Análisis en la televisión
española del mal llamado
periodismo especializado en el
"corazón"
Los modernos alcahuetes mediáticos
Carlos
Elías *
Resumen:
El mal llamado periodismo del
"corazón" no es otra cosa que un
eufemismo para denominar lo que en español
siempre ha sido cotilleo de intimidades. Y los
autoproclamados "periodistas del
corazón" no dejan de ser cotillas,
alcahuetes o correveidiles, con el añadido de
"profesional" en caso de que cobren por
esas actividades. En esta ponencia se analiza
cómo en España los periodistas de éxito que
hace años, durante la Transición, se dedicaban
a los temas políticos, han cambiado el
periodismo político por la ahora más lucrativa
profesión de alcahuetes. Las televisiones
españolas han pasado de uno a 17 programas de
cotilleo en 10 años. Ocupan las franjas de mayor
audiencia y, además, generan cotas de pantallas
muy elevadas. El problema se agrava porque estos
cotillas se autodenominan "periodistas"
como parte de una estrategia para disfrazar sus
alcahuetadas en información periodística. La
población llega a confundir ambas actividades no
sabiendo dónde está el límite. El fenómeno
desprestigia ante la opinión pública una
profesión, la periodística, que ya de por sí
tiene muchos detractores. Como formula para
paliar este problema se propone que a los hasta
ahora periodistas del "corazón" se los
denomine eufemísticamente "comunicadores
populares" o, sin eufemismo y usando mejor
el idioma: cotillas, alcahuetes o correveidiles.
Introducción
Una
de las características de la telebasura actual
en España es el incremento de los programas
dedicados a hablar sobre la vida privada de
personajes famosos. Herederos del periodismo
femenino y de cierto sensacionalismo, han pasado
de la prensa del corazón, muy popular en
España, a la televisión.
El primero en
aparecer fue en 1993 Corazón, corazón,
emitido por la Primera Cadena de TVE y conducido
por la periodista Cristina García Ramos.1 Sin embargo, según se
desprende de las audiencias2 de la televisión en
España, se comprueba que de ese primer programa
se llegó en 2002 a nada menos que 17 programas
en los que de una u otra manera se habla
exclusivamente de la vida privada de la gente.
Pero la
cuestión no queda sólo en esos 17 programas,
sino que en estos momentos otros no exclusivos de
esos temas haban también del
"corazón". El fenómeno es
especialmente preocupante en programas con
pretendidos contenidos periodísticos más serios
y que, además, son conducidos por periodistas
que tuvieron un papel relevante como
especialistas en política durante la
Transición. Los ejemplos más relevantes de este
fenómeno son: Sabor a ti, de la
periodista Ana Rosa Quintana (Antena 3) A tu
lado de otro periodista, Pedro Piqueras,
antiguo presentador de Informativos, que han ido
sumando minutos al cotilleo y restándole a otros
asuntos. También el de la periodista María
Teresa Campos, Día a día, que se ocupaba
una media de 36,4 minutos en los famosos, hasta
que Campos decidió en 2003, con mucha valentía
y en contra del criterio de la cadena, dejar de
informar del reality show Gran Hermano.
Por cadenas,
Antena 3 es la que en 2002 dedicó más tiempo al
"corazón": a la semana emitía 13
horas y 23 minutos de estos contenidos, lo que
supuso un 7,9% de su programación. Televisión
Española dedicó 5 horas y 43 minutos a la
semana, un 3,4% de su programación. Telecinco
emitió a la semana una media de 12 horas y 25
minutos, un 7,4% de su programación. Aunque debe
matizarse que esta cadena redujo drásticamente
sus contenidos "rosa", porque en la
temporada anterior, la 2000-2001, el 14,7% de su
programación hacía referencia a la vida privada
de los famosos. En todo el territorio nacional,
en 2002 sólo la televisión autonómica de
Cataluña y la de Castilla-La Mancha, carecían
de este tipo de programas. Además, el problema
se agrava porque las franjas horarias en las que
se emiten suelen ser las de máxima audiencia.
Existen dos tipos de programas del
"corazón". Los amables, como el de
Televisión Española, y los que utilizan la
sátira agresiva y descarnada para hablar de la
vida privada de los famosos. Una estrategia que
comenzó en 1995 cuando Telecinco estrenó su ¡Qué
me dices!
Cotilla,
alcahuete o correveidile frente a periodista
En un debate con
formato de telebasura emitido por la televisión
pública española (TVE) sobre el periodismo del
corazón, se discutía acaloradamente sobre si
los que deben informar sobre esos asuntos tenían
que ser periodistas o podía hablar cualquiera.
El debate, dentro del programa Esta es mi
historia, fue emitido el viernes 25 de julio
de 2003 y conducido por la periodista Ana García
Lozano. Como toda telebasura que se precie, todas
las opiniones, las alocadas y las coherentes,
tuvieron similar tiempo y los insultos fueron la
nota dominante. Por supuesto, tampoco hubo
expertos: sociólogos o profesores universitarios
que centrasen el tema. Aunque prefiero pensar
bien y suponer que los llamarían pero que nadie
quiso acudir por razones de pérdida inmediata de
credibilidad profesional.
El programa fue
un desastre y contribuyó a que la población
tuviera aún una peor imagen del periodismo. Los
periodistas con carrera ni siquiera se ponían de
acuerdo en temas fundamentales. Tras el debate,
los espectadores quedaron más desconcertados que
al principio, aunque ésa es una característica
de los debates telebasura.
Sin embargo, y
como este artículo es producto de una reflexión
sobre este fenómeno, es conveniente exponer al
menos dos o tres ideas sobre este el tan
cacareado debate del "periodismo del
corazón".
En primer lugar,
y para centrar el discurso, hay que recordar que
noticia es aquel hecho novedoso de importancia y
de interés público. Normalmente son asuntos
duros que requieren que la sociedad los conozca
para ejercer su derecho de crítica y, después,
resolverlos o pedir responsabilidades a los
políticos que ha elegido. Una democracia sana se
basa en el periodismo libre. Sobre todo en el
periodismo político y económico libre. Aunque
también se necesita libertad para informar sobre
cultura o ciencia. El periodismo toca temas
serios y no es un entretenimiento ni entra en
frivolidades como la vida íntima de personas o
anécdotas intrascendentes. Otra cosa es que
utilice alguna anécdota para enganchar al lector
a una noticia más dura.
En general, el
periodismo en las democracias debe tener una
función de "perro guardián" o de
contrapoder. Hay veces, no obstante, en que las
noticias no poseen una carga tan dramática, sino
que hablan, de asuntos verdaderamente
intrascendentes.
Desde mi punto
de vista, que puede ser discutido, eso no llega a
la categoría de lo que hoy consideramos
periodismo. Es simplemente cotilleo. Algo muy
sano, si no se hace daño a los demás y no se
ejerce continuamente, pero al fin y al cabo,
cotilleo. Y los que lo practican como forma de
ganarse la vida son simplemente cotillas
profesionales.
El diccionario
de la Real Academia, en su edición de 2001,
define cotilla como "persona amiga de
chismes y cuentos". Chisme es "noticia
verdadera o falsa o comentario con que
generalmente se pretende indisponer a unas
personas con otras". Hay una especificación
para "chisme de vecindad", que es
"lo que versa sobre algo de poca
importancia". Sobre la palabra cuento, la
primera acepción la define como "relato,
generalmente indiscreto, de un suceso". Esta
indiscreción y la privacidad de las personas es,
precisamente, lo que define la palabra cotilla y
la diferencia de periodista. Según el
diccionario de uso del español de María
Moliner, cotilla debe aplicarse a la
"persona que procura enterarse de las cosas
privadas de otros y las cuenta
indiscretamente". Creo que existen pocos
espacios más indiscretos que un periódico o una
televisión. La definición de Moliner sobre el
verbo cotillear también nos aclara bastante:
"Charlar por gusto sobre pequeñas faltas de
alguien o contar cosas que afectan a otros".
Con el paso del tiempo, el diccionario de Moliner
se ha quedado algo desfasado y ahora ese
"por gusto" debería ampliarse a
"por dinero". Retiro lo dicho. Tal vez
no esté anticuado, porque si se cotillea y
encima te dan dinero, suele dar mucho más gusto.
Sin embargo,
creo que se adapta más a lo que se denomina
"periodista del corazón una palabra antigua
-la usaba mucho mi abuela, aunque ya casi no la
oigo-, sonora y de procedencia árabe, como casi
todas las palabras más bonitas de nuestro
idioma. Esa palabra es alcahuete. María Moliner
la define como "persona que va enterándose
de las intimidades ajenas y va contándolas de
unos a otros". No obstante, teniendo en
cuenta que esos alcahuetes modernos van de unas
televisiones a otras y en varias franjas
horarias, tal vez sería más correcto otra
palabra muy ilustrativa de nuestro idioma:
correveidile. Según Moliner, "persona que
va enterándose de cosas privadas de unos y
contándoselas a otras".
Una profesión
que ahora está en alza, porque en la televisión
actual este cotilleo genera audiencia, por lo
tanto da dinero y no es reprochable que la gente
que se dedica a esta actividad reciba un
porcentaje de lo ganado. Lo reprochable es que se
programen estos contenidos.
Pero este
cotilleo sobre la vida de los famosos no puede
considerarse periodismo. Es simplemente, otra
forma de comunicación o de información. Un
profesor que enseña un tema de historia del arte
a través de la radio (se hace por ejemplo en la
UNED), utiliza los medios de comunicación para
transmitir información, pero está claro que eso
es una clase y no es periodismo.
La información
o el cotilleo sobre famosos es similar. Un asunto
distinto, que sí es periodismo, sería que en
lugar de hablar, por ejemplo, de los matrimonios
de Sara Montiel lo hagamos sobre su trayectoria
profesional y redactemos un reportaje sobre por
qué una actriz como ella ya no trabaja. Si para
contextualizar la información, además de hablar
de las condiciones actuales del cine español e
internacional, contamos la anécdota de que Sara
Montiel se tiene que ganar la vida al final de
sus días montando matrimonios falsos y
vendiéndolos a las revistas de cotilleo, puede
que sea pertinente. Pero esas miserias humanas,
no son importantes y, por tanto, no cumplen con
uno de los requisitos para denominarse
periodismo.
La
"espuma de la vida" no es periodismo
La famosa frase
del fundador de la revista Hola, Antonio
Sánchez Gómez, sobre su publicación, resume
sus intereses, que son extraperiodísticos:
"Nosotros cogemos la espuma de la vida. La
espuma no tiene ni densidad ni peso pero
entretiene". Evidentemente ésta no es
ninguna definición de periodismo. El periodismo
no entretiene sino que informa, y no "de la
espuma que no tiene ni peso ni densidad",
sino precisamente de los hechos trascendentales
que sí tienen densidad. Una regla de oro del
periodismo es que lo importante siempre debe
prevalecer sobre lo interesante. Y si Hola,
que se considera unánimemente como la revista
paradigma de lo que es la prensa del corazón,
tiene esos principios, el resto, lo único que
hace es mezclar esto con algo más de
sensacionalismo convirtiendo el cotilleo en
cotilleo sensacionalista que sí es algo dañino.
No deja de ser
un eufemismo llamar a las revistas o programas de
cotilleo como de "corazón". Un
atentado al idioma, digno de crítica de Lázaro
Carreter, e intolerable en una televisión
pública.
Existe un
debate, propiciado por personas que se han
dedicado a esto desde hace tiempo, que sugiere
que este cotilleo, que ellos llaman
"periodismo del corazón", ha bajado de
nivel. Antes se hablaba de casas reales y ahora
de los personajes que genera la telebasura. Puede
que sea cierto pero no creo que sea más digno lo
uno que lo otro. Sólo que cotillear y convivir
entre la aristocracia siempre ha tenido más glamour,
pero no deja de ser cotilleo mediático.
¿Deben
los periodistas dedicarse al cotilleo
profesional?
Respecto a la
polémica sobre si este cotilleo profesional debe
ser ejercido exclusivamente por los periodistas
se dilucida teniendo en cuenta que el hecho de
que, por mucho que este chismorreo esté
revestido de información o de entrevistas y
estén firmadas por licenciados en Periodismo, no
lo convierte en periodismo. Al igual que no
convierte en periodismo la actividad de
teleoperador, muy digna y cada día más
necesaria, aunque muchos de mis alumnos,
licenciados en Periodismo, la tengan que ejercer
porque lamentablemente no encuentran trabajo en
lo que han estudiado.
El grupo de
profesionales que se dedica a este cotilleo puede
escribir bien o mal y puede utilizar en su
trabajo técnicas usadas en periodismo pero,
repito, eso no es periodismo. Por tanto puede
ejercerlo aquel que tenga dotes de cotilla,
alcahuete o correveidile televisivo: desparpajo
ante la cámara, facilidad para hacer amigos en
ambientes de famosos y habilidad para preguntar,
escribir y relatar ante la cámara. Otra
condición indispensable es considerar que
cotillear sobre la vida privada entra dentro de
su ética personal.
Esas dotes las
suelen tener muchos periodistas, y por eso se
dedican a estas actividades, pero también
artistas, cantantes, concursantes de reality
shows, médicos, veterinarios, abogados,
diplomáticos o profesores universitarios. La
empresa productora del programa de cotilleo
deberá decidir quién es mejor alcahuete
profesional y contratará a ése. Pero no puede
hablarse en ningún caso de intrusismo, porque el
cotilleo está descartado de la actividad
periodística y porque, por ahora, no existe
titulación universitaria de "titulado en
alcahuetería" con su colegio profesional
correspondiente que vele por sus derechos de
intrusismo.
Y repito: no es
nada deshonroso ganarse la vida entreteniendo a
la gente como cotilla profesional, si esa
actividad no daña la intimidad ni el honor de
nadie. De hecho, tanto los diccionarios de María
Moliner como el de la Real Academia no recogen de
forma explícita que esas expresiones sean
peyorativas. Tal vez lo peyorativo sea cómo se
ejerce el verbo. Sin embargo, no cabe duda de que
el español, que es una lengua muy rica y sabia,
tiene recursos suficientes para definir
perfectamente cualquier actividad. Y todas esas
expresiones la definen adecuadamente. No
obstante, puede enmascararse esos significados
usando algo prohibido en la correcta práctica
periodística: el eufemismo. En este sentido,
podría proponerse el de "comunicadores
populares o sociales", que como todos los
eufemismos resulta tan general que no significa
nada, pero jamás el de "periodistas del
corazón".
¿Es telebasura
el cotilleo?
Otro
encolerizado debate es: ¿Pertenece el cotilleo
televisado al género de telebasura? Para saberlo
sólo hay que echar mano de la definición de
telebasura. En general, entre sus
características está la de una forma de hacer
televisión centrada en explotar el morbo, el
sensacionalismo y el escándalo como palancas de
atracción de audiencias. Esto puede hacerse
desde un mal ejercicio del periodismo (en el caso
de la crónica morbosa sobre crímenes) y desde
el cotilleo. Pero en ambos casos no deja de ser
telebasura.
Otra
característica insiste en los asuntos que
aborda: alejados siempre de los temas culturales,
científicos y artísticos que han definido el
progreso del ser humano. Se regodea en los temas
zafios, esotéricos y banales. Esto puede hacerse
desde el periodismo sensacionalista y desde el
cotilleo. Salsa Rosa o Tómbola son
un buen ejemplo de ello.
La telebasura
también se define por los personajes que exhibe
y coloca en primer plano: son ignorantes, sin
sensibilidad ni habilidad demostrada y
certificada sobre alguno de los asuntos que ha
favorecido el progreso humano: la música, la
literatura, la ciencia, el cine o la política,
entre otros. Con esta definición también
podría hacerse telebasura desde el periodismo y
el cotilleo. Aunque en este apartado habría que
debatir en qué ha favorecido el desarrollo del
progreso humano la existencia de personajes de la
realeza y la aristocracia que sólo han vivido de
rentas del pasado y de ejercer de aristócratas.
Pero, obviamente, este asunto excede mi capacidad
de análisis.
_____
Notas:
1 Se dedicaba la periodismo
político durante la Transición española.
Retransmitió en directo la salida del Congreso
de Diputados de políticos y militares tras el
golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en
España.
2 VV. AA. 2003. Anuario de la
televisión en España: 2003. Gabinetes de
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Madrid.
__________
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2003. Gabinete de Estudios de Comunicación
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* Dr. Carlos
Elías es profesor de
Periodismo Especializado en la Universidad Carlos III
de Madrid. Esta
comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana
de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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