La cultura
y su periodismo
Un
planteamiento antropológico, un
acercamiento al método etnográfico
y una perspectiva profesional para
reflexionar acerca de la cultura y
los periódicos en México
Fidela Navarro
Rodríguez *
Los
perfumes de los artistas mexicanos Frida Kahlo y
Diego Rivera ya están a la venta. Las cajas
están decoradas con sus respectivas pinturas Autorretrato
con collar de espinas y Desnudo con
Alcatraces y, según la presidenta de la
empresa, pretenden lograr "la difusión de
la cultura y el arte mexicano" en todo el
mundo.1 Los periódicos han
cubierto esta polémica noticia y algunas
secciones culturales como la de Reforma le
han dedicado su primera página a todo color con
el titular "´Vulgarizan a Diego y a
Frida"2 y con las imágenes de
los frascos, contribuyendo así,
paradójicamente, a la promoción del
"tecnocultural" producto contra el que
se manifiesta.3
Los conceptos de
cultura y producto cultural son objeto de
polémica y confusión. Los medios de
comunicación y en particular los medios escritos
pueden diferir a la hora de seleccionar,
analizar, valorar y considerar los hechos o
elementos que ocuparán el espacio de tan
diversas secciones, suplementos y revistas
culturales. Por ejemplo, una fiesta de la
independencia como "El Grito" aparece
el mismo día en secciones como Viajes, Cultura,
Ciudad, Espectáculos, etc, recibiendo un
tratamiento distinto en cada periódico. Cultura
de Reforma se centra en el símbolo del
tequila, El Universal en "El México
que cuentan los niños"y en "Cine y
Patriotismo", y la Jornada en la
"Vigencia de Hidalgo" desde una
perspectiva académica.4 Por otro lado, aunque la
cultura siempre ha sido un tanto denostada y su
difusión poco reflexionada, lo cierto es que
cada vez se le está dedicando más espacio, ya
sea por un interés comercial, por adquirir
prestigio o por una preocupación verdaderamente
cultural.
Y es que todo el
mundo habla de cultura, todo el mundo valora la
cultura, todo el mundo "está en la
cultura". La cultura se ha fabricado como
etiqueta social en el almacén de las vidas
diarias y la palabra que encabeza secciones de
periódicos, que es materia prima de
instituciones sociales, que es para artistas e
intelectuales todo un mundo y que parece estar en
templos, gradas de estadios de fútbol y plazas
de toros, está de moda. La cultura cambia, se
pone y se quita, se reflexiona, se vende, se
pierde en intentos, ha ofrecido estatus y
estándares para destinos nacionales, ha
abanderado un "arte elevado", ya
consiguió desplazar a la sociedad como objeto de
estudio y ha tenido todo tipo de tendencias
políticas.
Pero, ¿qué
entendemos en realidad por cultura? ¿Cómo la
valoran y difunden los medios? ¿Existe un
periodismo cultural, una especialización de
profesionales y géneros? ¿Qué tendencias ha
habido y hay en comunicación cultural en
México? ¿Qué objetivos se persiguen?
Un estudio sobre
cultura y comunicación puede abordarse desde una
perspectiva antropológica y periodística,
buscando definiciones, analizando tendencias de
estudio dentro de las ciencias sociales,
entrevistando a actores y observando con la
metodología etnográfica el desarrollo
sincrónico y diacrónico de algunas
publicaciones como mediadoras culturales. Como
veremos más adelante, el periodista coincide en
ciertos puntos con el antropólogo y va
canalizando y creando nuevas formas, productos y
tendencias culturales. Para tener claro qué es
el periodismo cultural y cómo se está
configurando el actual concepto de cultura,
especialmente en México, es necesario, pues,
empezar exponiendo ciertas definiciones.
Qué
se entiende por cultura
Actualmente la
cultura es entendida como un "camino para
hablar de entidades colectivas" y remite a
la idea de una forma que caracteriza al modo de
vida de una comunidad. La atención por la
cultura en el sentido antropológico se pone no
en las nociones intelectuales de los individuos
singulares sino en el saber colectivo y
distintivo de todos los grupos sociales.
En 1871 Edward
Taylor empezó a desarrollar el concepto la
cultura como un "conjunto complejo que
incluye conocimiento, creencias, arte, moral,
ley, costumbres y otras capacidades y hábitos
adquiridos por el hombre como miembro de la
sociedad".5 En el siglo XX, la
antropología ha seguido desarrollándose y
dentro de esta línea teórica y del pensamiento
latinoamericano Adolfo Colombres la plantea como
el producto de la actividad desarrollada por una
sociedad humana a lo largo del tiempo, a través
de un proceso acumulativo y selectivo.6 Entre el planteamiento
antropológico y el sociológico-semiótico,
otros autores, como el sociólogo mexicano Jorge
González, estudioso de las problemáticas
culturales de Latinoamérica, la conciben como
"un modo de organizar el movimiento
constante de la vida concreta, mundana y
cotidianamente. Es el principio organizador de la
experiencia y mediante ella ordenamos y
estructuramos nuestro presente, a partir del
sitio que ocupamos en las redes de relaciones
sociales".7 Ya en la década de los
noventa, se llega a aceptar como válida la
definición general de Talcott Parsons de cultura
como la del "discurso simbólico colectivo
que toma en cuenta los conocimientos, creencias y
valores sociales".8
Según estas
concepciones el periodismo cultural debería
abarcar todas las posibilidades o considerar que
todo periodismo es cultural por sus orígenes,
objetivos y procedimientos. Sin embargo, aunque
las ofertas culturales a través de secciones
específicas, suplementos y revistas son muy
amplias y diversas y cada vez más destinadas a
un público general -como veremos más adelante-
los productos calificados como culturales son
acotados e históricamente han correspondido a
una cultura ilustrada y elitista. Esta
ambivalencia que persiste en cierto grado y que
debatiremos más adelante persiste y es necesario
saber cuáles son sus orígenes.
Si tenemos en
cuenta un diccionario más específico y reciente
como el Diccionario crítico de política
cultura.: cultura e imaginario,9 vemos que han existido
dos enfoques generales de abordar la cultura, el
idealista y el materialista; el primero ve en la
cultura el indicador de un espíritu formador
global de la vida individual y colectiva
manifestada en comportamientos y actos sociales
varios y el segundo -de inspiración marxista- la
considera como reflejo de un universo social más
amplio y determinante.
En realidad
estas visiones son herederas de las dos grandes
concepciones confrontadas en la segunda mitad del
siglo XIX: la francesa y la alemana. La primera
trataba la cultura como
"civilización", como "cultura
universal". Era un logro distintivamente
humano, progresivo y acumulativo, basado en la
razón, en la verdad, en la ciencia y en el
conocimiento. La civilización se consideraba
compleja, multifacética, cosmopolita y
materialista y sus manifestaciones debían
resistir las tradiciones culturales, la
superstición, los prejuicios irracionales, etc.
Tal como afirmaría Karl Mannheim,10 los productos culturales
debían considerarse como expresiones de una
particular política e interés económico. El
capitalismo, la política extranjera y la
situación económico-financiera de las naciones
eran factores clave en el desarrollo de las
distintas civilizaciones, que tenderían al
imperialismo cultural trascendiendo tiempo y
naciones.
Los alemanes,
por el contrario y siguiendo las explicaciones de
Adam Kupper,11 utilizaban el término
"kultur" para referirse a los valores
espirituales, a las artes y a las manualidades
creadas por el genio individual que -según N.
Elias- debía alcanzar la perfección espiritual
y su "estado cultural". Los defensores
de "kultur" tenían en cuenta las
emociones, las tradiciones nacionales y, como
indicaba A. Weber, el mundo del arte y de la
religión no tenían fines racionales a los que
servir. El capitalismo era un conjunto de fuerzas
corrosivas y vulnerables. La cultura, además, no
era cuestión de élites, sino que era la clase
media universitaria la base de los intelectuales.
Una tradición
en parte heredada por los liberales intelectuales
ingleses que, críticos de la tecnología y de la
civilización moderna propia de la
industrialización, abogaban por los valores
culturales de la tradición en el arte y la
filosofía. Tenían en cuenta "the history
of the human spirit" y consideraban que la
cultura estaba bajo la amenaza de la
civilización material y la incipiente cultura de
masas (hoy planamente arraigada). Según Kupper,
T. S. Eliot consideraba que había muchos grados
culturales en la sociedad, según individuos y
grupos, actividades e intereses y que la cultura,
en realidad, iba más allá de un arte, una
religión o un conjunto de costumbres: era la
manera de vivir juntos en un espacio. Williams,
por su parte, veía la cultura en conflicto con
un industrialismo; lo que había que hacer era
buscar un punto medio entre la tradición y lo
moderno, dejando espacio para la diversidad
cultural.
Las políticas
culturales actuales conjugan estas visiones
materialista e idealista y tienen como objeto a
la cultura vista en sentido totalizante,
antropológico y sociológico. Estas políticas
culturales se orientan por estos distintos
conceptos de civilización. Cultura y
civilización pueden surgir como términos
equivalentes, la cultura puede ser entendida como
componente de la civilización o, desde otra
perspectiva, se puede considerar la civilización
como la etapa avanzada de la cultura. La cultura,
sin embargo, no es un concepto tan pragmático:
es subjetiva y no tiene leyes universales. No
existe una naturaleza humana común y lo que hay
son distintas concepciones, desarrollos
culturales, adquisiciones, aprendizajes e
influencias. Frente a la consideración de la
cultura como ley y hecho natural tras la
publicación de la teoría de la evolución
darwinista (y que fundamentó el llamado
"nacionalismo cultural") parece ser que
al final la aceptación mayoritaria es la de la
corriente boasiana que se desarrolló en los EU y
que sentencia: "la cultura es lo que nos
hace".12
La
acción comunicativa y cultural
En el desarrollo
de estas visiones antropológicas y sociológicas
la acción comunicativa de los medios de
comunicación es vital. Siguiendo el modelo de
acción comunicativa de Jurgen Habermas podemos
decir que el mundo de la vida se compone de
cultura, sociedad y persona, siendo la cultura el
cúmulo de conocimientos que adoptan las personas
para tener un conocimiento del mundo y la acción
comunicativa el proceso interactivo de
transmisión y renovación del saber cultural; la
transferencia de la promoción de la integración
social a partir de la solidaridad y la formación
de la identidad de la solidaridad.13
La acción
comunicativa no siempre es acción cultural pero
están estrechamente interrelacionadas. Por
acción cultural en nuestra sociedad entendemos
los procedimientos (recursos humanos y
materiales) para conseguir los objetivos de una
política cultural, y ésta, a su vez, puede ser
una acción cultural de servicios (modalidades
de relaciones públicas, propaganda, publicidad,
etc.) para vender libros, espectáculos o
aproximarlos al público (o clientela) o una acción
cultural de creación, entendida como aquella
que establece puntes entre personas y obras para
la aproximación, la participación y la
creación en sí.
En esta acción
comunicativa y cultural los medios tienen un
papel fundamental. Son canales, expresión y
reflejo de las identidades colectivas y sirven de
puente entre los agentes culturales, las obras y
los públicos. Son, en definitiva, mediadores
culturales. Los medios de comunicación son
productos culturales en sí mismos acabados y por
ello son fines en sí que operan una mediación
entre los diversos sectores y modos culturales de
una sociedad.
A continuación,
una vez aclarado el concepto de cultura en
general y la acción comunicativa de los medios
en este proceso, es necesario definir qué es el
periodismo cultural y de qué manera es reflejo y
se refleja la misma cultura a través de su
ejercicio.
El
periodismo cultural
En el ámbito de
los medios de comunicación y en particular la
prensa diaria -aunque se podría considerar que
los contenidos de todas las secciones forman
parte de la cultura cotidiana de un país, como
apuntamos anteriormente- existe una acotación de
lo que se entiende por cultura y secciones
específicas bajo el nombre de este mismo
término. Así como la tradición anglosajona
prefiere agrupar y delimitar contenidos similares
en secciones como por ejemplo "arts" o
"features", la línea española opta
por calificarla como "cultura" y al
mismo tiempo distinguirla de
"espectáculos" o "sociales".
En general, se incluyen temas sobre artes
plásticas, literatura, teatro, historia,
filosofía, etc. El cine, las "rutas
culturales" (llamadas también "Guías
del Ocio") y ciertos espectáculos musicales
a veces aparecen en la sección de cultura (la de
El Universal incluye una guía de
restaurantes y de ocio y Reforma ofrece
una "Guía del Ángel" que también
abarca otras como la de TV, la educativa, una
bolsa de trabajo, la del "reventón" o
la de "autos nuevos") y en otras
ocasiones son tratadas con mayor profundidad en
secciones como la de espectáculos. Incluso a
veces un periódico ha cubierto una exposición
pictórica en la sección de sociales o un tema
eminentemente cultural se ha aprovechado para
incluirlo desde otras perspectivas en secciones
como viajes, nacional, política, etc, como fue
el caso del grito. En realidad no es el
tipo de temas sino el tratamiento adecuado de
éstos lo que les hace o no pertinentes en una u
otra sección. "El circo, por ejemplo, es
propio de espectáculos pero un enfoque estético
lo puede hacer parte de la sección
cultural", observa el periodista Roberto
Rodríguez Baños, ex-director de la revista Plural.
"Son dos tratamientos diferentes de la
cultura", observa el ex-reportero de
"El Ángel", el suplemento cultural de Reforma,
Leonardo Tarifeño, "uno que administra la
cultura (las sección diaria) y otro el que la
produce como novedad (el suplemento), y que se
distinguen por el distinto enfoque y elaboración
de los contenidos". Alberto Salamanca,
co-editor de la sección cultural de El
Universal, explica: "Aunque los
suplementos semanales analicen los temas a fondo
y nosotros estemos pensando en un público más
popular y cercano, también intentamos abrir
espacios de reflexión, incluir ciertos
reportajes y entrevistas desde otros enfoques,
con la lógica limitación del espacio y del
tiempo. Del mismo modo, también pasamos
información y contenidos a otras secciones para
que sean tratados desde otra perspectiva". Y
añade: "Respecto a las guías de
restaurantes y de ocio, en primer lugar no las
incluimos siempre y en segundo lugar consideramos
que puede ser información de utilidad que
obedece a unos gustos y a unas ocupaciones
culturales".
Ciertos géneros
y temas culturales en profundidad se dejan para
los suplementos culturales semanales ("La
Jornada Semanal", "Él Ángel, Revista
Cultural" de Reforma, el suplemento de El
Universal...) evidenciando dos tratamientos
distintos de abordar la cultura: uno aferrado a
una actualidad, el del día a día, más cercano
al público en general y con una visión más
mercantilista de la cultura, y otro más
reposado, profundo y dirigido a un público más
preparado y minoritario; el primero utiliza el
género de la noticia, la crónica y el reportaje
y entrevista corto, mientras que el segundo, en
general, suele basarse en el ensayo, el reportaje
y la entrevista de fondo, mostrando productos
culturales con una visión -al menos de
contenido- más extensa y crítica.
Los medios, como
apuntábamos, ejercen una acción cultural,
aunque ésta puede ser entendida como de
servicios o de creación: por una
parte, muestran, aproximan e invitan a la
reflexión de los lectores sobre las obras
difundidas; por otro, sirven también para su
misma promoción e incluso compra de los mismos
productos que tratan. A veces, las dos funciones
se pueden mezclar, como en el caso de Reforma
respecto a los perfumes de Frida Kahlo y Diego
Rivera. Para Alberto Salamanca, este ejemplo
puede haber sido un error de criterio
periodístico: "A mi también me llegó la
invitación de la presentación y consideré que
no era un tema para la sección cultural, ya que
suponía caer en lo que se quiere criticar, es
decir, en la promoción de un producto
vulgarizado. Aunque fui criticado, finalmente no
tratamos el tema y se lo pasamos a la sección de
"Pasiones", que trata este tipo de
cuestiones, más de moda". "Yo no lo
hubiera enfocado como lo hizo la sección
cultural diaria de mi periódico, pero es grave
negar una noticia. Todo depende de la forma en la
que mires y trates un tema", comenta
Tarifeño.
Para el
periodista Jorge B. Rivera, experto en periodismo
cultural, en el ámbito teórico "el
periodismo cultural corre los mismos riesgos que
la alta costura e incluso el prêt-a-porter,
especialmente porque con frecuencia lo dominan
los influjos de la moda. Un periodismo que se
predica a sí mismo como más estable y
permanente que su par de las efímeras
´informaciones generales´, termina pareciendo
tan rancio y anacrónico como éste al cabo de
poco tiempo. La tarea de la cultura consiste en
producir tanto saber especializado como
espontáneo y difuso, y citando a Umberto Eco en La
estrategia de la ilusión "una cultura
que no origina modas es una cultura
estática".14
Los contenidos
de las secciones, así como sus referentes, son
tratados como "productos culturales";
expresan ideas, valores, actitudes y creatividad
artística y ofrecen entretenimiento,
información o análisis sobre el presente, el
pasado (historiografía) o el futuro
(prospectiva, intuición, probabilidad), ya
tengan un origen popular (como la artesanía o
ciertas costumbres, como la del Grito de la
Independencia), sean productos masivos (discos,
los perfumes de Kahlo-Rivera) o aquellos propios
de públicos más restringidos (poesía,
pintura...). El producto cultural se consume y se
distingue del bien cultural -quizás menos
tratado en general en las secciones de prensa-
que se vincula con la noción de un patrimonio
personal o colectivo que no podría ser cambiado
por moneda.
Por eso mismo,
sin embargo, no habría que excederse en las
leyes del mercado ni caer en contradicciones como
las acontecidas por el lanzamiento de los
perfumes Kahlo-Rivera. Un "problema
cultural" de consideración como ése se
critica a toda página pero a la vez se
contribuye a su promoción (El Reforma ofrece
hasta la "ficha técnica" de los
perfumes con los datos sobre su aroma, tamaño y
precio). Las secciones culturales muestran
también otros hechos que apuntan hacia su
sentido, orientación y objetivos mercantilistas
o materialistas, como la promoción de libros de
ciertas editoriales y el tipo de publicidad que
se paga coincidente con la mayor cobertura de
ciertos temas o actos sociales y culturales.
"Una editorial te da un anuncio si hablas
bien de ella, pero cuando hay una crítica,
entonces ya no te compran espacios. Hay que
cuidarse de no pisarle los callos a nadie, porque
te quitan la publicidad. Por eso Octavio Paz
decía que una revista debía hacerse de manera
humilde, elemental, que tuviera textos legibles,
bien cuidados; de esta manera, la ilustración es
lo de menos", comenta Huberto Batis,
director durante muchos años del suplemento
"Sábado", del diario Unomásuno.15 Tampoco faltan
incongruencias, como la que señala Christian
Kupchik, periodista cultural argentino que
colabora con numerosos suplementos y secciones
culturales de todo el mundo, entre ellas la de Reforma:
"¿por qué los libros ocupan tanto espacio
si el número de lectores es mínimo? ¿Por qué
Planeta y Santillana tienen tanto protagonismo?
Se promocionan demasiados títulos extranjeros y
se apoya poco a las firmas mexicanas, más allá
de las consagradas. Casi nadie se cuestiona el
hecho de que México sólo se publiquen en
realidad 30 opera-prima de autores mexicanos
entre todas las editoriales".
Para muchos la
desproporción en la difusión de productos
culturales extranjeros y nacionales es notoria,
así como la compra de libros respecto a la
lectura de libros y la marginación de géneros
como la poesía. "Como decía el poeta
argentino Guillermo Bodio, la poesía no se
vende porque la poesía no se vende",
añade Kupchik, y termina: "los modistos
y cocineros culturales también transmiten y
decodifican la cultura. Son un síntoma social y
muestran un parte cultural de la sociedad. La
cultura es y puede ser comercial pero no hay que
excederse" . Tarifeño, respecto a esta
cuestión, opina: "aquí no hay
favoritismos, pero sí banderías. Es algo muy
mexicano. Algunos autores consagrados escriben
para no ser leídos o reciclan lo que tienen. Es
una cuestión de prestigio y de promoción, como
el dicho de que es tan genio que ya no escribe
. Sin embargo no es exagerado el espacio
dedicado a la literatura, ya que tiene mucho
prestigio -pasear con un periódico y o un libro
bajo el brazo está muy bien visto en México- y
lo que hay es una hiperproducción, como me
comentaba el otro día el editor Jorge Herralde.
Salen muchos libros y el problema es que el
lector no se entera".
Roberto
Rodríguez Baños, por su parte, opina que las
secciones culturales que "no están tratando
de hacer a la gente culta sino transmitir una
serie de experiencias. A mi hay cosas que me
gustan, pero simplemente eso. No espero más. El
problema está en que algunos creen que la
cultura es la guinda que se le pone al Martini y
al final se cae en la mediocridad". Algo
respecto a lo que, sin embargo, Alberto Salamanca
difiere y puntualiza: "la publicidad no nos
condiciona la cobertura de temas y no siempre
tenemos una visión materialista. De alguna
manera se busca un equilibrio sin olvidar que,
evidentemente, el periodismo también es un
negocio y debe ser rentable. La nueva directiva
de El Universal quería suprimir la
sección, pero se realizó un estudio con grupos
de enfoque y se demostró que el público la
demandaba. Por otra parte, los estudios de
mercado demostraron que también era rentable,
que también vendía. De hecho en los últimos
meses la publicidad ha aumentado y por ello el
número de páginas. Se ha terminado con una de
las ´grandes verdades` que afirmaban la poca
rentabilidad de la sección cultural y se ha
iniciado un nuevo fenómeno".
Algo, sin
embargo, que no ha ocurrido en el terreno de las
revistas culturales; en los últimos meses, Equis,
cultura y sociedad, Viceversa y Poliéster
(de artes plásticas y visuales) han desaparecido
de la circulación. "La cultura es una
especie de trampa porque no vende y por eso no
vale la pena impulsarla. Como no se impulsa no
crece y como no crece no vende", afirma
Rafael Pérez Gay, responsable de la edición de
la revista Nexos". Braulio Peralta,
ex director de Equis, cultura y sociedad,
explica: "a finales de los ochenta y los
noventa, México empezó a tener otro tipo de
visión, donde periódicos y revistas, incluidas
las publicaciones culturales, empezaron a verse
como una posibilidad de negocio. Hay que ser
realistas, las cuestión económica es el fondo
de todo, por esa razón muchos diarios no tienen,
por ejemplo, suplementos culturales y están
desapareciendo publicaciones de ese corte, porque
se cree que la cultura no es rentable, pero yo
insisto, si hay algo rentable en el periodismo es
la cultura".16
En este contexto
el tratamiento de la cultura presenta el
carácter mercantil y materialista más próximo
al concepto de cultura universal francés que al
de la cultura como expresión espiritual germana.
Los "productos culturales" son en
muchos casos productos propios de la cultura de
masas y de la misma globalización cultural.
Desde el punto de vista de las formas culturales
tradicionales, se observa claramente una
uniformidad de la sensibilidad. En la mayoría de
ocasiones no se busca un cultivo del espíritu
como se consideraba en la Alemania del XIX
("kultur") sino más bien un
entretenimiento, una ocupación para ratos de
ocio, primando la visión materialista de la
cultura frente a la idealista.17
Pero todas estas
maneras, más o menos válidas o discutibles,
mesuradas o excesivas, constituyen el llamado
periodismo cultural, definido por Iván Tubau
como "la forma de conocer y difundir los
productos culturales de una sociedad a través de
los medios masivos de Comunicación"18 y por el periodista e
investigador argentino, Jorge Rivera, como
"una zona compleja y heterogénea de medios,
géneros y productos que abordan con propósitos
creativos, críticos, reproductivos o
divulgativos los terrenos de las ´bellas
artes´, de las ´bellas letras´, las corrientes
del pensamiento, las ciencias sociales y humanas,
la llamada cultura popular y muchos otros
aspectos que tienen que ver con la producción,
circulación y consumo de bienes simbólicos, sin
importar su origen o destinación
estamental".
Entonces,
¿cómo distinguir el buen periodismo cultural?
"Mi punto de vista personal puede resumirse
de la siguiente manera (que no impongo al
lector): el mejor periodismo cultural es aquel
que refleja lealmente las problemáticas globales
de una época, satisface demandas sociales
concretas e interpreta dinámicamente la
creatividad potencial del hombre y la sociedad
(tal como se expresa en campos tan variados como
las artes, las ideas, las letras, las creencias,
las técnicas, etcétera), apelando para ello a
un bagaje de información, un tono, un estilo y
un enfoque adecuado a la materia tratada y a las
características del público elegido)".19
El lector, pues,
ha de ser crítico tanto en la selección como en
el tratamiento de los productos culturales de las
secciones, suplementos y revistas de los medios.
El periodista de cultura, por su parte, deberá
demostrar a diario su capacidad y criterio
profesionales.
El
periodista cultural como antropólogo social
La cultura ha
acabado siendo la conciencia colectiva de las
ciencias sociales y los antropólogos han sido
designados para su estudio, de ahí que se llegue
a afirmar, como A. Kupper, que prácticamente
todo aquel que escribe sobre temas sociales
debería ser contado como antropólogo. Los
periodistas son considerados por muchos los
"antropólogos del día a día" y han
ido adquiriendo fuerza en este sentido. El
prestigioso periodista y escritor polaco Ryzard
Kapuscinski afirmaba ante un auditorio de futuros
periodistas20 que sus fuentes deben
ser los documentos y el mundo y que éste último
debe ser descifrado a partir de la lógica y de
la sensibilidad. A lo que se escribe se le tiene
que agregar rasgos de las demás artes y
construir el mundo recuperando la identidad y la
memoria colectivas. "El antropólogo
tradicional ha cambiado. Somos ciudadanos de un
mundo cada vez más McDonaldizado. En el
ámbito cultural se han olvidado los autores,
compositores, obras del pasado. Los autores vivos
solapan a los muertos y se ha perdido la memoria.
El periodista debería recuperarla con un sentido
de responsabilidad".
La
características del periodista cultural
coinciden con las del etnógrafo en líneas
generales que matizaremos más adelante. Luis
Jesús Galindo Cáceres explica que éste
requiere tiempo para su formación y una
capacidad de observación especial. De la mirada
se ha pasado al sentido, se ha puesto énfasis en
un universo semiótico nuevo que aúna todos los
lenguajes (el visual, el natural, etc.); el
oficio requiere una gran capacidad de lectura y
de impresión del mundo exterior en el interior,
de su fuerza expresiva y del dominio de sus
formas en la exteriorización textual de lo
configurado sobre la impresión. La etnografía,
en definitiva, es "un camino hacia la
comunicación".21
En líneas
generales se considera que el periodista cultural
necesita poseer una cultura de carácter general
que le permita identificar y correlacionar
fenómenos, épocas, autores y obras
significativas en el plano local y universal y en
segundo término una fuerte dosis de observación
y creatividad o, en su defecto, una capacidad
para sistematizar y sintetizar procesos complejos
en una fórmula comunicacional. Algunas
cualidades son personales y otras producto de una
formación específica, pero casi todos los
teóricos y periodistas coinciden en señalar que
ninguna formación suplirá el interés profundo
sobre las problemáticas culturales ni la
vocación. "Es necesario que tenga una
mirada oblicua, una curiosidad sistemática y
transmitida", opina Christian Kupchik.
"Yo destacaría el interés y la
curiosidad", apunta Alberto Salamanca.
"Lo más importante es que tenga interés,
curiosidad y suerte y una actitud profesional
adecuada; que busque y desarrolle nuevas
ideas", añade Tarifeño.
Históricamente
el grueso de los integrantes del universo del
periodismo cultural estaba integrado por
intelectuales y artistas, es decir, personas que
no estaban vinculadas necesariamente a la
producción periodística; en la actualidad, sin
embargo, cada vez son más las firmas de
periodistas-reporteros que llenan páginas de
secciones culturales diarias junto a
colaboradores, en muchos casos, con experiencia
en medios. El cambio se va notando poco a poco y
si bien antes los literatos pasaban a ser
periodistas para ganarse el sustento, ahora son
muchas veces los periodistas los que se
convierten en escritores con el paso del tiempo.
Aún así, las
contradicciones y problemas del periodismo
cultural también son evidentes. Más que una
especialización periodística, existe en
principio una "seccionalización" del
trabajo. La especialización se adquiere con el
tiempo y la falta de interés por la cultura y el
nivel mismo de cultura por parte del periodista
son motivo de queja por parte de los responsables
de los medios. Como hemos apuntado, la formación
universitaria no siempre es equivalente a
profesionalidad o garantía de calidad
profesional. Los jóvenes periodistas son
atraídos por medios como la TV o la radio o por
secciones como los deportes o la política.
"El desinterés de los jóvenes por trabajar
en la sección de cultura es un fenómeno actual
y desafortunadamente no sabemos a qué se debe.
Cada vez tenemos más páginas y más
consideración en el ámbito periodístico, pero
profesionalmente no parece tan atrayente. Además
el nivel de capacidad y de cultura requeridos son
distintos y hay que realizar un esfuerzo
adicional. No es lo mismo cubrir una conferencia
de López Obrador que realizar una entrevista de
profundidad a un escritor que requiere estudio y
contextualización", explica Alberto
Salamanca. Además, y como punto importante, los
periodistas culturales en ocasiones están peor
pagados en relación a compañeros de otras
secciones y la inversión de recursos por parte
de la dirección suele ser menor, tardía y
secundaria, como parece ser el caso de El
Universal. "El problema es que aquí se
considera el periodismo cultural como algo
secundario. Hay escritores pero faltan
reporteros, en realidad no existe un periodismo
cultural como tal. Hay mucho cinismo y
egocentrismo y no se encuentra mucha gente que
sepa escribir bien. No hay movilidad y es
difícil que surjan periodistas culturales como
Fernando Benítez o Villoro, por poner dos
ejemplos. Además, los dueños de los medios ni
siquiera son periodistas, con lo cual no
comparten una visión profesional", añade
Tarifeño.
La
consideración y valoración del periodista
cultural es una asignatura pendiente dada su
importancia social como mediador cultural. En
teoría ellos muestran la cultura y por otro lado
la critican, la analizan sistemáticamente. Unas
veces de forma valorativa, desarrollándola e
incluso cambiándola, y por otro de forma
comprensiva y situacional, buscando entender y
ubicar la obra en su contexto y en su lenguaje.
Siguiendo el liberalismo cultural, en este
sentido la crítica de la cultura debería
distinguir lo bueno y lo malo, la obra de arte y
el producto comercial. Las secciones culturales
de los periódicos intentan hacerlo día a día
con mayor o menor fortuna a partir, sobre todo,
de notas informativas; los suplementos semanales
y las revistas lo hacen con más profundidad y
análisis, dada la periodicidad y los géneros
con los que se trabaja generalmente: el reportaje
en profundidad, el ensayo y la entrevista a
fondo. Éstos últimos seguirían la línea
idealista y alemana de la cultura que exponíamos
al explicar el concepto de cultura, al acotar a
un sector de lectores más "elitista",
entendido y formado, mientras que las secciones
culturales estarían dentro de la línea más
materialista, popular y cercana a un lector
medio, más estandarizado.
En relación a
esto el hábito cultural de los públicos es
esencial, es decir, el fomento de las actividades
de recepción cultural. Existen diversos tipos de
públicos y por ello deben existir distintos
tipos de producción y mediación cultural. Las
secciones de cultura deben tener claro el perfil
cultural de su lector y éstos el tipo de
publicación cultural con la que se encuentran.
Por ello, los mismos medios se encargan de
elaborar estudios para ver el perfil y las
preferencias de sus lectores. "Nuestro
público se sitúa entre los 18 y 35 años y
tiene formación secundaria y
universitaria", explica Alberto Salamanca,
"su perfil queda delimitado por estudios de
audiencia realizados con cierta
periodicidad". Reforma también
realiza estudios sobre el perfil de los lectores
y aunque admite cierta diferencia entre el
público de los suplementos y de las secciones,
tampoco considera que haya una diferencia
radical. "El lector del suplemento también
echa un vistazo a la sección cultural diaria
para ver qué ocurre", apunta Tarifeño.
Una vez más, el
periodista cultural hace las veces de
antropólogo social. Afortunadamente, el
periodista cultural que novela Antonio Tabucchi
en Sostiene Pereira, un ser retraído,
descontextualizado, minusvalorado, solitario y
ajeno a su entorno social que en alguna época
llegó a ser real, está desapareciendo...
Un
breve recorrido por el periodismo cultural
mexicano
"El
periódico constituye un producto utilitario de
la antropología social", afirma Rodríguez
Baños. Todo periodista tiene parte de
antropólogo social y por ello puede analizar su
trabajo a partir del método comparativo
etnográfico en su perspectiva sincrónica y
diacrónica, según el desarrollo teórico
expuesto por Marvin Harris.22 Por una parte este
método ayuda a describir el objeto de estudio y
a encontrar similitudes y diferencias entre los
medios y por la otra valora lo distinto y lo
anterior a los fenómenos actuales. Desde una
perspectiva sincrónica se pueden comparar en
líneas generales de las secciones diarias de los
tres periódicos diarios más importantes de
México (Reforma, La Jornada y El
Universal) y desde una perspectiva
diacrónica conocer los precedentes generales de
estas secciones en las últimas décadas,
siguiendo la afirmación de Comte de que
"ningún concepto puede ser entendido más
que a través de su historia". El estudioso
del periodismo, el periodista y el etnógrafo,
pues, pueden coincidir en su actitud hacia el
mundo y en la forma de abordarlo.
El método
etnográfico suele requerir más tiempo, más
espacio y más recursos, a la vez que sus
objetivos y destinatarios son distintos, pero
aún así, el estudioso que aborda un ensayo y el
periodista que elabora una investigación
comparten con el etnógrafo, por ejemplo, una
visión a priori en el menú de opciones
estratégicas de un programa metodológico.
Este programa se
configura en dos fases, una especulativa y
abstracta y otra de definición operativa; un
investigador evalúa las opciones posibles y las
considera según sus recursos y energías
disponibles. Se trata de optar por lo justo aún
con el riesgo de no tener éxito. El programa
metodológico supone una correspondencia entre
criterios de tipo lógico y técnico de manejo,
obtención, registro de información y criterios
de tipo administrativo de recuerdos materiales
necesarios. En esto el etnógrafo no puede tener
prisa, pero coincide con el periodista y con el
investigador en el programa mínimo, que supone
llegar, estar, recoger la mayor cantidad posible
de información, vivir intensamente, reflexionar,
reconstruir y llegar a una propuesta
configurativa; utilizar audio, video y otras
tecnologías para observar y registrar, indagar
historias de vida, realizar entrevistas de fondo,
imaginar, analizar, comparar, describir,
explicar, etc. El periodista normalmente
dispondrá de menos tiempo, no podrá hacer un
trabajo de campo tan exhaustivo y en muchas
ocasiones no podrá salir de una oficina o de un
espacio predeterminado; tampoco dispondrá de
tantos recursos y su objetivo no será establecer
una hipótesis o describir una situación a fin
de detectar un problema, sino acoplarse a un
género determinado de características
compositivas determinadas y destinado a la
lectura de un lector que busca, ante todo,
información. Pese a ello, la actitud respecto al
mundo será similar, indagando la vida con una
mirada observadora y con una capacidad especial
para estar en el lugar del otro. Aceptando,
además, "que la verdad no existe, sólo
contamos con efectos de sentido y los mundos
posibles que habilitan. (...) El sentido se
sumerge en el lenguaje y la cultura en una
perspectiva amplia y total, al tiempo que
particular y restringida". La etnografía se
reconfigura, así, en comunicación.23
Una perspectiva
diacrónica
Empezando por la
perspectiva diacrónica y rastreando en la
historia general de los diarios y revistas de
Latinoamérica, germen del periodismo cultural,
se observa que la prensa nace y se consolida
entre los siglos XVII y XVIII con periódicos
importantes como la Gaceta y el Mercurio
de México, los papeles mexicanos de José
Antonio Alzate, la Gaceta de Lima, El Papel
Periódico de Cuba o el Mercurio Volante
(México), la mayoría en la línea del cultivo
de las líneas de "las artes y las
ciencias". Paulatinamente fueron apareciendo
otros El Renacimiento (México), que
fueron delineando muchos proyectos de periodismo
cultural que se afirmaron por fin a finales del
XIX y principios del XX, con revistas como La
Biblioteca, México Moderno y Martín
Fierro (Buenos Aires), Amauta (Lima) y
en México la Revista Azul y Cuadernos
Americanos.
Esta última fue
de especial importancia en México por su
envergadura, su continuidad y la índole de sus
aportes al campo de las artes, las letras y el
pensamiento científico y humanístico. Fundada
en 1942 por el mexicano Jesús Silva Herzog, la
revista se convirtió en la más prestigiosa
junto con dos fundaciones contemporáneas: El
Colegio de México y el Fondo de Cultura
Económica. La revista contó con colaboradores
como Alfonso Caso, Alfonso Reyes, Octavio Paz,
Julio Cortázar, etc, y abarcó las cuestiones
específicas del ámbito cultural y problemático
latinoamericano.
Cuatro años
después empezaron a surgir los suplementos
culturales de los periódicos. Fernando Benítez,
uno de los máximos exponentes del periodismo
cultural, director de suplementos durante más de
30 años, explicaba en una entrevista los
comienzos: "la primera idea de suplemento me
vino en 1936 al descubrir las secciones
dominicales de los grandes diarios argentinos.
Diez años después, fui director de El
Nacional y creé un suplemento cultural que
sería dirigido por Juan Rejano".24 En 1949, como director
de Novedades, creará el suplemento México
en la cultura, dentro de la corriente
antropológica. Respecto a esto, hay que destacar
la influencia de esta disciplina en la décadas
de los treinta y cuarenta en relación a la
corriente del marxismo dialéctico. El
antropólogo Ricardo Pozas publicó en 1954 su
tesis Juan Pérez Jolote en esta línea, al
plasmar la vida de una sociedad primitiva pero
dinámica a través de un testimonio, siguiendo
un método científico-social y lógico, carente
de literatura o a aditamentos. Como respuesta,
Octavio Paz publicaría más tarde El
laberinto de la Soledad, obra que dibujaría
otra tendencia sociológica, el pensamiento
mágico y el análisis sociológico provisto de
carácter literario.
En la década de
los cincuenta y de los sesenta las revistas y los
suplementos culturales de algunos periódicos se
convirtieron en influyentes foros para la
polémica crítica en torno a la cultura
política en México y a las tendencias
culturales. A principios de los cincuenta se
publicó la revista Problemas agrícolas e
industriales de México, dirigida por Manuel
Marcue Pardiñas, la cual trataba la cultura como
tema social y bajo una perspectiva marxista. Bajo
el patrocinio de Novedades también se
editó un folletín semanal de cuentos (El
cuento), la Revista Mexicana de la Cultura
del periódico El Universal (visión
de la tradición cultural literaria con mayor
liberalidad y amplitud) o El gallo ilustrado del
periódico El Día.
En los años
sesenta apareció la revista semanal Política,
dirigida por Manuel Marcúe Pardiñas, con una
sección cultural muy desarrollada y culta.
Destacó también la revista Siempre!, dirigida
desde 1962 a 1972 por Fernando Benítez y
polémica por su posición política ante la
revolución cubana y su resistencia ante la
censura y la intolerancia moralina. En esa época
también aparecería la revista de intelectuales Espejo,
dirigida por el periodista y escritor Luis Spota
y orientada a problemas políticos y sociales, y
a finales de esa década la revista Plural (Octavio
Paz), propiedad de Excélsior.
Posteriormente aparecerían Vuelta, Letras
Libres y Nexos, actualmente revistas
culturales de referencia con una orientación
sobre todo literaria.
En las dos
últimas décadas los periódicos han ido creando
sus propios suplementos culturales y las revistas
culturales que generalmente aparecen los fines de
semana. Un caso notorio fue el del suplemento
"El Búho", que apareció en el
periódico Excélsior entre 1985 y 1999 y
que pese a su importancia fue cerrado por
vicisitudes internas y preferencias a la hora de
elegir temas y autores.
En la actualidad
los tres periódicos principales de México -Reforma,
La Jornada y El Universal- dedican a
la cultura entre 4 y 6 páginas diarias y un
suplemento o revista semanal. Las secciones
diarias tienen un carácter más comercial:
"la nueva directiva de El Universal que
entró a finales de 2002 quería suprimir la
sección cultural pero se hizo un estudio de
mercado y se llegó a la conclusión de que
también resulta rentable. Tanto es así que la
publicidad ha aumentado y con ella vamos a sumar
otras dos páginas a la sección este mismo fin
de semana. Y es que la cultura también
vende", comenta Alberto Salamanca.
Otra diferencia
respecto a las primeras publicaciones es que los
contenidos de los suplementos carecen en la
actualidad de las tendencias y polémicas que
suscitaban sus predecesores. "En 1958
publicamos dibujos de Elvira Gascón del poema
John Donne, ´Going Bed´ y se nos acusó de
hacer pornografía", explicaba Benítez,
despedido en 1961 de Novedades por
publicar textos de la revolución cubana".
"Aquella época respondía a otra situación
política. Ahora intentamos retomar la discusión
entre artistas y poder cuando surge alguna
ocasión. No tenemos imposiciones por parte de la
dirección ni otra entidad y cuando algún hecho
es motivo de polémica lo tratamos sin problemas.
Si existe la posibilidad de que Castro venga a la
Feria Internacional del Libro como representante
del país invitado, lo publicamos sin
problemas", asegura Alberto Salamanca.
"A mí no me deslumbra la pugna política
que había antes. Los principales periódicos de
la nación representaban el antiperiodismo, un
periodismo de intención. Ahora tenemos otro
contexto y otros objetivos. El problema actual es
que no hay competitividad, hay pocas primicias
culturales y mucha homogeneización",
explica el co-editor de "El Ángel".
Una
perspectiva sincrónica
Este método
consiste en la comparación de un hecho o
contenido en el mismo tiempo. En este caso,
podemos comparar las secciones culturales de los
tres periódicos en líneas generales y ver cómo
tratan un tema en un mismo día. Por ejemplo, el
del grito, el día de la Independencia, un
hecho histórico, social y cultural para todo
mexicano y punto álgido de las Fiestas Patrias
del mes de septiembre.
Si observamos
las publicaciones correspondientes al día 15 de
septiembre, veremos que el tratamiento varia. El
periódico La Jornada no le da demasiada
cobertura pero abre la sección de cultura, de 5
páginas, con un breve ensayo sobre la vigencia
del independentista cura Hidalgo titulado
"Vigencia de Hidalgo", de José
Steinsleger, y con una extensión de dos
páginas. El trabajo aborda la Independencia
desde una perspectiva analítica con la
pretensión de conocer el "para qué"
de aquel momento histórico. La sección no
vuelve a tratar el tema ni es motivo de portada y
el periódico no se publica el lunes por ser
Fiesta Nacional.
En cambio El
Universal y el Reforma le dan una
cobertura muy amplia. Bastante parecidos en la
maquetación de la sección, en el espacio
destinado a las fotografías y recursos gráficos
y en la publicación a color, ambos ponen el tema
en portada. El Universal titula "El
México que cuentan los niños" y remite al
lector a la sección de cultura, además de
referirse a la Independencia en temas como los
nombres de héroes que cada vez son más
olvidados a la hora de registrar a los niños. En
páginas interiores de la sección de cultura,
titulan a todo color: "México visto por los
niños", donde a través de la mirada de los
más pequeños se describen las costumbres y las
tradiciones de varias comunidades indígenas,
"describiéndose parte de la riqueza
cultural pero también de la realidad
social". El enfoque popular y antropológico
del tema es evidente y tampoco se descuida su
relación con otros ámbitos, como el cine. La
segunda página de la sección está ocupada por
un reportaje sobre las películas de la
independencia titulado "Cine y patriotismo,
mitología compartida", escrito por Juan
Solís, así como una guía de actos culturales
presentada como "La tentación de cada
día". En la tercera página se incluye un
artículo, "Los héroes de cartón",
del historiador y secretario de Cultura de la
Ciudad de México, Enrique Semo Calev, en el que
habla de la reinterpretación generacional de los
héroes de la historia mexicana. Respecto al día
posterior al Grito, el 16 de septiembre, el tema
es parte de otras secciones que aparecen también
en portada, más ligadas a la actualidad, a los
actos realizados el día anterior. "Es por
México" se trata en las secciones El Mundo
y México.
El 15 de
septiembre el Reforma también reserva un
espacio para la Independencia en portada, de
forma más amplia y diversa. Se remite a la
sección de Viajes con el título "Símbolos
de Independencia" (recintos recomendables
para viajar que guardan las esencia de los
héroes que lucharon por México), a la de
Nacional ("Dividen naturalizados amor entre
dos países") a la de Ciudad
("Tronarán 3 mil cohetes en el Zócalo y
"El Grito en Garibaldi" y a la Revista
Cultural ("Matarse por arraigo"). Esta
última, que cuenta con siete páginas, dedica a
las Fiestas Patrias en la primera página un
reportaje sobre el tequila, la "bebida
patriótica" frente a la cerveza, la
"bebida nacional". El enfoque se
explica por el título del especial: "La
cultura y el alcohol" y se incluye en la
sección un artículo de Fernando de Ita,
consejero editorial de El Ángel (la
revista cultural), titulado
"Tequilacrán", y otro de Mauricio
Hammer, "Vinos mexicanos: Al ritmo de la
música" y de Rafael Aviña,
"Dipsomanía fílmica". En cuanto al
día 16 de septiembre, la Independencia es tema
de portada para otras secciones, como Nacional,
Negocios y Ciudad.
En las secciones
culturales de estos dos periódicos se pueden
detectar "survivals", siguiendo la
terminología antropológica y la definición de
Malinowsky como un rasgo cultural que no encaja
en su medio cultural, y que más que funcionar,
persiste, sin armonizar con la naturaleza que le
rodea. Al igual que hay fenómenos que se repiten
a lo largo de la historia sin las condiciones
originarias, en las secciones encontramos
igualmente rasgos que perviven, y que como
indicaba Tylor, pueden tener funciones
recreativas o estéticas. Es el caso, por
ejemplo, de la utilización de recursos gráficos
como las viñetas y los dibujos y los cintillos y
ciertos recursos tipográficos.
Pero finalmente,
las semejanzas -sobre todo entre El Universal y
Reforma- son más que las diferencias:
número aproximado de páginas, maquetación,
módulos dedicados a las fotografías, reseñas
bibliográficas, artículos de opinión,
publicidad, planteamientos y contenidos
atractivos para un público similar. En este
sentido y siguiendo los rasgos etnográficos, se
produciría un "evolucionismo
unilineal" según Tylor y Morgan (las
necesidades humanas en condiciones similares han
sido esencialmente las mismas) y a la vez
convergente y paralelo. El objetivo último de
las tres secciones, salvando las distancias:
reflejar un hecho social y cultural de forma
atrayente e interesante a fin de ocupar un
espacio determinado por la publicación y la
publicidad y cumplir con la información y
entretenimiento del público mexicano.
La
cultura del periodismo cultural
La
comercialización y homogeneización de los
productos culturales en plena época de
globalización es evidente. Salvando las lógicas
diferencias de criterio y la profundidad y
especialización de las secciones culturales, de
los suplementos y de las revistas, el lector no
tiene mucha variedad para poder elegir. Los
contenidos y los enfoques varían poco y en
general se busca lo atrayente, lo interesante y
lo más respaldado por otros actores culturales
(instituciones, empresas, asociaciones,
editoriales...). Las secciones culturales buscan
informar y llamar la atención sobre un hecho
cultural y los suplementos y revistas profundizar
sobre un tema determinado que tenga un vínculo
con la actualidad y además informar
críticamente, sobre todo, acerca de novedades
editoriales. Todos -y especialmente los primeros-
se sirven de prácticamente las mismas fuentes de
información (notas, información provista por
los gabinetes de comunicación, entrevistas
concertadas que forman parte de una promoción y
difusión en los medios orquestada por una
empresa) y acaban destinando más o menos el
mismo espacio a los mismos contenidos, difiriendo
en las firmas (opiniones, ensayos) y en ciertos
criterios y enfoques.
El carácter
mercantilista de la cultura es aceptado por la
mayoría como lógico e inevitable pero no hay
que caer en excesos. El hecho de que la cultura
se quiera aproximar a un público general propio
de una sociedad de masas no debe llevar a la
disminución del rigor y el análisis de los
contenidos propios de una sección cultural. El
hecho de que las revistas y suplementos
culturales vayan especializándose en los
contenidos que tradicionalmente han sido
considerados por sus características y
tratamiento propios de un medio cultural (las
artes en general, los temas científicos y
humanísticos propios de un público más
elitista) no debe evitar hacer una reflexión y
un replanteamiento de lo que se considera cultura
y periodismo cultural. La diversificación y
especialización de medios es evidente, pero las
secciones diarias de cultura son las que van
recreando el universo cultural más cercano a la
población y de alguna manera van a condicionar y
delimitar la permanencia, los recursos para la
ampliación y los futuros lectores de los medios
más rigurosos.
Los estudiosos
de las ciencias sociales y los teóricos del
periodismo llegan a establecer definiciones de
cultura y periodismo cultural, pero en el ámbito
de la práctica estas cuestiones no se
reflexionan. La antiguas generaciones de
periodistas se van retirando con cierto pesimismo
y cansancio, con cierta nostalgia por aquel
periodismo cultural de tendencia polémico,
mientras las nuevas, pese a su formación
académica, van perdiendo el interés por una
sección aparentemente menos atractiva que el
resto. Paradójicamente pueden tener una cultura
básica bastante limitada y mucho más práctica.
Las nuevas tecnologías y la economía de mercado
están cambiando perfiles y formas de trabajo,
están aumentando los públicos, pero al mismo
tiempo están difuminando el universo social y
atrapándolo en un esfera homogénea y global.
"Hay un retroceso de lo cultural ante lo
farandulesco, lo político o lo del espectáculo,
y una gran incidencia de gente que viene de una
academia a su vez vaciada de libido productiva,
que cree que basta con ejercer cierto cancherismo
light para ser, digamos, periodista
cultural. El resultado es lo contrario al
periodismo cultural: aburrimiento y previsión,
lo contrario de las curiosidad yel cruce, o
incluso el placer que comunica el arte (no el
oficio ni el trabajo) de informar", explica
Elvio E. Gandolfo, crítico y periodista cultural
argentino.25
Los periodistas
culturales más veteranos pueden describir
tendencias e improvisar una descripción de lo
que es para ellos la cultura; los más jóvenes
titubean y describen una forma de hacer para
ellos la cultura, no la cultura en sí. ¿Qué es
la cultura? sigue siendo una pregunta en el aire
y más bien parecen haber culturas particulares,
culturas creadas o adaptadas según recursos y
objetivos y culturas que constituyen un cajón de
sastre para todo tipo de hechos sociales.
El periodista
cultura deberá ir alcanzando mayor entidad y
profesionalismo dado que es el que firma las
notas culturales diarias y no el literato o el
intelectual. Por una parte, sería conveniente
crear líneas de investigación académicas sobre
el periodismo cultural, incluirlo en planes de
estudio y tener un marco teórico referencial
sobre su desarrollo e importancia social y
periodística. Los responsables de los medios de
comunicación deberán concienciarse de su papel,
motivar a los profesional con capacidad e
interés en este campo y ofrecerles, además, una
situación laboral similar a la del resto de
compañeros, como una cuestión de cultura
periodística.
Todo medio de
comunicación es una empresa pero no hay que
perder de vista los valores sociales. La cultura
nos hace y debe estar en constante revisión,
crear tendencias y renovarse con polémicas y
debates. "Ahora como lector advierto que no
hay debate, ni juicios de valor, ni peleas de
grupos en el periodismo cultural y especialmente
en el literario. La producción y el consumo de
literatura están enérgicamente controlados por
una tríada invulnerable: la universidad (con sus
carreras de Letras), los suplementos culturales
especializados y las asesorías literarias de las
grandes editoriales). Nunca en el pasado estas
tres fuerzas coincidieron tanto en sus gustos y
sus prejuicios. Por supuesto que hay matices
internos y pequeños conflictos de intereses,
pero nada conmueve la solidaridad central de este
mandarinato. Me gustaban más los viejos tiempos
de debates e incertidumbres, pero quizás este
sentimiento sea sólo efecto de la nostalgia y de
la ausencia", comenta Luis Gregorich,
crítico literario y periodista yugoslavo. El
mexicano Rodríguez Baños considera que se ha
olvidado la importancia social de la cultural y
que los medios culturales responden a un interés
específico y comercial: "lo que hay es un
marketing de autores y una clase en el poder que
está en todas partes".
Las tendencias
alemana y francesa de cultura, así como la
idealista y la materialista que todavía
persisten, van diluyéndose en la sociedad
actual. Formas, contenidos y rutinas de trabajo
van cambiando el análisis y es difícil
clasificar la situación de los medios culturales
en la actualidad. Establecer definiciones se hace
complicado y la nueva realidad cada vez encaja
menos en los marcos vigentes. Por ello es
necesaria una reflexión general de lo que se
entiende por cultura y una conciencia colectiva
fuerte en la profesión sobre lo que es y
representa el periodismo cultural. Si como se
asegura y repite en el espacio público el
periodista es también una suerte de antropólogo
social, deberá empezar y seguir investigando su
propio origen y significación. La cultura del
periodismo también es un indicador de la cultura
de la sociedad.
_____
Notas:
1 http://
"http://www.elimparcial.com"/edicionenlinea/notas/entretenimiento/20020928/32556.asp.
2 En Reforma, 26 de
septiembre de 2002.
3 Para Muñiz Sodré la
"tecnocultura" es una designación para
el campo comunicacional como instancia de
producción de bienes simbólicos o culturales y
para la impregnación del orden social por los
dispositivos maquínicos de estetización o
culturalización de la realidad. Es el resultado
de la alianza entre comunicación, tecnología y
economía de mercado. Muñiz Sodré: Reinventando
la cultura, Gedisa, Barcelona, 1998.
4 Reforma, El
Universal y La Jornada, 15 y 16 de
septiembre de 2002. Nota: El responsable
de la sección cultural de La Jornada,
solicitado para responder a una serie de
cuestiones sobre este asunto a fin de enriquecer
este trabajo de investigación, se negó
tajantemente e hizo extensible su postura al
resto del equipo, por considerarse "editor y
por lo tanto representante de todos los
compañeros". El Universal y Reforma
mostraron su buena disposición a colaborar.
5 Definición e información
sobre la semiótica de la cultura en
http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/04/osorio05.htm.
6 Colombres, Adolfo: Sobre
la cultura y el arte popular, Ediciones del
Sol, Buenos Aires, 1987.
7 Barei, Silvia: El sentido
de la fiesta en la cultura popular, Alción
Editora, Córdoba, 1991.
8 Parsons, T.: La
Estructura de la Acción Social, Guadarrama,
Madrid, 1968.
9 Diccionario Critico de
política cultural, Editorial Pandora,
México, 2000.
10 Mannheim, Karl: Ideología
y utopía, F.C.E., México, 1941.
11 Kupper, Adam: Culture,
Harvard University Press, 1999.
12 Para relacionar la
definición de cultura de Boas junto a la de
Edward Tylor y Alfred Koeber con los conceptos de
multiculturalidad, interculturalidad y
transculturalidad, ver el artículo de del Doctor
Ugo Mancini, de la Universidad de Bolonia,
disponible en
http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm.
13 Habermas, Jurgen: Facticidad
y Validez, Madrid, Editorial Trotta, 1998.
14 Rivera, Jorge B: El
periodismo cultural, Paidós, Argentina,
1995.
15 "Revistas culturales:
¿especie en peligro de extinción", en Milenio,
30 de Abril de 2001.
16 Op. Cit.
17 Tubau, Iván: Teoría y práctica
del periodismo cultural, ATE, Barcelona,
1982.
18 Rivera, Jorge B: El periodismo
cultural, Paidós, Argentina, 1995.
19 Presentación del libro de Ryszard
Kapuscinski Los cínicos no sirven para este
oficio el 26 de septiembre en la Universidad
Iberoamericana Santa Fe-México.
20 "Etnografía. El oficio de la
mirada y el sentido", Luis Jesús Galindo
Cáceres, en Técnicas de investigación en
sociedad, cultura y comunicación, Adisson
Wesley Logman, México, 1998 (págs. 347 a 383).
21 Harris, Marvin: El desarrollo de la
Teoria Antropológica, Siglo XX Editores,
México, 1999, págs. 123 a 155.
22 Op. Cit. 347 y 348.
23 En
http://www.informador.com.mx/lastest/2000/febrero/23feb2000/23pr05f.htm.
24 Rivera, Jorge B: El periodismo
cultural, Paidós, Argentina, 1995, pág.
182.
25 Op. Cit. Pág. 188.
* Fidela
Navarro Rodríguez es
estudiante española de la Maestría en
Comunicación en la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México. Esta es su
primera colaboración para Sala de Prensa.
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