Una mirada desde la frontera
México-EU
Sensacionalismo
y narcocultura
en el periodismo
Hugo
Méndez Fierros *
Baja
California es una entidad ubicada justamente en
la división territorial de México con Estados
Unidos; de enormes contrastes sociales y
reconocida, hoy, como una de las fronteras más
dinámicas del mundo.
La Baja
California ha representado históricamente para
un importante número de connacionales un puente
hacia la conquista del american way of life,
la puerta de entrada al primer mundo con todo lo
que esto conlleva; no obstante, también ha sido
vista como un destino atractivo de emigrantes
mexicanos y extranjeros, que dejaron sus lugares
de origen y llegaron para quedarse.
"Con sus
3.200 kilómetros, la frontera entre México y
los Estados Unidos es una de las más largas y,
sin duda, la de mayor carga simbólica de nuestro
continente. No sólo separa dos países sino que
divide el "Primer Mundo" del
"Tercero" y en uno solo de los pasos de
esta frontera el ubicado entre Tijuana,
Baja California y San Diego se dan más de
60 millones de cruces de personas al año
Por otra parte, entre 1997 y 2002 murieron
alrededor de 1800 mexicanos al intentar pasar
"del otro lado" de manera ilegal,
según datos del Senado de México".
(Lorenzano en El Clarín, abril del
2003)
Hoy no
podríamos entender la "cultura
fronteriza" de esta región sin el aporte de
grandes grupos de jalisciences y michoacanos
(gentilicios que designan a las personas de
Jalisco y Michoacán, entidades de México) de
chinos, rusos, y japoneses; pero sobre todo de
personas provenientes de Sonora y Sinaloa.
La historia de
Baja California es la síntesis de una
hibridación cultural, en la que las
características identitarias que sonorenses y
sinaloenses han aportado ejercen una dominación
notable sobre las de los otros grupos
mencionados.
Las
características antes descritas sitúan a Baja
California como paso obligado para el tráfico de
estupefacientes hacia el amplio mercado
consumidor que representa una gran parte de la
población estadounidense; esto ha originado el
establecimiento de poderosos cárteles de
narcotraficantes en esta región, lo que ha
significado entre otros factores- un
incremento exponencial de la inseguridad y la
pérdida del espacio público de los ciudadanos
fronterizos en los últimos años.
Favorecido por
este contexto el trabajo de los medios
informativos ha ensayado una serie de cambios en
su producción social de mensajes, entre los que
destaca una marcada orientación hacia la
publicación de noticias referentes a las
actividades relacionadas con el narcotráfico;
cobertura que de manera general aunque con
honrosas excepciones- se ha realizado de una
manera sensacionalista, en detrimento de la
credibilidad y la responsabilidad social propia
del periodismo profesional.
La
"información sensacionalista" acerca
del narcotráfico ha rebasado los cauces de las
tradicionales páginas policíacas o de seguridad
pública y ha llegado para quedarse en las
primeras planas; de esta manera, constituye hoy,
sin duda, una de las temáticas que reúne más
lectores en torno de los medios de comunicación;
el trabajo periodístico en la frontera norte de
México es el espacio de aprehensión de nuestros
tiempos violentos, parafraseando a Quentin
Tarantino.
Observamos que
la explotación del morbo y el uso inadecuado del
lenguaje (aculturación); la mala influencia de
otros idiomas (inglesismos) motivado por la
cercanía con otro país; la actitud cínica de
quien escribe (corrupción); el vacío de
regulación para lo que se escribe y la falta de
especialización del periodista en las diferentes
áreas del periodismo (Jáquez, 2001) han
generado y propagado una infinidad de términos,
espacios y personajes, que retratan y recrean las
representaciones simbólicas sociales conocidas
como narcocultura.
Hoy se habla en
los medios y por ende, en los diferentes espacios
del entramado social fronterizo de:
"narcovuelos",
"narcofuncionarios",
"narcomenudeo",
"narcoporristas",
"narcopolicías" "mini-traficantes",
"envenenadores",
"engatusadores"; "levantón","puchador";"encobijado";
"ajuste de cuentas"; "madrina",
"cocinero"; "tienditas",
"cocinas" y "laboratorios";
para designar a las actividades, actores y
espacios de trabajo de los agentes sociales
dedicados al tráfico de drogas.
Sin duda, los
términos antes mencionados forman parte de un
glosario amplio que juega un papel importante en
la reproducción de arquetipos referentes a la
vida y obra de los llamados narcotraficantes; y
que puede ser imputable en cierta medida al
ejercicio periodístico sensacionalista que se
empeña en dar un tratamiento superficial a una
problemática que por su complejidad exige otro
enfoque y un trato informativo verdaderamente
profesional, apegado a la deontología
periodística.
Basados en lo
anterior, pretendemos ensayar con este trabajo
desde una perspectiva ética- una revisión
del papel que ha jugado el ejercicio
periodístico desarrollado en la región
fronteriza del noroeste de México, en la
construcción de arquetipos y representaciones
sociales en torno al tema del narcotráfico. Y
asimismo, poder identificar algunas pistas que
nos ayuden a entender la influencia del
sensacionalismo periodístico en la propagación
y reproducción de una "narcocultura".
De esta manera,
tomamos como fundamento la Teoría Social de
la Comunicación, desarrollada por el
teórico español Manuel Martín Serrano, para
clarificar la importante tarea de producción
noticiosa y entender el trascendente papel que
juegan los reporteros como agentes mediadores
insertos en una institución mediadora (empresa
informativa).
Por otra parte,
para el acercamiento a la responsabilidad social
que les confiere el papel antes descrito, nos
apoyaremos en una de las cuatro teorías de la
prensa que el estudioso estadunidense Theodore
Peterson, desarrolló y publicó al lado de los
investigadores de la comunicación de masas Fred
S. Siebert y Wilbur Schramm, en la década de los
cincuenta en EUA, la aún vigente y llamada: Teoría
de la responsabilidad social de la prensa.
Posteriormente,
desarrollaremos cada uno de los conceptos clave
de esta ponencia: Narcocultura, sensacionalismo y
ética periodística, entre otros.
Teoría
Social de la Comunicación
Esta teoría
desarrollada por Manuel Martín Serrano parte de
la idea central que nos dice que existen
interdependencias entre la transformación de la
comunicación pública y el cambio de la sociedad
y para desarrollar esta idea, se debe partir del
estudio de la producción de comunicación
social. Asimismo, esta teoría tiene como modelo
general para enfrentarse al objeto de estudio, un
paradigma que Martín Serrano ha denominado:
"de la Mediación".
"La
mediación pretende ofrecer un paradigma adecuado
para estudiar todas aquellas prácticas, sean o
no comunicativas, en las que la conciencia, las
conductas y los bienes entran en procesos de
interdependencia. El investigador no puede
recurrir en estos casos a modelos meramente
cognitivos, exclusivamente de comportamiento, o
solamente de producción. La necesidad de un
enfoque basado en el análisis de la mediación
se hace sentir cuando el manejo de la
información, de los actos, de las materias, se
manifiesta como una actividad que no puede ser
disociada ni analizada por partes. La producción
de información destinada a la comunicación
pública es una de esas actividades".
(Martín, 1986, págs. 22 y 23)
La relevancia
del papel que desarrollan los reporteros en
nuestra sociedad, reside en su papel de
mediadores en el proceso de la construcción
social de la realidad; mucho se ha apuntado que
la opinión pública de las sociedades
democráticas pasa obligadamente por los medios
de comunicación, y es en este sentido, que los
hacedores de noticias desarrollan día a día un
trabajo de impacto social, lo que de entrada
obliga una actitud responsable y profesional.
Como explica
Manuel Martín Serrano "La participación de
los Medios de Comunicación de Masas (MCM) en la
elaboración de una representación de lo que
sucede en el mundo se inicia cuando la
institución mediadora, u otros agentes sociales
(Agencia de noticias, Consejo de redacción,
Censores, etc.), seleccionan determinados
aconteceres para hacerlos públicos.
"La tarea
específicamente comunicativa comienza cuando los
Emisores (con la aceptación de la institución
mediadora) eligen, en el marco de ese acontecer
público, determinados objetos de referencia. Los
Emisores ofrecen a sus audiencias un producto
comunicativo que incluye un repertorio de datos
de referencia a propósito de esos objetos. Los
datos se relacionan conceptualmente entre sí de
una manera determinada; desde este punto de vista
los productos comunicativos suelen denominarse
"relatos". Además, los datos se
expresan de una u otra forma en un soporte
material. Desde este punto de vista, son objetos.
Estas tareas comunicativas de los MCM son operaciones
de mediación". (Martín, 1986, p.143)
La producción
noticiosa es entonces un proceso en el que
participa el reportero como agente mediador
inserto en una empresa informativa (institución
mediadora), proceso que implica la selección de
acontecimientos de la realidad social actual;
recolección de información y construcción de
narraciones acerca de estos hechos, las cuales
son redactadas, grabadas, editadas, jerarquizadas
y finalmente ofertadas al público como
información-mercancía.
Bajo la idea
anterior, los reporteros desarrollan su tarea
mediadora de construcción de la realidad, en un
primer plano, a partir de su propia
interpretación de los hechos; interpretación
que está determinada por su bagaje cultural,
ideología, formación profesional, sus intereses
individuales; pero también por su concepción
del deber profesional (ética periodística).
"Es
imposible descentrar al sujeto que produce la
información, respecto del producto comunicativo
que realiza. Una concepción ingenua de la
objetividad supone que el acontecer produce los
datos de referencia de la comunicación como el
campo las margaritas; el informador honesto
sería aquel que se limitase a cosechar los datos
para las audiencias compuestos como un ramillete
de imágenes o de palabras. Lo cierto es que el
cambio de la realidad no genera datos sino
sucesos (en el sentido ontológico del término;
el informador observa sucesos y elabora datos.
Este proceso implica irremediablemente en el
producto comunicativo resultante, la propia
actividad cognoscitiva y expresiva del Relator.
El informador, como cualquier otro sujeto humano,
está incapacitado para desprenderse de sus
intereses, necesidades, prejuicios, cuando sus
sentidos perciben unos sucesos o permanecen
ciegos y sordos a otros; y cuando su reflexión
interpreta de una u otra forma el acontecer que
describe. El informador, sea o no profesional,
participe o no como testigo de lo que acontece,
es un Mediador. (Martín,1986, p.108).
A esta
mediación cognitiva, como le ha llamado Martín
Serrano, realizada por el reportero en un orden
individual, se une durante la producción
noticiosa la mediación estructural, que está
determinada por los intereses económicos de las
empresas informativas, por sus recursos
tecnológicos, las rutinas productivas,
etcétera; es concretamente, el molde o el sello
institucional del producto comunicativo elaborado
por los reporteros en concordancia con la empresa
para la que laboran.
La realidad
mutante se congela; es atrapada por los modelos
de comunicación preestablecidos por cada empresa
periodística; los intereses económicos y su
mandato autoritario constituyen una camisa de
fuerza para la aplicación de la ética
periodística, encarnada en un compromiso de
responsabilidad social.
De esta manera,
observamos que la producción de noticias está
determinada en una primera instancia por la
mediación cognitiva que realiza el reportero en
orden individual, es una construcción social de
su parte, es la traducción de los sucesos que
operan en el plano de los real actual en códigos
sociales (datos), de ahí entonces que la tarea
periodística desarrollada con libertad de
acción en una sociedad democrática, exija un
alto nivel de responsabilidad y profesionalismo.
No obstante,
estos deberes propulsados por la trascendencia y
el impacto social de las prácticas comunicativas
a las que hemos venido haciendo referencia, no
son solamente imputables a los reporteros, puesto
que en un segundo plano y en el marco de las
relaciones que sostiene cada reportero con la
empresa para la que labora se suscita la
mediación estructural, que suma a la
construcción realizada por el reportero nuevas
valoraciones, gestadas a partir de los intereses
de la empresa informativa, con lo cual se da una
segunda y definitiva construcción social de la
realidad, que será vendida posteriormente como
información-mercancía a las audiencias.
Teoría
de la Responsabilidad Social de la Prensa
En la tradición
de la investigación sobre los medios de
comunicación masiva, se ha tomado
regularmente- como punto de partida a las
propias instituciones mediáticas y sus formas de
trabajo y se han dejado de lado las cuestiones
normativas o éticas, endosándoles la
responsabilidad de su estudio a otros campos como
la filosofía o el derecho.
El argumento
recurrente que explica lo anterior desde la
lógica del "paradigma dominante", es
que el análisis de los medios desde la
perspectiva normativa conduce inevitablemente a
cuestiones de ideología, política, derecho o
ética que no son fáciles de abordar
"científicamente"; así, lo que se
defiende es una postura de neutralidad de
valores. (McQuail, 2000)
"La mayor
parte de lo que pasa por "teoría de la
comunicación de masas" parece existir en un
extenso vacío normativo, carente de un contexto
social e histórico, aparte de unos presupuestos,
escasamente aceptados, sobre la espontaneidad de
los arreglos liberal-pluralistas en una economía
capitalista. Este estado de cosas resulta
sumamente insatisfactorio en una época de
grandes cambios y reconstrucciones de las
instituciones mediáticas, en las que se deben
abordar las cuestiones normativas".
(McQuail, 2000, p.198)
Es en este
contexto actual que cobra aún vigencia y mayor
relevancia la Teoría de la responsabilidad
social de la prensa, formulada por Theodore
Peterson y compilada en el libro Four theories of
the press (Cuatro teorías de la prensa) al lado
de Frederick Siebert y Wilbur Schramm, y que
sucedió al informe realizado en 1947 por la
Comission on the freedom of the press (Comisión
sobre la libertad de la prensa) de financiamiento
privado pero con una importante influencia
pública en Estados Unidos.
Esta teoría
explica mediante la formulación de enunciados
concretos y sencillos, los deberes de
responsabilidad que debe asumir cualquier
institución productora de noticias y que con
ello proponga a la sociedad en general una
visión específica del mundo, a través de la
construcción social de la realidad.
Las funciones de
la prensa de acuerdo a la Teoría de la
responsabilidad social son seis: (1) Servir
al sistema político al proveer información,
discusión y debate de los asuntos públicos; (2)
Ayudar al público para que sea capaz de
autogobernarse; (3) Salvaguardar los derechos del
individuo al servir como un vigilante del
gobierno; (4) Servir al sistema económico
principalmente al contactar compradores y
vendedores mediante la publicidad; (5) Proveer
entretenimiento; (6) Mantener una autosuficiencia
económica para estar libre de presiones de
intereses particulares". (Siebert, Peterson,
Schramm, 1967, p.74)
Bajo las
anteriores premisas, observamos más allá de lo
que la prensa es en la práctica diaria, lo que
la prensa debería ser de acuerdo a la
responsabilidad social que le confiere su tarea
trascendente en el orden social y para ello se
apela a la ética aplicada de la profesión.
Según la Teoría
de la responsabilidad social de la prensa,
ésta debe "proporcionar un relato completo,
verdadero e inteligible de los acontecimientos
del día en un contexto que les confiriera
sentido. En segundo lugar, la prensa debía
servir de foro para el intercambio de comentarios
y críticas y ser el transporte público de la
expresión pública. En tercer lugar, la prensa
debe dar una imagen representativa de los grupos
constitutivos de la sociedad y presentar y
clarificar los objetivos y valores de la
sociedad.
Asimismo, esta
teoría critica el "sensacionalismo y la
mezcla de noticias con opiniones editoriales. En
general
postula una noción de la prensa
como institución imparcial, informativa e
independiente, que evitara ofender a las
minorías o fomentar la delincuencia, la
violencia y el desorden civil. La responsabilidad
social debe ser asumida mediante la
autorregulación y no por intervención del
gobierno, aunque en última instancia, ésta
también se podría justificar." (McQuail,
2000, p.200)
Ética
periodística y sensacionalismo
Una vez
explicada la forma en que entendemos el proceso
de producción social de la comunicación y la
responsabilidad de los agentes mediadores (en
orden individual-cognitivo los reporteros; y en
lo grupal-estructural las empresas informativas)
es importante acercarnos a algunas ideas sobre el
sensacionalismo periodístico y su influencia en
la reproducción de una "narcocultura".
Para lo anterior, es menester conceptuar a la
ética periodística.
Para Javier
Darío Restrepo, estudioso de la materia, la
ética es: lo correcto y lo justo; sentirse bien
consigo mismo y con el otro; responsabilidad y
transparencia; valor absoluto y supremo; escala
de valores que mide la conducta del hombre y de
la sociedad; característica de la conducta
humana que busca ajustarse a valores sociales;
una actitud; conjunto de normas que rigen el
proceder de las personas; conjunto de valores
morales adquiridos a través de la experiencia y
que norman la conducta; algo subjetivo, relativo
a la moral de cada persona; honestidad.
(Restrepo, 2000)
Si nos ceñimos
a las ideas anteriores podemos entender entonces
a la ética como filosofía generadora de ciertos
códigos de conducta; desde esta perspectiva,
puede ser comprendida la ética como un sinónimo
de la moral (en el uso común esta
interpretación es muy utilizada).
No obstante, a
la ética también se le considera una ciencia
que tiene como objeto de estudio la moral y la
aplicación de la conducta humana en
referencia a ésta- en un contexto determinado;
que mantiene un carácter histórico, concreto y
mutable; asimismo, la ética está caracterizada
por el consenso grupal y por actuar de manera
interna ajena a cualquier aparato coercitivo.
La perspectiva
ética no se funda en abstracciones, es
práctica, directa; se materializa en las
conductas humanas y pasa necesariamente por la
voluntad de los individuos.
En el caso del
oficio de las noticias los reporteros deben
enfrentar de manera cotidiana la toma de
decisiones entre lo correcto y lo incorrecto,
entre lo justo y lo injusto, lo que añade a su
trabajo un rigor que se puede evaluar sólo en la
práctica diaria a través de lo que estudiosos
de la materia han denominado: Deontología
periodística, que representa el tratado de los
deberes a los que el profesional de la verdad, el
periodista, debe apegarse al realizar su labor
profesional.
Ernesto
Villanueva apunta en su libro Códigos
europeos de ética periodística: Un análisis
comparativo que la "deontología
periodística puede definirse como el conjunto de
principios éticos asumidos voluntariamente por
quienes profesan el periodismo, por razones de
integridad, de profesionalismo y de
responsabilidad social. La deontología
periodística implica para el informador un
compromiso de identidad con el rol que juega en
la vida social y una percepción amplia del valor
que tiene la información como ingrediente de
primera importancia para traducir en hechos
concretos la idea de democracia".
(Villanueva, 1996, p. 17).
La producción
de la noticia es el proceso en el que reporteros,
jefes de información y directores de empresas
informativas seleccionan acontecimientos de la
realidad social actual; recolectan información y
construyen narraciones acerca de estos hechos,
las cuales son redactadas, grabadas, editadas,
jerarquizadas y finalmente ofertadas al público
como información-mercancía.
La
consideración de que los medios son
constructores y no meros espejos de una sociedad
ha significado entender de manera definitiva
que
son las propias empresas informativas
las que deciden qué hechos son noticia o no, y
por lo tanto, quienes administran el material
informativo del que se nutre la opinión
pública. Para que una información sea noticia
requiere la conjunción de tres factores: a) que
sea reciente; b) que sea inmediata; y c) que
circule. (De Foncuberta, 1998)
Bajo estas
premisas la labor del periodista debe estar
enmarcada en la responsabilidad social, la
búsqueda de la verdad y la honestidad.
El periodista
es, según Hugo Aznar, el primer responsable de
la calidad y de la objetividad de la información
y debe esforzarse en presentar una información
veraz, lo más completa posible, interesante,
actual y de alta calidad. (Aznar, 1999: 227)
En realidad, el
periodista podría ser considerado también como
un historiador y como un intelectual. Como
historiador, porque en realidad está haciendo la
crónica diaria de su mundo. Como intelectual
porque es intérprete del devenir y trata de
orientarse y de orientar a los demás en los
procesos de cambio (Núñez Ladevéze en López,
1995, p. 60)
Así entonces,
debemos entender que por definición el
periodista debe ser un agente social honesto,
responsable, solidario, que desarrolla su
profesión con amplia vocación de servicio a los
demás y que a través de la consecución y
difusión de la verdad periodística busca el
beneficio social. Es en este sentido, el
profesional de la verdad.
Los valores
éticos y técnicos se entrelazan en la raíz de
la profesión periodística. Por ello en el
periodismo quien atenta contra los preceptos
éticos reconocidos y consensuados por el propio
gremio, corrompe su calidad informativa, no hay
forma de transgredir los valores éticos sin
dañar el fin último de todo hacedor de
noticias: un producto informativo de interés
público que contiene la verdad sobre un suceso.
Ahora bien, es
en este marco que debemos centrarnos en el tema
del ejercicio periodístico sensacionalista y en
la forma que trata al tema del tráfico de drogas
y cada una de las actividades que de ella se
derivan.
Erick Torrico
Villanueva, estudioso del tema, señala en su
trabajo "El sensacionalismo: algunos
elementos para su comprensión",
publicado en www.saladeprensa.org, que en la jerga
técnica del periodismo se usa indistintamente
los calificativos de sensacionalista o amarillista
para los medios informativos que buscan alimentar
a sus audiencias con contenidos que muestran,
erigiéndolos en "noticias",
comportamientos o sucesos anticonvencionales.
En el mismo
trabajo, Torrico Villanueva, recoge otros puntos
de vista.
"José
Martínez de Sousa dice que sensacionalismo es la
tendencia de cierto tipo de periodismo a publicar
noticias sensacionales y explica que ella puede
traducirse en una versión "de fondo",
en que las materias presentadas "exploran
las bajas pasiones y los intereses menos nobles
del público", y otra "formal",
que se funda en un manejo llamativo de los
elementos exteriores de una publicación.
Para el
Departamento de Comunicación Social del Consejo
Episcopal Latinoamericano el sensacionalismo es
un "periodismo poco objetivo, que exagera
con titulares, fotografías o textos las noticias
de escándalos, sucesos sangrientos o morbosos y
noticias de interés humano. Y Pedroso señala
que el periodismo sensacionalista es una
actividad de identificación y exacerbación del
carácter singular de los acontecimientos a
través del énfasis, incremento o sustracción
de elementos lingüísticos, visuales (sonoros) e
ideológicos, por medio de la repetición de
temáticas que contienen conceptos y valores que
se refieren a la violencia, la muerte y la
desigualdad social".
Es interesante
observar ahora la definición de nota roja que
hace José Luis Arriaga Ornelas en www.saladeprensa.org: "En una acepción
general, la nota roja es el género informativo
por el cual se da cuenta de eventos (o sus
consecuencias) en los que se encuentra implícito
algún modo de violencia -humana o no- que rompe
lo común de una sociedad determinada y, a veces
también, su normatividad legal. Ahí caben los
relatos acerca de hechos criminales,
catástrofes, accidentes o escándalos en
general, pero expuestos según un código cuyos
elementos más identificables son los encabezados
impactantes, las narraciones con tintes de
exageración y melodrama, entre otros".
Históricamente
la información sensacionalista ha sido contenida
salvo algunos escándalos políticos y de
la farándula mediática- en las páginas de la
nota roja, que por definición se asemejan en la
forma de construir y matizar sus narraciones; sin
embargo, esto ha variado, pues, la información
sobre el tráfico de drogas sin dejar de ser
sensacionalista ha desbordado los límites de la
página roja.
Narcocultura
y periodismo fronterizo en el noroeste de México
Los territorios
geográficos de Sinaloa, Sonora y la península
de la Baja California están unidos por el
inmenso y mágico Desierto de Altar, de esta
manera forman el corredor noroeste: puente que
filtra los usos y costumbres del sur de México,
para construir la cultura de la frontera norte.
En ésta habita
desde hace unas décadas una variante muy
peculiar, atractiva para toda la industria
cultural a más no poder; por supuesto, nos
referimos a la narcocultura fronteriza en el
noroeste de México.
"Más allá
de consideraciones morales y penales, la
narcocultura es una realidad tangible, que en el
norte y noroeste del país (donde por razones
históricas, geográficas y culturales se han
asentado los principales cárteles) adquiere una
presencia mayor, cercana". (Lugo Palencia,
Ileana, Revista Proyecciones del
Proyecto Internet del Tec de Monterrey, agosto
2000)
"El cultivo
de la amapola y el tráfico de opio empezaron a
adquirir tal importancia la prensa local
habla ya de sembradíos de adormidera en Sinaloa
y Sonora desde 1922 por el número de
individuos involucrados, que hubo necesidad de
inventar una palabra para designarlos
genéricamente, en una época y lugar tan
míticos como los orígenes de la introducción
de la planta: así nació la palabra
"gomero", como alguien que se dedica
tanto al cultivo de amapola como al tráfico de
goma de opio
La designación estaba tan
generalizada que incluso a los traficantes de
mariguana se les llamaba de igual manera.
Posteriormente se les designó a estos últimos
como "mariguaneros" o
"moteros"; o "transas" para
incluir a ambos grupos.
"En la
actualidad sin haber desaparecido completamente
del lenguaje común, la palabra
"gomero", designación local desde
abajo ha venido siendo desplazada por la de
"narco", designación universalizante
desde arriba, que pretende abarcar a todas las
categorías particulares inventadas para nombrar
a los múltiples agentes sociales de la división
del trabajo en el campo del tráfico de drogas;
desde el "charal" hasta el "pez
gordo", desde el "marimbero"
(Colombia) o el "puchador de perico"
hasta el capo di tutti capi". (Astorga,
1995, p.70 )
La narcocultura
tejida en la frontera noroeste de México refleja
características identitarias que pertenecen
por supuesto- al mosaico cultural híbrido
derivado del proceso histórico de la emigración
hacia esta frontera de gente originaria de los
pueblos serranos y ciudades de Sinaloa y Sonora.
En la prensa
regional de Baja California se habla de un
arquetipo de "lo sinaloense",
"andaban vestidos como sinaloense o hablaban
como sinaloense", la gastronomía y la
música sinaloense están de moda, lo sinaloense
como sinónimo de lo narco, en ambos lados de la
frontera.
"El perfil
arquetípico del narco, su estilo, su vestimenta,
corresponde por lo demás al del agricultor
sinaloense común y corriente, sobre todo el
serrano. Es un atuendo tradicional en estas
tierras, que los narcos asumen de una manera
sofisticada". (Lugo Palencia, Ileana, Revista
Proyecciones del Proyecto Internet del Tec
de Monterrey, agosto 2000)
"A partir
de la captura y encarcelamiento de Miguel Angel
Félix Gallardo (08/04/1989) los medios de
comunicación dedicaron un espacio importante y
cotidiano a los asuntos relacionados con el
tráfico de drogas. Las versiones de los
distintos medios se distinguieron por provenir de
una sola fuente: la Procuraduría General de la
República. Una excepción fue el semanario Proceso,
el cual envió a uno de sus periodistas a
Culiacán para recabar información
El
multiplicador lexicológico "narco"
inspiró como nunca a los redactores de los
diversos medios de comunicación: aparecieron los
"mininarcos", los
"narcosatánicos", los
"narcobanqueros", los
"narcopolíticos", el
"narcosantón", la
"narcoestética", etc. Una ausencia
notable fue la de los
"narcoterroristas" y la
"narcoguerrilla", entre otras
categorías clasificatorias posibles y comunes en
los discursos oficiales de otros pasíses".
(Astorga, 1995, págs.75 y 76 )
"Dice
Escotado que el término "narcótico",
proveniente del griego narkoun que significa
adormecer y sedar, era hasta principios del siglo
XX aplicado sin connotaciones morales a
sustancias inductoras de sueño o
sedación
Una imprecisión conceptual de
principio se combina, en el caso de
"narcotráfico", con un efecto
universalizador de imposición de sentido. Se
habla de "narcóticos" para referirse
incluso a sustancias que no lo son y de agentes
sociales (narcotraficantes) considerados como
criminales, pero menos como hombres de negocios o
como ambas cosas a la vez
Tráfico y
traficante de fármacos prohibidos parecerían
ser designaciones más apropiadas si retenemos el
sentido completo y original de los
términos". (Astorga, 1995, págs. 23 y 24)
Hoy se habla en
los medios de comunicación y por ende, en los
diferentes espacios del entramado social
fronterizo de: "narcovuelos",
"narcofuncionarios",
"narcomenudeo",
"narcoporristas",
"narcopolicías"
"mini-traficantes",
"envenenadores",
"engatusadores"; "levantón",
"puchador"; "encobijado";
"narcococina" "ajuste de
cuentas"; "madrina",
"cocinero"; "tienditas",
"narcolanchas"y
"narcolaboratorios"; para designar a
las actividades, actores y espacios de trabajo de
los agentes sociales dedicados al tráfico de
drogas.
Sin duda, los
términos antes mencionados forman parte de un
glosario amplio que juega un papel importante en
la reproducción de arquetipos referentes a la
vida y obra de los llamados narcotraficantes; y
que puede ser imputable en cierta medida al
ejercicio periodístico sensacionalista que se
empeña en dar un tratamiento superficial a una
problemática que por su complejidad exige otro
enfoque y un trato informativo verdaderamente
profesional, apegado a la deontología
periodística.
"Una
definición más cercana a la narcocultura es la
de subcultura que es el subconjunto de elementos
culturales tanto materiales como inmateriales
(valores, conocimientos, lenguajes, normas de
comportamiento, estilos de vida, instrumentos de
trabajo) elaborado o utilizado típicamente por
un sector, segmento o estrato de una sociedad:
una clase, una comunidad regional, una minoría
étnica, una asociación política, religiosa,
deportiva, una categoría profesional, una
organización como la burocracia, el ejército,
una gran empresa o bien una comunidad desviada
como el hampa de las metrópolis o de la
mafia". (Lugo Palencia, Ileana, Revista
Proyecciones del Proyecto Internet del Tec
de Monterrey, agosto 2000)
Dar cuenta o
informar sobre el narcotráfico al ser un
problema tan complejo y al constituir en sí
mismo un campo, exige de antemano que no sea
tratado simplemente- como un problema de
víctimas y victimarios; hablar de narcotráfico
es hablar de redes en las que existe coacción y
cooperación voluntaria, competencia y alianzas
estratégicas.
En fin, es un
campo en donde los problemas no pueden ser
analizados desde una visión maniquea, en donde
los conflictos no se dan en blanco y negro, sino
que se gestan en una amplia gama de grises, lo
que hace aún más compleja la tarea de construir
narraciones sobre este fenómeno y además
publicarlas.
"Las
visiones sobre el narcotráfico- diferentes
a la dominante- son sin duda menos
rentables en el mercado actual de la producción
simbólica. En México, se han lanzado a la
circulación en este mercado varios productos
individuales y colectivos principalmente desde el
Estado y la academia. Los medios de comunicación
han difundido ambas producciones de manera muy
desigual con ventaja para el primero, y sólo en
casos aislados se ha intentado construir,
consciente e inconscientemente, otras visiones,
como en un cierto periodismo de investigación y
reflexión y en aquella producción musical que
se anuncia como corridos de "mafia" o
de "contrabando", muy conocida,
difundida y apreciada principalmente en el norte
de México.
"En ese
panorama no muy amplio y desigual es común
encontrar trabajos que parecen emanaciones
directas de asesores gubernamentales
sin
nombramiento. Apologías de las medidas
gubernamentales centradas en la utilización del
ejército (y la policía federal preventiva o de
la agencia federal de investigación) para
combatir principalmente al último eslabón de la
cadena (campesinos pobres, desempleados,
"burreros", "mulas",
"poquiteros", "puchadores",
etc.). Observar teatralizaciones montadas en los
campos militares donde se queman, se dice,
toneladas de droga
O puestas en escena en
donde se muestran presuntos narcotraficantes y en
el mismo plano visual los objetos sin los cuales
la designación no tiene sentido: drogas y armas.
O el funcionamiento de los medios de
comunicación como apoyo para la reproducción de
una visión uniformizadora" (Astorga, 1995,
págs.33 y 34)
Esta una de las
características del sensacionalismo en el
tratamiento informativo del narcotráfico, la
escasa investigación y la recurrencia a las
fuentes oficiales como única vía para la
construcción de productos comunicativos, que al
hacerse públicos generan sólo vacíos
informativos y visiones sesgadas e irreales en
torno de los efectos sociales, políticos y
económicos que se dan de manera inherente en
este fenómeno del tráfico de drogas; en suma,
lo anterior nos estimula a pensar que con este
tipo de práctica periodística lo único que se
consigue, en el mejor de los casos, es al
mantenimiento del status quo.
El
sensacionalismo referido a la recreación de la
narcocultura en los espacios noticiosos de los
medios de comunicación, se refiere a que las
entregas son sensacionales perse, puesto
que se dan invariablemente en la escena montada
con antelación, o sea, se trata de una
preconstrucción del triunfo del bien sobre el
mal, y se dimensiona la problemática como una
lucha entre buenos (representantes del Estado) y
malos (narcotraficantes) en la que de manera
irreductible es el bien el que gana.
En este sentido,
los corridos representan una de las pocas
variantes a la norma antes descrita.
"En los
corridos de traficantes se habla de una forma de
vida que ya es parte de la cotidianidad de los
habitantes de varias ciudades y regiones de
México. Los corridos son una especie de
retraducción oral de lo visible (autos, armas,
vestimenta, porte, gestos, etc.) y una
autocontención de lo enunciable". (Astorga,
1995, p.37)
"La
presentación oficial de los traficantes presos
presos ante las cámaras de televisión y
fotógrafos de prensa escrita, es también el
montaje de un arquetipo ético y estético;
además de criminal es "naco" (sin
rasurar, despeinado, desvelado, sucio, en
camiseta o con la camisa abierta, sosteniendo un
arma, etc.). Montaje que es objetivación de las
tesis de Cesare de Lombroso (LUomo
Delincuente) y de las técnicas fotográficas
de presentación pública de los delincuentes,
inauguradas por Alphonse Bertillon, ambos del
siglo XIX
Se pretende imponer una idea ya
incorporada por quienes lo realizan: por el
aspecto, no se puede ser otra cosa más que un
criminal, un "narco". Para realizar las
diferencias, los funcionarios encargados de
presentarlos públicamente aparecen vestidos con
traje y corbata, aseados y bien peinados.
"Se ha
establecido una especie de arquetipo del mal,
reproducido de manera insistente por los medios
de comunicación, y además se ha creado un
dominio de significación donde el significante
"narco" funciona como un multiplicador
lexicológico, independientemente de su sentido
etimológico
y quienes caen bajo su embrujo
no diferencian ya las designaciones con
fundamento en la realidad de la pirotecnia
verbal, cuya única razón es el simple placer de
acoplar letras". (Astorga, 1995, p.41)
El tratamiento
sensacionalista actual del tráfico de drogas y
de todas las actividades relacionadas con esta
actividad ilícita, coincide en algunos puntos
el recuento del uso de armas, la violencia,
la ruptura de las normas morales dominantes y de
las leyes- con la nota roja tradicional que
refleja las condiciones de marginación social de
los miembros de las clases desprotegidas, actores
por antonomasia de este tipo de espacios
mediáticos.
No obstante, hoy
podemos hablar de una nueva forma del periodismo
sensacionalista al referirnos al tema del
narcotráfico que es diferente a la de nota roja
o periodismo amarillo; por su temática tiene que
ver con sangre y violencia, pero, por los actores
que intervienen, por su clandestinidad y
sobretodo por la forma en que este fenómeno ha
erosionado mediante la corrupción los distintos
ámbitos de la vida nacional (habrá que recordar
los casos de políticos como Mario Villanueva, de
militares como el general Rebollo, o bien de las
acusaciones extendidas sobre altos jerarcas del
clero ligados al narcotráfico y de párrocos de
que reciben las llamadas narcolimosnas) ha
abandonado la marginalidad de los espacios
interiores de menor impacto dedicados a la nota
roja y ha ocupado las páginas y segmentos
principales.
Hoy en el
contexto fronterizo del norte de México, bien
pudiéramos ubicar la información sobre el
narcotráfico en cada una de las secciones de los
medios de comunicación y en todas a la vez;
podemos situar en finanzas al lavado de dinero,
en información general a los nexos entre
políticos y clero con el negocio ilícito, a los
narcocorridos y sus representantes en
espectáculos, a los casos de antidoping en la
sección deportiva y así pudiéramos seguir
ilustrando.
Por lo pronto,
tenemos claro que el narcotráfico, como
cualquier práctica cultural ha ido variando, del
narco tradicional del arquetipo del serrano
sinaloense hasta los narcojuniors que no visten
de botas y texana Stetson, ni manejan una
"troca perrona" (camioneta pickup del
último modelo) sino que prefieren la ropa de
marca europea y los carros deportivos.
Sin embargo, la
forma de tratar el tema en la prensa
sensacionalista poco ha mutado, sigue siendo una
cobertura maniquea entre el bien y el mal, con la
utilización de un lenguaje e imágenes que son
teatralizaciones montadas para escenificar el
triunfo del Estado, que muy poco contribuyen a la
comprensión social de esta problemática que
está por demás apuntarlo, se mueve a la
velocidad de los avances tecnológicos y de la
globalización y el periodismo aún no le ha
tomado el paso.
La narcocultura
atraviesa los diversos ámbitos de la vida
regional y los medios de comunicación impresos y
electrónicos la reproducen, como una respuesta
muy lógica de aprehensión del entorno inmediato
para construir la realidad; la discusión
ulterior desde nuestro punto de vista- no
apunta hacia la factibilidad de publicar o no
publicar asuntos relacionados con el tráfico de
drogas se atentaría contra la libertad de
expresión y el derecho ciudadano a la
información al no hacerlo, como en el caso de la
prohibición de transmisión de los
narcocorridos- , sino a la forma en que se debe
tratar esta temática que, sin duda, es una de
las más importantes de la agenda socio-política
y por ende, de la mediática, en la región
fronteriza del noroeste de México.
________________
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México. Fundación Manuel Buendía, 1996.
* Hugo
Méndez Fierros es
profesor de la Universidad Autónoma de Baja California, en México. Esta comunicación fue
presentada en la IV Bienal Iberoamericana de
Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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