Herramientas
cívicas para evaluar
la calidad de la información
Felipe
Vargas Ortiz *
Al
público se le atribuye ser la parte más débil
del ensamble de comunicaciones que conforman los
dueños de las empresas periodísticas, las
fuentes, principalmente las que disponen de alto
poder económico o político y el cuerpo de
periodistas.
Desde el
comienzo del periodismo, ha sido la empresa la
más privilegiada en cuanto a regulaciones y
protección por parte del Estado, porque las
medidas de represión en contra de la libertad de
expresión fueron sobre todo dirigidas contra las
imprentas. De ahí que inicialmente haya sido
considerada la libertad de empresa, o libertad de
prensa, la clave para el establecimiento de un
flujo sin restricciones de información y
opinión, así como la garantía de la
información "objetiva".
Particularmente
en la segunda mitad del siglo XX, la atención se
vuelca hacia el sector profesional de la
información. Cientos de periodistas mueren en
fuego cruzado o son asesinados por atreverse a
informar en contra de los intereses de los
grandes poderes públicos o privados. Durante la
guerra civil en El Salvador, por ejemplo,
perdieron la vida una veintena de periodistas
nacionales e internacionales, muchos de ellos en
atentados con evidencias de haber sido dirigidos
a influenciar la información periodística. De
ahí que, nacional e internacionalmente, se
forman organizaciones con el fin de prevenir o
denunciar los ataques contra la seguridad física
o moral del personal de prensa o bien para
asegurar el bienestar social del gremio.
En ese mismo
período, se establecieron regulaciones alrededor
de la identidad de las fuentes, de tal manera de
protegerlas contra represalias provenientes de su
ambiente de trabajo. Viene al caso, el del
exinspector de armas Brian Kelly quien en julio
de este año supuestamente se suicidó luego de
que públicamente fuera revelado como la fuente
periodística de una denuncia alrededor del tema
de Irak que afectaba al Primer Ministro
británico Tony Blair.
Más
recientemente, la atención ha sido dirigida a la
sociedad que consume la información de los
medios de comunicación social, que en su gran
mayoría desconoce cómo funciona la
"fábrica" de noticias y por lo tanto,
tiene poca capacidad para enterarse de cuánta
verdad hay en los productos periodísticos.
Para los años
noventa, se establecieron en varios países
europeos y latinoamericanos instancias a favor de
la defensa del derecho a la verdad para las
fuentes y audiencias. Sea en la figura de los
"ombusdman", defensorías del público
lector o de "observatorios" se daba una
respuesta a las necesidades del eje
"débil" del sistema de comunicaciones.
Con todo ello, esas instancias se convierten en
intermediarias y aunque ejercen directamente un
papel educativo para el público en general, no
dotan de herramientas básicas para que la misma
sociedad civil pueda evaluar la calidad de la
información.
En otras
palabras, al igual que la gente no está
dispuesta a pagar por utensilios dañados,
vehículos con fallas de fábrica o alimentos
vencidos, tampoco tiene la voluntad de pagar
directa o indirectamente mediante la publicidad,
productos periodísticos con "fallas de
fábrica", verdades infladas o medias
verdades, o editoriales basados en estereotipos o
en difamaciones.
Pero si bien es
fácil detectar cuándo un televisor tiene
desperfectos, o cuándo la leche está
descompuesta, es más difícil saber cuándo la
"verdad" periodística es precisa,
completa o adecuadamente interpretada,
independientemente si ello se debe a la falta de
un apropiado control de calidad o a distorsiones
originadas por presiones de altos poderes
políticos, comerciales o personales. El sector
profesional de la prensa, gracias a su formación
y experiencia, tiene la capacidad para leer entre
líneas y medir el grado de veracidad de una
noticia. De igual manera, las fuentes de primer
nivel como el Presidente de la República, líder
de la principal oposición o de la iglesia, en el
caso de El Salvador, también cuentan con el
bagaje para medir el grado de aproximación a la
verdad de una noticia o comentario.
Caso diferente
es el de la gente que se informa con una lectura
rápida del periódico o a través de la
información altamente condensada de la
televisión, radio o Internet. El sector de
usuarios de la información periodística en su
gran mayoría asume la veracidad y precisión
informativa porque carece de las herramientas
para hacer una lectura crítica del material que
recibe.
Cómo
leer los periódicos, ver televisión y escuchar
la radio
La tarea de
ayudar al público a realizar un lectura crítica
de la información periodística que recibe
diariamente, se hace mucho más fácil si son los
mismos periodistas los que se encargan de
preparar recomendaciones y alertas, de tal manera
que el público receptor pueda poner luces rojas,
amarillas o verdes según convenga.
El propósito de
este trabajo se inclina más por mostrar la
necesidad de diseñar las herramientas de lectura
y audiencia, sin embargo se pueden adelantar
algunos ejemplos de qué alertas poner para
beneficio de los grupos consumidores.
1. Etiquetas
La gente debe
ser alertada de los términos que utiliza la
prensa, especialmente cuando se trata de ubicar
conflictos.
"Guerra
del fútbol"
Proyecta la idea de que la guerra entre
Honduras y El Salvador en 1969 se debió a
desacuerdos sobre los partidos clasificatorios
para el mundial de fútbol y esconde razones
importantes como los intereses de empresas
estadounidenses exportadoras de bananos, la
reforma agraria en Honduras y la falta de
oportunidades en El Salvador que había obligado
a decenas de miles de salvadoreños a emigrar
ilegalmente a Honduras, así como la dictadura
militar que dominaba a la nación salvadoreña
como factor de agresión.
La Guerra del
Golfo
Una invasión contra Irak en 1991, liderada
por los Estados Unidos, se convierte en una
guerra del "Golfo" y los invasores se
vuelven "fuerzas aliadas", como en la
reciente invasión contra la misma Irak por los
ejércitos estadounidense e inglés. De
esa manera los países poderosos que dominan o
comparten intereses con las grandes empresas de
comunicaciones, no invaden sino
"liberan".
Terrorismo
Si grupos de oposición armados atacan con
bombas sitios urbanos, se vuelven ataques
"terroristas". Si las fuerzas de un
país "democrático" realizan la misma
acción con bajas civiles y aun de periodistas,
son llamadas acciones de "represalias".
Si en esas acciones pierden la vida mujeres y
niños, estos son llamadas "daños
colaterales".
Democrático
Una de las etiquetas más utilizadas es la
"democrática". Prácticamente todos
los gobiernos se autodenominan democráticos, los
de España, Estados Unidos, Cuba, Israel, El
Salvador, Canadá, Brasil y muchos más. En
nombre de la democracia se invade, violan
derechos ciudadanos y se mantienen gobiernos
autoritarios.
2. Tratamiento desigual
Se rompe el
equilibrio informativo cuando se utilizan
calificativos en una agrupación, sin que se haga
lo mismo con el resto.
Izquierdistas
Con frecuencia se utiliza
"izquierdistas" para los partidos o
asociaciones vinculadas a la izquierda, pero a
las fuerzas de derecha, raramente se les llama
"derechistas". Con ello, se enmarca la
legitimidad de las instituciones no adjetivadas y
la marginación de aquéllas que lo son.
Oposición
Muchas veces las asociaciones partidarias son
calificadas por tendencias, existen
"ortodoxos", "blandos",
"duros", pero en el partido de gobierno
aparenta existir una total unidad de pensamiento
y acción. Este ejemplo se enfoca más a la
situación salvadoreña.
3. Contenido no refleja el
titular
Quizá uno de
las fallas más fácil de detectar por parte del
público usuario de la información
periodística, es la discordancia entre el
titular y el desarrollo de la noticia. Es
bastante frecuente que en el titular se refleje
una interpretación que desentona con lo dicho
por las fuentes o que el periodista no llegue a
presentar evidencias de lo destacado en los
titulares..
4. Sexismo
La audiencia
debe ser observadora sobre cómo es presentada la
mujer en términos generales, si el medio se
inclina más por proyectar la belleza física,
que la contribución femenina en la ciencia, el
deporte, la política y en el desarrollo del
país. Cada vez es más aceptado que
"hombre" no representa a ambos, mujer y
hombre.
5. Información y opinión
Escuchar en la
radio una noticia en la cual se mezcla la
opinión del periodista con lo recabado de las
fuentes, puede llevar a la persona usuaria a
tomar como cierto lo no factual. Debe
recomendarse poner la atención al quién lo
dice. "París entero", "el pueblo
salvadoreño condena" y aseveraciones
similares deben ser descartadas por el público.
Por regla general, la combinación de la opinión
y la información se da más frecuentemente en
momentos de conflicto social. Las personas
consumidoras de información deben buscar siempre
la fuente de la información, si no se atribuye a
ninguna persona o institución en particular,
probablemente se deba a fallas en la calidad
profesional de la persona informadora.
6. Encuestas de opinión
Una de las
formas más frecuentes de distorsión de las
notas informativas reside en cómo se da a
conocer al público los resultados de un
determinado sondeo. Como regla general, las
diferentes casas encuestadoras asumen
interpretaciones que no están relacionadas con
la encuesta realizada. El público debe ser
alertado sobre el tipo de preguntas realizadas y
las conclusiones adelantadas en el informe, sobre
cómo se realiza la encuesta, en que parte del
territorio nacional y sobre el porcentaje de
error. Un 3 por ciento de error en un resultado
de 42 por ciento sobre un 40, no está arrojando
ningún ganador.
7. Fuentes
Si la persona
usuaria de la información pone mucha atención a
la atribución, probablemente tiene ya consigo
una alta probabilidad de medir la calidad del
producto recibido. Recientemente, varios
entrenadores cubanos en El Salvador fueron
acusados de ser espías de su gobierno, sin
embargo el periódico utilizaba como fuente a una
persona condenada por un atentado en la que
perdieron la vida decenas de deportistas cubanos
y que actualmente está encarcelada en Panamá
bajo la acusación de planificar en El Salvador,
el asesinato del presidente cubano. El periódico
no aportaba ninguna evidencia, salvo ese
testimonio parcializado, en contra de los
entrenadores de Cuba. De igual manera, no podría
tomarse en serio una acusación de corrupción
contra funcionarios de gobierno de una fuente de
un partido de oposición que no aportase las
pruebas necesarias. Tampoco ayuda a la calidad
informativa, las declaraciones de inocencia que
frecuentemente transmiten personas capturadas por
una variedad de delitos sin que el medio aporte
elementos para equilibrar la información.
También hay que
alertar a la audiencia cuando se atacan a ciertas
fuentes porque no se encontraban
"disponibles" u "ocupados en una
reunión".
8. "Caen" asesinos
de mujeres
Una persona
lectora de un periódico debe tener cuidado de
considerar culpable a un acusado a partir de la
condena que da el periodista. Como regla general,
debe considerarse que el acusado es culpable una
vez haya sido condenado en un juicio. La prensa
no debe asumir el rol de juez y a veces esa
posición es llevada al extremo de que el
periodista "lamenta" que un jurado de
conciencia haya puesto en libertad a "un
asesino".
9. Estereotipos
En la prensa
salvadoreña, se simplifica al personal que
trabaja en el transporte público, choferes y
cobradores, como personas abusivas e insensibles,
a miembros de las maras como violentos y a los
diputados de la Asamblea Legislativa como
corruptos, sin considerar casos personales. No
todos los diputados son corruptos, ni todos los
choferes son descorteses. El televidente puede
encontrar el estereotipo porque casi siempre va
acompañado de frases "otro",
"nuevamente", "de nuevo".
10. La verdad periodística es
elástica
El ponente ha
expuesto en presentaciones anteriores, evidencias
de que la verdad periodística es
"elástica" porque responde al entorno
social. Cuando los conflictos son de una gran
dimensión como las guerras, provocan en el
periodismo la multiplicación de omisiones,
distorsiones, estereotipos y atribuciones
inexactas. También la influencia de los
gobiernos y de las partes encontradas aumenta en
torno a la política editorial de los diferentes
medios de comunicación social. El público,
entonces, debe tomar en cuenta que la verdad
periodística es "menos verdad" durante
los conflictos sociales.
Los diez casos
mencionados son sólo ejemplos de fallas
profesionales que conoce el personal de la
prensa, pero que el lector o televidente promedio
por falta de formación no logra comprender. Los
tiempos demandan ya que el público usuario de la
información periodística sea alertado para que
pueda detectar directamente, no a través de
segundos o terceros, los niveles de calidad de la
prensa nacional o internacional.
La escuela
secundaria y las universidades pueden ser lugares
para comenzar a hacer conciencia de que la
sociedad debe aprender a defender su derecho a
conocer las aproximaciones a la verdad que se le
presentan en diferentes géneros por escrito o en
forma digital. En forma paralela, la sociedad
civil puede organizar grupos educativos que la
orienten con ese mismo objetivo.
La forma que
tomen las herramientas dependerá del público
objetivo, y pueden ir de juegos a test de
calidad. La creación de esos dispositivos de
alertas que podrían trasladarse al verde de
aceptación, amarillo de cautela y rojo de
rechazo, ayudarían no sólo a una mejor
interpretación de la realidad de parte de la
sociedad, sino a crear incentivos para que el
sector de prensa asuma con mayor seriedad el reto
de elevar la calidad de sus servicios
profesionales.
San
Salvador, agosto de 2003
* Felipe
Vargas Ortiz tiene una
licenciatura en Periodismo de la Universidad de El
Salvador y otra de Historia
de Concordia
University de Montreal,
así como una maestría en Comunicaciones de la Universidad Autónoma de
Barcelona. Actualmente se
desempeña como Secretario de Comunicaciones de
la Universidad
de El Salvador.
Anteriormente ha sido profesor de periodismo de
la UES, corresponsal y jefe de redacción de la Agencia Salvadoreña de
Prensa. Esta comunicación
fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de
Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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