Relaciones
peligrosas: gobierno y medios
durante la época fujimontesinista en Perú
(Y de cómo un vídeo expuesto en
los medios trajo abajo un régimen)
Ruby
Violeta Cubas Urbina *
En el
presente trabajo se busca establecer cuál es el
modo de hacer periodismo en Perú hoy en día y
para que puedan entenderse las características
de este ejercicio profesional se hace un breve
resumen acerca del contexto político, económico
y social que vivió el país en épocas de
dictadura, en la transición y a la vuelta de la
democracia.
La razón de
este análisis es porque la situación que
atraviesa un país se corresponde con el modo de
hacer periodismo, profesión que adopta
determinadas formas o características de acuerdo
al régimen vigente.
Así por
ejemplo, no es lo mismo hacer periodismo en una
dictadura porque regirá la censura previa y
será el gobierno quien decida qué es o no
noticia y que se publica o no en los medios.
Luego, como consecuencia de ello, al volver a la
democracia lo primero que reclamarán los
periodistas será la libertad de expresión.
Este trabajo es
teórico, aunque también cuentan las propias
valoraciones del autor. Se usan como fuentes, por
tratarse de la historia reciente y cuyo apartado
aún no se cierra, testimonios de periodistas de
este país que han sido publicados en portales
internacionales como el del Centro Internacional
de Prensa de la Universidad Internacional de la
Florida, la página web de Reporteros sin
Fronteras o la Sociedad Interamericana de Prensa.
La historia lo
explica todo. Como ya se anotó, la situación
política, económica y social que vive un país
se corresponde con el modo de hacer periodismo,
por ello es necesario explicar los antecedentes
que marcan las actuales características del
periodismo peruano que después de una etapa
dictatorial pasó una corta transición y ha
vuelto a la democracia aunque nuevamente el país
atraviesa una crisis política que amenaza por
consiguiente a la prensa.
La década
pasada, considerada hoy por los críticos y
estudiosos como una época de dictadura sin duda
marcó a la prensa. Durante la época
fujimontesinista (1990-2000) la prensa peruana
vivió una de sus más duras épocas. Pero es
bueno resaltar que se dieron las dos posiciones:
oposición y oficialismo. Hubo periodistas que
lucharon por mantener la independencia que debe
caracterizar esta profesión y quienes
simplemente claudicaron y hasta vendieron sus
conciencias o pusieron sus medios a disposición
del gobierno a cambio de miles de dólares y
algunos favores.
Al respecto, la
Doctora Rosa Zeta Pozo, catedrática de la
Facultad de Comunicación de la Universidad de
Piura, en su artículo «Perú: sombras y
desafíos de los medios de comunicación en
período electoral», publicado el 7 de abril del
2000 en la página del Centro Internacional de
Prensa explica: «Nuestros medios parecen estar
divididos en dos grandes grupos: un grupo pro
Gobierno (aparentemente independientes), y los
independientes que generalmente son calificados
por contraste como los de la oposición, y que en
algunos casos se han alineado en esa
categoría».
Por su parte,
Fernando Yovera, periodista peruano, exiliado en
los Estados Unidos que desde 1993 es productor
del programa «Ocurrió así» de la cadena
Telemundo en Miami, anota en su artículo «Y
aquí no pasa nada», publicado el 4 de octubre
de 1999, en el mismo portal: «Finalmente el
«Rasputín Peruano» (así o como el «Doc» se
le conocía a Vladimiro Montesinos, asesor del
Presidente Alberto Fujimori y jefe del Servicio
de Inteligencia en las sombras) a creado el arma
final para la destrucción de la libertad de
prensa en el Perú, esto es una prensa lumpen a
sueldo del gobierno, más de media docena de
diarios tabloides que se dedican a la ingrata y
bien remunerada misión de ser los perros de
presa del régimen contra sus opositores, plumas
y opiniones mercenarias vendidas al mejor
postor».
Así, opositores
y las denominadas «geishas» (término que se
acuñó para denominar de manera despectiva a la
prensa que obedecía al gobierno por similitud
entre las verdaderas geishas y su sumisión a los
japoneses -origen del presidente-) o «prensa
servil» convivieron durante el decenio
fujimontesinista en una batalla que no solo los
enfrentó con el régimen sino incluso entre
ellos pues no faltaron los medios
condescendientes con el gobierno que montaron una
campaña de desprestigio desde todo frente contra
medios y periodistas independientes.
La doctora Zeta
agrega en su artículo «Existe una denuncia
sobre la vinculación económica y de contenido
editorial de numerosos periódicos tabloides de
tipo sensacionalista, según sus propios
periodistas, con los servicios de inteligencia
del Estado al servicio del Gobierno; con el
propósito de realizar campañas de desprestigio,
difamación y agravios tanto contra políticos
opositores al régimen del Presidente, como
contra periodistas independientes».
Jorge Salazar
Cussiánovich, director ejecutivo del Instituto
Prensa y Sociedad, en su artículo «Los
diablos de la prensa peruana»
publicado en setiembre de 1999 en el mismo portal
explica como se llegó a esta situación. Cuando
en abril de 1992 el presidente Fujimori dio el
autogolpe, se inició un proceso de intervención
y copamiento de las instituciones del Estado.
Inicialmente el sector más afectado fue el de
Justicia. Este proceso, que entre 1995 y 1996
logró su consolidación, trajo como consecuencia
la pérdida de credibilidad de la ciudadanía en
la justicia.
«El sentimiento
de inseguridad jurídica se generalizó en la
población. La libertad con la que hasta entonces
pudo desenvolverse la prensa, hizo que los
periodistas pasaran a cumplir el papel
fiscalizador que las instituciones del Estado no
cumplían, y a la vez, convertirse en los
canalizadores de muchas de las quejas y denuncias
de la ciudadanía... Adicionalmente, la
corrupción y el accionar siniestro del Servicio
de Inteligencia Nacional (SIN), -que incluyeron
espionaje telefónico contra políticos y
periodistas, atentados y asesinatos incluso
dentro de las propias filas del SIN a aquellos
agentes identificados como fuentes de la prensa-,
fueron materia de documentadas investigaciones
periodísticas que minaron las relaciones entre
el gobierno y la prensa. En 1997, según informe
del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), se llegó
al peor momento de estas relaciones, siendo su
expresión más saltante, el retiro de la
nacionalidad del empresario Baruch Ivcher y el
despojo del manejo de su canal de televisión
poco después de destapar el escándalo del
espionaje telefónico por parte del SIN», anota
Salazar.
En el mismo
artículo sigue contando: «En abril de 1992,
cuando el autogolpe, hubo un primer «campanazo»
de alerta respecto de lo que ocurría con la
prensa independiente y los medios. El mismo día
del golpe, todos los medios fueron ocupados por
efectivos militares que controlaron las
informaciones que aparecían al día siguiente.
El periodista Gustavo Gorriti, fue secuestrado en
su domicilio por efectivos militares y trasladado
a un cuartel militar, en el que permaneció en
calidad de desaparecido al no reconocerse su
captura. Fue gracias a la actuación enérgica y
decidida de una embajada extranjera que Gorriti
no pasó a engrosar la larga lista de detenidos
desaparecidos en el Perú, y hoy reside en
Panamá».
Ocurre que las
noticias de intimidación, acoso, atropellos,
denuncias, secuestros, encarcelamientos y cuando
no muertes de periodistas se convirtieron en el
pan de cada día durante la vigencia de un
gobierno acostumbrado a lograr sus intereses y
perpetuarse en el poder a todo coste.
Así lo reseña
por ejemplo Ricardo Uceda, jefe del equipo de
investigación del diario El Comercio de Lima en
su artículo «Perú: Cuando la verdad es una
bomba» publicado en la página web del Centro
Internacional de Prensa. «En efecto, a partir de
1992, cuando se hizo dictador al clausurar el
Congreso, la principal lucha de Fujimori no ha
sido contra la oposición, que pese a su denuedo
nunca logró hacerse de una mayoría popular para
derrotarlo. Fue contra la prensa independiente,
un pequeño grupo de medios y de periodistas que
podía revelar lo que había de repulsivo en su
régimen, cambiando el ánimo social permisivo a
su gobierno. En vano este sector fue ferozmente
atacado por el Servicio de Inteligencia Nacional
(SIN), dirigido por Vladimiro Montesinos. Los
momentos más impopulares de Fujimori no
estuvieron originados por movilizaciones, o
paros, o derrotas parlamentarias. Fueron
investigaciones periodísticas. Simple y
llanamente noticias».
Por su parte
Valenzuela lo cuenta de la siguiente manera: «A
las amenazas de muerte, llamadas intimidatorias,
campañas de desprestigio, intimidación y
eliminación de las fuentes, se han sumado en los
últimos tres años, un atentado dinamitero
contra las instalaciones de un canal de
televisión en Puno, la usurpación de un canal
de televisión de cadena nacional en Lima y la
cancelación de algunos programas
periodísticos».
Mientras que
Fernando Yovera lo recoge así: «Montesinos ha
tejido una siniestra tela de araña alrededor de
los medios, por lo que con pocas y honrosas
excepciones, la libertad de prensa en el Perú se
ha limitado al punto de que todo aquel que
expresa ideas u opiniones contrarias al dictado
del gobierno, se expone enfrentar la ira de este
y de sus esbirros».
La situación
era nacional, la vivían los hombres de prensa
tanto de la capital como de las provincias. Lo
peor es que no existía escapatoria o alternativa
de solución pues el gobierno controlaba todas
las instancias de poder y hacía caso omiso de
quienes trataran de controlarle, sugerirle o
fiscalizarle como por ejemplo la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) contra la que
montó también una campaña de desprestigio.
Y mientras esto
ocurría con los hombres de prensa el gobierno
hacía y deshacía del país: privatizaba
empresas de manera irregular, compraba políticos
para lograr gobernar sin freno, robaba al tesoro
público, hacía compras ilegales de armas y
mantenía una política de terror y sangre
matando a diestra y siniestra a todo aquel que se
le opusiese a sus intereses.
Por ello, el
periodista Yovera se expresa de la siguiente
forma en su artículo: «El Perú, al que una vez
un escritor local llamó: «país de las
maravillas», vive una era en que todo es
posible, donde desde hace casi 10 años un
autócrata de adusto rostro oriental gobierna con
mano de hierro, con un congreso de goma, un poder
judicial domesticado y fuerzas armadas
controladas por palaciegos generales de
opereta... En este país, por lo tanto, vivimos
una versión de lo mismo de siempre, pero con una
diferencia: Esta vez el envoltorio está decorado
con los bellos colores de una democracia virtual.
Parece democracia, suena a democracia, pero no lo
es. Hay leyes e instituciones que parecen ser lo
que no son, controladas por «Comisiones
Ejecutivas» designadas a dedo por el Presidente
de la República, y cuyos miembros son rehenes
permanentes de sus propios miedos y sus
conveniencias personales. Sirven al placer del
mandatario y dirigen permanentes procesos de
«reorganización» que les permiten torcer la
ley para ponerla a l exclusivo servicio del
poder».
No era posible
el periodismo de investigación como un sistema
de fiscalización pública. Aquel periodista o
medio de comunicación que osara
"husmear" en los asuntos de gobierno
simplemente empezaba a ser acosado, intimidado,
terminaba encarcelado o tal vez asesinado. Y como
si esto fuera poco los propios colegas pero que
se habían vendido al régimen empezaban las
campañas de desprestigio. Aún así como lo
muestran las denuncias antes mencionadas por
Uceda los periodistas independientes no se
acobardaron y con todos los riesgos siguieron
investigando y denunciando. Generaron así una
crisis que, más tarde o más temprano, no
precisamente por una denuncia periodística pero
sí por la exhibición de la corrupción en los
medios trajo abajo al régimen.
Uceda recopila
ello en su artículo «la prensa y la crisis
peruana publicado en noviembre del 2000 en la web
del Centro Internacional de Prensa: «El
estallido de la crisis, sin embargo, no se
produjo por una investigación periodística. La
desencadenó el famoso vídeo en el que se ve a
Montesinos sobornando a un parlamentario. La
gente ya sabía que Fujimori había corrompido a
congresistas - la prensa independiente había
publicado testimonios -, pero nadie lo había
visto, y la devastadora imagen de algún modo
convenció a todos que no sólo eran ciertas las
acusaciones anteriores, sino que había mucho
más. Y ahora, cuando Fujimori y Montesinos
están fuera de escena, el sistema judicial,
libre de sometimientos, vuelve la mirada hacia
las denuncias desoídas que en su momento hizo la
prensa».
Temas
importantes y de trascendencia para el destino
del país como el presupuesto nacional, las
privatizaciones, las licitaciones, los fondos de
los ministerios, el accionar de los poderes del
Estado, los funcionarios públicos, porque no
también las donaciones extranjeras de
cooperación para el desarrollo y todo aquel tema
espinoso relacionado con el gobierno
desaparecieron de la agenda pública de los
medios de comunicación.
Las
razones
muy simples. O se era un medio del
gobierno que solo publicaba lo que éste ordenaba
o porque se era opositor pero no había
posibilidad de investigación debido a la
violencia que ejercía el gobierno a través del
Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) con la
prensa pues quien intentara hacer algo en contra
del régimen o terminaba muerto y su medio de
comunicación cerrado.
El primero de
estos ataques fue hacia la televisora Frecuencia
Latina, Canal 2, que realizó una investigación
que demostró, entre otras cosas, que Vladimiro
Montesinos ganaba más de 600 mil dólares al
año y no los declaraba. La investigación
denunció también las torturas a una agente del
SIN que él dirigía desde la sombra. El Congreso
y el Poder Judicial se negaron a investigar y los
políticos y jueces se dedicaron a defender con
pasión al conocido «Doc».
Pero los
denunciantes terminaron como denunciados. «La
respuesta del estado peruano a la investigación
periodística fue quitarle la nacionalidad
peruana al propietario del canal, Baruch Ivcher,
a través de una serie de maniobras no sólo
ilegales sino increíbles para éstas épocas.
Finalmente el canal fue entregado a los socios
minoritarios de Ivcher, quienes habían
demostrado ser mucho más manejables por el
Estado. Ivcher salió al exilio... », reseña
Yovera en el artículo ya mencionado.
Una muestra más
de esta situación la vivió el periodista Hermes
Rivera Guerrero, cuyo caso es recogido por la
International Journalists Network (IJNet)
en su página web donde da cuenta el 19 de abril
del 2001 del indulto concedido titulando:
«Indultan a periodista peruano condenado
injustamente». En la noticia se anota: «Luego
de una exhaustiva revisión del caso, el gobierno
peruano ordenó la puesta en libertad del
periodista Hermes Rivera Guerrero, quien sufría
injusta condena de 20 años de prisión, desde
mayo 8 de 1992. La noticia fue divulgada por la
Asociación Nacional de Periodistas del Perú,
entidad que desde el 30 de noviembre pasado
solicitó el indulto del mencionado profesional,
así como de cuatro periodistas más,
considerando que no han tenido posibilidades de
derecho a una legítima defensa. Rivera Guerrero
fue encarcelado como consecuencia de las
denuncias periodísticas sobre corrupción
gubernamental que hizo en el programa
«Enfoques» de radio Oriental, en Jaén,
Cajamarca. Igualmente porque el periodista se
negó a pagar la suma de 500 dólares, a cambio
de su libertad, por tal motivo, fue sometido a
crueles torturas por parte de la policía».
Otro caso y que
para pena de la prensa logró doblegar a un
periodista es el narrado por la periodista
Cecilia Valenzuela (su nombre recorrió el mundo
al publicar el resultado de una investigación en
la que cuestionaba la nacionalidad del presidente
Alberto Fujimori) en su artículo «Perú:
Territorio Comanche» publicado en la página web
del Centro Internacional de Prensa.
«En octubre
pasado el periodista Isaac García, de Radio
Siglo XXI de Tarapoto, una pequeña ciudad del
oriente peruano, denunció la campaña que el
Ministro de la Presidencia, Tomás Gonzáles
Reátegui, hacía en favor de su sobrino, que
postulaba para alcalde de la ciudad.
Inmediatamente después, García fue despedido de
Radio Siglo XXI. A los pocos días, dos
individuos no identificados le propinaron, en la
puerta de su casa, una soberana paliza, y,
posteriormente su padre fue comprendido en un
proceso judicial engorroso y descalificador. Un
mes después, cuando Isaac García fue convocado
a Lima para declarante la Comisión del Congreso
de la República, que investiga las denuncias de
nepotismo y corrupción contra el Ministro de la
Presidencia, el periodista se retractó de su
denuncia inicial y no quiso formular cargos. Al
salir de la sesión se negó a dar declaraciones,
aunque admitió, esquivo, que había sido
presionado», refiere Valenzuela.
Por suerte
algunos planes fueron frustrados por la propia
prensa como cuenta Valenzuela en el artículo
mencionado. «El conocimiento y la publicación
de uno de estos planes, el plan Bermuda - que en
clave quería decir ver muda la prensa- salvó la
vida del periodista César Hildebrandt, crítico
opositor que dirige un exitoso programa de
televisión, a quien el SIN planeaba asesinar».
En aquel
entonces se rumoreo y caído el régimen se
comprobó que era el gobierno en la persona del
ex asesor del SIN, Vladimiro Montesinos, quien
ordenaba a los medios que reportaje hacer, que
noticia publicar, que primicia lanzar o como
titular. Además de escoger que periodista lo
debía hacer y hasta en que medio, programa y
horario debía aparecer.
«Ya en 1997, la
presión era más directa mediante comunicaciones
del asesor presidencial Vladimiro Montesinos a
los propietarios de medios, así como del asesor
publicitario gubernamental, Daniel Borobio. Al
respecto, el destacado periodista César
Hildebrandt, en su programa político televisivo
difundió grabaciones de ambos personajes dando
la pauta de noticieros y programas políticos al
propietario de uno de los más importantes
canales de televisión». Esta es la reseña de
Jorge Salazar en «Los diablos de la
prensa peruana».
Valenzuela en el
artículo ya mencionado agrega otro tipo de
presión: la económica. «El periodismo de
investigación se realiza en el Perú, en medio
de la adversidad y el autoritarismo. Peor aún si
los dueños de los medios - incluso los más
liberales- se encuentran presionados
económicamente, a través de la oficina
recaudadora de impuestos del Estado. En este
contexto, el fantasma de la censura - la que
astutamente ejerce el gobierno ajustando a los
empresarios- visita diariamente las redacciones y
los departamentos de prensa de los canales de
televisión».
Sobre el tema,
Salazar Cussiánovich anota «Desde entonces, el
gobierno empezó a tratar de presionar a los
medios de comunicación a través de las empresas
anunciantes con la amenaza de ser «visitados»
por funcionarios de la temida Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (SUNAT)».
En este
contexto, no era extraño por ejemplo, que el
presidente de la República saliera de viaje y
eligiera qué medios y qué periodistas le
acompañarían.
Se hizo popular
la denominada "prensa chicha" o
"prensa de a cincuenta", que no eran
más que periódicos de cincuenta céntimos que
fueron montados por gente del entorno
fujimontesinista para desprestigiar a la prensa
opositora y para montar grandes "cortinas de
humo", en temas de espectáculo, que
distrajeran a la opinión pública.
Al respecto
Salazar Cussiánovich indica en el mismo
artículo «La proliferación de diarios
sensacionalistas se acrecentó en los últimos
años». Y menciona títulos como El Tío, El
Chino, Repúdica o Repudio usados para tildar a
los periodistas de investigación como traidores
a la patria «plumíferos amarillos» y
«vulgares reptiles» o «connotados periodistas
comunistas que buscan el descrédito de las
Fuerzas Armadas, garantía del país ante
cualquier agresión».
Salazar además
anota que esta «seudoprensa» «Aunque figura
con un precio nominal de venta, misteriosos y
escurridizos personajes lo distribuyeron en
diversos puntos de la ciudad de Lima
gratuitamente. La gran pregunta es ¿quién
financia esta costosa campaña y con qué
objetivos? Diversos analistas opinan que la
campaña tiene como objetivo restar credibilidad
a los periodistas independientes que no apoyan al
gobierno y que son contrarios a la pretensión
re-reeleccionista del actual Presidente. En ese
orden de ideas, la campaña contra la prensa
sería parte de la estrategia electoral: por un
lado controlar aquellos medios de comunicación
que por razones políticas y, especialmente
económicas debido a la crisis, deciden sumarse a
la misma y no difundir informaciones contrarias
al régimen y, por otro, cerrar las tribunas
independientes y atacar, injuriar y difamar a
aquellos pocos medios que se oponen al
gobierno».
La periodista
Cecilia Valenzuela también se refiere a estos
«diarios populares adictos y monitoreados por el
gobierno» en su artículo mencionado. «El
despliegue tenía como objetivo desprestigiarlos
profesionalmente sugiriendo, a todo color, que
eran traidores a la patria y agentes del
Ejército del Ecuador».
Salazar agrega
que «Al contenido de los cientos de artículos y
pasquines contra periodistas independientes en
los últimos años, con lenguaje que para muchos
observadores evidenciaría plumas castrenses, se
sumó desde noviembre de 1998 la página web
APRODEV (Asociación Pro Defensa de la Verdad),
la que dirigida por un ex militar argentino y hoy
prófugo de la justicia de ese país, Héctor
Faisal, cumple la misma función desde el
ciberespacio».
Valenzuela
agrega detalles en su artículo: «La Oficina de
Estrategia Psicosocial del SIN es una entidad
perversa y moderna. Desde sus computadoras
alimentan una página en Internet donde publican
los artículos peor escritos y más siniestros de
Internet. Sus textos tienen como objetivo
incrementar las campañas de desprestigio y
difamación que, en enero pasado, iniciaron en
pasquines de escasa circulación contra
políticos y periodistas. Los burócratas del SIN
pretenden pasar desapercibidos fingiendo que
pertenecen a una organización internacional,
pero sus limitaciones y sus hierros los
delatan».
Aparecieron
también por entonces los "talk show"
que colmaban las pantallas durante todo el día
para no dar cabida al periodismo de
investigación, a los noticiarios. En esta época
se alzo como grande de la televisión Laura Bozo,
supuesta amante de Vladimiro Montesinos, quien
usó su programa para alabar y defender al
gobierno y atacar a la oposición y a quien se le
concedió la primicia y el privilegio de hacer
varios especiales sobre temas de gran
trascendencia como la firma de la paz Perú -
Ecuador o la operación Chavín de Huántar para
rescatar a los rehenes de la Embajada del Japón
secuestrados por terroristas.
La apertura de
la información no existía en lo más mínimo.
Por suerte y a pesar de todo la prensa
independiente siguió en la lucha por mantener un
periodismo de investigación aún a costa de
sangre y así puso al descubierto toda la
corrupción del régimen.
En tal sentido,
Uceda en su artículo «Perú: cuando la verdad
es una bomba» considera que «Todos sabían que
el presidente peruano Alberto Fujimori había
sobornado a parlamentarios pero sólo cuando la
realidad se vio de cerca, mediante un vídeo
transmitido por la televisión, estalló la
crisis peruana. Para un régimen con secretos
inconfesables, la verdad y la prensa son los
principales enemigos».
Fue esta prensa
la que mantuvo al país atento a lo que ocurría
y logró mantener conciencia de lo que realmente
acontecía, de ahí la credibilidad que tuvo y el
peso para traer abajo un régimen cuando puso al
descubierto la corrupción con pruebas más que
evidentes: un vídeo en el que el ex asesor del
SIN compraba el voto de un congresista por varios
miles de dólares, al que le siguieron cientos de
vídeos en los que Montesinos compraba lo que
quería: políticos, empresarios, periodistas,
artistas y todo aquel que pudiera servirle.
El periodista
Uceda recoge algunos de estos destapes o
denuncias de la prensa en el mismo artículo ya
mencionado: «La primera se produjo cuando la
revista Sí demostró que nueve estudiantes y un
profesor de la universidad La Cantuta fueron
asesinados por el Grupo Colina, un escuadrón
militar protegido por el gobierno. Aunque el
Ejército sacó los tanques a la calle, Fujimori
-quien ya se había «democratizado» haciendo
elegir un congreso constituyente -no pudo evitar
que se iniciara un juicio a los culpables. Canal
2 produjo la segunda gran denuncia, al revelar
las torturas que el Ejército infligió a una de
sus agentes de inteligencia, Leonor La Rosa. Más
tarde el diario Liberación comprobó ingresos
millonarios, evidentemente ilícitos, de
Vladimiro Montesinos. Y luego vendría la
investigación del diario El Comercio y Canal N,
demostrando la inscripción de Fujimori como
candidato, en las elecciones del 2000, se hizo
con más de un millón de firmas falsificadas. En
todos estos casos el gobierno atropelló el orden
establecido para que los crímenes no fueran
sancionados y la corrupción continuara».
Reporteros sin
fronteras destaca el papel de esta prensa en la
caída del régimen en su informe del 2000 en el
que se lee: «Los periodistas investigativos
peruanos contribuyeron a expulsar del poder al
presidente Alberto Fujimori después de obligar
al otrora poderoso jefe de inteligencia Vladimiro
Montesinos a marcharse al exilio. La partida de
Fujimori en noviembre llevó a la liberación de
la prensa independiente, la que había padecido
seriamente bajo un régimen que trató de
manipular la información pública por una
década. El presidente Fujimori utilizó todos
los recursos a su alcance contra los medios de
comunicación independientes, con lo que se ganó
un lugar en la lista del CPJ de los Diez Peores
Enemigos de la Prensa en 1999 y 2000. El arsenal
de Fujimori abarcaba la vigilancia, las tácticas
difamatorias y la fabricación de cargos
judiciales contra periodistas y publicaciones. El
mandatario peruano diezmó el periodismo
televisivo independiente y monopolizó el tiempo
de emisión de las estaciones de las estaciones
pro gobierno. La prensa sensacionalista y un
sitio de Internet controlado por miembros del
círculo íntimo del presidente se especializaron
en destruir la imagen de políticos opositores y
de los periodistas que en sus reportajes
adoptaron una actitud crítica frente al
presidente».
Claro el ex
presidente Alberto Fujimori y todo su entorno
siempre defendieron la tesis de que en el Perú
existía libertad de prensa pero después de lo
expuesto es más que evidente las condiciones en
las que trabajaron los hombres de prensa,
específicamente los independientes porque
quienes se rindieron al régimen vivieron una
época de oro con favores políticos, pagos
extraordinarios de cuantiosas cantidades de
dinero y muchos regalos.
«Los filisteos
de la prensa peruana proclaman a cuatro vientos
que en el Perú es un país democrático porque
existe libertad de expresión, y que existe
libertad de expresión porque cualquiera puede
decir lo que le dé la gana. Sin embargo, los
periodistas, los políticos o los estudiantes que
denuncian atropellos, corrupción o abusos por
parte del gobierno son amenazados, perseguidos o
amedrentados a través de agentes del Servicio de
Inteligencia Nacional (SIN) o de jueces
provisionales nombrados por Vladimiro Montesinos,
el asesor del régimen de Alberto Fujimori... El
periodismo de investigación se lleva la peor
parte. La persecución que han desatado los
servicios de inteligencia contra las fuentes de
información atenta contra la vida y los derechos
humanos. Si el ejercicio de la libertad de
expresión no tiene garantías, y hacer
periodismo significa poner en riesgo la
integridad, la libertad de prensa y la libertad
de expresión no existen», relata la periodista
Cecilia Valenzuela en el artículo ya mencionado.
La periodista
agrega que «Desde ese momento, los periodistas
peruanos que llevaban doce años cubriendo y
sufriendo numerosas bajas en la guerra
contrasubversiva; sumaron a sus riesgos el de
trabajar en medio de una dictadura».
Y si de ejemplos
se trata, aquí uno más. El 2 de agosto del
2000, Reporteros sin Fronteros publica en su web
una «Carta de protesta». La nota explica lo
siguiente: «En una carta dirigida al Ministro
del Interior, el General Walter Chacón Málaga,
Reporteros sin Fronteras (RSF) expresó su honda
preocupación después de que una decena de
periodistas fueron agredidos y varios locales de
medios de comunicación atacados el 28 de julio
pasado, durante una manifestación organizada por
la oposición» para protestar contra el tercer
mandato presidencial de Alberto Fujimori.
En una línea
más académica la doctora Rosa Zeta de Pozo en
el artículo ya mencionado explica «El tema es
complejo. Se puede hablar de una libertad de
prensa legal, garantizada en la Carta Magna y en
los códigos civil y penal, a la que siempre hace
referencia el Presidente cuando se le pregunta al
respecto; pero no se puede hablar de una prensa
independiente política y económicamente, al
servicio de quienes tenemos derecho a
información de calidad, y no sólo en períodos
electorales. Se puede decir que existe una
declaración de principios y normas legales que
avalan la libertad de expresión, pero,
paralelamente, existen situaciones puntuales de
mediación estatal que van en desmedro de la
libertad»
Zeta menciona
como ejemplo de estas situaciones que empañaron
la libertad garantizada en la Constitución
peruana el retiro de la nacionalidad peruana a
Baruch Ivcher, el accionista mayoritario de
Frecuencia Latina (TV), la interceptación de
teléfonos a periodistas, el proyecto de ley
acerca del secreto profesional de fuentes, a
punto de ser observados; las declaraciones
presidenciales y la publicidad como privilegios
de algunos medios, el intento de inserción de
publicidad estatal en medios independientes, etc.
Hemos superado
esta época, tuvimos un gran alivio durante el
gobierno de transición con el presidente
Valentín Paniagua que sentó las bases para
reivindicar la prensa libre y hoy empezamos
nuevamente a tener problemas con el presidente
Alejandro Toledo quien también ha elegido a la
«prensa de su preferencia» y empieza a dictar
normas que atentan contra la libertad de
expresión.
Así por
ejemplo, la organización internacional
«Reporteros sin fronteras» ha dado su voz de
alerta al respecto y expresa su preocupación
porque la «Ley de transparencia y acceso a la
información pública», promulgada el 3 de
agosto de 2002, contiene algunas disposiciones
que podrían restringir al derecho a la
información y limitar la libertad de prensa
En la página
web de la organización se recoge una noticia el
8 de agosto de 2002 en la que da cuenta de ello
«Es una pena que el innegable avance que supone
la ley, en relación con la fiscalización de la
gestión gubernamental por los ciudadanos, se vea
reducido a nada por algunas disposiciones del
texto» ha declarado Robert Menard, secretario
general de Reporteros sin Fronteras, en una carta
dirigida al presidente del Congreso, Carlos
Ferrero Costa. Agrega la noticia que el
funcionario internacional lamenta particularmente
que el carácter de «secreto de Estado» de las
informaciones sean definidas por el Consejo de
Ministros, y no por la Ley.
La Ley de
transparencia y acceso a la información pública
fue aprobada en el Congreso, por unanimidad, el
10 de julio de 2002, y promulgada el pasado 3 de
agosto de 2002. Según el artículo 15 de este
texto, es el Poder Ejecutivo quien, «a través
de un acuerdo adoptado por la mayoría del
número legal de los miembros del Consejo de
Ministros», determina cuáles son las
informaciones clasificadas como «secretas», por
un plazo de cinco años.
El Consejo de la
Prensa Peruana (CPP) había propuesto que la
última palabra la tuviera e Poder Judicial. «En
un comunicado del pasado 6 de agosto, esta
organización afirmó que la ley «(atenta)
contra el derecho ciudadano a la información y
(legitima) la cultura del secreto en Perú»,
anota la nota de prensa de Reporteros sin
Fronteras mencionada.
Otra nota de
esta amenaza que empieza nuevamente contra la
prensa, se recoge el 24 de junio del 2000 en la
página web de Repoteros sin Fronteras con el
titular «El propietario de un grupo de prensa
amenazado por personas cercanas al presidente
Toledo». En la nota Reporteros sin Fronteras
«ha manifestado su preocupación por las
amenazas de encarcelamiento que ha recibido
Moisés Wolfenson, por parte de personas cercanas
al presidente de la República Alejandro Toledo,
sí se niega a modificar la línea editorial de
sus periódicos en favor del gobierno actual».
En la misma nota
el secretario general de Reporteros sin fronteras
declara que «si se confirman estas prácticas,
recordarán tristemente a las que estaban en
vigor bajo la presidencia de Alberto Fujimori,
cuando amenazaba con sanciones judiciales a los
directores de los canales de televisión que
criticaban su gestión».
A continuación
se lee: «Según las informaciones recogidas por
Reporteros sin Fronteras, Radio 11.60, una
emisora de información continuada de Lima,
reveló el 22 de junio de 2002, que Moisés
Wolfenson fue amenazado por personas cercanas al
presidente Alejandro Toledo, durante una
reunión. La radio emitió un extracto de la
grabación de una conversación, realizada por la
Policía anticorrupción a escondidas de las
personas interesadas, en la que se escucha a
Salomón Lerner, responsable de un organismo
financiero público, amenazando a Moisés
Wolfenson con encarcelarle, si se niega a
modificar la línea editorial de sus
publicaciones».
Al día
siguiente, en la misma web se publica la
siguiente noticia «La oposición difunde la
grabación audio de la supuesta conversación
entre Lerner y Wolfenson». El texto dice lo
siguiente: «El 24 de junio de 2002, Jorge del
Castillo, diputado del partido de oposición de
Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA),
dio a conocer el contenido de la conversación,
supuestamente grabada el pasado mes de mayo,
entre Salomón Lerner, presidente de la estatal
Corporación financiera de desarrollo (COFIDE), y
Moisés Wolfenson, dueño del diario de
oposición La Razón. La grabación confirma las
presiones ejercidas por Salomón Lerner sobre el
patrón de prensa para que este último no siga
atacando al gobierno».
Como
consecuencia de ello, el 26 de junio de 2002 se
da la siguiente noticia: «Salomón Lerner
renunció». En ella se lee: «El 25 de junio,
Salomón Lerner renunció a la presidencia de la
Corporación financiera de desarrollo (COFIDE),
tras la difusión de su conversación con el
patrón de prensa Moisés Wolfenson».
Pero este no es
el único incidente ocurrido durante el gobierno
del presidente Alejandro Toledo contra la prensa.
El 30 de julio del mismo año Reporteros sin
Fronteras protesta por la orden de captura
dictada el 25 de julio contra el periodista
Alvaro Vargas Llosa querellado por difamación y
calumnia por Adam Pollack. La nota recoge el
origen de esta pena: «Adam Pollack solicitaba
una condena de tres años de cárcel y un millón
de dólares de multa. En declaraciones efectuadas
a la prensa, en noviembre de 2001, Alvaro Vargas
Llosa denunció presuntas irregularidades en las
negociaciones del gobierno peruano para un
contrato militar. Afirmó que en la negociación
participó Adam Pollack, quien según el
periodista está muy próximo al presidente
Alejandro Toledo...»
Como colofón de
este apartado podría citarse nuevamente el
artículo de la doctora Zeta: «Históricamente
podemos decir que los conflictos entre la prensa
y la política son añejos y que difícilmente
cambiará el panorama, por lo tanto debemos ser
conscientes de que la libertad de prensa en el
Perú implica responsabilidades».
Zeta perfila
alguno de los desafíos que en esa línea debe
asumir la sociedad, las instituciones y el
gobierno peruano. Primero, seguir trabajando por
mantener una prensa independiente, en la que se
fomente el periodismo de investigación, en la
que haya coherencia entre la producción
informativa y los debidos intereses del público,
y en la que se reflexione sobre los temas más
importantes que los ciudadanos debemos conocer
para poder actuar libremente. Otro desafío que
enuncia la catedrática es la solvencia
económica y claridad empresarial que permita una
independencia en la labor informativa.
Y pone especial
énfasis en un último desafío: la formación
profesional y ética que permita actuar
libremente y con criterio. «Actualmente tenemos
30 facultades de comunicación en el país y en
muchas de ellas al dejar de lado una formación
más sólida y de bases humanísticas, los
periodistas están saliendo desprotegidos de
valores fundantes y, por tanto más permeables a
malos juegos en el negocio, o sin conciencia
clara de los fines sociales de la información».
Esta situación
política - social perfilada a lo largo de la
exposición puede explicar por qué el periodista
peruano defiende ahora tanto su independencia del
gobierno y alza su voz para el libre ejercicio de
su profesión.
Un último
apunte: Ojalá el Perú y América Latina no
olvidemos nunca estos tristes episodios porque la
información es un poder que mal llevado ayuda
grandemente a que reine la corrupción. Antes
todo eran suposiciones hoy las pruebas son
evidentes y por tanto la prensa independiente no
puede darse por vencida. Ningún periodista puede
volver a alquilar o vender sus conciencias.
* Ruby
Violeta Cubas Urbina es docente
en la Universidad de Piura, en Perú.
Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal
Iberoamericana de Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador entre el 17 y el 19 de
septiembre de 2003, la cual se reproduce en SdP con la
autorización de los organizadores.
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