Análisis de formatos, géneros y
estilos
La
radio que se produce en Colombia
Juan
Fernando Muñoz Uribe *
Desde sus
inicios comerciales en la segunda década del
siglo veinte, la radio se ha forjado por
experimentos y evoluciones propios de los medios
masivos de comunicación.1 De ese desarrollo
aparecieron géneros y formatos retomados de la
literatura y el teatro, por ejemplo, y de otros
medios con más amplio historial como la prensa
escrita. Con el tiempo, productores y
realizadores se fueron ingeniando la idea de
construir programas ajustados a las necesidades
de una audiencia cada vez más especializada con
respecto al modo de operación de la radio.
La radio
colombiana tiene particularidades que la hacen
especial. Su evolución está muy ajustada al
mismo comportamiento económico del país
inscrito en el empuje industrial de hace algunas
épocas.2 Esta condición motivó
el nacimiento creciente de nuevas estaciones de
radio de corte comercial donde los formatos
estuvieron (y aún están) soportados por las
ideas de los anunciantes y a lo que los
productores radiofónicos creyeron (todavía
creen) que gustaba entre los oyentes.
Nuestra radio no
ha sido directamente financiada ni subsidiada por
el Estado. Ha sido una radio libre desde el
aspecto comercial. El elemento económico es el
motor de su continuidad. Tal vez allí radica la
dificultad de construir una radio despreocupada
del lucro; motivada más bien por la imperante
necesidad de engendrar espacios de reflejo y
proyección del movimiento socioeconómico del
país. Allí, podría quizá suponerse y hasta
explicarse la marginalidad y exclusividad a la
que ha sido sometida la radio cultural. Esto
también conduciría a la interpretación del
porqué la radio cultural ha intentado mantener
un divorcio relativo con el aspecto comercial. Es
un asunto puramente histórico en el desarrollo
del medio.
Y ese
apartamiento del concepto productivo visto a la
luz del sistema de sostenimiento económico y
financiero de la radio colombiana, paralelamente
pareciera verse igualmente reflejado en los
métodos de realización y elaboración de
contenidos radiofónicos. La radio cultural con
respecto a la radio comercial lucha por conservar
distanciamientos no sólo de estructura
operacional sino también de lineamientos de
planificación de contenidos.
La radio
comercial versus la radio cultural plantea ritmos
de trabajo, de planificación, de programación y
de emisión distintos. No son mejores unos con
respecto a otros, simplemente son distintos. Pero
en esa diferenciación pueden distinguirse
estereotipos que ameritan una evaluación
detallada y analítica. ¿Por qué se han
enquistado algunos géneros y formatos de
producción?
Tal vez el
divorcio original de las radios comercial y
cultural ha provocado el alinderamiento desde sus
estructuras productivas; de eso no quedaría duda
en la titularización de algunos géneros y
formatos que perfectamente podrían emplearse en
ambos estilos de radio pero que posiblemente por
respeto de la diferencia tradicional ni siquiera
se piensan o proyectan.
Por ejemplo, los
modelos de radio preproducidos o pregrabados con
guión o libreto están hoy muy ausentes de la
radio comercial. Casi lo único que se produce en
pregrabado es el formato del anuncio comercial o
promocional más los nuevos modelos digitales de
grabación de la programación en horarios
nocturnos para ahorrar mano de obra en las
grandes cadenas radiales.
En la radio
comercial el meollo productivo está soportado
por una radio directa, improvisada,
tecnológicamente competente y de mayor
fundamentación periodística desde formatos
simples como el noticiero, el programa
informativo, los espacios deportivos y los
programas de sostenimiento (algunos de ellos
conocidos como costureros). En cambio, la
radio cultural -que entre otras cosas suple la
función cultural y social del Estado, se mueve
más por la defensa de formatos rígidos de
producción previa; medianamente explora la radio
en directo y no es su potencial.
Una y otra cosa
no son malas, pero su exceso provoca el
análisis. ¿Por qué habrá de conservarse la
frontera entre la radio cultural y la radio
comercial? ¿Acaso han sido escriturados los
formatos para uno y otro modelo típico de
producción radiofónico?
Si bien el
asunto es histórico y particular, amerita su
reflexión. La radio colombiana no puede
sujetarse a interpretaciones de otrora que
desconocen con profunda gravedad modelos que
perfectamente pueden asimilarse para una y otra
radio. El esquematismo al que se ha
llegado es tan preocupante para la radio cultural
como para la radio comercial. De esos
estereotipos sólo está quedando una
degeneración reproductiva de formatos y géneros
que ni siquiera son sometidos a evaluación, su
esencialidad está entendida por el uso
histórico mas no por la vitalidad de un medio
caliente como lo es la radio.
¿Qué
habrá de hacerse?
La respuesta
puede ser resuelta de un modo simple: la radio
necesita de planificación, y la planificación
inscribe metodologías de corto, mediano y largo
plazo que motiven al acompañamiento de una
sociedad desde un quehacer comunicativo especial,
masivo y de presencialidad que es la radio. Y esa
planificación debe partir desde el elemento
jurídico, atravesar el componente económico y
finalizar con el concepto más importante: el
social.
Aunque no cabe
la menor sospecha de lo masiva que resulta ser la
radio, la interpretación comunicativa de la
producción radiofónica ya no puede quedarse
restringida a los mismos parámetros que
sustentan lo masivo; bajo la utopía de intentar
entender las necesidades y expectativas de una
audiencia desde las mismas creencias de un
productor de mensajes. La tecnología ha
permitido que la interacción de las partes sea
amplia y activa. Ya la pasividad que explicaba
quizá el concepto masivo con respecto a las
audiencias es plenamente refutada por la
interacción permanente entre
productores-realizadores y
destinatarios-perceptores. La capacidad de
respuesta de los actores de comunicación es más
ágil, diversa y productiva.
La
legislación radiofónica
La legislación
colombiana en materia de radio pasó de una
interpretación normativa arcaica y arraigada a
un estilo cerrado de interpretación cultural, a
una interpretación completamente neoliberal y
desprovista de controles sociales. Ese cambio
extremo permitió un aumento en el flujo de
concesionarios carentes de una vigilancia
minuciosa del Estado con respecto a la
regulación de las frecuencias asignadas en el
espectro electromagnético. Se pasó de una radio
conservadora en todos sus principios
herencia quizá del mismo control que
comenzó a ejercer el Estado luego de El
Bogotazo en 1948, a una radio liberada de
preceptos y preocupaciones. En medio de este
cambio radical y relativamente corto en tiempo,
aparecieron también estructuras de producción
inclinadas por lo inmediato y la ligereza de
contenidos. Fenómeno especialmente reconocible
en la radio comercial y que ha comenzado a
penetrar también la radio cultural.
Esta
degeneración funcional si la asimilamos en
relación con el comportamiento histórico se
empezó a reflejar desde el mismo instante en que
se desmontaron las restricciones sobre el manejo
de contenidos temáticos de programación y
regulación en la asignación de frecuencias para
emisoras comerciales, culturales y comunitarias
en las sub-bandas del A.M. (la banda
hectométrica de frecuencias de la Amplitud
Modulada está dividida en tres sub-bandas:
preferencial, regional y local) y en las
estaciones del F.M. (las estaciones de la
Frecuencia Modulada están divididas en
estaciones de primera, segunda y tercera clase o
categoría).
Hoy, las
frecuencias están saturadas de concesionarios y
el monopolio estratégico de las mejores
frecuencias igualmente está reflejando los
modelos ahora típicos de producción de radio.3
El
reflejo comercial y estratégico en la radio
colombiana
No han sido
muchos los cambios en las concesiones
radiofónicas de las últimas décadas, sobre
todo en la asignación de frecuencias de las
sub-bandas preferencial y regional del A.M., que
debido a su cobertura y potencia motivan la
preocupación de emporios comerciales que
intentan preservar su protagonismo en el dial. El
resto de frecuencias asignadas representan
aparentemente un porcentaje muy bajo en la
repartición de la torta publicitaria.
Adicionalmente,
la preservación de una especie de reserva
de frecuencia que otrora se mantuvo en el F.M.,
hoy ha sido deslegitimada por la incursión
igualmente estratégica de concesionarios
típicos y poderosos del A.M. Es decir, el poder,
básicamente entendido en el funcionamiento de
cadenas radiales de la amplitud modulada se
extiende a la frecuencia modulada con estructuras
operacionales iguales y estratégicamente
aplicadas al modelo de encadenamiento de
emisoras.
Si se hiciera un
análisis en el uso de la banda del F.M. y su
clasificación de emisoras de primera, segunda y
tercera clase, supondríamos que sus frecuencias
son vitales para la operación de estaciones
locales cuya potencia es limitada a la cobertura
geográfica del mínimo territorio que en nuestro
régimen es el municipio. Esto implica
condiciones de operación menores en potencia y
recursos, y diferentes a las que implica una
operación de cobertura regional y preferencial
(nacional e internacional) como en el A.M. Pues
bien, de ese uso racional de frecuencias locales
de hace unas décadas se ha pasado a una lógica
de operación nacional a través del sistema de
encadenamiento. Esto es seguramente estratégico
desde el punto de vista de afianzamiento de
audiencias locales, mejores condiciones de
recepción técnica de señal (distinción
técnica de audibilidad de la señal sonora del
F.M. en comparación con la del A.M.) y
aprovechamiento múltiple de contenidos. La
liberación en la interpretación de la norma
está sugiriendo comportamientos comerciales
anteriormente inexistentes y que hoy tienen una
inusitada y rampante lógica financiera, técnica
y estructural.
Las anteriores
anotaciones podrían añadir mayores
explicaciones al porqué la radio colombiana
está cayendo en la repetición de modelos
estereotipados y esquemáticos.
El
asunto tecnológico
En la década
del ochenta del siglo veinte, las cadenas
radiales contemplaron la necesidad de evolucionar
en materia tecnológica, seguramente por la
imperante necesidad de mantener mejor y más
informados a los oyentes en un período de
grandes transformaciones sociales, económicas y
políticas del orden regional pero también
nacional e internacional.
La competencia
más que competitividad, se vio marcada por una guerra
tecnológica que hizo efectiva una radio
instantánea y simultánea, mientras el país
estaba (y está) envuelto en una guerra producida
por el narcotráfico, la corrupción, las
transformaciones políticas y la violencia. A
esta preocupación se le añadió la aparición
del sistema satelital de comunicación
radiofónica como posibilidad importante para
complementar los sistemas terrestres de
comunicación por transmisión, repetición y
recepción de onda sonora.
Sin lugar a
dudas, la transmisión de señal satelital marcó
el progreso de la radio comercial colombiana que
luego tímidamente se extendió a la radio
cultural. Pero este componente tecnológico no
pudo superar la falencia que existió y aún
existe en la gestión humana por la carencia de
inducción, reinducción, capacitación,
profesionalización y promoción permanente de
los hacedores de radio. El desequilibrio entre
tecnología y talento humano no ha permitido
mejores aprovechamientos del medio radiofónico,
como lo podría sugerir la optimización en el
uso de nuevas y mejores herramientas de
producción.
Competencia
y pactos
De esa guerra de
competencias aparecieron provocaciones más
parecidas a comportamientos rapaces, descubiertas
por la salida e ingreso permanente de
realizadores de radio reconocidos
tradicionalmente en la radio comercial (dígase
cadenas radiales). Esto motivó a gerentes
radiales a suscribir pactos de mutuo beneficio
para el respeto de contrataciones y movimientos
laborales durante determinados lapsos de tiempo.
Otra circunstancia que originó la aparición de estrellas
o personajes de mayor significancia o valor que
otros para las estaciones de radio. Un
ingrediente que generó escalas salariales
irregulares en el entorno radiofónico y aún se
conservan.
La relación
anterior explica una particularidad sobre el
anquilosamiento de formatos y géneros de
producción radiofónica. Se observa entonces una
producción de radio a bajos costos que con
algunas y contadas excepciones tiene producciones
de mayor nivel en todos sus órdenes. Esta
última radio solamente producida por estaciones
de radio comercialmente reconocidas y en casos
muy especiales.
Se agrega que
los departamentos comerciales y de ventas de las
estaciones de radio concentran sus esfuerzos en
la comercialización de productos especialmente
predeterminados mientras el resto de la
producción -que sostiene la columna de la
programación en un 80% más o menos, está
sujeta a limitadas y restringidas operaciones
comerciales. Podríamos atrevernos a afirmar que
la ecuación de Paretto se aplica a la radio: el
20% de la radio comercial sostiene
publicitariamente a su otro 80% (grandes pero
pocos anunciantes con un gran porcentaje de
publicidad oficial de entidades estatales), y el
80% de los contenidos de la radio es sostenido
con el 20% de los programas efectivamente bien
publicitados y comercializados.4
Remuneración
salarial
Este es un
elemento económico que ha afectado
sustancialmente la evolución productiva de la
radio colombiana. Las escalas salariales son
extremadamente distintas y discriminatorias.
Además, el grueso de la realización de
contenidos de la radio colombiana es producido
por personal bajamente calificado desde la
asignación salarial. Se ha construido una radio
generalizada por la búsqueda de bajos costos del
recurso humano en detrimento de la calidad de sus
contenidos.
Aquí se marca
otro elemento de diferenciación de la radio
comercial y la radio cultural. La radio cultural
no tiene las estrategias de financiación que
posee la radio comercial, mientras su nivel de
impacto en el entorno es mínimo por la
exclusividad de contenidos a partir de su
prioridad en la elaboración de productos
sociales y culturales de elite. Esto implica un
anquilosamiento radiofónico sustentado en una
radio comercial repetitiva en su modelo de
producción y una radio cultural poco dinámica
por una creencia cultural de exclusividad
tradicional. A los dos condicionantes anteriores
se suma la concentración publicitaria que existe
en la radio comercial ( grandes cadenas radiales
que manejan la mayoría de la cobertura de
frecuencias asignadas en el espectro
electromagnético).
Del
radioteatro al noticiero
Si retomamos un
poco de historia de la radio internacional
sabremos sobre la importancia que tuvo el género
dramático en el descubrimiento del lenguaje
radiofónico que lo integra la palabra, la
música, los efectos sonoros y los silencios.5
Fue en realidad
el drama el género que motivó al desarrollo de
la radio en todo el mundo, pues no había nacido
aún la televisión y la vitalidad audiovisual
estaba concentrada en la posibilidad de construir
imágenes exclusivamente perceptivas a través de
las ondas sonoras. Los costos de producir una
radio teatral y dramática se atendían de modo
comprensible ante la ausencia de otro medio que
luego apareció con sonido e imagen simultáneos.
En efecto, la
aparición de la televisión reflejó
producciones audiovisuales que asemejaron los
modelos dramáticos ajustados del teatro a la
radio y que tuvieron repercusión inicial en el
medio radiofónico. Empezó a entenderse que
cualidades de la radio y del teatro tenían que
ser desplazadas por el nuevo medio audiovisual.
Fue una situación que ameritó la
interpretación económica de que hacer géneros
dramáticos en radio ya no sería un buen
negocio, ni impactante y mucho menos explicable
cuando la imagen y el sonido estaban siendo
aportados por la televisión; no había que dejar
nada a la imaginación porque la imagen lo daba
todo; fue la percepción que explicó quizá el
desencanto por la radio dramática y el
desvanecimiento progresivo por décadas de tal
modelo.6
Y aunque
televisión y radio recurrieron a lo dramático,
era tan alto el nivel de impacto de la
televisión (imagen real y sonido real a la vez),
que propietarios de medios prefirieron invertir
más en la televisión dramática que en la radio
dramática (imagen creada por el sonido real).
Así, en medio de la defensa de unos cuantos
productores radiofónicos persistentes, la radio
dramática tuvo una agonía lenta y una muerte de
tercera categoría.
Así entonces,
fue desapareciendo la radio teatral o dramática
de nuestras estaciones de radio,7 e inició con gran
fuerza e impacto la idea de defender la radio
como medio de validez para el ejercicio
periodístico. La inmediatez y la simultaneidad,
características de la radio, marcaron su
diferencia en relación con las limitaciones
tecnológicas y financieras de hacer una
televisión en directo; otra oportunidad que bien
pudo aprovecharse en la radio.
El haber pasado
de una radio dramática a una radio informativa y
periodística marcó así mismo la
especialización de la radio y el entendimiento
de otra causa de la desaparición o extinción de
formatos y géneros de corte dramático y
literario. Obviamente sumado a las condiciones
económicas, políticas, laborales, culturales,
normativas y sociales que ha engendrado
históricamente la radio colombiana.
La
radio comunitaria
Aunque el Estado
colombiano distingue la normatividad aplicable a
la radiodifusión comunitaria (El Ministerio de
Comunicaciones tiene un tratamiento preferencial
con la radio comunitaria con respecto a la
asignación de frecuencias a comunidades
organizadas) y a la radio comercial, sigue siendo
pobre el fomento de esta posibilidad
sociocultural en una Nación carente de recursos
comunicacionales y que bien podría beneficiarse
de un medio relativamente barato y de gran
cobertura.
Desde el punto
de vista cultural y político, la radio
comunitaria forjaría ese espacio necesario para
la promoción de las comunidades menos
favorecidas en un país carente de oportunidades
de reconocimiento social.8
Todavía hay
mucho por hacer tras la protección
(no-proteccionismo) de la radio comunitaria, en
un país con altos niveles de pobreza y
marginalidad; donde hacer radio comunitaria es
hacer radio sin recursos técnicos y financieros
suficientes. Pareciera ser que la radio
comunitaria simbólicamente se le ha escriturado
a grupos sociales calificados de minoritarios
pero mayoritariamente establecidos en un país
empobrecido.
Políticas
radiofónicas y regulación estatal
Todo permite
suponer que existe una seria debilidad estatal
para regular el uso y aprovechamiento del especto
electromagnético en lo que hace alusión a la
asignación, funcionamiento y control de las
frecuencias.
Definitivamente
las telecomunicaciones no están siendo
utilizadas como instrumentos para impulsar el
desarrollo político, económico y social del
país, con el objeto de elevar el nivel y la
calidad de vida de los habitantes en Colombia.
La
radiodifusión sonora no está siendo dirigida
responsablemente para contribuir a la defensa de
la democracia, a la promoción de la
participación de los colombianos en la vida de
la Nación y la garantía de la dignidad humana y
de otros derechos fundamentales, consagrados en
la Constitución, para asegurar la convivencia
pacífica. Los gobiernos de turno han adolecido
de políticas claras de fomento de la
radiodifusión sonora para la promoción del
ejercicio democrático y el bienestar de los
ciudadanos. En muchos gobiernos, como lo registra
la historia nacional (la que no aparece en los
libros pero sí en los diarios), la radio ha sido
otra caja menor de funcionarios politiqueros y
corruptos que han jugado con la asignación de
frecuencias y los intereses económicos
particulares.
Al servicio de
radiodifusión sonora le son aplicables las
garantías, los derechos y los deberes previstos
en la Constitución Política, la Ley 72 de 1989,
la Ley 80 de 1993, los principios fundamentales
de los servicios de telecomunicaciones
establecidos en el Decreto 1900 de 1990, la Ley
51 de 1984, la Ley 74 de 1966, el Decreto 3418 de
1954 y el Decreto 1447 de 1995; entre otras
disposiciones que regulan la materia, así como
las que modifican, adicionan o aclaran; según la
aplicación de las disposiciones de la Unión
Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y con
base en las normas contenidas en nuestra carta
política.
Si bien hay todo
un soporte normativo que regula la radio, los
contenidos de producción siguen desbordados de
cualquier iniciativa por promover la coherencia
entre la responsabilidad social de los medios de
comunicación y su papel preponderante en un
país cada vez más desdibujado por la violencia
y la preponderancia económica de unos cuantos.
La
gestión directa del Estado
El Estado
colombiano presta el servicio de radiodifusión
sonora en gestión directa a través del
Instituto Nacional de Radio y Televisión,
Inravisión, quien tiene a su cargo la
radiodifusión oficial comúnmente denominada
Radiodifusora Nacional de Colombia.9
Aunque las
normas así lo estipulan, la señal de servicio
de la Radiodifusora Nacional no es de cubrimiento
nacional. La calidad de la señal es pobre,
limitada y en algunas regiones del país hasta
carente; más la carencia de una programación
que se ajuste a las políticas institucionales
del Estado.
Los recursos
están ahí, las normas están consagradas, pero
la eficacia y la efectividad en el manejo del
medio radiofónico es cuestionable si se entiende
la importancia de la radio para un país con
desigualdad de oportunidades. Es el momento
oportuno para revisar la utilidad de la radio y
su verdadero alcance social.
Entonces,
¿cuál es la fama de la radio colombiana?
La radio
colombiana es reconocida en el mundo, eso es
cierto. Su desarrollo periodístico es amplio y
destacable. Ha logrado valorar las
potencialidades y características del medio
sonoro para brindar un servicio informativo al
instante y con alta tecnología.
Además, los
niveles de cobertura son satisfactorios (en lo
que atañe a la radio comercial) si se entienden
las múltiples limitaciones geográficas del
relieve colombiano y las condiciones económicas
del país.
También se suma
la potencialidad de universalidad a la que se
ajusta la locución del productor radiofónico
colombiano, que debido a sus posibilidades de
emisión vocal puede llegar a un mayor número de
oyentes con condiciones especiales de generalidad
en la recepción del mensaje desde su riqueza
armónica, tímbrica, de dicción, vocalización,
entonación, ritmo y acentuación. Múltiples
factores de emisión de voz que particularmente
distinguen al locutor colombiano en comparación
con productores de otras latitudes.
La
radio musical
La radio musical
es quizá la mayor tendencia en nuestra radio,
sobre todo en la radio del F.M. Al respecto, la
diversidad es relativamente poca, pues se han
generalizado algunos ritmos foráneos y unos
pocos criollos. Tal situación deja en entredicho
el ejercicio del fomento cultural nacional.
Pareciera
haberse restringido la radio musical a un
concepto ya muy común en el argot radiofónico
que es moler música, es decir, programar
la música de acuerdo con las tendencias de las
casas disqueras y el libre gusto de los
programadores radiofónicos.
Nuevamente el
componente comercial aparece y deja al
descubierto la falta de creatividad y
originalidad de programadores para descubrir,
redescubrir y apropiar formatos que bien pueden
aplicarse a la radio musical. El dial está
saturado de esquematismos que le están restando
valor al aporte cultural que puede brindar la
radio mediante el uso de los géneros musicales.
La programación
musical de la radio no está brindando
posibilidades de selección a la audiencia. Son
pocos los géneros musicales a seleccionar y
predomina el estilo clásico de programación
mediante el anuncio de temas musicales de moda.
Este es un punto interesante para el análisis
sobre el futuro de la radio musical, que
pareciera un tanto incierto sobre su verdadero
protagonismo en la aportación de una radio
contemporánea rica en contenidos.
Radio
juvenil
Acerca de la
radio juvenil hay experiencias bien interesantes
a partir de su irrupción en las ondas sonoras.
Intenta romper esquemas tradicionales acartonados
carentes de fundamentación y posibilita el
redescubrimiento de elementos del lenguaje
radiofónico como el uso intencional de la
música, la inserción de efectos sonoros y la
economía del lenguaje en algunos casos.
Pero del éxito
de las primeras experiencias de una radio juvenil10 conocidas en el entorno
a mediados de la década del ochenta del siglo
veinte y proliferadas luego con el nacimiento de
nuevas estaciones de radio de corte juvenil,
empieza a degenerarse el mismo lenguaje oral. A
veces, se confunde lo coloquial con la
vulgaridad, la grosería y la irreverencia.
A mediados de la
década del noventa, esta radio juvenil tiene una
aireación con la aparición de voces
nuevas y talentosas, que en su medida fueron
imitadas y por ende, distorsionados los modelos
sugeridos de una radio participativa y
contextualizada.
Tal vez la radio
juvenil deberá seguir siendo participativa y
contextualizada, pero no podrá ser el reflejo de
aquella juventud carente de valoraciones,
comportamientos cívicos y acciones respetuosas.
Ahí yace el asunto por el que deben preocuparse
los programadores radiofónicos ajustados a la
misión radiofónica de entretener, informar y
formar. Se construye cultura con la valoración
del quehacer social no con la reproducción de
comportamientos faltos de gracia.
La
radio humorística
El famoso
apagón eléctrico del noventa por la crisis del
sector energético durante el gobierno de César
Gaviria Trujillo, motivó el redireccionamiento
en la programación radiofónica, con especial
énfasis en la radio informativa que tuvo que
ajustar básicamente sus horarios vespertinos y
nocturnos a las nuevas condiciones en que se
veían sometidas las audiencias. Así las franjas
de programación se ampliaron y se tuvieron que
redefinir los perfiles tradicionales de las
audiencias.
No hay mal
que por bien no venga. Las estaciones de
radio se vieron obligadas a elaborar estrategias
para mantener cautivas audiencias que debieron
cambiar drásticamente sus comportamientos por la
alteración horaria y la ausencia de energía
eléctrica al caer las tardes.
De esas
propuestas estratégicas aparecieron ideas
interesantes de espacios informativos mezclados
con humor, música y tertulia.11 Aún se preservan estos
formatos en las cadenas básicas, que permitieron
consolidar nuevas franjas de programación y
descubrir posibilidades auditivas en la radio.
Tales
experiencias dejaron una conclusión: la radio
puede construirse y reconstruirse a partir del
conocimiento y el reconocimiento de las
necesidades comunicativas de las audiencias, mas
no desde ideas preconcebidas tradicionalmente por
los programadores radiofónicos. La radio exige
evaluación y reevaluación permanente de sus
modelos y esquemas, y allí debe aparecer la
creatividad como principal nutriente para forjar
una radio enriquecedora.
La
radio deportiva
De la radio
deportiva hay que señalar aspectos positivos y
negativos. De los positivos podemos establecer
que permitió entender la importancia de
encontrar en la radio un factor de compañía y
entretenimiento simultáneos. De los aspectos
negativos encontramos la repetición de esquemas,
la poca diversidad en el tratamiento de sus temas
(se ha asociado deporte con fútbol en un buen
porcentaje), la transición abrupta de una radio
deportiva empírica a una radio deportiva
profesional donde han predominado los
comportamientos del ejercicio experimental y el
abandono de la fundamentación profesional.
No se puede
desconocer el aporte fundamental de la radio
deportiva al desarrollo mismo de los conceptos
radiofónicos,12 pero sus modelos
entraron en crisis por la imitación de esquemas,
la poca recursividad en el planteamiento de
contenidos, la carencia en la investigación
periodística y las restricciones creativas por
la imposición de modelos que hace unas décadas
tuvieron éxito y hoy no tanto.
Hay que
añadirle un ejemplo bien interesante al
análisis de la radio deportiva: otrora el
transistor fue el acompañante del hincha
futbolero, hoy el porcentaje de radios encendidos
en las tribunas de los estadios es menor, mucho
menor. ¿Qué podrá reflejar este
comportamiento? Puede reflejar muchas cosas, pero
la más importante podría ser (y es un análisis
que debería extenderse a la radio en general y a
sus productores) que mientras las audiencias han
variado sus hábitos, comportamientos,
costumbres, necesidades y expectativas, los
productores radiofónicos en cambio, siguen
amarrados a estructuras que les otorgaron éxitos
pero sobre las cuales hoy no tienen la mínima
reflexión.
De la radio
deportiva también podemos extraer la reseña
histórica que engendró el acompañamiento del
medio ante el reconocimiento nacional e
internacional que tuvo el ciclismo colombiano.
Ese protagonismo de cobertura de la radio se vio
desplazado por la tecnología televisual y el
desvanecimiento de las glorias deportivas.
Al igual que en
el fútbol, tras el ciclismo, la radio deportiva
configuró estrellas del deporte y estrellas del
medio radial. Ambas, radio y televisión, siguen
defendiendo un protagonismo de otrora que ya no
tiene los mismos resultados de éxito. Hecho que
revela la reducción de contrataciones, el
despido de realizadores y la disminución de
prebendas salariales.
Radio
monopolio
Estamos pasando
de una radio monopolizada nacionalmente a una
radio monopolizada internacionalmente. Es un
proceso gradual pero igualmente preocupante que
ya comienza a reflejarse en las estructuras
organizacionales de las cadenas radiofónicas.
Allí, la
regulación estatal se ha quedado limitada,
restringida y pobre, más aún cuando se
desconocen los perjuicios que puede provocar un
direccionamiento altamente comercial en nuestra
radio forjado por la competencia global,
competencia alinderada por el recorte vertiginoso
de personal, la simplificación en la
programación radiofónica y la disminución de
contenidos de valor cultural.
Ante una radio
monopolizada y con un futuro preocupante, los
estamentos sociales deberán clamar por la
preservación de derechos que se están violando
a la luz de una apertura económica
desproporcionada.
También será
el reto para las radios independientes,
comunitarias y culturales, bajo la necesidad de
centrarse en sus objetivos sociales y aprovechar
una oportunidad única para hacer una radio
diferente y de calidad.
Mensaje
final
La radio
colombiana no es un caos, es producto de una
evolución; no está mal pero puede ser mejor.
Mejor para un país que necesita aprovechar al
máximo sus recursos y que necesita de los medios
masivos de comunicación para forjar políticas
de desarrollo social, cultural, político y
económico. Y en ese orden de ideas, la
regulación estatal debe ser más estricta,
ordenada y coherente con lineamientos de fomento
social, cultural, económico y político.
Los principios
neoliberales no pueden ser la cortina de humo ni
el sofisma de distracción como para evitar
reflexionar con madurez sobre el futuro de
nuestra radio, una radio que puede ser
protagonista en el concierto global a partir del
establecimiento de metodologías claras de
funcionamiento.
Además, la
regulación del Estado no puede estar
exclusivamente soportada por el fundamento
normativo del sistema concesionario de
asignación de frecuencias de ondas sonoras.
Tiene que ir más allá y encontrar la viabilidad
de un medio que necesita ser optimizado,
profesionalizado, con mejor formación de sus
actores, rico en contenido cultural y afianzado
en políticas de responsabilidad social por el
mejoramiento de las condiciones culturales de un
país en crisis desde todo punto de vista.
La radio
comercial colombiana necesita ser revisada porque
en medio de tanto esquematismo y bajo el amparo
del sustento económico, está corriendo el
riesgo de empobrecerse de contenidos sociales.
Mientras tanto, la radio cultural está perdiendo
su verdadero protagonismo por estar
preocupándose en defender ideas anquilosadas en
modelos exclusivistas de cultura, y ni qué decir
de la radio comunitaria, que adolece de la
promoción del Estado por la defensa cultural de
un país multiétnico y diverso.
Es hora de
promover entre todos los estamentos de la
sociedad colombiana, el debate sobre el papel
social de la radio en todos sus niveles: la
gerencia, la administración, la regulación, los
contenidos, los realizadores y las audiencias. El
análisis va más allá de la relación de
géneros, formatos y estilos de la radio que se
produce en Colombia.
_____
Notas:
1 BIAGI, Shirley. Impacto de los medios.
International Thomson Editores. 1999. 430 p.
2 Radio Cadena Nacional tuvo vida
jurídica a partir de 1949 mediante la
asociación de 11 empresas antioqueñas que se
hicieron dueñas del 50% de la cadena radial y
Caracol fue fundada en Medellín por los
empresarios Humberto Restrepo y William Sánchez
Gil en 1948. Estas son las dos cadenas radiales
más poderosas del país que nacieron por
iniciativa de empresarios.
3 Hoy las cadenas nacionales de radio
están utilizando frecuencias del F.M. para la
transmisión simultánea de programas
periodísticos del A.M., saturando el especto y
ejerciendo una prolongación del monopolio que
otrora prohibía y controlaba el Ministerio de
Comunicaciones de Colombia, de conformidad con la
ley.
4 Para comparar esta interpretación con
las mismas cifras del rating, se reseña
la información de Héctor Londoño Libreros en
su texto Marketing Radial: "El rating
ponderado es válido para analizar no sólo la
cobertura primaria urbana de una cadena, la cual
se estima que representa de 75 a 80% del total
del país, sino la cobertura complementaria de la
audiencia regional, que puede significar de 20 a
25% del resto del total nacional".
5 En 1938, el "Mercury Theather on
the Air" transmite La guerra de los
mundos de Orson Welles, hecho que marcó la
historia de la radio al reconocerse la
importancia de los efectos sonoros y el poder de
impacto de la radio en las audiencias.
6 Esta situación fue común a la
aparición de la televisión en otros países del
mundo. Para fines de la década de 1940, la radio
en Estados Unidos captaba el 81% del total del
auditorio. Para finales de ese año, la
televisión contaba con el 41% del mercado de la
transmisión. Thomas R. King. The wall Street
Journal, 23 de agosto, 1994, p. B-5.
7 La cadena radial colombiana que más ha
insistido sobre la permanencia del radio teatro
es Todelar (Tobón de la Roche) que hasta sus
últimos momentos transmitió en vivo desde el
Teatro América de Medellín el programa
dramático y humorístico Las aventuras de
Montecristo
8 La radio comunitaria estuvo algún
tiempo asociada al concepto de radio educativa.
Acción Cultural Popular, con el uso de los
sistemas de transmisión de onda media y onda
corta de Radio Sutatenza, promovió el nacimiento
de escuelas radiofónicas para fomentar la
educación en las regiones apartadas del país.
La frecuencia de Sutatenza es la misma que usa
hoy Radionet, emisora comercial.
9 La Radiodifusora Nacional de Colombia
nació en 1940 y opera tanto en F.M. como en A.M.
Desde su fundación, la Radiodifusora Nacional de
Colombia se ha dedicado al registro de las
expresiones del folclor nacional, la divulgación
de la música colombiana y la promoción de la
música clásica.
10 Una de las emisoras fundadoras y
precursoras de la radio juvenil es Veracruz
Stéreo. Modelo de radio dirigida a jóvenes y
que marcó su liderazgo a finales de la década
del 80 y principios del 90 del siglo veinte.
Funciona en Medellín, segunda ciudad del país.
11 De esa experiencia inicial debido al
apagón energético surgió inicialmente la
propuesta radiofónica La Luciérnaga de
Caracol, y posteriormente La Zaranda de
R.C.N.
12 En la radio deportiva se destaca la
importancia de las transmisiones de fútbol en
directo. Locutores y comentaristas de la radio
como Múnera Eastman, Wbeimar Muñoz Ceballos y
Jorge Eliécer Campuzano, revelaron la
importancia de una radio de acompañamiento y
entretenimiento masivo. Sus estilos aún se dejan
entrever en sus programas radiofónicos
deportivos.
__________
Bibliografía:
- "Régimen jurídico de
radio y televisión en Colombia". Mónica de
Greiff y Clara Stella Ramos. Bogotá: Ed. Legis.
2000. 364 p.
- "Los periodistas y el derecho de la
información en Colombia". Azael Carvajal
Martínez. Bogotá: Señal Editora. 1995. 650 p.
- "Marketing radial". Héctor Londoño
Riveros. Bogotá: Mc Graw Hill. 2001. 222 p.
- Ministerio de Comunicaciones. Decretos 1480 de
1994 y 1447 de 1995. Bogotá: 2002.
- Constitución Política de Colombia.
Compilador: Carlos Betancur Jaramillo. Bogotá:
Señal Editora. 1991. 283 p.
- "Impacto de los medios". Shirley
Biagi. México: International Thomson Editores.
1999. 429 p.
* Juan
Fernando Muñoz Uribe
es jefe de área de Gestión de la
Comunicación de la Facultad de Comunicación
Social de la Universidad Pontificia Bolivariana y docente de comunicación y periodismo
en el Instituto
de Ciencias de la Salud, la
Universidad
de Medellín y la Universidad de Antioquia. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|