Entrevista con Jesús
Martín-Barbero

Sueños
y pesadillas de la globalización
Catalina
Gaya y Marta Rizo *
- En
uno de sus últimos textos, usted define la
globalización como una mezcla de pesadillas y
esperanzas. ¿Cuáles serían las pesadillas y
cuáles las esperanzas?
- Desde
que escribí ese texto han pasado cosas que me
han demostrado que la relación entre pesadillas
y esperanzas es más compleja de lo que yo
pensaba. Son muchos y muy diversos los procesos
que, de alguna manera, se entrelazan con
dinámicas contradictorias en eso que llamamos
globalización. Procesos que además no van en la
misma dirección, que tienen ritmos muy diversos
y que se articulan en algunos momentos. No es
fácil separar lo que hay de pesadillas y lo que
hay de esperanzas. El proceso que más densamente
articula a los otros es eso que Manuel Castells
llama Revolución Informacional. La
pesadilla tiene que ver con el hecho palpable,
sobre todo en América Latina, de que la
globalización camina hacia una mayor exclusión
social, cultural, de países, organismos,
instituciones, millones de personas, etc. Esto se
debe a la orientación neoliberal de este
fenómeno. Considero que la primera dimensión de
la pesadilla es que ahora América Latina está
mucho más dividida, enfrentada a la pesadilla
que es el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). Esta propuesta norteamericana
es puro libre comercio y no quiere saber nada de
dimensiones políticas y sociales, ni culturales.
Parecería que no queda más futuro que seguir
divididos y ser absorbidos individualmente, o
bien ser absorbidos como continente.
"Otra
dimensión de la pesadilla de la globalización
es esa que ya percibíamos, pero que se ha hecho
más intensa después del bombazo del 11 de
septiembre. Se trata del crecimiento,
acumulación, intensificación del resentimiento,
de odio, rabia, ante esta explotación, ante esta
exclusión. Esto no tiene nada que ver con Bin
Laden, que representa un fanatismo religioso,
como hay tantos y, claro, un fanatismo muy
peligroso. Pero de alguna manera emerge detrás
de todo esto la dimensión de desesperación y
rabia que va a ir acumulándose en paralelo a la
exclusión social y cultural. Entre las
esperanzas, está todo lo que significa la
mundialización de la justicia caso
Pinochet, toda esta cantidad de movimientos
que están haciendo que la primera figura de lo
que sería un gobierno del mundo se esté dando
en términos de justicia, de que ya no se pueda
escapar a la solidaridad mundial para construir
tribunales, instituciones. Estas instancias no
sólo son capaces de castigar a los más
conocidos, sino también de obligar a los
gobiernos de cada país a hacer cosas que no
harían por sus propias lógicas. Hay una
presión mundial: lo que no se está haciendo
desde la ONU, manejada sólo por unos pocos
países, se está dando en esta convergencia y
entrelazamiento entre instituciones locales y
mundiales. Junto a eso, hay una densificación de
las redes sociales. Por ejemplo, en América
Latina cada vez hay más emisoras comunitarias
que se están bajando programas de radio de otros
países. Se está dando, por tanto, un
intercambio enormemente enriquecedor. Éste es
otro hecho esperanzador de democratización.
Aquí la tecnología juega a favor de la
esperanza."
- Ante este
panorama de globalización, ¿cómo se está
dando este revivir de lo local?
- Sin duda se está dando
un revivir de lo local. Pero un revivir que no es
mera reacción. Hay identidades reactivas, que
tienden a fundamentalismos y a guetos, y hay
identidades proactivas. En nuestros países la
mayoría están ligadas a proyectos de acción, a
pesar de las situaciones tan extremas como los
conflictos bélicos. Hay una especie de saber
práctico, de nuevo sentido común, en este
exponerse a otras culturas. Así, a partir de
este exponerse, lo local está saliendo de la
exclusión. Estados Unidos aún tiene la
hegemonía en el campo audiovisual, pero creo que
no se está formando una única cultura global;
lo que se está dando es una transformación muy
fuerte de las culturas locales. Es decir, las
condiciones de existencia de las culturas locales
son distintas, están mucho más expuestas, se
han vuelto más vulnerables. A la vez, estos
cambios las están empujando a la imaginación,
con lo que hay un fortalecimiento de la
dimensión creativa frente a la conservadora.
Para estas culturas locales, la mejor manera de
sobrevivir es transformarse."
- Los
cambios a nivel local y global requieren un
replanteamiento de las políticas culturales.
¿Se puede hablar de una transformación de estas
políticas?
- Las
políticas culturales se están modificando muy
lentamente, muy a trompicones, muy detrás de la
realidad y muy atadas a los compartimentos que
traza todavía la política formal. Me refiero a
la relación educación, cultura y comunicación,
en la que la educación ocupa un lugar
estratégico. Cualquier política cultural, de
comunicación o educativa debe tener en cuenta
las otras dimensiones. Por ejemplo, para hacer
una política educativa hay que tener en cuenta
la transformación tecnológica y los cambios en
la idea de cultura. Lo que pasa actualmente es
que cada Ministerio va por su cuenta,
convirtiéndose así en un feudo de poder
político. No hay un acompañamiento. Por otra
parte, nuestros gobiernos, y me refiero a
América Latina, todavía no han podido asumir
las posibilidades de unas políticas que no sean
sólo hacer leyes y que supongan negociaciones
con diversos actores del mundo cultural,
político, económico, etc. Hacer política es
negociar con el actor mercado, pero también con
el actor social: fundaciones, ONG, actores
independientes, etc. Esto hace, por ejemplo, que
en América Latina no podamos ver el cine que se
hace aquí, sólo el que logra entrar en los
grandes circuitos comerciales. En cada país, en
México, Colombia, Perú, etc. hay pequeñas
distribuidoras independientes. Realmente, el
ámbito político necesita cambiar mucho en
cuanto a cultura política, en cuanto a
concepción de lo que es hacer política hoy. He
encontrado en Cataluña, en los políticos, una
noción de mercado-estado, público-privado, que
echo mucho de menos por aquí. Primero, porque
hay una noción en lo privado de las funciones
públicas. Y segundo, porque en lo público hay
un saber negociar con el ámbito privado. En
América Latina aún tenemos una separación
maniquea entre lo público y lo privado. Lo
público es sinónimo de corrupción, de
ineficacia, ¡como si en el ámbito privado no
hubiera corrupción! Es la política la que tiene
que cambiar mucho para hacerse cargo de las
nuevas dinámicas de la cultura.
- Hasta el
momento hemos visto que tanto la dimensión local
como la global están transformándose. ¿Cómo
se ubica la cultura nacional en este contexto de
cambio?
- La
cultura nacional está cada vez más desubicada.
El caso colombiano ofrece una situación muy
peculiar. Hay un gran movimiento, no identitario,
no dirigido por nadie, que es cada vez más
consciente de que en la cultura están muchas de
las dinámicas que pueden sacar al país de la
situación de desgarramiento. Evidentemente, este
proceso sucede en otros países, pero en
Colombia, por su situación extrema, se hace más
visible.
- ¿Hasta
qué punto la desubicación de lo nacional se
puede explicar por la redefinición de las
identidades?
- Esa
es la clave. Indudablemente es la noción de
identidad la que se tiene que desarrollar. Hasta
hace unos años, si a alguien se le preguntaba
tú quién eres, la respuesta más
común iba ligada a la nacionalidad
soy español, soy
colombiano, etc.-. Era la identidad por
antonomasia. Ahora uno puede responder diciendo:
soy mujer, soy
homosexual, soy creyente,
me gusta el fútbol, etc. La
identidad ya no es una, sino que está formada
por múltiples dimensiones. La identidad que se
pone por delante es distinta según con quién se
esté hablando. Claro que esto es consecuencia
del descolocamiento de los estados nacionales.
"Las
condiciones de existencia de los estados
nacionales cambian radicalmente por las
alteraciones en su capacidad de decisión. Por
ejemplo, el Estado español se agarra del campo
de la educación porque éste es el único que le
queda. Se le ha escapado de las manos la
economía la manejan desde Bruselas-, y la
cultura queda en manos de las industrias
culturales. ¿Qué le queda al Estado? Creo que
un buen ejemplo de esto lo tenemos en la ley de
universidades promulgada por el Ministerio de
Educación español, que es absolutamente
troglodita, franquista y centralista. Por tanto,
la cultura cada vez más está presionada por las
dinámicas de globalización, y a la vez, los
individuos ya no viven la identidad de manera
monoteísta ni desde lo nacional ni desde ninguna
otra instancia."
- Podemos
decir, entonces, que la política nacional se
aleja de la sociedad civil...
- El
Estado nación se ha quedado chico para las cosas
grandes y resulta grande para las cosas chicas.
La política nacional no está sabiendo
reubicarse en este nuevo espacio que es el mundo.
La categoría central de las ciencias sociales
durante el último siglo y medio fue la de
Estado-nación, y esto no es malo; pero ahora
esta categoría no está sabiendo reubicarse,
dada la fuerza que están tomando las culturas
locales, y la reconfiguración de las identidades
subjetivas.
"Lo que
esto tiene de preocupante sobre todo en los
países de América Latina es que la
desarticulación de lo nacional no es compensada
a otro nivel, como es lo que sucede en Europa: en
la que los países viven una compensada
estabilidad por la existencia de la Unión
Europea. El problema es que el desmantelamiento
de lo nacional en América Latina es muy ambiguo:
por un lado, libera las energías de lo local,
posibilita contactos a nivel mundial; pero por el
otro, hay decisiones que no se pueden tomar desde
otras instancias que no sean los Estados. Y
debilitar el Estado es debilitar lo
público."
- Se
produce, pues, una doble desarticulación por
parte de los estados de América Latina. No
trabajan lo público a nivel político, pero
tampoco a nivel social. La situación en Europa
es distinta: el Parlamento Europeo goza de una
cierta legitimación en temas como la justicia,
el terrorismo, los derechos humanos, etc.
- En
Europa, lo nacional pierde capacidad de
adaptación, pero la pierde en función de otro
nivel de delegación desde donde actuar: un nivel
supranacional. Lo peligroso en América Latina es
que la debilitación del Estado se produce
solamente a favor del mercado. Éste es el único
que sale ganando. De algún modo, lo local
también gana, pero se encuentra muy preso de los
viejos caciquismos territoriales, que también
debilitan lo público.
- Los medios
juegan a dos bandas: por un lado, contribuyen a
la diversificación de lo local, y por el otro,
proporcionan cada vez más imágenes de otras
partes del mundo. ¿Qué papel cree que juegan
los medios de comunicación en la desubicación
de los estados nacionales?
- Aunque
los medios juegan a estas dos bandas, deberíamos
distinguir un papel específico para cada medio.
No es lo mismo lo que hace la televisión, lo que
hace la prensa y lo que hace la radio. Yo diría
que lo que sigue siendo más nacional en el
sentido tradicional es la prensa; en ésta
todavía están los debates nacionales, a pesar
de la fuerte presencia de lo internacional y la
cada vez mayor presencia de lo local. La prensa
es todavía la que, con muchos cambios, refleja
el ámbito de la política, el ámbito de lo
nacional. Supone el viejo orden renovado, pero
todavía es el espacio de lo nacional.
"La
televisión es la que está al lado de lo
mundial, no sólo en términos de contenido, sino
sobre todo en términos de formatos, lenguajes,
géneros, etc. Hay mucha más hegemonía
norteamericana en el mundo de la televisión que
en ningún otro. La televisión vive una
contradicción importante: por un lado, es la
más vigilada por el Estado, porque es la que
más penetra en los hogares; por el otro, es el
medio que muestra en mayor medida los cambios de
costumbres, las modas, los modos de vivir y
actuar, etc. Es decir, la televisión pone otro
espacio, un espacio del mundo, un espacio global,
con tintes locales, con figuras locales de lo
global, etc. Y después está la radio, que es
muy distinta en Europa que en América Latina. La
radio es una mezcla, es el lugar más híbrido.
En el panorama de la radio se aprecia un
crecimiento de emisoras locales, aunque todavía
persistan las grandes cadenas nacionales. La
radio es un medio globalizador, sobre todo en el
ámbito de la música. Es el medio más híbrido
y más poroso, ya que en él permean las tres
dimensiones: juega a lo local muy fuerte,
mantiene las cadenas nacionales y, por último,
se abre a lo global a través del mundo de la
música, y crecientemente también el de la
información."
- ¿Cómo
cree que vive el ciudadano esta doble convivencia
de lo global y lo local en los medios? ¿Cuál
cree que es el papel de los medios en la
redefinición de identidades?
- Los
medios de comunicación juegan un papel relativo
en la redefinición de la identidad. Yo he sido
muy reacio a atribuir un papel excesivamente
fuerte a los medios. Creo que una cosa son los
medios en Estados Unidos, donde la vida colectiva
es mínima y las personas viven muy solas, y otra
en América Latina, donde la vida colectiva es
mucho más fuerte a pesar de la violencia. Hay
que decir que mucho de lo que se ha dicho sobre
el poder de los medios se escribió en Estados
Unidos, el país en el que los medios eran más
poderosos. En América Latina, el papel de los
medios en la vida real es relativo. La gente
puede dar la sensación de que atribuye a los
medios un poder que en realidad no es tanto. La
simulación, como práctica cotidiana, es muy
importante en estos países. Los medios tienen el
poder que les otorga la gente, influyen en la
medida en que son espacio del reconocimiento de
los vacíos que deja la política y la Cultura
con mayúscula. Los medios de comunicación
juegan un papel muy importante de modernización
de las costumbres, con todo lo que esto tiene de
contradictorio, dado que el discurso mediático
es reanudable, reapropiado y reconfigurado.
"La
reconfiguración de la identidad se produce,
sobre todo, en la gente joven. En América
Latina, los jóvenes empiezan a vivir una
situación de crisis de la familia, del trabajo y
de la política, los tres mundos de los que antes
extraíamos el sentido de la vida individual. Hoy
estas tres dimensiones empiezan a caer, y esto
hace que los jóvenes estén más expuestos a los
discursos mediáticos. No es que los medios
tengan más fuerza, sino que los jóvenes los
viven con mucha más intensidad. El mundo de la
música es el ejemplo más claro."
- Tratando
un ejemplo concreto que vincule juventud y
discursos mediáticos, ¿hasta qué punto podemos
considerar que los medios de comunicación son
motores de salida de los jóvenes migrantes?
- Yo
hablo de reconocimiento, porque el concepto de
representación es mucho más racionalista. Es
decir, hay que analizar cómo se ven reconocidos
los jóvenes, los homosexuales, las mujeres,
etc., en el discurso de los medios.
"En la
medida en que los medios de comunicación son
capaces de crear sinergias entre las diferentes
direcciones que están en juego, pueden polarizar
esas energías y ponerlas en una cierta
dirección, considero que los medios son actores
importantes en las dinámicas del cambio social.
"En este
sentido, las migraciones son uno de los
fenómenos más ambiguos, porque suponen un vivir
casi sin anclaje. En general, las culturas de los
jóvenes tienen muy poco de anclaje, aunque su
relación con lo local sea muy parecida en
lugares distintos. La vida de los jóvenes no
está sólo en el barrio, está en muchos otros
sitios.
"Aquí
podemos recuperar la idea de Margaret Mead de que
no hay sólo migraciones en el espacio, sino
también en el tiempo. Antes de radicar en otro
espacio físico, los jóvenes ya han migrado a
otras temporalidades. Los jóvenes habitan en un
lugar en el que son conciliables una serie de
dimensiones de lo real y lo imaginario, que para
los adultos eran inconcebibles. En la actualidad,
la gente joven es capaz de convivir con una serie
de dimensiones muy diferentes, sin sentirse que
con eso se provoca un cambio social, una
revolución. Hoy las luchas de los jóvenes son
personales: la experiencia no es de cambio del
mundo, sino de cambio de la vida."
- ¿Cree que
este convivir con dimensiones tan distintas se da
en mayor medida en el espacio urbano?
- Evidentemente,
la ciudad es la mezcla de dos cosas: de lo
ciudadano y de lo urbano. Lo urbano tiene mucho
más que ver con la inserción en lo global. La
ciudadanía tiene que ver con nuevas formas de
hacer política, que no tienen que ver con la
vida de políticos, sino con la de los
ciudadanos. Esto enlaza con lo que Michel
Maffesoli ha denominado nuevas formas de
estar juntos.
"En la
ciudad, se produce una recreación de la
comunicación, ya que se reformulan los espacios
y los tiempos de las relaciones sociales. Es
indudable que el mundo urbano es un mundo
conductor en el que se catalizan y cuajan una
serie de mezclas. Además, el mundo urbano tiene
un ingrediente importante que es la devaluación
de la política del gobierno nacional. La ciudad
todavía permite ciertos tipos de rangos, se
caracteriza por una enorme complejidad que
promueve nuevas formas de comunicación. Aquí
deberíamos preguntarnos: ¿Cómo hacer que el
espacio público sea un espacio en el que la
gente produzca cultura?"
- Las
ciencias de la comunicación han parcelado sus
objetos de estudio promoviendo análisis que no
toman en cuenta ni el contexto social ni el
sujeto investigador, y centrándose en los medios
de comunicación como actores
descontextualizados. ¿Cree que la inexistencia
de estudios transdisciplinares ha sido un
obstáculo para una comprensión en profundidad
de los fenómenos comunicativos?
- Yo
diría que en América Latina hemos tenido mucha
más libertad intelectual, como la que me
permitió cuestionar la visión de los medios
como objetos de estudio descontextualizados. La
mayoría de la gente que en los últimos 20 años
ha liderado tanto los estudios culturales como
los de comunicación no son comunicólogos; son
filósofos, antropólogos, sociólogos, etc. Yo
diría que en este momento hay una situación muy
difícil porque, a pesar de que la
transdisciplinariedad está ganando en el mundo
de la investigación, no lo está en las escuelas
y los planes de estudio de comunicación. No es a
través de la transdisciplinariedad que la
academia y la política piensan la complejidad de
los fenómenos sociales.
- La
necesidad de un abordaje complejo de la realidad
social supone la participación activa de varias
instancias sociales, entre las que se encuentran
las universidades. ¿Cómo están viviendo las
universidades estos cambios?
- Las
universidades están viviendo una desubicación
tan fuerte como la que viven los gobiernos
nacionales. En el campo de la comunicación y la
cultura se produce una marcha atrás. El mercado
absorbe a los profesionales, y las universidades
se encaminan a las necesidades del mercado. No es
que eso es que sea insano; lo insano es que sólo
haya eso. Hay una punta de lanza de la
investigación que va en la dirección del
pensamiento complejo, que no desprecia las
estadísticas pero que sí aprecia la necesidad
de hacer investigación cualitativa adaptada a
los ritmos de la sociedad. Aún así, se da una
situación nefasta por dos cosas. Primero, el
mercado cada vez más dicta lo que debe ser
pensado. Segundo, el conocimiento se desocializa
ante la dimensión práctica de la vida: hay una
pérdida del horizonte social de la carrera de
comunicación, que enseña a competir más que a
reflexionar y proponer, a cuestionar e innovar.
*
Jesús Martín-Barbero realizó sus estudios de doctorado de
Filosofía en la Universidad de Lovaina y de postdoctorado en Antropología y
Semiótica en París. Ha sido profesor visitante
de la Cátedra UNESCO de Comunicación en las
Universidades de Puerto Rico, Autónoma de
Barcelona, Sao Paulo y en la Escuela Nacional de
Antropología de México. Fundó el Departamento
de Comunicación de la Universidad del Valle
(Colombia), del que fue director. Ha sido
presidente de ALAIC, miembro del Comité de
Políticas Culturales de CLACSO y miembro del
Comité Consultivo de FELAFACS. Asesor de las
revistas Telos (Madrid), Sociedad (Buenos Aires),
estudios sobre Culturas Contemporáneas (Colima),
Diálogos de la Comunicación (Lima), Travesía
(Londres) y Signo y Pensamiento (Bogotá). Esta
entrevista tuvo lugar el 3 de diciembre de 2001
en la ciudad de Guadalajara (México) y fue
realizada por Catalina Gaya y Marta
Rizo del Observatorio de
Migración y Comunicación.
Tomado de la Iniciativa de la Comunicación.
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