La
trivialización de la información televisiva
Sandra
Ruiz Moreno *
No sé
por que últimamente estoy teniendo problemas
cuando prendo la televisión para determinar si
lo que están pasando es un concurso, un reality
o un noticiero, si estoy viendo un informe
periodístico, una nota de magazín o un
comercial.
¿Será por las
nuevas tendencias de mezclar formatos, las
búsquedas de narrativas, la globalización de
televisiones? Pero en el fondo sé que me molesta
mucho tratar de buscar información sobre un
acontecimiento en televisión y no encontrar más
que un enunciado que me dice un
modelo-presentador con música, tomas sugestivas
y al final, no me enteré de nada nuevo, esto es
si me va bien y llego a los primeros 10 minutos
de emisión de algún noticiero, porque del
minuto 11 al 27 de lo máximo que me puedo
enterar es cuantos goles se metieron en la
jornada futbolera o el chisme más rebuscado de
cualquier figura pública.
Esta es la
última moda de los noticieros: Titulares con
frases, imágenes y músicas sugestivas durante
dos minutos, luego se pasa a estudio con una
cámara en grúa que se pasea por un espectacular
set ambientado a lo tecnológico post-moderno,
donde aparecen cuatro impecables presentadores
uno para los deportes, otro para la sección de
cierre y dos principales, que son anunciados como
animadores de concurso.
Luego viene el
bloque de 8 minutos de noticias nacionales,
internacionales, de orden público, política,
economía etc., con notas narradas de la manera
más sintética y atropellada posible. Algunos
noticieros cierran este primer segmento con una
noticia positiva, en una micro-crónica de 30
segundos. Terminados los 10 primeros minutos de
noticiero, entra el presentador de deportes y
deja enganchada a la audiencia con sus titulares
antes del primer corte a comerciales.
Aparecen
entonces los 10 o 15 minutos, con muchas y
atropelladas noticias deportivas a manera de
video-clip, donde priman los goles y las
emociones
. Y para terminar entre 8 y 5
minutos de la sección de cierre donde una
escultural presentadora con un insinuante y
rebuscado vestuario del diseñador de moda, le
cuenta a la audiencia con cerrada de ojo y
sonrisa mil dientes, como son los zapatos del
presidente, cuantas canas peina la ministra de
defensa, como se llama el perro del ministro del
interior, quienes son los amiguitos del hijo del
presidente, que película ver, que Shampoo usar y
claro en que va el reallity de turno del canal
por el que se emite dicho noticiero.
En la búsqueda
de audiencia, cada vez el formato de noticiero se
parece más al de un programa misceláneo que a
un informativo ¿Y el derecho de una sociedad a
informarse? ¿Y la necesidad de crear una
opinión pública? ¿Y la función social de la
televisión? ¿Qué pasó con el análisis y el
cubrimiento de las informaciones?
Un
poco de historia
En los años
noventa con el inicio de la globalización, las
señales por antenas parabólicas, los canales
por cable y la entrada de los canales privados al
diseño de televisión colombiana, se gestó una
lucha sin cuartel por ganar audiencia frente a
una pauta publicitaria cada vez más repartida e
insuficiente para sostener las nuevas opciones
televisivas.
Entonces la moda
del show televisivo se apoderó de las parrillas
de programación apareciendo programas tipo Talk
Show, concursos show, eventos en directo, el show
de las tele-ventas y finalmente los famosos
reality show; mientras desaparecían los
programas culturales, de panel, de debate y los
periodísticos de opinión e investigación.
La competencia
fue muy fuerte, empezó con las novelas, siguió
con la franja triple A y atrapó a los
noticieros, que por ese entonces ya empezaban a
modernizarse aprovechando los avances
tecnológicos para hacer directos y los nuevos
diseños de escenografía copiados de los canales
transnacionales de noticias como CNN.
Los noticieros
como únicos programas sobrevivientes
responsables de emitir información, debieron
entrar en la moda y reforzaron los elementos de
forma, los diseños de plantillas, créditos y
cuadros, las músicas, los diseños de los set,
la cámara ágil, los flash informativos, los
directos desde el lugar de los hechos, el
establecimiento de secciones como cualquier
programa de variedades y el cierre light, donde
se pasó de la nota cultural final de las
antiguas agendas informativas, a los cinco
minutos con cabezote y vedette propia.
Raiting
vs calidad
En medio de
tanto show, la información es lo de menos, lo
realmente importante es mantener una audiencia
cautiva para marcar muchos puntos de raiting. Y
es que ese es el peligro del raiting, que es una
medición únicamente cuantitativa, pero para
nada mide la calidad de los programas, ni la
verdadera opinión de quienes los ven.
En un estudio
realizado el año pasado por el Observatorio de
Medios de la Universidad de la Sabana sobre
credibilidad en los medios, se observó que la
mayoría de los encuestados prefieren la
televisión como medio para informarse, que ven
los noticieros, que ven las secciones de cierre o
light, pero un 91% de esa audiencia, no cree en
nada de lo que allí se dice, es decir, que lo
que esta audiencia busca viendo los noticieros no
es informarse, las ve para recrearse, como una
guía de actualidad.
En su libro
"Televisión abierta y audiencia en América
Latina", Valerio Fuenzalida expresa que en
Chile, las audiencias frente a los noticieros
sienten que son tontos y superficiales, aunque
los ven.
El mismo
concepto se expresa en "Televisión y
audiencias, un enfoque cualitativo" del
mexicano Guillermo Orozco, donde se concluye de
un exhaustivo estudio de audiencias, que los
mexicanos opinan que hay muchas noticias y poca
información, que no siempre la creen o la
entienden y que son algo para recrearse o estar
enterado; no hay ni siquiera una respuesta de
opinión y muchísimo menos de acción.
Decir que la
gente ve los noticieros, pero que no los ve para
informarse es lo mismo que decir que los
noticieros no están cumpliendo ningún papel
informativo; por el contrario, están
desorientando al espectador al aplanar todas las
noticias bajo el mismo tono de espectacularidad
dada por las formas de show, sin importar ni el
tratamiento, ni el seguimiento, ni el análisis,
ni las consecuencias de lo que se está
informando.
Una televisión
que no informa, a la que no se le cree, que no
forma opinión, que no da que hablar, ni que
pensar, ni que proponer, es una televisión que
no cumple con su real función dentro de una
sociedad. Es absurdo hablar de una televisión
que sacrifica el verdadero sentido de la
información, de reflejo y creación de modelos
de sociedad, por obtener un raiting que permita
mantener al aire unos programas que de todos
modos no cumplen con la función de la
televisión.
La
magnitud del problema
Hablar de dar
menos noticias deportivas y acabar con las
secciones de cierre, o cambiar un programa de
concurso por uno periodístico, con seguridad
produciría la alarma de los dueños de los
medios, afirmando que esto bajaría el raiting
porque "a la audiencia le encanta ver show,
pero se queja de la superficialidad".
Esa es la eterna
disculpa, argumentar que no se producen ni se
ofrece una mejor televisión porque la gente del
común tiene mal gusto y les encanta lo
superficial y sensacional. Y yo me pregunto, ¿Si
eso es lo que están acostumbrados a ver tan
pronto prenden la televisión, porque van a
exigir unos formatos televisivos que nunca han
visto?
La realidad del
problema de la trivialización de las
informaciones no está tanto en que se presenten
notas tontas de chismes o que la mitad del
noticiero se le dedique a los deportes, el
problema está en el desconocimiento por completo
del poder y las características propias
informativas de la televisión.
Se subvaloran
sus posibilidades comunicativas, se prefieren las
formas vacías de un espectáculo porque sí,
para crear sensacionalismo, en lugar de
aprovechar su multiplicidad de lenguajes y sus
moldeables formas narrativas para dirigirse
directamente a la emoción y suscitar propuestas
para hablar, pensar e imaginar en sociedad que es
realmente el objetivo de toda televisión.
La televisión
es emoción no sensacionalismo, eso es lo que han
olvidado los noticieros, las posibilidades de
investigar y conocer a fondo los contenidos de
cada información que les permita descubrir en
cada una, nuevas formas de contar, de encontrar
la problemática, la motivación de las personas
implicadas, los desarrollos de los hechos, las
consecuencias, los seguimientos, los objetivos.
Lo que
trivializa las informaciones es la falta de
investigación, la superficialidad en el manejo
de los temas, la falta de contexto que pueda
mostrar una visión unitaria, humana y global de
cada acontecimiento, unido al desconocimiento del
manejo narrativo del medio.
Así sea la
mujer más despanpanante del mundo la que esté
dando una noticia, si esta se redacta sin tener
en cuenta la mezcla simbiótica de lenguajes de
la imagen, el sonido, los gráficos y la voz de
la televisión sin darle ninguna estructura
dramática emotiva, pierde interés, su mensaje o
contenido seguramente se perderá y el espectador
tendrá que quedarse solamente con mirar a la
niña presentadora.
Por el contrario
una historia bien contada con una motivación
real, con un sentido humano, una intención y un
objetivo usando unas imágenes integradas a un
sonido y un texto revelador, causarán un efecto
profundo y emotivo en el espectador, así la
presente la periodista más seria del noticiero.
Cuando el
espectador quiere informarse realmente no busca
ver el escote de la modelo que da las noticias y
que puede ver en cualquier otro programa de
variedades o en otro momento de la franja
televisiva; necesita conocer su entorno, lo que
le afecta a él y a la sociedad de la cual es
miembro, las historias que lo rodean y de las que
hace parte. Pero si lo que se le da es sólo
show, pues puede que se quede viéndolo, pero se
están anulando sus derechos frente a la
televisión de informarse y educarse, para
quedarse sólo con el de recrearse.
Lo que tienen
que entender los directores de noticiero y los
dueños de los medios es que lo que la audiencia
realmente necesita no son elementos superficiales
de show, sino confianza y credibilidad y estas
con tanto artificio cada vez se pierden más.
Aunque el televidente se quede viendo algo
espectacularmente mostrado, generalmente se sabe
defraudado en su necesidad informativa.
En su libro
Valerio Fuenzalida expone "la expectativa
actual de la audiencia por información en la
T.V. abierta, ya no es sólo por las noticias,
sino por una T.V. como ventana permanente al
acontecer, y con una variedad en géneros que
permita satisfacer las expectativas por
información permanente y oportuna multifocal y
completa"
El reto es
entonces investigativo y creativo, y debe abarcar
no sólo los noticiero, sino la creación de
nuevos géneros, programas y formas narrativas
que beneficien las necesidades informativas de la
sociedad actual y mantengan los niveles de
calidad y audiencia necesarias para mantenerse al
aire.
No habría
entonces ningún problema en tratar temas como la
moda, los deportes, la salud, las costumbres, la
agenda, si son tratados con la investigación, la
oportunidad, el conocimiento, la cercanía y las
narrativas adecuadas, para cubrir las necesidades
de información de las audiencias en esos
aspectos también.
Caer en el
facilismo de trivializar la información para
obtener más raiting, no es sólo grave desde el
punto de vista de la función informativa de la
televisión, es grave porque daña la visión que
la sociedad tiene de si misma porque trivializa
también sus posibilidades de hablar, pensar y
proponer, dejándola en medio de la anarquía de
lo divertido y liviano para evadirse de la
realidad, mientras los problemas aumentan sin
solución.
La televisión
es una caja mágica maravillosa que debe dejarnos
soñar pero con los pies en el suelo.
* Sandra
Ruiz Moreno es
comunicadora social y periodista de la Universidad de la Sabana en Bogotá, Colombia. Esta
comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana
de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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