¿Quién
necesita un periodista digital?
Juan
Pablo Ramírez Cortés *
¿Y
es que, acaso, el periodismo ha cambiado tanto?
Ante los ojos de cualquier persona, el periodismo
y los periodistas siguen realizando las mismas
actividades, con las mismas técnicas y para los
mismos medios.
Obviamente, y,
en esa línea, es imprescindible decir que los
periodistas andan ahora con un enorme paraguas
permanentemente abierto, con el que cubren sus
cuerpos y conciencias de todo aquello que suene a
transformación profunda. Esto, que en principio
no es más que una provocación conceptual,
quiere abrir las puertas al debate de lo
periodísticamente aceptable, frente a lo
cotidianamente observado.
La historia de
la formación periodística, en cualquiera de las
facultades y escuelas de comunicación
existentes, enseña y demuestra que los procesos
informativos conservan una lógica elemental,
según la cual los acontecimientos, cualquiera
sean ellos, ocurren en la vida real y, una vez
han sucedido, el periodista acude para recopilar
los datos necesarios, estructurar un modelo
informativo y redactar una noticia, un informe o
una crónica, por citar sólo algunos géneros
convencionales.
Esa misma
historia indica que, casi por defecto (quizá sea
por costumbre) son los periodistas quienes deben
acudir a los escenarios donde los hechos tienen
lugar. No es fácil olvidar las enseñanzas de
los maestros del periodismo, quienes
orgullosamente inculcaron en las mentes jóvenes
de los estudiantes más inquietos argumentos como
aquel, valioso y fascinante, que pone al
periodista como el interlocutor autorizado por la
sociedad en la que habita para, desde su criterio
y con sus palabras, transmitir a otros la
realidad.
Aquí hablamos,
entonces, de teoría de la comunicación y de
teorías de la recepción. Según algunos
esquemas convencionales, los procesos
informativos acuden a un proceso transmisionista
lineal, cuya justificación se basa en el sentido
de autoridad que reviste las actividades de los
periodistas, en tanto son ellos los personajes
avalados por la sociedad para llevar la verdad, o
cuando menos la versión más aproximada de la
misma, a los que al otro lado se dedican a
recibir ese producto terminado.

Figura 1
¿La
información como producto?
Sí. A pesar de
lo extraño que pueda resultar, la información
es un activo, un insumo necesario en la cadena de
consumo contemporánea, sin la cual no es posible
pensar en la subsistencia de organizaciones o
personas. La información, como producto, se
obtiene como resultado del montaje de una cadena
de producción, en la cual aparecen los
acontecimientos jugando el rol de materia prima.
En la cadena, siguen los procesos de
transformación de la misma (en este caso la
definición de importancia o gravedad del hecho,
género a emplear para presentarlo, tipo de apoyo
a utilizar) cuyo filtro es, en el mejor de los
casos, un consejo de redacción.
El siguiente
paso es la producción real, que para el
periodismo incluye los procesos de redacción,
comprobación informativa, utilización de
fuentes y verificación de las mismas, anexos
fotográficos, estadísticos o infográficos,
diagramación, armada, impresión y
distribución.
Los medios
informativos impresos, cuyo ejemplo es el primero
en subir al escenario, gozan de una enorme
credibilidad y respeto por parte de los
receptores, dado que, por su carácter de medio
impreso, adquiere la validez de lo escrito. Como
dijo Poncio Pilatos en la crucifixión de
Jesucristo, "lo escrito, escrito
está".
No obstante, y
en el transcurso del proceso, la realidad se
transforma. Es evidente que los procesos
informativos, tendientes a generar mensajes
claros y precisos ajustados al más puro y
filosófico concepto de verdad, padecen,
inevitablemente, del mal del deshielo. Es decir:
¿De qué vale tener en la mano el más delicioso
helado, si para entregarlo a la persona que lo va
a comer hay que llevarlo a la intemperie por
varios minutos, en medio del calor y a una
considerable distancia? La realidad es ese helado
que se transforma velozmente, sin que sea posible
hacer algo para evitarlo.
En esta lógica,
la información pierde su vida útil con gran
rapidez. En la figura 1 es posible observar las
características esenciales del modelo de la
comunicación ideado por Shannon y Weaver. El
modelo, ampliamente analizado y discutido en
todas las escuelas de comunicación existentes,
plantea lo que le ocurre a la información cuando
se pretende asociarla con un proceso plano,
lineal y secuencial, en el que lo que sucede al
comienzo se transcribe fielmente para
enviarlo al otro lado.
Ese otro lado,
misterioso por demás, resulta ser un limbo
inevitable al que llega lo bueno, lo malo, lo
cierto y lo falso. El receptor ha ocupado por
años el papel de un objeto capaz de captar
señales de diversas fuentes, como si se tratara
de un aparato de televisión al que ingresan por
medio de un cable coaxial los cien o doscientos
canales de video que, por demás, pueden
rastrearse con el mando a distancia.
Las teorías de
la recepción apuntan a que sean las personas las
que no sólo reciban mensajes, sino que estén en
capacidad de procesarlos. La información como
producto tiene ciclos de vida claramente
diferenciados, pero muy cortos: Mientras que un
automóvil puede permanecer sin modificaciones
para los compradores por varios años, la
información evoluciona todo el tiempo hasta
desaparecer y ser reemplazada por otra nueva, en
períodos de tiempo a veces menores a un día.
En este sentido,
las teorías de la recepción están obligadas a
transformarse. No es posible seguir pensando, a
la luz de los desarrollos tecnológicos
contemporáneos, que los mecanismos de
transmisión de datos van a continuar con la
generación de mensajes planos. No. Los mensajes
actuales sólo conservan de planos los métodos
con los que se crean y emiten, pero los procesos
de recepción apuntan hacia un puerto más
avanzado: El de la percepción.
¿Teorías
de la percepción?
Dejando atrás
el modelo de Shannon y Weaver, hay que decir que,
inevitablemente, las personas no sólo reciben
sino que también analizan, interpretan y
redefinen los datos enviados por los medios
informativos a sus hogares. La televisión, llena
hoy por hoy de realitys, de avances informativos
y de telenovelas editadas con imágenes de tiempo
real, llena los hogares de cientos de propuestas
y de perspectivas, cada una de ellas con fines
diferentes.
Así por
ejemplo, la justificación para exhibir la vida
cotidiana de los seres humanos, encerrados en
casas estudio y rodeados de limitaciones es,
siempre, justificada con el viejo discurso de la
diversión: La televisión debe divertir al
espectador. Lo que no es claro ahora es a
qué costo se lleva esa diversión.
En estrecha
relación con lo anterior, los programas
informativos o de noticias terminan por incluir
en su formato una sección, especializada, en el
cubrimiento del show de turno. Trátese de
buscadores de talentos, de sobrevivientes en
medio de la selva o de cualquiera otra de las
variedades de reality existente. Los informativos
dan tanta información a la realidad y al
entretenimiento, que las personas terminan por
confundir los espacios: No saben si lo que ven
hace parte del reality o si se trata de algo más
serio.
Así las cosas,
el paso hacia la definición del concepto de
percepción está dado. Los medios se transforman
y las personas cambian sus necesidades, haciendo
que los productos informativos pierdan vigencia
caso tan pronto como son realizados. No hay
tiempo para el recuerdo ni espacio para el
archivo, pues los medios actuales tienden hacia
lo audiovisual. Las mentes y los pensamientos de
las personas también se orientan hacia ese tipo
de medios, con la consecuencia más terrible de
las hasta ahora expuestas: La fugacidad.
Si algo
caracteriza los medios informativos
convencionales, por lo menos los del mundo
impreso, es la perdurabilidad. Las bibliotecas
conservan ejemplares de muchos periódicos y
revistas, aunque pocas veces conservan casetes de
audio o cintas de video. La larga duración de
los medios, que los hizo tan importantes y
definitivos en todas las civilizaciones, cede al
ritmo de una progresión geométrica hacia la
fugacidad de lo audiovisual.
En este
contexto, la percepción es un sentido necesario.
Debería cultivarse en las escuelas como se
cultiva el cuerpo en las clases de
acondicionamiento físico, la gramática en las
clases de lengua o la teoría de conjuntos en la
clase de aritmética. Es un factor indispensable
para el desarrollo, y una ventaja competitiva en
el contexto económico actual. En otras palabras,
no es concebible una sociedad que no esté
capacitada para la percepción. La percepción es
un ingrediente fundamental para la sociedad del
conocimiento, y es ese tipo de sociedad la que ya
existe, cuando menos, en los espacios donde la
participación hacia una construcción política
de las necesidades y soluciones de las personas y
los grupos conformados por ellas es un hecho.
¿Afecta
la percepción a los medios?
Sí. Los medios
informativos fueron pensados para cumplir una
misión. Por más de doscientos años los medios
han dado validez a la secuencia lineal expuesta
en el modelo de Shannon y Weaver, desconsiderando
muchos de los grandes cambios bajo el paraguas de
la tradición: Si lo hemos hecho siempre así,
y funciona bien, ¿para qué cambiarlo?
Muchos de los
medios que conocemos permanecen andando a pié,
cuando las personas y las sociedades van en
avión. A veces, y con mayor frecuencia, los
periodistas reflejan la imagen de seres arcaicos,
dependientes de una libreta o de una grabadora de
voz para hacer un trabajo que, hoy en día,
cualquier persona puede hacer.
Las tecnologías
de la información le han proporcionado alas a
las personas, y ellas las han aprovechado.
Innumerables casos de canales de televisión
comunitarios, empresariales o educativos llenan
las pantallas de miles de personas en todo el
mundo, en contravía de lo esperado por los
grandes canales de televisión mundiales, ¿y
qué decir de los periódicos barriales? Muchos
de ellos se redactan en casa, se imprimen en el
mismo sitio y se multiplican gracias al poder de
las copiadoras. La localización, un
término importado de la industria del software,
asume un rol definitivo en la construcción de
los nuevos medios, cada vez más orientados a las
personas y a la comprensión de su entorno. La
percepción tiene una relación directa con la
innovación mediática, y muchos periodistas aún
no están enterados.
Los
nuevos medios, las nuevas mediaciones
En este
escenario, un tanto dramático, sin duda, cobra
vida el concepto de nuevos medios. Inmediatamente
las personas asocian el concepto con las
recientes atracciones generadas por la
informática y el uso intensivo de las
computadoras, pero hay que ir más allá y leer
el panorama con un sentido más amplio.
Por ejemplo, el
caso anteriormente citado de los periódicos
barriales, es un claro ejemplo de un nuevo medio,
como también lo es el canal de televisión
local, la reunión semanal en torno a un programa
de radio en circuito cerrado y, por supuesto, los
avances informativos disponibles en internet.
En este orden de
ideas, nuevos medios son todos aquellos medios de
información cuyo carácter es definitivamente
distinto de los convencionales. En esta bolsa
cabrían, incluso, los denominados medios
alternativos, cuyo proceso despertó las
sensibilidades más profundas de los grandes
medios desde finales de los 80.
Medios
novedosos, atractivos, diferentes pero por encima
de todo familiares, son los que las personas
están consumiendo vorazmente. La pregunta
lógica es ¿por qué?
Como primera
respuesta, hay que decir que por cansancio. Las
personas y las sociedades están cansadas de ser
tratadas por igual, bajo el concepto de masa.
Nada desean más las personas hoy en día que ser
tratadas una a una, con dedicación y esmero. Los
medios masivos, replicadores del esquema
convencional, cayeron en el tedio de la noticia
escrita por un ser humano con destino a miles o
millones, sin importar condiciones de vida
particulares, tendencias ideológicas o incluso
los horarios de consulta de la información.
Ante la entrada
de medios pequeños, hechos a la medida, el
concepto de mediación cambió radicalmente. En
las facultades y escuelas de comunicación se
analizan algunas de las expresiones que marcaron
el rumbo de todos: El medio es el mensaje,
de Marshall Mc. Luhan es una de las más
trascendentes, pues fija muy claro en el
horizonte el punto de llegada de la generación
de los 60. Los medios eran lo importante,
descuidando el efecto del medio sobre las
personas, es decir, el concepto de mediación.
Hoy la
mediación es la reina del proceso informativo y
comunicacional. Las tecnologías de la
información privilegian la mediación por encima
del medio mismo, dejando entrever que la
posmodernidad informativa se concentra más en
las personas y sus necesidades que en lo que los
medios como tal requieren. Ante ese hecho, los
medios convencionales transforman su estructura y
participan del proceso de nuevas mediaciones con
productos atractivos, como magazines, insertos,
suplementos y otras herramientas que, a la larga,
terminan por ser parte de una estrategia de
mercadeo antes que de un mecanismo consecuente de
nueva mediación.
Por otra parte,
los grandes medios han decidido invertir tiempo y
dinero para crear otros canales de información.
La red internet le dio vida a los negocios y
elevó a millones las oportunidades de las
personas por obtener información de primera
mano. Los periódicos electrónicos, las revistas
del mismo tipo y otros servicios complementarios,
como grupos de discusión o listas, abrieron las
puertas a los ciudadanos para hacerse parte del
proceso informativo y de gestión del
conocimiento, lo cual repercute en una comunidad
mejor enterada, más activa e idealmente con un
mayor sentido crítico.
¿Y
los periodistas?
Están como
locos. Bill Gates acuñó esta frase: "El
éxito es peligroso. Engaña a la gente
inteligente para hacerle creer que no puede
perder". Haciendo eco de la expresión,
los periodistas convencionales perdieron su
liderazgo y se quedaron sin un oficio concreto en
la sociedad de la información.
Sí. Es
amenazante y dramático, pero lamentablemente
cierto, cuando menos en una considerable
proporción.
El periodismo es
una profesión, una pasión, una lucha, una vida
dedicada al servicio de los ideales y de la
verdad pero, también, es una técnica. Los
puristas dirán que se trata de un exabrupto,
pero existen razones de peso para esta
afirmación. Por ejemplo: El mecanismo para
construir una noticia una vez algo ha sucedido,
consta de varios pasos elementales, comenzando
por responder la famosa lista de ws que
integran la pirámide informativa. Esto no es
nuevo y aparece en los libros de periodismo
publicados desde los 50. Paradójicamente son los
mismos libros en los que todos los periodistas
cursaron sus estudios.
Para los demás
géneros periodísticos las cosas no son muy
diferentes. Mecanismos de redacción, el asunto
de las fuentes, la concreción de la agenda
informativa, el proceso de selección de noticias
y la edición de las mismas
Nada que una
persona no pueda dominar con algo de ejercicios
prácticos, algo de intuición y un poco de
asesoría. En Medellín existe un programa para
enseñarle a niños de las escuelas y colegios a
crear sus propios periódicos, impresos y
electrónicos. Lo curioso es que aprenden casi la
totalidad del proceso en menos de un año, y las
facultades insisten en la formación profesional
de entre tres a cinco años.
No es intención
de este documento debatir las actividades o
proyectos de las escuelas de comunicación y
periodismo. Más allá de la innegable e
ineludible profesionalización del oficio, el
periodismo es algo que, reiteradamente, las
personas aprenden con facilidad. No en vano
varios de los mejores periodistas colombianos son
ingenieros, abogados y hasta médicos. Los casos
se multiplican y repiten por todo el mundo, y las
personas, los destinatarios, no se preocupan por
eso.
Para responder
la pregunta sobre los periodistas, hay que decir
que tienen una alto y creciente número de
competidores. Las oportunidades de los medios
electrónicos, específicamente, le cortan las
alas al periodismo tradicional, cuya tarea es la
de realizar un coherente y equilibrado proceso de
mediación entre la realidad y la versión
publicada de la misma.
Los nuevos
periodistas o los periodistas alternativos, hay
que decirlo, surgen de la nada. Miles de personas
aprovechan los sitios gratuitos de internet para
crear un periódico electrónico sobre cualquier
tema: Música, deportes, política, economía,
ciencia o gastronomía. Las personas tienen claro
que los procesos informativos son muy lentos y a
veces tendenciosos, según la filiación
política del medio o la pertenencia a uno u otro
grupo económico.
Es más: Las
fuentes, el gran aliado de los periodistas, se
diluyen en el mar de posibilidades que ofrece
internet. Las personas han logrado contactar a
las mismas fuentes utilizadas por los
periodistas, y hacen que esas fuentes envíen
boletines, extras, noticias de primera mano y
hasta cuadros comparativos de lo que sea por
medio de la red. Así entonces, mientras que en
una sala de redacción los periodistas se reúnen
para definir el ángulo informativo, el esquema
correcto para redactar la información y
publicarla, mientras que el director aprueba o
pide ampliar o corregir, el ciudadano del común
ya tiene la noticia en bruto, tal y como la
emitió la fuente, en su correo electrónico o en
una página web.
Lo gracioso de
todo esto es que, cuando el medio convencional
publica, el ciudadano amante de los medios
electrónicos ya tiene varias versiones de lo
sucedido, y hasta puede enviar su posición o
puntos de vista a la fuente emisora del mensaje!
En un caso
evidente de la alta velocidad contemporánea, es
bueno recordar que, en el caso de los atentados
del 11 de septiembre en el World Trade Center de
Ney York, a sólo 25 minutos de la colisión del
primer vuelo, la página web de CNN no sólo
había multiplicado el número de usuarios a un
punto nunca antes visto, sino que ya habían
publicado dos artículos de opinión, la versión
preliminar sobre los hechos por parte de las
autoridades y, por si fuera poco, la primera
lista de personas heridas luego de la colisión.
No hay que olvidar que el segundo avión impactó
la segunda torre 24 minutos después de la
primera.
Esto demuestra
que, en este contexto, el periodismo llegó a un
punto extremo. Se le sigue requiriendo pero cada
vez con menor intensidad. Aparentemente, las
empresas y entidades del estado buscan a los
medios y a sus periodistas, en tanto que las
personas del común prefieren hacerse a sus
propias noticias y buscar sus propias fuentes de
información.
La
tecnología
"La
realidad virtual corrompe, la realidad absoluta
corrompe absolutamente", dijo Roy Ascott. No se trata de buscar
culpables. El periodismo nunca se vio amenazado,
y ahora resulta que una variación tecnológica
transformó los papeles y le dio la vuelta a los
procesos. Sí. Hay que cambiar, orientarse al
concepto de mediación por encima del concepto de
medio y darle al perceptor una visión diferente
de las cosas.
La realidad
sigue sucediendo a diario y los esquemas
informativos permanecen intactos. Es ilógico que
los periódicos electrónicos latinoamericanos,
en su gran mayoría, sólo sean capaces de copiar
y pegar los mismos contenidos del periódico
impreso. En Colombia una persona puede leer los
principales diarios del día siguiente desde las
11:30 de la noche anterior. ¡No hay que
levantarse temprano para escuchar la radio o
buscar los periódicos impresos! ¡Desde la noche
anterior ya están publicados en la red!
Es gracioso,
además, que una persona sepa con tanta
antelación los temas que tratarán los analistas
al día siguiente. La radio y sus programas
informativos se basan muchas veces en lo que
publican los medios impresos, así que mientras
un ejecutivo se transporta en su automóvil desde
su casa hasta su oficina, ya no sintoniza la
radio en el programa de análisis, sino que opta
por una estación de música o incluso inserta en
el aparato de radio un compacto con la música de
su artista preferido.
Los hábitos
cambiaron y los medios reaccionan lentamente.
Este mismo ejecutivo, enterado desde la noche
anterior de las noticias de actualidad, puede
obtener en su oficina, en intervalos de 30
minutos, las actualizaciones que medios de otras
regiones publican sobre los acontecimientos
importantes. Esto traduce algo aún más
dramático: ¡Las personas están configurando
sus propias agendas informativas! ¡No les
interesan las propuestas realizadas por los
medios, sino las propuestas formuladas por ellos
mismos!
Si a lo anterior
se suma que muchas fuentes informativas
proporcionan sus correos electrónicos personales
a personas del común, obtenemos ciudadanos y
empresas mejor informados que muchos periodistas,
pues el esquema tecnológico lo permite y las
primicias ya no son patrimonio de los medios
informativos. Evidentemente, la tecnología
cambió las costumbres y los procesos de la
información.
¿Y
entonces, qué hay que hacer?
Una expresión
latinoamericana dice sabiamente: "Lo
mismo, pero distinto". Sí. La respuesta
a la pregunta inicial de este documento es
afirmativa, el periodismo sí ha cambiado tanto.
Las tareas, las costumbres y los procesos
informativos cambiaron sus mecanismos, sus
lógicas de producción y sus estrategias de
mediación, pero son en esencia los mismos.
El camino es
claro y debe recorrerse sin ambages: El
periodismo debe seguir su camino, ya no con la
perspectiva de antes, pero sí con una mayor
responsabilidad social y una capacidad de
reacción más alta y dinámica. No se trata de
ignorar los medios alternativos o los nuevos
medios. Se trata de captar su esencia y
facilitarle a las personas una mediación más
clara y nítida, nutrida con los componentes que
sólo la experiencia y el respaldo profesionales
pueden dar a un periodista en cualquier lugar del
mundo.
El periodismo
electrónico apenas está en gestación, y es
mucho el tiempo que falta para tenerlo pleno y
vital. Si bien los escollos son lo primero en el
panorama, resolverlos se convierte no sólo en un
reto, sino en una necesidad apremiante que puede
redundar, sin duda, en un periodismo más fuerte
y orientado a una nueva masa, compuesta
por seres humanos más conscientes de sus
necesidades y expectativas de información,
además de críticos y sensibles a la evidencia
de la realidad.
El periodismo
electrónico tiene la misión de acercar y
generar sinergias comunicativas entre todos los
actores del proceso informativo, en tanto que el
periodista electrónico tiene la obligación de
comprender mejor los medios y aprovechar sus
oportunidades para lograr una mediación más
eficaz.
La sala de
redacción sigue abierta, pero la hora de cierre
ya no tiene importancia en un escenario sin
tiempos, sin excusas y sin barreras para huir del
toro bravo de la electrónica, la cibernética y
la realidad.
* Juan Pablo
Ramírez Cortés es
docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Colombia. Esta comunicación fue
presentada en la IV Bienal Iberoamericana de
Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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