Reflexiones de periodistas y
académicos mexicanos *
Debatiendo
la iniciativa de ley de comunicación
Durante los
últimos dos meses del año pasado estalló la
polémica sobre la pertinencia y viabilidad de
una reforma jurídica en materia de comunicación
social en México. Algunos periódicos
emprendieron entonces una andanada desinformadora
con el objeto de descalificar los afanes de la
Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía
de la Cámara de Diputados, cuya iniciativa se
cuestionó y calificó de Ley Mordaza
sin haberse concluido siquiera.
En ese contexto, la Revista Mexicana de
Comunicación y el programa El fin
justifica a los medios, que se
transmite por Radio Educación,
convocaron a una serie de debates a fin de
analizar y desentrañar las diversas facetas,
lagunas, contrariedades, perspectivas o ventajas
y desventajas de una iniciativa de Ley Federal de
Comunicación Social como la que venían
discutiendo y redefiniendo varios legisladores de
los distintos partidos políticos.
Se contó con la participación de representantes
gremiales del ámbito reporteril, periodistas
políticos, y estudiosos de la materia: Francisco
Ortiz Pinchetti, presidente de la asociación
Reporteros en Proceso; Salvador Guerrero
Chiprés, presidente de la Fraternidad de
Reporteros de México; Pedro Enrique Armendárez,
director de Periodistas de Investigación;
Rogaciano Méndez, secretario general del
Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa;
Virgilio Caballero, periodista de Canal 40;
Carlos Marín, codirector de la revista Proceso;
Beatriz Solís, investigadora y asesora de la
Comisión de RTC de la Cámara de Diputados; y
Ernesto Villanueva, reconocido especialista de
derecho de la información y catedrático de la
Universidad Iberoamericana.
Enseguida se ofrece una versión abreviada
y organizada temáticamente de lo
expuesto a lo largo de las emisiones
radiofónicas, conducidas por la periodista Gabriela
Granados y el director de RMC Omar Raúl
Martínez, bajo la producción de Graciela
Ramírez.
El tema
del derecho a la información no es nada nuevo en
México. ¿Cómo se ha dado el debate al respecto
desde su aparición como tema medular en materia
de medios?
Beatriz
Solís: En efecto, esta historia ya tiene un
largo trecho andado. Desde la campaña del
Presidente Presidente López Portillo se plantea
la posibilidad de agregar al artículo
constitucional la frase el derecho a la
información será garantizado por el
Estado. A raíz de ese agregado en 1977, la
Cámara de Diputados convoca a la sociedad a
plantear sus opiniones acerca de cómo
reglamentar el derecho a la información. Se
despierta una inquietud en los ámbitos
académico y periodístico.: En efecto, esta
historia ya tiene un largo trecho andado. Desde
la campaña del
Esa primer
consulta rebasa los límites mismos de la propia
convocatoria. Por primera vez se hace pública
una demanda social, una inquietud, una
inconformidad latente en muchos miembros de la
sociedad respecto a la situación general de los
medios de comunicación en México. Se habla del
monopolio en la televisión, de las reglas poco
claras en las relaciones Estado-Prensa, de la
necesidad de participación más amplia del
Estado en los medios, en fin.
So pretexto del
derecho a la información, en tal consulta
comienza a darse una serie de demandas que hacen
crecer ese enorme concepto.
Con ello surgen
los intereses encontrados y el asunto se vuelve
inmanejable hasta cerrarse la posibilidad de
reglamentación en 1980, después de la frase
tristemente célebre de Luis M. Farías, entonces
líder de la Cámara de Diputados: No le
encontramos la cuadratura al circulo. Así
queda suspendida la primera etapa de un gran
debate que, en mi opinión, no ha terminado.
¿Qué
ha ocurrido en esa materia a lo largo y ancho del
mundo durante los últimos 20 años?
Ernesto
Villanueva: Ha habido un cambio fundamental:
la transición a la democracia en los países
europeos del Este, donde ya cuentan con una
legislación moderna y a imagen y semejanza del
Consejo de Europa que se ocupa de las principales
legislaciones. Lo mismo ha sucedido, por ejemplo,
en Sudáfrica y Liberia. Desde los años ochenta
en varias Constituciones se han incorporado
importantes figuras jurídicas en materia de
derecho a la información.
El mundo ha
cambiado, pero México se ha quedado al margen en
ese desarrollo jurídico y ello se explica por un
modelo cerrado a experiencias de otras latitudes
hasta fechas recientes. Nuestro país se ha
quedado en el pasado, con un sistema jurídico
que se ubica en el séptimo lugar de atrás para
adelante de los 189 países del mundo. Por tanto
constituye una de las asignaturas pendientes.
Rechazo
a la iniciativa
¿Por
qué varios medios rechazaron la iniciativa de
Ley Federal de Comunicación Social (llamada Ley
Mordaza con el fin de desacreditarla) que se
venía trabajando en el seno de la Comisión de
RTC de la Cámara de Diputados?
Pedro Enrique
Armendárez: Por los intereses creados. Pero
además porque el status quo también se
beneficia de la impunidad, la mediocridad y la
falta de profesionalismo de los periodistas
mexicanos. No quiero generalizar, pero muchos
reporteros se oponen a cambiar el estado actual
de cosas porque así pueden actuar con impunidad.
Por tanto, no
solamente los medios malvados evitan
que se afecten sus intereses, sino también las
inercias arraigadas entre los propios
periodistas. En un contexto tan limitado como el
mexicano, muchos de nuestros compañeros no
están haciendo periodismo, sino relaciones
públicas.
Carlos
Marín: Quienes digan que la iniciativa
atenta contra la libertad de expresión, ignoran
que la propia Constitución la garantiza. Yo
estaría dispuesto a escuchar razonamientos
anti-ley, pero sus opositores rehuyen el debate
¿Por qué diablos rehuir la posibilidad de
conversar?
A lo largo de 20 años, los mismos intereses
nefastos quieren que persista la inmovilidad y la
relación viciada, viciosa y orgánica.
Ernesto
Villanueva: Definitivamente existe una
profunda ignorancia. Una ley mordaza supondría
una violación inconstitucional. La propia
Constitución en los artículos sexto y séptimo
establecen la prohibición expresa de la censura
previa. Una ley mordaza restringiría el
ejercicio de las libertades y sería
persecutoria, algo absurdo a fin de siglo.
La iniciativa de
Ley Federal de Comunicación Social, por el
contrario, establece los parámetros por los que
debe pasar la nueva transición a la democracia
en materia de medios. Me parece un despropósito
llamar a la iniciativa como ley mordaza,
pues lo persecutorio es lo que tenemos ahora.
Justamente, la idea es transitar a una relación
civilizada que apele a la responsabilidad social,
y con sanciones más ajustadas a imagen y
semejanza de un Estado democrático de derecho.
Por tanto, ese
manejo artificial efectivamente se da con base en
la ignorancia, pues desconocen lo que existe y lo
que se quiere proponer.
Beatriz
Solís: No hay mejor margen para abusar del
poder que la ausencia de normas claras y la
carencia de una instancia plural que vigile el
respeto a esas normas. Hemos visto que el poder
se ejerce con una enorme discrecionalidad,
lo cual no ocurriría si se definieran claramente
y respetaran las reglas del juego. Creo que
ningún poder, salvo el de los medios, carece de
reglas. Ningún poder en una democracia puede
carecer de normas porque entonces se vuelve un
poder absoluto.
Aunque no en
todos los medios, el derecho a la información
volvió a caer víctima de la desinformación.
Sin embargo, hay mayor preocupación que hace 20
años. El tema del derecho de la información
empieza a generar inquietud en las facultades de
comunicación, fenómeno que antes no sucedía.
En ese sentido hemos ido dando pasos mínimos.
Virgilio
Caballero: Me parece que en toda sociedad
hace falta establecer cuál es el papel que
juegan los protagonistas de un hecho social. Las
normas que hoy día tenemos son antiquísimas: la
Ley de Imprenta de 1916 y la Ley Federal de Radio
y Televisión de 1960, ¿pueden ser útiles a la
comunicación moderna? Desde luego que no. La
reglamentación de un derecho amplía la
libertad, pues define garantías y
responsabilidades.
¿Cuáles
son los objetivos concretos de la iniciativa de
ley?
Beatriz
Solís: Busca definir tres conceptos
fundamentales de la comunicación social: las
libertades de información y expresión y el
derecho a la información. En ese sentido,
constituye una ley que marca fronteras para todos
los ámbitos de la comunicación social.
Es absolutamente
un contrasentido entrar al próximo siglo con una
ley de principios de siglo. Me parece urgente,
prioritario y fundamental, modernizar lo que
debemos entender por libertad de expresión y por
derecho a la información.
Abramos el
derecho de réplica en los medios de
comunicación, garanticemos mínimamente algunas
de las garantías de los trabajadores de los
medios, pidámosle al Estado que transparente su
relación con los medios para creerle un poquito
más, y a éstos exijámosles mayor
responsabilidad. Creo que así ganamos todos.
Aristas
de la relación medios-Estado-sociedad
A nivel
político, la historia de corporativismo durante
la conformación del país, ¿tendrá que ver con
el inmovilismo jurídico avalado por los medios?
Ernesto
Villanueva: Por supuesto, yo creo que eso lo
explica. El régimen jurídico mexicano en
materia de medios es imprescindible para mantener
un sistema presidencialista de corte autoritario,
ajeno por entero a los sistemas democráticos.
Las fuerzas que han sido usufructuarias de ese
sistema están en contra de una reforma legal
porque ésta afectaría sus intereses creados
desde 1929.
Virgilio
Caballero: Considero que estamos ante una
pertenencia orgánica de la prensa al poder de un
partido hegemónico. La larga permanencia del
régimen político en nuestro país, sólo se
explica por un aparato de prensa prácticamente
entero para servir a esa reproducción. Las
excepciones desde los años treinta hasta
nuestros días en algunos medios, no han hecho
sino confirmar la regla.
Hay dos
fundamentos por los cuales se puede explicar una
permanencia tan larga de un partido político en
el poder: uno es el mismo PRI y el otro es la
comunicación. Uno explica al otro. El monopolio
de los medios electrónicos explica y fundamenta
al monopolio del poder político. El monopolio
del poder político explica el fenómeno de la
comunicación de masas.
Carlos
Marín: La proliferación de publicaciones y
de programas periodísticos en radio y
televisión ha creado la ilusión de que en
México existe una gran posibilidad y una gran
apertura en materia de información y de derecho
a la información. Sobre todo en los medios
electrónicos, la información se da de manera
superficial, atomizada en función de intereses
económicos y casi siempre sirviendo a intereses
políticos deleznables, fundados en valores tan
obscenos como el inmovilismo.
Todas las personas e instituciones que en los
últimos 20 años han dicho que el derecho a la
información y su reglamentación atentan contra
la libertad de expresión, no sólo están
equivocados, sino que la mayoría miente
deliberadamente. Lo único que han logrado en 20
años es abortar la posibilidad de que el Estado
esté obligado por la sociedad a proporcionar
información.
Un
planteamiento para transparentar las relaciones
prensa-Estado es la posibilidad de que se
legislen apoyos públicos, abiertos y claros a
los medios. ¿Cómo se da esto en otros países?
Ernesto
Villanueva: No se trata de que se elimine la
publicidad oficial, sino de que se transparente
con reglas claras y equitativas ¿Cómo? Pues
definiendo requisitos: mínimo de tiraje, años
de antigüedad, cierto número de trabajadores,
perfil no comercial y de interés cultural,
etcétera. En México de pronto vemos empresas
pobres y empresarios ricos. En muchos países
europeos ese presupuesto público tiene como
propósito fortalecer las libertades de
expresión y de información a través del
impulso a la independencia.
En el caso
mexicano no hay reglas y por ello el manejo es
discrecional: te doy publicidad sólo si me
apoyas. La idea es que con reglas claras
esa ayuda sea incondicional, transparente, sujeta
a criterios objetivos de selección.
Responsabilidades
Pero
aún hay quienes persisten en posturas
anquilosadas y corruptas...
Carlos
Marín: La manipulación de conciencias
mediante la información es un pase para el
enriquecimiento ilícito. Abundan los casos
individuales e institucionales en que el oficio
de periodista se utiliza como el doble pasaporte
de Raúl Salinas: se consiguen placas de taxi y
hasta licencias para abrir giros negros,
cantinas, tiendas de abarrotes o conseguir casas
de interés social, boletos de avión...
Virgilio
Caballero: La idea de que una supuesta ley
mordaza pueda prender en algunos sectores cuando
ocurre exactamente lo contrario, habla
precisamente de una despolitización. Planteo el
asunto al revés: si nuestros medios informaran
realmente, México sería el país mejor
informado del planeta. ¿Cómo se explica que con
tanta información haya tal despolitización?
¿La
falta de autocrítica en el ámbito periodístico
se da porque no se ha planteado al interior de
los medios la necesidad de discutir y reflexionar
sobre sus responsabilidades?
Virgilio
Caballero: ¿Qué responsabilidad tienen los
periodistas? ¿Por qué habrían de ejercerla?
¿Qué necesidad tienen los medios de preguntarse
cuál es su función social si no viven de su
relación con la sociedad? Los medios no viven de
sus lectores o de sus televidentes, salvo la
revista Proceso.
Francisco
Ortiz Pinchetti: Resulta de la mayor
importancia que en una reglamentación del
derecho a la información se incluyan las
responsabilidades de los medios. Porque de nada
serviría que el gobierno hipotéticamente
abriera sus archivos y permitiera el acceso de
los reporteros a los mismos, si sus propios
medios censuran, distorsionan o tergiversan las
informaciones. Muy a menudo los reporteros son
ajenos al manejo final de sus notas.
Una
reglamentación también debería mencionar la
obligación de los medios de transparentar su
gasto publicitario, así como su circulación o
audiencia real a través de un organismo
confiable.
Pedro Enrique
Armendárez: Estamos de acuerdo en que la Ley
debe contemplar tanto las obligaciones y
responsabilidades del Estado y de otras entidades
de interés público, como de los medios y los
reporteros... Pero la iniciativa habla de
objetividad: esa es una de las
responsabilidades que le adjudica tanto a los
medios como a los reporteros. Yo quiero que me
digan: ¿quién va a medir la
objetividad? ¿Quién va a determinar
si alguien deja de ser objetivo?
¿Cuál sería la sentencia por no ser
objetivo?
Salvador
Guerrero Chiprés: Quizás a mucha gente no
le gusta hablar de la responsabilidad de medios y
periodistas porque está acostumbrada a jugar con
la especulación, lo cual se puede notar
claramente en las columnas políticas.
Con el
cumplimiento de principios básicos como la
veracidad y la imparcialidad avanzaríamos
muchisimo, y ello se complementaría con la
obligación del Estado de informar.
Hay un conjunto de elementos relativos a la
técnica, a la ética profesional, a la
reglamentación y al entorno sociopolítico que
exige el fin de vicios que permiten la impunidad,
la baja calidad del periodismo o el abuso de la
credibilidad.
Creo
indispensable que se avance por la vía de la
ley, por la autorregulación o con la
combinación de ambas.
Efectos
legales y ética periodística
¿Cuál
debe ser la relación entre los empresarios de la
comunicación y los periodistas para que se
fortalezca el medio informativo?
Virgilio
Caballero: Que nos paguen bien y respeten la
libertad de conciencia de los periodistas. En un
medio hay una política general, pero también
debe haber la posibilidad de enriquecer esa
política con las iniciativas y las aportaciones
de los informadores. Pero lo principal es que no
se hagan dependientes económicos del gobierno.
Que la nomina de los empresarios la paguen ellos
y no el Estado ni otras empresas.
¿Debería
o no haber efectos legales cuando los medios o
periodistas incumplen con ciertas
responsabilidades?
Pedro Enrique
Armendárez: Pienso que el costo por no
cumplir con nuestra responsabilidad debe ser un
costo social entre nuestros pares y el público.
La tendencia hacia un mejor periodismo estaría
más apoyada por la presión en el mejor
sentido de la palabra de los colegas y de
los lectores, que por los posibles temores a
represalias legales o administrativas.
Rogaciano
Méndez: El número de citatorios ante un
juez para revelar fuentes o por demandas va en
incremento y eso es lamentable, pero la
legislación así lo permite. La ambigüedad
jurídica da manga ancha para que el supuesto
afectado ponga una demanda a fin de intimidar.
No deberíamos
privilegiar la vía penal o coercitiva. En todo
caso sería preciso que retomáramos la
experiencia de Europa donde hay órganos de
autorregulación en que participan editores,
sociedad civil y trabajadores de los medios de
comunicación que valoran y enjuician el trabajo
periodístico.
Salvador
Guerrero Chiprés: Van en aumento los casos
en que se citan a reporteros. Eso requiere
análisis. ¿Es por un afán de intimidar a los
reporteros por parte de los actores políticos y
sociales que los acusan de difamación? ¿Es
porque hay cambios en esa circunstancia de
relativa indefensión en que se encontraban
grupos de ciudadanos ante el ejercicio
presuntamente profesional de los
periodistas? ¿Es también por fallas
profesionales? ¿Es una combinación de
todo ello? Caso concreto: el asunto de unos
periodistas tapatíos que dos días antes de las
elecciones publicaron datos de una encuesta.
Ellos violaron la ley, a sabiendas o no. Otro
caso distinto es el de los compañeros de Proceso
citados por un juzgado militar para que revelaran
sus fuentes.
Francisco
Ortiz Pinchetti: Las calumnias que se cometen
a través de los medios están tipificadas en el
código penal. Independientemente de una
reglamentación al derecho a la información,
creo que una nueva ley no debe suplir tal
penalización.
Tradicionalmente,
durante muchos años, los periodistas y los
medios se han amparado como coartada en la
libertad de prensa para gozar de una impunidad
absoluta, los columnistas en particular.
Otro hecho que
está favoreciendo todo ese alud de denuncias o
acusaciones o citatorios es indudablemente la
apertura informativa en los medios, pero también
ha favorecido un libertinaje indudable y el
llamado periodismo ficción: las
versiones sin fundamento, sin fuente
identificada, que recrean acontecimientos,
hechos, entrevistas, reuniones que podrían
ser inventadas. El periodismo serio en México se
daba a partir de citar fuentes. No se valía
o era muy poco frecuente la
utilización de fuentes no
identificadas, fuentes que pidieron
el anonimato, fuentes de muy alto
nivel. Eso es un nuevo fenómeno.
Carlos
Marín: A mí me conmueve que una parte del
falso gremio periodístico coincida con los
intereses mercantiles y políticos para dejarnos
paralizados. Mejor que los medios se
autorregulen, dicen, lo cual es un atentado no
sólo a la madurez de la sociedad mexicana, sino
un atentado a la razón.
Virgilio
Caballero: Si, porque si se proclama la
autorregulación de un sector tan importante de
la vida colectiva como el deber por cumplirse,
imagínense todos los otros sectores sociales que
pueden proclamar también su derecho a
autorregularse.
Pero
ambos aspectos no son excluyentes: el hecho de
que haya códigos de ética al interior de los
medios, no excluye la posibilidad de que se
legisle en materia de comunicación...
Carlos
Marín: Una sociedad que renuncia a la
posibilidad de dar marco legal a cualquier
actividad social es una sociedad condenada
diría Carlos Darwin a la extinción.
Los dinosaurios desaparecieron no por la caída
del cometa aquel que dicen, sino porque no
tuvieron un marco legal que les permitiera
construirse un refugio anticósmico.
Sí,
pero ningún daño hace el hecho de que se
planteen códigos de ética al interior de los
medios...
Carlos
Marín: Todos los periodistas y medios
actúan con una determinada ética, aunque sea en
la mayoría de los casos una ética mercachifles
de tráfico de influencias.
Virgilio
Caballero: Todo mundo tiene una ética. La
ética es quizás la parte más personal de los
seres humanos: se dirime internamente y tiene que
ver con las cuentas que nos entregamos a nosotros
mismos y entregamos a los demás en relación con
nuestra conducta. De manera que aunque no se
declare, hay una ética regulando la actividad
periodística. La ética puede ser manifiesta o
solapadora, hipocritona, delictiva, cínica, pero
existe siempre. Esa ética es la que permite la
autorregulación: todos los medios se
autorregulan en el momento en que siguen una
política en tal o cual sentido. Ni la
autorregulación ni la ética pueden sustituir al
derecho. El derecho puede contener a las dos y
precisa definir lo que nos corresponde a cada
quien.
Derecho
a la información y secreto profesional
¿Por
qué, cómo y bajo qué criterios debería
legislarse sobre el derecho a la información?
Francisco
Ortiz Pinchetti: Hay que establecer una serie
de normas no para coartar la libertad de
expresión, sino para garantizar el derecho de
los mexicanos a recibir la información que
necesitan y a la cual constitucionalmente tienen
derecho.
El sector
público en nuestro país ha manejado la
información como patrimonio propio, sobre todo
en temas particularmente delicados, o la da a
cuentagotas o simplemente la niega para preservar
sus intereses políticos.
Un factor
fundamental en la transición a la democracia es
la reglamentación del derecho a la información,
el cual no podrá darse cabalmente sin una
democratización interna de los propios medios.
Salvador
Guerrero Chiprés: Desde el asesinato
de Manuel Buendía en 1984, es muy claro
que la información a veces es mucho más
importante que la defensa sin criterio de la
libertad de expresión.
Hoy día resulta más importante saber los datos
duros de procesos básicos que explican nuestra
transición democrática, o presuntamente
democrática. Menciono temas claves: grupos
armados, relaciones entre narcotráfico y
policía política, vínculos ilegítimos entre
empresarios y partidos políticos a los cuales se
financian campañas, fraudes que involucran a
banqueros y grupos políticos. En fin: son datos
fundamentales que deben estar sustanciados y que
permiten liberar la potencialidad completa a la
libertad de expresión como derecho.
La única
demanda importante ganada por un organismo no
gubernamental relativa al derecho a la
información fue una de la Academia Mexicana de
Derechos Humanos, cuando exigió a la Presidencia
de la República le informara cuál era el sueldo
de su titular. Es destacable que no haya sido un
grupo de periodistas el que haya ganado una
demanda semejante, lo cual ilustra el rezago en
el desarrollo de reporteros, de su trabajo y de
lo que están ofreciendo en términos generales.
Rogaciano
Méndez: Lo fundamental es la obligación que
debe tener el Estado a proporcionar información
de carácter publico. El reportero en muchas
ocasiones necesita ir a fuentes insuficientemente
documentadas sin que con ello justifique a
quienes no hacen una indagación adecuada
porque tienen el acceso vedado. No defendemos la
irresponsabilidad de algunos compañeros, pero si
queremos una reglamentación clara que precise
obligaciones frente a la sociedad
tanto al Estado como a periodistas.
Pedro Enrique
Armendárez: Una cosa muy buena dentro del
proyecto de ley es que no sólo pretende
garantizar el acceso a la información en poder
del Estado, sino también la que está en manos
de otras entidades de interés público. Eso es
fundamental.
Si es
que entra en la Ley Federal de Comunicación
Social, ¿bajo qué parámetros debería
concebirse el secreto profesional?
Salvador
Guerrero Chiprés: El secreto profesional
tendrá necesariamente que incorporarse en una
legislación. Pero debería tener una
corresponsabilidad de quien ejerce el periodismo.
Pedro Enrique
Armendárez: Tenemos que marcar la diferencia
entre dos cosas: el secreto profesional se
maneja, por ejemplo, al citarse alguna fuente
documental del gobierno o de una empresa privada:
en tal caso, el reportero no está obligado a
revelar quién le dio el documento, pero debe
referir la fuente con precisión. Lo otro es lo
que está proliferando en nuestro medio y ocurre
frecuentemente cuando se citan fuentes de manera
ambigua o fuentes anónimas y con
poco sustento, por lo que se emplaza al reportero
a revelar quién le aportó dicha información.
Eso no es secreto profesional: es mal periodismo.
Carlos
Marín: Es una perversión del periodismo. El
mejor periodismo es el que remite a una
declaración o a un testigo, al testimonio del
propio periodista o a un video o a un documento y
no el que se remite a fuentes no confesadas.
¿Cuáles,
entonces, deberían ser las fronteras o los
límites en torno al secreto profesional y a la
vida privada?
Carlos
Marín: No hay fronteras: nadie tiene derecho
a hurgar en las peripecias que hacemos los
periodistas para obtener información. Nadie.
Finalmente, el secreto profesional que yo
sepa a nadie se lo han sacado ni en el
pocito ni cortándole las orejas. Por lo que
concierne a la vida privada, lo que haga el
Presidente de la República o el Jefe de Gobierno
del Distrito Federal en su recámara, es asunto
de ellos.
Virgilio
Caballero: La vida privada es una de las
grandes conquistas de la civilización moderna...
Carlos
Marín: A menos que el acto privado se
realice en un escenario público: ahí deja de
ser privado.
Cláusula
de conciencia
¿Qué
piensan acerca de la pertinencia de incluir en la
legislación la cláusula de conciencia de los
periodistas, que implica dos cuestiones: la
posibilidad de separarse de un medio informativo
si está cambiando su línea editorial y la
posibilidad de rechazar un trabajo que vaya en
contra de sus convicciones éticas, sin necesidad
de sufrir represalias?
Pedro Enrique
Armendárez: Son dos cosas diferentes. Una ya
funciona: cualquier reportero inconforme con la
línea de su periódico puede irse a otro lado.
Por más que pongamos la cláusula como una
garantía en la nueva legislación, no la vamos a
lograr por imposición, entre otras cosas porque
las empresas privadas tienen el derecho de
liquidar a quien quieran.
Francisco
Ortiz Pinchetti: Cuando un medio desvía su
comportamiento editorial, el periodista tendría
derecho no sólo a irse, eso por supuesto, sino
según lo entiende, por ejemplo, la
legislación española que incorporó tal
cláusula también debería tener derecho a
rescindir su contrato y a ser indemnizado como si
hubiera sido despedido. Esa es la diferencia.
La cláusula de conciencia en algunos países ya
está contemplada. Yo la entiendo como parte de
un conjunto de instrumentos que garantizan los
derechos profesionales del reportero
concretamente: es muy valiosa para garantizar su
libre albedrío, su conciencia, sus convicciones,
el respeto a esas convicciones.
Una propuesta
que han compartido algunos organismos integrantes
de la Red de Protección a Periodistas es la
creación de asociaciones o consejos de
reporteros en cada medio, independientemente de
la existencia de sindicatos. El sindicato
defiende los derechos laborales de sus
agremiados, en tanto que las asociaciones o
consejos de reporteros tienen el objetivo de
defender sus derechos profesionales. Ello
permitiría a los reporteros participar
organizadamente y ser tomados en cuenta, incidir
en la definición editorial de su medio y en el
destino final de sus propias informaciones.
Consejo
nacional y garantías al oficio
Un
punto muy polémico de la iniciativa de ley es el
referido a la creación de una Comisión Nacional
de Comunicación Social, cuya tarea sería
evaluar y sancionar moralmente el quehacer de los
medios cuando incumplan sus responsabilidades...
Virgilio
Caballero: En muchos países del mundo hay
entidades así y no se han caído los periódicos
ni las televisoras: han funcionado de manera
ordenada, racional, inteligente y propiciando o
respaldando la libertad de quienes protagonizan
el fenómeno de la comunicación.
¿Por qué en México suena peligroso? Porque
estamos acostumbrados a vivir fuera de la ley. Al
Estado de derecho lo evocan todos los días como
si fuese a aparecer por el solo hecho de
mencionarse y lo invocan porque no existe casi en
ningún aspecto de nuestra vida cotidiana.
Vivimos fuera de la ley en casi todos los
aspectos de la vida colectiva, incluyendo el
periodismo. De manera que cuando se discute la
posibilidad de reglamentar los derechos y los
papeles de todos los protagonistas de la
comunicación, aparece como si quisiera limitarse
la libertad, cuantimás si se refiere una
Comisión que vigilaría el cumplimiento de esa
ley.
Yo pienso que es
un asunto por debatir. Quizás no hace falta una
Comisión sino una especie de ombudsman o
grupo de personas que pudiera actuar de manera
independiente y nombrado por el
Congreso, cuya tarea fuese mediar entre la
sociedad y los otros protagonistas de la
comunicación: empresarios, periodistas y Estado.
Un ombudsman que no dicte sentencias sino
que haga recomendaciones. Un ombudsman que
examine las grandes violaciones que se cometen a
los derechos de las personas y de las
colectividades en una tarea tan delicada como la
comunicación.
-¿Qué
opinan sobre la posibilidad de que en la Ley se
haga referencia a las garantías
profesionales del trabajo periodístico? Algunos
dicen que eso significaría un estado de
excepción para el oficio informativo. ¿Qué
piensan al respecto?
Rogaciano
Méndez: Habría dos maneras muy puntuales de
considerar la protección del ejercicio
profesional dentro de la ley: creando un ombudsman
y propiciando la organización de los
trabajadores de los medios en el sentido de su
autodefensa.
Difícilmente
puede incluirse en la Ley que se prohíba la
agresión a los periodistas, pues eso se
contempla en la Constitución como derecho a la
seguridad y a la vida. Pero sí se puede
incorporar la protección de sus derechos dentro
de sus propios medios, donde también sufren
agravios cotidianos.
Salvador
Guerrero Chiprés: No es tanto un régimen de
excepción lo que buscan los reporteros, sino
convertirse en algo que sí es excepcional en
México y en América Latina: ser ciudadano. Si
el reportero no trabaja para un medio importante
o si no forma parte de algún grupo periodístico
de presión, su caso de atentado a la libertad de
expresión puede ser ignorado o descalificado.
Claro, hay un piso mínimo de seguridades que se
patentizan en la Constitución. Pero la otra
parte se refiere a la necesidad de que hubiera un
conjunto de garantías alrededor del trabajo
reporteril en los entornos de conflicto o en
aquellos lugares donde sólo el Estado puede
ayudar a desarrollar el oficio periodístico.
Puntos
polémicos y prospectivas
Cuáles
son los temas que de alguna manera están
deteniendo el avance de la iniciativa de Ley
Federal de Comunicación Social?
Beatriz
Solís: Uno de los ejes que generan mayor
preocupación es el temor a la seguridad
jurídica de las concesiones radiofónicas y
televisivas, pero ello ocurre por
desinformación. En la iniciativa de Ley no se
toca tal tema porque no es su ámbito de
competencia en términos formales.
¿Pero
en el futuro habría de tocarse?
Beatriz
Solís: No necesariamente. En el futuro no
sabemos lo que va pasar. El otorgamiento de las
concesiones es ámbito de la Ley Federal de Radio
y Televisión y de la Ley de Telecomunicaciones.
Ese tema en todo caso sería tocado en una
segunda iniciativa, que todavía no está siendo
revisada.
Al respecto, la Comisión de RTC de la Cámara de
Diputados propone la creación de un comité
Técnico equivalente a la COFETEL que
opine y dictamine sobre el otorgamiento de
concesiones. En la iniciativa de Ley Federal de
Comunicación Social se pretende que el uso
discrecional del Poder Ejecutivo en materia de
comunicación, desaparezca o se haga más
difícil y se transparente. Se pide al Estado que
comparta con otras entidades
fundamentalmente con los actores mismos del
proceso la toma de decisiones en ese
terreno.
Ernesto
Villanueva: Si alguien se toma la molestia de
revisar experiencias de otros países,
advertiría el estancamiento de nuestro país.
Mientras en México el Presidente en los
términos de la Ley de Radio y de
Televisión decide de manera discrecional a
quién otorgarle una concesión de radio y
televisión, en Estados Unidos eso lo determina
una Comisión Federal de Comunicaciones.
En México, las
concesiones se pueden dar hasta por treinta
años, y en Estados Unidos sólo por diez. Las
condiciones son iguales en Colombia, Chile y
Argentina. Con la reforma a la Ley de Radio y
Televisión se daría, ahora sí, seguridad
jurídica porque hoy día el Presidente tiene
facultades para otorgar la concesión pero
también para revocarla, lo cual sí genera
cierta inseguridad.
Con la nueva ley
se pretende que las decisiones publicas en torno
a medios, sean tomadas por un mayor número de
personas. Esos valores están en el fondo del
rechazo a la iniciativa. La Cámara de Diputados
no debe convertirse en rehén de algunos
intereses creados representados por la
parte más conservadora y retrógrada de los
medios de comunicación.
Pero a
la andanada anti-ley del año pasado también se
sumaron varios medios impresos...
Beatriz
Solís: Hay un capítulo interesante en la
iniciativa sobre el gasto gubernamental en los
medios, que propone definir y transparentar con
mucha precisión las partidas presupuestales
destinadas a publicidad.
Muchos medios
viven precisamente de la poca transparencia en su
relación obscura con el gasto público, que al
normarse y transparentarse afectaría intereses.
Muchos periódicos viven de ese subsidio
vergonzoso y no de sus lectores.
¿Qué
vertientes podrían ganar aceptación y consenso
entre las fracciones partidistas?
Ernesto
Villanueva: Lo ideal sería establecer una
ley marco para impulsar una verdadera reforma de
fondo, pero no pueden ignorarse las
circunstancias políticas que vive el país.
Por lo pronto
quizás sea preferible avanzar a través del
método de aproximación. Así, uno de tales
temas es transformar los medios del Poder
Ejecutivo en medios realmente públicos. Al
respecto podrían lograrse algunos consensos
importantes. El derecho de acceso a la
información pública sería otro asunto que
vendría a clarificar, materializar u optimizar
el derecho del público a estar informado. Creo
que esos dos temas podrían tener una propia
normatividad específica que pudiera aterrizarse.
A
partir del panorama reseñado, ¿qué
posibilidades hay de que esta iniciativa
prospere?
Beatriz
Solís: Todavía queda un buen trecho por
avanzar. Pero hace años hubiera resultado
difícil, sospechoso e inverosímil que varios
diputados dialogaran con estudiantes, o que
académicos fueran llamados por el Poder
Legislativo para ser consultados, o que hubiera
una abierta y permanente relación entre estos
dos sectores que hasta hace pocos años eran
incluso antagónicos.
Ya no podemos
seguir trabajando con cincel y martillo en
materia normativa. En términos de futuro
inmediato, si permitimos que los legisladores se
queden solos, difícilmente van a poder sacar una
ley, no por falta de voluntad sino por el momento
político del país. Si el Poder Legislativo se
queda aislado en dicho esfuerzo, creo que tendrá
una tarea difícil. Pero si hay legisladores
acompañados por una fuerte presión social,
podrán avanzar.
Ernesto
Villanueva: Lo único seguro es que el
tema se convertirá en un debate recurrente. Cada
vez hay mayor información, interés y
concientización. Más temprano que tarde se va
aprobar una legislación de medios. Ignoro si
será exactamente la referida iniciativa, pero
estoy convencido de que muy pronto habrá
resultados concretos.
* Este texto
fue publicado en el número 57 (enero-marzo de
1999) de la Revista
Mexicana de Comunicación. Lo reproducimos con autorización
expresa de su director, Omar Raúl Martínez.
|