powell ha declarado "no tener
idea" de lo que quiere decir la frase: el
interés público; y prácticamente no ha puesto
el menor énfasis en permitir que organizaciones
militantes o activistas no gubernamentales,
grupos disidentes o artistas tengan acceso a los
medios. Powell es un tecnócrata que, aparte de
su muy promocionada fascinación por los
artefactos como Tivo o Bluetooth, se ha atrevido
a apostar por tecnologías novedosas y radicales,
por lo que autorizó el uso de la banda ultra
amplia, una tecnología inalámbrica de
transmisión de bajo poder que puede coexistir,
sin perturbar, a la telefonía celular y a otros
medios de comunicación. Así mismo, Powell se ha
creado fama de honestidad, la cual trata a menudo
de poner en evidencia, como al declarar,
aparentemente con candor: "Yo tengo una sola
regla: no confío en ninguna compañía".
Este es un político que dice lo que piensa y a
menudo deja a todo mundo perplejo por su
sinceridad o ingenuidad. Así, en octubre de 2003
se opuso a la fusión de DirecTV (el sistema de
televisión por satélite más grande de los
Estados Unidos) y EchoStar, en base a que su
tamaño le daría una ventaja injusta y la haría
anticompetitiva, esta fue la primera negativa a
una acción semejante en 30 años. Pero esta
presunta acción valiente pronto se reveló como
una maniobra sospechosa, ya que el propietario de
la cadena Fox y de docenas de medios en el mundo
entero, Rupert Murdoch, el magnate australiano
nacionalizado estadounidense, que ha sido uno de
los aliados más incondicionales de la
administración Bush, estaba interesado en
adquirir DirecTV.
La retórica de
Powell gira en torno al bien conocido dogma de
que los mercados no requieren de ser controlados
ya que sus propias leyes pueden regularlos
impecablemente y el beneficiario es siempre el
consumidor. Quizás esto sea verídico en un
auténtico mercado libre, pero definitivamente no
lo es en una industria dominada por monopolios
voraces en los que los medios están concentrados
en manos de cinco empresas súperpoderosas (News
Corp., Viacom Inc., Time Warner, Capital
Cities-Disney y Clear Channel Communications
Inc.). Si bien Powell ha expresado en varias
ocasiones que toda regulación debe someterse a
un estricto escrutinio para demostrar su utilidad
o de lo contrario ser eliminada, no ha hecho
comentarios semejantes al respecto de poner bajo
la lupa las estrategias desreguladoras y sus
consecuencias.
De creer en los
argumentos de algunas de estas corporaciones que
dominan este mercado, la concentración de medios
no puede ser más que benéfica para el público.
Por ejemplo Mark Mays, el Director general de
operaciones de la empresa Clear Channel, declaró
a mediados de 2003: "Hace tan sólo 10
años, cerca del 60% de las estaciones nacionales
de radio estaban operando en números rojos,
recortando los presupuestos de sus secciones
informativas y despidiendo empleados. La
desregulación cambió todo esto. Pero en lugar
de dejar que las estaciones de radio encuentren
maneras mejores y más novedosas para servir a
sus escuchas, la FCC tiene la determinación de
hacer marcha atrás a una época en que la
industria era incapaz de proveer a los
consumidores con la variedad de programación que
se ofrece ahora". Esta fantasía contradice
la evidencia de que la consolidación de los
medios se ha traducido en despidos masivos, en la
imposición de criterios de rendimiento comercial
en las salas de redacción de periódicos y
noticieros (las cuales deben responder ahora a
las juntas de accionistas, antes que a sus propia
integridad periodística), así como la
homogenización de criterios políticos y
afiliaciones partidarias en miles de estaciones
de radio y televisión.
En su primer
acto como director del FCC, Powell aprobó 62
adquisiciones pendientes de estaciones de radio,
buena parte de las cuales fueron compradas por
Clear Channel y Cumulus Media. El hecho de que la
radio haya sido en gran medida desregulada ha
dado lugar a que mercados enteros hayan quedado
en manos de un sólo consorcio. Una de las
consecuencias de esta política es el bien
conocido caso de la población de Minot, en
Dakota del Norte, donde el 18 de enero de 2002, a
la 1:30 AM, un tren que transportaba anhídrido
de amonio se descarriló provocando una peligrosa
fuga tóxica. La policía y los servicios de
emergencia trataron de prevenir a las estaciones
de radio, sin embargo no encontraron a nadie en
de ellas para que diera el aviso, transmitiera
las recomendaciones, instrucciones y medidas de
emergencia a seguir. Mientras una
nube de esa sustancia flotaba amenazadoramente
sobre la población. Las estaciones, que son
parte del vasto patrimonio de Clear Channel (el cual incluye más de
1250 estaciones en todo el país), estaban
transmitiendo programas grabados y habían
eliminado a todo el personal no indispensable. La
centralización de estos consorcios es tal que en
muchos casos incluso el servicio meteorológico y
el tráfico es realizado por productores que
fingen estar en la localidad mientras que en
realidad se encuentran en alguna de las
sucursales metropolitanas de Clear Channel a
muchos kilómetros de distancia de su auditorio.
Powell espera transformar la regla existente
(Local Radio Ownership Rule) que señala
que en los grandes mercados una empresa pueda
tener hasta ocho estaciones de radio, al añadir
que también pueda tener un periódico y hasta
dos estaciones de televisión, con lo que a la
vez se transformaría la regla del duopolio, la
cual limita a las empresas a tener un máximo de
dos estaciones en un mercado. A su vez Powell
estaría muy satisfecho si pudiera eliminar la
regla que prohíbe a las grandes cadenas
televisivas (ABC, NBC, CBS y Fox) fusionarse.
Pero Powell, ha argumentado que su interés no es
proteger a los monopolios, sino confrontarlos en
un medio en el que las nuevas tecnologías
presentan nuevos riesgos y tipos de competencia
para los gigantes.
Powell tiene
razón al desconfiar de la injerencia del estado
en este dominio, ya que el gobierno ha permitido
a estas megaempresas explotar las frecuencias de
radio, que son un bien público, a través de
franquicias que en efecto se dedican a secuestrar
los medios de comunicación locales, estatales,
nacionales e internacionales para imponer su
agenda comercial y política a todos los
consumidores. Así, a pesar de los evidentes
efectos de esta política, Powell declaró el 19
de febrero de 1998, cuando aún era comisionado:
"Las fusiones corporativas son a menudo la
consecuencia natural de la sana competencia y no
deben ser siempre denunciadas, dado que la
mayoría son beneficiosas para el mercado y para
los consumidores".
Cualquiera
pensaría que el director de la FCC debería
entender la importancia de la diversidad de los
medios y de la riqueza que aporta en una
democracia el hecho de que diferentes medios
estén en manos de una variedad de propietarios.
No obstante para Powell: "El problema con la
diversidad es que tiene un componente
visceral", declaró a la publicación Broadcasting
& Cable (21 de mayo del 2001). Y este
elemento visceral es el que aportan estaciones
independientes y microrradio a las cuales ha
cerrado el acceso a las ondas hasta donde ha
podido, con el pretexto de que "diluyen la
distribución del auditorio".
Para Powell no
hay mejor confirmación de que el público está
contento y satisfecho con la diversidad y la
manera en que se ofrece el entretenimiento
televisivo que el hecho de que millones estén
dispuestos a pagar las tarifas de la televisión
por cable, las cuales han aumentado
vertiginosamente en los últimos años. El FCC
asume que la única opinión válida del
consumidor es la que expresa con el bolsillo y al
aceptar el costo de la tele por cable, satélite
y demás, está poniendo en evidencia sus
preferencias y prioridades. Powell, como muchos
otros defensores de la industria afirman que la
mejor prueba de la diversidad es la existencia de
cientos de canales televisivos consagrados a los
tópicos más diversos. Por supuesto que no
señalan que estos pertenecen casi en su
totalidad a cinco corporaciones y que todas las
voces independientes y disidentes han sido
eliminadas o marginadas a las regiones más
sórdidas y desoladas de las ondas hertzianas.
Pero curiosamente, estos cambios que sin duda
tendrían un impacto profundo en el público
debido a que cuentan con el potencial de afectar
de manera dramática su visión del mundo, al
limitar aún más su perspectiva, apenas tuvieron
cobertura en los grandes medios informativos y en
particular fueron prácticamente ignorados por
los noticieros de la televisión, debido a que
obviamente todas las cadenas tenían un conflicto
de intereses al informar al respecto de un plan
que indudablemente las beneficiaría. A pesar de
su muy celebrada honestidad, Powell y su equipo
(el cual incluye a varios cabilderos de la
industria de los medios de comunicación como los
comisionados Kathleen Abernathy y Michael Copps,
así como la jefa de personal Marsha Mcbride, el
asistente especial Paul Jackson y la asesora
legal, Susan Eid) ocultaron en la medida de sus
posibilidades todo el asunto, evitaron toda
confrontación y cuestionamiento, y trataron de
hacer que fuera aprobada la desregulación,
aprovechando que el público estaba distraído
con otros asuntos, principalmente la guerra
contra el terrorismo y la invasión de Irak.
Finalmente la
estrategia del FCC fue percibida como arrogante,
testaruda y cínicamente proindustria, lo cual
tuvo el efecto de consolidar una de las alianzas
más singulares, improbables y extrañas de la
historia, en la que grupos e individuos de todo
el espectro político, desde el National Rifle
Association hasta el American Civil Liberties
Unión, pasando por grupos religiosos y
asociaciones progresistas se unieron para
oponerse a la desregulación. Como han señalado
muchos observadores, la mayoría de éstos grupos
no hubieran reaccionado a los cambios propuestos
de no ser por la actitud despótica del FCC. Pese
al haber trabajado en secreto para tratar de
aprobar sus propuestas y que el propio presidente
Bush amenazó que vetaría cualquier obstáculo
al plan de Powell, la cámara de representantes,
dominada por los republicanos, se opuso a las
reformas de Powell con una votación de 400 a 21.
Pero la cámara no fue más allá y rechazó una
propuesta del representante Maurice Hinchey,
(demócrata de Nueva York) de eliminar del todo
la propuesta del FCC. Powell y su equipo
fracasaron en su estrategia, nunca esperaron una
reacción popular tan vociferante (en unos
cuantos días recibieron un diluvio de más de un
millón de mensajes del público en los que se
criticaba la desregulación y se exigía al FCC
que explicara sus razones). Resulta un tanto
irónico que la desregulación fue derrotada (por
ahora), no por ser una pésima idea con un alto
costo político, que fracturará aún más a la
democracia al ceder más poder a las
corporaciones, sino por haber sido impuesta sin
sensibilidad alguna al público.
* Naief
Yehya es miembro
del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Es colaborador regular de La Jornada Semanal, LA
Weekly y Nexos. Este artículo fue escrito para el V
Aniversario de SdP.
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