"Sensacionalistas"
pero "objetivos": la encrucijada
entre la información y el entretenimiento"
Yomarie
García de Jesús *
¡Bajad el telón, la
farsa ha terminado!
François Rabelais, 1553
El
siglo XIX es citado en la mayoría de los libros
de historia del periodismo como el momentum
de apertura del periodismo de masas. Ese período
estuvo marcado por los procesos de
industrialización y la comercialización de la
información. La noticia adquirió un carácter
de producto rentable. Con este nuevo status de
noticia-mercancía se abrió paso a la
masificación de los productos industrializados,
a la puesta en escena de la imprenta y a probar
cuán efectiva podría ser la modernidad si todos
y todas comprendían de qué se trataba ese
proyecto de la burguesía.1 Lo que a menudo escapa
de los relatos históricos modernos es aquello
que se refiere a cómo el desarrollo de la prensa
estuvo marcado por la lucha de clases. La
posición que alcanzó el sensacionalismo no fue
solamente por su capacidad de
"representar" la cultura popular sino
por su poder de ingerencia y crítica de lo que
fue la constitución del imperio estadounidense
de finales de siglo XIX y principios del XX.
Asimismo, no se explica la manera en que la
noticia-mercancía ayudó a la creación de los
estados modernos y de la forma en que se llegó,
dentro de los diarios, a privilegiar la voz
oficial de las instituciones en detrimento de
otras posturas.
Desde este marco
de referencia, propongo pensar en el
sensacionalismo, no simplemente como un tipo de
lenguaje, sino como un estilo de escritura. Si
bien es cierto que esta modalidad no utiliza las
estructuras convencionales del periodismo
"serio", sí se encarga de resaltar las
problemáticas del otro, de aquél que no
cabe dentro del proceso de construcción del
llamado periodismo objetivo. Además, me parece
necesario pensar cómo lograr que el periodismo
de la pirámide invertida y las 5 ws apele
a otros sectores de la población, en particular
a los excluidos del discurso pro statu quo,2 máxime en países donde
la comunicación también se configura utilizando
algunos elementos de la oralidad. En este sentido
el periodismo, cuya narrativa se construye a
partir de algunas estructuras del cuento y la
novela, apela a muchos sectores de la población.
No sólo planteo liberar la tensión que existe
entre la credibilidad y el sensacionalismo, sino
que me lanzo el reto a estudiar estos dos
conceptos desde el punto de vista discursivo para
así lograr contextualizar ambos enunciados que,
al día de hoy, se han convertido en una de las
grandes encrucijadas de la comunicación
postmoderna.
Apunte
histórico-cultural del surgimiento de la prensa
de masas
-¿Es una revuelta?
No, señor, es una revolución
Luis XVI y el duque de La
Rochefoµcauld-Liancourt, 1789
Al plantearnos
la historiografía periodística desde el punto
de vista cultural, más allá de seguir el
patrón o el esquema positivista de evolución,
se pretende entender los acontecimientos de la
humanidad, a partir de los cambios en el discurso
o los discursos que conforman regiones o
comunidades de seres humanos. Por otro lado, el
discutir sobre el surgimiento de la prensa
popular supone describir el proceso por el cual
una cultura predominantemente oral se constituye
paralelamente con una sociedad o cultura de
masas. Este proceso no sólo estimuló que
emergiera una sociedad de la información, sino
que, provocó la creación de lo que conocemos
hoy como la profesión o la disciplina
periodística.
Antes del siglo
XIX, no se hablaba de la noción de periodista ni
de diarios que llegaran a grandes masas. La
tecnología que se había desarrollado hasta el
momento no proveía las condiciones suficientes
para crear periódicos que apelaran a grandes
sectores de la población. Por esta razón, surge
la tendencia a catalogar la prensa del siglo XVII
y XVIII como una principalmente ideológica y
política.3 Lo que sí se logró fue
establecer los públicos a través del
"tráfico de noticias", como le
denomina Habermas (1986). Y a su vez, permitió
el lanzamiento de la publicidad, el desarrollo
del mercantilismo o capitalismo temprano, y el
surgimiento de la nación-estado o Estado
moderno.
Los
elementos que forman el marco del tráfico
tempranamente capitalista, del tráfico de
mercancías y noticias, demuestran por vez
primera su potencia revolucionaria en la fase
del mercantilismo, fase en la que se forman
las economías nacionales y territoriales al
mismo tiempo que el Estado moderno (...)
(p.55)
Más delante, el
autor, añade que:
(...) El
tráfico de noticias se desarrolla no sólo
en relación con las necesidades del tráfico
mercantil: las noticias mismas se han
convertido en mercancías. La información
periodística profesional obedece, por tanto,
a las mismas leyes del mercado, a cuyo
surgimiento debe ella su propia existencia.
No por casualidad se desarrollan los
periódicos impresos frecuentemente en las
mismas oficinas de correspondencia en las que
se confeccionan los periódicos escritos
(p.59)
Es importante
señalar que este público no lo
constituía la población o el "hombre
común", sino los "estamentos
ilustrados" (Habermas, 1986). La lectura de
estos periódicos era casi exclusivamente para
una nueva capa burguesa europea que surge a
consecuencia, o paralelamente, con el Estado
moderno, al menos, así queda propuesto por
Habermas4 al describir cómo surge
la publicidad burguesa en el siglo XIX.5
No es hasta la
creación de la imprenta, la Revolución
Industrial, el cable trasatlántico y los medios
de transporte masivo, que se crean las
condiciones para hablar del periodismo de masas.6 Junto con la creación
de estos instrumentos tecnológicos, que
supuestamente facilitan el movimiento de
noticias, es que en el siglo XIX se va
conformando una nueva clase social media, a la
par con la implantación rigurosa del proyecto de
la Modernidad en la escritura periodística que
pasa a ser llamada prensa de
"prestigio".
Esta primera
etapa del periodismo moderno se caracterizó por
incorporar en el texto periodístico las
narraciones melodramáticas que desde la prensa
de penique o "penny press" (Shudson,.
1978) se convirtió en la prensa
"amarilla", "sensacionalista"
o "popular". De acuerdo a Terrou
(1969), durante el siglo XIX desde El Sun
en Estados Unidos hasta Le Petit Journal en
Francia y el Daily Telegraph en
Inglaterra, se generó una nueva forma de
redacción periodística.7
A través de la
reducción del precio del periódico (con la
prensa de un penique), se comenzó a estratificar
al consumidor objetivo de los diferentes
periódicos. Este autor afirma que, por ejemplo
en Francia, Le Figaro (creado en 1845) era
un periódico para la lectura de la clase
burguesa, mientras que Le Petit Journal (creado
en 1863) correspondía a la clase popular.
(Terrou, 1969) Se puede decir que, desde este
momento, se comenzó a trazar una línea entre la
llamada prensa ilustrada y la popular. En esta
separación es que se fijaron las nuevas formas
de construcción del texto periodístico moderno,
así como se creó la "necesidad" de
desarrollar lo que conocemos hoy día como
"géneros periodísticos".8
Mientras el
negocio de lo melodramático-noticioso ayudaba a
la movilización de las nuevas mercancías
industrializadas, "en muchos sectores
ilustrados, sobre todo entre algunos destacados
literatos europeos, la prensa popular no era
vista con simpatía" (Abril, 1997, p. 220). La
crítica al sensacionalismo partía de la premisa
de que los medios tenían efectos directos en las
formas de pensar y actuar del consumidor. Se
condenaba el hecho de que la empresa
periodística colocara sus intereses comerciales
por encima y en detrimento del contenido
"noticioso" de los diarios. En el caso
particular de los Estados Unidos, esta idea se
desarrolló con mucha más coherencia debido al
hecho mismo de que es durante el período de
expansión imperialista y de conformación de
esta nación que se sientan las pautas para lo
que conocemos como la prensa amarilla o
sensacionalista.
Según el
profesor estadounidense John P. Ferre, la
evaluación por la que pasó la prensa de finales
del siglo XIX se trabajó en términos del
razonamiento de causa y efecto. A esto añade que
a pesar de que un análisis sistemático de los
asuntos éticos en el periodismo no surgió hasta
la segunda década del siglo XX:
(...) the
scores of moral critiques in the nascent age
of journalism ethics during the period of the
yellow press do form a coherent
utilitarianism. Moralist who examined
journalism in the 1980s identified greed and
prurience as the ultimate sources of the
sensationalism and dishonesty of the press,
characteristics which they believed
undermined morality and caused crime. They
believed that economic pressure and education
could eliminate the sources of the negative
effects of the media and thus provide the
greatest good for the greatest number of
Americans (1988, p. 192)
Por otro lado,
historiadores del periodismo tan reconocidos como
Edwin Emery (1966) perpetuaron en la enseñanza
de la disciplina periodística que el
sensacionalismo de finales del siglo XIX, no
sólo logró desarticular la línea editorial de
los diarios, sino que de igual manera consiguió
socavar "su conciencia social". Según
el autor, es precisamente ésta la crítica que
los académicos propondrán como una de las más
serias implicaciones del periodismo amarillista.
Tanto el concepto de "conciencia
social" como el de "responsabilidad
social"9 de la prensa, serán los
términos a los cuales se apelará con mayor
frecuencia dentro de este período con el
propósito de lograr posicionar el periodismo
"serio" u "objetivo" como la
piedra angular del estilo moderno estadounidense.
Esta idea luego será traducida para los países
latinoamericanos, a través del Centro
Internacional de Estudios Superiores de
Periodismo para América Latina (CIESPAL).10 La institucionalización
del periodismo "objetivo" como única
narrativa funcional provocó la homogenización
de su estructura y así cumplió con la doble
función de mantener los valores
democrático-liberales. Igualmente, se consigue
que se piense en el sensacionalismo como producto
único y exclusivo de los sectores populares11 y, por ende, el modelo
de prensa "informativa" se entienda
como el éxito del progreso moderno y como
triunfo de la educación formal de los
periodistas.
La
construcción de un imperio a través de la
noticia-mercancía: información y
entretenimiento en la prensa moderna
estadounidense
"Quien
quisiera ser culto en sólo un día (...)"
Francisco de Quevedo
La mayoría de
las investigaciones que, en los Estados Unidos,
se han dedicado a trabajar el sensacionalismo en
la prensa (desde cualquier perspectiva teórica)
se refieren a las publicaciones de Pulitzer y
Hearst como el lugar de partida no sólo del
sensacionalismo sino del amarillismo. Mientras
que, por otro lado, es esa constante referencia
la que abre paso a otro de los problemas que
confronta el tratamiento teórico del
sensacionalismo y es, como menciona Escalante
Rengifo (2002), que "(...) no sólo se
utiliza como sinónimo lo sensacional y el
sensacionalismo, como reclaman los
investigadores, sino que también existen
contradicciones entre si el amarillismo es
sinónimo o no del sensacionalismo (...)"
(p.11).
Parte de la
polémica surge porque la palabra amarillismo
nace a raíz de la invención del "yellow
kid" (niño amarillo) que aparece por
primera vez en las publicaciones del New York World
perteneciente a Joseph Pulitzer. El "yellow
kid", que surge por accidente, fue el icono
que utilizaron algunos críticos de la prensa
para condenar las temáticas sensacionales, los
colores y la diagramación que utilizaba Pulitzer
en su diario (como posteriormente lo hará
William Randolph Hearst al adquirir el New York Journal).
Desde ahí la utilización indistinta de ambos
conceptos. El amarillismo vendrá a englobar, ya
a finales del siglo XIX, tanto el término
sensacional (pues se refiere a las temáticas
básicamente de interés humanos del cual los
periódicos de la época se apropiaron para
apelar a los sectores populares), como el
sensacionalismo (en tanto y en cuanto este
término se utiliza para describir un estilo de
escritura12 que antecede la
creación del periodismo como disciplina).
Si bien es
cierto que no se puede hablar de amarillismo en
la prensa hasta finales del siglo XIX, la idea de
sensacionalismo existe mucho antes de la lucha
que instituyen Pulitzer y Hearst por conquistar
este estilo narrativo en sus respectivos diarios.
Incluso, hay que señalar que a pesar de que, la
mayoría de las veces, al amarillismo
Pulitzer-Hearst se le culpa de introducir el
entretenimiento y la espectacularización a las
páginas del periodismo moderno en menoscabo de
la "información" periodística, no
fueron ellos los primeros en experimentar con el
método narrativo de la "exageración".
Contrario a las
constantes citas al amarillismo Pulitzer-Hearst,
el sensacionalismo, que ve su nacimiento en la
prensa de un penique, parece mencionarse
sólo como antecedente a la conformación de una
cultura de masas mientras que, por otro lado,
prácticamente fue desde este tipo de prensa que
surgen las bases para la inclusión de otros
sectores de la población en el imaginario de la
nación estadounidense de finales de siglo XVIII
y principios del XIX.13 La idea que se trabaja
en los diarios de un penique es competir contra
el periodismo político que servía
exclusivamente a las elites y, de esta manera,
propulsar un modelo de prensa que apelara
aquellos sectores marginados del
"mainstream" estadounidense.
Altschull (1984)
explica que, a pesar de que la utilización de
las temáticas de interés humano en los diarios
no fue invento de los "americanos", sí
se puede argumentar que fueron éstos los que
manejaron este género periodístico con mayor
destreza a principios del siglo XIX. El autor va
más lejos al señalar que fue gracias a estos
nuevos temas que se incorporan en la prensa, se
creó un nuevo sentimiento de civismo y
democracia dentro de la clase obrera, cuyas
problemáticas sociales habían sido
prácticamente ignoradas por la antigua prensa
comercial. A esto añade que serán estos
trabajadores urbanos los que conformarán al
llamado "hombre democrático". En
palabras del autor:
(...) these
were the urban proletarians, and now they
were being made part of the system, insiders
instead of outsiders. In short, they had been
coopted into de belief that they were
significant elements in the decision-making
process of the social order. The penny press,
an excellent instrument for social control,
served a variety of purposes. For the
printer, it was a source of potential wealth;
for the working-class readers, it was a
source of entertainment, (
) an
instrument to help soften the hard, boring
life of the new urban centers; for the
political leader, it was a potential
instrument for propaganda, (
) and for
the commercial entrepreneur, it was a device
for reaching a large group of potential
buyers. (pp. 46-47)
Por otro lado,
Jones (1985), argumenta que la prensa de un
penique intentó legitimar su existencia
asumiéndose como la creadora de un tan esperado
"consenso nacional" que llevaría a la
nación a ejercer los derechos ciudadanos de
todos (y todas) en la nueva república federada.
Jones explica que, en este sentido, los
"penny papers" serán sólo un medio
para agenciar la armonía necesaria que logrará
cumplir con el fin de la república; que es crear
una identidad nacional en un terreno que aún
estaba marcado por las diferencias étnicas,
religiosas y políticas. A esto, Jones añade
que:
The young
republic was no closer to forging a
consensual national public than it had been
in the aftermath of the Revolution, when the
colonists who had pulled together fell apart
once again into squabbling factions, each
with its particular blueprint for the new
nation.
The promise
of the penny papers was one of forging a
national public out of warring faction.
(p.12)
El hecho mismo,
de propulsar temáticas distintas a aquellas que
dominaban la prensa "política", dio la
ventaja a Bennett (quien sucede a Benjamin Day en
disfrutar del éxito generado por la prensa de un
penique), por ejemplo, de pronunciarse de igual
manera como precursor de la introducción de los
"hechos" en la prensa moderna.14 Según Altschull:
"Bennett was the first to proclaim
"objectivity" as his goal. "We shall," he told his
readers, "endeavor to record the fact, on
every public and proper subject, stripped of
verbiage and coloring."(p.52). Esta
propuesta de Bennett no se da en un vació sino
responde, entre otras cosas, a la crítica que,
tanto desde dentro como desde fuera de los
Estados Unidos, se lanzará en contra del
sensacionalismo impulsado por la prensa de un
penique.
Bennett se
defendió de las acusaciones que se hacían
contra este modelo de prensa, pues, según
Mindich (1998), el editor del New York logró, de
manera brillante, mimetizar en las páginas de su
diario todos aquellos postulados por las cuales
los "pennies" se distanciaban de la
prensa "política" y así del viejo
orden regido por el partidismo. Este
distanciamiento ("detachment") de 1) la
subvención económica del diario por parte de
los órganos políticos existentes en esa época,
2) la idea del honor y la preocupación por la
propiedad que era tema obligado en los diarios de
seis centavos, entre otras cosas, para perpetuar
la representación de su abolengo, 3) del viejo
orden, de una era compleja, cambiante y violenta,
como lo fue la catapultada durante el período
prebélico estadounidense y, 4) de la cultura del
duelo,15 le adelanta la
posibilidad de fijar, a través de su diario, la
idea de "American Dream" a aquel ser
humano común que no estaba inserto en la idea de
sociedad que promovían los periódicos de seis
centavos. En este sentido, Bennett se protegió
de sus adversarios arguyendo que prefería que lo
catalogaran de sensacionalista, a pesar de que
él se definiera como objetivo; que de
perpetrador de una idea de sociedad arcaica que
excluía de su imaginario una clase social media
emergente. Mindich (1998), incluso comenta que:
What
Bennetts attacks did lead to was a sort
of proto-"objective" style of
writing. Bennetts attacks followed the
textbooks edict to be
"detached" in that they seemed
totally random and without provocation. Many
years later, Joseph Pulitzer said of his own
paper, "the World has no
friends." This can be said of
Bennetts paper too: the Herald had
only enemies. In its major break from the
partisan papers (which always had at least
one friend- their own party), the penny press
detached itself from alliances. (p. 36)
El autor
finaliza este apartado planteando que:
The birth of
the penny press and detachment came not from
democratization and a rising middle class,
and not only from factors already acknowledge
sensationalism, urbanization, the rise
of literacy, and technological advances
but also as a response to a difficult and
violent era. For if we accept Princes
notion that the mid-1830s were violent
because for the first time in the nineteenth
century neighbors felt that their interests
were incompatible, we are struck by the
pennies creation of an opposite
paradigm: that neighbors could transcend
party and share interest, specifically the
interest in buying a detached and nonpartisan
paper. (p.39)
Comentarios
finales
"Lo
bueno, si breve, dos veces bueno"
Baltasar Gracián, 1647
Si bien es
cierto que, entre los diarios de Day y Bennett se
centran las pautas para la conformación de un
discurso nacionalista de consenso, décadas
después al amarillismo Pulitzer-Hearst se le
atribuyó, en parte, la responsabilidad de forjar
la "opinión pública" que impulsó al
imperio estadounidenses de principios de siglo
XIX. Altschull (1984) explica cómo Hearst y
Pulitzer aplaudían el imperialismo americano y
el triunfo del "hombre común" sobre
las fuerzas de la aristocracia:
(...) it was
a democratic crusade. Following the dogma
pronounced by George Bancroft in the days of
Andrew Jackson: "The popular voice is
all powerful with us; this
is the voice
of God." The American mission and its
execution at San Juan Hill sent millions of
editors rolling off the presses of the Journal
and the World. (p.55)
La encrucijada
propuesta en la Modernidad entre información y
entretenimiento, credibilidad (objetividad) y
sensacionalismo es más bien la negación a los
entrecruzamientos y mediaciones de que estos
enunciados han sido objeto. En este marco, los
planteamientos de la primera prensa de masas
resultan sensacionales puesto que remiten a
pensar sobre asuntos que antes no se llevaron,
con tanta frecuencia, a discutirse en el espacio
público de la sociedad. Esta situación produjo
el escándalo y la convulsión de la clase
dominante que, para contrarrestar el impacto de
la prensa de masas, logrará a través de la
historia estereotipar la forma en que se
desarrolla una prensa que intentaba dirigirse al otro,
aquel que se necesitaba para poner el modelo
liberal democrático en función.
Por esto
Schudson (1978) argumenta que ya para finales del
siglo XIX se conformará un nuevo periodismo
("new journalism"), que estará marcado
por el ideal del "entretenimiento" y de
la "información". Como argumenta Abril
(1997), al analizar el nacimiento de la prensa de
masas:
La visión
funcionalista del discurso informativo, que
deslinda la información de la opinión y del
entretenimiento (...), responde a un modelo
histórica y culturalmente limitado del
periodismo, el de la prensa de prestigio,
incluso a una visión sobreidealizada de ese
modelo. Obedece por ello a los presupuestos
de una ideología (profesional y académica)
que desdeña gran parte de los modelos,
formatos, orientaciones y sensibilidades que
se han dado de hecho a lo largo de la
historia del periodismo. En los orígenes de
la prensa de masas, y por razones que son
circunstanciales a esa prensa, es decir, a su
"masividad", la separación entre
información y entretenimiento es obviamente
ilusoria.
(...) Aún
es frecuente la creencia de que los relatos y
géneros periodísticos de más clara raíz
popular son deformaciones o contaminaciones
que le han sobrevenido al "periodismo
serio" en algún momento tardío de su
historia; y de que esa mutación es el
resultado de meras operaciones comerciales
(como si éstas no se dieran en el
"periodismo serio"). Pero lo cierto
es que las contaminaciones culturales
aparecen en la más temprana producción
textual del periodismo moderno. Y que en
ellos se expresan, aún como resultado de
intereses comerciales y políticos no siempre
confesados, las formas de sincretismo
constitutivas de la cultura masiva: entre
cotidianeidad y fantasía, experiencia
sentimental y discurso racional, narración
dramática y argumentación, repetición e
innovación, etc.(pp.217-18)
En momentos en
que la sociedad de la información asiste a
pensar sobre los que aún siguen desterrados de
las páginas informativas, hay que añadir a este
debate la idea "ilusoria" de que la
solución a este asunto es rescatar el estado de
la información que precede a la introducción
del entretenimiento. El profesor Ramonet (2002)
hace una reflexión acerca de la información y
comenta que:
Hoy, en la
era de la globalización, la característica
principal de la información es que funciona
como una mercancía y, por consiguiente, o no
se extiende en la sociedad según las leyes
de la información, según las leyes que
nosotros tratamos de entender en las
Facultades de Ciencias de la información,
sino que circula siguiendo las leyes del
mercado, siguiendo las leyes, por tanto, de
la oferta y la demanda. Esto hace que la
información que más circule sea la
información que las empresas de
comunicación estimen que son las más
demandadas por la sociedad, y por
consiguiente son aquellas que tienen mayor
posibilidad de llegar hasta nosotros. (p. 11)
Entiendo que ya
esta discusión es, en cierto modo, estéril,
pues las noticias continuarán siendo mercancía
y el entretenimiento/información parte del
discurso de la prensa. Como sostiene Roberto
Savio (2002), en el contexto de II Foro Social
Mundial en Porto Alegre, "Otro mundo sólo
será posible con otra información". Lo que
hay que recalcar en este debate es cómo
encaminar a los ciudadanos/consumidores para que
logren establecer sus agendas sociales vis a
vis a aquellas que las industrias de la
información insisten en privilegiar.
_____
Notas:
1 La Ilustración, a través
del proyecto de Modernidad, utilizará la idea de
la emancipación del "hombre" (ser
humano) como el estandarte de la democracia
moderna. Para alcanzar la liberación, no sólo
del ser humano, sino de las naciones emergentes,
se propondrá la educación liberal como la forma
por excelencia de lograr el propósito de este
proyecto. Propósito que implica la emancipación
del ser humano, sólo si y para así, crear una
comunidad de ciudadanos que tomen las decisiones
necesarias para sacar a flote la nación. Según
lo explica Marchán Fiz (1987): "El
compromiso de la Estética con la emancipación
humana se lleva a cabo gracias al nuevo sujeto
burgués y al filósofo. El primero
actúa como condición, el segundo como promotor
entusiasta de la emancipación. Desde una
perspectiva histórica inabordable en esta
ocasión, los diversos autores coinciden en que
el burgués, en cuanto producto social de
la Ilustración, es ese nuevo sujeto autónomo.
La emancipación, en consecuencia, no se concibe
sin el protagonismo y el accidentado ascenso de
la burguesía. (...) Como veremos, las huellas de
estos sueños dejan sentirse en la fundación de
la Estética por vía negativa y afirmativa. Sin
embargo, nos intriga aún más ver cómo este
nuevo sujeto autónomo exige un derecho
originario a todo y este percatarse de sus
derechos plurales impregna a sus actividades y
conductas. El culto al hombre autónomo,
al propio yo, se detecta por doquier"
(p.14). El periódico del siglo XIX, entonces,
pasará a conformar el dispositivo estético que
utilizará el movimiento de Ilustración para
crear, tanto comunidades de lectores, como gente
con "opinión", que mantengan el
"funcionamiento" de la democracia
moderna.
2 Dígase los ecologistas, los
desahuciados, los analfabetas, los impedidos, los
pobres, los indigentes, todos los otros que no
somos burgueses.
3 Abril (1997) comenta que: "En los
primeros años del siglo XVII aparecen
periódicos de una punta a otra de Europa. Aún
muy distintos de lo que será más tarde la
"prensa de masas", los periódicos de
la época presentan, según Altschull, cuatro
contenidos básicos: doctrina religiosa, asuntos
comerciales, persuasión política y educación
popular. (p. 210)
4 "Entretanto, los propiamente
"burgueses" , los viejos estamentos
profesionales de artesanos y tenderos, han
perdido relevancia social; la han perdido junto a
los estamentos mismos, en cuyo derecho de
ciudadanía se basaba en su posición. Al mismo
tiempo, los grandes comerciantes han rebasado los
estrechos marcos de la ciudad y, con las
compañías, se han vinculado directamente al
Estado. Así, allí donde como en Hamburgo
la cuidad no supo afirmarse frente al
poder territorial del soberano, los
"capitalistas", los comerciantes,
banqueros, editores y manufactureros, pertenecen
a una categoría de lo "burgués", que
es tan poco "burguesa" en sentido
tradicional (habitante del burgo) como el nuevo
estamento de los sabios (...). Esa capa burguesa
es la verdadera sostenedora del público, el cual
es desde el principio, un público de lectores.
No puede ya ser integrada en bloque como
lo fueron en su tiempo grandes comerciantes y
funcionarios por la cultura aristocrática de la
corte renacentista italiana por la cultura
aristocrática del postrer barroco. Su posición
dominante en la nueva esfera de la sociedad
burguesa lleva más bien a una tensión entre
"cuidad" y "corte" (...)
(Habermas, 1986, p. 61).
5 Al igual que Habermas (1986), el
investigador español Rodrigo Alsina (1996)
afirma que la información en Europa, antes del
siglo XIX, es básicamente manejada por las
clases dominantes que, según el autor,
necesitaban conocer el acontecer diario para
mantener su dominio sobre el resto de la
población. Incluso añade que: "Otros de
los clientes fijos que recibían noticias era el
estrato de los nobles que no habitaban en la
capital. Siendo las monarquías renacentistas
esencialmente centralistas, los nobles alejados
de la Corte eran también demandantes de
información sobre los acontecimientos políticos
de la capital. La aparición de la imprenta no
supuso un gran cambio en el espectro de los
usuarios de la información. El nivel de
analfabetismo era muy alto, de ahí la pequeñez
del mercado potencial de la información
escrita" (p. 84).
6 El profesor de periodismo, Donald Lewis
Shaw, resume de forma bastante amplia la manera
en que se conforma este público masivo en el
contexto estadounidense de mediados del siglo
XIX: "(...) the press in this period began
to exchange a traditional benefactor, the
political party, for new ones, the general
audience and advertisers, with an accompanying
popularization of content. Stories about
weddings, horse races, local meetings, deaths,
court actions and other kinds of everyday
activities began to find space in the newspapers.
Adjusting to technological changes and enlarged
potential audiences, the American newspaper
charted a course in 1820-1860 in some ways still
followed today" (1981, p. 38)
7 A partir de entonces empezó a
desarrollarse regularmente una forma nueva de
periódico. Se redujeron los artículos de fondo
y se multiplicaron las noticias breves, los
hechos diversos y los ecos. Se buscó (como los
americanos) lo sensacional. Se aumentó la
atención a las noticias deportivas, y
naturalmente se las ingeniaron para insertar su
buen folletín (...). (Terrou, 1969, p. 37).
8 Para una explicación y definición de
los géneros periodísticos que surgen
durante el siglo XIX, recomiendo la lectura del
libro de: de Fancuberta, M. (1998). La
noticia: pistas para percibir el mundo.
Barcelona: Paidós. En el mismo de Fancuberta
comenta que, "según el profesor Ángel
Benito, a partir de 1850 el periodismo puede
dividirse en tres etapas bien definidas:
periodismo ideológico, periodismo informativo, y
periodismo de explicación" (p. 102).
9 Sobre la forma en que nace este
concepto en el periodismo, Rodrigoo Alsina (1996)
comenta que: "En el marco de la teoría
liberal de la prensa, los excesos de la prensa
sensacionalista y el temor de la intervención
estatal para controlarlos hacen que los propios
editores reaccionen. Se gesta así, a partir de
los propios productores de la información, la
teoría de la responsabilidad social de la
prensa, que se desarrolla en el siglo XX en los
países democráticos liberales" (p. 88).
10 La CIESPAL fue un organismo creado por
la UNESCO con e propósito de promocionar, formar
y producir Escuelas de Comunicación en América
Latina. Según Altschull (1984), si bien es
cierto que la influencia del modelo de enseñanza
de periodismo en los primeros programas de
comunicación en los Estados Unidos no tuvo
mayores implicaciones en Francia, Alemania o Gran
Bretaña, si logró penetrar en el surgimiento de
programas de periodismo a través de América
Latina. Precisamente, comenta el autor, la
CIESPAL estuvo a cargo de traducir varios de los
textos de periodismo que produjeron los
académicos estadounidenses para que de la misma
manera fueran leídos en el contexto de los
cursos de comunicación en América Latina. Fue
sólo cuestión de tiempo para que se conformara
la escuela crítica latinoamericana debido,
principalmente, a que las y los investigadores
resaltarán el hecho de que estos textos
traducidos al español, presentaban las
ideologías de una cultura muy distinga aquella
del contexto latinoamericano. Jesús Martín
Barbero será uno de los mayores exponentes de
esta revisión histórico-cultural del
surgimiento de la prensa en Latino América.
11 Es Martín Barbero (1987) uno de los
precursores de la idea de pensar en los sectores
populares ya no de manera negativa como se
suponía durante el florecimiento de la cultura
de masas. El autor sostiene que: "Queda la
dominación de popular atribuida a la
cultura de masa operando como un dispositivo de
mistificación histórica, pero también
planteando por vez primera, la posibilidad de
pensar en positivo lo que les pasa
culturalmente a las masas. Y esto constituye un
reto lanzado a los "críticos" en dos
direcciones: la necesidad de incluir en le
estudio de los popular no sólo aquello que
culturalmente producen las masas, sino también
lo que consumen, aquello de que se alimenta; y la
de pensar lo popular en la cultura no como algo
limitado a lo que tiene que ver con su pasado
y un pasado rural-, sino también y
principalmente lo popular ligado a la modernidad,
el mestizaje y la complejidad de lo urbano.
(p.47)
12 Escalante Rengifo (2002) resume cuales
fueron las actividades literarias previas que
conformaron la narrativa sensacionalista. Según
la investigadora: "Una mirada
histórica-cultural permite encontrar en las
expresiones literarias populares (los pliegos de
cordel, los folletines, los libros de la
biblioteca azul, el melodrama) gestadas en la
Europa de los siglos pasados, los primeros
antecedentes de la prensa escrita sensacionalista
en cuanto a la temática, al estilo de narración
y a la tipografía. Ero, principalmente, en
cuanto al público al cual estaba dirigido; un
público distinto al ilustrado que no sabía leer
ni escribir, es decir, inscritos en una cultura
oral primaria, que sin embargo, no le impedía
leer a su manera" (p.12)
13 Además, Abril (1997) señalará que un
estudio minucioso, desde la cultura, a la
historia del periodismo: "(...) muestran que
la primera prensa de masas era precursora de la
prensa "amarilla" o
"popular"y muy desemejante de la que
hoy se denomina "prensa de prestigio".
Altschull (...) afirma que la fórmula del
periodismo amarillo de finales de siglo (...) fue
una expansión del modelo de la prensa de un
penique en la era de la rotativa y del papel
prensa. Y un correlato de la expansión
imperialista norteamericana (...). (p.217)
14 Abril (1997) comenta que es Bennett
quien con "más o menos hipocresía (...)
fue el primero en proclamar la
"objetividad" como un fin, y que el Herald
introdujo gran parte de las prácticas y de los
modos textuales que serían habituales en el
periodismo posterior" (p.216).
15 Mindich (1998) explica que el duelo,
como ritual, a principios del siglo XIX servía
un doble propósito, por un lado, resolvía
conflictos y por otro, reafirma los ideales de
sociedad y honor a través del code duello.
(p.34). A esto añade que: "Just as modern
litigants reaffirm their faith in the validity of
the courts by participating in legal structures,
men embarked on the "social drama" of
the duel with its intricate rules to renew their
membership in the antebellum gentry" (p.
34).
__________
Referencias:
- Abril, G. (1997). Teoría
general de la Información. Madrid: Cátedra.
- Altschull, J.H. (1984). Agents of power: the
role of news media in human affairs. New
York: Longman.
- Emery, E. (1966). El periodismo en los
Estados Unidos. Universidad de Minnesota.
México: F. Trilla.
- Escalante Rengifo, G. (2002). Mediaciones
culturales del sensacionalismo en la prensa
escrita en cinco familias de sectores populares
del área urbana de San Juan. Tesis de
maestría inédita, Universidad de Puerto Rico,
Río Piedras, Puerto Rico.
- Ferre, J.P. (1988). The dubious heritage of
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Gustavo Gili.
- Jones, Ch. D. (1985). The penny papers and
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dissertation, University of Iowa, Iowa City,
Iowa.
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cultura moderna: De la Ilustración a la crisis
del Estructuralismo. Madrid: Alianza
Editorial.
- Martín-Barberos, J. (1978). Comunicación
masiva: discurso y poder. CIESPAL: Quito.
- Martín-Barberos, J. (1987). De los medios a
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hegemonía.. México: Gustavo Gili.
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"objectivity"came to define american
journalism. New York: New York University
Press.
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información. América Latina en movimiento,
353.
- Rodrigo Alsina, M. (1996). La construcción
de la noticia. Barcelona: Paidós.
- Schudson, M. (1978). Discovering the news.
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Change and Continuity in American Press News
1820-1860. Journalism History, 8, (2).
- Terrou, F. (1969). La información.
Caracas: Monte Ávila Editores, C.A.
*
Yomarie García de Jesús es ayudante de investigación en la
Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto
Rico, Recinto de Río
Piedras. Obtuvo su bachillerato en Ciencias
Políticas en el 1998 y actualmente se encuentra
terminando la tesis de maestría en comunicación
en esta misma universidad. Es coautora del libro Bajo
asedio: comunicación y exclusión en los
residenciales públicos de San Juan (publicado
en octubre del 2002 bajo la Editorial Tal Cual).
Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana
de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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