La
iniciativa del reportero
en la sala de redacción
José
Luis Requejo Alemán *
RESUMEN: Este
artículo va a tratar de medir la
capacidad de iniciativa del periodista,
ahí donde se considera que se expresa
con mayor libertad, para cumplir dos
objetivos muy concretos: primero,
reactualizar los datos sobre su
consideración, estatus y autoestima
profesional; y segundo, descubrir los
nuevos retos que se le presentan en la
actualidad, fruto de los recientes
avances en materia de organización de
trabajo dentro de las salas de
redacción. Para esto se ha considerado
que la iniciativa de este perfil
profesional se debería expresar con
mayor naturalidad dentro la sala de
redacción, al lado de otros tipos de
perfiles profesionales, donde adquiriría
mayor entidad y personalidad propia. Ya
en ella, se ha observado con
meticulosidad los procesos de
comunicación cotidianos.
Introducción
Es el
primero en llegar al lugar donde se han producido
los acontecimientos. Explora en directo sus
consecuencias e identifica las posibles fuentes,
móviles o motivaciones que los han originado.
Con preguntas, intenta conseguir los elementos
necesarios para reconstruir la historia. Y, sin
embargo, su parecer sigue siendo el menos válido
para la versión final que se publica.1 El nombre de este sujeto
es Reportero, también conocido en el periodismo
como redactor "de calle".2 Esta figura profesional,
posiblemente la más poblada de los perfiles
existentes en el periodismo, no cuenta con un
tratamiento diferenciado y extenso de sí misma,
ni por parte de los investigadores,3 ni por parte de aquellos
que se dedican a la industria periodística.
La problemática
que se presenta a continuación gira en torno a
la idea de una hipotética polaridad entre una
figura dinámica o estática del reportero. ¿Es
actualmente el reportero un perfil profesional
con iniciativa y dominio sobre su noticia o, más
bien, se trata de un sujeto poco proactivo?
Al parecer, la
velocidad del sistema informativo, así como el
aumento desmedido en su tráfico de información
han ocasionado unos cambios tecnológicos que,
unidos a la modificación de las rutinas
profesionales, no han favorecido un avance
proporcional del perfil de reportero, en la
línea de responsabilidades y derechos laborales
lo suficientemente perfilados y consensuados.
Es más, la
reciente aparición de modelos de software o
hardware4 con anunciadas
posibilidades de reemplazar en su labor a los
reporteros, convierte a este perfil profesional
en algo más que un sujeto controvertido o
todavía suficientemente poco consensuado. Por lo
hallado hasta el momento, estamos hablando de un
puesto del escalafón profesional claramente en
crisis.
Históricamente,
también se aprecia este tipo de contradicciones
pues, del arraigado sentido dinámico que poseía
la etimología del término reportero y que se
transmitió a una primera etapa de nacimiento de
este perfil profesional, hubo una transición
hacia un marcado sentido estático de su figura,
anclado en unas desvirtuadas reglas de
objetividad.5
Aunque varios
especialistas han reconocido la problemática que
se describe en este trabajo muchos incluso
desde los años 60, pocos han seguido
indagando sobre las distintas expresiones de este
diagnóstico de manera particularizada a los
distintos tipos de perfiles existentes en una
redacción, sobre todo en la actualidad.
Básicamente, en
este artículo se va a tratar de medir la
capacidad de iniciativa del periodista, ahí
donde se considera que se expresa con mayor
libertad, a fin de cumplir dos objetivos muy
concretos: primero, reactualizar los datos sobre
su consideración, estatus y autoestima
profesional; y segundo, descubrir los nuevos
retos que se le presentan en la actualidad, fruto
de los recientes avances en materia de
organización de equipos de trabajo.
Para esto se ha
considerado que la iniciativa de este perfil
profesional se debería expresar con mayor
naturalidad dentro la sala de redacción, al lado
de otros tipos de perfiles profesionales, donde
adquiriría mayor entidad y personalidad propia;
ya en ella, se ha observado con meticulosidad los
procesos de comunicación cotidianos.
Con otras
palabras, se va a observar el desarrollo de la
comunicación en un día normal de una sección
dentro de dos medios de comunicación.
Concretamente, este artículo va a recoger los
datos de una observación directa simple no
participante, aplicada a dos de los ocho
diarios españoles más vendidos, fase
experimental que se desarrolló en un trabajo de
investigación anterior.6
La
metodología
El estudio del
contexto de trabajo y sus incidencias sobre la
figura profesional del periodista y, del
reportero en concreto, es fundamental para asir
el objeto de investigación en toda su
complejidad. Este proceso es parte de lo que
Patton llamó "contextualizar los fenómenos
observados" (Cfr. PATTON, 1987: 285), y con
esta finalidad se va a analizar socialmente
(Cfr., ALASUUTARI, 1998) dos redacciones de
distintos medios para describir y razonar sobre
las circunstancias que envuelven los procesos de
comunicación del reportero.
Entre las
contribuciones de este tipo de metodología está
la minuciosidad con la que se puede captar la
realidad de trabajo del reportero, gracias a la
mayor proximidad con los sujetos observados y,
por otro lado, gracias al escaso grado de
distorsión al que se somete a estos últimos,
dejándoles actuar naturalmente en su ambiente
cotidiano (Cfr., SELLTIZ, 1965:229).
La sala de
redacción es también un escenario social y en
el estudio de ámbitos sociales es preciso
aceptar que las personas hacen y dicen cosas
diferentes en situaciones distintas. Por esta
misma razón se aplicó controles cruzados7 con el propósito de
aumentar la fiabilidad de las impresiones y
evaluaciones defendidas en las páginas
siguientes. Algunas veces, un estudio de esta
naturaleza necesita que lo que la gente hace o
dice actitudinalmente sea comparado con el
recuerdo de lo que hicieron o dijeron. (Cfr.,
SELLTIZ, 1965:230).8 En concreto, se han
utilizado entrevistas en profundidad y análisis
de contenido bajo la modalidad de análisis de
la incubación (WIMMER & DOMINICK, 1996:
173) registrando el material producido durante
los quince días que duró cada observación.
En cualquier
caso, este trabajo asumirá como variables
dependientes el conjunto de actitudes
profesionales de los reporteros, mientras que las
variables independientes estarían conformadas
por la suma del contexto social.9 Debido a ello, se
consideró que lo más acertado era dejar fluir
la actividad periodística dentro de la
redacción procurando solicitar lo menos posible
la cooperación activa por parte de los sujetos
(SELLTIZ, 1965:231), de forma que se liberara a
los observados de inhibiciones prescindibles.
Justificación
de la confidencialidad de los datos sensibles
Siguiendo la
tradición en este tipo de metodologías,10 se optó por preservar
la confidencialidad de los datos sensibles de las
dos observaciones, con el objetivo de centrar
toda la atención científica en la lectura de
información relevante.
La
disponibilidad de los directivos de los diarios
observados, así como la franqueza de las
personas interrogadas para denunciar prácticas
incorrectas en sus respectivos trabajos fue
fundamental en el análisis de estas rutinas
periodísticas.
Por esta razón
se prefirió el anonimato como la mejor forma de
preservar las identidades de los observados. Se
mantuvo también en este punto el propósito de
velar por la mejora de la disciplina
periodística, por encima de la denuncia
particular de sujetos individuales.
En las
siguientes páginas se hablará, por tanto, de Medio
A y Medio B. Asimismo, para referirse
a los sujetos observados se utilizarán sus
categorías profesionales (reportero, redactor
jefe, subdirector), en lugar de sus identidades
personales.
Para el estudio,
en ambos medios se eligió el área local.
Esto no se hizo al azar, sino siguiendo una
copiosa tradición periodística, pues se trata
de una de las secciones de periódico más
antiguas, punto de inicio de muchos reporteros
salían a la calle, en busca de algo que les
llamara la atención, para contarlo en el diario
del día siguiente. Es en esta sección donde,
históricamente, se registró el nacimiento de la
imagen del reportero como individuo soberano, y
que los famosos reportajes del Washington Post se
encargaron de consagrar (Cfr., CARTER, 1959: 2;
cit. en SIGAL, 1978: 14).
Tanto en el Medio
A como en el Medio B, el investigador
asistió a reuniones de control entre reporteros
y redactores jefe. El objetivo fue explorar el
tipo de negociaciones y su intensidad.
Observación
de la comunicación
La comunicación
en las redacciones observadas giró, en primer
lugar, en torno a contactos de coordinación,
entablados al inicio de la jornada laboral, para
establecer una agenda del día; en segundo lugar,
en torno a las mesas de trabajo y las distintas
relaciones sociales y de poder que se
establecieron durante el día de trabajo, sea por
llamadas telefónicas, correo electrónico o de
modo directo; y en tercer lugar, en torno a las
reuniones que aquí denominaremos como
"negociaciones de precisión", montadas
a partir de los resultados obtenidos como
producto de la jornada laboral correspondiente.
Según Mintzberg
(1973, 171), la comunicación en una
organización adopta las siguientes formas:
reuniones, memoranda, conversaciones en los
pasillos, discusiones uno a uno en cada mesa,
llamadas por teléfono, boletines, sobremesas o
conversaciones después del trabajo, etc.
Tras la
observación realizada, se pudo comprobar que la
interacción en cada equipo de trabajo (A
y B) fue mutua y, por lo general, todos
sus integrantes prefirieron la comunicación
verbal como la mejor vía. En este sentido, este
resultado coincide con otro estudio anterior en
el que se demostró que a "los jefes"
prefieren siempre la comunicación verbal a
cualquier otra, dentro de una empresa. En el
citado trabajo, los directivos o mandos medios
empleaban el ochenta por ciento (80%) de su
tiempo en la "comunicación verbal con sus
trabajadores",11 preferentemente
escuchando sus iniciativas. Al parecer, en la
comunicación se reconoce un medio más eficaz
para la "acción" y respuesta rápidas.
Durante la
observación, se constató que la oralidad del
discurso se centró principalmente en torno al
contenido del titular de las noticias aunque,
algunas veces, también se habló del enfoque.
Priorizar los argumentos y esgrimirlos
adecuadamente a fin de persuadir al jefe o
compañero de trabajo para titular de una forma u
otra la información, fue un ejercicio constante.
A medida que la hora avanzaba, los jefes fueron
quienes "vagabundearon" por la sala en
busca de esa "negociación". Por
supuesto, hubo gente que negoció más que otra
dependiendo de su carácter para que
saliera la noticia. Las mejores argumentaciones,
según se pudo apreciar, vinieron de los
reporteros especialistas, aunque esto no eximió
a ninguno de imprimir en su trabajo un grado de
iniciativa personal. Sin embargo, esto no se
observó con frecuencia. Algunos redactores
llegaron incluso a presionar con asiduidad a su
jefe de página para que no dejara de lado,
descuidara, olvidara o considerase sus temas como
de menor importancia.
Esta
comunicación se desarrolló entre jefes y
reporteros, reporteros con reporteros y
reporteros con colaboradores. Los canales que se
emplearon fueron en su mayoría informales,
aunque algunas veces se elegían las vías
formales para solucionar determinados problemas.
Es curioso que en la mayoría de los casos la
comunicación cotidiana para la toma de
decisiones dentro de cada sección tomaba el
cauce de la informalidad, mientras que la
mayoría de protestas o reclamos abiertos, se
encauzaban por la vía formal. En este sentido,
siguiendo a los estudiosos de la comunicación
dentro de las empresas la comunicación por vías
informales estaría directamente relacionada con
la comunicación individual, esta
relación nos ayuda a detallar que la
comunicación informal también puede orientarse
también hacia la satisfacción de cuatro
propósitos: (1) influir en otros; (2) expresar
sentimientos y emociones; (3) proveer, recibir o
intercambiar información; y (4) reforzar la
estructura formal de la organización, en la
medida en que también utiliza los canales de
comunicación formal (GILES, 1993: 82, v.o.
1991).
Estos cuatro
aspectos se cumplieron en distinto grado dentro
de las redacciones observadas. Pero, además, la
comunicación sirvió también para la formación
de endogrupos (ORTEGA, 2000: 108 y 110)
dentro de las salas de redacción, en los que se
mezclaron aspectos personales y profesionales Por
ello, a las consideraciones apuntadas por Giles,
podría agregarse una más, que es (5)
consolidación de endogrupos dentro de una
misma organización. Este tipo de entramados
socio-profesionales constituyen una de las
principales fuentes nutricias del quehacer
reporteril, por el intercambio de información
personal y profesional que tiene lugar en los
mismos.12 Sirva de ejemplo que, en
cierta oportunidad, un reportero veterano
lideraba un endogrupo formado por otros tres
reporteros noveles que se beneficiaban de la
experiencia del primero. Éste, a su vez, se
aseguraba así un cierto control sobre la
información que los noveles manejaban. En cierta
ocasión, con motivo del aniversario del
Ayuntamiento de Madrid, el veterano, en
previsión de la gran afluencia de personalidades
confirmadas para el evento, se hizo acompañar de
uno de los reporteros noveles para asegurarse una
mejor cobertura noticiosa. Al mismo tiempo, la
situación permitía al novel enriquecerse con
los nuevos contactos que podía hacer en esa
reunión. Así, a partir de una amistad personal,
el crecimiento profesional de ambos quedó
garantizado.
Para analizar
mejor estos fenómenos, seguidamente vamos a
utilizar la clasificación de formas de
comunicación interna de la empresa periodística
que ha desarrollado GILES (1993). Según el autor
estadounidense,13 ésta se puede
clasificar en cuatro redes de comunicación
efectiva: (1) la que opera en forma de cadena;
(2) la que comunica en forma de cruz; (3)
la que permite alcanzar los mensajes en sentido circular;
(4) y la que interrelacionaba a todos con una
fluidez semejante a una estrella (GILES,
1993, 95-97, v.o. 1991). Obviamente estos modelos
nos han servido para escudriñar mejor lo
observado aunque, como en todo, no hay realidades
que encajen perfectamente en estos tipos. Existen
casos aproximados entre las dos salas de
redacción analizadas a una u otra alternativa
mas, en su mayoría, se apreció la existencia de
una dinámica mixta.
El modelo
dominante en el caso del Medio B fue la cruz;
es decir, un modelo de comunicación
caracterizado por el paso de la mayor parte de la
información por un solo punto, normalmente un
redactor jefe o un redactor con funciones de
edición. Aunque esto se cumplía en la mayor
parte de casos prácticos, la centralización de
la autoridad fue mucho más moderada de lo que
indica el modelo, debido a que existían
pequeños líderes profesionales que amoldaban el
material, editándolo o discutiéndolo con los
redactores previamente, antes de que lo
alcanzaran al jefe para su revisión. En las
ocupaciones diarias normales noticias
simples, la comunicación fluyó con mucha
celeridad, mientras que, para las noticias
complejas, incluyendo reportajes especiales, la
comunicación se desarrollaba con mayor
dificultad y lentitud. Este fue el caso de una
periodista que trabajó un reportaje sobre los
servicios de la ciudad. Un asunto complejo que
mezclaba fuentes diversas y estadísticas en su
mayoría. A pesar de que la reportera había
terminado y entregado su trabajo al redactor jefe
desde hacía algunos días, hasta el momento en
que terminó la experimentación éste no había
tenido tiempo aún para revisarlo, debido al
ritmo de trabajo de la redacción, donde se
privilegiaba lo urgente sobre lo importante.
En el caso del Medio
A, la comunicación fluía en forma de estrella;
es decir, de forma bidireccional, por turnos y a
través de un considerable número de personajes
influyentes. Normalmente, esta comunicación se
atribuye a un contexto distinto del de la sala de
redacción y de la estructura formal del diario
pero, en este caso particular, debido al buen
ambiente reinante entre los compañeros de la
redacción y a la autonomía de los distintos
grupos, esto se producía con más frecuencia. El
inconveniente que este modelo supuso para la
redacción observada fue la escasa autoridad que
concentraron los jefes pero, tal y como GILES
diagnosticó en su momento, una comunicación de
este tipo produjo gran satisfacción entre los
profesionales que la vivían, pues se sintieron
en todo momento escuchados y comprendidos. La
excepción a la regla vino constituida por las
frecuentes intromisiones del subdirector quien
pautaba constantemente a su personal. En algunos
casos, la presión que ejercía era de tal
magnitud que algunas veces la comunicación
asumía forma de cruz, con la consiguiente
presión y estrés para su personal.
También vale la
pena agregar que, mientras los grupos de
periodistas estaban polarizados en el Medio A,
en el Medio B, por el contrario se
encontraron muy unidos entre ellos, con algún
que otro disidente. Esto influyó mucho en el
momento de realizar las consultas
correspondientes entre los colegas y compañeros
de la redacción. Sin embargo, no hubo problemas
entre los propios trabajadores. Aquí podemos
apreciar que, mientras los grupos endogámicos en
el Medio B se fomentaron y forjaron dentro
de la propia redacción en su mayoría, en el
caso del Medio A, esto ocurría hacia
fuera, con otros colegas.
En cualquier
caso, el valor más estimado y solicitado en
numerosas ocasiones por los redactores fue la
tendencia de los jefes hacia un trato más
horizontal con sus subalternos, en tanto que esto
les otorgaba más autonomía y mayor
satisfacción. La horizontalidad exigía de parte
de los redactores jefe o editores un gran respeto
por el trabajo de los reporteros, así como mucha
confianza en lo que hacían, valoración y riesgo
bastante subjetivo que los directivos no siempre
estuvieron dispuestos a otorgar o correr.
Aunque la
comunicación fluía en sentido horizontal dentro
de las redacciones observadas, algunas
tradiciones antiguas se seguían manteniendo. Por
ejemplo, tanto en el Medio A como en el B
los periodistas sólo pudieron ver el fruto final
de sus negociaciones en la edición del día
siguiente (Cfr., GILES, 1993, 79, v.o. 1991).
Esta tradición se conserva en la industria
periodística desde los primeros diarios de
centavos y se sigue manteniendo a pesar de que
las exigencias del tratamiento informativo han
cambiado.
Otro problema de
comunicación dentro de la sala de redacción fue
que en muchos casos los redactores se callaron
por sí solos determinados problemas que les
afectaban con severidad, sólo por el hecho de
evitarse complicaciones durante el proceso de
tratamiento informativo. Algunas veces este tipo
de autocensura ocurrió, lo cual resulta
paradójico si añadimos el razonamiento de que
incluso por el hecho de estar entre periodistas y
en una empresa de comunicación, se debería
saber comunicar a todo nivel este tipo de
dificultades. Como queda patente esto no siempre
fue así.
En 1973, Elmer
Lower, entonces presidente de ABC News, dijo una
vez que la esencia del periodismo se encontraba
en el proceso de edición (EPSTEIN, 1974, 152,
v.o. 1973). Esto se ha podido comprobar a lo
largo de las dos participaciones observantes y,
además, se ha visto que la herramienta más
empleada para ese proceso ha sido el diálogo
entre todos sus protagonistas,14 principales y
secundarios. Cómo ha utilizado el reportero este
recurso de expresión oral en la configuración
de su perfil profesional dentro de su sección es
algo que se analizará a continuación.
En primer lugar,
se comprobó que este diálogo se estableció
sobre un elemento clave que fue la noticia.
Alrededor de este objeto, los distintos tipos de
perfil profesional descubiertos en la redacción
entablaron la mayor parte de sus discusiones.
Principalmente este recurso fue empleado para
buscar una avenencia entre los miembros del
equipo de trabajo, además de configurar
diariamente los perfiles profesionales en sí
mismos, reafirmándolos o modificándolos (Cfr.,
SIGAL, 1978: 53, v.o. 1973).
Estos perfiles
que interactuaban con el reportero fueron los
siguientes:
- Reportero:
El que recogía y elaboraba la noticia.
Junto con sus compañeros, conformó un
colectivo que algunas veces llegaba a
moverse como un grupo. También se le
identificó con el nombre de redactor.
- Redactor
con funciones de edición: Aquel
personaje que intercedía y contribuía a
la negociación de la agenda. En algunos
casos también fomentó la discusión del
enfoque de las noticias. Todo dentro de
una dinámica en la que participaron
incluso más de dos perfiles.
- Redactor
jefe: A este los reporteros lo
identificaban con el alma empresarial de
la plantilla; no obstante, él mismo
consideraba que dentro de su perfil
subsistían tanto la conciencia de
excelencia profesional como las presiones
empresariales.
- Subdirector:
Cara a los reporteros, éste fue el
"hombre fuerte" de la empresa,
banco de ideas y encarnación de la
innovación y la exigencia. Asimismo,
como encarnación simbólica del punto de
vista empresarial, también tuvo que
soportar ser muchas veces el blanco de
encendidas críticas a la verticalidad en
el mando, así como un régimen laboral
adjetivado como "de galeras"
(Reportera mujer, 37 años).
- Perfil
Secundario. Correspondiente a algún
complemento que contribuya a mostrar los
conflictos internos o externos que tienen
los redactores, durante sus
coordinaciones. Aunque se han presentado
los principales perfiles con los que el
reportero construye su día de labores,
más de una vez aparecían en la sección
colegas procedentes de otras secciones
que contribuían a la valoración de la
noticia o el cuestionamiento de los
enfoques. Algunas veces se trataba de
otros redactores jefe, o en otras
ocasiones simplemente fueron otros
redactores.
Además de estos
tipos perfiles pertenecientes a la sección
observada, también se pudo apreciar prácticas
operativas estándar de coordinación que los
mismos reporteros desplegaron con otro tipo de
profesionales como los fotógrafos, cuya
coordinación se hacía vital en la mayoría de
los casos.15 Al encontrarse casi al
mismo nivel dentro del escalafón de mando, la
vigilancia de este tipo de relaciones permitió
edificar un patrón de contraste y comprobación
por parte del observante, de las mismas actitudes
y aperturas que los reporteros más exigentes
reclamaban a sus superiores. Los resultados en
este apartado también fueron más que
satisfactorios.
Por ejemplo, un
caso patente de apertura al trabajo en equipo lo
demostró un reportero encargado de cubrir todo
lo relacionado con el tema del Plan Hidrológico
Nacional. En su caso, se trataba de un tema con
diferentes aristas, por lo que este profesional
decidió solicitar para su labor de cobertura,
además de un fotógrafo, otros redactores de
distintas secciones, complementarias a su materia
de investigación.
No ocurrió lo
mismo con otro reportero que, cuando tuvo la
oportunidad de autoimponerse las reglas que
reclamaba desde hacía buen tiempo, las omitió
para hacer valer sus criterios particulares. En
este sentido, fue interesante observar cómo el
mismo redactor que pedía más diálogo para sus
negociaciones, luego no otorgó el mismo
privilegio al fotógrafo que le acompañó a
cubrir la información, lo cual ocasionó
molestias no menores a su compañero de trabajo.
En la
observación también se pudo indagar por la
consabida competencia que entre reporteros
desarrollan hacia el interior de sus secciones
para que sus temas puedan ocupar un lugar
privilegiado dentro de la publicación del día
siguiente y, en algunos casos ni siquiera eso,
sino tan sólo un lugar. Cada sección, a través
de sus redactores jefe respectivos, procuraba
cubrir todas las noticias que les fuera posible,
pero también reconocieron su capacidad limitada
para publicarlas todas. Por este motivo, debieron
exigir y priorizar. Normalmente, el árbitro de
esta partida fue el redactor jefe, quien falló a
favor de quien ofreció mejores argumentos. Esta
competición temática también se vio reforzada
en algunos casos por algunos redactores con
funciones de edición, que ejercían considerable
influencia sobre los redactores jefe. En otras
oportunidades, esta responsabilidad fue usurpada
por los subdirectores y, en muy pocas ocasiones,
por alguno que otro perfil secundario.
Algunos
antecedentes históricos de cada medio
testimoniaron la mayor facilidad para este tipo
de coordinaciones que existió en otra época.
Este fue el caso de la redacción B. El dato es
valioso por lo siguiente: desde la percepción de
algunos de los reporteros, miembros actuales del
equipo de trabajo, las formas de coordinación de
las distintas coberturas informativas se había
ido complicando cada vez más, hasta hacer
excesivamente tortuosas estas labores como para
padecerlas con cotidianidad.
"Durante
los primeros meses de ese año [de fundación
del diario] se trabajó muy duro en todas las
áreas. La plantilla partía de cero,
teníamos que sacar el periódico a la calle
lo antes posible y esto no nos permitía ser
conscientes ni del día ni de la hora en que
vivíamos. Prácticamente vivíamos aquí.
Estábamos ilusionados y sólo mirábamos
hacia delante con el único objetivo de sacar
el periódico a la calle. [...] En ese
momento existieron dos cabezas privilegiadas
en la empresa. Por una parte el director del
periódico, y por otra, el director gerente.
La sintonía de la dirección con su
plantilla, se convirtió en un modelo de
relaciones laborales que propició una
fluidez exquisita en el trato diario y en las
negociaciones colectivas. Como ejemplo de
esas relaciones laborales baste decir que el
propio director gerente comía con nosotros
en el comedor del periódico y hablábamos
sobre la marcha y nuevos proyectos de la
empresa. Todos los años se conmemoraba el
aniversario y el propio gerente y los
directivos formaban parte en los distintos
torneos que se organizaban. En definitiva,
existía la cultura de que la empresa era
nuestra y todos éramos uno" (Redactor,
2001: 4).
Entre las
principales razones que se puede escudriñar
detrás de este sentido testimonio, se puede
mencionar la añorada y destacada presencia de
intereses comunes que, según algunos
informantes, propiciaba en dicha
época la complementariedad entre los
distintos perfiles existentes en la sección y la
redacción. La convivencia entre trabajadores con
una misma edad cronológica y con una misma
antigüedad en la empresa permitió también un
trato más horizontal y una comunicación más
directa y fluida. También sería valioso
destacar que se trataba de una época en la que
todo el diario iniciaba sus labores. Obviamente,
en la actualidad esto ya no es así. La
diferencia de edad entre los reporteros noveles y
los reporteros veteranos cada vez es mayor y,
aunque la tendencia es a seguir contratando
personal con mayor experiencia, las aspiraciones,
objetivos y punto de partida difieren mucho de
los primeros. Esta evidencia posee un dato que
aquí importa subrayar: aquellos profesionales
que disfrutaron de más autonomía y riesgo son
los que conforman con sus criterios y formas de
trabajo la pesada red vertical que amenaza la
libertad de quienes ingresan por vez primera en
la redacción. Al menos eso fue lo que el
observador encontró en durante su visita.
Aun con todo, un
aspecto que pudo vencer estas barreras
generacionales y culturales establecidas, que a
su vez dificultaban el entendimiento y la
comunicación, fue el nivel de conocimientos que
cualquier reportero esgrimía durante el
cumplimiento de sus responsabilidades. Esta
ventaja ofreció a uno de los redactores jefe del
Medio A la posibilidad de contar con el
respeto de sus compañeros de trabajo, a pesar de
la patente diferencia edad y experiencia dentro
de la misma sección.
Resultados
de la observación de la comunicación
La observación
de la comunicación en las salas visitadas
sufrió el mayor inconveniente de no poder dar
cuenta de la finalidad última de cada una de las
discusiones o diálogos entablados delante del
observador. Aun con ello, los resultados que
exponemos a continuación cuentan con una
fiabilidad mayor garantizada por la
triangulación desarrollada, utilizando otras
metodologías.
Por ello y con
lo expuesto, se puede establecer los siguientes
resultados:
1. En contraste
con lo que los seguidores de la corriente
denominada Newsmaking han podido
diagnosticar, actualmente las rutinas
profesionales observadas no influyen tanto en las
decisiones del trabajo reporteril como los
diálogos mantenidos con personas afines a su
forma de pensar o admiradas, dentro de una
redacción. En este sentido, lo rutinario es más
bien el desarrollo de este tipo de relaciones.
Aún así, este tipo de consultas individuales
variará de acuerdo al ritmo de trabajo diario y
al tema que corresponde cubrir al reportero en su
oportunidad.
2. La
comunicación que influye en las decisiones
profesionales arrogadas por los reporteros se
desenvuelve principalmente entre los mismos
reporteros, el redactor con funciones de
edición, el redactor jefe y el subdirector. Muy
de vez en cuando aparece la figura indeterminada
de un perfil secundario, cuyas relaciones se
sustentan principalmente en el afecto más que
otra cosa. Juntos y con un orden no secuencial,
estos colectivos en conjunto conforman los
endogrupos, círculos más que influyentes en las
decisiones profesionales del reportero común y
corriente.
3. La principal
materia prima de estos atómicos círculos
socio-profesionales no es la noticia completa,
sino más bien, el titular y los detalles más
relevantes. Por ello, cerca de la hora de cierre
empiezan, entre el redactor y el redactor jefe, las
negociaciones de la precisión donde, entre
los datos verbales de quien ha estado en el lugar
de los hechos y el que necesita editar, se
"juega" a ser lo más precisos posibles
para contar la historia. Algunas de las
cuestiones incluidas en este tipo de
negociaciones se refieren a respetar el estilo,
acomodar la noticia al espacio, titular
adecuadamente o rellenar los vacíos. Junto a
éstas, también se debate sobre la lógica de la
historia que cuentan para ver si hay más
posibilidades de noticia o para delegar
responsabilidades (atribuciones a fuentes) o
buscar una precisión compartida con el jefe
(aquí, la responsabilidad sobre el sentido de la
historia la asumen ambos).
4. Durante estos
procesos, la comunicación circula principalmente
en forma de cruz, aunque algunas veces también
es posible apreciarla en forma de estrella. Ambos
modelos no son necesariamente horizontales, como
lo desearían muchos reporteros para sentirse
satisfechos con un trabajo como este, donde lo
principal viene a ser la administración de ese
conocimiento.
5. Aunque este
sistema de trabajo es colectivo, la cultura
profesional se mueve bajo una fuerte lógica
individualista, la misma que se manifiesta con
mayor intensidad durante tiempos de cambio o de
crisis (discusiones abiertas y recalcitrantes), o
en el trabajo con las fuentes. Mientras esto siga
funcionando así, poco podrá avanzar la
profesión en lo que respecta a las fases de
búsqueda y recopilación, patrimonio de los
reporteros. Éstas, siguen siendo atribuciones
explícitas del reportero, y en estos ámbitos,
el referido profesional pone a prueba día a día
su profesionalismo.
6. El mundo del
reportero, como el de otros perfiles
profesionales, posee sus contradicciones: Muchos
exigen mayor iniciativa al reportero, pero luego
aplican la más contundente verticalidad en la
construcción de la noticia, basándose en la
materia prima que aportan sus propios compañeros
de equipo. Asimismo, otros tantos se quejan de no
tener tiempo para pensar en el producto, pero no
están dispuestos a correr con las consecuencias
de una solución a este problema.
En suma, durante
la observación de estos factores, se apreció
que la iniciativa de los reporteros está
fuertemente condicionada a los endogrupos que
pueda conformar durante su estancia dentro de una
redacción. Estos colectivos sociales se
constituyen y dinamizan por iniciativa individual
de los propios reporteros, quienes comparten sus
discusiones y dudas con agentes que
indistintamente pueden conformar su ámbito de
confianza. Al parecer lo crucial en estos asuntos
es la relación afectiva y de confianza que los
reporteros otorgan a cada uno de sus endogrupos,
esto es lo que facultaría a cada profesional la
posibilidad de tener o no iniciativa durante el
desenvolvimiento de su trabajo.
Finalmente, a
este análisis de la comunicación dentro de la
redacción le hace falta todavía otro análisis
equivalente del reportero, pero durante su
desempeño fuera de la redacción, aspecto que en
el caso de este profesional resulta vital. Y
aunque no se ha hecho más que iniciar con un
enfoque diferenciado y particularizado, también
se cree que esto ha sido un punto inicial
suficiente como para invitar a los investigadores
de los periodistas para a aventurarse y
desentrañar los beneficios que un tratamiento
singularizado puede hacer por esta profesión.
_____
Notas:
1 Al menos esto se deja
entrever de la lectura de distintos trabajos de
investigación desarrollados por TUCHMAN (1978),
SIGAL (1978), GANS (1978) y FISHMAN (1983).
Miembros de una corriente, denominada Newsmaking
y que vuelve a tomar fuerza en este siglo, para
analizar sociológicamente las redacciones de los
ya distintos medios de comunicación.
2 Reportero, Redactor de calle, redactor,
"reporter" o "legman"son
algunos de los nombres más comunes que se
utilizan a nivel mundial para referirse a esta
figura profesional.
3 Aunque se ha mencionado antes que los
estudios de Newsmaking están volviendo a
proliferar en la profesión, no ocurre así con
el interés de los investigadores sobre un
tratamiento diferenciado de los perfiles
profesionales. En su mayor parte se producen
encuestas y sondeos tomando como parámetro a una
figura demasiado general de periodista.
Obsérvese los estudios más recientes de WEAVER
& WILHOIT (1991, 1996), SHOEMAKER & REESE
(1991), SPHLICAL & SPARKS (1992), WEAVER
(1998), SANDERS & BALE(1999), ORTEGA &
HUMANES (2000), CANEL, SÁNCHEZ ARANDA &
RODRÍGUEZ (2000).
4 Hace un año se difundieron dos
inventos tecnológicos pretenden reemplazar al
reportero por máquinas que emulen su
"función". Uno se llama NewsRx,
alimentado a partir de un sistema de bases de
datos y un servicio permanente de noticias. Este
invento, de inteligencia artificial, permite
producir 3,000 artículos cada semana para varios
medios impresos y electrónicos
(http://ojr.usc.edu/content/ojc/). El segundo,
nacido en el Reino Unido, se anunció el 09 de
agoto de 2001, como el "reportero del
futuro", un sistema de software llamado
"Autor", que elabora noticias a partir
de textos introducidos en un sistema. Con estos
sistemas, las preocupaciones de "sequía
informativa" desaparecen por completo, pues
se extraen muchas noticias
(www.media.guardian.co.uk/newmedia/story/0,7496,534277,00.html).
Hay un tercero, más reciente, nacido en la
Universidad de Columbia, Estados Unidos, llamado
"Newsblaster", capaz de
"leer" varias noticias sobre un mismo
tema y extraer lo más destacable para escribir
posteriormente otra distinta.
"Newsblaster" puede leer hasta trece
fuentes distintas al mismo tiempo. Su diseñador,
Dam Dubno, productor y técnico de la cadena CBS
News, asegura que este invento ayudará a los
editores y jefes de sección a mejorar la
cobertura informativa en temas a los que por
limitaciones de personal o tiempo ya no se puede
llegar
(http://ojr.usc.edu/content/story.cfm?request=690).
5 Reportero es una palabra de origen
latino. En este idioma, el primer testimonio de
su presencia está en el verbo
"reportar" (siglo II a.C.). Sin
embargo, como sustantivo apareció oficialmente
en el Reportero es una palabra de origen latino.
En este idioma, el primer testimonio de su
presencia está en el verbo "reportar"
(Siglo II a.C.). Sin embargo, como sustantivo
apareció oficialmente en el idioma inglés, por
contagio con las actividades judiciales en la
Inglaterra del siglo XIV. El sentido original del
verbo, principalmente dinámico, se perdió en su
transición al sustantivo, debido a que, en el
campo judicial, la actividad de estos reporteros
originales se limitó a meros transcriptores de
sentencias. La administración de justicia se
constituyó, posteriormente, en una fuente con el
suficiente atractivo para decidir a los primeros
periodistas-impresores a crear una colaboración
estrecha con estos reporteros primigenios. La
medida fue definitiva para la adopción del
sustantivo en la dinámica noticiosa. El vocablo
Reportero fue integrado oficialmente en el idioma
castellano en 1936. Su asimilación no estuvo
exenta de polémica y, actualmente en España,
sigue siendo un tema no resuelto. En este
sentido, esta investigación quiere invitar a
recuperar un uso más conciente y sistematizado
del vocablo reportero, debido, en primer lugar, a
la connotación dinámica que éste tiene por sus
raíces etimológicas. Una segunda razón para un
uso más preciso del término reportero es el
crecimiento de la realidad del periodismo, la
misma que empieza a necesitar de nuevos vocablos
que puedan rendir cuenta tanto de sus estructuras
clásicas, como de las nuevas. Así, el reportero
vendría a ser un tipo específico de periodista,
tal vez el de menor rango dentro de las salas de
redacción, pero periodista al fin, aunque con
distinta responsabilidad en el equipo de
fabricación de la noticia, de acuerdo con
teorías administrativas de delegación de
responsabilidades.
6 Para apreciar los resultados completos
de la observación, se sugiere observar el
capítulo III de REQUEJO, José (2001) La
redefinición del Concepto de Reportero en la
sala de Redacción, Universidad de Navarra,
27 de octubre, 570pp.
7 El investigador tiene también la
responsabilidad de establecer controles cruzados
sobre las historias de los informantes. Debe
examinar la coherencia de los dichos en
diferentes relatos del mismo acontecimiento o
experiencia (TAYLOR & BOGDAN, 1986: 127).
8 Siguiendo a Patton, se entiende que la
complementariedad de ambas técnicas permite una
mejor aproximación a un nivel de conducta
conocido como "de segunda naturaleza",
que muchas veces escapa a la atención teórica
o, en su defecto, resiste a su traducción en
palabras por parte del investigador, pero cuyo
contenido semántico habla con mayor veracidad
que los simples testimonios de la misma (Cfr.,
Patton, 1987: 285).
9 Según los hallazgos de TUCHMAN (1978),
SIGAL (1978, V.O. 1973), EPSTEIN (1973) Y GANS
(1978) existen una serie de factores sociales,
empresariales, competitivos y personales que
pueden llegar a tener cierta incidencia en el
ejercicio profesional de los periodistas.
10 A juicio de Gans: While individual
magazines and networks are named, individuals are
not except when they have expressed their
thoughts publicly, in print or in the air. I told
the people I studied I would use names; and
besides, anonymity is an old fieldwork tradition.
Sociologist are more concerned with the roles
people perform and the positions they occupy in
an organization than with the individual
personalities. Obviously, journalist are, in the
end, individuals, but news organizations are also
sufficiently bureaucratised that very different
personalities will act much the same way in the
same position. Some of the people I studied will
nevertheless recognize themselves and their
colleagues, although sometimes I have altered
identifying data-but not quotes-in order to
preserve their autonomy (GANS, 1978: xiii).
11 Aunque el estudio de Mintzberg no se
refiere a los mandos de una empresa de
comunicación, la generalidad con que alude al
puesto comentado faculta a citarlo como ejemplo.
12 Sobre esto, Ortega apunta que parte del
ser periodista consiste en participar en una
"densa red de relaciones sociales, materia
nutricia de la profesión, ya sea para
"estar enterado", ya sea para hacer
carrera. En una profesión tan escasamente
regulada, es aún más importante no desperdiciar
ninguna ocasión para estar al tanto de lo que
pueda suceder" (ORTEGA, 2000: 108).
13 Actualmente Robert Giles es Editor Jefe
de la revista científica "Media Studies
Journal" y director ejecutivo del Media
Studies Center. También es director ejecutivo
del Freedom Forum. Su obra más destacada es
Newsroom Management, aunque su profunda
preocupación por el análisis de los problemas
de los periodistas dentro de la empresa se
traslucen a través de otras obras como:
"Whats Next? Problems and Prospects of
Journalism" (2001); "Profiles in
Journalistic Courage" (2001);
"Whats Fair? The problem of equity in
Journalism" (1999), donde ejerce de editor.
14 "Las pláticas profesionales,
fuera cual fuese su ubicación o la formalidad en
su estructura, desarrollaban otra función
esencial para la elaboración de noticias. Los
reporteros y editores, al intercambiar
información e interpretación, al formar juicios
acerca de hombres y acontecimientos, casi
imperceptiblemente forjaban un consenso acerca de
lo que es noticia (SIGAL, 1978: 57-58, v.o.
1973)", aunque le faltó especificar cuáles
fueron las características principales de estas
conversaciones.
15 El principal objetivo de estos equipos
fue "resucitar las historias" (Cfr.,
EPSTEIN, 1974: 154, v.o. 1973), seleccionadas
desde el momento de la coordinación. La
fijación de los acuerdos estuvo fuertemente
condicionada a las políticas empresariales,
además de a las limitaciones tecnológicas de
cada empresa.
__________
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- WIMMER, R. & DOMINCK, R. (1996) La
investigación científica de los medios de
comunicación: una introducción a sus métodos.
Barcelona: BOSCH, 492 p.
* José Luis
Requejo Alemán es
doctor en Comunicación Pública por la
Universidad de Navarra (España), especializado
en procesos de producción de noticias
(newsmaking); profesor ordinario de Opinión
Pública y Teoría de La Comunicación, en la Universidad de Piura, en Perú. Autor de la tesis La
Redefinición del Concepto de Reportero en la
sala de Redacción. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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