Mujer y
prensa en Cartagena de Indias
(1900-1930)
Gloria
Bonilla *
Los
saberes históricos en los últimos años están
siendo sometidos a un "proceso de
reescritura que implica una reflexión sobre el
sujeto de la historia".1 Una reflexión a la que
no son ajenos la utilización de la categoría
género, la ampliación semántica del termino
política, la historia del poder concebida de una
manera no institucional, la apertura a espacios
multidisciplinarios y los microenfoques que dejan
al descubierto lo cualitativo, lo específico de
la experiencia humana.
La tendencia
prevaleciente en la historiografía tradicional
de restarle importancia a todo aquello que
significa el tiempo de corta duración, como el
ámbito de la vida doméstica, descalificó
durante mucho tiempo a las mujeres como objeto de
estudio histórico. Las "mujeres quedaron
así escondidas en la historia", en palabras
de Sheila Rowbotham. En esa perspectiva, la
reconstrucción del pasado femenino supone un
cambio de paradigma, entender la historia social
desde una dimensión distinta que considere
"las relaciones desiguales entre hombres y
mujeres como una contradicción inherente a toda
formación social, que se suma a las
contradicciones de clase u otras".2 Se trata de rescribir la
historia planteando nuevos modelos
interpretativos y reformular las categorías de
análisis histórico. Como advierte Michelle
Perrot, es impensable separar la historia de las
mujeres, de una historia general, y porque se
trata, en definitiva, de una historia donde las
relaciones entre los sexos sean contempladas como
entidades sociales, políticas, culturales que no
deben quedar aparte de la historia.3 Las relaciones entre los
sexos se presentan como construcciones sociales.
En el campo de
la historiografía tradicional, generalmente
voluntarista y saturada de gestas de los grandes
hombres, aclamados como depositarios del discurso
histórico y protagonistas del destino de los
pueblos, opuso la Escuela de Annales (surgida en
Francia en 1929) la historia social y económica
que, desdibujando la magnificencia de las
individualidades y de lo episódico, pone el
acento en los encadenamientos y procesos de larga
duración, es decir en las estructuras,
instituciones y sistemas de relaciones sociales
que configuran el soporte y la dinámica
histórica de las sociedades.4 La historia de las
mujeres ha contribuido también a enfocar de modo
más complejo las relaciones sociales.
Historiadoras
francesas agrupadas en torno a Michel Perrot
o Arlette Fargue e italianas en el congreso
de Bolonia de 1988, han pensado las
relaciones entre los sexos como un frágil
equilibrio de poderes y contrapoderes
femeninos y masculinos distinto en cada
sociedad, en la cual la preeminencia
masculina se vería hasta cierto punto
matizada por unas compensaciones materiales y
simbólicas sin las cuales no podría
explicarse la pervivencia de un orden.5
La recopilación
de la historia de las mujeres colombianas cuenta
con cuatro décadas de existencia. Aunque ubicar
una fecha exacta de su nacimiento es una tarea
imposible, podemos decir que las motivaciones que
llevaron a sectores de académicos y académicas
a escudriñar en las formas de vida femeninas a
lo largo de la historia, se remontan a la década
de los sesenta en nuestro país.
Según Patricia
Londoño "El resurgimiento del feminismo en
Norteamérica a finales de la década de 1960 y
el decenio de 1970",6 y que luego se extendió
a varios países de occidente, jugó un papel muy
importante en el surgimiento de los estudios
sobre la historia de las mujeres de América
Latina. El interés por el tema nace entrelazado
con las apuestas políticas y epistemológicas
que lideraban las feministas de estas décadas.
Estas feministas
compartían la urgencia de sacar del olvido a las
mujeres del pasado, su participación en los
eventos importantes de la historia, sus luchas,
sus actividades, sus formas de ser. Explorarlas
en el plano del tiempo les permitiría ubicar la
feminidad fuera de los marcos de la biología y
trasladarla a la vida social y cultural. Por este
camino, se cuestionaría la condición de
inferioridad de las mujeres como un evento
"natural" y se develarían las formas
en que los distintos grupos humanos construyen
las diferencias sexuales.
Por otro lado,
explorar las vidas de las mujeres del pasado
permitiría también entender las experiencias
femeninas en el presente y nutrirlas de nuevos
referentes. Era necesario que las mujeres
construyeran una identidad compartida, unos
horizontes comunes, que les ayudaran a
resquebrajar los imaginarios que las ubicaban
fuera del juego de la vida social. Era necesario
reconocerse como actrices del devenir histórico.
Rastrear la construcción del sujeto femenino en
la contemporaneidad, como plantean Ramos y Vera,
se puede hacer a partir de tres ejes: los
discursos surgidos sobre las mujeres en los
siglos XIX y XX, la experiencia social que éstas
han acumulado a lo largo del tiempo y la visión
del horizonte utópico que impregna los planos
anteriores: el de las formulaciones teóricas y
el de las realidades cotidianas.7
Históricamente,
los discursos han ocultado a la mujer en los
saberes establecidos, la han dejado "sin
voz" en el sistema de normas y valores
patriarcales, o han producido sobre ella una
imagen apegada a la pasividad, interiorizada en
los procesos de socialización y recreada en el
imaginario colectivo, los discursos que
construyen sus representaciones sociales, es
obviar una inmensa laguna en el saber que ninguna
ciencia se puede permitir.8
La Historia de
las mujeres ha llevado a cabo una gran
revolución en la historiografía reciente,9 y ha confluido con las
propuestas más modernas de la Historia social y
la Historia cultural, ensanchando el horizonte de
ambas. En relación a la primera, ha mostrado la
necesidad de ir más allá de la concepción
reduccionista de lo social limitada a la
estructura de clases; en relación a la segunda,
ha evidenciado la relevancia de la construcción
social de las representaciones de la masculinidad
y la feminidad en la distribución del poder
político y cultural, entretejidas estrechamente
con otros discursos y representaciones.10 En ambos casos, la
historia ha sido mostrada como un fenómeno más
complejo y multiforme de cómo era concebida a la
luz de los enfoques metodológicos tradicionales.
Pero además de ello la historia de las mujeres
trabaja de modo multidisciplinar en estrecha
relación con otras ciencias sociales,
coincidiendo así con los planteamientos más
vanguardistas de la Nueva Historia. Es así como
los estudios de género se encuentran en primera
línea en las diversas disciplinas humanísticas.
La
prensa, fuente para la historiografia femenina
La prensa de los
siglos XIX y XX nos permite la reconstrucción,
aunque no total, de las imágenes y
representaciones femeninas a la vez que su
participación en los espacios de la ciudad. La
prensa es una fuente imprescindible en la
recuperación de nuestra memoria colectiva y es
una herramienta útil en la reconstrucción
historiográfica. En ésta se encuentran
representados los movimientos de la ciudad, la
cotidianidad, los prejuicios, costumbres,
discursos, concepciones de la mujer, la familia,
y el matrimonio.
Se ha revisado
la prensa existente en los Archivos Histórico de
Cartagena, Archivo Histórico del Atlántico,
Biblioteca Nacional y Biblioteca Luis Ángel
Arango. Periódicos de pequeño y gran formato
como: El Porvenir, La Época, Diario
de la Costa, Gaceta Judicial, Márgenes,
Mercurio, El Liberal, La Causa
Social, El Liberal, La Patria, La
Unión Comercial, El Penitente, El
Registro de Bolívar, Diario de Bolívar,
poseen espacios dedicados a la reflexión de la
imagen, las representaciones y el quehacer
femenino. Podemos pensar que a los articulistas
de los periódicos les preocupaba hondamente los
cambios que se iban gestando en las condiciones
de las mujeres.
Estos
periódicos se publicaban diaria, semanalmente,
quincenal o mensualmente. Es una fuente muy rica
y ofrece muchas miradas, por ello se hace
indispensable analizarla desde la perspectiva de
género. Hacer la relectura de esta fuente
requiere la formulación de nuevas preguntas y
planteamiento de nuevos problemas, nuevas
metodologías para su abordaje al analizar el
discurso de la prensa desde la perspectiva de la
evolución de las representaciones culturales
relativas a la masculinidad y a la feminidad
articuladas con las relaciones de poder que se
tejen en ellas, y el cómo se incardinan en el
marco de los nuevos modos de vida que se está
construyendo en cada época.
Encontramos
columnas dedicadas a la mujer que le reafirman su
rol de ama de casa, de esposa y madre tales como:
Mujer en el Hogar, Variedades para las
damas, reglas para las damas,
Consejos para la belleza, Reglas de
comportamiento, Recetas de cocina,
Salud femenina, Vida femenina, Para
las damas.
Las columnas
eran artículos que reproducían artículos de
periódicos extranjeros, firmados por mujeres
extranjeras, y trataban temas diversos como el
amor sentimental, la elegancia y la coquetería,
impresiones de viaje, las mujeres y la guerra
europea, la moda parisina, la belleza femenina a
través de las épocas, etcetera.11 Las referencias de las
actividades del feminismo internacional también
estaban reseñadas, por ejemplo el Congreso
Internacional Feminista de 1915.
Aunque las
mujeres de la región no escriben todavía -y las
que lo hacen sus temas los tratan de manera
tradicional ligados a la imagen de mujer del
hogar y sin mayores intereses en la cosa
pública-, ya aparecen temáticas nuevas como la
influencia de la guerra europea en la vida de las
mujeres de aquel continente.
A nosotras
nos corresponde engrandecer espiritualmente
la nación. Si ellos construyen caminos,
edificios, cultivan la tierra, explotan los
bosques, forman y hacen las leyes y
administran los intereses sociales, a
nosotras nos toca proteger la infancia,
cuidar del hogar, ser buenas madres, educar
la adolescencia, salvar la juventud y
culturizar en toda forma nuestra patria. (La
Opinión, Cartagena, 5 de octubre de
1921)
Periódicos y
revistas de Cartagena dedican especial atención
a la "mujer moderna", y las secciones
orientadas al publico femenino son la moda y la
belleza.
Columnas para
desarrollar la destreza en los oficios caseros,
poseen concepciones de la mentalidad de aquel
momento y de los rígidos comportamientos
sociales. Varias mujeres promocionan sus
restaurantes, pensiones y hoteles. Columnas
insistiendo en la necesidad de la educación
femenina, la gimnasia, además es visible el
papel de las mujeres de la elite en las labores
de beneficencia y caridad.
La
prensa como vehículo de educación y de opinión
pública
La prensa se
constituyó el principal vehículo de formación
de opinión pública. Desde su aparición en el
siglo XVII, se convirtió en un medio de
comunicación que no sólo informaba sobre
noticias en general, sino que en ella la columna
de opinión ocuparía un lugar preponderante. Sus
temas preferidos eran discursos sobre el deber
ser de la mujer, la constitución, el sufragio,
la tolerancia religiosa, la libertad civil, la
propiedad, la pena de muerte, los derechos del
ciudadano y la educación pública.12
Los estudios
sobre la prensa del siglo XX sólo en los
últimos años han comenzado a tener presente una
relectura de las fuentes desde la categoría de
género. La propuesta metodológica de la
historia de las mujeres ha sido decisiva, porque
no se trata ya de dedicar un capítulo a los
estudios habituales, sino analizar el discurso de
la prensa desde la evolución de las
representaciones culturales relativas a la
masculinidad y feminidad que conviven a fines del
siglo XIX y XX, así como desde la óptica de las
relaciones de poder político que se tejen con
ellas, contextualizándolas en el marco de los
nuevos modos sociales que se estaban construyendo
en esa época.
Aunque en
Colombia se registra su aparición hacia fines
del siglo XVIII, sería en el siglo XIX como en
toda Iberoamérica, después de la Independencia
de 1810, cuando la difusión de periódicos
ocurrió en gran escala, y recogía en sus
páginas los grandes temas de la discusión
alrededor de los cuales se formulaban juicios y
opiniones. La educación, los oficios, los
discursos y las imágenes constituyeron uno de
los temas de la prensa.
Desde algunos
periódicos regionales se trató el tema de la
educación de la mujer, muy ligada a la
preocupación por la educación del pueblo. Y se
empieza a insistir en la educación femenina.
Desde 1899 el secretario de Educación Pública
de Bolívar, Carlos Gastelbondo, se muestra
"interesado en mejorar el estado de la
educación que atraviesa por una situación
deplorable para las mujeres"13 y propone la fundación
de una Escuela de Artes y Oficios y una Escuela
de Obreras, con el objetivo de procurar la
"formación de hombres de trabajo y mujeres
útiles, así se tendrán mujeres aptas para
hacer su legitima misión y ciudadanos
laboriosos".14 Un cronista local
manifiesta lo positivo que resulta esta propuesta
del gobierno porque "contribuye a
independencia y el bienestar de la mujer,
ensanchándole los medios dignos de atender su
subsistencia y la de su prole, porque además
muchas de nuestras mujeres están solas con la
crianza de sus hijos".15
En La Época se
reconocía que subsistían costumbres que
relegaban a la mujer a no tener instrucción y a
vivir en un estado de tutelaje permanente; se
atribuía a las influencias todavía presentes
del colonialismo español, que situaba a la mujer
en prácticas preferentemente religiosas.
Aludiendo a los cambios que se estaban realizando
en el ámbito de la educación, se expresaba:
Hoy en día
todas las preocupaciones que eran hijas de la
ignorancia se han superado, hemos comprendido
que la educación de la mujer contribuye de
manera poderosa al perfeccionamiento de la
sociedad, esa vieja postura llevaba al
abandono y a considerar a la mujer siempre en
condición de tutelaje eterno que el pasado
ha condenado.16
El artículo se
extiende en dejar la evidencia de la situación
precaria y desvalida en que se encuentra la
mujer, porque no se le da herramientas para que
pueda valerse por sí misma:
La debilidad
de la mujer: he ahí la razón que se ha
tenido presente para sujetarla a ese pupilaje
que la ha privado de los bienes de la
civilización; debilidad mal entendida desde
que la naturaleza dotó a cada uno de los
seres de medios proporcionales a sus
necesidades; si la creemos débil, hay que
empezar por hacerla fuerte, armándola con
todos los conocimientos a propósito que
pueda valerse por sí misma, no la dejemos
abandonada a la eventualidad de encontrar un
protector, haced de ella un ser
independiente. La mujer hasta ahora sólo
encuentra restricciones, obstáculos,
limitaciones para acceder a la educación.17
El párrafo
anterior podría considerarse un escrito
feminista y seguramente la persona que lo
escribió -un hombre- estaba bastante lejano a
esos postulados. Al reconocer la debilidad como
un hecho cultural, de las "costumbres"
y no como presupuesto natural, está enfrentando
claramente las bases del orden patriarcal. El
reconocimiento de las oportunidades de desarrollo
de los hombres frente a las restricciones que
tiene la mujer, nuevamente sitúa la relación
entre hombres y mujeres en una construcción
cultural, dicha en términos actuales: en una
relación de género.
Dos años
después encontramos otro artículo en la prensa
refiriéndose a lo que ocurre en la región y en
el país respecto a la educación de la mujer y
al tipo de educación que se le debía entregar.
Se hace evidente que el contenido de la
educación impartida a las mujeres y a los
varones era diferente:
Con hondo
pesar veo que a las mujeres sólo se les
enseña costura, pintura, música y bordados.
Debería enseñárseles a desarmar un reloj y
arreglarlo, a manejar máquinas de escribir y
los tipos de imprenta, hay muchos oficios que
podrían ejercer las mujeres pero que hoy
están siendo monopolizados por los hombres.
Ellas reciben una educación deficiente. Vida
de trabajo incesante, privaciones, miseria,
vejez, hambre, es el destino de la mujer
entre nosotros. Obligadas a estar bajo la
tutela del padre y después de un cruel
marido que la somete, y ella, por no estar
capacitada debidamente, doblega la cabeza y
actúa con sumisión y obediencia.18
En otro
periódico y en palabras de otro articulista se
decía:
Los
establecimientos de educación para la mujer
que tenemos hoy son sumamente incompletos:
lectura, escritura, nociones de gramática y
aritmética, ejercicios de labor, es lo
único que se les enseña y esto no basta
para constituir una educación que pueda
salvarla de la cruel alternativa en que se
encuentra: entre la miseria y el vicio.19
Llama la
atención la referencia que se hace al currículo
de las escuelas de niñas, quizá tan precaria
como la de niños, pero pareciera entenderse que
las niñas necesitan una educación especialmente
completa que permita enfrentar la "miseria y
el vicio" a que están expuestas.
En la prensa se
pondera la educación moral femenina, como
conducente a la formación de la mujer como
madre, esposa e hija a diferencia de lo que se
plantea para los varones a quienes "conduce
a la formación del ciudadano, defensor de la
organización republicana y de los beneficios de
la libertad".20 Se insiste en una
necesidad:
Sin la
educación de la mujer no vemos más que
vicio y desolación. Hay que instruirla hoy
porque mañana serán esposas y madres:
educadas, apreciarán la educación;
virtuosas, amarán la virtud. Como esposas y
como madres inculcarán a sus maridos y a sus
hijos las lecciones que han recibido. En la
educación de la mujer está comprendido el
progreso de la humanidad: trabajemos por
conseguirla.21
En este texto ya
se identifica un presupuesto en la base de la
valoración de la educación de la mujer: se
identifica a la mujer como un agente educativo
primordial en la regeneración de las costumbres,
desde su rol maternal en la crianza y formación
de los niños en la familia.
Hemos insistido
que uno de los espacios en que empieza a emerger
la mujer es la educación. Senen Benedetti,
director de Instrucción Publica de Bolívar,
consideraba la educación de la mujer
más
necesaria que la del hombre; ella la necesita
para suplir por medio del desarrollo de sus
facultades intelectuales la fuerza de que fue
destituida al ser destinada para hacernos
compañía y endulzar nuestra vida de lucha y
afanes; ella la necesita tanto más cuanto
que, encargada de transmitir ideas desde la
cuna, forma en el hombre una segunda
naturaleza por la educación que suministra
en los primeros años, que interesa por
consiguiente que sea bien dirigida y repose
sobre la base sólida.22
Estos
planteamientos hacían recibir con patriótico
alborozo el funcionamiento de la Escuela Normal23 de mujeres de Cartagena,
pero sobre todo porque su creación era vista
como un logro alcanzado en el camino de la
anhelada ilustración deseada por todos los
habitantes del Estado de Bolívar. De ahí la
perentoria recomendación de aprovecharla
"útilmente",24 ya que el objetivo
principal del gobierno de Colombia,
aprovechándose del saludable ambiente de una
consoladora paz, así como la buena voluntad y
disposición de todos los republicanos, es
propender por todos los medios posibles a darle
expansión a la instrucción publica25 y que esa instrucción
pública cubra también a las mujeres.
En otro
artículo de Márgenes,26 años después,
se hace ver que la instrucción promueve los
intereses materiales y morales de la sociedad; al
referirse a los intereses morales, se comienza a
hablar de la educación de la mujer. Esta
identificación de la mujer como garante de los
valores morales de la sociedad será una
constante que acompañará las argumentaciones a
favor de la educación de ésta. "La
moralización a través de la educación, será
un elemento central tanto de la educación del
pueblo, como, específicamente, de la educación
de la mujer".27
Temas como el de
la instrucción de la juventud, de las mujeres y
del pueblo como aspectos primordiales para la
preparación de las clases populares y para el
trabajo útil y productivo, se convirtieron en
una constante para la opinión pública de la
época.28
Los debates
controvertidos sobre la importancia o no de la
educación femenina muestran diferentes posturas
en torno a la conveniencia o no de la educación
de la mujer. La mayoría de los articulistas y
los participantes en la controversia son varones,
propugnan porque la mujer deje la dependencia
absoluta del hombre y tenga capacidad de
autosostenerse. Al respecto, Luis Salas,
instructor de Instrucción Publica en 1918, dice:
El hombre o
la mujer incapacitados de conseguirse una
vida independiente con las manos o con el
cerebro, estará siempre merced a las
circunstancias. Cada día que pasa nos
acercamos más a prescindir de esas muñecas
de salón, y no ha de tardar aquel día en
que las jóvenes se avergüencen de no tener
un propósito en la vida, único medio para
respetarse así misma. Donde quiera que
volvamos la vista vemos jóvenes viudas con
hijos cuyos maridos mueren o las abandonaron
sin dejarles capital, otras madres solas con
sus hijos, que subsisten en medio del hambre
y otras que viven la tragedia de la
dependencia de padres o hermanos. La mujer
instruida, virtuosa y trabajadora se basta
así misma para vivir en la abundancia y es
el sostén de su familia. No ha menester que
el hombre le arroje un vestido o un pan. La
mujer, hasta que no obtenga una preparación
inteligente, no resolverá sus problemas.29
Estas ideas
expuestas podrían parecer extrañas en una
sociedad conservadora y patriarcal, donde la
mujer estaba efectivamente dependiente y sometida
a las figuras masculinas que debían velar por
ellas (padre, hermano, tío, esposo, hijo). Es
muy significativo este artículo al plantearse
directamente el meollo de la cuestión de género
en el ámbito educativo: la mujer debe recibir
una educación que le permita ocupar los espacios
que ocupa el hombre. Por una parte debe estar
preparada para ello, ahí el rol de la
educación; por otra parte debe dejar que esos
espacios sean ocupados también por mujeres. En
términos prácticos y aludiendo a la
instrucción de las escuelas, se expresa:
Para la
enseñanza de la mujer, la economía
doméstica debe extenderse a la economía
general; debe extenderse a la enseñanza
práctica de alguna profesión o industria.
Con un conocimiento así la pudiente sabrá
mandar (si no quiere o no tiene necesidad de
ocuparse) y la pobre sabrá ganar su vida con
libertad y desahogo.30
Y termina el
artículo con las siguientes líneas:
No basta
enseñar a una mujer el modo de gobernar una
casa; es necesario enseñarla el modo de
adquirir esa casa. No basta darle reglas para
economizar el dinero; es preciso enseñarle a
adquirir ese dinero.31
A partir de la
década del veinte, en la prensa se empieza a
abogar por la educación de la mujer de manera
más decidida. En 1920, Ilva Camacho, editora de
la Revista Hogar,32 convocó a las
mujeres para luchar por mejorar sus oportunidades
educativas, y llamó a que los estudios de la
mujer estuvieran de acuerdo a la demanda laboral:
era "necesario abogar por su educación y
mostrar a la nación la necesidad de cambiar la
situación de la educación femenina y acabar con
la ridícula desproporción que hay entre las
inversiones que hace la nación en la educación
del hombre y la mujer".33
En los
artículos del periódico La Patria, desde
1912 se reivindicaba la importancia de la
educación para las mujeres:
Mientras las
mujeres no sean libres, la madre esclava,
dará hijos esclavos. Pero la libertad de la
mujer no está en el derecho de hacer cuanto
se le antoje, sino en la seguridad que le
rodea. Para ayudar a la mujer en su avanzada
conquista de la vida, hay que rodearla de un
respeto tan amplio que no tenga ocasión de
excederse en la defensa.34
En la prensa de
los años 20 continúan apareciendo artículos
insistiendo en la necesidad de educar a las
mujeres. Julieta Gómez escribe: "La
presencia de las mujeres en las aulas puede hacer
más que muchos discursos y conferencias, es
necesario que se eduquen para un mayor beneficio
de la sociedad". En Barranquilla, la
Asociación de Empleadas del Comercio apoyaron la
importante campaña encabezada por Isabel
Pinzón, donde planteaban: "Cuando la mujer
sea capaz de ganarse la vida, el matrimonio no
será urgente necesidad económica sino
aspiración del alma".35
A pesar del
ambiente favorable vivido en torno a la
educación de la mujer no faltaron las voces
criticas en contra de los artículos de Georgina
Fletcher y de la Liga Internacional de Mujeres
Ibéricas, presidida en Colombia por ella, y
propuso en Cartagena un congreso para 1927 al que
obviamente la sociedad local se opuso
vehementemente, argumentando que
esas
mujeres, que más parecían varones,
deberían cortársele el paso y no permitir
que hicieran el mentado congreso en la
ciudad, porque ello iría en contra de la
familia, la sociedad y la mujer que tenía
como destino el ser madre y esposa.36
En el contexto
de Cartagena, la prensa da cuenta de la
institución educativa en relación a la mujer,
además de las formas de evaluación, las
clausuras escolares, el pensum académico, nombre
de profesores y profesoras, publicaban las
calificaciones de los estudiantes, convocatorias
para los exámenes de grado en el que los
métodos memorísticos de la educación dicen de
un modelo educativo que respondía a las
exigencias de la época.
Las materias que
regían en los colegios femeninos eran: historia
universal, religión, lectura, caligrafía,
aritmética, castellano, geografía, pedagogía,
piano, violín, canto, prácticas de lavado,
planchado, cocina, educación física, urbanidad.
La prensa era el
único medio de divulgación que con sus anuncios
informaba sobre la educación de las mujeres, sus
oficios. Por otro lado, la prensa oficial
publicaba listados de estudiantes mujeres,
directoras, maestras, becarias.
La
caridad y la beneficencia, asunto de mujeres
Una revisión de
la prensa en la época muestra que en relación
con la filantropía, las mujeres de la elite
urbana fueron quienes participaron de manera
notoria en la beneficencia y la caridad pública
apoyando con su labor y dinero el funcionamiento
de escuelas, orfelinatos, ancianatos, hospitales,
cárceles y otras instituciones de caridad. La
caridad se estableció como instrumento de
perfeccionamiento espiritual y se canalizó a
través de estas instituciones. Se debe tener en
cuenta que este tipo de trabajo no era de gusto
de los varones, porque la remuneración era muy
baja o inexistente y porque implicaba ayudar a
los sectores más pobres y desfavorecidos de la
sociedad. Parece ser que para los gobiernos de
los países estas actividades asistenciales que
desarrollaban tanto los miembros de la iglesia
como algunas mujeres eran valoradas por cuanto
lograban "aliviar" dolencias de la
sociedad a bajo costo y sin mayores riesgos de
llegar a cuestionar la estructura social.
En Colombia, al
igual que en Europa a fines del siglo XIX y
comienzos del XX, las opciones de las mujeres de
la elite eran casarse, entrar al convento o
dedicarse a otras personas, dar su amor al
prójimo, dedicarse a la acción social, puesto
que la actividad benéfica es para las jóvenes
solteras la entrega a los demás como
sustitución de la dedicación a los hijos y
familiares.
La beneficencia
fue un espacio de socialización para las damas
de la elite. Además del espíritu de
solidaridad, algunas mujeres se dedicaban a esas
obras aprovechando salir de sus casas, figurar y
tener protagonismo en la ciudad. Entre otras
tareas ayudaban a los niños y niñas huérfanos,
viudas, madres abandonadas y madres solteras.
Beneficencia y
caridad son oficios que giran en torno a las
mujeres. En Cartagena, desde 1882, el cubano
Francisco de Balmaceda funda la Nueva Colombia y
la Sociedad de Hijas de Maria, ambas sociedades
de beneficencia de señoras del Estado de
Bolívar y tenían como fin:
"Socorrer
familias pobres proporcionándole alimentos y
trabajo. Dar medicinas a personas que padecen
de enfermedades contagiosas. Tratar de fundar
un hospital para ambos sexos".37
Y durante el
siglo XX continúan haciendo obras de caridad con
el apoyo de los párrocos de las iglesias de
Santo Toribio, Santo Domingo, San Pedro Claver y
La Tercera Orden.
Conclusiones
El primer
resultado de las pesquisas ha sido efectivamente
encontrar que la prensa local es un filón de
gran fertilidad para el estudio histórico de las
mujeres en el periodo propuesto.
Señalo la
importancia de la prensa y cómo ella pulsa las
variaciones en el interés de la sociedad por la
suerte de las mujeres. Y si bien una buena parte
de los periódicos reaccionaron en contra de los
aires de cambio que trajo el siglo XX, y buscaron
reforzar los roles y valores tradicionales, otros
periódicos y sus articulistas trataron de
abrirle paso a la "mujer moderna" y a
las discusiones y debates que sobre el papel de
la mujer en la sociedad se estaba impulsando en
Europa y EEUU.
La prensa fue
utilizada como medio de enseñanza,
representaciones e imaginarios que influyeron
decididamente en la construcción del "deber
ser" femenino. Sobre los hombros de las
mujeres descansaba la defensa del hogar y de la
patria, se le llamo el "ángel del
hogar" y reforzó la imagen de pureza,
candidez, y sumisión.
_____
Notas:
1 Maria Dolores Ramos y Maria Teresa Vera
(coordinadoras) Discursos. Realidades y
utopías. Barcelona, Antrophos, 2002, pag 7.
2 Sara Beatriz Guardia. Un
acercamiento a la historia de las mujeres.
Lima, CEMHAL, 2002, pag 12.
3 Michelle Perrot. La historia de las
Mujeres. Tomo 4, Taurus, Madrid, pag 8.
4 Luz Estela Rodas.. Las mujeres
colombianas en la segunda mitad del siglo XIX.
2001. Sin publicar. Pag 7.
5 Georges Duby y Michelle Perrot. Historia
de las Mujeres tomo IV Madrid, Taurus, 1993
pag 23.
6 Patricia Londono. "Publicaciones
periodicas dirigidas a la mujer en Colombia
1858-1930" En: Magdala Velásquez. Las
mujeres en la Historia de Colombia Tomo III,
Bogota, Norma, 1995. pag 351-377.
7 Ramos y Vera. Op Cit, pag 7, 8.
8 Cinta Canterla. Lenguaje y poder en el
siglo XVIII: La voz pública y la polémica entre
los sexos. En Debates y Perspectivas. Fundación
Tavera, Madrid, 2001. pag 2.
9 G. Gomez-Ferrer (ed): Las relaciones
de género Marcial Pons, Madrid, 1995. Carmen
Ramos. Genero e Historia . Instituto Mora,
México, 1996.Gisela Bock Historia de las mujeres
e Historia de Género en Historia Social, #
9, Madrid, 1991, pag 55-77. James Amelang y Mary
Nash. Genero e Historia: Las mujeres en la
Europa Moderna y Contemporánea Valencia
(España) Ediciones Alfons El Magnanim, 1990,
pags 23-56.
10 Cinta Canterla. Mujer y Prensa en el
siglo XVIII. Mimeografiado, 2002, pag 9.
11 La moda al día de la feminista
española Carmen de Burgos. El Porvenir,
Cartagena, Nov 16 de 1920.
12 Luis Alfonso Alarcón y otros. Educación
y Cultura en el Estado Soberano del Magdalena
1857-1886. Barranquilla, Universidad del
Atlántico, 2002, pag 225.
13 AHC Registro de Bolivar,
Cartagena, Abril 10 de 1899.
14 AHC. Registro de Bolívar.
Cartagena Abril 10 de 1899.
15 AHC. El Porvenir. Cartagena,
Julio 20 de 1900.
16 AHC. La Época, Cartagena,
diciembre 4 de 1911.
17 AHC. El Porvenir. Cartagena
Noviembre 4 de 1908.
18 Biblioteca Luis Angel Arango. La
Opinión Cartagena, Enero 4 de 1910.
19 Biblioteca Luis Angel Arango. El
Grafico. Cartagena, Junio 6 de 1910.
20 Archivo Histórico de Cartagena. El
Porvenir, Junio 1 de 1899, 1901.
21 Biblioteca Luis Angel Arango. El
Progreso Agosto 6 de 1905.
22 Archivo Histórico de Cartagena. El
Porvenir. Cartagena Julio 2 de 1899, pag 3.
23 AHC. La Escuela Normal es fundada en
1873 bajo la dirección del alemán Julio
Wallner. Gaceta de Bolívar, Cartagena, Noviembre
25 de 1873.pag 3
24 AHC. Gaceta de Bolívar. Cartagena,
Noviembre 29 de 1873.pag 76
25 AHC Gaceta de Bolívar. Cartagena,
Diciembre de 1873, pag 13
26 Biblioteca Luis Ángel Arango. Márgenes.
Cartagena, Julio 8 de 1907.
27 Maria Loreto, Cecilia Salinas, Iván
Núñez. La escuela primaria y las niñas del
pueblo en el siglo XIX en Chile. En: Revista
de la Academia, Santiago de Chile, 2000, pag
152.
28 Véase: Alarcón Luis y otros. Educación
y Cultura en el Estado Soberano del Magdalena
(1857-1886) Barranquilla, Universidad del
Atlántico, 2002, pag 225.
29 AHC. La Epoca Cartagena, Abril
13 de 1918. pag 4.
30 Biblioteca Nacional. La Opinión. Cartagena
Noviembre 1916.
31 Biblioteca Nacional. La Opinión. Cartagena,
Noviembre 1916.
32 La Revista Hogar es fundada en
1926 por Paulina Nieto, dirigido por la
santandereana Ilva Cmacho de quien se decía
tenía un "estilo Varonil", como
suplemento del periódico El Espectador,
ese mismo año un grupo de mujeres de la elite
antioqueña fundan la revista Letras y Encajes
con el fin de ofrecer en Antioquia una nueva
visión de los progresos intelectuales de la
mujer y la necesidad que tiene la mujer de
instruirse y adquirir conocimientos sobre la
época actual. Lucy Cohen: colombianas en la
vanguardia. Medellín, Universidad de
Antioquia, 2002, pags 5,6.
33 Lucy Cohen Idem, pag 6.
34 Archivo Historico de Cartagena, La
Patria, Cartagena 2 de Agosto de 1912.
35 Archivo Historico del Atlantico, La
Prensa Barranquilla 2 de Diciembre 1928.
36 Biblioteca Luis Ángel Arango El
Porvenir Barranquilla 1928 El Tiempo, Bogota,
12 de Abril de 1928
37 AHC. El Porvenir. Cartagena
Enero 20 y 27 de 1882.
* Gloria
Bonilla es historiadora
de la Universidad
de Cartagena, en Colombia.
Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana
de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce (resumida) en SdP con la autorización de los
organizadores.
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