Nuevos
retos del periodismo
en República Dominicana
Wilson
Hernández *
En todos
los países del mundo y en todas las épocas el
periodismo ha enfrentado desde sus inicios retos
permanentes. Ha sido así y lo seguirá siendo
por la naturaleza misma del oficio: la búsqueda,
transmisión y defensa de la verdad en cuanto
objeto de interés y transformación social.
Esos retos, esos
desafíos se plantean a niveles diversos y
complejos, de modo externo o intrínseco a la
actividad periodística. Y el primer deber de
quienes asumen esa profesión es la de luchar
contra esos emplazamientos, que van desde los
obstáculos culturales hasta las propias
limitaciones humanas. La sociedad dominicana,
como sociedad al fin, no es ajena a ese
fenómeno.
El inicio de
siglo y la consiguiente recomposición del orden
mundial, así como los fenómenos geopolíticos y
culturales, han impactado de múltiples formas un
oficio como el de la prensa, que se nutre de la
interacción social.
La crisis de la
humanidad en gran medida también es crisis del
periodismo y de los periodistas. Lo mismo puede
decirse de los retos. Los periodistas y los
medios de comunicación son en gran medida
artesanos, copartícipes del mundo en que se
desarrollan.
A escala local,
el periodismo dominicano, también ha tenido que
batallar con sus molinos de viento. Y así ha
sido desde sus orígenes finiseculares. Y lo
sigue siendo. Pero su mayor desafío será tratar
de descubrir cuáles son sus auténticos y
trascendentales desafíos. Y el mayor riesgo:
perder la perspectiva de su realidad y quedarse
en la inmediatez de los hechos.
Las dificultades
económicas que han afectado a algunos medios de
comunicación del país y la consiguiente
reducción de personal en esas empresas, la
obligatoriedad de la profesionalización
planteada por el gremio y las deficiencias de las
enseñanzas universitarias, el problema ético,
son sólo algunos, y no los más importantes
retos que enfrenta en estos momentos el sector.
ANTECEDENTES
El periodismo
que conocemos hoy es el resultado de la apertura
democrática que se inició en el país con la
caída de la tiranía de Rafael Leonidas
Trujillo, en mayo de 1961 El Listín Diario, El
Caribe, la revista Ahora, y El Nacional mantienen
en esencia el mismo rumbo que asumieron tras el
derrocamiento de la dictadura. Han variado en la
forma pero no en sus propósitos.
Para intentar
una aproximación a los momentos más cruciales
que ha enfrentado el periodismo dominicano en el
proceso de la transición democrática, se me
ocurre dividir ese proceso en tres etapas. La
primera sería entre los años 1961-1978, que
comprende como acontecimientos políticos
relevantes, el final de los 30 años de
dictadura, el Golpe de Estado contra Juan Bosch,
en 1963, la guerra civil de 1965, y el final de
los 12 años del régimen del doctor Joaquín
Balaguer.
Fue esa una
etapa marcada por la lucha contra los remanentes
del autoritarismo, la intolerancia política, el
desorden institucional, la confrontación
ideológica y la falta de seguridad en el
ejercicio profesional.
Casos como la
explosión criminal de los talleres de la revista
Ahora, el asesinato de Enrique Piera, Gregorio
García Castro, y Orlando Martínez, los
atentados y los apresamientos contra periodistas,
el intento de embargo contra el Listín Diario,
son algunos de los casos más notables.
La segunda etapa
podríamos establecerla entre los años de
1978-2000. El triunfo del Partido Revolucionario
Dominicano (PRD) da paso a un gobierno de
orientación liberal que prometía canalizar las
aspiraciones reivindicativas de los grupos de
resistencia. El PRD se mantiene en el gobierno
hasta 1986, cuando regresa el doctor Balaguer
para permanecer en la Presidencia de la
República hasta el año 1996, con una gestión
de gobierno que afianzó los avances
democráticos y apuntaló el crecimiento de la
economía.
El gobierno del
Partido de la Liberación Dominicana, 1996-2000,
presidido por un gobernante de unos 40 años con
visión modernista, sólo fue una importante
promesa en sus relaciones con la prensa, pues en
lo esencial no tuvo mayores diferencias con los
gobiernos anteriores correspondientes a esta
etapa.
La apertura
democrática iniciada en 1978 provocó el
surgimiento de nuevas empresas de comunicación,
mayor participación publicitaria del sector
público en los medios de comunicación y los
gobiernos se mostraron más obsequiosos y
permisivos con los profesionales de la prensa.
Esa relativa armonía también tuvo sus
repercusiones desfavorables en el ejercicio del
periodismo.
El fin de las
ideologías, el impacto de las nuevas
tecnologías, el factor ético, la autocensura,
la expansión del mercado comunicacional, son
algunos de los principales retos que durante esa
etapa tuvo que enfrentar la prensa en el país.
Queda por
determinar los nuevos desafíos que enfrentará
el sector con el inicio de un nuevo siglo, cuyos
impactos ya se reflejan en el país. Frente a esa
nueva realidad, mal harían quienes dirigen
organizaciones relacionadas con los profesionales
del área, en regresar a confrontaciones
estériles o en perder la perspectiva que plantea
este nuevo período.
CONFRONTACION
ESTERIL
Desde inicio de
la década de los 70 los periodistas agrupados en
el gremio han tratado de buscar las causas de la
crisis que enfrenta el sector en sus
correspondientes ambientes de trabajo, en las
empresas periodísticas. La postura es
comprensible si se toma en cuenta la influencia
en estas organizaciones de las corrientes
ideológicas de izquierda, que han sido las que
han pautado las luchas reivindicativas de los
periodistas latinoamericanos, sobre todo, a
partir del triunfo de la revolución cubana.
Los periodistas
dominicanos han concentrado su lucha gremial en
los últimos 35 años en la legalidad de la
colegiación, en la profesionalización de
quienes ejercen el oficio. Se creyó durante esos
años que con la creación del Colegio Dominicano
de Periodistas serían resueltos muchos de los
problemas que afectan a los profesionales del
área, pero los resultados no han sido tan
auspiciosos.
Por el
contrario, sin menospreciar la noble misión para
la que fue creado el gremio, su desempeño
institucional ha estado marcado por las luchas
estériles entre grupos internos, y por una
relación de desconfianza con los empresarios de
la comunicación. Tal situación ha provocado que
los periodistas no se sientan en su mayoría
identificados, representados por el CDP, y por
tanto, es muy limitado su aporte al sector. Es
una realidad lamentable, pero es la realidad.
Las tres grandes
metas en las luchas del gremio han sido: el
reconocimiento de la legitimidad del CDP, la
profesionalización, y la aplicación del
impuesto que grava la publicidad difundida en los
medios periodísticos para destinarlo a los
fondos del Instituto de Previsión. De algún
modo las tres metas se han cumplido en el
transcurso de los años en que han sido
planteadas, pero no han reportado los efectos
esperados.
Y lo que se
plantea en esta observación no es una posición
a favor o en contra del CDP sino una realidad
histórica que en gran medida condiciona unas
relaciones que bien podrían ser más fecundas.
La actual
directiva del gremio dice que ha reintroducido
ante el Congreso una nueva modificación a la ley
10-91 con el propósito de consignar la
profesionalización obligatoria para el ejercicio
del periodismo. Una decisión que vuelve a abrir
las puertas de la confrontación en un momento en
que el sector debiera abocarse a trabajar en
demandas más viables y trascendentes.
NUEVOS
DESAFIOS
En estos tiempos
de postmodernidad, globalización, mercados
abiertos y libre competencia, la cuestión
laboral dentro de las normas que regulan esa
actividad se torna en una realidad condicionada
por la oferta y la demanda, por el comportamiento
de un mercado que es el que determina el valor y
el status del servicio.
Nadie puede
obligar a una empresa a cargar con los costos de
un trabajador que no le produce la rentabilidad
que busca frente a la competencia, y si ese
trabajador es un periodista dominicano, la
empresa tiene la alternativa de ayudarlo a elevar
su nivel de competitividad o reemplazarlo por
otro que sea competitivo, aunque tenga que
importarlo desde la China. Legislar contra esa
libertad que debe tener la empresa es atentar
contra la razón misma de la empresa y contra un
principio constitucional que impera en todas las
sociedades democráticas.
Si se duda de
este planteamiento, basta observar como los
grandes medios de prensa hispanos en los Estados
Unidos, como CNN en español, Telemundo,
Univisión, están compuestos por profesionales
de distintas nacionalidades que ocupan sus
puestos no en función de imperativos gremiales,
por justos que sean, sino por sus niveles de
competitividad en el mercado laboral al que
pertenecen.
Y esa es una de
las grandes virtudes del periodismo como
profesión liberal, que no conoce barreras ni
fronteras cuando de buscar la verdad se trata.
Por tanto, ese principio debieran observarlo los
directivos del CDP que se proponen retomar la
obligatoriedad en la profesionalización, pues no
se puede plantear demandas en nombre de la
libertad imponiendo limitaciones a la libertad
misma.
Está muy bien
que quienes ejercen el periodismo sean
académicos salidos de las aulas, mucho mejor si
lograran especialidades, pero esa posibilidad no
debe ser discriminatoria para quien demuestra
talento en terrenos en que el académico se
muestra incapaz. Lo que la empresa contrata no es
un título sino la calidad de un servicio, pues a
fin de cuentas, el consumidor es quien tiene la
última palabra.
Las deficiencias
que arrastran muchos periodistas académicos han
sido puestas de manifiesto por el propio Gabriel
García Márquez en su discurso ante la SIP en
1996, titulado "El mejor oficio del
mundo":
"Los
muchachos que salen ilusionados de las academias,
con la vida por delante, parecen desvinculado de
la realidad y de sus problemas vitales, y prima
un afán de protagonismo sobre la vocación y las
aptitudes congénitas. Y en especial sobre las
condiciones más importantes: la creatividad y la
práctica...Tal vez el infortunio de las
facultades de Comunicación Social es que
enseñan muchas cosas útiles para el oficio,
pero muy poco del oficio mismo".
Y no creo que el
Premio Nóbel de Literatura esté en contra de la
enseñanza periodística de nivel superior, más
bien ha estado en contra de los estereotipos
sociales que en nombre de las normas han hecho el
mundo más absurdo e inhumano.
Los retos que
enfrenta el periodismo dominicano en estos
momentos son muchos mayores que el problema de la
profesionalización, que en realidad no es tal
problema, pues la mayoría de quienes ejercen el
oficio son egresados de las aulas universitarias.
Los retos son
mucho más trascendentes y a mi modo de ver
tienen en gran medida que ver con la creatividad,
la ética y la competitividad en el ejercicio
profesional. Sobre esos tres pilares y otros más
debieran trabajar juntos gremialistas,
académicos y empresarios, y entender de una vez
por todas que el éxito de la empresa es el
éxito de todos, sobre todo, de la profesión
misma, y más aún, de la institucionalidad
democrática y del ciudadano común, en sus
derechos a la libertad, dignidad y justicia.
* Wilson
Hernández es
periodista, con especialidad en Filosofía.
Presidente del Centro para el Estudio Avanzado de la
Comunicación (INFOMEGA),
en República Dominicana. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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