La
negociación periodística
Acerca
del vínculo entre periodistas,
medios y políticos, de la
información como mercancía y de
algunas otras cosas que, o se
ocultan, o no se quieren admitir, o
pocos reconocen como parte de su
propia experiencia.
Alfredo
Torre *
Debo
decir que me he dejado ganar por el juego que
supone intentar poner en evidencia algo de lo que
muchos sospechan y el impulso periodístico de
querer lograr un título y una bajada
medianamente atractivos que encierren -como en
una novela- algo de misterio. Dudo que lo haya
logrado verdaderamente, pero era la excusa que
necesitaba para abrir una ventana a través de la
cual ver y analizar lo más
desapasionadamente posible- algunas relaciones
existentes entre periodistas, medios y políticos
en términos de negociación.
Deliberadamente excluiré toda forma de
periodismo confesional o tutelado por el Estado,1 por cuanto creo merece
un tratamiento diferente.
Negociación,
palabra molesta (¿sucia?) para referirnos al
tratamiento de compra y venta de información de
interés público en el amplio
"mercado" de la política, lugar donde
también se pueden llevar a cabo otro tipo de
transacciones como veremos más adelante. En
primer lugar, intentaré definir el perfil de
algunos actores sin eufemismos:
a) Medio de
difusión masiva: empresa conformada para
ganar dinero (y a veces para consolidar el
poder de alguien, o las dos cosas en forma
simultánea) vendiendo información a un
público amplio y heterogéneo.2
b)
Periodista: empleado de empresa constituida
para ganar dinero (y lo que ya comentara
anteriormente). También intermediario entre
el poder en sus más variadas formas, el
medio para el cual trabaja y la gente.
c)
Político: "Dícese de quien interviene
en las cosas del gobierno y en los negocios
del Estado".3
Algunas
consideraciones acerca de estas tres categorías.
1º) "Medio de difusión masiva" y no
"medio de comunicación social", por
cuanto no existe diálogo ni decisión
consensuada con el cuerpo social en la mirada
sobre la realidad y menos en su valor noticiable.
Las noticias, consideradas como "algo nuevo,
a tiempo y dinámico"4 no se seleccionan sino
que se construyen, y dicha construcción es la
obra conjunta de los periodistas y de las
fuentes. La prensa, por más que sea espectadora,
hace la noticia, construye el suceso, lo dispone
y le da un sentido. La producción de noticias
según considera Félix Ortega-5 se rige por: intereses
económicos-empresariales, mentalidad profesional
y oportunidad. Es así que los medios se
comportan como jueces: algo se publica o no se
publica según propio (o ajeno) criterio en el
momento más propicio; 2º) Periodista, entendido
como dependiente (lamento en esta oportunidad no
incluir una figura menos despiadada). El
"independiente" también está sujeto a
que alguien compre su producción (¿es que acaso
existe un periodismo independiente?, ¿cuál?,
¿dónde?). A los efectos de este artículo,
consideraremos también al periodista como un
actor político que actúa de manera y con
recursos que le son propios; 3º) Político: en
lo individual, incluyo a los
"políticos profesionales" -como le
gustaba autodefinirse a J. F. Kennedy-, los
sindicalistas, los lobbystas y todo aquel que
pretenda posicionarse en el terreno de la
política; en lo colectivo, entrarían los
grupos y factores de presión y/o poder (los
grupos cumplen con su objetivo y desaparecen o
mutan; los factores cuentan con organización,
doctrina y permanencia) y los factores de
preponderancia (son consultados por el poder
antes de tomar decisiones). Una cuestión aparte
merecería el tratamiento de las ONGs y su
protagonismo. Aquí contemplaremos solamente el
accionar de aquellas que ejercen una coerción
efectiva. Se llaman: lobbies empresariales.
Dos últimas
advertencias: tomaré algunos ejemplos de mi
país -sobre los que tengo constancia- casi con
la seguridad de que podrían aplicarse a modo de
espejo en cualquier otro y dejaré definiciones
del romancero academicista,6 aclarando que hace más
de un cuarto de siglo que pertenezco a la
academia como docente, investigador y consejero.
Pues bien,
negociar de por sí no es malo. Hacer negociados
sí, por ilícito y escandaloso, aunque no tomen
siempre estado público. Existe un accionar
especulativo inherente a la persona humana. Es
nuestra forma cotidiana de hacer política.
Influimos, nos influyen; convencemos, nos
convencen; ganamos espacios, los perdemos;
necesitamos de otros, nos necesitan. Y en muchos
casos, sin darnos cuenta, pisando la angosta
cornisa que separa lo ético de lo no ético y
que cruza una zona gris en que también se mueven
los actores señalados.
Periodistas y
políticos se necesitan mutuamente. Los dos
tienen algo que al otro le interesa. Un solo
ejemplo como adelanto: "Yo creo dice
Daniel Santoro-7 que es lícito, por
ejemplo, que un periodista cambie
información off the record8 con un
político por una publicación breve e
inofensiva. Lo más usual será sus actos de
campaña. Ahora, no hay que convertirse en
protectores de esos políticos. Y si hay que
investigarlos, yo debo dar un paso al costado y
dejar que lo investigue otro colega".
Por cierto es
difícil de establecer quien necesita más de
quien. El político requiere del periodista para
ser visible y éste del primero para nutrirse de
información. Las relaciones entre ambos a menudo
son imprevisibles y no hay lealtades permanentes.
La tendencia a influirse recíprocamente hace que
se elijan unos a otros. Es más, se pueden
establecer lazos de simpatía (ideológica, por
ejemplo), amistad o de mutuos favores. Al
respecto Jorge Bernetti,9 consultado para este
artículo, ejemplificó: "Si este vínculo
se establece con alguno de la órbita ministerial
digamos- que pueda estar pasando por un mal
momento pero que está en condiciones de
suministrar información sobre lo que pasa en el
gabinete o cerca del presidente, seguramente el
periodista no lo atacará y tratará de
preservarlo como fuente".
Sobre cuestiones
de conveniencia para los profesionales de la
información, reflexiona Frank Pierss:10 "...el periodista
de la sección política que sabe que no puede
renunciar a sus contactos en el poder como fuente
de información, ¿echará todo a perder,
revelando demasiado de lo que sabe? ¿Arriesgará
no ser invitado a viajar en el avión
presidencial, a ser desterrado de la comitiva
oficial del premier, del presidente, o del
ministro, porque sus artículos son demasiado
agresivos?".
La
misión periodística
Antes de
continuar con los efectos y consecuencias de
estas relaciones, creo imprescindible destacar el
rol que debería cumplir el periodismo en el
terreno de la política. Posiblemente sea Horacio
Verbitsky -con la prosa que lo caracteriza- quien
mejor lo haya explicado hasta el momento. Así
dice: "Periodismo es difundir aquello que
alguien no quiere que se sepa, el resto es
propaganda. Su función es poner a la vista lo
que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto,
molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que
los periodistas pueden ejercer, y a través de
ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible.
Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y
guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo
de cada cosa, que del lado bueno se encarga la
oficina de prensa, de la neutralidad los suizos,
del justo medio los filósofos y de la justicia
los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa
tiene el periodismo?"11
Es evidente que
el ejercicio del poder y las negociaciones que se
producen entre partidos políticos, afines u
oponentes, se desarrollan muchas veces en
términos, circunstancias y ámbitos no del todo
transparentes para la opinión pública. Es más,
es probable que frecuentemente se trabaje a
través de operadores de prensa -de los que nos
ocuparemos más adelante- para dar una imagen muy
distinta de lo que verdaderamente acontece.
¿Quién podría salir a decir que se trocó el
voto a favor de leyes polémicas por dinero o
reparto de cargos?
Si hay una
misión fundamental que se le puede adjudicar al
periodismo, es la de transparentar los sistemas.
Que éstos aparezcan ante la gente como
auténticas cajas de cristal en donde todo se
pueda ver claramente y sin distorsiones. Hay
sistemas (políticos, económicos, etc.) turbios,
permeables o impenetrables, pero en tal caso la
peor condición que puedan mantener dentro del
terreno de la democracia, es que sean
inmonitoreables. En este sentido mucho es lo que
ha ayudado la existencia de una cultura de la
ocultación y la impunidad. Pues bien, alguien
debe asumir la responsabilidad de controlarlos,
revisarlos. Por suerte gracias al surgimiento de
un vigoroso periodismo de investigación al
que Heriberto Muraro12 considera como una
fuerza democratizadora, como un medio para
limitar el margen de maniobra de los funcionarios
e, inclusive, de otras variedades de poderosos
tales como sindicalistas y empresarios- es que se
han ido modificando algunas conductas. Hay una
mayor cautela por parte de algunos actores
sociales frente a la posibilidad de ser
descubiertos en actos ilegales o irregulares. En
tal sentido, se le debería recordar a los
integrantes de la clase política aquella frase
que dice: "Si no quiere que el periodismo se
entere y publique algo que usted pretende
mantener oculto... ¡pues no lo haga!
Al respecto,
habría que preguntarse en qué circunstancias
esa misma clase política podría permitirse
prescindir de los medios y, en especial, ignorar
los hostigamientos de que son objetos por parte
del periodismo de investigación. Muraro,13 sobre el particular,
dice: "En un régimen democrático, en el
cual queda vedado apelar al recurso de la
censura, y en una sociedad en la cual los medios
han logrado liberarse del mecenazgo de
funcionarios y dirigentes partidarios, la única
manera de arribar a una alianza entre políticos
y ciudadanos inmune a las opiniones del
periodismo es, sencillamente gobernar bien".14
Sobre otro
aspecto de la cuestión, lamentablemente,
también hay que considerar que muchos productos
de indagación periodística que aparecen como
originales y de publicación en exclusiva por
parte de un medio, esconden en el fondo pujas
políticas entre partidos que -amparados en un off
de record, por ejemplo- utilizan a los
periodistas (vaya a saber a qué precio) para
desacreditar a los adversarios. Más lamentable
aún es cuando éstos últimos ni siquiera
chequean rigurosamente la información que
reciben, muchas veces de otros periodistas que
trabajan como operadores de prensa y conocen la
lógica de construcción de la noticia. En
general, quienes cumplen con esta función no son
muy apreciados dentro del ambiente profesional
serio.
Mencionaba en el
párrafo anterior al off de record a
través del cual funcionarios y políticos pueden
diseñar planes de acción que, saben, llegarán
a los medios de comunicación sin un filtro
adecuado, siempre y cuando se le agregue a la
fórmula una pequeña porción de verdad. Pero
hay otras condiciones en el traspaso de
información: el briefing (informe), por
caso. Allí la fuente aporta datos al periodista
bajo la condición (negociación) de publicarlos
sólo en determinadas circunstancias. Tanto
pueden ser secretos que solamente podrán
revelarse a la muerte de la fuente, o datos en
exclusiva a cambio de ir preparando a la opinión
pública sobre un hecho extraordinario a futuro.15
La
prensa y el poder
En el contexto
de lo dicho anteriormente, creo que a la prensa
más que denominarla como "cuarto
poder", habría que considerarla como un
poder de carácter transversal. Es
decir, con la potencial capacidad de atravesar
otros poderes, cualquiera sean éstos. Sobre el
particular, otra mirada tiene Verbitsky:
"Contra lo que algunos colegas desearían y
lo que muchos gobiernos declaman, la prensa
carece en absoluto de poder. Su relación con el
poder es como la del voyeur con el sexo.
La prensa mira y se excita. Pero el poder no
admite que lo observen durante sus orgías y
procura desalentar al curioso, con leyes, con
colegiaciones o tribunales de ética que aspira a
manipular o mediante el más tradicional y
expeditivo cachiporrazo".16
Siempre el poder
ha pretendido controlar la información desde el
nacimiento mismo de la imprenta. Incluso la clase
política ha montado o se ha apropiado de
muy distintas maneras, a veces a través de la
violencia- de algunos medios de difusión masiva.
Muchos políticos han sido y hoy son dueños de
periódicos, canales de televisión y emisoras de
radio. Es probable que otros utilicen
testaferros. ¿Cómo han conseguido hacer eso?,
¿acaso con el dinero de la política? ¿Qué
persiguen?, ¿ocupar espacios, posicionarse,
utilizar una herramienta para defenderse o
atacar?. A veces este recurso se transforma en un
arma de doble filo cuando el público advierte
las intenciones lavadas en un pretendido semitono
neutro del contenido.
De
tentaciones y presiones
En el intento de
controlar el accionar de los periodistas, el
poder ha utilizado los más diversos recursos
para torcerles el brazo. Violencia física,
sobornos, amenazas, forman parte de un rosario
denunciado por organismos de prensa de todo el
mundo.
Quisiera
detenerme en el caso de un reconocido colega al
que quisieron comprar el abandono de su línea
investigativa sobre un resonante asunto que
involucraba a la cúpula del poder gobernante.
Como en las películas de ficción, le ofrecieron
previa cita en un lugar público, un maletín
cargado de una fuerte suma de dinero en dólares.
Cuando lo interrogué acerca de las razones por
las cuales no había aceptado esa más que
tentadora oferta, me respondió: "Tocar un
billete era emprender un viaje sin retorno a
corromperme para siempre. No tuve dudas, los
valores morales que aprendí de mis padres
-esforzados trabajadores- y los éticos que me
inculcaron en mi formación universitaria17 fueron determinantes a
la hora de hacer una elección". Con
respecto a esto segundo mantengo provisionalmente
esta hipótesis: los periodistas que cuentan con
estudios universitarios, sostienen más
férreamente ciertos principios que los alejan o
los hacen poner a veces involuntariamente-
más distantes de cualquier situación en donde
se pretenda modificar su correcto desempeño
profesional.
Con respecto a
esto, agrego que si el empleo de periodistas
estuviera relativamente bien pago y protegido por
una seguridad contractual, los intentos de
corrupción serían menos efectivos. A estos
factores, tenemos que agregar los valores
dominantes del medio: si el estímulo de la
ganancia se considera por sobre la honestidad
profesional, la corrupción en cualquiera de sus
formas parecerá siempre como "lo
normal".
Volviendo a lo
anterior, quizás haya que hacer un estudio en
donde se cruce la formación académica, como
variable, con relación al perfil de quienes
trabajan en los medios. Una vaga percepción,
más por olfato y experiencia que por
demostración, me indica que cuanto menos
educación superior se cuente, más se es
proclive a funcionar inescrupulosamente y a estar
detrás de pequeños beneficios sin medir
demasiado el inexorable desprestigio: un pasaje
en avión, alguna invitación para cubrir un
"importante evento de interés social",18 dinero con entrega
regular como el que algunos políticos dicen sin
vergüenza en su más íntimo círculo entregar a
gente de la prensa para que al menos no los
critiquen, etc.19 Con relación a este
tipo de corruptelas, un claro y lamentable
ejemplo en Argentina según relata Santoro-
sucedió durante el gobierno de Alfonsín:
"el banco Hipotecario dio créditos a tasas
muy bajas (eran casi subsidios) a decenas de
periodistas y durante el gobierno de Menem,
existió la cadena de felicidad de la SIDE
(Servicio de Inteligencia del Estado) a
través de la cual se le pagaba 3 ó 4 mil
dólares a diputados, jueces y periodistas.
Armando Vidal del diario Clarín denunció
que diputados le pagaban a periodistas
acreditados en el Congreso con pensiones
graciables".
Por supuesto que
a otra escala, con formación o sin formación,
pero en este caso orientándonos hacia
profesionales influyentes, el nivel de obsequios
disfrazados alcanza un estado de proporciones:
costosos viajes para "comprender la cultura
y la eficiencia en la administración
gubernamental" de determinados países,
equipamiento informático o de comunicaciones
sofisticado para evaluar el mejoramiento de la
calidad en el trabajo, etc., son parte de ese
intento de compra de voluntades a través de
mecanismos, a veces, muy ingeniosos.20
En otras
oportunidades nada se encubre. Los diarios del
mundo se hicieron eco recientemente21 de que Estados Unidos
estudia un plan para comprar periodistas que
escriban a favor de la política de George Bush,
según admitieron funcionarios del Pentágono y
del gobierno. Lo que el poder de Washington
pretende hacer es lanzar operaciones secretas de
propaganda bélica con el fin de influir en la
opinión pública de países neutrales y aliados,
así como el pago a reporteros que puedan dar una
visión positiva de la agenda internacional de la
Casa Blanca.
Precisamente el
vocero de la misma, Ari Fleischer, no negó la
existencia del plan. "Existe en el gobierno
un reconocimiento generalizado de que EE.UU.
tiene un papel importante en el mundo para una
mejor comunicación del mensaje estadounidense de
esperanza y oportunidad", dijo.
Mientras tanto,
se encendió un feroz debate en la
administración, y específicamente en el
Pentágono, respecto a si los militares debían
pagar a periodistas para que escriban artículos
favorables a las políticas de EE.UU. o paguen a
contratistas externos sin vínculos obvios con el
Pentágono para que organicen manifestaciones en
apoyo a Washington.
Ya en febrero de 2002, tuvo que ser desmantelada
la Oficina de Influencia Estratégica del
Pentágono, poniendo fin a un plan de corta vida
destinado a proporcionar noticias verdaderas y
también falsas a periodistas extranjeros para
influir en el sentimiento público en el
exterior.
¿Actitud
crítica?
A esta altura
del relato uno podría preguntarse si todo el
campo estará minado por la corrupción y el
interés espurio. Por supuesto que no. Pero
también debemos ser cautos a la hora de analizar
las voces críticas. Hay una pregunta que siempre
me ha parecido clave a formular dentro del campo
periodístico: con la publicación de determinada
información, ¿quién se beneficia y quién se
perjudica? La crítica desde el periodismo hacia
el quehacer político ¿es real, ficticia,
esconde algo? Por cierto la mayor parte de las
veces resulta muy difícil dar una respuesta.
Conozco un par
de supuestos colegas que se verían en figurillas
para justificar su alto nivel de vida. No me
ocuparé de ellos, claro. Sí de aquellos sobre
los que tengo certeza que lícitamente se han
hecho de una buena posición económica asegurado
su futuro bienestar y el de sus allegados.
Pregunto: ¿esto los hará más
"independientes"? De ser así: ¿de
qué? Posiblemente se transformen en más
críticos, pero en tal caso habría que ver hasta
que punto atacan la raíz de las cuestiones
irregulares o ilegales. Tengo muchas veces la
impresión, por ejemplo, de que a veces castigan
muy duro a un político corrupto, pero poco o
nada hacen referencia al sistema que lo corrompe
o le brinda la grieta para que desde la
alegalidad produzca hechos que -sin ser ilegales-
se los pueda considerar como ilegítimos.
En otro orden,
es probable que algún que otro periodista
(corrupciones hay en todas las profesiones y
niveles), pueda utilizar el resultado de sus
indagaciones para forzar o extorsionar a quienes
desde el escenario político estarían en
condiciones de brindarle algún tipo de
beneficio. Desde otro lugar muy distinto,
aquellos que se transforman en molestos para el
poder, deben tener presente todo el tiempo
como en el caso anterior- que ellos
también pueden ser plausibles de ser
investigados de la misma forma que se hace con
políticos, jueces o empresarios.22 Cualquier error, por
mínimo que sea, será el argumento que se
utilice para presionarlos, sacarlos de carrera o
llamarlos a silencio, tanto sea para salvaguardar
su integridad física o sus bienes, como la de
sus propios familiares.
Presionar a un
periodista directamente (la amenaza de muerte en
el recordatorio de su teléfono de acceso
restringido, por ejemplo), es a esta altura de un
accionar torpe o mafioso, salvo que se quiere
dejar sentada la advertencia hacia otros. Hoy se
utilizan recursos que pueden dañar aún más que
un corte de navaja en la cara.23 A veces penetrar en la
intimidad, en la vida privada, hace que éstos se
transformen en seres más vulnerables.
No puedo dejar
pasar la oportunidad sin recordar que hubo otros
tiempos en América latina en que los periodistas
que denunciaban o criticaban, aunque más no sea
tibiamente, los excesos y la impunidad del poder,
pagaban con su propia vida tal compromiso.
Tenebrosas
dictaduras garantes del poder hegemónico
mundial, de los beneficios de algunas pocas
empresas, de los eternamente privilegiados
sectores de la sociedad civil hoy teñidos de
democráticos, todo bajo el amparo y complicidad
de algunos representantes de la Iglesia
Católica, dejaron una importante cuota de
tragedia en todas las libertades y,
especialmente, en la libertad de expresión. El
capítulo de Argentina entre 1976 y 1983 es una
clara muestra de ello.24 Aunque parezca
inoportuno, permítaseme una humorada muy
conocida en nuestras redacciones:
¿Qué
hacen los periodistas argentinos más
influyentes cuando no escriben, no hablan por
radio o no salen en la tele?
Reciben amenazas.
Acuerdos
entre partidos y medios
Para Bernetti,
existen acuerdos explícitos entre los partidos
políticos con mayor cantidad de votos
gobernantes o no- y los medios de difusión
de más amplia llegada. "Los medios demandan
en forma muy exigente prioridad y
exclusividad", afirma. Es decir, que si la
información emanada del campo político es
ampliamente socializada, al medio dominante ya no
le interesa publicarla. Esta negociación, en
términos generales, la lleva a cabo el
periodista con la fuente y frecuentemente no
llega a la cabeza del medio, que evita
comprometerse directamente en estas coberturas.
El contacto
entre los dirigentes políticos y los medios de
comunicación ha sido muy intenso desde siempre,
dado que los medios han sido y son el gran
"teatro de operaciones" de la
política. Sobre este vínculo, Rosendo Fraga25 entiende que "ha
sido una relación asimétrica ya que en general
los políticos han tenido una actitud de
temor frente a los medios, por
posibles ataques o críticas a aspectos de la
vida política que son muy reprochados por la
sociedad".
Este miedo
también prevalece a la hora de pensar en
demandar a un medio y especialmente a un
multimedios, por las consecuencias que podría
traer aparejado el ver multiplicado en radio, TV
y prensa contenidos que pudieran resultarles
desfavorables. Y hay algo aún peor: ser
ignorados por éstos.
A propósito
recordemos también que la pequeña prensa
a veces de fuerte presencia regional en un
país-, frecuentemente es arrastrada por las
tendencias de contenido de las grandes empresas
periodísticas capitalinas. Esto es lo que se
conoce como efecto "rebaño", en donde
los medios se van legitimando en cadena y ninguno
intenta como señala Priess-26 "nadar contra la
corriente o violar lo que en ese momento se
considera politically correct, lo
políticamente correcto". En este contexto,
tanta negativa sobrexposición o, por el
contrario, la más absoluta invisibilidad,
podría resultar trágica para los políticos.
En general los
abogados suelen desalentarlos cuando intentan
querellar a los medios. La razón es muy sencilla
en términos de conveniencia: es probable que los
mismos publiquen sólo una parte de los problemas
que ellos tienen, no todos.
Debo decir que
no tengo conocimiento preciso acerca de si algún
medio pudo haber utilizado alguna investigación
con fines extorsivos para conseguir algo de la
clase política, pero tengo convicción sobre el
mantenimiento en reserva de ciertos datos
comprometedores de la vida personal de algunos
miembros de esa clase, como reaseguro o moneda de
cambio ante posibles conflictos o embestidas
futuras. Precisamente la indagación sobre lo
privado y el encuentro de algunas
irregularidades, los hace más frágiles. Como
está dicho anteriormente, está claro que los
medios esperarán el momento "más
oportuno" para dar cuenta de lo que saben y
provisoriamente mantienen celosamente guardado.
Conociendo
a los políticos
Hago aquí un
aparte del tema central porque me parece
necesario para los políticos y quienes aspiren a
serlo o pretenden un espacio de poder, el que
conozcan mínimamente la lógica con que se
manejan los periodistas profesionales a la hora
de investigarlos. El procedimiento es bastante
sencillo: se trata de demostrar en forma
irrefutable, a través de documentación y
testimonios, que frente un hecho que se presume
irregular o ilegal, algo ellos pudieran haber
hecho, y ese algo -que se pretende ocultar- está
en contra de los intereses del público.
Sin tomar
ningún caso en particular, digamos que en primer
lugar se trabaja sobre su vida privada, en donde
es probable que se encuentren elementos nada
desdeñables. El origen de su nombre y apellido
puede remitir a sus antecesores y a las
relaciones o alianzas familiares o políticas que
hubieran podido suceder en el pasado y que hoy
explicarían muchas cosas. Por ejemplo, su
situación patrimonial. En general, es este rubro
más sensible en el que primero se indaga para
conocer si puede justificar a través de su
ocupación, herencias, legados o matrimonio, los
orígenes y la evolución de sus bienes. La
composición de su familia, los nombres de sus
miembros (es frecuente encontrar propiedades a
nombre de alguno de ellos) y el nivel de gastos
que cada uno tiene, su vivienda actual y la
anterior a ocupar algún cargo, vehículos con
sus marcas y modelos, estudios efectivamente
realizados (hay quienes se adjudican títulos que
no poseen), etc., formarán parte del perfil del
indagado que el periodista necesita conocer.
También dentro
del ámbito privado será necesario saber sobre
sus creencias, su ideología. En principio se
puede establecer a través de ellas si existe
coherencia con su imagen pública o nos
encontramos frente a un doble discurso. He
conocido a un personaje de la política que
pretendía lavar su mal comportamiento como
funcionario de gobierno levantando programas para
la niñez desprotegida, cuando nunca antes le
había pasado a su ex esposa la cuota alimentaria
para sus hijos.
Otra cuestión
digna de atención estará orientada a obtener
información sobre su vida social y el círculo
de sus más estrechas relaciones. Muchas de ellas
podrían actuar como confidentes, asesores,
consejeros, o tener decididamente influencia
sobre él. Es probable que a algunos se los deba
agendar como potenciales fuentes según sea el
caso.
Rogelio García
Lupo27 utilizaba un recurso
indagatorio formidable mucho antes que por
procedimientos informáticos se pudiera cruzar
información: tomaba las columnas de las páginas
sociales de los diarios más conservadores del
país y registraba los nombres de quienes se
casaban, padrinos e invitados a las fiestas;
reuniones de clubes como el Rotary, invitados
especiales (políticos, sindicalistas, artistas,
formadores de opinión) a presentaciones de
productos o fusión de empresas, etc. Así pudo
explicar muchas de las coaliciones que se daban
en el plano del poder y su comportamiento.
Con respecto al
estudio sobre la esfera social (pública), se
analiza en forma completa la trayectoria, los
ambientes frecuentados y las actividades
económicas. Con respecto a lo primero, será de
interés conocer cómo y a través de quién
si lo hubiera- alguien se lanzó a la arena
política, con quién estrechó vínculos, si
existieron o no cambios significativos en sus
línea de pensamiento y acción. En lo segundo,
vinculaciones extraprofesionales o presencia en
lugares de interés diverso (deportivos o
sociales frecuentados por gente influyente). Por
último, su relación con todo lo lícito que le
aporte dinero. Por ejemplo, los réditos de una
empresa propia (o varias), de la que se deberá
saber también si cuenta con algún tipo de
relación con el Estado. Entonces, de no poder
justificar erogaciones acordes a sus ingresos...
bueno, ese sería seguramente un motivo para
investigarlo. En tal sentido resultaría muy
importante que se hicieran públicas las
declaraciones juradas de todos quienes participan
en los asuntos públicos. Algunos intentos como
la ONG Poder Ciudadano28 han dado
(lamentablemente pocos) resultados.
Es bueno
recordar que todos los datos mencionados son
recogidos por los periodistas de fuentes
documentales y personales. Pocos,
desafortunadamente, se toman el trabajo de
chequear por ejemplo- los currículums
vitae con los originales que verifiquen lo allí
expresado. Conozco decenas de casos de gente con
exposición pública que se atribuye cosas
verdaderamente increíbles, o que ocultan
culposamente manchas en su vida personal o
profesional.
El periodista
escucha los testimonios de amigos y enemigos del
investigado y también presta atención a lo que
recuerda de él la "memoria social".
Esto último lo explicaré con un simple ejemplo
que investigaron mis alumnos: sobre un candidato
a intendente, con amplias posibilidades de ganar
en un distrito, alguien recordaba que -según
relato de terceros- había estado involucrado
hacía mucho tiempo en algo irregular que no
podía precisar. No había ningún dato puntual,
excepto que lo rememorado había sucedido en su
ciudad natal. A través de los vecinos y con la
ayuda del archivo del periódico local
posteriormente, se pudo establecer que esta
persona había sido sancionada por
administración fraudulenta cuando había sido
funcionario en la municipalidad de su partido.
Gracias a esta memoria, al cómo la gente común
registra y procesa la información, se pueden a
veces reconstruir verdaderos laberintos.
Desde ya que a
los integrantes de la clase política se los
estudiará también dentro de las entidades a las
cuales pertenecen (partidos, comisiones
legislativas, ONG, etc.), de las cuales se
indagará el área estructural (origen, fines,
recursos económicos, etc.) y el área social
(actividad comercial, política, cultural,
religiosa, etc.). La necesidad de hacerlo,
corresponde a que no siempre coinciden los fines
con las acciones. Por ejemplo, a través de la
creación de fundaciones o asociaciones sin fines
de lucro, se puede estar lavando dinero de la
política (autodonaciones, "retornos"
en moneda de partidarios a los cuales se les
otorgó un cargo o un subsidio, desvio de
partidas de dinero, etc.).
Vinculado a lo
antedicho, es por demás evidente que en nuestros
países el tema de la corrupción está a la
orden del día y el periodismo hace denodados
esfuerzos por develar dentro del vasto campo de
la política, la trama secreta que la alienta y
posibilita.29 Lamentablemente esto no
es la norma para todos los medios, ni todos los
periodistas utilizan una metodología rigurosa de
investigación, especialmente para dar cuenta del
funcionamiento de algunas estructuras que los
pudieran afectar tanto a ellos como a las
empresas para las que trabajan. Nada más
oportuno que la frase referida a este asunto
dicha por Jorge Guinsburg:30 "Somos rebeldes,
salvo con lo rentable".
Jefes
de prensa
Tengo la
impresión que si los jefes o los asesores de
prensa supieran medianamente las lógicas en que
se basa el periodismo bien hecho, cambiarían de
actitud o diseñarían estrategias muy distintas
a las que habitualmente ponen en práctica.
Uno de los
productores de radio más cotizados de Buenos
Aires, que me pidió reserva de identidad, nos
ilustra con los siguientes ejemplos:
- "Una
de mis primeras experiencias fue cuando
me inicié como productor periodístico
en una emisora. El jefe de prensa de un
legislador del interior me ofreció
pasajes aéreos gratis a cualquier punto
del país, a cambio de una entrevista. El
político era impresentable y el jefe de
prensa ofrecía el oro y el moro para
conseguirle una nota."
- "Los
jefes de prensa de los políticos son una
raza aparte. Un tanto voceros, otros
mucamos, asistentes, por lo general
dificultan la llegada del periodista
al político. Muy pocos son eficientes y
manejan información con seriedad y
responsabilidad. La mayoría quieren
aparecer ante el periodista como un
elemento importante, y no es así.
En estos casos, el off the record
lo preferimos tratar directamente con el
político, porque la información del
vocero no suele ser confiable."
- "Elecciones
a diputados de 1987: los candidatos en
Capital Federal eran Carlos Ruckauf
(actual canciller argentino del gobierno
del presidente Duhalde) y Jesús
Rodríguez (de la opositora Unión
Cívica Radical). La campaña venía muy
dura y las acusaciones que se lanzaban
eran potentes. El plato fuerte de
cualquier programa político era
juntarlos en un debate, cosa que el
candidato justicialista se negaba
sistemáticamente. Yo comprometí a
Jesús Rodríguez y había obtenido la
confirmación de Ruckauf a través de su
jefe de prensa. Cuando lo anunciamos al
aire, me llama Ruckauf en persona para
pedirme explicaciones. Resultado: echó a
su jefe de prensa, que fue un chivo
expiatorio, porque a pesar de haberlo
consultado evidentemente a último
momento Ruckauf se había arrepentido. A
un vocero en serio no le habría pasado
esto."
- "Recuerdo
cuando Rodolfo Terragno31 era ministro de
Obras Públicas de Alfonsín, que
piloteaba la privatización de
Aerolíneas Argentinas. Era habitual que
los días en que este tema dominaba
la actualidad, la palabra de Terragno era
importante. Cuando nos contactábamos con
su jefa de prensa, para sacar al aire al
ministro, muy suelta de cuerpo, nos daba
una entrevista telefónica para
radio en... ¡una semana o diez
días adelante!. No tenía idea de la
oportunidad ni de la valoración de la
noticia."
No hay jefe de
prensa que no esté presionado (¡y de qué
forma!) por los reclamos a veces absurdos-
de los políticos, quienes exigen todo el tiempo
estar en la mira de los medios y, como si fuera
poco, que éstos se comporten con ellos de manera
complaciente. Muchos voceros o quienes manejan la
información emanada de la clase política (al
fin y al cabo, los primeros fusibles en saltar),
se transforman con el tiempo en genuinos y
vehementes negociadores, olvidando su principal
misión. A veces consiguen buenos resultados para
sus jefes trocando favores o metálico por
espacio en los mejores programas, o un mayor
centimetraje en medios gráficos (en los que por
la inserción de una foto se debe pagar, las más
de las veces, una cifra superior). En estas
gestiones hay muchas veces una gran cuota de
hipocresía. Relaciones entre políticos y
periodistas que se muestran como distantes o
críticas frente al público, son en realidad
productos negociados de antemano. Hasta es
posible que se acuerden anticipadamente los
distintos momentos de la entrevista que puede
comenzar con preguntas corrosivas y terminar
favoreciendo ampliamente la figura del político.
Al respecto, Santoro comenta: "Hay casos en
que el político compra la tapa de
una revista, con una larga entrevista a favor.
Con el dinero recaudado, la misma solventa los
gastos de edición, paga sueldos y queda algo de
ganancia".
No solamente en
el terreno de la política se presentan estas
situaciones, en otros ámbitos como los del
espectáculo o deportivos son los propios
periodistas los que se transforman en agentes de
prensa a cambio de dinero o dádivas de cualquier
tipo. Nuestro mencionado productor radial nos
vuelve a ilustrar:
- "El
periodista de espectáculos también se
ha desvirtuado: o se dedica a difundir
chismes de artistas de segunda o se
dedican a elogiar películas o programas
con muy poco sustento, ya que son amigos
de los productores, o de los directores o
de las distribuidoras. ¿En cuántas
oportunidades se vio a un periodista
acorralar a una figura por su
fracaso en TV o por la poca gente que va
a ver su obra de teatro?."
- "Con
los periodistas deportivos pasa algo
similar. Hace un tiempo se difundió la
versión de que un periodista deportivo
de radio y televisión había hecho un
fuerte lobby a favor de la designación
de Marcelo Bielsa (actual DT de la
selección de fútbol argentina) como
director técnico del seleccionado. Una
vez logrado el objetivo, el periodista le
recordó el favor y le pidió a cambio,
una nota exclusiva cada semana, a lo que
Bielsa se negó por su conocida parquedad
para hablar con los medios."
Volviendo al
tema, es interesante escuchar los relatos que
algunos periodistas hacen sobre lo que otros
"colegas" tranzan con los jefes de
prensa en las giras presidenciales al exterior.
En algunos casos los funcionarios suelen
hacerse cargo de los gastos y de algunos
caprichos de los periodistas. Eso sí: no
publicar nada negativo de la gira.
Por lo visto
hasta ahora, parecería que jefes y asesores de
prensa serían parte de una casta predispuesta a
cualquier cosa para complacer a sus mandantes.
Por cierto y afortunadamente no es siempre así.
Pero hay que diferenciar entre los que
"operan" políticamente y los que
tienden a cumplir una función más
"técnica". Los primeros pretenden
influir en el recorte, valorización y difusión
de la información política que llevan a cabo
los periodistas. Los segundos se ocupan de
informar a la prensa, dar a conocer a los
políticos el tratamiento informativo y de
opinión de los medios respecto de sus
actividades y cuestiones vinculantes, como así
también facilitar el diálogo entre la clase
política y los periodistas. Tomado desde este
último punto de vista, su trabajo es esencial
para el sistema democrático y el derecho de todo
ciudadano a conocer sobre las ocupaciones y
preocupaciones de quienes se encuentran en el
poder o pretenden llegar a él.
Prensa
y Congreso
Existe un
escenario muy interesante sobre el cual observar
el comportamiento de los actores señalados
anteriormente: el Congreso. Dentro del campo de
la comunicación política hay que considerar la
relevante relación que existe entre los miembros
del poder legislativo y la prensa. Como se
señala en una investigación de campo coordinada
por Fernando Ruiz:32 "Ambas son las
principales instituciones de la dimensión
deliberativa de la democracia, entendida esa
dimensión como los ámbitos en los cuales existe
una discusión abierta de los asuntos
públicos".
Sobre el mismo
trabajo, coincido con las apreciaciones (por mi
recortadas y reagrupadas) que responden a los
siguientes interrogantes:
¿Qué es lo
que hace que un legislador tenga presencia
mediática y otro sea un desconocido? En
principio debe cumplir con tres tipos de
requisitos:
-
Protagonismo político: el interés de la
prensa surge por el liderazgo de bloque, por
ser autoridad de comisiones relevantes, tener
influencia sobre sus pares, o ser importante
dirigente partidario en el ámbito nacional.
El protagonismo político puede provenir
tanto de la ocupación de lugares de poder,
como por el desafío a esos lugares.
-
Conocimiento de la actividad parlamentaria:
participar en temas de relevancia, aportar
"valor agregado", diferenciarse y
trabajar intensamente. Lo que primariamente
interesa a los periodistas no son los
poderosos ni los protagonistas, sino la mejor
información política.
-
Virtudes comunicativas: ser buen orador
en las sesiones, mantener claridad para
expresarse frente a los periodistas, ser
carismático, poseer amplia disponibilidad y
adaptarse a la rutina de los distintos
medios. También decir la verdad aunque vaya
en contra de sus propios intereses.33
¿Qué es lo
que hace que un periodista reciba la atención
preferencial de los legisladores y jefes de
prensa?
-
Pertenecer a un medio importante: son
factores importantes la influencia del medio
y la amplitud de su público.
- Tener
virtudes profesionales: estar informado
acerca de los temas sobre los cuales trabaja.
- Poseer
virtudes personales: ser confiable y
respetar los dichos del entrevistado.34
Es importante
destacar que la relevancia política provoca la
relevancia mediática y se alimentan mutuamente.
Pero no siempre es así. Un político puede ser
muy mediático pero carecer de relevancia
política.
Legislación
resbaladiza
Aprovecharé el
ámbito legislativo, en donde influye el poder
del Ejecutivo y también la agenda mediática,
para abrir un nuevo tema motivo de controversia y
que hace precisamente al núcleo de este trabajo.
Me refiero a la legislación en materia de medios
de comunicación.
Si hay algo que
desearían no hacer o evitar diputados y
senadores, mucho menos los políticos que se
desempeñan en cualquier otro ámbito, es tomar
posición o deliberar sobre una cuestión que
mueve los más diversos intereses, pero
especialmente económicos.
Digamos que en
el último cuarto de siglo, algo se ha
transformado el mundo en materia de
comunicaciones. Dejaré la ironía para señalar
que absolutamente todo ha cambiado o ha sufrido
profundas modificaciones. Existe hoy una nueva
forma de percibir el mundo, de utilizar las
herramientas de comunicación y de adaptarse a
las consecuencias de los altos niveles de
concentración mediática que se han operado a
nivel global. La fusión empresaria y de
capitales ha creado un nuevo polo de poder cada
vez en menos manos. Ya había señalado
anteriormente que ponerse en contra de un medio
que pertenezca a uno de estos conglomerados, era
ponerse en contra de todos. Y a veces las cosas
van mucho más allá cuando existen acuerdos
corporativos entre multimedios. Lo saben los
políticos (algunos con el agregado de poseer
vínculos económicos con ellos) y también los
periodistas que allí trabajan y deben ser
consecuentes con la línea empresarial en todos
los frentes, a riesgo de perder futuras
posibilidades laborales.
Pues bien, si
así se presenta este nuevo escenario, sería
lógico de que los países vayan aggiornando
su legislación en la medida que se produzcan los
cambios. Entonces, por ejemplo, ¿qué ha hecho
que en más de 25 años no se haya modificado
totalmente la legislación argentina en materia
de radiodifusión, siendo que la que está aún
vigente pertenece a los tiempos de la última
dictadura militar?
La respuesta es
sencilla: todos los intentos y proyectos
presentados que no tuvieron el visto bueno de los
medios más importantes, fueron bombardeados por
los mismos con el agravante de desacreditar a sus
autores o a quienes los enarbolaban. ¿Cuántos
políticos y a qué costo estarían dispuestos a
asumir tamaño desafío?
A fuerza de ser
sincero, debo decir que la ley a que he hecho
referencia, tuvo una leve modificación durante
el mandato de Carlos Menem. Se cambió un
artículo que impedía el monopolio de medios
para que principalmente el diario de mayor tirada
de la Argentina y buena parte del mundo (Clarín)
pudiera acceder a la compra de radios y canales
de televisión en todo el territorio. El gobierno
ingenuamente creyó que de esta forma se
volcaría a su causa o por lo menos no lo
criticaría. La soberbia del ex presidente
posibilitó que nunca hiciera una autocrítica de
su gestión, pero esta es una de las pocas
medidas de las que se lamentó públicamente. Por
supuesto Clarín nunca le hizo una
correspondencia a tamaño favor.
Hay legisladores
que creen (pero lo callan ante el periodismo) que
hay que aumentar gravámenes para las grandes
empresas y de servicios privatizados, pero temen
que los medios, que forman parte de ellas o
reciben fuertes pautas publicitarias, lo
presenten como un desaliento a la inversión o un
riesgo de inseguridad jurídica, todo ello sin
considerar el orquestado de una campaña que
levante un supuesto encubrimiento de mordazas a
la libertad de expresión.
Credibilidad
Posiblemente,
todo lo anteriormente expuesto, sirva para
entender que lo que está en juego es la credibilidad
de medios, periodistas y políticos. No obstante,
según Fraga, "pese a la crisis general de
credibilidad que hoy muestra la sociedad, los
medios de comunicación siguen teniendo mejor
imagen que las instituciones políticas y los
factores de poder, aunque ello puede cambiar en
el futuro".
No obstante, no
debemos perder de vista que los medios no son
entidades de beneficencia sino empresas sometidas
a leyes del mercado que reconocen ante todo la
lógica de las utilidades, a veces sobrepasando
los límites de la ética.
Por otra parte,
la clase política se encuentra -al menos en
algunos de nuestros países latinoamericanos-
frente a un proceso de desgaste y falta de
confianza por parte de aquellos que cuentan con
capacidad de voto como nunca antes había
sucedido. Los desgraciados acontecimientos de
diciembre de 2001 en Argentina, por ejemplo, que
terminaran con el gobierno de Fernando De la
Rúa, llevaron a tal límite la situación que la
mayoría de los políticos no podían salir a la
calle sin ser agredidos por la gente.
Sin embargo,
este descrédito no alentó al periodismo para
hacer leña del árbol caído. El joven
periodista Daniel Tognetti,35 así sintetizó este
escenario: "Hoy pegarle a un político es
como patear a un borracho en la calle".
Convengamos por
último que la importancia y relevancia de la
prensa es producto en gran medida de la
asociación -a veces simbiótica, otras
imprescindible- con el poder político, en donde
existe un permanente juego en el que cada uno
mide sus fuerzas. En el marco de la democracia
eso podrá seguir siendo posible -dentro de una
razonable convivencia-, en tanto los actores
aquí mencionados36 sepan ejercer sus
derechos y cumplir sus deberes.
En tal sentido,
convendría recordar el contenido del artículo
4º de la Declaración Final del Primer
Encuentro entre Política y Comunicación Social
Alternativa en Cuba:37 "(...) El poder de
los políticos no deberá ser empleado para
reprimir a los periodistas, y el poder de los
periodistas deberá ser la representación del
derecho público a la rendición de cuentas de
los políticos, sobre la base de normas éticas
internacionalmente reconocidas para unos y para
otros".
Una cosa más
para concluir: ante el desagradable panorama
trazado en parte de esta exposición, quiero
dejar mi expreso reconocimiento hacia toda esa
gran legión de políticos honestos, periodistas
honestos y medios honestos, que día a día
"negocian" exclusivamente con la
responsabilidad y con la verdad.
_____
Notas:
1 El Estado, o mejor dicho, la
clase gobernante, históricamente ha mantenido el
principio intervensionista de favorecer con
avisos, créditos, facilidades impositivas, etc.,
a los medios "amigos" y castigar al
resto según el grado de crítica u
oposición- con exiguas o nulas pautas
publicitarias. Durante diciembre de 2002, fue
denunciado en la provincia argentina de Río
Negro que el gobierno encabezado por Jorge
Sobisch, había suspendido la publicidad oficial
en el diario Río Negro, el de mayor
circulación en la zona, en represalia por la
publicación de reportajes sobre tráficos de
influencias y presiones en la legislatura local.
Asimismo, intentó intimar a comerciantes y
empresarios para que no anuncien en dicho medio.
2 La heterogeneidad entendida desde los
procesos de recepción: de cómo la información
es aprehendida por cada individuo y de qué
manera éste la tamiza, resignifica y apropia.
3 Diccionario de la Real Academia
Española, sin la bastardilla.
4 IZURIETA, R. (2002) pág. 216.
5 Recomiendo la lectura de "La
política y el periodismo en el nuevo espacio
público" de Félix Ortega, Universidad
Complutense de Madrid / Facultad de Ciencias de
la Información, localizable en
http://www.ecomunicacion.com/valbuena/comunicacion_politica/Politicos_y_Periodistas.htm.
6 En lo posible trataré de evitar la
utilización como sinónimos de
"periodista" y "comunicador"
(nunca entendí por qué se insiste en decir que
son equivalentes) y explicaré de cada asunto lo
que creo es: por ejemplo,"periodismo de
investigación" como "producto
marketinero impuesto por los medios de difusión
para hablar del periodismo bien hecho". Este
último concepto se lo he escuchado decir a uno
de los colegas más lúcidos de mi país: José
María Pasquini Durán (diario Página 12).
7 Daniel Santoro, quien hizo este
comentario para el presente trabajo en diciembre
de 2002, es uno de los periodistas más
prestigiosos de Argentina. Ha sido ganador del
Premio Rey de España por su investigación
publicada en el diario Clarín y
desarrollada más ampliamente en su libro
"Venta de armas, hombres de Menem" (Ed.
Planeta, Bs. As., 2001) sobre la
comercialización de armas a Croacia y Ecuador
durante el gobierno de Carlos Menem, quien estuvo
detenido por esa causa luego de su mandato.
8 El periodista puede publicar lo
señalado por la fuente, siempre y cuando
mantenga en reserva su identidad.
9 Jorge Bernetti, periodista y licenciado
en ciencias políticas, con una vasta trayectoria
en el periodismo político, es profesor titular,
investigador y director de la Maestría en
Periodismo de la Facultad de Periodismo y
Comunicación Social de la UNLP. Sus
declaraciones fueron registradas en diciembre de
2002.
10 PIERSS, Frank. "Los periodistas:
cómo se ven a si mismos y cómo los ven los
demás", en: FRAGA, R. (1997) pág. 162. F.
Pierss es Director del Programa Medios de
Comunicación y Democracia de la Fundación
Konrad Adenauer.
11 VERBITSKY, H. (1997): "Un mundo
sin periodistas", pág. 16. El
título de esta obra se corresponde con un dicho
humorístico del ex premier británico John
Major: "Un mundo sin periodistas, sería un
mundo más feliz".
12 MURARO, H. (2000) pág. 29. Este autor
va aún más allá en su definición del
periodismo de investigación al considerarlo como
"una corriente cultural destinada a proteger
los intereses y valores de los indefensos"
págs. 29 y 30.
13 Op. cit. pág. 130.
14 Ibíd. pág. 30. Muraro entiende por
"gobernar bien": "(...) no sólo
administrar los recursos públicos con un máximo
de honestidad y eficiencia, sino también
controlar el ciclo económico para crear empleo,
evitar oleadas inflacionarias, atenuar
desigualdades sociales y erradicar la pobreza. Es
decir, mucho de lo que ahora parece estar fuera
del alcance de la clase política".
15 Un caso paradigmático sucedió con el
ex presidente argentino Arturo Illía, quien fue
"avisado" por la prensa con meses de
anticipación sobre su caída mediante un golpe
de Estado de carácter militar. Unos pocos
periodistas de medios conservadores fueron
convocados por miembros de las Fuerzas Armadas
para dar cuenta de sus planes.
16 VERBITSKY, H. op. cit., pág. 14.
17 No ocultaré aquí el orgullo que me
produce esta respuesta tratándose de un ex
alumno y ex docente de mi cátedra Taller de
Periodismo de Investigación de la Facultad
de Periodismo y Comunicación Social de la
Universidad Nacional de La Plata.
18 Durante el año 2002, el gobierno de la
provincia de Buenos Aires, una de las más
castigadas por la desnutrición infantil y la
pobreza, invitó a 600 periodistas (sí, ¡600!)
a cuenta del Estado para que cubrieran los juegos
juveniles y de la tercera edad bonaerenses
llevados a cabo en la turística ciudad de Mar
del Plata. Además de costear el viaje,
alojamiento y estadía, les fueron obsequiados a
cada uno remeras y bolsos deportivos alusivos.
Durante el año 2003, el gobernador actual,
pretenderá ser elegido para un nuevo mandato.
Afortunadamente, algunos medios hicieron una muy
dura crítica a esta "estrategia
comunicacional".
19 Nunca olvidaré la patética imagen de
un ex profesor que tuve en la entonces Escuela
Superior de Periodismo de la UNLP, en la Sala de
Prensa del Gobierno de la Provincia de Buenos
Aires, vanagloriándose del dinero que había
recaudado en un mes en concepto de
"contraprestaciones" al gobernador. No
me cabe dudas de que el whisky le había hecho
aflojar la lengua más de la cuenta.
20 Cuando la recesión no era tan
acentuada como hoy en Argentina, en las
conferencias de prensa de empresarios, donde se
lanzaban nuevos productos al mercado, se les
hacían regalos a periodistas, o se sorteaban
viajes al exterior, autos y otros presentes.
Nadie se iba con las manos vacías.
21 A partir del 17/12/2002 y siguientes.
22 En este sentido los Servicios de
Inteligencia que operan en nuestros países,
potenciados durante los gobiernos autoritarios,
cuentan con un entrenamiento digno de destacarse
que no siempre lo ponen en función de la
seguridad del Estado, si no más bien para
garantizar que el verdadero Poder no sea
molestado.
23 Uno de los casos más resonantes en
Argentina en los últimos años, lo constituyó
el daño físico que le provocaran al entonces
periodista del diario Página 12, Hernán
López Echagüe, quien finalmente optó por su
seguridad y la de su familia radicarse en
Uruguay.
24 Leemos en el libro Nunca Más /
Informe de la Comisión Nacional sobre la
Desaparición de Personas (EUdeBA, Buenos
Aires, 1985, págs. 367-69), lo siguiente:
"Si cabe señalar un estamento que
notoriamente estuvo bajo la óptica preocupada
del siniestro aparato de persecución y
represión político-social montado por el
gobierno militar, forzosamente habrá que
mencionar a los periodistas argentinos. No fue a
causa de la casualidad o por error que es tan
alta la cantidad de víctimas en proporción a
los profesionales que integran el sector: además
de afectar con este ataque el vasto campo de la
cultura, siempre vista con recelo por las
dictaduras, es evidente que se apuntó a
silenciar un grupo social de gran importancia
para evitar de raíz todo tipo de cuestionamiento
público" (...) "Los represores
interpretaron que los periodistas ponían en
riesgo el pretendido consenso que debía
acompañar las muy polémicas y comprometedoras
facetas de la acción de gobierno, así como el
sigilo y secreto con el que operaba el aparato
represivo ilegal que debía paralizar por el
pánico a toda la Nación" (...) "...
en el lapso comprendido a los primeros meses de
gobierno de facto, cuando se instrumentó el
basamento funcional para el cumplimiento de sus
fines y objetivos, se produce la más alta
proporción de secuestros de periodistas"
(...) "...el guarismo total de
desaparecidos de este gremio asciende
a un centenar". Cabe recordar que el 25 de
marzo de 1977 es secuestrado una de las figuras
emblemáticas del periodismo de investigación:
Rodolfo Walsh. El día anterior había
instrumentado la circulación pública de una
carta abierta a la Junta Militar de Gobierno, por
la que diseñaba el cuadro de violación a los
derechos humanos y de perjuicios a la economía
nacional que caracterizaba al régimen.
25 Rosendo Fraga, es politólogo y
director del Centro de Estudios Nueva Mayoría.
Sus reflexiones fueron registradas por el autor
de estas notas en diciembre de 2002.
26 Op. cit. 170.
27 Rogelio García Lupo es maestro de
periodistas y referente del periodismo de
investigación.
28 Poder Ciudadano en
www.poderciudadano.org.ar.
29 Recomiendo el boletín diario que
distribuye gratuitamente por correo-e Periodistas
Frente a la Corrupción (www.portal-pfc.org).
30 Jorge Guinsburg, humorista y conductor
de "Capocómicos", en diálogo con
Mario Pergolini. Canal à, 15/12/2002.
31 Presidenciable a inicios del 2003 por
la Unión Cívica Radical.
32 RUIZ, F. (2001) pág. 13.
33 Op. cit., págs. 63 y 64.
34 Op. cit., pág. 67.
35 Daniel Tognetti es periodista y
conductor del programa televisivo de periodismo
de investigación Puntodoc que, durante el
año 2002, se emitió por el canal América. El
concepto aquí citado pertenece a una entrevista
publicada por la revista XXIII y que puede
verse en www.data54.com/xxiii/212/Nota02.htm.
36 Frak Pierss le atribuye a los medios en
la sociedad democrática la función de informar,
contribuir a la formación de opinión en la
población y controlar a los gobernantes.
Seguidamente agrega: "Ante el doble
carácter de los medios de comunicación privados
y su esquizofrenia incorporada como
lo define Weischenberg, que oscila entre brindar
un servicio público y buscar éxito comercial,
una estrategia política destinada a desarrollar
los medios masivos de comunicación debe
garantizar el pluralismo de opiniones aún cuando
se enfrente a la resistencia de importantes
intereses sectoriales". Ver: "¿Cuarto
poder o víctima? Los medios de comunicación
latinoamericanos en la búsqueda de su
identidad" de F. Pierss, en: THESING, J y W.
HOFMEISTER (1995) págs. 196 y 197.
37 La Habana, 2 de marzo de 2001.
__________
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social. Konrad Adenauer Stiftung / La
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- WOLTON, Dominique (2001): Pensar la
comunicación. Punto de vista para periodistas y
políticos, Docencia, Buenos Aires.
* Alfredo
Torre es miembro del
Consejo Editorial de Sala de Prensa. Periodista y profesor en Ciencias de
la Comunicación Social y licenciado en Ciencias
de la Información por la Universidad Nacional de
La Plata (UNLP) en
Argentina. Actualmente es profesor internacional
de la Maestría Comunicación Política y
Marketing Electoral de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, España, y titular del
Taller de Periodismo de Investigación y del
Seminario de Periodismo de Precisión de la
Facultad de Periodismo y Comunicación Social de
la UNLP, en donde también tuvo a su cargo -entre
otras- las cátedras Opinión Pública y
Propaganda, Periodismo Impreso III y Medios y
Centros de Información en anteriores planes de
estudio. Además, se desempeña allí como
Investigador y también Coordinador Académico de
una de sus Extensiones Universitarias (Las
Flores). Ha sido Consejero Superior (UNLP) y
Consejero Académico (FPyCS). Dirige el Centro de Proyectos y
Estudios Interdisciplinarios,
organismo gubernamental de la provincia de Buenos
Aires dedicado a temas de comunicación, cultura
y patrimonio. Ha impartido conferencias, cursos y
seminarios de posgrado en distintos ámbitos
académicos de Argentina, Bolivia, España y
Estados Unidos.
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