La
comunicación europea:
características y perspectivas
Mª
Antonia Martín Díez *
La idea
de Europa se ha desarrollado desde una
concepción universal y etnocéntrica.
Universal,
porque así es concebido el pensamiento
filosófico griego, la fórmula imperial romana y
la aspiración de la Iglesia católica. La
conjugación de los anteriores elementos llevará
a la creación del Sacro Imperio Romano
Germánico.
Etnocéntrica,
por varias razones:
- Porque el
hombre europeo vive su existencia como
eje de la creación. Los hallazgos de
Copérnico, Galileo, Darwin, Freud y
Einstein enunciarán limitaciones pero no
destruirán la creencia de
"superioridad" del europeo.
- Porque la
cultura europea se impuso como modelo en
la expansión colonial.
- Porque los
conciertos políticos, desde el Congreso
de Viena han desarrollado junto a la
concepciones del Estado-nación la idea
de un orden mundial basado en Europa.
- Porque la
génesis de la civilización occidental y
el sentido de una comunidad atlántica
sigue partiendo de los valores europeos
de libertad, justicia y solidaridad.
La idea de
Europa, real en la sociedad medieval, ideal hasta
el 1945, se convierte desde entonces en una
necesidad y desde la década de los 70 en una
urgencia.
Real, porque es
en la sociedad medieval donde los principios de
libre tránsito, unidad religiosa y lingüística
en el campo académico van a florecer.
Posteriormente la unidad artística se plasmará
en el arte gótico.
Ideal, hasta
1945, porque así es el pensamiento de
Coudenhove-Kalergi, cargado de utopía en su
convencimiento de que únicamente el contagio
crearía la integración europea. En ningún
momento este calificativo desea desprestigiar la
gran aportación del Movimiento Pan-Europeo y de
su revista Pan-Europa. Esta publicación será la
primera utilización de un medio de comunicación
de masas a la construcción europea.
Ideal es
también la acción de Aristides Briand en la
Sociedad de Naciones. 1929 quedará en el
recuerdo de la opinión pública europea más
como el año de la recesión económica mundial
que como el año de Europa. Sin embargo el
esfuerzo tampoco será baldío, especialmente
cuando en la creación de la Comisión
Internacional de Cooperación Intelectual vemos
el intento de potenciar la cooperación de forma
universal pero fundamentalmente europeo.
En concreto, la
formación del Instituto Internacional de
Cooperación Intelectual (Francia, 1926), va a
potenciar entre 1926 y 1940 el desarrollo de
centros y comités especializados en temas
comunicativos como la prensa de los estudiantes,
el cine, la radio y la prensa en general.
Destacando especialmente la Comisión
Internacional para la enseñanza
cinematográfica, el Congreso Internacional de
Cine (1926), la Revista Internacional de Cine
educativo (1934), con 5 ediciones en alemán,
francés, español, inglés e italiano y la
edición posterior de Intercine, aunque sólo
tuviera un año de vida.
Necesidad, desde
1945 como apunta ya la célebre conferencia de
Churchill en la Universidad de Zurich. Europa
debe recuperar su liderazgo en el mundo.
Mantenimiento de la paz, fortalecimiento del
estado de derecho y potenciación de los valores
europeos de libertad y justicia. Tras el Congreso
de la Haya surgirá el Consejo de Europa donde la
cooperación interestatal salvo en el campo
defensivo será objetivo prioritario.
El Consejo de
Europa opta por una cooperación basada en el
estado de derecho en cuya definición fija los
valores básicos de la Europa Occidental. En esta
línea, la política de comunicación irá
básicamente dirigida a los lideres de opinión.
Dar a conocer el estatuto fundacional y sus
instituciones serán los primeros objetivos
avalados por la información que cada estado
miembro da del Consejo de Europa. En segundo
lugar, la creación de símbolos comunes: la
bandera, el himno y el día de Europa, perfilando
ya el deseo de una identidad común. Aunque
persisten las acciones anteriores en su difusión
junto a la gestión propia de un departamento de
comunicación (comunicaciones, visitas a sede,
ruedas de prensa, creación de antenas, etc.),
existe un momento decisivo en el cambio de
orientación de la política de comunicación,
con el establecimiento de una Comisión y de un
Tribunal para la protección y salvaguarda de los
derechos humanos. El ámbito jurídico presenta
al Consejo de Europa como un modelo universal a
seguir. La difusión de los casos presentados y
sus sentencias convierten a los estados en
pacientes sumisos del Consejo de Europa. Sumisos
porque los propios medios públicos participarán
en la campaña de difusión y formarán parte en
la creación de una opinión pública que tendrá
como referente crítico frente a su Estado la
posibilidad de amparo en el Consejo de Europa.
Tras sus pasos otras organizaciones
internacionales europeas desarrollarán su
concepción de Europa.
Esa concepción
europea será diferente cuando las organizaciones
internacionales asuman la defensa. Así tanto la
OTAN como la UEO son organizaciones inicialmente
mantenidas con su carácter defensivo y en
respuesta al enfrentamiento ideológico. La OTAN
hará una política de comunicación basada en la
existencia de una comunidad atlántica. Comunidad
basada en una alianza defensiva ante un enemigo
común. Básicamente su propaganda se fundamenta
en la percepción del peligro soviético,
sumándose a las propagandas nacionales
defensivas, con la excepción de dos países
Grecia y España.
La necesidad de
una seguridad común parte de un coste financiero
y de una contingencia estratégica. A nivel
propagandístico su justificación estará en la
existencia de enemigos reales o potenciales es
expresada claramente por el primer secretario
general de la OTAN (Spaak), "nuestra
existencia es el miedo". Miedo ante el
rearme alemán, en el caso fundacional de la UEO.
Miedo ante el enemigo soviético, en el caso de
OTAN. Miedo siempre en evolución ante enemigos
reales o potenciales. Si el miedo constituye la
necesidad inicial de ambas organizaciones no es
suficiente motivo para mantener su vigencia ante
los avatares de la historia. El miedo no crea una
identidad europea más al contrario fomenta el
desarrollo de políticas nacionales defensivas.
En esa búsqueda de la emotividad pública se
vuelve al talante etnocéntrico y universal, así
la OTAN defenderá la civilización occidental y
en el caso de la UEO los valores de la identidad
europea.
Mención
especial merece la Unión Europea, por ser la
organización más avanzada en el proceso de
integración y que más se complementa con las
otras organizaciones internacionales europeas.
Desde sus orígenes como CECA hasta su
constitución actual como Comunidad Europea
podemos ver un largo camino marcado por los
valores resaltados de etnocentrismo y
universalidad.
La Unión
Europea parte de la concepción de una Europa
necesaria. Necesidad basada en la lógica del
beneficio. Beneficio es asegurar la paz, la
protección del Estado de derecho o el bienestar
social de la población. Como también es
beneficio asegurar la posición de liderazgo
europeo en el contexto mundial menoscabada por la
existencia de dos superpotencias y mantener una
cultura propia.
Esta necesidad
precisará de una identidad europea. Esa
identidad cuestionada desde sus inicios y
planteada mejor como una opción de cooperación,
por dirigentes políticos, presenta todavía su
complicación al ser el marco geográfico europeo
un lugar donde conviven diferentes concepciones
de identidad nacional estatal y nacionalismos que
se caracterizan por ser identidades nacionales
sin Estado. Desde el campo administrativo la
combinación será fácil. Europa será: la
Europa comunitaria, la Europa de las naciones, la
Europa de las regiones, la Europa de los
municipios y en última instancia la Europa de
los ciudadanos, posteriormente conjugados con el
principio de subsidiariedad.
Forjar una
identidad común será el principal objetivo de
la política de comunicación de la Unión
Europea. Si bien es cierto que esta política ha
sido tipificada como tecnocrática, dirigista,
fría e inadecuada por una institución propia
como es el Parlamento en su crítica a la
Comisión, también es cierto que es la que ha
desarrollado e involucrado a más medios en esta
labor.
En 1973 se
inicia en EEUU la liberalización financiera tras
ella la liberalización de las comunicaciones nos
introduce en la sociedad global. Europa tiene que
reaccionar ante dicha competencia y presión
exterior. Aquí aparece también un aspecto
universal en cuanto que la sociedad global es
universal. El aspecto etnocéntrico sigue siendo
una realidad pero se constata no como un
monocentrismo europeo sino como un policentrismo
de las diversas naciones de Europa.
Ante la nueva
realidad, sin querer parodiar a Drucker; el
Consejo de Europa afronta la problemática ante
el desarrollo tecnológico de las
telecomunicaciones, el poder de los medios de
comunicación y las expectativas o demandas de
las audiencias.
Así, en 1989 ya
no es suficiente plantearse el problema de que es
Europa o como lograr la integración europea. La
actuación comunicativa del Consejo de Europa se
encamina al diseño de una política audiovisual
común.
EL Convenio de
la televisión transfronteriza con el que el
Consejo de Europa celebra su 40 aniversario
servirá como modelo en la definición de
conceptos como el de obra europea posteriormente
aceptados por la Directiva de la televisión sin
fronteras en el marco de la Comunidad Europea.
El Convenio
sigue pendiente de ratificación por la mayoría
de los estados miembros, hecho que inicialmente
puede menoscabar su efectividad, sin embargo
marca las pautas para una integración de los
países de Europa del Este, las limitaciones a
cierto tipo de publicidad (tabaco, alcohol) y la
protección de los menores respecto al medio.
No ocurre lo
mismo con el Fondo Euroimages. Las críticas
referidas a su existencia han sido dirigidas a su
escasez presupuestaria pero su vigencia inicial
es defendida en la medida en que es la única
opción de financiación externa para los países
del Este aunque se fuerce la necesidad de
coproducción con terceros países.
El Consejo de
Europa no sólo es pionero en la concepción de
promocionar, incentivar o crear (dependiendo de
los autores) una industria audiovisual europea,
también lo es en definir su posición respecto a
la concentración de medios. Esta labor será
modélica en la medida en que los estados
miembros están optando por medidas laxas frente
a la concentración, incluso inexistentes,
tratando de reforzar los grupos nacionales de
comunicación y supone un análisis de las
tendencias de las industrias culturales: la
concentración y la internacionalización.
La
concentración se aborda como una pérdida del
poder político pero con la ambivalencia que
conlleva la descripción paralela de efectos
positivos y negativos. La clasificación de los
tipos de fusión e integración es todavía un
modelo a seguir aunque cada vez más consideremos
que en el futuro sólo hablaremos de integración
multimediática, dando por hecho las
características de internacionalización e
incluso de su vinculación multisectorial.
El Consejo de
Europa recoge tibiamente los postulados de la
escuela crítica frente al imperialismo cultural
estadounidense o si se prefiere asume la crítica
explícita que el gobierno francés había
defendido en 1982 en el marco de la UNESCO. De
modo encubierto el espacio europeo se define en
competitividad con otro mercado: el americano.
El Consejo de
Europa cumple con estos planteamientos la
función complementaria teórica de otra
organización: la Unión Europea.
Desde el campo
de la comunicación , la Unión Europea es la
única Organización, en el ámbito mundial que
con propiedad realiza una política de
comunicación. Diríamos que las otras
organizaciones plantean políticas informativas,
propagandísticas o desinformativas pero no
comunicativas en la medida en que no participa el
receptor, aunque no lo sea ni en su iniciativa,
ni en su elaboración pero si en sus efectos. La
razón está en una publicación nacida justo en
1973: El Eurobarómetro. La entonces Comunidad
Económica Europea inicia un seguimiento
sostenido de la opinión pública en su ámbito.
El Barómetro, que pronto se convertirá en dos
números, con una periodicidad semestral, evalúa
el conocimiento que los ciudadanos comunitarios
tienen de sus instituciones y lo más importante
su sentimiento o grado de adhesión a Europa.
Los sondeos del
Eurobarómetro lógicamente se intensifican
cuando se celebran las primeras elecciones al
Parlamento Europeo. Sin embargo ambas acciones
junto como decíamos antes con el Consejo de
Europa, más las propias de un gabinete de
comunicación no surten efecto en la opinión
pública. Es curioso como incluso antes las
nuevas adhesiones la acción de la Comisión
puede crear un clima de opinión y levantar una
expectativas que no se correspondan con la
realidad. Tal es el caso de la campaña creada en
Turquía y su interpretación propagandística en
relación con su posible adhesión.
Hecho similar
ocurre con la entrada de un país o con el
llamado efecto Presidencia. En este último caso,
durante esos seis meses, la acción comunicativa
de la Comisión se suma a la propaganda interna
del país, constituyendo una campaña de gran
alcance, especialmente cuidada con la
Celebración del Consejo Europeo. Sin embrago
vemos excepciones al mismo, tradicionales como es
el caso de Gran Bretaña o coyunturales como en
Portugal.
Si que es
apreciable el efecto en los medios de
comunicación de los Presidentes de la Comisión,
basta recordar la figura emblemática de Jacques
Delors. Con Delors la política de propaganda
dentro de la Comunidad Europea se une con los
eventos deportivos, buscando en su difusión lo
público y lo festivo.
* Dra. Mª
Antonia Martín Díez
es profesora titular de la Universidad Europea de
Madrid. Esta comunicación
fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de
Comunicación (sociedad,
información y conocimiento) realizada en San
Salvador entre el 17 y el 19 de septiembre de
2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los
organizadores.
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