Estrategias
informativas para acceder
a un periodismo de calidad en prensa y TV
José
Manuel de Pablos Coello y Concha Mateos Martín *
La
palabra es un instrumento intelectual simbólico.
El ser humano la usa, entre otras cosas -y merced
a un convenio social, colectivo, un código
compartido por una colectividad cultural- para
tender puentes informativos entre unos cerebros y
otros. Con la palabra, conceptos que danzan en el
pensamiento de una persona pasan a bailar en el
pensamiento de otra, se transmiten el baile. Y si
ambos comparten las mismas leyes musicales, esos
bailes serán más o menos iguales, coincidentes,
acompasados. No otra cosa es la comunicación: la
misma partitura suena en dos cuerpos, no está en
ninguno, repercute en ambos y gracias a una forma
compartida de comprender el asunto esos dos
cuerpos logran danzar armónicamente, acoplados
incluso, logran una acción coordinada, ajustada.
Vamos a ver un ejemplo inmediatamente, pero antes
enunciemos nuestra hipótesis.
Las palabras
información y
periodística pueden producir
comunicación entre un periodista y un lector si
ambos atribuyen a esos términos los mismos
atributos: veracidad, actualidad, interés,
documentación, pluralismo y contraste. Si el
informador acepta como "información
periodística" algo que no es veraz, no es
actual, no tiene interés, no está documentado,
no respeta el pluralismo de una sociedad
democrática o no ha sido contrastado, y, a pesar
de todo eso, el receptor, el lector, lo lee o lo
recibe dando por supuesto que sí cumple esos
requisitos, entonces, sin duda alguna, no se
estará produciendo una comunicación informativa
sino un engaño bien por negligencia del
informador, bien por ocultamiento expreso.
No habrá la armonía que hemos citado en el
párrafo anterior. Si, por el contrario, los dos
piensan que la información para serlo realmente
no requiere veracidad, contraste ni nada de eso,
entonces, sí habrá armonía, aunque no haya
periodismo. La cuestión es, ¿cómo sabe uno lo
que piensa el otro? Y en términos teóricos:
¿hay periodismo cuando no hay consenso sobre el
concepto de información? ¿Y puede haber
consenso cuando no hay conciencia de los
requisitos que el periodismo cumple o requiere
cumplir?
Veamos ahora ya
el ejemplo sobre la armonía que produce una
partitura comunicativa compartida, consensuada.
El cuerpo A dice "Pásame el pan". El
cuerpo B que entiende por pan aquel bulto
dorado que reposa sobre el cesto encima de la
mesa, es decir, que entiende por pan lo mismo que
el cuerpo A extiende su brazo, toma el pan
y lo aproxima hasta el brazo ya extendido
también del cuerpo A, que lo espera, y ambos se
encuentran en un punto del espacio.
La palabra, que
no está en ninguno pero ha sonado en los dos,
les ha permitido una acción precisa por los dos
deseada. Una acción satisfactoria. Si el cuerpo
A en lugar de "Pásame el pan" hubiera
dicho "Pásame el vino", el cuerpo B no
habría extendido el brazo para tomar el cesto
con el bulto dorado, o sea el pan; puede que lo
hubiera extendido para tomar otra cosa, una
botella quizá; incluso puede que no lo hubiera
extendido y que hubiera respondido "No queda
vino".
En esta
observación poética simple poética por
habitar tan sólo en nuestro imaginario y simple
porque del universo de posibles sólo hemos
nombrado una parte, un plano extraemos
varios presupuestos teóricos:
- La
comunicación trasvasa datos de un punto
a otro.
- Esos puntos
pueden ser cerebros humanos que viven en
cuerpos humanos.
- Ese
trasvase mueve, motiva o genera acciones
de los cuerpos.
- Las
acciones logran eficacia, satisfacen a
los cuerpos, cuando la comunicación se
realiza con un código que ambos
comparten.
Si el cuerpo A,
deseoso de pan, hubiera dicho "Pásame el
pan" y el cuerpo B le hubiera pasado un
tenedor, el cuerpo A podría haber tomado el
tenedor, podría haberlo rechazado, podría haber
advertido a tiempo de que un tenedor no es lo que
quería o podría haberse levantado de la mesa
irritado y haberse ido a dar un paseo o a comprar
pan. Las posibilidades son varias. Pero no cabe
duda de que el cuerpo A mantendría insatisfecho
su deseo de que el cuerpo B le pasase el pan. La
comunicación habría sido ineficaz en ese
sentido, fallida, nula.
El periodismo es
una forma de comunicación. Para decidir si el
periodismo que se está realizando actualmente es
o no fallido, tendríamos que saber qué es lo
que quieren los cuerpos A y B del trasvase
informativo contemporáneo.
Ése es el tema
de nuestro ensayo, que en las próximas líneas
desarrollamos y que será a ratos poético y a
ratos realístico; es decir, a ratos sacará
conclusiones de operaciones que se han ejecutado
en un escenario imaginario propuesto por nosotros
y a ratos las sacará de operaciones que se han
consumado en el escenario increíble, pero
real de la realidad.
El itinerario
que nos proponemos es el siguiente:
- Lo que
quieren los cuerpos A y B: el requisito
de un estado de consenso del código
informativo.
- Efecto
Vitigudino1 y el ocaso del
Periodismo. Análisis de cómo la
información de fuentes organizadas
e interesadas anega las
páginas de un periodismo desinteresado
por la verdad.
- La calidad
informativa: ¿por qué es necesaria? y
¿cómo se construye?
- La
estrategia de las etiquetas de calidad.
Ejemplos: un alimento y una encuesta
sociológica publicada en un medio de
comunicación.
- Tabla de
medicación o propuestas para
un periodismo de calidad.
1.
El estado de consenso del código informativo en
la sociedad de la democracia
Como acabamos de
ver, la comunicación informativa resulta
imposible sin ese estar de acuerdo del informador
y el informado, sin ese pacto entre ambos.
Vamos ahora a
transferir este requisito al escenario cotidiano
en el que se desarrolla la comunicación
informativa que tratamos de analizar. Se trata de
una sociedad llamada desarrollada, con estas
características:
- Regida
económicamente por un sistemas llamado
de libre mercado.
- Y arbitrada
políticamente por un sistema de gobierno
llamado democrático.
- Los
ciudadanos supuestamente son libres e
iguales ante las leyes, y designan sin
coacciones a sus representantes
políticos, mediante diferentes sistemas
electorales de sufragio universal.
- En ese
entramado, la información, puesto que se
trata de una democracia representativa,
cumple el papel de garante de la
necesaria transparencia informativa que
precisa un elector para saber a quién
elige, qué hace el elegido, cómo cumple
o incumple su parte del contrato
electoral, en qué medida responde a las
expectativas que cada elector tiene.
- No nos
vamos a extender mucho en estos rasgos
porque están sobradamente descritos en
la teoría de la comunicación social y
política y no pretendemos aquí nada
nuevo en este aspecto. Sólo queremos
resaltar, refrescar el dato de la suma
importancia que tiene para la legitimidad
del sistema de gobierno democrático, la
suma importancia, decimos, que tiene la
información.
- En ese
escenario social, el poder no lo otorga
dios alguno, ni tampoco la guerra ni la
violencia; lo otorgan los hombres y las
mujeres, que eligen a quien quieren. ¿Y
cómo saben lo que quieren? Ahí entra en
escena la información. Los hombres y las
mujeres saben lo que saben, y no lo saben
porque lo experimenten todo, porque lo
presencien todo ni porque participen en
todo, intervengan o se les consulte en
todo. No. Saben lo que saben, por lo poco
que ellos ven en primera persona y por lo
que muchos otros les cuentan. Es decir,
por la información que manejan. Y esos
que cuentan, ¿quiénes son?, pues los
informadores, los periodistas, los medios
y también sus fuentes. No tenemos que
olvidar que los informadores tampoco
están presentes en todo, entienden de
todo, son testigos de todo ni participan
en todo. ¿Por qué saben las cosas que
cuentan, entonces? Porque se informan
primero, preguntan mucho o al menos eso
es lo que se espera de ellos. De ellos se
espera:
- Que cuenten lo que ven o lo que les
dice quien lo vio o lo sabe. Y que lo
hagan con respeto hacia los intérpretes
de los hechos, hacia los lectores, hacia
su medio y hacia su profesión. Hacia el
periodismo, en suma.
- Que si no lo entienden, lo analicen, lo
estudien, lo contrasten, lo fundamenten,
lo consulten. Se aclaren antes de
transmitirlo.
- Que procuren consultar con quien está
capacitado, reconocido y autorizado por
sus conocimientos y su demostrada
fiabilidad (especialistas, estudiosos,
expertos, institutos, bases de datos,
etc.).
- Que cuando cuenten lo que les cuentan
digan expresamente quién se lo ha
contado. No vale la fuente anónima sin
más.
- Que si no pueden decir quién se lo ha
contado, digan por qué no lo pueden
decir.
- Que cuando sólo cuenten lo que les ha
contado una fuente, lo adviertan,
adviertan que están ofreciendo una
versión, no una verdad fruto del cruce
de varias versiones.
- Y que cuando quien les informa a ellos
tiene intereses en lo contado, los
expresen, detallen esos intereses.Eso es lo que se
espera de ellos y lo que se da por
supuesto en un sistema informativo
normal, transparente, no fraudulento,
sano, no contaminado. A eso, la
audiencia, el cuerpo A, los lectores y
electores, lo llaman pan. Y cuando el
cuerpo A pide pan, espera que le pasen el
pan, no el vino. Por eso resulta
fundamental, como hemos visto, que el
cuerpo B piense lo mismo, esté de
acuerdo y se comporte conforme al
acuerdo. Si así ocurriera, si los
periodistas contasen lo que ven, y con
rigor lo que les cuenten, si
especificasen quién se lo ha contado,
cómo, qué ingredientes lleva ese
relato, quién y con qué intenciones ha
aliñado el material informativo, etc.
estaríamos ante un panorama informativo
totalmente correcto y deseable: se
cumplirían los requisitos, el rigor en
los datos, la claridad en las fuentes, la
transparencia en los intereses y la
sanidad del producto, pues si se ha
pasado un antivirus, que en periodismo
significa haber contrastado datos y haber
consultado de forma plural a las partes
implicadas, esa información ya no
portará enfermedades.
Si el
pan estuviera contaminado dejaría de ser
pan para convertirse en veneno, puesto
que no podría cumplir todas las
cualidades ontológicas del pan: ser
comestible, ser nutritivo, ser
alimenticio, quitar el hambre, favorecer
la reproducción de la materia del cuerpo
humano. Si el cuerpo B supiera que el pan
está contaminado, y sabiendo que el
cuerpo A le ha pedido pan y no veneno,
¿el cuerpo B debería pasarle el pan al
cuerpo A?, ¿debería negarse?;
incluso si simplemente lo
sospechara, ¿qué debería hacer? En
todo caso, el consenso es muy importante,
porque si el cuerpo B considera que un
pan envenenado sigue siendo pan lo
pasará, lo ofrecerá amablemente, cuando
le pidan pan; pero si en ese caso el
cuerpo A confía en que si está
envenenado nadie se lo ofrecerá para
comer, la historia pueden terminar en
muerte o al menos en intoxicación.
El
código que garantiza, por tanto, la
salud informativa de la sociedad
democrática requiere un "estar de
acuerdo en lo que es información".
Y en lo que es veneno, por supuesto.
2. El efecto Vitigudino
y el ocaso del periodismo
Martes,
8 de julio de 2003. Miramos la realidad.
Estamos en Salamanca (España), en unas
jornadas convocadas por la Universidad
Pontificia. Los ponentes y
participantes discuten
amigablemente sobre el
periodismo que se hace en la actualidad,
sobre ese 80 por ciento de contenido
informativo de los medios que procede de
comunicaciones oficiales de instituciones
que ejercen como fuentes organizadas, con
sus correspondientes gabinetes de prensa
o comunicación, sus notas de prensa, sus
ruedas de prensa, sus informes
debidamente preparados para la prensa,
sus portavoces adiestrados y sus
actividades de relaciones públicas.2
Estas
fuentes informativas, no lo olvidemos, se
distribuyen socialmente de forma
desigual: no todas las asociaciones,
empresas, entidades, organizaciones,
institutos o individuos pueden ofrecer un
vertido informativo profesionalizado.
Los
gabinetes de información cuestan dinero
y cuanto más dinero, mejor dotado, en
recursos humanos y en tecnología. Es
obvio. Por eso, sólo pueden surtir
información organizada las entidades con
mayor poder económico.
Volvemos
el oído a las voces del verano 2003 en
Salamanca. Un ponente critica un hecho
que podría haber pasado inadvertido a
los asistentes: los tres periódicos
salmantinos de esa jornada repiten en sus
respectivas primeras páginas tres
noticias; o sea, encontramos tres
noticias iguales en las portadas de tres
periódicos distintos, que de esa manera
demuestran no ser tan diferentes. Esta
estampa constituye una muestra del actual
periodismo de rutina que se hace en
muchos lugares, donde el llamado
periodismo de fuente se enseñorea de las
redacciones y, en consecuencia, de las
páginas del periódico. El ponente que
plantea la situación es el director de
uno de esos tres diarios. No deja de
tener valor que un periodista en activo
entone un mea culpa público. En
su reflexión llega a quejarse de lo que
denomina la dictadura del
fax. Muchos de esos mensajes
redactados y adobados fuera de la
redacción ya han dejado de llegar vía
fax y ya lo hacen por mediación del
correo electrónico. Esto facilita la
fotocomposición de estos textos ajenos y
se promueve que sin apenas resistencia
los redactores los acojan como propios.
El consiguiente arrepentimiento
aparecerá (podrá aparecer) el día
siguiente: quienes fueron tan generosos
con esos mensajes descubren entonces que
esas notas las tiene el resto de los
medios al completo, no sólo la prensa
sino también la radio y la televisión,
y además se puede comprobar la
repetición textual del trabajo de
redacción.
Nos
podemos preguntar aquí ¿quién escribe
en ese caso realmente el periódico o el
boletín de radio, el redactor del
periódico o la fuente informativa que le
envió la nota?
Mensajes para todos o
el eco dócil de la fuente
Tales
mensajes interesados de la fuente emisora
se han transmitido la mañana, la tarde o
noche anterior al día de la salida del
periódico. Por eso, el diario habrá
servido a sus lectores noticias ya
pasadas de fecha caducadas,
conocidas por la opinión pública y, por
tanto, un poco lejos del concepto de hecho
desconocido que ha de cumplir toda
noticia para encontrar cabida en un
rotativo. Si se publican datos conocidos
e iguales a los publicados por otros
literalmente iguales no se
está publicando novedad, actualidad ni,
lógicamente, información propia,
controlada por quien publica.¿Qué puede
explicar este efecto-eco-dócil a partir
de la fuente? Hipótesis:
- Al
periodista no le gusta redactar y
prefiere copiar literalmente la
nota que le llega.
- El
periodista quisiera redactar y
además sabe hacerlo, pero no
tiene tiempo ni medios para
"trabajar" la pista que
le ha dado la nota de prensa y,
sin embargo, tiene que llenar el
espacio que le han asignado.
- El
periodista ha intentando trabajar
la pista que le ha dado la nota
de prensa, pero su jefe le ha
dicho que no pierda el tiempo.
Son
sólo hipótesis para explicar que esa
no-noticia se haya servido como noticia.
Para resolverlas hay que hacerse algunas
preguntas y varias consideraciones.
Las
cuestiones que se plantean son varias.
Veamos:
- ¿Hay
realmente una dictadura del
fax o tal dictadura, en
caso de haberla, no es del fax
sino de las empresas de medios
que recortan recursos que saturan
a sus plantillas, sostienen
estructuras de producción
escasas, con la sola idea de
generar mayores ingresos
económicos, sin que les preocupe
tanto el beneficio cualitativo
del producto que ponen en el
mercado?
- ¿Será
acaso que las empresas conocen
muy bien que la información es
costosa, de igual forma que la
opinión es barata, y que una
forma de abaratar la carga
informativa, aunque sea con un
producto fruto de la rutina, se
logra con la recepción feliz de
mensajes enviadas por las fuentes
interesadas?
- ¿Están
capacitados los profesionales del
periodismo para afrontar el reto
de hacer un buen periodismo, o
sea, para hacer periodismo y no
convertirse en correas de
transmisión mediáticas de las
entidades de todo tipo
convertidas en fuentes
interesadas de material
periodístico?
En
definitiva, ¿por qué ocurre? y ¿qué
significación podemos darle al hecho de
que tres diarios coincidan en sus
portadas con tres noticias?
Vamos a
tratar de reflexionar sobre el caso que
nos ocupa. Lo primero que tenemos es la
siguiente secuencia de hechos:
- Las tres
noticias es de suponer que son
importantes, como para que las tres se
asomen a las primeras páginas:
- el
ayuntamiento de Vitigudino toma la
decisión de impedir que otros
ayuntamientos viertan sus residuos
urbanos en el vertedero del pueblo;
- un vecino
es absuelto de un delito de violación y
- la semana
siguiente se decidirá quién ha de
ocupar la presidencia de la asamblea o
parlamento regional.
- Aparte
de que fueran importantes, sucedió que
las tres noticias superaron el filtro o
selección que los máximos responsables
de toda redacción hacen cada tarde o
noche para confeccionar la tapa de la
edición en curso.
- Esos
periodistas a los que aludimos supieron
dar a las tres noticias la importancia
que tales notas tenían. Lo que sucedió
fue que no eran noticias frescas y
propias, sino cocinadas fuera del
periódico. Comer fuera de casa siempre
es más barato... si se hace en un
comedor social, pero no podemos esperar
manjares en esa mesa popular.
- ¿Cómo
hubieran resuelto sus portadas esos tres
diarios de no haberles llegado tres
noticias importantes, algunas de las
cuales van a dar pie a la nota de
apertura? Indudablemente, con unas
portadas de menor interés que las
presentadas, no cabe duda.
- En mucha
prensa actual, entregada al periodismo de
rutina que origina un exceso de
periodismo de fuente (interesada), se
reduce la labor primigenia que mueve a
los redactores a buscar noticias y
reportajes, notas nuevas, que no otra
cosa es el significado de noticia: nuevas
de interés para el público, nuevas que
el público desconoce en el momento de
encontrárselas en las páginas del
diario.
- Si
aceptamos que no hay periodismo de
búsqueda de noticias, o sea, otra cara
del actual periodismo herido3 existente,
¿qué podemos decir del periodismo de
investigación, el que trata de indagar y
hacer público hechos que están
escondidos o casi con seguridad de
índole penal para los intérpretes de
tales notas?
A partir de lo
anterior, tenemos:
Las tres
noticias no se ceñían a la idea de noticia
rompedora y sorprendente, la noticia que llena de
estupor al profesional que la ha de preparar para
su inclusión en página. Ninguna de las tres
notas encerraba sorpresa:
- La noticia
del vertedero es realmente el fin de un
proceso político y burocrático que se
ha tenido que plantear en ese
ayuntamiento, que habrá ocupado sesiones
informativas abiertas a los
representantes de los medios. Ha de ser
un asunto del que se habrá tenido que
haber hablado, esto es, nada secreto y
bien conocido entre la población o parte
de ella, por la innegable trascendencia
del hecho en el municipio afectado. El
desconocimiento que de esa decisión han
tenido en los tres diarios, tomados por
sorpresa cuando les llega la nota,
oficial o no, con ese mensaje municipal,
implica desatención informativa de esos
diarios a la vida cotidiana y municipal
de Vitigudino. Es fácil aceptar que esa
noticia implica un proceso informativo
más o menos largo, del que podría haber
estado perfectamente impuesto un redactor
de información local o un corresponsal
de cualquiera de los diarios en ese
municipio, que no es capitalino, pero
manifiesta que puede originar noticias de
apertura de edición, lo que no sucede
con todos los municipios de una
provincia, región o estado.
- La
absolución del hasta entonces supuesto
violador es igualmente el final de otro
proceso informativo, que hubo de
iniciarse con la noticia de una persona
ultrajada, y seguir con las indagaciones
oficiales, las especulaciones del
investigador, las hipótesis y hasta
recomendaciones a la población, la
captura del sospechoso, las notas
policiales referidas a sus declaraciones,
las manifestaciones probables del abogado
defensor de la víctima, la fecha del
juicio, la celebración de éste y
terminar con la publicación de la
decisión judicial. Un redactor
especializado en asuntos judiciales es de
suponer, sin demasiado margen de error,
que tiene los contactos suficientes y
adecuados para que la noticia de una
condena de este tipo llegue por su vía
al diario y no por medio de un despacho
frío y lejano de agencia de prensa, como
sucedió en este caso.
- La nota tan
poco trascendente de que la próxima
semana (¿por qué publicarla hoy y no
mañana o ayer?) se decidirá a la
persona que ocupará la presidencia de un
parlamento político tampoco puede ser
recibida con sorpresa en una redacción
unas semanas después de unas elecciones,
por la sencilla razón de que incluso
antes de las votaciones hay una agenda
política y un reglamento que señala
cómo y cuándo será tal acto de
elección presidencial. El hecho de que
los tres diarios lo reproduzcan fruto de
una nota llegada desde el parlamento
implica sin duda otra forma de
desatención de los medios ante una fecha
que para los responsables de la
comunicación del ente parlamentario
tiene consistencia suficiente como para
recordársela a la opinión pública y a
los media. Esa necesidad advertida en un
gabinete de comunicación oficial sólo
puede aparecer si en los medios no existe
la figura del redactor parlamentario que
poco menos que cumple su jornada laboral
en el seno del parlamento, para saber al
detalle lo que pasa allí, con
publicación día a día de lo que sucede
o deja de suceder a intramuros del
parlamento.
Por lo que
vemos, nuestro periodismo no ve. Este periodismo
de menú del día que estamos analizando no es un
periodismo que vigile por nosotros el entorno que
nos rodea para avisar a tiempo de que hay fuego
informativo. El ojo del periodismo que comemos no
está avizor, dormita, parece.
Saber hacer y dejar de
hacer periodismo
Las opciones
bibliográficas para consultar por qué un hecho
logra convertirse en noticia casi tienden a
infinito. Desde la idea de Lorenzo Gomis4 de que noticia es
aquello de lo que la gente hablará mañana
hasta la idea de un director de periódico de que
noticia es aquello que yo publico, cabe un
mar de criterios definitorios.
La mayoría nos
podría servir. Vamos a tomar un referente
publicado recientemente, fresco. Xosé Soengas5 habla de que existen
unos criterios de funcionamiento inmediato que
intervienen en la elaboración de una
información; ese paso del hecho a la noticia lo
favorecen, resumiendo a Soengas, estos factores:
- actualidad-novedad
- proximidad
de su repercusión en el entorno
inmediato
- relieve o
importancia de la persona, institución o
lugar
- interés
mayoritario-cantidad de afectados
- trascendencia
o continuidad
- originalidad,
primicia, investigación propia y las
exclusivas
- conflicto
- extraordinario
y lo llamativo (audiencia, línea de la
emisora, privada o pública)
- disponibilidad/accesibilidad
- interés
humano, curiosidad, emotividad
- morbosidad
- presiones
externas
- peculiaridades
del medio
Si aplicamos el
listado sobre el cuerpo de nuestra noticia sobre
Vitigudino, comprobamos que cumplía varios
requisitos decisivos: proximidad, repercusión,
interés mayoritario y afectados, llamativo,
conflicto. Tenía peso específico periodístico,
cualquier periodista hubiera detectado ese valor.
Pero también apreciamos grandes ausencias en los
ingredientes del cocido informativo Vitigudino
más bien hamburguesa: actualidad,
originalidad, primicia, investigación propia...
¿Y qué hay de las presiones externas? No
podemos aventurar nada científico sobre ese
punto porque carecemos de datos que pudieran
confirmar que alguien institución, grupo
de poder, empresa presionó para que la
noticia saliera. Aprovechamos la ocasión para
recordar también que las presiones funcionan
como filtros desde antes de que lo hicieran como
propulsores. Vitigudino tenía puntos para ser
noticia, pero demasiados puntos para que el
periódico se hubiera adelantado al menú vertido
públicamente, voluntariamente por la fuente
interesada.
En todo caso,
otras de las cosas que quedan aclaradas con lo
visto hasta aquí es que los periodistas saben
hacer periodismo. Lo saben los responsables de
redacción que supieron decidir aquellas tres
noticias entre el cúmulo de notas que llegan o
de que se disponen cada jornada en una redacción
de periódico, lo mismo que los redactores, que
tienen en principio la misma cualificación que
los compañeros que prestan sus servicios en
gabinetes de comunicación y preparan esas notas
con destino a los medios que tan bien las acogen.
Si saben hacer
periodismo y el periodismo está herido, deben
estar entonces actuando factores ajenos al propio
periodismo que ejercen su influencia en esta
práctica profesional. Sin entrar ahora en la
prepotencia que afecta a los redactores del
periódico de dios que hay en cada
comunidad,6 el problema manifestado
es que los redactores no escriben las noticias
que han rastreado, a las que les han seguido la
pista, han visto cómo maduran y cómo terminan
los procesos informativos que se inician aquí y
allá. O sea, los redactores dejan de ser
redactores, que es algo así como si los médicos
dejan de practicar la medicina y los arquitectos
de proyectar edificios.
Los redactores
que no redactan dejan de ser redactores y un
periódico sin redacción es como un automóvil
sin ruedas; no funciona. Los redactores no
redactan porque redactar no es copiar notas
ajenas: esos redactores se transforman en
copistas, que es un tipo de personal más barato
para el empresario que sueña con aumentar
beneficios sin percatarse de que el periodismo,
la prensa, los medios informativos, a pesar de
ser empresas con un fin comercial, son también
un servicio público, de modo que no es
comparable una empresa periodística con una
empresa que vende chorizos o alpargatas, aunque
hay muchos editores que lo confunden y que
piensan que el periódico es una empresa de ese
tipo, porque algunos de ellos tienen mentalidad
de traperos.
Esa prensa que
usa y abusa del denominado periodismo de
fuente necesita rehabilitación, como un
herido cuando sale bien de la operación de una
pierna rota y ha de hacer ejercicio físico para
volver a la normalidad. Rehabilitar es volver a
hacer ejercicio periodístico, o sea, periodismo
sin apellido alguno. Es buscar informaciones
allá donde estén y no tener a los redactores
amarrados a sus mesas, a sus teléfonos y al fax,
para ver qué cae, cómo hacemos el diario con lo
que nos viene de fuera.
Vertido
informativo versus periodismo
Uno de los
diarios aludidos publicó a la mañana siguiente
en su portada una llamada al reportaje de sus
páginas interiores que denunciaba el estado de
deterioro de un cuartel ya sin uso. Sus
redactores fueron al lugar, lo vieron, lo
fotografiaron y dispusieron de una nota que no
tuvo ninguno de los demás diarios ese día.
¡Qué mala hubiera sido la impresión entre los
lectores si los tres diarios hubieran hablado del
mismo sitio, por haber reproducido una nota
vecinal o semejante! Ese día, ese periódico
hizo un ejercicio de rehabilitación: se salió
del canal de las fuentes interesadas e hizo algo
propio. Y es que el periodismo de
fuente no es tal. Estamos ante un error de
nomenclatura. La fuente es un emisor informativo
que yo, periodista, busco para extraer
información que la fuente conoce mejor que yo.
Cuando sucede al revés y es la fuente quien me
busca, quien tiene interés en que mi diario
reproduzca lo que a esa fuente le interesa, no
estaremos ante un periodismo de fuente sino ante
un vertido de fuente, un periodismo de vertido. Y
este vertido informativo, como todo tipo de
vertido, siempre es dañino para quien sufre sus
consecuencias, sea químico, sea materia
orgánica de una cloaca rota, sea informativo. Lo
que se vierte es lo que se sale de donde debiera
estar, es lo que invade un territorio que
debería estar ocupado por otra sustancia. Cuando
la fuente se vierte, lo anega todo, salen
charcos. Por eso un vertido no puede ser, no es
una fuente.
Y por eso,
frente a los dóciles periódicos que dormitan
sin esforzarse y se alimentan de vertidos se hace
más que nunca necesario recordar a Héctor
Borrat cuando decía: "Al igual que frente a
éstos (los gobernantes), hace falta ante el
periódico ejercitarse en la conjetura y en la
sospecha".7
3.
La calidad informativa: por qué es necesaria y
cómo se construye
Vitigudino no
fue descubierto por ningún redactor avizor;
salió a la luz por una acción voluntaria de la
fuente informativa. La absolución del supuesto
violador tampoco fue rastreada por un periodista
inquieto por desvelar la primicia. Y la
constitución de la asamblea es tan previsible
que no constituye dato, a menos que se trate
anticipadamente y de forma analítica, cosa que
para entonces, un mes después de las elecciones,
debe de estar ya más que rastreada y anunciada.
Si aceptamos la metáfora propuesta por Mariano
Cebrián "Vivimos en un iceberg8 informativo" ,
ahora podríamos decir que el iceberg se hunde.
Según Cebrián, hay una información oculta y
una información flotante, una información no
sale a la luz porque no tiene interés, quizá,
pero, sobre todo, porque los que la tienen no
quieren que se difunda. Sólo conocemos la
pequeña parte que logramos hacer emerger. Pero
si los periódicos se plagan ahora de
informaciones dadas por los que la tienen,9 resulta que de la
información oculta seguimos sin saber nada y,
además, tenemos a los redactores ocupadísimos
re-escribiendo y copiando la información ya
desvelada por otros. Cada vez hay más masa de
iceberg sumergida.
En un trabajo
publicado por Martín-Barbero y Rey en 199910 rescatan una idea de
Paolo Flores de Arcadis, que describe a la
democracia como un sistema frágil, una forma de
gobierno paradójico e inerme, porque para no
renunciar a él mismo debe garantizar espacio a
sus enemigos, tolerancia a lo enemigos de la
tolerancia. "Es el régimen contra natura
porque entra en conflicto con las tranquilizantes
certezas de la tradición, de la obediencia, de
la pasividad".
Para poder
responder a esos requisitos, la democracia
precisa un sistema de información a sus
ciudadanos, que permita:
- La
posibilidad de contrastar puntos de vista
diferentes.
- El acceso a
información de calidad.
- La
publicidad de los acontecimientos frente
a toda forma de secretismo.
- La
participación lo más completa posible
en los procedimientos de decisión
colectivos.
Cuando hablamos
de una información de calidad nos referiremos
siempre a una información que responda a esos
preceptos.
Y cuando en el
foro de Salamanca los representantes de la
academia planteaban a los representantes del
periodismo activo tales exigencias, éstos
respondían que milagros no se pueden hacer; que
un periódico es ante todo una empresa y necesita
cumplir con sus imperativos de rentabilidad
económica y viabilidad financiera para poder
existir, para poder funcionar si quiera. Era otra
vez el debate ya viejo, entre a qué debe
dársele prioridad: al dinero o a la verdad.
Descubrir la
verdad cuesta más caro que publicar cualquier
cosa. Hacer un periódico desde la redacción,
con lo que llega de agencias y de gabinetes de
prensa y comunicación y fotos ilustrativas más
o menos ajustadas al tema, resulta barato.
Investigar, rastrear pistas sacadas de
entrevistas, de notas de prensa, de comentarios,
de documentos oficiales, de fuentes primarias, de
bases de datos, de informes de especialistas,
etc. lleva tiempo, requiere periodistas
cualificados, produce menos cantidad de texto
publicable y puede dar problemas si se desvelan
asuntos escabrosos para personas que tengan poder
(gobernantes, empresarios que invierten en
publicidad
).
El periodismo ha
de venderse: venderse a los lectores al número,
no a los poderosos en su sustancia. Y si resulta
muy caro, perderá clientela. Los empresarios de
la información son empresarios, no hermanitas de
la caridad ni fundaciones filantrópicas.
Frente a este
dilema, nuestra postura trata de encontrar una
tercera vía de conciliación que supere ese
enfrentamiento que sólo conduce a posturas
irresolubles: si hago periodismo como es debido
pierdo viabilidad empresarial y si procuro
mantenerla pierdo calidad periodística.
Nuestras
premisas son las siguientes:
- Los
empresarios no son bobos ni conviene que
lo sean, pues sus negocios crean empleo y
dinamizan el tejido económico. No se les
puede pedir que pierdan dinero ni ahoguen
a sus empresas.
- El
periodismo es periodismo y desde su
nacimiento ha contenido una vertiente
mercantil (se publica, se distribuye,
llega a muchos, por una vía comercial)
que sólo ha desaparecido cuando se ha
cambiado por un padrinazgo ideológico
que lo financiaba (órganos de expresión
de partidos, sindicatos y organizaciones
sociales, boletines internos, revistas
corporativas
). No se le puede pedir
al periodismo que deje de ser periodismo,
o sea, independiente gracias a su
supervivencia económica.
- Los
ciudadanos en democracia necesitan
periodismo de calidad, información que
les permita conocer con veracidad lo que
hacen sus "encargados de la cosa
pública", las personas en las que
han delegado el gobierno. Pero nada
impide que además de publicarse
información de calidad, en el escenario
social fluyan también otras
publicaciones. Lo único que necesitan
los ciudadanos es saber dónde está la
información veraz.
Por tanto, los
empresarios que quieran hacer periodismo, que lo
hagan. El periodismo produce información veraz
vendible. Es una empresa difícil, nadie afirma
lo contrario. Y seguramente muy pocos sabrán
conseguirla. Los que lo logren, que lo hagan, y
los que no, que hagan otra cosa que les dé
dinero y les permita seguir sacando dividendo,
pero que no lo llamen periodismo, que lo llamen
"publicación de información
interesada", "revistas de
rumores", "propagandismo"... Nadie
puede oponerse a que un empresario busque
beneficios económicos y reduzca costes de
producción. La academia tampoco puede oponerse a
eso. A lo que sí puede oponerse es a que alguien
que hace "repicado de propaganda" y
publica vertidos informativos los venda bajo la
etiqueta de periodismo, información.
Abramos un
paréntesis ahora para considerar brevemente qué
ha ocurrido con la alimentación de calidad en
las últimas décadas.
Hace poco más
de diez años resultaba impensable que un
consumidor común se preocupase cotidianamente,
de forma habitual, por la composición de los
alimentos que tomaba. Tuvo que morir mucha gente
en España a consecuencia de un mal producto
barato, el aceite de colza,11 para que la alarma
pública iniciase lo que los sociólogos
denominan un cambio social. Resultaba
poco creíble imaginarse cada producto con una
etiqueta que indicase la composición y las
características de su contenido e imaginar a los
consumidores educados en la lectura y el control
de estas etiquetas. Pero lo poco creíble
terminó siendo cierto. El coste lo abonaron
cientos de personas que con sus enfermedades o
sus muertes removieron los valores sociales, la
sensibilidad social.
4.
La estrategia de las etiquetas de calidad
Hoy, en España,
se consume un periodismo sin etiquetas. Los
lectores de una noticia no tienen una
información clara sobre el procedimiento de
elaboración. Los especialistas quizá saben
detectar en una información la variedad de
fuentes, la dosis interpretativa, el amarillismo,
el sensacionalismo, la verosimilitud, etc. Ya
más difícil resulta, incluso para un lector
especializado, apreciar hasta qué punto el
periódico que está consultando se compone de
información no propia o información de terceros
que se inmiscuyen en la relación a dos que un
diario tiene con su público. Para hacer esas
apreciaciones, el especialista necesitará un
trabajo extra de contraste y seguimiento de
diferentes medios informativos. Y, aún así,
habrá datos que muy difícilmente el
especialista podrá conocer, por ejemplo, las
condiciones laborales de los trabajadores de un
medio o las garantías profesionales de los
periodistas de ese medio frente a los intereses
de los anunciantes y los propietarios. Puede que
la plantilla de ese periódico tenga un Estatuto
de Redacción que protege a los periodistas
frente a presiones interesadas de los
anunciantes; pero puede que ese estatuto no se
cumpla; puede que no exista; puede que la cultura
de la autocensura se halle tan instalada en las
actitudes de los redactores que la parte delicada
de las informaciones ni siquiera llegue a
plantearse nunca.
En resumen, que
los lectores encuentran ante sí numerosos muros
que les impiden acceder a la información sobre
la calidad (ingredientes, elaboración,
componentes nutricionales, valores calóricos,
aditivos, conservantes). Hay datos ciertos, que
resultan sosos, y a veces añadiéndoles un poco
de colorante avivan la apariencia y llaman la
atención. La pregunta es ¿qué porcentaje de
colorante informativo es admisible en una
información para que siga siendo periodismo y no
llegue a ser sensacionalismo o amarillismo?
Ese dato lo
merece el lector. Y ese dato, entre otros,
permitirá a unos afirmar que venden periodismo y
a otros que venden otra cosa. Cada uno le pondrá
el precio que estime necesario para su
rentabilidad empresarial. Y el lector podrá
elegir su dieta informativa con garantías. Ésa
es nuestra propuesta.
Y para que ese
dato resulte claro, accesible, visible, para los
lectores, el periodismo debe ir etiquetado.
Decimos ir etiquetado, no ir de
etiqueta; pues es preciso distinguir entre
apariencia y procedimiento. Se trata de dos
conceptos distintos, uno afecta al envoltorio y
otro al hacer, al proceso de trabajo
periodístico. Del mismo modo que se puede ir
vestido de esmoquin y no ser elegante, se puede
publicar un diario con pinta de periódico con
calidad (papel, diseño, color
) y sin
embargo no estar haciendo periodismo en ningún
momento.
Si cada
publicación se presenta al público con una
etiqueta que indique la clase de periodismo que
ofrece, el lector y el periodista, el cuerpo A y
el cuerpo B de la comunicación informativa,
sostendrán una relación transparente,
consensuada, estarán bailando con la misma
melodía y, por tanto, podrá generarse
efectivamente comunicación.
Es el momento de
que rescatemos lo que decíamos al inicio de este
ensayo. "Las palabras
información y
periodística pueden producir
comunicación entre un periodista y un lector si
ambos atribuyen a esos términos los mismos
atributos: veracidad, actualidad, interés,
documentación, pluralismo y contraste." La
etiqueta periodística será el pivote del
consenso; gracias a ella el lector podrá
encontrar lo que quiere: pan cuando quiera pan,
información cuando busque información y
propaganda cuando le apetezca tomar una dosis de
datos interesados. Cada empresario podrá vender
lo que más rentable le parezca; podrá recortar
costes siempre que quiera; podrá eliminar gasto
en tiempo de investigación; podrá reducir al
mínimo los requisitos de producción (contraste,
verificación, consulta de bases documentales
primarias
); podrá forzar la productividad
de su plantilla (cada redactor, 3 noticias
diarias, 5, 8, 10
). El que sepa hacer
periodismo, lo hará. Y el que quiera comprar
periodismo también lo podrá hacer.
¿Y si el
periodismo resultase tan caro que nadie lo
quisiese comprar? Pues desaparecerían las
empresas periodísticas y los historiadores
podrían certificar que el ocaso del periodismo
ha llegado. Una sociedad entera renuncia a su
derecho a disponer de información veraz.
De lo contrario,
el periodismo seguirá teniendo las mismas
posibilidades de fenecer; seguirá padeciendo las
mismas patologías mortales. Y un día será
imposible ya encontrar un ejemplar vivo de
periodismo. Pero no nos daremos cuenta por el
ruido, el ingente ruido informativo que ha
sustituido a la libertad de expresión, tan
protegida constitucionalmente. Ahora que todo el
mundo publica, emite, difunde y divulga todo lo
que se le ocurre, la libertad de expresión, por
exceso se ha trasmutado en una libertad de ruido
que dificulta el acceso a la información veraz.
Y si este exceso de ruido contamina tanto que los
derechos fundamentales no se pueden ejercer,
entonces es que ha llegado la hora de proteger la
salud pública informativa con nuevas normas.
Esto es precisamente lo que proponemos en este
ensayo, sugerir una serie de pautas en pro de la
calidad periodística, para vencer el anunciado
ocaso del periodismo.12
Y en relación a
ese debate larvado, que aflora regularmente en
los últimos tiempos, sobre si desaparecerá o no
el periódico, vamos a señalar dos cosas, antes
de pasar a la descripción de nuestras propuestas
de calidad.
Es una realidad
que el periodismo se encuentra en pleno proceso
de transformación, debido, sobre todo, a los
cambios que se están dando en el proceso de
producción, en la forma de fabricar el
periodismo y hacérselo llegar a la audiencia. La
tecnología web ha sido radical en ese cambio en
la forma de acceder a las noticias.13
La evolución
marcada por la aplicación de la informática y
las telecomunicaciones produce una convergencia
mediática, un encuentro de los distintos
ámbitos y medios existentes hasta ahora, un
confluir en un mismo canal o soporte. La prensa,
el audio, el vídeo conviven en la misma vía de
distribución, recepción y consumo. Y en ese
panorama salta la pregunta: ¿se va a morir el
periódico, va a desaparecer?
En este ensayo
hemos venido planteando una cierta crisis, un
cierto desaparecer del periodismo, hasta ahora
aludiendo únicamente a razones de contenido y
conocimiento. Sin embargo, las amenazas que el
periodismo sufre en la actualidad, vemos que
llegan también desde el terreno tecnológico.
Nuestra percepción es que en ambos frentes, el
periodismo se está viendo abogado a una
reformulación, una refundación.
Pedro Antonio
Rojo, en su reciente trabajo sobre producción
periodística,14 dice:
"Más
allá de la transformación tecnológica de
los medios impresos, indispensables para
adaptarlos a la era de la informática y las
telecomunicaciones ópticas, hay un
territorio crucial en el que se decide la
suerte del periódico. Y este territorio, hoy
como ayer, es el mercado. Claramente el
problema de la existencia del periódico,
visto desde la perspectiva de los distintos
sistemas de difusión de la información, se
reduce al fin y al cabo a un profundo
problema de marketing. Con otras palabras: la
revolución tecnológica no exige solamente
una transformación en la manera de producir
el periódico. Exige, ante todo, una nueva
definición, una redefinición del periódico
como producto en sí."
Rojo se está
refiriendo a que el periódico necesita, para
sobrevivir, cambiar, hacerse de otra forma, y
como tendencias ineludibles señala, entre otras:
más servicio y menos interpretación; más
actualización y más datos en tiempo real; más
personalización y más localismo junto a
estrategias globales multimediáticas y de
alianzas con otras empresas; más interactividad,
más clasificación y jerarquización de la
información, y más profundidad. Hablamos de un
periodismo hecho para que el lector lo
seleccione, lo edite o lo reciba selectivamente.
Por eso añade
varias líneas después: "
el
ordenador
tiene la capacidad de dar a una
persona solamente lo que quiere y aliviarle de la
necesidad de esperar/pagar por lo que no
quiere".15
Ahí encontramos
de nuevo una coincidencia: el periodismo está
sufriendo presiones desde el frente de los
contenidos y desde el frente de la tecnología, y
en ambos casos se trata de exigencias para que el
lector pueda comprar lo que quiere y eludir lo
que no quiere.
Nuestro
planteamiento de estrategias de calidad persigue
avanzar en esa línea: aclarar al lector lo que
se le ofrece como periodismo.
Los elementos
centrales de nuestra estrategia son:
- Las
etiquetas de calidad
- Los
Consejos de Calidad Informativa
- Los
observatorios de medios
- La
activación de los lectores
1. La
etiqueta de calidad periodística
Una etiqueta de
calidad controlaría tres índices de los
aspectos que habitualmente resultan invisibles
para los lectores:
* Índice
laboral. Mediría las condiciones de las
plantillas de redacción:
- Número
suficiente.
- Productividad
adecuada.
- Cualificación
profesional actualizada.
- Especialización
acorde con los contenidos de la
publicación.
- Normas:
libro de estilo, estatuto de redacción,
defensor del lector.
- Conflictividad
laboral.
- Salario
justo.
- Turnos y
jornadas de dedicación racionales.
- Vacaciones
y tiempo libre del personal del medio
homologables.
* Índice
periodístico. Mediría la calidad de las
informaciones:
- Pluralidad
de fuentes utilizadas y citadas.
- Frecuencia
de uso de fuentes corporativas.
- Uso de
bases documentales primarias.
- Porcentaje
de temas propios.
- Grado de
cumplimiento normativo (códigos éticos
y normas de autorregulación).
- Porcentaje
de periodismo de investigación.
- Libertad de
la redacción en sus cometidos.
- Continuidad
de las informaciones ofrecidas.
- Grado de
corrección lingüística.
* Índice
empresarial: Contabilizaría el papel del
empresario ante la información:
- Composición
de intereses accionariales insertados en
el diario.
- Cuenta de
resultados publicada y bien a la vista,
no escondida.
- Datos de
distribución y ventas expuestos a los
lectores en el propio periódico.
Estas etiquetas
aparecerían en todos los ejemplares de la
publicación, del mismo modo que lo hace por
ejemplo la mancheta. Esto parece una utopía. No
obstante, aunque se consiguiera, haría falta la
adecuada educación de los lectores, para saber
qué les dice la etiqueta. Hay casos en el ramo
de la alimentación donde existe esa información
solicitada y una gran proporción de consumidores
desconoce qué se le quiere decir. Por ejemplo,
¿cuál será el porcentaje de público en
general que consume agua embotellada que no cae
en la cuenta de que en el mercado hay tres tipos
de este producto: el etiquetado como agua
mineral natural, el que dice ser agua
de manantial y las aguas preparadas o
semejantes? Si la tercera categoría por su
nombre es fácil de conocer, ¿cuánta gente se
percata de que el agua mineral
natural muestra en su etiqueta una copia de
su análisis clínico, datos que no cuenta el
agua de manantial? Si no hay una
educación ad hoc, de poco serviría todo esto de
las etiquetas, como sucede con las aguas en sus
tres categorías.
Un órgano
plural controlaría la asignación de las
etiquetas a cada publicación.
Y se otorgarían
distintas categorías:
- Medio de
referencia. Un periodismo que se destaque
por una producción especialmente
rigurosa, cuidada, ética, pluralista,
veraz e investigadora. [Agua mineral
natural, con su análisis clínico en la
etiqueta]
- Medio de
calidad. Aquel que cumpla con respeto los
preceptos del periodismo, sin llegar a
destacarse. [Agua de manantial, buena,
pero no la mejor]
- Medio
popular. Para aplicarlo al periodismo
correcto pero simplificado, de temática
general, poco especializado y común
denominador de lectura muy accesible a
todo tipo de lectores. [Aguas preparadas
o tratadas]
- Medio sin
clasificar. Aquel que se somete al
control del Consejo de Calidad
Informativa y, por tanto, mantiene un
mínimo de calidad, pues no se le retira
la etiqueta, pero presenta deficiencias
en algunos de los indicadores o está en
proceso de reconversión de calidad.
[Agua sin embotellar]
Los controles de
calidad se realizarían periódicamente y los
distintos medios podrían ir ganando categoría o
perdiéndola, pues cada control otorgará una
etiqueta válida temporalmente, hasta el
siguiente control.
Coordinadamente
con los observatorios de medios se publicarían
guías de calidad donde aparecerían las
clasificaciones que obtuviesen los distintos
medios, junto a los informes de esos
observatorios y la información emanada del ente
encargado de emitir las etiquetas y de controlar
o hacer un seguimiento del comportamiento
cualitativo de los medios etiquetados.
2. El Consejo
de Calidad Informativa (CCI)
Su fin genérico
consiste en regular la calidad de lo que en el
mercado editorial circula como periodismo. De ese
modo, el Consejo se convierte en el garante de
qué medios y audiencia manejen un concepto
compartido de lo que es el periodismo. Sería,
por tanto, como un consejo de especialistas
supletorios de los lectores; especialistas que
van a controlar por y para los
lectores si el medio cumple con todas esas
exigencias periodísticas cuyo cumplimiento hemos
visto que resultaba invisible o difícil de ver
para los ojos y el tiempo de la
audiencia común. El Consejo de Calidad
Informativa, con un equipo de trabajo
especializado, hará por los lectores lo que
ellos no pueden o no saben hacer: analizar los
productos, averiguar los ingredientes y el
proceso de elaboración, vigilar el cumplimiento
de las normas éticas y de autorregulación,
hacer análisis comparativos de medios, medir los
indicadores de calidad.
El Consejo de
Calidad Informativa necesita ser un órgano
independiente y contar con una composición
equilibrada de:
- profesionales
de prestigio,
- representantes
de los lectores,
- representantes
sociales (gobierno, sindicatos,
empresarios),
- así como
un porcentaje mínimo del diez por ciento
de miembros honoríficos de vinculados a
instituciones culturales y sociales
defensoras o protectoras de la lengua, la
ética, los derechos fundamentales, etc.
Los tres
primeros colectivos elegirían por partes a sus
miembros: los medios adscritos al CCI
designarían a los profesionales de prestigio;
los lectores, a sus representantes y los actores
sociales, a los suyos. Y el pleno designaría a
los miembros honoríficos, a propuesta de un
mínimo de miembros o una iniciativa de los
lectores.
La financiación
del CCI tendría que correr a cargo de fuentes
variadas, para garantizar su independencia. Un
porcentaje de financiación pública resulta
imprescindible, ya que entre sus fines se
encuentra la protección de algunos de los
derechos fundamentales: libertad de expresión,
derecho a la información veraz y transparencia
informativa, entre otros. Pero, además, los
medios que disfrutasen de etiqueta podrían
cargar suplementos de calidad a sus precios de
venta. Y los lectores tendrían también que
hacer su aportación.
Así nos
encontramos con una figura, la de la Asociación
de Lectores de los medios, que se encuentra sin
desarrollar en España y que debiera ser
promovida por lo propios editores, de acuerdo con
el capítulo que habla de la necesaria
activación de los lectores.
3. Los
observatorios de medios
Se trataría de
asociaciones de especialistas, con intervención
libre de lectores concienciados del valor
primario de los medios informativos e interesados
vivamente por la permanencia de la prensa de
calidad. Estas entidades, sin duda con un fondo
socio-político, se ocuparían de fiscalizar a
los media. El proyecto ideado por Ignacio
Ramonet, el Media Watch Global, "es
una asociación civil, de derecho privado, de
carácter socio-político, sin fines
lucrativos", según reza el artículo I de
sus estatutos. En el segundo apartado deja claras
sus intenciones: "El MWG tiene como
objetivos principales: fiscalizar la media, en
cualquier que sea su medio de comunicación,
luchar por un periodismo ético y libre, en el
ámbito local, nacional e internacional, además
de fomentar la creación de otras asociaciones
civiles de igual naturaleza, en todos los países
del mundo."
Una de las
formas de observar la prensa, en su caso, es
sencillamente leyendo el periódico con una
atención exquisita como no suele hacer la
generalidad de los lectores. Cuando el diario se
lee de forma tan minuciosa se empieza a ver sus
puntos débiles, sus errores, sus campañas, su
forma de navegar por el mundo de la información
periodística. Los responsables del observatorio,
los fiscales, se ocuparán de analizar lo que se
haya encontrado, por ellos o por un lector, eso
no importará demasiado, y emitirán un informe
del objeto de estudio, el periódico analizado.
Este tipo de manifestaciones se tendrán que
hacer en frío, pasado un tiempo desde su
control, para que las prisas o los nervios no
perturben la mirada del observador. Partimos de
la base de las dificultades de un observatorio de
este tipo y de las acusaciones empresariales de
desear establecer la censura. Siempre ha sucedido
de ese modo cuando se plantea algo semejante.16
Este tipo de
informes, breves o largos, según demanda cada
ocasión, se tendrán que ir depositando
igualmente de un sitioweb, para consulta de los
lectores, pero también de los redactores
encargados del contenido del medio analizado o de
cualquier otro que desea conocer las
apreciaciones realizadas en un observatorio.
El movimiento
que se está engendrando desde Le Monde
diplomatique puede que llegue a funcionar,
pero es igualmente probable que los intereses
encontrados que pueden molestarse por esta
fiscalidad del producto periodístico trate de
abortar el experimento. Algo parecido ha sucedido
en México, donde la edición del periódico
francés ha dejado de salir en 2003. En su sede
es donde se animaba el establecimiento de la rama
mexicana del MWG. Todavía en la red hay
restos de este proyecto.17
Otras más
serían las funciones de estos observatorios,
desde llegar a conocer si el medio estudiado
tiene listas blancas o listas negras hasta
intentar la reactivación de los lectores.
La lista blanca
de un medio es aquella relación de sus mejores
anunciantes, de los que no se podrá publicar ni
una línea que les pueda dañar en su imagen o
provocar la queja del empresario
protector del diario. En el caso
español, la lista blanca suele estar encabezada
por unos grandes almacenes con tiendas en las
principales ciudades del país (El Corte
Inglés): aunque haya una huelga en la empresa,
ningún periódico dará cabida a la noticia y
mucho menos a las manifestaciones de los
empleados. Las otras compañías que encabezan
las listas blancas son las marcas de
automóviles, al tratarse del primer sector de
inversión publicitaria en los medios.
La lista negra
es la relación de personas que resultan poco
gratas al dueño del periódico y éste prohíbe
la mera aparición de sus nombres en las páginas
del diario, en una pirueta enemistada con la
ética y con la veracidad.
4. La
activación de los lectores
Los lectores no
pueden seguir limitándose a quejarse del
periódico, cuando lo hacen, en sus círculos de
amigos o al envío de una carta al director o al
defensor del lector. No puede acabar ahí su
compromiso con la calidad informativa, con la
perdurabilidad del periódico como modelo de
transmisión informativa. Han de incorporarse a
nuevas líneas de activismo mediático, que si no
son propuestas por las empresas deberán ser
ofrecidas por los observatorios de los medios.
Hablamos de foros donde se hable del periódico,
no de noticias en términos generales; de listas
de distribución de mensajes de correo
electrónico, donde puedan consultarse entre
ellos o pedir opiniones a otros lectores y opinar
de lo que han interpretado tras la lectura del
diario.
Son muchos los
lectores y es alta su capacidad crítica y de
comunicar apreciaciones de lo que han leído y de
lo que ellos saben o han visto cuando han sido
testigos del acontecimiento que se narra.
La activación
del lector ha de ser uno de los pilares de los
observatorios de medios, pues de poco serviría
si estas entidades se crearan de espaldas a los
lectores o éstos no tuvieran participación o
posibilidad de manifestarse a través del canal
que ofrezca el observatorio. Aquí, la
abstención acabaría con esta vía de salvación
del modelo periodístico en crisis, que es de lo
que se trata y que preocupa no sólo a los
redactores de los medios sino a los lectores, sin
los cuales no habría periódico.
El
poder, vestido de avestruz
La cuestión es
bastante simple: ¿por qué hay un control de
calidad alimentaria del cuerpo y no hay otro
control de la calidad alimentaria del intelecto,
el espíritu, la mente, el pensamiento, tan
afectado por lo que leemos y por lo que
encontramos en los periódicos? No hay respuesta
a esa pregunta. Tampoco se detecta demasiado
interés en los ámbitos políticos ni en los
parlamentos, sus integrantes siempre temerosos de
la reacción de los empresarios, de su
comportamiento reaccionario.
Es cierto que en
los últimos años han aparecido entidades de
adscripción voluntaria, cuyos asociados
manifiestan de esa manera interés por un
autocontrol, pero siempre son entidades casi
testimoniales, sin mayor fuerza, limitadas a
aceptar que sus medios afiliados van a cumplir
con sus correspondientes compromisos. En
ocasiones, tal afiliación sólo sirve para una
determinada autopropaganda del medio adscrito.
Si un periódico
se dedica a llenar sus planas con mensajes de
pseudo periodismo de fuentes interesadas, si en
ese medio no se hace periodismo, si los recursos
puestos a disposición de la redacción son
precarios, mientras la empresa nada en la riqueza
y en el gran negocio, a veces en el terreno del
pelotazo mediático, entonces que ese periódico
deje de denominarse periódico y pase a
calificarse empresa de propagación de
datos cocinados. El que no quiera hacer
periodismo sino propagandismo, que lo haga, y que
viva de la subvención de su propagado. Pero que
no erosione el derecho de los ciudadanos y
ciudadanas a poder comprar periodismo.
Pero hay miedo
al lobby mediático aquí y allá. Con cierta
frecuencia vemos en la prensa la multa que se
extiende a las compañías de aviación por
ponerse de acuerdo para subir sus tarifas.
También en los mismos periódicos cómo cada
año el mismo día y en su portada vemos el
anuncio de que sube una vez más el precio del
ejemplar, y siempre hay coincidencia, que si el
coste del papel, que si los sueldos. En un caso
hay vulneración de la ley, en otro hay
avestrucismo oficial ante el lobby mediático
potente y dispuesto a amenazar a partidos y
gobiernos.
En Cataluña y
en Navarra, como casos emblemáticos y
ejemplares, hay un órgano de este tipo que
analiza casos y los expone en su memoria.
Establecido por la autoridad competente, sus
integrantes son personas independientes que nada
o poco tienen que temer de los poderosos escribas
del momento, que se exponen a la muerte
mediática, o sea, a que sus nombres no
vuelvan a salir en letra impresa, por haberse
atrevido a tanto, por su osadía rayana en la
temeridad.
El Senado
español aprobó en 1994 la creación del Consejo
de los Medios Audiovisuales, pero todavía en
2003, hace pocos días, el 10 de junio de 2003,
la derecha en el poder desde Madrid rechazó en
el Congreso español de los Diputados la
creación de este ente. De esta forma, España y
Luxemburgo son los dos únicos países de la
Unión Europea que no tienen un consejo del
audiovisual.18
Para Victoria
Camps,19 "La democracia
significa más libertad, pero una libertad
organizada, con ciertas fronteras, con ojos
críticos que vigilen a las diversas instancias
de poder. En el ámbito audiovisual, el modelo
regulador está inventado". Lo que sucede es
que lo que se llega a señalar para el entorno
audiovisual no se extiende a la prensa, por
aquello del poder empresarial que tildaría
decisiones semejantes de intromisión y ataques
contra la libertad de expresión y esos tópicos
tan conocidos, cuando no críticas de censura.
La sociedad
está necesitada de estos temerarios, cuando la
verdad es que los temerarios son los neoescribas
que de verdad se creen más poderosos de lo que
realmente son, visto que todo su poder se asienta
en esa sociedad a la que no están sirviendo como
es de esperar de un servicio público.
_____
Notas:
1 Lo llamamos de esa manera,
por basarnos en una información relativa a ese
municipio de Salamanca (España), que después
analizamos.
2 Dato expuesto en el congreso citado.
3 Ver El Periodismo, herido /
Estudios que delatan divorcio entre prensa y
sociedad. El País, como referente
(José Manuel de Pablos Coello, Foca
Investigación, Madrid, 2001b)
4 Lorenzo Gomis, 1987: El medio media
/ La función política de la prensa.
Barcelona: Mitre.
5 Xosé Soengas, 2003: Informativos
radiofónicos. Cátedra. Madrid.
6 Interesados, ver José Manuel de Pablos
Coello, 2001a: El Periodismo, herido.
Madrid, Foca Investigación.
7 Héctor Borrat, 1989: El periódico,
actor político. Barcelona, Gustavo Gili
(Pág. 12)
8 Mariano Cebrián Herreros. 1998: Información
audiovisual. Madrid, Síntesis (Pág. 29)
9 Recordamos que algunos de los ponentes
en las jornadas de Salamanca sostenían que más
del 85 % de lo publicado en prensa proviene de
fuentes informativas organizadas.
10 Martín-Barbero, Jesús y Rey, Germán.
1999: Los ejercicios del ver. Hegemonía
audiovisual y ficción televisiva. Barcelona.
Gedisa.
11 En el año 1981, en primavera, 60.000
personas de varias regiones peninsulares
españolas se contaminaron con lo que se dio en
llamar, en un principio, neumonía
atípica, y síndrome tóxico,
después. Más de 700 murieron por esta
intoxicación. Durante los primeros días de
presencia de la rápida, nueva y mortal epidemia,
portavoces oficiales aseguraron que se debía a
un aceite comestible de bajo precio, el aceite de
colza desnaturalizado, que se distribuía en
ambientes populares, callejero, desde garrafas,
sin control sanitario.
12 José Luis Martínez Albertos aventura
la fecha, el año 2020, para la desaparición de
la prensa analógica tal y como todavía hoy la
conocemos. Vid. El ocaso del Periodismo,
Cims, Barcelona, 1997, pág. 24.
13 Interesados, ver La red es nuestra
(JM de Pablos Coello). Barcelona / Buenos Aires,
Paidós.
14 Pedro Antonio Rojo Villada, 2003: Producción
periodística y nuevas tecnologías. Estrategias
para la prensa ante la convergencia mediática.
Comunicación Social. Sevilla. Pág. 34.
15 Ib.
16 En una entrevista con el cantautor
Joaquín Sabina (El País Semanal 1.404,
domingo 24 de agosto de 2003, página 11), éste
se refiere a la reacción de las televisiones
cuando ha criticado la llamada televisión
basura: "No tienes humor y abogas por la
censura".
17 En la siguiente dirección telemática
http://www.lemondediplomatique.mx.com (todavía
en agosto de 2003).
18 D. Espinós, "El PP rechaza en el
Congreso la creación de un Consejo
Audiovisual", El País, 11 de junio
de 2003, p. 31 / Sociedad.
19 Victoria Camps, "Más ojos
críticos", en El País, 20 de julio
de 2003, p. 13 / Opinión.
* José
Manuel de Pablos Coello
es catedrático de Periodismo en la Universidad de La Laguna (Tenerife, España). Concha Mateos Martín es especialista universitaria en
Comunicación y Gestión Política (UCM),
y doctoranda en Ciencias de la Información (ULL).
Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana
de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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