Sala de Prensa

64
Febrero 2004
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La cultura y su periodismo

Un planteamiento antropológico, un acercamiento al método etnográfico y una perspectiva profesional para reflexionar acerca de la cultura y los periódicos en México

Fidela Navarro Rodríguez *

Los perfumes de los artistas mexicanos Frida Kahlo y Diego Rivera ya están a la venta. Las cajas están decoradas con sus respectivas pinturas Autorretrato con collar de espinas y Desnudo con Alcatraces y, según la presidenta de la empresa, pretenden lograr "la difusión de la cultura y el arte mexicano" en todo el mundo.1 Los periódicos han cubierto esta polémica noticia y algunas secciones culturales como la de Reforma le han dedicado su primera página a todo color con el titular "´Vulgarizan a Diego y a Frida"2 y con las imágenes de los frascos, contribuyendo así, paradójicamente, a la promoción del "tecnocultural" producto contra el que se manifiesta.3

Los conceptos de cultura y producto cultural son objeto de polémica y confusión. Los medios de comunicación y en particular los medios escritos pueden diferir a la hora de seleccionar, analizar, valorar y considerar los hechos o elementos que ocuparán el espacio de tan diversas secciones, suplementos y revistas culturales. Por ejemplo, una fiesta de la independencia como "El Grito" aparece el mismo día en secciones como Viajes, Cultura, Ciudad, Espectáculos, etc, recibiendo un tratamiento distinto en cada periódico. Cultura de Reforma se centra en el símbolo del tequila, El Universal en "El México que cuentan los niños"y en "Cine y Patriotismo", y la Jornada en la "Vigencia de Hidalgo" desde una perspectiva académica.4 Por otro lado, aunque la cultura siempre ha sido un tanto denostada y su difusión poco reflexionada, lo cierto es que cada vez se le está dedicando más espacio, ya sea por un interés comercial, por adquirir prestigio o por una preocupación verdaderamente cultural.

Y es que todo el mundo habla de cultura, todo el mundo valora la cultura, todo el mundo "está en la cultura". La cultura se ha fabricado como etiqueta social en el almacén de las vidas diarias y la palabra que encabeza secciones de periódicos, que es materia prima de instituciones sociales, que es para artistas e intelectuales todo un mundo y que parece estar en templos, gradas de estadios de fútbol y plazas de toros, está de moda. La cultura cambia, se pone y se quita, se reflexiona, se vende, se pierde en intentos, ha ofrecido estatus y estándares para destinos nacionales, ha abanderado un "arte elevado", ya consiguió desplazar a la sociedad como objeto de estudio y ha tenido todo tipo de tendencias políticas.

Pero, ¿qué entendemos en realidad por cultura? ¿Cómo la valoran y difunden los medios? ¿Existe un periodismo cultural, una especialización de profesionales y géneros? ¿Qué tendencias ha habido y hay en comunicación cultural en México? ¿Qué objetivos se persiguen?

Un estudio sobre cultura y comunicación puede abordarse desde una perspectiva antropológica y periodística, buscando definiciones, analizando tendencias de estudio dentro de las ciencias sociales, entrevistando a actores y observando con la metodología etnográfica el desarrollo sincrónico y diacrónico de algunas publicaciones como mediadoras culturales. Como veremos más adelante, el periodista coincide en ciertos puntos con el antropólogo y va canalizando y creando nuevas formas, productos y tendencias culturales. Para tener claro qué es el periodismo cultural y cómo se está configurando el actual concepto de cultura, especialmente en México, es necesario, pues, empezar exponiendo ciertas definiciones.

Qué se entiende por cultura

Actualmente la cultura es entendida como un "camino para hablar de entidades colectivas" y remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida de una comunidad. La atención por la cultura en el sentido antropológico se pone no en las nociones intelectuales de los individuos singulares sino en el saber colectivo y distintivo de todos los grupos sociales.

En 1871 Edward Taylor empezó a desarrollar el concepto la cultura como un "conjunto complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, ley, costumbres y otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad".5 En el siglo XX, la antropología ha seguido desarrollándose y dentro de esta línea teórica y del pensamiento latinoamericano Adolfo Colombres la plantea como el producto de la actividad desarrollada por una sociedad humana a lo largo del tiempo, a través de un proceso acumulativo y selectivo.6 Entre el planteamiento antropológico y el sociológico-semiótico, otros autores, como el sociólogo mexicano Jorge González, estudioso de las problemáticas culturales de Latinoamérica, la conciben como "un modo de organizar el movimiento constante de la vida concreta, mundana y cotidianamente. Es el principio organizador de la experiencia y mediante ella ordenamos y estructuramos nuestro presente, a partir del sitio que ocupamos en las redes de relaciones sociales".7 Ya en la década de los noventa, se llega a aceptar como válida la definición general de Talcott Parsons de cultura como la del "discurso simbólico colectivo que toma en cuenta los conocimientos, creencias y valores sociales".8

Según estas concepciones el periodismo cultural debería abarcar todas las posibilidades o considerar que todo periodismo es cultural por sus orígenes, objetivos y procedimientos. Sin embargo, aunque las ofertas culturales a través de secciones específicas, suplementos y revistas son muy amplias y diversas y cada vez más destinadas a un público general -como veremos más adelante- los productos calificados como culturales son acotados e históricamente han correspondido a una cultura ilustrada y elitista. Esta ambivalencia que persiste en cierto grado y que debatiremos más adelante persiste y es necesario saber cuáles son sus orígenes.

Si tenemos en cuenta un diccionario más específico y reciente como el Diccionario crítico de política cultura.: cultura e imaginario,9 vemos que han existido dos enfoques generales de abordar la cultura, el idealista y el materialista; el primero ve en la cultura el indicador de un espíritu formador global de la vida individual y colectiva manifestada en comportamientos y actos sociales varios y el segundo -de inspiración marxista- la considera como reflejo de un universo social más amplio y determinante.

En realidad estas visiones son herederas de las dos grandes concepciones confrontadas en la segunda mitad del siglo XIX: la francesa y la alemana. La primera trataba la cultura como "civilización", como "cultura universal". Era un logro distintivamente humano, progresivo y acumulativo, basado en la razón, en la verdad, en la ciencia y en el conocimiento. La civilización se consideraba compleja, multifacética, cosmopolita y materialista y sus manifestaciones debían resistir las tradiciones culturales, la superstición, los prejuicios irracionales, etc. Tal como afirmaría Karl Mannheim,10 los productos culturales debían considerarse como expresiones de una particular política e interés económico. El capitalismo, la política extranjera y la situación económico-financiera de las naciones eran factores clave en el desarrollo de las distintas civilizaciones, que tenderían al imperialismo cultural trascendiendo tiempo y naciones.

Los alemanes, por el contrario y siguiendo las explicaciones de Adam Kupper,11 utilizaban el término "kultur" para referirse a los valores espirituales, a las artes y a las manualidades creadas por el genio individual que -según N. Elias- debía alcanzar la perfección espiritual y su "estado cultural". Los defensores de "kultur" tenían en cuenta las emociones, las tradiciones nacionales y, como indicaba A. Weber, el mundo del arte y de la religión no tenían fines racionales a los que servir. El capitalismo era un conjunto de fuerzas corrosivas y vulnerables. La cultura, además, no era cuestión de élites, sino que era la clase media universitaria la base de los intelectuales.

Una tradición en parte heredada por los liberales intelectuales ingleses que, críticos de la tecnología y de la civilización moderna propia de la industrialización, abogaban por los valores culturales de la tradición en el arte y la filosofía. Tenían en cuenta "the history of the human spirit" y consideraban que la cultura estaba bajo la amenaza de la civilización material y la incipiente cultura de masas (hoy planamente arraigada). Según Kupper, T. S. Eliot consideraba que había muchos grados culturales en la sociedad, según individuos y grupos, actividades e intereses y que la cultura, en realidad, iba más allá de un arte, una religión o un conjunto de costumbres: era la manera de vivir juntos en un espacio. Williams, por su parte, veía la cultura en conflicto con un industrialismo; lo que había que hacer era buscar un punto medio entre la tradición y lo moderno, dejando espacio para la diversidad cultural.

Las políticas culturales actuales conjugan estas visiones materialista e idealista y tienen como objeto a la cultura vista en sentido totalizante, antropológico y sociológico. Estas políticas culturales se orientan por estos distintos conceptos de civilización. Cultura y civilización pueden surgir como términos equivalentes, la cultura puede ser entendida como componente de la civilización o, desde otra perspectiva, se puede considerar la civilización como la etapa avanzada de la cultura. La cultura, sin embargo, no es un concepto tan pragmático: es subjetiva y no tiene leyes universales. No existe una naturaleza humana común y lo que hay son distintas concepciones, desarrollos culturales, adquisiciones, aprendizajes e influencias. Frente a la consideración de la cultura como ley y hecho natural tras la publicación de la teoría de la evolución darwinista (y que fundamentó el llamado "nacionalismo cultural") parece ser que al final la aceptación mayoritaria es la de la corriente boasiana que se desarrolló en los EU y que sentencia: "la cultura es lo que nos hace".12

La acción comunicativa y cultural

En el desarrollo de estas visiones antropológicas y sociológicas la acción comunicativa de los medios de comunicación es vital. Siguiendo el modelo de acción comunicativa de Jurgen Habermas podemos decir que el mundo de la vida se compone de cultura, sociedad y persona, siendo la cultura el cúmulo de conocimientos que adoptan las personas para tener un conocimiento del mundo y la acción comunicativa el proceso interactivo de transmisión y renovación del saber cultural; la transferencia de la promoción de la integración social a partir de la solidaridad y la formación de la identidad de la solidaridad.13

La acción comunicativa no siempre es acción cultural pero están estrechamente interrelacionadas. Por acción cultural en nuestra sociedad entendemos los procedimientos (recursos humanos y materiales) para conseguir los objetivos de una política cultural, y ésta, a su vez, puede ser una acción cultural de servicios (modalidades de relaciones públicas, propaganda, publicidad, etc.) para vender libros, espectáculos o aproximarlos al público (o clientela) o una acción cultural de creación, entendida como aquella que establece puntes entre personas y obras para la aproximación, la participación y la creación en sí.

En esta acción comunicativa y cultural los medios tienen un papel fundamental. Son canales, expresión y reflejo de las identidades colectivas y sirven de puente entre los agentes culturales, las obras y los públicos. Son, en definitiva, mediadores culturales. Los medios de comunicación son productos culturales en sí mismos acabados y por ello son fines en sí que operan una mediación entre los diversos sectores y modos culturales de una sociedad.

A continuación, una vez aclarado el concepto de cultura en general y la acción comunicativa de los medios en este proceso, es necesario definir qué es el periodismo cultural y de qué manera es reflejo y se refleja la misma cultura a través de su ejercicio.

El periodismo cultural

En el ámbito de los medios de comunicación y en particular la prensa diaria -aunque se podría considerar que los contenidos de todas las secciones forman parte de la cultura cotidiana de un país, como apuntamos anteriormente- existe una acotación de lo que se entiende por cultura y secciones específicas bajo el nombre de este mismo término. Así como la tradición anglosajona prefiere agrupar y delimitar contenidos similares en secciones como por ejemplo "arts" o "features", la línea española opta por calificarla como "cultura" y al mismo tiempo distinguirla de "espectáculos" o "sociales". En general, se incluyen temas sobre artes plásticas, literatura, teatro, historia, filosofía, etc. El cine, las "rutas culturales" (llamadas también "Guías del Ocio") y ciertos espectáculos musicales a veces aparecen en la sección de cultura (la de El Universal incluye una guía de restaurantes y de ocio y Reforma ofrece una "Guía del Ángel" que también abarca otras como la de TV, la educativa, una bolsa de trabajo, la del "reventón" o la de "autos nuevos") y en otras ocasiones son tratadas con mayor profundidad en secciones como la de espectáculos. Incluso a veces un periódico ha cubierto una exposición pictórica en la sección de sociales o un tema eminentemente cultural se ha aprovechado para incluirlo desde otras perspectivas en secciones como viajes, nacional, política, etc, como fue el caso del grito. En realidad no es el tipo de temas sino el tratamiento adecuado de éstos lo que les hace o no pertinentes en una u otra sección. "El circo, por ejemplo, es propio de espectáculos pero un enfoque estético lo puede hacer parte de la sección cultural", observa el periodista Roberto Rodríguez Baños, ex-director de la revista Plural. "Son dos tratamientos diferentes de la cultura", observa el ex-reportero de "El Ángel", el suplemento cultural de Reforma, Leonardo Tarifeño, "uno que administra la cultura (las sección diaria) y otro el que la produce como novedad (el suplemento), y que se distinguen por el distinto enfoque y elaboración de los contenidos". Alberto Salamanca, co-editor de la sección cultural de El Universal, explica: "Aunque los suplementos semanales analicen los temas a fondo y nosotros estemos pensando en un público más popular y cercano, también intentamos abrir espacios de reflexión, incluir ciertos reportajes y entrevistas desde otros enfoques, con la lógica limitación del espacio y del tiempo. Del mismo modo, también pasamos información y contenidos a otras secciones para que sean tratados desde otra perspectiva". Y añade: "Respecto a las guías de restaurantes y de ocio, en primer lugar no las incluimos siempre y en segundo lugar consideramos que puede ser información de utilidad que obedece a unos gustos y a unas ocupaciones culturales".

Ciertos géneros y temas culturales en profundidad se dejan para los suplementos culturales semanales ("La Jornada Semanal", "Él Ángel, Revista Cultural" de Reforma, el suplemento de El Universal...) evidenciando dos tratamientos distintos de abordar la cultura: uno aferrado a una actualidad, el del día a día, más cercano al público en general y con una visión más mercantilista de la cultura, y otro más reposado, profundo y dirigido a un público más preparado y minoritario; el primero utiliza el género de la noticia, la crónica y el reportaje y entrevista corto, mientras que el segundo, en general, suele basarse en el ensayo, el reportaje y la entrevista de fondo, mostrando productos culturales con una visión -al menos de contenido- más extensa y crítica.

Los medios, como apuntábamos, ejercen una acción cultural, aunque ésta puede ser entendida como de servicios o de creación: por una parte, muestran, aproximan e invitan a la reflexión de los lectores sobre las obras difundidas; por otro, sirven también para su misma promoción e incluso compra de los mismos productos que tratan. A veces, las dos funciones se pueden mezclar, como en el caso de Reforma respecto a los perfumes de Frida Kahlo y Diego Rivera. Para Alberto Salamanca, este ejemplo puede haber sido un error de criterio periodístico: "A mi también me llegó la invitación de la presentación y consideré que no era un tema para la sección cultural, ya que suponía caer en lo que se quiere criticar, es decir, en la promoción de un producto vulgarizado. Aunque fui criticado, finalmente no tratamos el tema y se lo pasamos a la sección de "Pasiones", que trata este tipo de cuestiones, más de moda". "Yo no lo hubiera enfocado como lo hizo la sección cultural diaria de mi periódico, pero es grave negar una noticia. Todo depende de la forma en la que mires y trates un tema", comenta Tarifeño.

Para el periodista Jorge B. Rivera, experto en periodismo cultural, en el ámbito teórico "el periodismo cultural corre los mismos riesgos que la alta costura e incluso el prêt-a-porter, especialmente porque con frecuencia lo dominan los influjos de la moda. Un periodismo que se predica a sí mismo como más estable y permanente que su par de las efímeras ´informaciones generales´, termina pareciendo tan rancio y anacrónico como éste al cabo de poco tiempo. La tarea de la cultura consiste en producir tanto saber especializado como espontáneo y difuso, y citando a Umberto Eco en La estrategia de la ilusión "una cultura que no origina modas es una cultura estática".14

Los contenidos de las secciones, así como sus referentes, son tratados como "productos culturales"; expresan ideas, valores, actitudes y creatividad artística y ofrecen entretenimiento, información o análisis sobre el presente, el pasado (historiografía) o el futuro (prospectiva, intuición, probabilidad), ya tengan un origen popular (como la artesanía o ciertas costumbres, como la del Grito de la Independencia), sean productos masivos (discos, los perfumes de Kahlo-Rivera) o aquellos propios de públicos más restringidos (poesía, pintura...). El producto cultural se consume y se distingue del bien cultural -quizás menos tratado en general en las secciones de prensa- que se vincula con la noción de un patrimonio personal o colectivo que no podría ser cambiado por moneda.

Por eso mismo, sin embargo, no habría que excederse en las leyes del mercado ni caer en contradicciones como las acontecidas por el lanzamiento de los perfumes Kahlo-Rivera. Un "problema cultural" de consideración como ése se critica a toda página pero a la vez se contribuye a su promoción (El Reforma ofrece hasta la "ficha técnica" de los perfumes con los datos sobre su aroma, tamaño y precio). Las secciones culturales muestran también otros hechos que apuntan hacia su sentido, orientación y objetivos mercantilistas o materialistas, como la promoción de libros de ciertas editoriales y el tipo de publicidad que se paga coincidente con la mayor cobertura de ciertos temas o actos sociales y culturales. "Una editorial te da un anuncio si hablas bien de ella, pero cuando hay una crítica, entonces ya no te compran espacios. Hay que cuidarse de no pisarle los callos a nadie, porque te quitan la publicidad. Por eso Octavio Paz decía que una revista debía hacerse de manera humilde, elemental, que tuviera textos legibles, bien cuidados; de esta manera, la ilustración es lo de menos", comenta Huberto Batis, director durante muchos años del suplemento "Sábado", del diario Unomásuno.15 Tampoco faltan incongruencias, como la que señala Christian Kupchik, periodista cultural argentino que colabora con numerosos suplementos y secciones culturales de todo el mundo, entre ellas la de Reforma: "¿por qué los libros ocupan tanto espacio si el número de lectores es mínimo? ¿Por qué Planeta y Santillana tienen tanto protagonismo? Se promocionan demasiados títulos extranjeros y se apoya poco a las firmas mexicanas, más allá de las consagradas. Casi nadie se cuestiona el hecho de que México sólo se publiquen en realidad 30 opera-prima de autores mexicanos entre todas las editoriales".

Para muchos la desproporción en la difusión de productos culturales extranjeros y nacionales es notoria, así como la compra de libros respecto a la lectura de libros y la marginación de géneros como la poesía. "Como decía el poeta argentino Guillermo Bodio, la poesía no se vende porque la poesía no se vende", añade Kupchik, y termina: "los modistos y cocineros culturales también transmiten y decodifican la cultura. Son un síntoma social y muestran un parte cultural de la sociedad. La cultura es y puede ser comercial pero no hay que excederse" . Tarifeño, respecto a esta cuestión, opina: "aquí no hay favoritismos, pero sí banderías. Es algo muy mexicano. Algunos autores consagrados escriben para no ser leídos o reciclan lo que tienen. Es una cuestión de prestigio y de promoción, como el dicho de que es tan genio que ya no escribe . Sin embargo no es exagerado el espacio dedicado a la literatura, ya que tiene mucho prestigio -pasear con un periódico y o un libro bajo el brazo está muy bien visto en México- y lo que hay es una hiperproducción, como me comentaba el otro día el editor Jorge Herralde. Salen muchos libros y el problema es que el lector no se entera".

Roberto Rodríguez Baños, por su parte, opina que las secciones culturales que "no están tratando de hacer a la gente culta sino transmitir una serie de experiencias. A mi hay cosas que me gustan, pero simplemente eso. No espero más. El problema está en que algunos creen que la cultura es la guinda que se le pone al Martini y al final se cae en la mediocridad". Algo respecto a lo que, sin embargo, Alberto Salamanca difiere y puntualiza: "la publicidad no nos condiciona la cobertura de temas y no siempre tenemos una visión materialista. De alguna manera se busca un equilibrio sin olvidar que, evidentemente, el periodismo también es un negocio y debe ser rentable. La nueva directiva de El Universal quería suprimir la sección, pero se realizó un estudio con grupos de enfoque y se demostró que el público la demandaba. Por otra parte, los estudios de mercado demostraron que también era rentable, que también vendía. De hecho en los últimos meses la publicidad ha aumentado y por ello el número de páginas. Se ha terminado con una de las ´grandes verdades` que afirmaban la poca rentabilidad de la sección cultural y se ha iniciado un nuevo fenómeno".

Algo, sin embargo, que no ha ocurrido en el terreno de las revistas culturales; en los últimos meses, Equis, cultura y sociedad, Viceversa y Poliéster (de artes plásticas y visuales) han desaparecido de la circulación. "La cultura es una especie de trampa porque no vende y por eso no vale la pena impulsarla. Como no se impulsa no crece y como no crece no vende", afirma Rafael Pérez Gay, responsable de la edición de la revista Nexos". Braulio Peralta, ex director de Equis, cultura y sociedad, explica: "a finales de los ochenta y los noventa, México empezó a tener otro tipo de visión, donde periódicos y revistas, incluidas las publicaciones culturales, empezaron a verse como una posibilidad de negocio. Hay que ser realistas, las cuestión económica es el fondo de todo, por esa razón muchos diarios no tienen, por ejemplo, suplementos culturales y están desapareciendo publicaciones de ese corte, porque se cree que la cultura no es rentable, pero yo insisto, si hay algo rentable en el periodismo es la cultura".16

En este contexto el tratamiento de la cultura presenta el carácter mercantil y materialista más próximo al concepto de cultura universal francés que al de la cultura como expresión espiritual germana. Los "productos culturales" son en muchos casos productos propios de la cultura de masas y de la misma globalización cultural. Desde el punto de vista de las formas culturales tradicionales, se observa claramente una uniformidad de la sensibilidad. En la mayoría de ocasiones no se busca un cultivo del espíritu como se consideraba en la Alemania del XIX ("kultur") sino más bien un entretenimiento, una ocupación para ratos de ocio, primando la visión materialista de la cultura frente a la idealista.17

Pero todas estas maneras, más o menos válidas o discutibles, mesuradas o excesivas, constituyen el llamado periodismo cultural, definido por Iván Tubau como "la forma de conocer y difundir los productos culturales de una sociedad a través de los medios masivos de Comunicación"18 y por el periodista e investigador argentino, Jorge Rivera, como "una zona compleja y heterogénea de medios, géneros y productos que abordan con propósitos creativos, críticos, reproductivos o divulgativos los terrenos de las ´bellas artes´, de las ´bellas letras´, las corrientes del pensamiento, las ciencias sociales y humanas, la llamada cultura popular y muchos otros aspectos que tienen que ver con la producción, circulación y consumo de bienes simbólicos, sin importar su origen o destinación estamental".

Entonces, ¿cómo distinguir el buen periodismo cultural? "Mi punto de vista personal puede resumirse de la siguiente manera (que no impongo al lector): el mejor periodismo cultural es aquel que refleja lealmente las problemáticas globales de una época, satisface demandas sociales concretas e interpreta dinámicamente la creatividad potencial del hombre y la sociedad (tal como se expresa en campos tan variados como las artes, las ideas, las letras, las creencias, las técnicas, etcétera), apelando para ello a un bagaje de información, un tono, un estilo y un enfoque adecuado a la materia tratada y a las características del público elegido)".19

El lector, pues, ha de ser crítico tanto en la selección como en el tratamiento de los productos culturales de las secciones, suplementos y revistas de los medios. El periodista de cultura, por su parte, deberá demostrar a diario su capacidad y criterio profesionales.

El periodista cultural como antropólogo social

La cultura ha acabado siendo la conciencia colectiva de las ciencias sociales y los antropólogos han sido designados para su estudio, de ahí que se llegue a afirmar, como A. Kupper, que prácticamente todo aquel que escribe sobre temas sociales debería ser contado como antropólogo. Los periodistas son considerados por muchos los "antropólogos del día a día" y han ido adquiriendo fuerza en este sentido. El prestigioso periodista y escritor polaco Ryzard Kapuscinski afirmaba ante un auditorio de futuros periodistas20 que sus fuentes deben ser los documentos y el mundo y que éste último debe ser descifrado a partir de la lógica y de la sensibilidad. A lo que se escribe se le tiene que agregar rasgos de las demás artes y construir el mundo recuperando la identidad y la memoria colectivas. "El antropólogo tradicional ha cambiado. Somos ciudadanos de un mundo cada vez más McDonaldizado. En el ámbito cultural se han olvidado los autores, compositores, obras del pasado. Los autores vivos solapan a los muertos y se ha perdido la memoria. El periodista debería recuperarla con un sentido de responsabilidad".

La características del periodista cultural coinciden con las del etnógrafo en líneas generales que matizaremos más adelante. Luis Jesús Galindo Cáceres explica que éste requiere tiempo para su formación y una capacidad de observación especial. De la mirada se ha pasado al sentido, se ha puesto énfasis en un universo semiótico nuevo que aúna todos los lenguajes (el visual, el natural, etc.); el oficio requiere una gran capacidad de lectura y de impresión del mundo exterior en el interior, de su fuerza expresiva y del dominio de sus formas en la exteriorización textual de lo configurado sobre la impresión. La etnografía, en definitiva, es "un camino hacia la comunicación".21

En líneas generales se considera que el periodista cultural necesita poseer una cultura de carácter general que le permita identificar y correlacionar fenómenos, épocas, autores y obras significativas en el plano local y universal y en segundo término una fuerte dosis de observación y creatividad o, en su defecto, una capacidad para sistematizar y sintetizar procesos complejos en una fórmula comunicacional. Algunas cualidades son personales y otras producto de una formación específica, pero casi todos los teóricos y periodistas coinciden en señalar que ninguna formación suplirá el interés profundo sobre las problemáticas culturales ni la vocación. "Es necesario que tenga una mirada oblicua, una curiosidad sistemática y transmitida", opina Christian Kupchik. "Yo destacaría el interés y la curiosidad", apunta Alberto Salamanca. "Lo más importante es que tenga interés, curiosidad y suerte y una actitud profesional adecuada; que busque y desarrolle nuevas ideas", añade Tarifeño.

Históricamente el grueso de los integrantes del universo del periodismo cultural estaba integrado por intelectuales y artistas, es decir, personas que no estaban vinculadas necesariamente a la producción periodística; en la actualidad, sin embargo, cada vez son más las firmas de periodistas-reporteros que llenan páginas de secciones culturales diarias junto a colaboradores, en muchos casos, con experiencia en medios. El cambio se va notando poco a poco y si bien antes los literatos pasaban a ser periodistas para ganarse el sustento, ahora son muchas veces los periodistas los que se convierten en escritores con el paso del tiempo.

Aún así, las contradicciones y problemas del periodismo cultural también son evidentes. Más que una especialización periodística, existe en principio una "seccionalización" del trabajo. La especialización se adquiere con el tiempo y la falta de interés por la cultura y el nivel mismo de cultura por parte del periodista son motivo de queja por parte de los responsables de los medios. Como hemos apuntado, la formación universitaria no siempre es equivalente a profesionalidad o garantía de calidad profesional. Los jóvenes periodistas son atraídos por medios como la TV o la radio o por secciones como los deportes o la política. "El desinterés de los jóvenes por trabajar en la sección de cultura es un fenómeno actual y desafortunadamente no sabemos a qué se debe. Cada vez tenemos más páginas y más consideración en el ámbito periodístico, pero profesionalmente no parece tan atrayente. Además el nivel de capacidad y de cultura requeridos son distintos y hay que realizar un esfuerzo adicional. No es lo mismo cubrir una conferencia de López Obrador que realizar una entrevista de profundidad a un escritor que requiere estudio y contextualización", explica Alberto Salamanca. Además, y como punto importante, los periodistas culturales en ocasiones están peor pagados en relación a compañeros de otras secciones y la inversión de recursos por parte de la dirección suele ser menor, tardía y secundaria, como parece ser el caso de El Universal. "El problema es que aquí se considera el periodismo cultural como algo secundario. Hay escritores pero faltan reporteros, en realidad no existe un periodismo cultural como tal. Hay mucho cinismo y egocentrismo y no se encuentra mucha gente que sepa escribir bien. No hay movilidad y es difícil que surjan periodistas culturales como Fernando Benítez o Villoro, por poner dos ejemplos. Además, los dueños de los medios ni siquiera son periodistas, con lo cual no comparten una visión profesional", añade Tarifeño.

La consideración y valoración del periodista cultural es una asignatura pendiente dada su importancia social como mediador cultural. En teoría ellos muestran la cultura y por otro lado la critican, la analizan sistemáticamente. Unas veces de forma valorativa, desarrollándola e incluso cambiándola, y por otro de forma comprensiva y situacional, buscando entender y ubicar la obra en su contexto y en su lenguaje. Siguiendo el liberalismo cultural, en este sentido la crítica de la cultura debería distinguir lo bueno y lo malo, la obra de arte y el producto comercial. Las secciones culturales de los periódicos intentan hacerlo día a día con mayor o menor fortuna a partir, sobre todo, de notas informativas; los suplementos semanales y las revistas lo hacen con más profundidad y análisis, dada la periodicidad y los géneros con los que se trabaja generalmente: el reportaje en profundidad, el ensayo y la entrevista a fondo. Éstos últimos seguirían la línea idealista y alemana de la cultura que exponíamos al explicar el concepto de cultura, al acotar a un sector de lectores más "elitista", entendido y formado, mientras que las secciones culturales estarían dentro de la línea más materialista, popular y cercana a un lector medio, más estandarizado.

En relación a esto el hábito cultural de los públicos es esencial, es decir, el fomento de las actividades de recepción cultural. Existen diversos tipos de públicos y por ello deben existir distintos tipos de producción y mediación cultural. Las secciones de cultura deben tener claro el perfil cultural de su lector y éstos el tipo de publicación cultural con la que se encuentran. Por ello, los mismos medios se encargan de elaborar estudios para ver el perfil y las preferencias de sus lectores. "Nuestro público se sitúa entre los 18 y 35 años y tiene formación secundaria y universitaria", explica Alberto Salamanca, "su perfil queda delimitado por estudios de audiencia realizados con cierta periodicidad". Reforma también realiza estudios sobre el perfil de los lectores y aunque admite cierta diferencia entre el público de los suplementos y de las secciones, tampoco considera que haya una diferencia radical. "El lector del suplemento también echa un vistazo a la sección cultural diaria para ver qué ocurre", apunta Tarifeño.

Una vez más, el periodista cultural hace las veces de antropólogo social. Afortunadamente, el periodista cultural que novela Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira, un ser retraído, descontextualizado, minusvalorado, solitario y ajeno a su entorno social que en alguna época llegó a ser real, está desapareciendo...

Un breve recorrido por el periodismo cultural mexicano

"El periódico constituye un producto utilitario de la antropología social", afirma Rodríguez Baños. Todo periodista tiene parte de antropólogo social y por ello puede analizar su trabajo a partir del método comparativo etnográfico en su perspectiva sincrónica y diacrónica, según el desarrollo teórico expuesto por Marvin Harris.22 Por una parte este método ayuda a describir el objeto de estudio y a encontrar similitudes y diferencias entre los medios y por la otra valora lo distinto y lo anterior a los fenómenos actuales. Desde una perspectiva sincrónica se pueden comparar en líneas generales de las secciones diarias de los tres periódicos diarios más importantes de México (Reforma, La Jornada y El Universal) y desde una perspectiva diacrónica conocer los precedentes generales de estas secciones en las últimas décadas, siguiendo la afirmación de Comte de que "ningún concepto puede ser entendido más que a través de su historia". El estudioso del periodismo, el periodista y el etnógrafo, pues, pueden coincidir en su actitud hacia el mundo y en la forma de abordarlo.

El método etnográfico suele requerir más tiempo, más espacio y más recursos, a la vez que sus objetivos y destinatarios son distintos, pero aún así, el estudioso que aborda un ensayo y el periodista que elabora una investigación comparten con el etnógrafo, por ejemplo, una visión a priori en el menú de opciones estratégicas de un programa metodológico.

Este programa se configura en dos fases, una especulativa y abstracta y otra de definición operativa; un investigador evalúa las opciones posibles y las considera según sus recursos y energías disponibles. Se trata de optar por lo justo aún con el riesgo de no tener éxito. El programa metodológico supone una correspondencia entre criterios de tipo lógico y técnico de manejo, obtención, registro de información y criterios de tipo administrativo de recuerdos materiales necesarios. En esto el etnógrafo no puede tener prisa, pero coincide con el periodista y con el investigador en el programa mínimo, que supone llegar, estar, recoger la mayor cantidad posible de información, vivir intensamente, reflexionar, reconstruir y llegar a una propuesta configurativa; utilizar audio, video y otras tecnologías para observar y registrar, indagar historias de vida, realizar entrevistas de fondo, imaginar, analizar, comparar, describir, explicar, etc. El periodista normalmente dispondrá de menos tiempo, no podrá hacer un trabajo de campo tan exhaustivo y en muchas ocasiones no podrá salir de una oficina o de un espacio predeterminado; tampoco dispondrá de tantos recursos y su objetivo no será establecer una hipótesis o describir una situación a fin de detectar un problema, sino acoplarse a un género determinado de características compositivas determinadas y destinado a la lectura de un lector que busca, ante todo, información. Pese a ello, la actitud respecto al mundo será similar, indagando la vida con una mirada observadora y con una capacidad especial para estar en el lugar del otro. Aceptando, además, "que la verdad no existe, sólo contamos con efectos de sentido y los mundos posibles que habilitan. (...) El sentido se sumerge en el lenguaje y la cultura en una perspectiva amplia y total, al tiempo que particular y restringida". La etnografía se reconfigura, así, en comunicación.23

Una perspectiva diacrónica

Empezando por la perspectiva diacrónica y rastreando en la historia general de los diarios y revistas de Latinoamérica, germen del periodismo cultural, se observa que la prensa nace y se consolida entre los siglos XVII y XVIII con periódicos importantes como la Gaceta y el Mercurio de México, los papeles mexicanos de José Antonio Alzate, la Gaceta de Lima, El Papel Periódico de Cuba o el Mercurio Volante (México), la mayoría en la línea del cultivo de las líneas de "las artes y las ciencias". Paulatinamente fueron apareciendo otros El Renacimiento (México), que fueron delineando muchos proyectos de periodismo cultural que se afirmaron por fin a finales del XIX y principios del XX, con revistas como La Biblioteca, México Moderno y Martín Fierro (Buenos Aires), Amauta (Lima) y en México la Revista Azul y Cuadernos Americanos.

Esta última fue de especial importancia en México por su envergadura, su continuidad y la índole de sus aportes al campo de las artes, las letras y el pensamiento científico y humanístico. Fundada en 1942 por el mexicano Jesús Silva Herzog, la revista se convirtió en la más prestigiosa junto con dos fundaciones contemporáneas: El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica. La revista contó con colaboradores como Alfonso Caso, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Julio Cortázar, etc, y abarcó las cuestiones específicas del ámbito cultural y problemático latinoamericano.

Cuatro años después empezaron a surgir los suplementos culturales de los periódicos. Fernando Benítez, uno de los máximos exponentes del periodismo cultural, director de suplementos durante más de 30 años, explicaba en una entrevista los comienzos: "la primera idea de suplemento me vino en 1936 al descubrir las secciones dominicales de los grandes diarios argentinos. Diez años después, fui director de El Nacional y creé un suplemento cultural que sería dirigido por Juan Rejano".24 En 1949, como director de Novedades, creará el suplemento México en la cultura, dentro de la corriente antropológica. Respecto a esto, hay que destacar la influencia de esta disciplina en la décadas de los treinta y cuarenta en relación a la corriente del marxismo dialéctico. El antropólogo Ricardo Pozas publicó en 1954 su tesis Juan Pérez Jolote en esta línea, al plasmar la vida de una sociedad primitiva pero dinámica a través de un testimonio, siguiendo un método científico-social y lógico, carente de literatura o a aditamentos. Como respuesta, Octavio Paz publicaría más tarde El laberinto de la Soledad, obra que dibujaría otra tendencia sociológica, el pensamiento mágico y el análisis sociológico provisto de carácter literario.

En la década de los cincuenta y de los sesenta las revistas y los suplementos culturales de algunos periódicos se convirtieron en influyentes foros para la polémica crítica en torno a la cultura política en México y a las tendencias culturales. A principios de los cincuenta se publicó la revista Problemas agrícolas e industriales de México, dirigida por Manuel Marcue Pardiñas, la cual trataba la cultura como tema social y bajo una perspectiva marxista. Bajo el patrocinio de Novedades también se editó un folletín semanal de cuentos (El cuento), la Revista Mexicana de la Cultura del periódico El Universal (visión de la tradición cultural literaria con mayor liberalidad y amplitud) o El gallo ilustrado del periódico El Día.

En los años sesenta apareció la revista semanal Política, dirigida por Manuel Marcúe Pardiñas, con una sección cultural muy desarrollada y culta. Destacó también la revista Siempre!, dirigida desde 1962 a 1972 por Fernando Benítez y polémica por su posición política ante la revolución cubana y su resistencia ante la censura y la intolerancia moralina. En esa época también aparecería la revista de intelectuales Espejo, dirigida por el periodista y escritor Luis Spota y orientada a problemas políticos y sociales, y a finales de esa década la revista Plural (Octavio Paz), propiedad de Excélsior. Posteriormente aparecerían Vuelta, Letras Libres y Nexos, actualmente revistas culturales de referencia con una orientación sobre todo literaria.

En las dos últimas décadas los periódicos han ido creando sus propios suplementos culturales y las revistas culturales que generalmente aparecen los fines de semana. Un caso notorio fue el del suplemento "El Búho", que apareció en el periódico Excélsior entre 1985 y 1999 y que pese a su importancia fue cerrado por vicisitudes internas y preferencias a la hora de elegir temas y autores.

En la actualidad los tres periódicos principales de México -Reforma, La Jornada y El Universal- dedican a la cultura entre 4 y 6 páginas diarias y un suplemento o revista semanal. Las secciones diarias tienen un carácter más comercial: "la nueva directiva de El Universal que entró a finales de 2002 quería suprimir la sección cultural pero se hizo un estudio de mercado y se llegó a la conclusión de que también resulta rentable. Tanto es así que la publicidad ha aumentado y con ella vamos a sumar otras dos páginas a la sección este mismo fin de semana. Y es que la cultura también vende", comenta Alberto Salamanca.

Otra diferencia respecto a las primeras publicaciones es que los contenidos de los suplementos carecen en la actualidad de las tendencias y polémicas que suscitaban sus predecesores. "En 1958 publicamos dibujos de Elvira Gascón del poema John Donne, ´Going Bed´ y se nos acusó de hacer pornografía", explicaba Benítez, despedido en 1961 de Novedades por publicar textos de la revolución cubana". "Aquella época respondía a otra situación política. Ahora intentamos retomar la discusión entre artistas y poder cuando surge alguna ocasión. No tenemos imposiciones por parte de la dirección ni otra entidad y cuando algún hecho es motivo de polémica lo tratamos sin problemas. Si existe la posibilidad de que Castro venga a la Feria Internacional del Libro como representante del país invitado, lo publicamos sin problemas", asegura Alberto Salamanca. "A mí no me deslumbra la pugna política que había antes. Los principales periódicos de la nación representaban el antiperiodismo, un periodismo de intención. Ahora tenemos otro contexto y otros objetivos. El problema actual es que no hay competitividad, hay pocas primicias culturales y mucha homogeneización", explica el co-editor de "El Ángel".

Una perspectiva sincrónica

Este método consiste en la comparación de un hecho o contenido en el mismo tiempo. En este caso, podemos comparar las secciones culturales de los tres periódicos en líneas generales y ver cómo tratan un tema en un mismo día. Por ejemplo, el del grito, el día de la Independencia, un hecho histórico, social y cultural para todo mexicano y punto álgido de las Fiestas Patrias del mes de septiembre.

Si observamos las publicaciones correspondientes al día 15 de septiembre, veremos que el tratamiento varia. El periódico La Jornada no le da demasiada cobertura pero abre la sección de cultura, de 5 páginas, con un breve ensayo sobre la vigencia del independentista cura Hidalgo titulado "Vigencia de Hidalgo", de José Steinsleger, y con una extensión de dos páginas. El trabajo aborda la Independencia desde una perspectiva analítica con la pretensión de conocer el "para qué" de aquel momento histórico. La sección no vuelve a tratar el tema ni es motivo de portada y el periódico no se publica el lunes por ser Fiesta Nacional.

En cambio El Universal y el Reforma le dan una cobertura muy amplia. Bastante parecidos en la maquetación de la sección, en el espacio destinado a las fotografías y recursos gráficos y en la publicación a color, ambos ponen el tema en portada. El Universal titula "El México que cuentan los niños" y remite al lector a la sección de cultura, además de referirse a la Independencia en temas como los nombres de héroes que cada vez son más olvidados a la hora de registrar a los niños. En páginas interiores de la sección de cultura, titulan a todo color: "México visto por los niños", donde a través de la mirada de los más pequeños se describen las costumbres y las tradiciones de varias comunidades indígenas, "describiéndose parte de la riqueza cultural pero también de la realidad social". El enfoque popular y antropológico del tema es evidente y tampoco se descuida su relación con otros ámbitos, como el cine. La segunda página de la sección está ocupada por un reportaje sobre las películas de la independencia titulado "Cine y patriotismo, mitología compartida", escrito por Juan Solís, así como una guía de actos culturales presentada como "La tentación de cada día". En la tercera página se incluye un artículo, "Los héroes de cartón", del historiador y secretario de Cultura de la Ciudad de México, Enrique Semo Calev, en el que habla de la reinterpretación generacional de los héroes de la historia mexicana. Respecto al día posterior al Grito, el 16 de septiembre, el tema es parte de otras secciones que aparecen también en portada, más ligadas a la actualidad, a los actos realizados el día anterior. "Es por México" se trata en las secciones El Mundo y México.

El 15 de septiembre el Reforma también reserva un espacio para la Independencia en portada, de forma más amplia y diversa. Se remite a la sección de Viajes con el título "Símbolos de Independencia" (recintos recomendables para viajar que guardan las esencia de los héroes que lucharon por México), a la de Nacional ("Dividen naturalizados amor entre dos países") a la de Ciudad ("Tronarán 3 mil cohetes en el Zócalo y "El Grito en Garibaldi" y a la Revista Cultural ("Matarse por arraigo"). Esta última, que cuenta con siete páginas, dedica a las Fiestas Patrias en la primera página un reportaje sobre el tequila, la "bebida patriótica" frente a la cerveza, la "bebida nacional". El enfoque se explica por el título del especial: "La cultura y el alcohol" y se incluye en la sección un artículo de Fernando de Ita, consejero editorial de El Ángel (la revista cultural), titulado "Tequilacrán", y otro de Mauricio Hammer, "Vinos mexicanos: Al ritmo de la música" y de Rafael Aviña, "Dipsomanía fílmica". En cuanto al día 16 de septiembre, la Independencia es tema de portada para otras secciones, como Nacional, Negocios y Ciudad.

En las secciones culturales de estos dos periódicos se pueden detectar "survivals", siguiendo la terminología antropológica y la definición de Malinowsky como un rasgo cultural que no encaja en su medio cultural, y que más que funcionar, persiste, sin armonizar con la naturaleza que le rodea. Al igual que hay fenómenos que se repiten a lo largo de la historia sin las condiciones originarias, en las secciones encontramos igualmente rasgos que perviven, y que como indicaba Tylor, pueden tener funciones recreativas o estéticas. Es el caso, por ejemplo, de la utilización de recursos gráficos como las viñetas y los dibujos y los cintillos y ciertos recursos tipográficos.

Pero finalmente, las semejanzas -sobre todo entre El Universal y Reforma- son más que las diferencias: número aproximado de páginas, maquetación, módulos dedicados a las fotografías, reseñas bibliográficas, artículos de opinión, publicidad, planteamientos y contenidos atractivos para un público similar. En este sentido y siguiendo los rasgos etnográficos, se produciría un "evolucionismo unilineal" según Tylor y Morgan (las necesidades humanas en condiciones similares han sido esencialmente las mismas) y a la vez convergente y paralelo. El objetivo último de las tres secciones, salvando las distancias: reflejar un hecho social y cultural de forma atrayente e interesante a fin de ocupar un espacio determinado por la publicación y la publicidad y cumplir con la información y entretenimiento del público mexicano.

La cultura del periodismo cultural

La comercialización y homogeneización de los productos culturales en plena época de globalización es evidente. Salvando las lógicas diferencias de criterio y la profundidad y especialización de las secciones culturales, de los suplementos y de las revistas, el lector no tiene mucha variedad para poder elegir. Los contenidos y los enfoques varían poco y en general se busca lo atrayente, lo interesante y lo más respaldado por otros actores culturales (instituciones, empresas, asociaciones, editoriales...). Las secciones culturales buscan informar y llamar la atención sobre un hecho cultural y los suplementos y revistas profundizar sobre un tema determinado que tenga un vínculo con la actualidad y además informar críticamente, sobre todo, acerca de novedades editoriales. Todos -y especialmente los primeros- se sirven de prácticamente las mismas fuentes de información (notas, información provista por los gabinetes de comunicación, entrevistas concertadas que forman parte de una promoción y difusión en los medios orquestada por una empresa) y acaban destinando más o menos el mismo espacio a los mismos contenidos, difiriendo en las firmas (opiniones, ensayos) y en ciertos criterios y enfoques.

El carácter mercantilista de la cultura es aceptado por la mayoría como lógico e inevitable pero no hay que caer en excesos. El hecho de que la cultura se quiera aproximar a un público general propio de una sociedad de masas no debe llevar a la disminución del rigor y el análisis de los contenidos propios de una sección cultural. El hecho de que las revistas y suplementos culturales vayan especializándose en los contenidos que tradicionalmente han sido considerados por sus características y tratamiento propios de un medio cultural (las artes en general, los temas científicos y humanísticos propios de un público más elitista) no debe evitar hacer una reflexión y un replanteamiento de lo que se considera cultura y periodismo cultural. La diversificación y especialización de medios es evidente, pero las secciones diarias de cultura son las que van recreando el universo cultural más cercano a la población y de alguna manera van a condicionar y delimitar la permanencia, los recursos para la ampliación y los futuros lectores de los medios más rigurosos.

Los estudiosos de las ciencias sociales y los teóricos del periodismo llegan a establecer definiciones de cultura y periodismo cultural, pero en el ámbito de la práctica estas cuestiones no se reflexionan. La antiguas generaciones de periodistas se van retirando con cierto pesimismo y cansancio, con cierta nostalgia por aquel periodismo cultural de tendencia polémico, mientras las nuevas, pese a su formación académica, van perdiendo el interés por una sección aparentemente menos atractiva que el resto. Paradójicamente pueden tener una cultura básica bastante limitada y mucho más práctica. Las nuevas tecnologías y la economía de mercado están cambiando perfiles y formas de trabajo, están aumentando los públicos, pero al mismo tiempo están difuminando el universo social y atrapándolo en un esfera homogénea y global. "Hay un retroceso de lo cultural ante lo farandulesco, lo político o lo del espectáculo, y una gran incidencia de gente que viene de una academia a su vez vaciada de libido productiva, que cree que basta con ejercer cierto cancherismo light para ser, digamos, periodista cultural. El resultado es lo contrario al periodismo cultural: aburrimiento y previsión, lo contrario de las curiosidad yel cruce, o incluso el placer que comunica el arte (no el oficio ni el trabajo) de informar", explica Elvio E. Gandolfo, crítico y periodista cultural argentino.25

Los periodistas culturales más veteranos pueden describir tendencias e improvisar una descripción de lo que es para ellos la cultura; los más jóvenes titubean y describen una forma de hacer para ellos la cultura, no la cultura en sí. ¿Qué es la cultura? sigue siendo una pregunta en el aire y más bien parecen haber culturas particulares, culturas creadas o adaptadas según recursos y objetivos y culturas que constituyen un cajón de sastre para todo tipo de hechos sociales.

El periodista cultura deberá ir alcanzando mayor entidad y profesionalismo dado que es el que firma las notas culturales diarias y no el literato o el intelectual. Por una parte, sería conveniente crear líneas de investigación académicas sobre el periodismo cultural, incluirlo en planes de estudio y tener un marco teórico referencial sobre su desarrollo e importancia social y periodística. Los responsables de los medios de comunicación deberán concienciarse de su papel, motivar a los profesional con capacidad e interés en este campo y ofrecerles, además, una situación laboral similar a la del resto de compañeros, como una cuestión de cultura periodística.

Todo medio de comunicación es una empresa pero no hay que perder de vista los valores sociales. La cultura nos hace y debe estar en constante revisión, crear tendencias y renovarse con polémicas y debates. "Ahora como lector advierto que no hay debate, ni juicios de valor, ni peleas de grupos en el periodismo cultural y especialmente en el literario. La producción y el consumo de literatura están enérgicamente controlados por una tríada invulnerable: la universidad (con sus carreras de Letras), los suplementos culturales especializados y las asesorías literarias de las grandes editoriales). Nunca en el pasado estas tres fuerzas coincidieron tanto en sus gustos y sus prejuicios. Por supuesto que hay matices internos y pequeños conflictos de intereses, pero nada conmueve la solidaridad central de este mandarinato. Me gustaban más los viejos tiempos de debates e incertidumbres, pero quizás este sentimiento sea sólo efecto de la nostalgia y de la ausencia", comenta Luis Gregorich, crítico literario y periodista yugoslavo. El mexicano Rodríguez Baños considera que se ha olvidado la importancia social de la cultural y que los medios culturales responden a un interés específico y comercial: "lo que hay es un marketing de autores y una clase en el poder que está en todas partes".

Las tendencias alemana y francesa de cultura, así como la idealista y la materialista que todavía persisten, van diluyéndose en la sociedad actual. Formas, contenidos y rutinas de trabajo van cambiando el análisis y es difícil clasificar la situación de los medios culturales en la actualidad. Establecer definiciones se hace complicado y la nueva realidad cada vez encaja menos en los marcos vigentes. Por ello es necesaria una reflexión general de lo que se entiende por cultura y una conciencia colectiva fuerte en la profesión sobre lo que es y representa el periodismo cultural. Si como se asegura y repite en el espacio público el periodista es también una suerte de antropólogo social, deberá empezar y seguir investigando su propio origen y significación. La cultura del periodismo también es un indicador de la cultura de la sociedad.

_____
Notas:

1 http:// "http://www.elimparcial.com"/edicionenlinea/notas/entretenimiento/20020928/32556.asp.
2 En Reforma, 26 de septiembre de 2002.
3 Para Muñiz Sodré la "tecnocultura" es una designación para el campo comunicacional como instancia de producción de bienes simbólicos o culturales y para la impregnación del orden social por los dispositivos maquínicos de estetización o culturalización de la realidad. Es el resultado de la alianza entre comunicación, tecnología y economía de mercado. Muñiz Sodré: Reinventando la cultura, Gedisa, Barcelona, 1998.
4 Reforma, El Universal y La Jornada, 15 y 16 de septiembre de 2002. Nota: El responsable de la sección cultural de La Jornada, solicitado para responder a una serie de cuestiones sobre este asunto a fin de enriquecer este trabajo de investigación, se negó tajantemente e hizo extensible su postura al resto del equipo, por considerarse "editor y por lo tanto representante de todos los compañeros". El Universal y Reforma mostraron su buena disposición a colaborar.
5 Definición e información sobre la semiótica de la cultura en http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/04/osorio05.htm.
6 Colombres, Adolfo: Sobre la cultura y el arte popular, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1987.
7 Barei, Silvia: El sentido de la fiesta en la cultura popular, Alción Editora, Córdoba, 1991.
8 Parsons, T.: La Estructura de la Acción Social, Guadarrama, Madrid, 1968.
9 Diccionario Critico de política cultural, Editorial Pandora, México, 2000.
10 Mannheim, Karl: Ideología y utopía, F.C.E., México, 1941.
11 Kupper, Adam: Culture, Harvard University Press, 1999.
12 Para relacionar la definición de cultura de Boas junto a la de Edward Tylor y Alfred Koeber con los conceptos de multiculturalidad, interculturalidad y transculturalidad, ver el artículo de del Doctor Ugo Mancini, de la Universidad de Bolonia, disponible en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/1CultDesa/CDIDE15.htm.
13 Habermas, Jurgen: Facticidad y Validez, Madrid, Editorial Trotta, 1998.
14 Rivera, Jorge B: El periodismo cultural, Paidós, Argentina, 1995.
15 "Revistas culturales: ¿especie en peligro de extinción", en Milenio, 30 de Abril de 2001.
16 Op. Cit.
17 Tubau, Iván: Teoría y práctica del periodismo cultural, ATE, Barcelona, 1982.
18 Rivera, Jorge B: El periodismo cultural, Paidós, Argentina, 1995.
19 Presentación del libro de Ryszard Kapuscinski Los cínicos no sirven para este oficio el 26 de septiembre en la Universidad Iberoamericana Santa Fe-México.
20 "Etnografía. El oficio de la mirada y el sentido", Luis Jesús Galindo Cáceres, en Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación, Adisson Wesley Logman, México, 1998 (págs. 347 a 383).
21 Harris, Marvin: El desarrollo de la Teoria Antropológica, Siglo XX Editores, México, 1999, págs. 123 a 155.
22 Op. Cit. 347 y 348.
23 En http://www.informador.com.mx/lastest/2000/febrero/23feb2000/23pr05f.htm.
24 Rivera, Jorge B: El periodismo cultural, Paidós, Argentina, 1995, pág. 182.
25 Op. Cit. Pág. 188.


* Fidela Navarro Rodríguez es estudiante española de la Maestría en Comunicación en la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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